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Mi leopardo caliente

Relatos Cortos 29 noviembre, 2017

Pensativa en mi coche, pensando en cómo descargaba en mi ardiente cueva. Era mi tigre de Bengala, mi zorro caliente, mi leopardo en celo, que encendía mi llama: la del pebetero púbico.
Acostada entre los almohadones de la cama blanca, vestida únicamente con una gargantilla de perlas, con mi pierna derecha relajada sobre le colchón y mi pierna izquierda doblada con la rodilla en alto como si estuviera tomando el sol en pleno verano, mis brazos extendidos por encima de mi cabeza, laxos pisando mi cabello rojo que se esparramaba como un abanico sobre las almohadas; mis ojos verdes no pierden detalle de tu masturbación y de tus ojos morbosos que me comen desde lejos haciendo que mis pechos se endurezcan como conos puntiagudos.

Tú de pie ante la cama, como un leopardo que vigila su presa, esperando el momento oportuno para atacar, masturbando tu falo endurecido, tu musculatura se marca con cada movimiento, tu respiración agitada por el placer y las ansias por lo que viene, tu cabello húmedo y el sudor humedeciendo esos vellos corporales… suspiras, ya estas listo…

Como un gato subes a la cama, te escurres como un leopardo a su presa; mi pecho se hunde y se baja por la respiración ansiosa, doblo mis piernas recogiéndolas hacia mi y separándolas para cederte paso a mis entrañas.

Te posas sobre mi, en cuatro patas, demostrando que el depredador tiene a su merced a su presa, bajas tu cabeza y posees mi boca con un beso lujurioso que deja ardiendo mis pechos sedientos de tacto. La punta de tu falo se posa en mi entrada, como si conociera de memoria la ubicación, tus manos se funden con las mías, y tu lengua folla a la mía, me enciendo y mi cuerpo reclama el placer de tenerte dentro, tu falo amenaza con entrar, sé que está exquisitamente duro, mis caderas se mueven solas y llenas de lujuria suben contra tu pelvis y consiguen hundirte dentro de mi; rugimos en unísono, terminas de hundirte en mi, mi espalda se arquea al tenerte completamente dentro.

Tus caderas comienzan a danzar, me posees lentamente, al separar nuestras bocas nuestros gemidos se liberan y soy totalmente tuya. Tu polla entrando y saliendo de mi, mis jugos envolviéndolo y brotando en mi entrepierna. tu rose en cada lado de mi vagina, me contraigo y me relajo con cada movimiento, mis pechos contra el tuyo son piedras a punto de explotar, lames mi cuello, me sigues follando con mas prisa, tus jadeos me excitan, mis gemidos te encienden, me follas más rápido, nuestro sudor se funde en uno. Te acomodas para estar más cómodo y aumentas tu ritmo a un frenesí que enloquece. Perdemos el juicio, gritamos de placer, eres unas bestia empujando hasta lo más profundo tu falo, me besas de nuevo y aceleras aun más tus caderas. Aprieto las sabanas y grito echando mi cabeza a tras, mientras mi cuerpo se pasma y convulsiona al tiempo que tu semen baña mi interior, caliente y profano.

Te quedas dentro, descargando hasta lo más que puedas, me miras y lentamente sacas tu polla, siento como se desliza suavemente dentro de mi. Tú te quedas de rodillas y yo me incorporo, acaricio tu precioso falo lo tomo con mi lengua y lo llevo a mi boca, limpiando cada centímetro de él. Luego bajas y me das otro beso y descansamos para la próxima descargada del leopardo caliente.

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Encuentros nocturnos

Relatos Chat Porno, Relatos Cortos 1 noviembre, 2017

Estoy caliente solo de pensar en él, me excita, me provoca, solo hemos hablado una vez por el chat y ya hemos quedado. Le espero ansiosa.

Miro el móvil y es media hora después de que habíamos concertado la cita. No me gusta esperar. Doy vueltas alrededor del lugar. Odio tener que esperar. Me siento en un café y ordeno algo caliente para esta noche fría. Saco un barniz de uñas rojo cereza. No tengo nada más que hacer. Me dedico a pintarme las uñas mientras te espero. Frustrante. El café frente a mi humea y se ve invitante. Pero la verdad es que no tengo ganas de tomarlo. Estoy irritada… voy por la penúltima uña. Muy concentrada en lo mío escucho un ‘Hola’

Un hola y me giro para comprobar la excitación

Alzo la vista y ahí estás. Alto, delgado, con unos ojos miel que me matan. Una cara preciosa, de esas de un niño que no rompe ni un plato, vistiendo una camisa del color de un excelente vino de oporto, pantalón negro y zapatos de vestir. Recién afeitado y bañado.

Te sientas junto a mi y me observas curioso de lo que hago. Te pido esperes un momento mientras me pinto la última uña… Listo. Guardo mis cosas y estiro la mano hacia mi café. Relatas una historia de una semana pesada y un pleito en tu casa. Te escucho atenta. Me miras detenidamente y te disculpas, pues siempre hablamos de trabajo. A mi no me molesta… no entiendo ni jota de lo que me dices, pero no me molesta. Sonríes y me preguntas si he cenado. No, la verdad no. Mi última comida fue hace varias horas ya, pero no tengo hambre. Me preguntas si estoy cansada… tampoco. Preferí verte a ti. Sonries. Nos levantamos y vamos a otro sitio.

Mi coño estaba caliente solo de estar a su lado

Pides cerveza y algo de comer. La banda de rock es algo mala, pero toca lo suficientemente fuerte como para no dejarme escuchar bien lo que dices. Estamos ahí un rato, platicamos, reímos, nos abrazamos, nos besamos. Me muerdes el cuello. Me gusta… Yo no me acabo mi trago y la comida se queda ahí, casi intacta. Es hora de cerrar. Me acompañas a mi auto… y antes de dejarme entrar preguntas si me tengo que ir. En el fondo sé que sí lo tengo que hacer, pero te miento y te digo que no.

Subo a mi auto y me sigues en el tuyo… vamos a otro lugar con menos gente, menos ruido. Conducimos a través de las calles de la ciudad, hacia uno de los cerros que circundan el valle. Me estaciono en la orilla de un parque en desnivel, que hace las veces de mirador. Cambio de auto introduciéndome al tuyo. La poca gente que hay me observa sin decir nada, vuelven a lo suyo en cuanto se cierra la portezuela.

Platicamos un rato más, sonries, me vuelves a mirar fijamente y me besas. Despacio primero. Me muerdes el labio inferior y gimo, duele pero no me retiro. Lo tomas como una invitación y me sigues besando y mordiendo, cada vez un poco más fuerte.

Esa sensación de tus dientes sobre mi piel, tus dedos sobre mi cintura, tu mano derecha jugando con mi cabello, la izquierda acariciando mi pecho por arriba de la ropa; tu lengua recorriendo mi cuello… No puedo controlar mi respiración, tu nombre entrecortado se escapa por entre mis labios… el cristal empañado en una noche fría, tu calor y el mío haciendo obvia la situación, en un lugar en el que nadie camina por la noche. Sólo otros autos estacionados alrededor y las luces de la ciudad son testigos de nuestra circunstancia.

Tu lengua se desliza en mi oído, mi piel se eriza y una de mis manos dirige las tuyas a mis nalgas. Mi cuello se estira mientras sigues recorriéndolo con tu lengua. Tu nombre sigue flotando en el aire. Te inclinas sobre mi y tu mano se desliza por debajo de mi blusa, tus dientes vuelven a pellizcar mi piel hirviente. Una de tus manos entre mi cabello, la otra encontrando su camino hacia mis pezones. Los encuentra, los siente, los acaricia, los frota y finalmente los presiona mientras me muerdes el labio inferior. Gimo más fuerte. Me gusta lo que haces.

Sabía cómo hacer enloquecerme de deseo

Te separas de mi. Me miras, sonríes y me acomodas el cabello. Me dices “Me encantas” y me vuelves a besar. Arremetes contra mi labio y tu mano izquierda se desliza por la parte trasera de mi pantalón. Me aprietas la nalga con fuerza mientras muerdes mi labio inferior hasta que sale una pequeña gota de sangre. La pruebas y sonríes… dices que ya no me morderás más. Te digo que puedes morderme lo que quieras, mientras mi mano derecha se desliza entre tus piernas y comienza a frotar el bulto entre ellas. Siento que crece un poco más hasta que ya no cabe en el pantalón.

Te sigo besando y jugando tu lengua con la mía mientras maniobro con una sola mano para liberarte, un movimiento algo complicado. Intentas ayudarme, pero tú tampoco puedes. Me las ingenio y termino lográndolo sin separarme un instante de tus labios. Adivinas mi intención y en un solo movimiento diriges mi cabeza a tu entrepierna. Con cuidado saco tu pene de debajo de tu ropa y, sin tomarlo entre mis manos, lo introduzco en mi boca.

Me gusta su sabor. Hay una gota en la punta. Su sabor salado me vuelve loca. Lo succiono y lo introduzco lo más profundo que puedo en mi boca hasta mi garganta. Inicia el vaivén. Lo presiono con mis labios mientras muevo la cabeza hacia arriba y abajo. Tu cadera instintivamente se eleva. Lo hundo aún más y tus manos empujan mi cabeza hacia abajo. Tocas el fondo de mi garganta. Gimes. Lo haces cada vez más rápido. Te gusta sentir el fondo, lo haces dos, tres, cuatro veces. Sientes como mi garganta se cierra sobre de ti con cada movimiento. Paras. Tomas mi barbilla y la elevas. Me vuelves a mirar fijamente. Lo dices de nuevo “Me encantas” y me vuelves a besar.

Mientras me besas, tu mano izquierda se desliza por el frente de mi pantalón. Busca… busca… Encuentra mi clítoris y tus dedos empiezan a frotar como desenfrenados. Se deslizan más abajo y encuentran mi humedad. Se bañan en ella y vuelven a subir y siguen frotando. Tu nombre vuelve a salir de mis labios, entrecortado, más fuerte… Encuentro tu oreja y deslizo mi lengua a su alrededor. Te estremeces mientras sigues frotando y estoy a punto. Tiemblo. Tu nombre se escucha aún más fuerte. Nunca imagine que tú, con esa carita, con esa actitud tan tímida desde que te conocí, me pudieras hacer sentir así.

Navego en un mar de placer y el deseo crece

Exploto. Siento como mi humedad se acrescenta… Quiero respirar un poco, pero no me lo permites. Sigues frotando mi clítoris e introduciendo tus dedos en mi. Dos veces… estoy temblando mientras continúas besándome, pero no me das tregua. Sigues haciendo tu faena. Tu nombre sale en un grito. Sonríes de una manera pícara y un tanto malévola. Creo que te gusta tenerme así.

Saco tu mano de mi pantalón. Ya no puedo más. Me hinco sobre el asiento y me vuelvo a inclinar sobre ti. Tomo tu verga entre mis manos y la vuelvo a introducir en mi boca. Te acomodas en tu asiento y respiras profundamente. De repente dejas salir un gemido casi imperceptible, pero no puedes permanecer quieto. Vuelves a deslizar tu mano por detrás de mis nalgas y buscas mi vagina húmeda. Introduces tu dedo y lo mueves adentro y afuera, al mismo ritmo en el que yo mamo tu falo erecto y duro…

Suena un celular… mi celular… contesto, guardas silencio. Es él… ‘Dónde estás?’… su voz resuena en el silencio del auto y de la noche… ‘Qué no me oyes? Dónde estás?’…Sí, te escucho, voy para allá… cuelgo. Te miro y me regresas una mirada llena de resignación… Tu carita angelical, esa en la que parece que no rompes ni un plato. Sonrío. Me inclino sobre ti y te comienzo a besar de nuevo. No puedo parar, me encantan tus labios, tus manos, tu cuerpo. Pasas tus brazos a mi alrededor y continuas besándome.

En un acto impulsivo me abalanzo sobre de ti y paso mi pierna derecha sobre tu cuerpo. Quedo a horcajadas sobre de ti. Me tomas de la cintura y tú mismo empiezas a mecer mi cuerpo arriba y abajo, mientras mi cadera se frota contra la tuya. Me besas el cuello, el pecho. Levantas mi blusa y besas mis pezones. Jugueteas con ellos con tu lengua y los mordisqueas. Sigo moviendo la cadera sobre de ti. De verdad me gustaría sentirte dentro.

Un final inesperado y gustoso para mi coño

La excitación ha provocado en mí algo vergonzoso y hasta insultante para mi persona: ganas irremediables de orinarme del gusto y del impacto de su presencia de todo este rato.

-Me orino, no me puedo aguantar- le digo avergonzada

-¿A eso has venido?, ¿a mojarte y luego orinarte?. Sal del coche, que te vea, con las bragas en las manos, y a mear como una perra caliente. Te abres y me miras mientras lo haces.

Yo no supe en ese momento si podría salir del coche y hacer lo que me pedía. Lo hice rápido y nada más abrir las piernas un chorro bien caliente salió de mi coño produciéndome el placer que nunca ni una polla logró provocarme. Acabé, con las bragas en la mano, volví al asiento. Él me miró con un ademán de aprobación.

En ese momento, y sin mediar palabra, me das una nalgada y me separas de ti. “Tienes que volver”… suspiro en resignación… lo sé… Te beso dulcemente sobre los labios y me muevo hacia el asiento del copiloto. Acomodo mi cabello frente al espejo. Observo las huellas de la batalla. Me has dejado marcada en el pecho y el coño con un calor y humedad inexplicable. Me coloco la chaqueta y me recargo en el respaldo. Arrancas el auto y lo diriges unos cuantos metros hacia delante hasta el mío. Te beso por última vez y salgo de tu auto para entrar en el mío. Los dos nos perdemos en la oscuridad de la noche y la complicidad de las calles de la ciudad…


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Se calentó en el club swinger

Experiencias Parejas Liberales 25 octubre, 2017

Después de toda la escena en el club swinger, mi putita acabó derrotada tendida en la cama, boca abajo, y con el coño todo mojado por haber sigo magreada por más de diez tíos.
Mi mujer, Alexia estaba esa noche con ganas de volverme loco, y sabe exactamente cómo hacerlo. Vestida con una remerita blanca ajustada y super trasparente (que deja traslucir sus pezones puntiagudos y carnosos atravesados por sendas argollitas), minifalda negra, obviamente no llevaba ni corpiño ni tanga, y sandalias de taco alto, mi mujercita irradiaba sexualidad y era el foco de la mirada de los hombres con que nos cruzábamos. Esa noche concurrimos a un club swinger, que tiene una pista de baile central con escenario a un costado y barra al otro, la pista que se encontraba abarrotada de gente está rodeada por un primer piso que balconea hacia la pista protegido por una baranda tubular de acero del duro.

Después de beber unas copas de champagne en la barra decidimos bailar un poco, ella me provocaba con sus movimientos y de tanto en tanto me daba un fuerte apretón en la pija testeando su estado. Yo ya estaba pensando en invitarla a recorrer los reservados en busca de aventuras cuando ella se me adelantó diciendo “quedate aquí y mirá el balcón, préparate porque voy a endurecer pollas, cornudo”, salió caminando hacia la escalera y la perdí de vista. Al poco tiempo vi que se ubicaba en un espacio libre en el borde del balcón y tomada de la baranda comenzaba a acompañar el ritmo de la música con movimientos sensuales de cadera mientras me miraba de manera cómplice. Cuando se aseguró que varios hombres en la pista la observaban separó un poco las piernas lo que nos permitió entrever su concha y observar con claridad los tres piercings (uno en el clítoris y uno en cada labio menor) que había elegido para la ocasión por ser extremadamente visibles. Su baile iba tornándose más y más provocativo, a los movimientos de cadera sumó flexiones de rodillas con las piernas abiertas, siempre hacia la pista de baile, lo que fue desatando el interés entre la concurrencia masculina que ya en un gran porcentaje miraba hacia arriba y bailaba en automático con sus parejas que no podían disimular los celos que les provocaba la exhibición de Alexia. Yo estaba super caliente, quería ir y follarla ahí mismo, pero ella me había pedido que me quedara en la pista y no quería modificar sus planes. Quería hacerme cornudo, que la viera, y calentar nabos.

El balcón, que es como un lugar muy visible a todos, se conecta con el escenario en uno de sus extremos a través de una serie de discos gruesos de vidrio de buen diámetro empotrados en la pared a modo de escalera, hacia allí se dirigió mi mujer y comenzó a bajar por ellos hacia el escenario, en cada uno bailaba unos minutos exhibiendo constantemente su carnoso coño que a esta altura brillaba de humedad producida por la excitación. Anticipando que ella seguiría su show en el escenario, los hombres solos fueron congregándose ahí para verla más de cerca. Cuando Alexia finalmente llegó al nivel del escenario comenzó a bailar en el caño ya con la minifalda en la cintura, visiblemente caliente y alentada por el público masculino, se quitó la remera y sus enormes pechos salieron disparados de su prisión bamboleándose al ritmo de la música. Yo miraba extasiado e incrédulo el espectáculo que estaba dando mi hermosa mujer, ella estaba completamente desatada y absolutamente desinhibida por el champagne.

Se encaminó hasta el borde del escenario, donde se habían reunido 10 o 15 hombres y se puso a distancia suficiente, para dejarse acariciar las piernas y la parte alta del muslo y comenzó a pasar varios dedos por su coño, se acercó un poco más y algunos intentaron tocarle la vagina y el coño todo mojado pero ella no lo permitió, dejando sí que le magreen las tetas y el culo mientras ella seguía masturbándose en su cara. Luego se sentó al borde del escenario, con las piernas bien abiertas y las apoyó en el hombro de dos espectadores a izquierda y derecha, de tal manera que su hermosa raja quedó a la altura del pecho de los hombres, tomó las manos del que tenía enfrente y se las colocó sobre sus labios mayores indicándole que le abriera bien la vulva. Metió dos dedos en su vagina soltando un largo gemido arqueando la espalda, cuando los sacó estaban empapados de un líquido transparente y viscoso que formaba hilos desde los dedos hasta el borde de su vagina, lo esparció sobre su clítoris duro como roca y expuesto a la vista de todos y luego repitió la operación varias veces hasta que hubo juntado una gruesa capa sobre el clítoris. Entonces me hizo señas con una mano, me acerqué pidiendo permiso entre los hombres que la rodeaban y me dijo “pajéame cornudo”, los tíos ya empalmados me miraban hasta con desprecio de verme humillado; yo conociéndola de años, introduje un dedo en su vagina suavemente y comencé a moverlo despacio y sin pausa adentro y afuera; con la yema del dedo mayor de la otra mano, casi sin ejercer presión, describía círculos leves sobre su clítoris expuesto y cada tanto le daba leves apretones tomándolo entre el pulgar y el índice.

De esta manera, completamente desnuda entre decenas de hombres vestidos, les dijo que sacaran sus pollas. Unas ya estaban duras del todo, lo cual a mí, me produjo un duro endurecimiento al comprobarlo. Seguí pajeándola como me dijo. Con la raja bien abierta y mirando a la cara de cada uno de ellos en pocos minutos sufrió un devastador orgasmo que la dejó temblando recostada sobre el escenario con las piernas abiertas y la concha babeando. Cuando se repuso, bajó del escenario, cruzó la pista completamente desnuda hacia la barra. Yo estaba con ganas de más espectáculo, así que me senté en un taburete de la barra y me bajé los pantalones, ella me propinó una soberbia mamada y cubndo tuve la polla rígida como un garrote la senté encima de mí, dándome la espalda, le metí mi polla en el culo y ella ronroneó de placer. Lentamente comencé a moverme dentro de ella para que se acostumbrara y relajara el culo. Al sentir que ella misma empujaba su culo contra mi pija la tomé por las rodillas y se las hice levantar para que quedara toda su raja expuesta al grupo que nos rodeaba. Entonces mi mujer permitió que se la follaran por el coño uno por uno, las pollas estaban todas erectas ya, mi excitación de cornudo era máxima. Se la follaron con la única condición de que cuando estuvieran por correrse debían sacarse el nabo y acabar sobre su vulva. Luego después de haber acabado todos, comenzaron a manosearle el chocho embadurnado y a chuparle las tetas, yo le besaba el cuello y le decía cuánto la amaba, la situación fue demasiado para los dos y acabamos juntos un largo y fuerte polvo…. polvo que terminó cuando ya estuvimos en casa. Ella boca abajo, yo encima como un cornudo con la polla dura por haber visto tantas pollas endurecidas por la Diosa de mi mujer.

 

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Cobarde para ser feliz

Confesiones, Relatos Cortos 23 octubre, 2017

Es el desahogo de sentimientos más que un relato erótico.

Quién decide qué es el amor. Cómo se mide un sentimiento. Algunos dicen que se sabe porque se entienden las canciones, otros por las mariposas en el estómago, otros tartamudean, pero no creo que haya una medida para decir si, ahora estoy enamorada.

Yo sé que amé a una mujer, no sé qué medida utilice, pero sé que la amé sobre todo lo demás.

Una mujer maravillosa, inteligente, divertida, con sentido del humor, generosa, cariñosa, simpática, con genio, carismática, paciente, la más bella, perfecta en todo su ser.

Sé que la amé y sé que la amo.

Pero, cómo se demuestra amor a alguien que no tienes. A veces la gente no sabe demostrar sus sentimientos, quizá por miedo, quizá por vergüenza, quizá por inseguridad, pero todo se traduce en lo mismo, cobardía.

Y eso fue, me dio miedo ser feliz, no me atreví, dejé escapar a la mejor de todas las mujeres por cobardía, no me atreví a luchar por ella. Ella era todo lo que necesitaba para ser feliz, y la dejé escapar, peor aún, la eché de mi vida. No me la jugué por ella, la decepcioné mil veces, y mil y una oportunidades me dio, dejé que mis miedos pesaran más que todo el amor que puede caber dentro de mí. Ella me llenaba, me alegraba, me rompía y me recomponía en cuestión de segundos, me hacía volar, con ella todo era posible, podía ser lo que quisiera, nada podía salir mal si estaba cerca, y yo no me atreví a quedarme a su lado. Pasaron años sin ella, años grises, sin risas, sin motivos para querer seguir, pero la volví a encontrar y todo volvió a cobrar sentido, me prometí que esta vez lucharía por ella, por su amor, que esta vez me atrevería a quererla como ella merecía, con todo lo que soy, y le volví a fallar. Me volví a acobardar, dejé que los miedos del pasado no me permitieran demostrarle cuánto la quería, dejé que todo por lo que pasamos, todos los malos momentos se volvieran a agolpar en mi cabeza, paralizándome, impidiéndome luchar por su amor, permitiendo que todo se volviera a fastidiar, permitiéndome perder el más puro amor que jamás sentí, el de quien lo daba todo y solo me pedía que por favor no la tratara mal. No sé si después de todo lo que ha pasado creerá que alguna vez la amé, yo no lo haría, ella merece lo mejor, se merece el universo envuelto y posado sobre una bandeja de oro, y sé que yo no lo soy.

Escribo estas líneas a modo de desahogo, pero con la esperanza de que ella las lea, que por un segundo se crea que de verdad la amé con todo mí ser, pero que nunca lo supe demostrar.

Y si es así, si por casualidad lo lee, le diré que es el mejor regalo que me pudo dar la vida, haber podido disfrutar de su compañía, de su risa, haber provocado yo esa risa, es algo que no tiene precio.

Sé que amé a la mejor de las mujeres, que su recuerdo me acompañara siempre, que si alguna vez vuelvo a sonreír , será porque estaré pensando en ella, hasta mi último día, y cuando ese día llegue, querré un epitafio que rece: Demasiado cobarde para ser feliz.


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Universitarias calientes preguntando qué es una paja

Ellas vestidas vs desnudas, Primera Vez, Relatos porno 18 octubre, 2017

Éramos dos estudiantes universitarias calientes en busca de conocimiento de anatomía, queríamos saber el mecanismo y cómo era eso de una paja. Yo, morenita, pechos pequeños con pezón marrón y mi amiga muy parecida.  Con rasgos latinos éramos y estábamos ansiosas de curiosidad biológica y fisiológica.

A ver, eso debe ser el líquido preseminal – dije a mi primo que se estaba haciendo una paja a petición nuestra porque queríamos saber cómo era aquello.

– Así es.

Éramos dos estudiantes como dije, universitarias, y de primero de medicina bastante mojigatas, que no mojadas, no es lo mismo, y nunca habíamos visto de cerca estas cosas; así que queríamos aprender. Lo fácil era salir a ligar con chicos del campus pero eso no iba mucho con nosotras. Fue mejor pedirle a mi primo que se masturbara para nosotras.

– ¿No te corres ya? – preguntó Irene.

Nos habíamos arrodillado ante él para la ocasión y aquello estaba a pocos centímetros de nuestras caras, lo mirábamos de cerca, aunque la parte de nosotras que más cerca estaba del glande eran nuestras bocas. Era un glande gordo, rojo, y ya excitado. Me gustaba verlo de cerca. Hasta desprendía un olor novedoso y agradable, ¿sería olor a polla?. Observábamos con mucha atención tras nuestras gafas de pasta y de alumnas aplicadas. Incluso Irene estaba tomando notas, no paraba de tomar apuntes. Ya ves tú!, qué manía con tomar apuntes, ni que fuera una costurera, qué tendría que apuntar si lo que le apuntaba era el nabo gordo de Petete; que así como le apodaban a mi primo excitado, pero bueno, a lo que iba:

– ¿Puedo continuar yo? – fue lo siguiente que dijo mi compañera.

– Por supuesto – dijo mi primo.

Irene la agarró con torpeza y apenas la movía bien, no con la ligereza con que mi primo lo había hecho instantes antes. Irene era torpe, pero con unas ganas de aprender terribles.

– Déjame a mí, vas a ver lo que es menear el mortero del alioli– le dije, ya yo, muy lanzada.

Y lo hice con un poco más de soltura, aunque tampoco tan bien como él. ¡Era la primera vez que lo hacía!, me decía a mí misma, “sigue meneando, que de aquí, algo tiene que salir”.

– Mírame a los ojos mientras lo haces – dijo mi primo. Le miré y continué mis movimientos. – Pon carita de niña buena – me pidió.

Al momento mi primo dijo:

– Voy a correrme.

Sería al verme la cara buena, que le dio ganas de irse y correrse, yo tengo cara de niña muy, pero que muy buena. Tal como habíamos pactado, juntamos nuestras caras ante él, le miramos a los ojos y sacamos nuestras lenguas. Yo fui atrevida,lanzada y aguerrida, y acerqué un poco la puntita de mi lengua a su polla, llegando a tocar su glande. Un chorro de esperma salió directamente hacia el interior de mi boca y automáticamente la giró para que el siguiente fuera a parar al fondo de la garganta de Irene. Estábamos las dos rociadas como si fuéramos una maceta con dos plantas, qué guapas estábamos con nuestra primera lechada rostral.

– ¡Está rico! – dije yo después de tragármelo.

– Delicioso, no va a estar bueno.. – señaló Irene – si viene directo de los huevos calientes de Petete

Mientras un tercer chorro caía por debajo de mi cuello y se colaba por debajo de mi blusa entreabierta hacia mis tetas. Me rozó un pezón, y ¡será posible!, que hasta me hizo cosquillas esa gota espesa. Luego lo pensé mejor, y como buena estudiante, me dije a mí misma:”Eso es la densidad lechal, que es como la leche condensada, que al tener cuerpo y consistencia, te roza como si fuera el dedo sólido de un humano”. Y así fue, mi pezón quedó erecto como el pene de un colegial. Y fin de nuestra experiencia universitaria.

 

UNIVERSITARIA antes del trabajo de recepcionista: masturbación

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