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Latina tetona gozosa follando

Casadas insatisfechas 14 diciembre, 2017

Sin parar de follar latina tetona

Era mi primer vídeo que veía, un vídeo porno de una mujer, no acostumbro a ver a mujeres haciéndolo pero esta vez quería verlo. Una madura, yo tengo 26 años, y solo he tenido experiencias sexuales con chicos, pero me picaba la curiosidad. Toda una mujer, tetona, latina, y bien cachonda así que me puse el vídeo porno, el mismo que aquí dejo.

Latina tetona morena follando sin parar

Follando sin parar y tetona como es, no pude parar de mirarla, quizás se puede entender mi calentura.

Cogí mi vibrador gordo al ver la tetona

No pude hacer otra cosa que ponerme cachonda, las tetas gordas ya me excitaron, luego verle el coño bien gordo y caliente, el mío también se puso así. Yo soy rellenita, más bien gorda, con buenas tetas y un chocho bien peludo y grande. Se me erizaron todos los pelos, me puse con ganas de tetas más que de polla (y es de extrañar), y no pude aguantar.

Me follé una y otra vez con el vibrador

Un vibrador que tengo hace poco que me regalaron en una despedida de soltera lo cogí, para que hiciera las veces de una polla. Me lo pasé suave por mis hinchados labios mayores y menores, me puse bien perra como nunca. Solo quería a una mujer, pero no la tenía así que me puse más vídeos XXX de tías en pelotas. No sé si contar más, pero os dejo para terminar el vídeo que tuve que mirar.

Vídeo Tetas colgantes morbosas

 

Vídeo de tetas grandes en la playa

 

Tetas grandes caseras follando

 

Después de esto estoy cachondísima, ver estas tías con tetas gordas, unas en la playa y las otras en plena acción, me dan hasta envidia a pesar de que mis tetas no son nada pequeñas. Pero me calienta ver como les gustan tanto follar y moverse. Increíbles. (Una lectora más)

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Universitarias preguntando qué es una paja (3)

Lésbicos, Relatos XXX 1 noviembre, 2017

Raquel, la más inocente e ingenua de nuestras amiguitas ya conocidas como las universitarias, seguía curiosa por saber a la perfección todo este mundo de la masturbación. Perpleja y expectante, aturdida y empanada, atontada y agilipollada, Raquel aguardaba como el guepardo espera su presa, mirando silenciosa y con mucha hambre, pero que mucha hambre de sexo.

-Ire, tía, ¿al final hacemos lo del estudio de campo de pajas o no?
-A ver Ra, piensa un poco, ¿crees que después de tantos años de estudio, en la U..N..I.. vamos a dejar las cosas a medias?, eh! tía…- le contestó Irene ya con un tono increpante.
-Es verdad,no, no, no, ni hablar de cosas a medias, en la Uni nos enseñaron a que se ha de llegar hasta el final, pase lo que pase, no quedarse con la duda. Que ya sabes el refrán, ante la duda la más…. Para esoooo hemos estado estudiando tanto tiempo… ves, tía, ¿como no soy tan corta como crees?…
– Y ahora que dices de tetuda, ¿te han crecido las tetas o qué Rá?, ¿parece que te abultan más no?
-Pues tienes razón, esta mañana cuando me miré en el espejo, me las veía más grandes, me puse hasta cachonda, verme con más tetas, bueno más no, dos las de siempre, pero mayor tamaño. Joder tía, qué mal me explico, no sé para qué me sirven tantos apuntes, si no sé ni resumir. Es que aún estoy creciendo tía, y las peras también me crecen. ¿Hasta las noto con mas peso y todo, me cuelgan no lo ves, que parecen unas campanas de un campanario? Y valga la “rebunbandia”.

En ese momento la inocente Raquel, se subió la camiseta ahí mismo donde estaban, en la habitación del cuarto de Irene, y aparecieron las dos tetas aún jóvenes de nuestra amiguita, pero ciertamente más grandes.
-Joder tía, vaya buenas tetas, me gustan, tienes buenos pezones, y esos granos alrededor del pezón, vaya morbo me estás dando tía, ya no sé si hacer el estudio de las pajas o pajar por mirarte.
-Dónde vas tía, no es pajar es pagar, con g. Joder no te ha servido de nada tantos años en la uni, tanta paja al final lo ves todo con pajas. Es p..a…g…a..r. Con g si no sería pajar, como el de las gallinas.

-Te quieres crees que tanto cachondeo me estoy poniendo hasta cachonda, es que tienes una tetas que…¿puedo tocar un poco Ra? Anda déjame, como si fuera un tío pero con manos de tía.
– Toca, chocho, que eres una ansiosa, que te gusta to lo grande y blando.

Irene, sin esperar ni un milisegundo ya estaba tocando y saboreando los placeres más recónditos de su inestimable y cercana compañera de estragos y alegrías.

-Mmmmm vaya meloncitos, tía, esto ni en la plaza, ¿deben estar dulces?
– Dulces?, anda mama un poco tía, que se note que eres universitaria, mamona!

Fue decir mamona e Irene ya estaba ejerciendo el gerundio del mismo verbo, es decir, estaba mamando. Mama que te chupa, chupa que te mama.

-Pero qué rico, si parece piña colada, qué dulce y suave, ¿te sale leche?
– Si hombre, ni que fuera una vaca, aún no,pero ya verás como si a alguno de los que hacemos una paja, luego me la mete, ya verás como tendré un hijo, y entonces, tendré más leche que una central lechera.
– No me digas eso, Ra, que soy capaz de buscar al lechero para que te meta su manguera.
– Será al bombero no tía?, que eres una palurda.
– ¿Qué pasa que los lecheros no usan manguera, para limpiar las tetas de la vaca?
-Es verdad Ire, que lista e inteligente eres, como se nota, tantos años de apuntes y clases de teórica por las tardes. La manguera del lechero, dicho así, parece el título una peli porno. La manguerita del lechero.

¿Te gustan mis tetas?

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Las tetas de mamá

Incesto, Maduras 31 octubre, 2017

Miguel Ángel abrió la puerta y entró en casa.

– ¿Dónde estás, mamá?

– Estoy aquí, en la cocina.

Miguel Ángel tenía 14 años, era el menor de tres hermanos, su experiencia sexual era nula, hacía poco que había empezado a masturbarse, eso sí, lo cogió con afición y todos los días se hacía una paja por lo menos. Últimamente el objeto de dichas pajas era su madre, no sabía muy bien porque pero se había obsesionado con ella, sobre todo con sus tetas.

Pilar, su madre era un ama de casa típica de esa época, finales de los setenta, era bajita y algo regordeta, ¿Sus tetas?, Eran grandes, pero no exhuberantes, las típicas tetas que han dado de mamar a tres hijos.

Ella no las lucía, iba siempre bastante recatada, en casa con una bata de manga corta en verano o una guateada en invierno. Cuando salía a la calle lo normal es que fuera con una camisa o polo y una falda o un vestido hasta las rodillas, incluso había descartado un vestido que tenía por ser demasiado escotado.

¿Le destacaban las tetas?  Si, pero no era por su culpa.

Miguel se sentó en la cocina, su madre trajinaba en los fogones y le daba la espalda.

Vaya culo que tiene mi madre, pensó, no podía quitar los ojos de él. No sé lo pensó, se sacó la polla y se empezó a masturbar, como su madre se diese la vuelta no sabía que iba a decirle

– Estás muy callado, hijo.

– Si, dijo, mientras seguía meneandosela.

– ¿Que tal el colegio?

– Bien mamá, me han sacado a la pizarra y he resuelto bien un problema.

– Así me gusta..

Se iba a correr, se levantó sin saber muy bien que  hacía y le echó el semen a su madre en la bata, a la altura del culo, se metió el rabo dentro del pantalón rápidamente.

Su madre sintió algo en el culo y se volvió, se sorprendió al verle tan cerca.

– Leches, hijo, que susto me has dado creí que estabas sentado.

– Es que iba a ver qué hay de comida.

– Hay lentejas dijo su madre.

– Vale mamá, me voy a mi cuarto a estudiar.

Su madre se quedó sola en la cocina, echó la mano para atrás, donde había sentido el golpe y lo notó húmedo. ¿Que es esto,?, Pensó. Se miró la mano y casi da un grito, vio la sustancia blanca y pegajosa y supo que era semen y solo podía ser de su hijo.

Se quitó la bata y vio el manchurrón, había sido una buena corrida.

Hecha una furia se dirigió a la habitación de su hijo sin importarle estar en bragas y sujetador.

– ¿Que es esto, Miguel? Dijo enseñándole la bata.

– No se mamá, parece agua, dijo Miguel que no podía quitar los ojos de las tetas de su madre. Además yo estaba en la habitación.

-¿Y antes cuando estabas en la cocina, que has hecho?

– Nada, mamá. Hablar contigo.

Pilar se dió cuenta de cómo le miraba las tetas, se cubrió un poco con la bata y salió asustada de la habitación. Su hijo era un monstruo.

Dejó la bata en la lavadora, se vistió con una falda negra y un suéter blanco, el suéter le estaba algo estrecho lo que hacía que sus tetas destacasen más, ella no se dio cuenta, pero el que seguro se ba a dar  era su hijo, al que le encantaba ver a su madre con ese suéter y además con falda.

Pilar decidió que tenía que hablar con él, entró en su habitación.

Miguel estaba tumbado en la cama, al verla se sentó y pensó en lo buena que estaba así vestida, Pilar se sentó a su lado y le puso la mano en una pierna.

.- Mirá, Miguel, masturbarse es normal a tu edad.

– ¿Mastur…. Que? Mamá.

– Masturbarse, tocarse la cola.

-¡Ah!

– Lo que no está bien, continuó su madre, es que lo hagas pensando en mi, y mucho menos que me eches tus cosas encima ¡Soy tu madre!

– Perdona, mamá.

Su madre tenía todavía la mano en su pierna, de pronto sintió algo, miró y vio un bulto dentro del pantalón de su hijo, se estaba excitando, le miró y le vio fijo en sus tetas, ¡Esto tenía que acabar!

– ¿Se puede saber que miras?

– Nada, mamá.

– ¡Nada! No haces nada más que mirarme las tetas.

– Perdona mamá, es que son muy bonitas.

– ¿Pero me las has visto acaso?

– No, pero me las imagino.

Su madre tomó una resolución, tenía que desmitificar sus tetas.

– Te las voy a enseñar para que veas que no son como te imaginas,.

– Vale mamá.

Pilar se quitó el suéter, quedándose con un sujetador color carne.

– ¿Lo ves?

– No, mamá, no veo nada quítate el sujetador.

Pilar dudó pero decidió seguir hasta el final y se lo quitó, apareciendo sus dos generosos pechos. Se sentó de nuevo al lado de Miguel.

– ¿Los ves ahora?

– Si, mamá.

– Los ves, están caídos y son blandos, dijo Pilar.

– ¿Puedo tocarlas?

– Vale, para que veas que no valen nada.

Miguel puso sus manos en las tetas de Pilar, en ese momento vio que había perdido la partida, el sobeteo de su hijo la estaba excitando, se avergonzó, pero lo que le llevó a la locura fue lo que vino después.

– Mamá, me aprieta mucho el pantalón.

Pilar miró y vio el enorme bulto.

– Claro, hijo, te has puesto como un burro, sacatea no te vayas a lastimar.

– Si mamá, Miguel se sacó la polla.

Cuando Pilar la vio se quedó alucinada, menudo pollón gastaba su hijo, no lo pudo evitar la cogió y empezó a masturbarse, mientras Miguel había vuelto a agarrar las tetas de su madre.

– Mamá. Me estás masturbando.

– Si hijo si, mira lo que has conseguido.

– Yo no he hecho nada mamá.

– Calla y sigue sobandome las tetas.

– Si mamá.

Miguel se corrió, su madre dirigió el esperma hacia sus tetas, algunas gotas callejón sobre su falda destacando en la tela negra.

– Mamá, te lo has echado encima como hice yo antes.

Pilar volvió en sí, agarró su ropa y salió de la habitación con la cabeza gacha, avergonzada.

Miguel se tumbó en la cama sonriendo, lo había conseguido.

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Cobarde para ser feliz

Confesiones, Relatos Cortos 23 octubre, 2017

Es el desahogo de sentimientos más que un relato erótico.

Quién decide qué es el amor. Cómo se mide un sentimiento. Algunos dicen que se sabe porque se entienden las canciones, otros por las mariposas en el estómago, otros tartamudean, pero no creo que haya una medida para decir si, ahora estoy enamorada.

Yo sé que amé a una mujer, no sé qué medida utilice, pero sé que la amé sobre todo lo demás.

Una mujer maravillosa, inteligente, divertida, con sentido del humor, generosa, cariñosa, simpática, con genio, carismática, paciente, la más bella, perfecta en todo su ser.

Sé que la amé y sé que la amo.

Pero, cómo se demuestra amor a alguien que no tienes. A veces la gente no sabe demostrar sus sentimientos, quizá por miedo, quizá por vergüenza, quizá por inseguridad, pero todo se traduce en lo mismo, cobardía.

Y eso fue, me dio miedo ser feliz, no me atreví, dejé escapar a la mejor de todas las mujeres por cobardía, no me atreví a luchar por ella. Ella era todo lo que necesitaba para ser feliz, y la dejé escapar, peor aún, la eché de mi vida. No me la jugué por ella, la decepcioné mil veces, y mil y una oportunidades me dio, dejé que mis miedos pesaran más que todo el amor que puede caber dentro de mí. Ella me llenaba, me alegraba, me rompía y me recomponía en cuestión de segundos, me hacía volar, con ella todo era posible, podía ser lo que quisiera, nada podía salir mal si estaba cerca, y yo no me atreví a quedarme a su lado. Pasaron años sin ella, años grises, sin risas, sin motivos para querer seguir, pero la volví a encontrar y todo volvió a cobrar sentido, me prometí que esta vez lucharía por ella, por su amor, que esta vez me atrevería a quererla como ella merecía, con todo lo que soy, y le volví a fallar. Me volví a acobardar, dejé que los miedos del pasado no me permitieran demostrarle cuánto la quería, dejé que todo por lo que pasamos, todos los malos momentos se volvieran a agolpar en mi cabeza, paralizándome, impidiéndome luchar por su amor, permitiendo que todo se volviera a fastidiar, permitiéndome perder el más puro amor que jamás sentí, el de quien lo daba todo y solo me pedía que por favor no la tratara mal. No sé si después de todo lo que ha pasado creerá que alguna vez la amé, yo no lo haría, ella merece lo mejor, se merece el universo envuelto y posado sobre una bandeja de oro, y sé que yo no lo soy.

Escribo estas líneas a modo de desahogo, pero con la esperanza de que ella las lea, que por un segundo se crea que de verdad la amé con todo mí ser, pero que nunca lo supe demostrar.

Y si es así, si por casualidad lo lee, le diré que es el mejor regalo que me pudo dar la vida, haber podido disfrutar de su compañía, de su risa, haber provocado yo esa risa, es algo que no tiene precio.

Sé que amé a la mejor de las mujeres, que su recuerdo me acompañara siempre, que si alguna vez vuelvo a sonreír , será porque estaré pensando en ella, hasta mi último día, y cuando ese día llegue, querré un epitafio que rece: Demasiado cobarde para ser feliz.


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Más de mi yerno

Abuelas con jovencitos, Incesto 30 septiembre, 2017

El leve roce por detrás en mi culo, me hizo saber que él me atacaba, mi yerno caliente iba a por mí. Y a mí, eso me gustaba.
Pero sobre todo, lo que me sorprendió fue aquella porra parecía de hierro y mi marido nunca la tuvo tan dura.
Cuando menos lo esperaba él se pegó a mi espalda y asomándose de nuevo entre las dos ligeramente dijo… “Me alegro de que nos hayamos quedado a verlo. Esto es una maravilla” y en ese instante metió su mano por el costado de mi falda, recorrió todo mi muslo y amaso mi nalga a su antojo. Tiró de mi cachete un poco hacia afuera abriéndome más el trasero hasta que la punta de su polla presionaba ya directamente en mi culito.

Mi hija seguía haciendo comentarios pero yo ya no la oía y desde luego estaba que no me salía la voz del cuerpo.

Tenía que hacer algo así que disimuladamente lleve mi mano atrás para coger la suya y retirarla pero al notar mi mano él me la cogió y la apoyo sobre mi cadera colocando la suya sobre la mía para acariciarme.

¡Joder!, que tormento de hombre ¡por Dios!

Me estaba mareando. Sentía pulsaciones en mi culo y ya no sabía si eran mías o eran de su polla pero me estaban poniendo enferma. Él coño se me estaba poniendo resbaloso y notaba como los labios se deslizaban entre ellos al apretar mis piernas. La sensibilidad de mis pezones era tan grande que el más mínimo movimiento me hacía sentir el roce de mi blusa como una tortura.

Su mano era tan cálida… por un momento creo que cerré los ojos e imaginé lo que sería sentir aquella mano tibia recorriendo mi cuerpo. Sin poder evitarlo dejé que se recreara restregándose todo lo que quiso.

Estaba muy excitada y mi mente comenzaba a imaginar cosas.

Lo que daría por sentir aquella barra de carne caliente entrando en mi cuerpo. Estaba al borde del orgasmo pero … ¡se me iba a notar!.

Miré a mi hija de reojo. Estaba concentrada en los barcos.

Sí, joder, podría correrme sin hacer ruido. Como cuando ella era pequeña y dormía en la cuna.

Pero ahora su madre se iba correr con la polla de su yerno encajada entre las nalgas.

Apreté mis muslos y me concentre en las sensaciones que sentía en mi trasero. Creo que apreté un poco hacía atrás y él respondió clavándose aun más y haciéndome sentir las costuras de su pantalón.

Aspiré todo el aire que pude y aguanté la respiración apreté su mano y… uffff, sí, sííí, sííí…

Me corrroooo, me corroooo…. Ummmmffffffffffffffffff!!!

Ohh, ¡Dios mío!, que gusto otra vez. Sentía la brisa refrescar mi cara que estaba ardiendo por el sofoco.

No sé cómo conseguí contenerme pero mi hija parecía seguir sin enterarse de nada.

Relajé mi cuerpo y mi mente disfrutando del regusto tras el orgasmo hasta que viendo que ya no quedaban muchos barcos liberé mi mano de la suya y le di una palmadita.

Él debió entender que la fiesta había llegado a su fin porque se despegó de mí y dijo que tenía que ir al baño antes de salir de paseo. Seguro que se quito de en medio para que mi hija no viera como estaba o quizás se haría una paja rápida.

Durante la tarde-noche no volvió a ocurrir nada y aunque al acostarme estuve esperando escuchar alguna actividad en el salón, tampoco ocurrió nada. Me dormí recordando las caricias de mi yerno pero sin volver a masturbarme, imagino que por el sentimiento de culpa que me creaba aquella situación.

Al día siguiente tendría que hablar con mi yerno y poner fin a aquella extraña situación.

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