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Club swinger liberal para ella sola y yo cornudo

Experiencias Parejas Liberales 25/10/2017

Después de toda la escena en el club swinger liberal, mi putita acabó derrotada tendida en la cama, boca abajo, y con el coño todo mojado por haber sigo magreada por más de diez tíos.
Mi mujer, Alexia estaba esa noche con ganas de volverme loco, y sabe exactamente cómo hacerlo. Vestida con una remerita blanca ajustada y super trasparente (que deja traslucir sus pezones puntiagudos y carnosos atravesados por sendas argollitas), minifalda negra, obviamente no llevaba ni corpiño ni tanga, y sandalias de taco alto, mi mujercita irradiaba sexualidad y era el foco de la mirada de los hombres con que nos cruzábamos. Esa noche concurrimos a un club swinger, que tiene una pista de baile central con escenario a un costado y barra al otro, la pista que se encontraba abarrotada de gente está rodeada por un primer piso que balconea hacia la pista protegido por una baranda tubular de acero del duro.

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club swinger liberal, ¿qué opináis?, pueden comentar

Después de beber unas copas de champagne en la barra decidimos bailar un poco, ella me provocaba con sus movimientos y de tanto en tanto me daba un fuerte apretón en la pija testeando su estado. Yo ya estaba pensando en invitarla a recorrer los reservados en busca de aventuras cuando ella se me adelantó diciendo “quedate aquí y mirá el balcón, préparate porque voy a endurecer pollas, cornudo”, salió caminando hacia la escalera y la perdí de vista. Al poco tiempo vi que se ubicaba en un espacio libre en el borde del balcón y tomada de la baranda comenzaba a acompañar el ritmo de la música con movimientos sensuales de cadera mientras me miraba de manera cómplice.

Buscando un club swinger liberal para ella

Cuando se aseguró que varios hombres en la pista la observaban separó un poco las piernas lo que nos permitió entrever su concha y observar con claridad los tres piercings (uno en el clítoris y uno en cada labio menor) que había elegido para la ocasión por ser extremadamente visibles. Su baile iba tornándose más y más provocativo, a los movimientos de cadera sumó flexiones de rodillas con las piernas abiertas, siempre hacia la pista de baile, lo que fue desatando el interés entre la concurrencia masculina que ya en un gran porcentaje miraba hacia arriba y bailaba en automático con sus parejas que no podían disimular los celos que les provocaba la exhibición de Alexia. Yo estaba super caliente, quería ir y follarla ahí mismo, pero ella me había pedido que me quedara en la pista y no quería modificar sus planes. Quería hacerme cornudo, que la viera, y calentar nabos.

El balcón, que es como un lugar muy visible a todos, se conecta con el escenario en uno de sus extremos a través de una serie de discos gruesos de vidrio de buen diámetro empotrados en la pared a modo de escalera, hacia allí se dirigió mi mujer y comenzó a bajar por ellos hacia el escenario, en cada uno bailaba unos minutos exhibiendo constantemente su carnoso coño que a esta altura brillaba de humedad producida por la excitación. Anticipando que ella seguiría su show en el escenario, los hombres solos fueron congregándose ahí para verla más de cerca. Cuando Alexia finalmente llegó al nivel del escenario comenzó a bailar en el caño ya con la minifalda en la cintura, visiblemente caliente y alentada por el público masculino, se quitó la remera y sus enormes pechos salieron disparados de su prisión bamboleándose al ritmo de la música. Yo miraba extasiado e incrédulo el espectáculo que estaba dando mi hermosa mujer, ella estaba completamente desatada y absolutamente desinhibida por el champagne.

Se encaminó hasta el borde del escenario, donde se habían reunido 10 o 15 hombres y se puso a distancia suficiente, para dejarse acariciar las piernas y la parte alta del muslo y comenzó a pasar varios dedos por su coño, se acercó un poco más y algunos intentaron tocarle la vagina y el coño todo mojado pero ella no lo permitió, dejando sí que le magreen las tetas y el culo mientras ella seguía masturbándose en su cara. Luego se sentó al borde del escenario, con las piernas bien abiertas y las apoyó en el hombro de dos espectadores a izquierda y derecha, de tal manera que su hermosa raja quedó a la altura del pecho de los hombres, tomó las manos del que tenía enfrente y se las colocó sobre sus labios mayores indicándole que le abriera bien la vulva. En un club swinger liberal, tengo ganas de verla, pero a lo que iba. Metió dos dedos en su vagina soltando un largo gemido arqueando la espalda, cuando los sacó estaban empapados de un líquido transparente y viscoso que formaba hilos desde los dedos hasta el borde de su vagina, lo esparció sobre su clítoris duro como roca y expuesto a la vista de todos y luego repitió la operación varias veces hasta que hubo juntado una gruesa capa sobre el clítoris. Entonces me hizo señas con una mano, me acerqué pidiendo permiso entre los hombres que la rodeaban y me dijo “pajéame cornudo”, los tíos ya empalmados me miraban hasta con desprecio de verme humillado; yo conociéndola de años, introduje un dedo en su vagina suavemente y comencé a moverlo despacio y sin pausa adentro y afuera; con la yema del dedo mayor de la otra mano, casi sin ejercer presión, describía círculos leves sobre su clítoris expuesto y cada tanto le daba leves apretones tomándolo entre el pulgar y el índice.

De esta manera, completamente desnuda entre decenas de hombres vestidos, les dijo que sacaran sus pollas. Unas ya estaban duras del todo, lo cual a mí, me produjo un duro endurecimiento al comprobarlo. Seguí pajeándola como me dijo. Con la raja bien abierta y mirando a la cara de cada uno de ellos en pocos minutos sufrió un devastador orgasmo que la dejó temblando recostada sobre el escenario con las piernas abiertas y la concha babeando. Cuando se repuso, bajó del escenario, cruzó la pista completamente desnuda hacia la barra. Yo estaba con ganas de más espectáculo, así que me senté en un taburete de la barra y me bajé los pantalones, ella me propinó una soberbia mamada y cubndo tuve la polla rígida como un garrote la senté encima de mí, dándome la espalda, le metí mi polla en el culo y ella ronroneó de placer. Lentamente comencé a moverme dentro de ella para que se acostumbrara y relajara el culo. Al sentir que ella misma empujaba su culo contra mi pija la tomé por las rodillas y se las hice levantar para que quedara toda su raja expuesta al grupo que nos rodeaba. Entonces mi mujer permitió que se la follaran por el coño uno por uno, las pollas estaban todas erectas ya, mi excitación de cornudo era máxima. Se la follaron con la única condición de que cuando estuvieran por correrse debían sacarse el nabo y acabar sobre su vulva. Luego después de haber acabado todos, comenzaron a manosearle el chocho embadurnado y a chuparle las tetas, yo le besaba el cuello y le decía cuánto la amaba, la situación fue demasiado para los dos y acabamos juntos un largo y fuerte polvo…. polvo que terminó cuando ya estuvimos en casa. Ella boca abajo,  esperando verla en un club swinger liberal, y yo encima como un cornudo con la polla dura por haber visto tantas pollas endurecidas por la Diosa de mi mujer.

 

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Vecinos curiosos y morbosos calientes

Orgías, Relatos voyeur, Relatos XXX 30/09/2017

Los vecinos curiosos y morbosos calientes siempre están mirando, siempre observan, son unos cotillas. Pero esta vez nos hicieron salir de la rutina, su morbo fue el nuestro.

Así que desde que nos vinimos a vivir juntos hace casi 5 años, Mónica y yo, hemos cambiado de casa dos veces, pero esta última es la que más me gusta.

Tenemos unos vecinos muy simpáticos que desde que nos mudamos nos han ayudado a todo. Son dos hermanos cincuentones que viven juntos, ella enviudo muy joven y él se divorció hace unos años. Presumen de moral recta y de ser intelectuales. Aunque a mí realmente me da igual. Se portan muy bien con nosotros y sin su ayuda, lo hubiéramos pasado realmente mal. Así que hace un mes decidimos que al llegar Navidad le haríamos un buen regalo, algo especial que de alguna manera pagara todo lo que habían hecho por nosotros. El problema surgió cuando mi jefe dijo que no me pagaba la extra y el jefe de mi mujer, desapareció sin pagar varios meses de retraso que les debía. No solo íbamos a pasar unas navidades a base de patata y arroz, si no que el regalo que pretendíamos hacer se frustró.

No se cómo eso llego a oídos de nuestros vecinos, que muy sutilmente nos adelantaron mil euros para pasar la Navidad, ese detalle es algo por lo que siempre le estaré agradecido.

Vecinos curiosos los invitamos con el obsequio de cenar

La forma tan humilde de entregarnos el dinero, su trato educado y sus elegantes maneras nos habían conquistado tanto a mi esposa como a mí. Dos días después de Navidad los invitamos a casa y tras una excelente cena los obsequiamos con un libro para él y un bonito collar para ella.

– Nos hubiera gustado haberos hecho un mejor regalo, pero las circunstancias ahora no son las mejores.

– No hay mejor regalo que teneros viviendo arriba, no te puedes imaginar cómo eran los anteriores inquilinos.

– Sois una bendición de dios, dijo la vecina.

– Nunca olvidaremos como os habéis portado con nosotros.

– Pues os pido una cosa: Tenéis que hacer menos ruido cuando hacéis el amor.

– ¿Tanto se oye? Dijo Mónica muy sofocada.

– Estas paredes son de papel.

– Nosotros llevamos tiempo sin catarlo y se hace duro oíros.

Todos reímos ante los comentarios de los vecinos.

– Claro con una mujer tan atractiva. Cualquiera no hace ruido. Añadió el.

– Mira y con un hombre así. Si yo tuviera 20 años menos no te escapabas dijo la vecina.

Nos sentimos halagados por esos comentarios, la verdad que éramos una pareja muy normalita, quizá un tanto pintoresca, pues yo mido 1,90 m. y Mónica 1,55 m, casi soy medio metro más alto, así que imaginaros lo que parecemos cuando paseamos juntos. Pero ella es muy guapa, con unos ojos verdes que resaltan tanto como su enorme pecho, unas de esas tetazas que te causan impresión cuando va por la calle con su ropita ajustada.

Cuando se fueron nuestros invitados, mi mujer y yo nos quedamos charlando de los maravillosa velada, de la suerte que teníamos de tenerlos bajo de nosotros. Pero lo que nos rondaba la cabeza fue el comentario pícaro sobre nosotros.

– Me dejo mosqueado el erotismo con que habló de nosotros le dije a Mónica.

– ¿Crees que va con otra intención?

– No creo son cosas que se dicen con un par de copas de vino.

– Pues a mí no me importaría hacerle un favor añadió ella.

– ¿A él? Si tiene que tener cerca de 60. ¿te has vuelto una violadora de abuelos?

– No seas idiota, sin ellos estaríamos fatal. No veo más si les diéramos una sorpresita erótica.

– Pues no creo que se lo tomaran mal.

– ¿Qué quieres decir?

– Pues no sé, desnudarme delante de él, hacerle un striptease, una paja o chupársela si quiere

– Joder, que fuerte eres. A mí que me toca follarme a la vieja ¿o qué?

Fue la víspera de año nuevo cuando note al subir al con ellos en el ascensor que no dejo de mirarle las tetas a mi mujer, mientras decía que le encantaba tener una chica tan guapa en el edificio. Unido a que esa misma tarde ayude a Luisa (la vecina) a subir la compra y medio en broma me palmeo el culo.

Cuando llegue a contárselo a Mónica me la encontré entusiasmada, de tal manera que le caían las lágrimas.

– ¿Qué pasa?

– No te lo vas a creer, Juan, el vecino, me ha conseguido un trabajo en un despacho de abogados. Les hace falta una administrativo. Es genial.

– Fantástico. ¿por eso lloras?

– Es que se están portando tan bien y nosotros podemos ofrecerles tan poco. Estoy pensando en pagárselo con sexo. El lleva mucho tiempo solo, desde que se divorció y sigue muy tocado.

– Desde luego algo tenemos que hacer me siento muy mal de no poder devolver tanto favor, pero sexo ¿estas segura? ¿Quieres follartelo?

– Quizá no tanto, pero alegrarles la navidad. Un striptease o algo asi

– Es un poco descabellado, pero podría valer. ¿Tú te atreves?

– Yo, si

– Esperemos que no se pongan dignos y nos rechacen. Podria ocurrir.

– No se van negar, ya veras

– Les decimos que queremos obsequiarlos con algo especial.

– No sé. ¿Crees que se lo tomarían bien?

– Ellos siempre van presumiendo de liberales. Y creo que no tienen sexo desde hace mucho tiempo. Ella siempre me está diciendo lo guapo que soy y él tiene una cara de salido

– A mi sabes que me gusta exhibirme. Podría ser divertido.

– Además verán que sabemos ser agradecidos.

– ¿Y si quieren más?

– Pues decimos que no y nos vamos. Aunque si te quedas desnudas las tetas va a querer tocártelas seguro

– Bueno, no me importa si quiere tocar las tetas mientras no se pase. Eso sí, tú tienes que dejar tocarte la polla, su hermana. Ja, ja, ja. Me voy a partir de risa como te lo haga y acabe masturbándote.

El morbo de pensar en follar con los vecinos

Aprovechamos que el día de año nuevo nos invitaron a tomar café, les dijimos que nosotros llevaríamos los dulces.

Yo me puse un tanga, mi mujer una braga brasileña y su mejor sujetador. Se calzo un zapato de tacón y en ropa interior fuimos sigilosos por la escalera, decididos a dar la gran sorpresa a nuestros queridos vecinos.

Estábamos nerviosos, ellos no son unos vecinos curiosos y calientes, y nos preocupaba ¿Cómo se lo tomarían? ¿Y si no les gustaba? ¿Se sentirían ofendidos? Aunque a nadie le puede sentar mal encontrarse dos jóvenes cuerpos en ropa interior, no estamos nada mal físicamente. Sería casi como una broma. Así que llamamos al timbre, nos estaban esperando ambos en la puerta y al vernos quedaros fríos, sin saber cómo reaccionar, con caras de asombro. Era lógico, cualquiera no se queda boquiabierto al ver tan jugosa carne a la hora de la siesta. Para romper el silencio, dije yo entusiasmado:- ¡Feliz Año nuevo!

– Pero qué es esto.

– Te dije que traeríamos los pasteles. ¿Os gusta?

– Pasad no os quedéis en la puerta. Va a aparecer cualquier vecino.

– ¿A qué se debe esta sorpresa con tan poca ropa?

– Os merecéis un gran regalo después de lo que habéis hecho por nosotros este año. Y queríamos que fuera algo especial. Y ya te dije que siempre nos ha gustado lucir nuestros cuerpos

– Yo me hubiera conformado con unas pastas, pero esto no está nada mal. No era necesario esto, pero a nadie le amarga.

El vecino río. Entramos al salón, era una confortable estancia con múltiples estanterías llenas de libros, un equipo de música muy moderno, no había televisión y un gran sofá flanqueado por un par de sillones la completaba.

– ¿Qué queréis tomar?

– Café

– Sí, yo también. El mío con leche.

Ambos salieron de la habitación dejándonos solos.

– Me encantaría saber que están hablando.

– A mí también ¿Qué crees que esperaran?

– No lo sé. Pero ahora es buen momento para desnudarnos, quítate el tanga, me ordeno mientras ella se despojaba del sujetador y de la escueta braguita.

– Pongámonos de espaldas a la puerta y cuando entren, nos volvemos. Se llevaran una buena sorpresa.

Una leve carcajada se dibujó en su rostro, me beso suave: – que emocionante.

La puerta se abrió y se toparon inesperadamente de bruces con nuestras espaldas. El hombre portaba una bandeja con turrones, detrás, la mujer traía otra con el café. Al percatarnos de su presencia, nos volvimos, mostrándonos desnudos. La vista de la talla 36HH del busto de mi mujer que colgaba como dos cantaros y de mi vigorosa verga, impresionaron a nuestros anfitriones, tal que la bandeja de dulces rodo por los suelos y parte de una taza de café se derramo.

– No os pongáis nerviosos. Este es nuestra modesta forma de daros las gracias. Dijo Mónica. Queríamos regalaros un baile con striptease, pero nos pareció ridículo.

– Así que mejor una café nudista. Ja,ja,ja. Añadí al reír con una vergonzosa sonrisa.

– Que grata sorpresa. Dijo el hombre alzando la cara mientras terminaba de recoger los turrones desperdigados por la alfombra.

– Si, muy bien, afirmaba la anfitriona con los ojos todavía como platos, y una excitante cara libidinosa.

El hombre centraba la vista en el generoso busto de Mónica, las dos tetas colgaban turgentes, desafiantes, bien puestas, redondas, voluptuosas, llamaban a ser devoradas.

Se apresuró frente a ella, sin mirarla a la cara, extendió las manos: – ¿Puedo? Pregunto dirigiéndose a mí.

– Soy yo la que tiene que responder. ¡Si, puedes! Sonrió Mónica, entregada en convicción a ser sobada.

El hombre no pudo con tan generoso busto, las ubres se le escapaban entre las manos deseosas de amasarlas. Se emborracho de pechos, los agarraba como podía, los sostenía y apretaba con deseo. Jugueteo con los pezones y acabo poniéndolos erectos, el tamaño de la aureola aumento al igual que lo hizo la excitación de Mónica. Disfruto de ellos como si el tiempo hubiera pasado despacio desde que tuvo carne similar que poder acariciar.

– ¿Te gustan?

– Son magníficas.

Mónica reía complaciente mientras era manoseada, se mostraba complaciente, servicial, como una concubina dispuesta a agradar a su amo, se volvió, encorvo su espalda, empino el culo y, lo ofreció. El vecino disfruto de la parte delantera y trasera al mismo tiempo. Fue una agradable opción para él; lo abordó con caricias, despacio, deslizando los dedos sobre la curvatura perfecta del glúteo, junto con la delicada suavidad de su ubre sostenida por su mano derecha.

Me hubiera gustado a mí hacerlo. Era una postura sumamente erótica, mágica, casi pornográfica. Lo percibí de esa manera, viendo al vecino apretar las carnes de mi mujer, con suma libertad, sin apuros, con naturalidad, aprovechando la situación que se planteaba. Duros apretones en las tetas y fuertes palmadas en el pompis para acabar.

– ¡Estás muy rica!

Teníamos claro que el primer objetivo serían los exuberantes pechos de Mónica, una talla 120 no puede pasar desapercibida y cualquiera en su sano juicio no dejaría pasar la oportunidad de abordar unas boobies de tal tamaño si se las ponen delante. Era algo que entraba en el juego y mi mujer contaba con ello desde el momento que entramos por la puerta.

Nos acomodamos a tomar el café, ellos en el sofá y yo en uno de los brazos del sillón donde estaba sentada Mónica. Nos mostrábamos risueños, joviales, su agrado nos tranquilizaba, nos sentíamos bien al notar que no estaban incomodos, que les gustaba, sin tapujos.

– ¿Cómo se os ha ocurrido esto?

– Bueno, temíamos que os enfadarais.

– En absoluto. Es divertido. Estáis muy bien. ¿Y ahora qué?

– Yo me considero exhibicionista, le dije en tono desafiante ¿Y tú? ¿Te gusta mirar?

– Si es una mujer como la tuya: Si. Me encanta.

– A mi marido que en paz descanse, le encantaban las tetas grandes. Siempre quería poner su pene entre las mías, pero yo no las tengo muy grandes. Intervino nerviosa la vecina.

– Pues eso que te ganas, pues todos los tíos con los que he salido preferían que les hiciera una cubana a follarme. Rio mi mujer.

A mi mujer le miraban los melones, a mí el paquete

Continuamos conversando, riendo, expresándonos de forma obscena, transformando los comienzos sensuales en lujuriosos comentarios subiendo la temperatura de la conversación. Las calmadas miradas, eran cada vez más frívolas, a pesar de que intentaban actuar con naturalidad, se notaba como los ojos de él, se dirigían a los colgantes melones de mi mujer y los de ella a mi entrepierna.

He de reconocer que la situación me ponía cachondo, era una sensación entre morbo y vergüenza; no estaba acostumbrado a estar desnudo delante de extraños, y mi excitación se trasladaba a mi pene, que poco a poco entraba en erección, algo que llamo la atención de todos e hizo tomar la iniciativa a mi mujer.

Me agarro la verga, entre risas, jugueteando con ella.

– ¿Quieres probar? Le pregunto a la vecina que miraba interesada y de un salto se puso a mi lado.

– Deja, deja. Yo me encargo. Ordenaba mientras hacía levantarse a mi mujer del sillón y se sentaba junto a mí para agarrarme la polla y masturbarme.

Y puedo asegurar que la señora no lo hacía nada mal, agarraba mi falo con destreza y suavidad, rozaba el glande con dulzura deleitándose en cada movimiento

Mónica desplazada de su sitio, quedo de pie frente al hombre, los pechos le colgaban más que nunca, exuberantes, ante la mirada lasciva del vecino que le invito a sentarse junto a él.

– Tú también la tienes dura. Advirtió ella al acariciar la bragueta y notar la fortaleza del pene.

– Naturalmente crees que con esas tetazas delante uno no se excita.

– Adelante. Respondió ella

Ante la invitación, irrumpió de nuevo en sus pechos, agarrándolos y chupando los pezones con avidez mientras la otra mano se deslizaba a su coño depilado, buscando con habilidad la zona húmeda.

La habitación se llenó de gemidos, de cuerpos retorcidos por el placer de las manos, unos masturbándonos a otros, era para todos un regalo navideño lleno de sexualidad. Me gustaba ver a mi mujer jadeando, tocándose el pezón de la teta que el vecino dejaba libre y me reconfortaba saber que la polla del otro era mucho más pequeña que la mía. Que crecía y crecía con las manotadas de la vecina que recibía mi mano en su apretado y peludo sexo. Su excitación le hizo meterse mi polla en la boca. Como la chupaba la vieja, nunca me habían hecho nada igual, mientras me lo hacía le metí dos dedos en su coño, lo tenía apretado, le incomodo pero siguió chupando con ardor.

No pensé que llegaríamos a esto, estábamos con los vecinos en plena orgia “masturbatoria”. Ni cuando se nos ocurrió la idea imagine esta controvertida situación, ni la reacción positiva de nuestros vecinos, sobre todo de ella, siempre me parecieron asépticos para este tema, sin embargo aceptaron, les gusto vernos desnudos y les apeteció sexo. Había algo que me confundía, quizá la poca sensibilidad que tuvieron hacia nosotros, la rapidez con la que se lanzó a sobar a mi mujer, una persona que había sido antes tan amigo, casi un familiar.

Folladas casi sin consentimiento entre nosotros: desfasados

Satisfecho ya de chupar y toquetear los inmensos melones de mi mujer, de un salto se puso en medio de sus piernas, y con suma rapidez metió la polla en el húmedo coño de Mónica. Entre la aceptación y la repulsión Mónica le dijo:- ¡No! Follar, no. Pero al mismo tiempo que lo decía abría más las piernas y lo dejaba entrar, acomodándose para ello. El hombre arrodillado, se la metía todo lo que podía, incitado por sus enormes senos moviéndose de un lado a otro, como flanes, en cada embestida.

– No, No, follar no, dios mío.

– Venga mujer con lo que he hecho por ti, no vas a consentirme esto.

– Pero no te corras dentro.

Hubiera hecho algo al respecto, pero no observe más resistencia en mi mujer, sino un dejarse llevar por las circunstancias y yo estaba a punto de correrme, la señora me lamia la punta del prepucio despacito. Le dije:- ya va.

– Quiero que te corras en mi boca. Me respondió.

– ¿Seguro?

– Quiero tragármelo. Y continúo suavemente lamiendo la punta de mi pene.

¡Caray! nunca me lo habían hecho. La señora continúo chupando hasta que me fui dentro de su garganta. Fue maravilloso. Me relamió hasta la última gota. Que guarra pensé, pero que gustazo me di. Pero lo que estaba por llegar me iba a gustar menos. La señora se fue y yo me quede contemplando al viejo follando a mi mujer.

El hombre le pidió que se volviera de espaldas y la follo de rodillas por detrás sobre el sofá. Me gusto verlo, y más cuando ella giraba su cabeza buscándome, como diciéndome que no quería haber llegado a esa situación. Pero mi vecino estaba satisfecho, penetrando unas nalgas tan redondas y jóvenes, mirando el bamboleo de los pesados pechos, mientras la culeaba sus tetazas como péndulos subían y bajaban. Su visión acelero sus ganas de acabarse, lo note al observar sus embestidas más intensas cada vez y se abalanzaba sobre ella para agarrarle los pechos como un perro en celo. No me gusto esa postura y no me apetecía que se viniera dentro de ella.

– Córrete en sus tetas. Te va a gustar, le dije.

– Si ponla aquí, le ofreció mi mujer poniéndose de rodillas frente a él, e introduciendo el pene entre sus mamas.

Ella las apretaba y al poco tiempo de frotarse, derramaba su leche sobre el glorioso busto de mi esposa ante mi cornuda presencia. No puedo decir que me encantara, pero yo no me lo había pasado mal y la cara de Mónica aparentaba cierta satisfacción.

– ¿Os quedáis a cenar? Invito nuestro anfitrión. Luego podemos seguir.

– No podemos. Tenemos un compromiso.

Espere a que mi chica se quitara el semen del vecino y volvimos a casa.

Nos sentimos avergonzados de lo que paso y desde entonces notamos como si todo el vecindario lo supiera, cruzarnos con ellos en la escalera nos daba reparo, las constantes insinuaciones, las miradas, pero lo aguantamos, habían creado una extraña dependencia en nosotros.

VECINA TETONA ME ENSEÑA LAS TETAS POR LA CAM

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Follando con un matrimonio perverso

Bisexuales 27/07/2017

Hola a todos los lectores me llamo Rocío y soy de Uruguay, tengo diecinueve pero a veces me siento rara con mis amigas porque me gusta el sexo duro y dudo que ellas soporten la mitad de lo que yo. Me dicen que soy muy apetecible, de carne maciza y buenas curvas, llevo además el cabello lacio y suelto hasta los hombros, de color castaño café como mis ojos.

En mis otros relatos conté cómo me chantajearon para ser la putita de un grupo de ocho hombres maduros, y también cómo tuve que hacerme tatuajes obscenos (pero temporales) y piercings para complacerles. Posteriormente me volvieron adicta a la zoofilia y cumplí mi deseo de hacerlo con los dos perros del jefe del grupo.

Nunca lo he practicado con mujeres, ni mucho menos me imaginé que podría “follar” a un maduro utilizando un pene falso, pero ambas cosas iban a cambiar drásticamente. Pronto tendría una noche de sexo tan salvaje, guarro y duro, que en mi vida nunca más me sentiría excitada a menos que fuera a los extremos.

Pero vamos por partes.

Tras terminar las clases en la facultad, mi amiga Andrea y yo fuimos a la casa de mi amante para tratar de aclararle las cosas, ya que ella fue filmada ingresando en su predio sin permiso, como comenté en mi último relato. Andrea estaba muy ansiosa cuando tocamos el timbre, se ajustaba sus gafas contantemente en una especie de tic nervioso.

A mí me ponía nerviosísima, tanto ella como la situación que se avecinaba. Es que es una chica un poco conservadora tanto en su forma de ser como de vestir, es como si se negara a revelar su cuerpo. Es rubia, un poco más alta que yo (aún así seguimos siendo pequeñas en comparación a la media). Tiene pocas tetas, y si bien su jersey holgado no ayudaba mucho al panorama, su ajustado vaquero enmarcaba una cola pequeña y paradita (apetecible para según qué gustos) y unas torneadas piernas.

Yo estaba con un conjunto casual que no delataba que era la chica más puta de todo mi país. Un jersey sin mangas y una falda decente puesto que había decidido dejar de usar vaqueros porque las molestias en mi cola eran notorias y quería sentirme más cómoda.

Volvimos a tocar timbre.

Lo que me causaba inusitada curiosidad era saber cómo iba a reaccionar mi amiga ante una propuesta indecente de parte de mi amante teniendo en cuenta lo recatada que es ella, o al menos esa es la impresión que tenía de mi amiga.

Otra vez toqué el timbre y por fin Don López nos recibió con semblante serio, y nos invitó a pasar dentro de su lujosa casa. Estaba elegantemente vestido y olía muy bien, pese a que tiene una personalidad de macho alfa que me resulta vomitiva, tiene un cuerpo bastante bueno a sus más de cuarenta años, y tampoco tengo quejas con respecto a su desempeño en la cama (aunque por lo general me suele follar en su baño, sobre un colchón desgastado en su sala o sótano, o sentado en su sofá si hay un partido de fútbol que le interese).

Al entrar en la sala, amagué quitarme el cinturón de mi falda en un acto reflejo, en una demostración de costumbre tras tantas tardes de vicio en ese lugar, pero me acordé que en esta ocasión estaba mi amiga presente. Cuando me volví a ajustar la hebilla, levanté la mirada y noté a una señora en la sala con una copa de vino en mano, mirándonos.

Me quedé congelada, probablemente era su esposa, le pondría una edad similar al marido; peinado caro, vestido negro y lujoso sin mangas, corto y ceñido que destacaban sus turgentes senos, anchas caderas, muslos gruesos y piernas torneadas; sí, era un monumento al atractivo de la mujer madura; pero tenía una mirada de pocos amigos, me recordaba a una profesora de secundaria de esas intratables. Verla me imprimió tanto miedo que pensé en salir volando de allí pero no podía dejar a mi amiga abandonada.

Cuando bebió de su copa, cruzó conmigo una mirada asesina.

—Don López –susurré acercándome a él—. Su… Su—su señora está aquí…

—Rocío, sí, ella estará conmigo esta noche. No te preocupes, lo sabe todo.

Muda y congelada. ¿Su esposa lo sabía todo? ¿Todo? ¿Que yo era la putita de su marido, y de otros siete maduros más? ¿Que en su sala y su sótano hemos montado un montón de fiestas? ¿Qué incluso me emputecí por sus perros? ¡Imposible! Pero don López no suele bromear con ese tono serio, por lo que probablemente me estaba diciendo la verdad.

Con voz cortante, don López le habló a mi amiga mientras yo me atajaba de una pared para no caer desmayada. Vaya panda de gente pervertida que me vine a encontrar.

—Así que tú eres la jovencita que entró anoche en mi propiedad. ¿Cómo te llamas?

—Me… me llamo Andrea, señor.

—¿Qué impide que vaya ahora mismo a la fiscalía para que te denuncie, jovencita?

—Señor, lo lamento mucho. No entré para robar ni nada similar, simplemente estaba preocupada por mi amiga que suele venir aquí a menudo. No volverá a suceder, ¡eso se lo prometo!

Su esposa soltó una risita y levantó la copa al aire:

—¡Pues a mí no me convence, querido!

—¡A mí tampoco, Marta, yo creo que lo mejor será asegurarnos y denunciarla! En la cárcel aprenderá—se burló don López.

—¡No, por favor, es verdad! –Andrea se alarmó—. ¡Rocío, diles!

Me recuperé. Debería tomar la mano de mi amante o pegarme a él para ablandarlo, pero ¡ahí estaba su señora! No me quedó otra que tratar de convencerlo con palabras:

—Don López, ¡Andrea no le haría daño ni a una mosca!

—Hagamos una cosa, acompáñanos esta noche, jovencita. Vamos a conocernos un poco, ¿sí?

—Pero… ¿Cree que soy tonta? –preguntó incrédula—. ¡Yo me voy de aquí ahora mismo, sé lo que quiere hacer, señor, dios mío!

—¿Hacer qué, jovencita? Pero bueno, vete, yo también me iré, ¡pero a denunciarte!

—¡Pero no quiero tener relaciones con alguien viejo y asqueroso como usted! ¡Puaj! ¡Y encima con su señora de cómplice! ¡No les da vergüenza!

—¿¡Qué!? ¿Tener relaciones? ¿Pero qué está fallando en tu cabeza, niña? Solo quiero conocerte y aclarar las cosas, ¿qué me dices, quieres unirte a nosotros esta noche?

Don López sonaba como un caballero, su perfume y su actitud de macho nos embriagaba, le sonreía con un atractivo propio de alguien maduro. Vaya galán, me estaba convenciendo a mí también, y eso que yo ya estaba emputecida por él. Andrea por un momento pareció perderse en su mirada, pero luego reaccionó y preguntó con preocupación.

—¿Solo eso?

—Adelante, siéntate en el sofá con tu amiga Rocío.

—Supongo… Supongo que no pierdo nada… Vaya, discúlpeme en serio, señor López… La verdad es que quiero que me conozcan, no soy ninguna ladrona ni nada similar.

Andrea y yo nos fuimos hasta el sofá y nos sentamos juntas. Ella muy distendida, yo cada vez más nerviosa: ¡su señora estaba ahí! ¡La de cuernos que le habrá puesto su marido conmigo! Necesitaba un chaleco antibalas para sentirme segura.

Don López se sentó junto a su esposa, frente a nosotras. Entre ambos grupos había una mesita de baja altura donde normalmente estaba repleto de condones, pero vaya, esa noche no había nada.

Era extraña la sensación de actuar como un ser humano en ese lugar, cuando acostumbraba a estar desnuda y llorando a cuatro patas, pero más extraña era la sensación de estar siendo observada por una señora que no me miraba con mucha alegría que digamos. La observé de reojo para contemplar mejor los detalles de su rostro; pese a que la edad le hacía mella, se mantenía bastante bien y tenía un innegable atractivo. No es que me gusten las mujeres, pero cuando alguien es guapa es imposible negarlo, y esa señora tenía su qué.

Ella carraspeó para que yo dejara de admirarla, y me preguntó:

—Tú te llamas Rocío, ¿no es así?

—Sí, soy Rocío, señora…

—Tú llámame “señora Marta”.

—Claro, ¡claro!, señora Marta, es un placer —dije preocupada.

—Pero qué pocos modales tienes, no cruces los brazos frente a nosotros.

—Disculpe, señora Marta, no volverá a pasar –respondí poniendo mis manos sobre mi regazo y con la cara colorada.

—Trae la botella de vino de la cocina y unas copas más, Rocío, para servirnos –dijo dibujando una sonrisa pequeña en sus labios. Tenía un tono autoritario que me estremeció de miedo.

Me extrañaba y molestaba que, pese a que apenas nos estábamos conociendo, ya me quería tratar de doméstica. Pero como no quería armar una escena con mi amiga y con su marido presentes, ni tampoco quería llevar la contraria a una mujer cuyo marido me había estado follando, decidí callarme las cosas.

Me levanté rápido y fui a por la botella y las copas. Mientras buscaba entre las estanterías de la cocina, escuché a don López; ya empezaba a tantear el terreno, ¡y con su esposa al lado! Vaya matrimonio más raro.

—Dime, Andrea, ¿tienes novio?

—Sí, señor López. Llevamos dos años juntos.

—¿Es de tu edad?

—Sí, éramos compañeros ya desde secundaria, señor.

—Si yo fuera un jovencito atractivo te trataría de conquistar, Andrea.

—Ay, señor, no diga eso, lo dice como si usted fuera feo.

—¿No te parezco feo, Andrea?

—Bueno, no quiero tener problemas con su esposa aquí presente, don López, ¡jaja!

—A mí no me importa, niña –le dijo su señora—. Adelante, dilo…

—Bueno, la verdad es que usted es muy guapo, señor. Me gustan sus ojos, y su voz es muy sensual, don López.

—¡¡¡Pero por favor, jajaja!!! –me descojoné de la risa, volviendo a la sala; casi eché la botella y las copas debido al tambaleo que me ocasionó tamaño chiste. Lo incómodo es que fui la única que carcajeó, y el matrimonio me miró con ojos asesinos. Ni mil chalecos antibalas parecían ser suficientes.

Me tranquilicé un poco y empecé a servir las bebidas.

—¿Ves qué malvada es Rocío, Andrea? Todas las noches lo mismo, me desprecia, me insulta… ¡qué martirio!

—Pero qué mala eres, Rocío –me reprimió mi amiga—. Yo creo que don López es un hombre muy guapo.

Y las bebidas comenzaron a correr. Las preguntas también avanzaron de temperatura. Ya no eran sobre la secundaria, estudios o inicios de nuestra universidad. Empezaban a ser sobre sus gustos con los chicos, sus experiencias como primeros besos y enamoramientos, así como nuestra percepción del sexo sin tabúes. Le pasaban el vino y exploraban más el terreno, conforme ella se volvía más abierta. Tras casi cuarenta minutos de interrogación, don López y su señora ya no disimulaban, se acariciaban los muslos del otro mientras le hablaban a mi amiga, que por la pinta estaba algo borracha; se notaba que no sabía tomar.

Yo fui en todo momento un ser invisible, un instrumento cuyo único objetivo era cargar las copas cuando se vaciaban, para luego sentarme al lado de Andrea y ver cómo poco a poco ella cedía a las consultas más obscenas: su primera vez, sus masturbaciones y cómo de bien lo hacía su novio comparado con otras ex parejas. Lejos de sentirse incómoda, se liberaba poco a poco una personalidad lívida que yo desconocía: o el vino que estábamos bebiendo tenía algo, o mi amiga era una guarrilla disfrazada de universitaria recatada. O puede que fuera una mezcla de ambas cosas.

—La verdad es que usted me agrada, don López, ya veo por qué Rocío viene aquí todas las noches.

—Bueno, Andrea, la verdad es que mis colegas y yo no le aguantamos tanto a Rocío, mira, te mostraré a qué me refiero… ¡Oye Rocío, cuéntanos cómo fue tu primera vez!

—¡Muérase, perro!

—¿Ves, Andrea, por qué nos harías bien en nuestro grupo? Rocío es una protestona e insumisa, a veces mis colegas vienen cansados del trabajo y queremos pasarla bien, pero hay que estar media hora convenciéndola para que nos haga fiesta. Acepta entrar en nuestro círculo y no te denunciaremos.

—Ya veo… hip… Entiendo, haré lo que me pidan siempre y cuando me respeten, y obviamente no me denuncien.

—¿Quéeee, estás diciéndolo en serio, Andy? –pregunté con los ojos abiertos como platos—. ¡Hace cuarenta minutos negaste enérgicamente!

—Así me gusta, niña preciosa—don López seguía picando hielo—. A partir de ahora te llamaré “Princesa”, porque me encanta tu forma tan amena de ser.

—¡Me encanta que me digan “princesa”!

La esposa de don López se levantó; vaya que era muy alta, casi tan grande como su marido. Tragué saliva, de solo pensarla sobre mí me hizo dar un ligero tembleque, mejor no llevarle la contraria. Se sentó al lado de Andrea y le invitó a beber de su copa de vino. Cuando mi amiga terminó un sorbo, la madura le quitó sus gafas con ternura, y luego le preguntó:

—¿Qué tan buena eres besando, Andrea?

—No soy muy buena, señora… hip…

—Dime, ¿yo te parezco bonita, Andrea?

—Hip… Sí, mucho, señora…

—Siempre me gustó la idea de estar con otra mujer. Sinceramente, no me gustaría estar con una chica que folla con mis perros –dijo mirándome con saña. Mi cara se volvió un tomate, quería llorar de vergüenza—. Pero Andrea, no tengo reparos en estar con una chica tan educada, simpática y guapa como tú…

—Señora López, nunca… hip… nunca besé a una mujer… ¡jajaja!

—No es que haya mucha diferencia, princesa. Mira, hoy espero cumplir un par de fantasías. La primera es el beso, y la otra es que mi marido se deje follar por culo por una chica con arnés.

—Querida, ¿en serio es necesario eso último? –se quejó don López.

—Me has sido infiel con una cría de 19 años, ¡o te dejarás follar por el culo o pido el divorcio para llevarme TODO!

Pues ya me quedó clara la situación. Su esposa lo había pillado de alguna manera (¿habré dejado una tanga o sostén por la casa?, o puede que haya descubierto su disco duro repleto de vídeos en donde me sometían). Lo que no entendía era por qué, en vez de pedir divorcio directamente, le puso condiciones tan extremas. Más adelante en la noche lo sabría.

—Querida, preferiría no discutir de eso con tan encantadoras damas aquí presentes.

—De acuerdo, querido.

La mujer puso la copa en la mesa, y tras relamerse los labios, lentamente se acercó a Andrea para tomarla del mentón. Le dio un piquito, luego otro y uno último sin que ella reaccionara más que con un respingo de sorpresa. La mujer se rio de ella, alejándose para susurrarle algo al oído, y luego volvió al ataque para pasar su lengua entre sus labios, de abajo para arriba, enterrándola luego en su boca para iniciar un beso de lo más guarro. Yo estaba boquiabierta, no podía ser que mi amiga fuera tan ligera y fácil, era increíble cómo se dejaba hacer y, sobre todo, ver a ambas ladeando la cabeza para succionarse mejor.

Don López chasqueó los dedos, cuando le miré con curiosidad, él separó sus piernas, como invitándome a arrodillarme entre ellas. Era obvio lo que quería, yo ya lo conocía; quería descargar toda su espesa leche en mi boca.

—No quiero, gracias –dijo cogiendo la copa de vino más cercana para vaciar su contenido.

—Rocío, no empieces. Venga, a cabecear.

—¿Cabecear? ¡Ja! En serio estoy cansada, señor –protesté en medio de los sonidos de succión que poblaban poco a poco toda la sala.

—¿Quieres que llame a don Ramiro para que venga y te folle en el sótano? Espera, voy a discar su número ahora mismo…

Casi como un acto reflejó me arrodillé y avancé a cuatro patas hasta colocarme entre sus piernas. Le quité el cinturón y tras sortear la tela de su ropa interior saqué su miembro, a media erección. Escupí un cuajo enorme y procedí a chupársela con fuerza para que su carne creciera dentro de mi boca. Sí, don Ramiro es un guarro y un asqueroso, la última vez que estuvimos en ese sótano me escupió tantas veces la boca que sentí que ni mil enjuagues bucales me limpiarían.

Pero, pese a que me mostraba renegada a hacer guarrerías, me ponía sobremanera oír los gemidos y los ruidos del beso de mi amiga y la señora, que se conjugaban con los ruidos de mi chupada a ese coloso miembro. Quería tocarme la concha pero la tranca del señor es muy grande y debía cascársela con ambas manos para que se corriera.

Sentí el semen espeso y caliente saliendo de la puntita de su cipote, y con fuerza empecé a serpentear mi lengua hacia su uretra para que se largara de una vez. Como era de esperar, me tomó del cabello y me la ensartó hasta la garganta, pero estaba ya tan acostumbrada que ni siquiera puse resistencia. Simplemente me limité a arrugar mi cara, a sentir cómo su polla latía con fuerza y expulsaba todo, pero admito que me molestó cuando sentí su corrida escurriéndose violentamente en mi garganta e incluso saliendo por mi nariz, manchando mi jersey. Con un bufido de animal que suele hacer, me soltó para que yo pudiera volver a respirar.

—Rocío –dijo la señora al dejar de besar a mi amiga—. No te limpies la carita. Ven aquí, vamos –dio un par de golpecitos al muslo de Andrea, separándole las piernas.

Tragué saliva. Nunca hice cochinadas con mujeres, pero avancé a cuatro patas con el semen del señor pegado en toda mi cara, goteando y escurriéndose desde mi mentón. Cuando me coloqué entre las piernas de mi amiga, pensé que me iba a ordenar que le quitara el vaquero para que le comiera la concha, pero muy para mi sorpresa, la señora tenía otro plan:

—Andrea, limpia la cara de Rocío con tu lengua.

Casi poté, hice un amague ante la idea de ver a mi amiga pasándome lengua. Andrea me miró con esos ojos entreabiertos, mezcla de borrachera y excitación. Yo puse mis manos en mi regazo y me quedé coloradísima pues suficiente vergüenza era mirarla con mi cara repleta de lefa. Supe que no teníamos escapatoria, nunca la hay cuando estoy en esa lujosa casa.

—Menuda guarra eres, Rocío. Hip… supongo… supongo que puedo hacerlo, señora Marta… Si es para que no me denuncien…

Se inclinó hacia mí y olió un poco. Arrugó su rostro pues el tufo del semen de don López es terrible, pero yo ya estaba acostumbrada. Se volvió e hizo un gesto de que el semen olía asqueroso, pero la señora le acarició el muslo y le dijo con cariño que le haría muy feliz si me limpiaba con su lengua.

Se apretó la nariz y se inclinó otra vez; se me erizó la piel y crispé los puños cuando abrió la boca y sacó la lengua frente a mi cara; el contacto de su tibia carne recorriéndome el mentón hasta la nariz, pasando por mis labios, me hizo tener un orgasmo brutal que no sabía era posible, tenía ganas de hacerme dedos, abrir mi boca y chupar su lengua o algo similar para calmarme.

Andrea, saboreando el semen recogido, dibujó una cara de asqueada. Quería escupirlo, de hecho ojeó en la mesa buscando algo, tal vez una copa vacía, pero la señora le tomó del mentón:

—Princesa, escupe en la boca de Rocío.

—¿Qué dice, señora Marta? –protesté sorprendida, asustada y asqueada. La muy cabrona me dio una bofetada con su otra mano que dolió más a mi orgullo que a mi mejilla, y luego me tomó del mentón mientras yo me quejaba por su trato severo.

—¡Auchhhh!

—¡No vuelvas a cuestionarme, Rocío!

—Ufff… valeeee… perdóooon…

Apretó mi mentón con fuerza; entendí que tenía que abrir la boca. Andrea, totalmente ida y sonriente, como si fuera ajena a la situación, se inclinó de nuevo hacia mí y apretujó sus labios hacia afuera, apuntando mi boca abierta. Vi cómo el semen brotaba de sus labios, lentamente y burbujeando. Tardó unos interminables segundos en depositar esa lefa mezclada con su saliva. Hice un gesto de arcadas conforme sentía la leche recorriendo mi lengua y entre mis dientes, pero no quería ni imaginarme lo que la señora me haría si vomitaba sobre su alfombrado, así que con mucho valor aguanté.

—Eso es, Rocío, no te lo tragues y espera a que tu amiga vuelva a recoger todo para escupírtelo de nuevo.

De vez en cuando Andrea pasaba su lengua por mis labios pese a que ya no había nada de semen allí, y luego iba hacia mis mejillas y también hacia mi nariz para recoger todo el semen desparramado. En ningún momento me sentí “limpia”, pues si bien la lefa iba retirándose, era la saliva de mi amiga la que empezaba a tomar lugar en mi rostro.

Tras otro par de cuajos cayendo en mi temblorosa boca, ya la tenía a rebosar y las ganas de vomitar eran tremendas. La señora por fin dejó de apretujarme el mentón, y tras darle otro sorbo a su copa de vino, me ordenó que tragara todo.

Andrea por su parte me miraba con cara de vicio, como admirando hasta qué punto estaba yo de emputecida. Cabrona, ella era la princesa, yo un mero instrumento.

Tragué un cuajo, luego otro grande, y por último, empuñando mis manos con fuerza y lagrimeando, conseguí tragar el último resquicio que habitaba en mi boca, no sin varios hilos de saliva y semen escapándoseme de la comisura de mis labios y ensuciando mi jersey. Necesitaba irme al baño para limpiarme los dientes, ¡y con urgencia!

Antes de que rogara que me dejaran ir a asearme, Andrea se volvió a inclinar para plegar su lengua por mis labios, ladeando la cabeza y poniendo fuerza para entrar en mi boca. Quería besarme, no sé si por lo caliente que le ponía mi situación o porque la señora le dio una orden que no llegué a oír. Yo estaba tan caliente que dejé que su tibia carne ingresara y palpara la mía. Me dio un pequeño orgasmo, de hecho, y justo cuando pretendía que sintiera la bolilla injertada en mi lengua, ella retiró su boca con un sonoro y seco ruido, dejando hilos de semen y saliva entre nuestras bocas.

—Rocío, eres increíble… hip…

Pero yo estaba embobada por el besazo que me dio, recogí los restos de lefa y saliva con mi dedo y me los tragué, esperando una felicitación también de parte de la señora Marta, esperando que con ello pudiera bajar de revoluciones conmigo pues nunca soltaba su mirada asesina.

Don López cortó el momento y ordenó con su voz de macho alfa:

—Rocío, vete quitando tus ropas.

—No tengo ganas esta noche, señor… —rogué, todavía de rodillas entre las piernas de mi amiga, reposando mi cabeza en su muslo para recuperarme un poco de la maraña de sensaciones que me invadían por haberme besado con otra mujer.

Su esposa se levantó del sofá para acercarse a mí, y tocándome el hombro, solo tocándomelo, me invadió una sensación sobrecogedora. Di un respingo y me mordí los labios. Miedo, pavor; me temblaron las manos e inmediatamente me levanté. Ni qué decir tiene cuando la mujer me habló con voz autoritaria:

—A esta niñata hay que enseñarle a cintarazos las cosas, me encantaría ser yo quien le corrigiera esa actitud.

Miré a Andrea, ella estaba bastante borracha y cachonda y no parecía darse cuenta de lo degenerados que eran esas personas conmigo. Temblando de miedo procedí a desabrochar el cinturón de mi falda. Tomando los pliegues de dicha faldita para bajármela, la señora se acercó para ayudarme a quitarme mi jersey y sujetador. Poco después, mis tetas se revelaban en todo su esplendor, anillo injertado en mi pezón izquierdo incluido.

—Bueno, princesa –dijo la señora-, ¿y tú por qué no te quitas las ropas?

Andy se levantó, y algo mareada pero muy sonriente, empezó a retirarse sus prendas. La señora le ayudó a quitarse el jean y posteriormente su ropa interior. Me quedé impactada por el escultural cuerpo que se revelaba ante mis ojos. Con ella y yo desnudas, frente a frente, Andrea me miró a los ojos, luego al piercing y por último contempló mi tatuaje obsceno que decía “Putita viciosa” en mi vientre.

—¡Qué loca… hip… qué loca estás, Rocío!

—Ni se te ocurra decirle de esto a alguien, Andy…

Yo, al tener las tetas grandes y el cuerpo en forma de guitarra, lucía muy apetecibles curvas. Nos compararon a ojo, y me dolió mucho que la madura me tratara de “vaquita” mientras que a mi amiga la llamaba la “princesa”. ¡No era tanta la diferencia entre ambas!

Don López se levantó y me atrajo con un brazo contra su fornido cuerpo, y con su otra mano metió su meñique en mi boca e hizo como si me la follara. Yo cerré los ojos para chupársela, me encantaba sobre todo dar lamidas a ese anillo matrimonial que tenía, y en esa ocasión hasta me atreví a mirar de reojo a su señora.

—Dile a tu amiga, Rocío. Lo que te pedí en whatsapp que le digas.

—Diosss…. Mmm… No quiero decirlo, don López…

—No te hagas de rogar otra vez, ¿o en serio quieres que llame a don Ramiro?

—Mmmff… ¡Nooo, a ese cabrón noooo! –dije tras mordisquear el dedo de mi amante—. Valeeee… Andy, soy la putita de ocho viejos degenerados, y aparentemente de una señora también… Por favor, no me dejes sola a merced de ellos… No podré a este ritmo yo sola…

—Rocío… hip… qué excitante… —respondió mientras yo volvía a chupar ese grueso y rugoso dedo.

La señora López se acercó para meterle mano entre las piernas y Andrea solo reaccionó con un torpe respingo de sorpresa, para luego dejarse hacer con una cara de vicio que me resultaba irreconocible. Mientras comenzaban otro fuerte morreo, don López sacó su dedo de mi boca y, señalándome el suelo, me ordenó:

—Rocío, al suelo, y lámele el tacón a mi señora.

—Me estás jodiendo…

—Ya me estás sacando de mis cabales, niña. Haz lo que te digo.

—Pero, ¿¡lamer un tacón!? ¡Es ridículo!

Me dio un zurrón en la cabeza que me cabreó. Con un gruñido de rabia me arrodillé frente a los putos tacones rojos de su mujer. En ese momento no le veía el más mínimo sentido, pero más adelante sabría que solo querían que me acostumbrara a estar en el extremo más bajo de la cadena. Era una forma más de degradarme, de hacerme saber mi lugar.

Miré arriba y noté como la señora y mi amiga empezaban a luchar con sus lenguas. Y yo, algo molesta y celosa, llevé un mechón de mi cabello tras mi oreja, tragué mi orgullo y empecé a lamer su tacón izquierdo, escuchando con envidia las succiones, deseando en el fondo, muy en el fondo, ser parte de esa orgía desenfrenada de bocas.

Don López se unió a la lésbica pareja e hicieron un obsceno beso de a tres partes. Estaban calentando a Andrea a base de bien, con roces y besos duraderos, mostrándoles toda su experiencia. Y yo, muy caliente, pasaba y repasaba mi lengua por la aguja del tacón de doña Marta con la esperanza de que me invitaran.

Tras pasarle lengua a ambos tacones por minutos, incluso a los zapatos de su marido y los pies desnudos de Andrea, contemplé con asombro que chupaban las pequeñas tetas de mi amiga, y que lejos de sentirse ultrajada, gemía al son de la pareja pervertida. Los contemplaba con asombro, pezones rosaditos y muy parados, ensalivados y mordisqueados, era todo un espectáculo, pero la mujer madura me dio una pequeña patada para que siguiera lamiendo su tacón.

—¡Pero si la dejé impoluta, señora Marta!

—¡No te ordené que dejaras de hacerlo, vaquita!

¿”Vaquita”? ¡Cabrona, era un cabrona! Con furia, continué pasando mi lengua.

La señora de don López, descansado su boca pero no sus manos que se escondían entre los muslos tersos de Andrea, me vio el tatuaje temporal del coxis y notó que ya estaba desgastándose, por lo que me ordenó renovarlos cuanto antes. Me dijo, no sé si en broma o en serio, que los hiciera permanentes, y para humillación mía, me sugirió que cambiara “Putita viciosa” por “Vaquita viciosa”, y “Perra en celo” por “Vaca en celo”. Se rieron a carcajadas, Andrea incluida, pero yo estaba a rabiar, pasando lengua fuertemente.

—Querida, es hora del sorteo.

—Ay, cariño, ¿qué estás tramando?

—Pues cara o cruz. Si sale cara me follo a la princesa y tú te follas a la vaquita.

—¡No me llame vaca, grosero! –protesté con la lengua cansadísima e hinchada.

Una repentina moneda cayó frente a mí, y tras tamborilear un rato en el suelo, un escalofrío me invadió el vientre: salió “cara”, y de alguna manera, esa señora sádica me iba a “follar”… ¡Ni siquiera tenía polla!

—¡Me tocó la follaperros! A ver, vaquita, en mi habitación, arriba, he preparado todo lo que necesitamos en una bandeja de plata. Ve a traerla.

—Pero no soy una vac… ¡Mmfff!, entendido, señora Marta.

El cansancio de mi lengua y boca eran terribles. Subí a la habitación matrimonial y encontré la bandeja sobre la cama: tenía un par de condones, una fusta para azotar y un consolador de goma unido a una especie de cinturón, que más tarde sabría que se le llama “arnés”. Tragué saliva, la polla falsa tenía hasta gruesas venas.

Al llegar de nuevo a la sala, puse la bandeja en el centro de la mesita. Andrea ya estaba sentada sobre don López, también desnudo, iniciando la faena ante mis atónitos ojos. La muy pilla se dejaba chupar las tetas y manosear groseramente, se restregaba contra su peludo pecho, vaya envidia me recorrió el cuerpo, y pensar que le asqueaba hacerlo.

La señora, por su parte, estaba esperándome, mirándome cabreada con las manos en su cintura. Ya dije que era alta e imponente, la verdad es que por poco no me oriné del miedo cuando noté su mirada malvada. ¡Chalecos, chalecos!

—Quítame el vestido, vaquita, y con cuidado, vale más que tú.

Me coloqué detrás de ella, tomé el medallón del cierre y, con sumo cuidado y respeto, comencé a bajar. Cuando terminé, se me reveló la piel de su espalda y una sensación deliciosa pobló mi vientre. Con voz de niña buena solicité permiso:

—Señora Marta, ya está, voy a ayudarla a quitarle el vestido.

—Hazlo lentamente, vaquita.

Me arrodillé para continuar; menudo culo más enorme se le enmarcaba frente a mi rostro. Bajé una porción de la tela; asomó la raja de su culo, la muy cabrona no llevaba ropa interior. Volví a bajar otra porción que desnudó la mitad de sus imponentes nalgas, que no es secreto que a su edad no es que fueran precisamente las de una modelo. Bajé otra porción y admiré con miedo tremendos cachetes expuestos; por el amor de todos los santos, ¿era posible que me parecieran apetecibles? Y de un último tirón, el vestido bajó de sus poderosos muslos hasta sus tobillos: levantando una pierna y luego la otra, le libré de la prenda.

Se giró y me dejó admirar sus enormes y caídas tetas así como su pelado chumino, como el mío; Andrea era la única allí que no la tenía depilada. Vaya monumento de mujer, de porte elegante y erótico. Tragué saliva y bajé la mirada:

—Señora, es usted muy hermosa.

—Gracias vaquita. Ponme el arnés – Al seguir su miraa entendí que “arnés” era la polla con cinturón.

Me ayudó a ceñirla fuerte en su cintura. Una vez cerré la hebilla y comprobar que estaba bien ajustada, me tomó violentamente del cabello y me forzó a lubricar la polla de goma por un largo rato. Mi boca y lengua estaban cansadísimas por haber lamido los pies de todos, pero lo último que quería hacer era quejarme frente a esa mujer. Una vez terminé de lubricar, ella me soltó la cabellera y se sentó en el sofá.

—Súbete, sujétate de mí, vaquita, pero ni se te ocurra arañarme.

—Sí, señora Marta…

Me coloqué sobre ella y posé la punta del enorme consolador entre mis labios vaginales. Yo estaba excitadísima y era muy evidente aquello vista la humedad. Lentamente posé mis manos sobre sus hombros y la miré a sus malvados ojos.

—Por favor, sea gentil, señora.

—¡Ja! Te voy a dar duro, vaquita.

—¿Qué? … No, ¡no, por favor!

Plegó la polla falsa contra mi rajita y luego me sujetó de la cintura con ambas manos. Dibujó una sonrisa de lo más oscura conforme parecía tomar impulso.

—¡No, en serio, perdón! ¡Perdón, perdón por haber estado con su marido! ¡Con sus perros también! ¡No volveré a hacerlo nunca!

No me hizo ningún caso. Dio un envión violento, chillé tan fuerte que los perros en el jardín ladraron, arqueé tanto la espalda que creí que iba a partir la vértebra, mordí tan fuerte mis labios que creí que iba a hacerlos sangrar. Entró demasiado.

—¡Mbuuuuffff, nooooo!

—¡Jajaja! ¡Muge, vaquita, muge!

—UUUGGGHHH, madre míaaaa… ¡no puede ser tan cabronaaaa!

—¡Dejaré de darte duro hasta que mujas!

—¿Está bromeándome, señora? ¿Mugir? ¡AAAHHH DUEEELEEEE!

Sus envites eran bestiales. Quería salirme de allí pero la muy puta me tenía bien atajada. No podía aguantar ese ritmo, tiré mi orgullo a un costado y con lágrimas en los ojos me rendí para dejar atrás el dolor:

—¡Muuuu! ¡Malditaaaa, muuuu!

—¡Jajajaja! ¡Más fuerte!

—Mmmffff….. espere… UFFFF, señoraaaa…

—¡Eso no pareció un mugido, marrana!

—¡MUUUU! ¿Asíiii? ¡¡¡MUUU!!!

—¡Jajajaja, eso es, puta!

—BASTAAAA, me va a mataaaarrrrr…

—¡Vaaa, muy bien hecho, vaquita!

Cuando mi poca dignidad quedó destrozada por ese pollón y mis mugidos, doña Marta empezó un delicioso vaivén a ritmo lento; si antes me costaba hablar por el dolor, ahora me era imposible armar palabras ante el placer que me causaba. Me repuse y reposé mi cabeza en su hombro:

—Mfff… señora… diossss… míoooo… ufffff…

—¿Te gusta, vaquita? ¿O prefieres follar con mis perros, eh?

—Es…. Me gustaaaaa… uffff… usted… usted se mueve muy bien….

No podía evitar balbucear y que la saliva se escurriera de mi boca para caer en su hombro. Era tanto el placer que me daba la madura que, en medio de la calentura y la follada épica, ladeé mi cabeza para besarla, pero muy para mi asombro la mujer dio un envión fuertísimo que me hizo arquear la espalda de nuevo.

—¡¡¡OOHHH, NOOOO!!!!

—Ni te atrevas a besarme, ¡follaperros! Te voy a dar lo tuyo para que aprendas, vaquita.

—¡¡¡NO!!! No, por favor… ¡no lo metas todo!…. ¡No, espera, señora, no, no! No lo metas todooooo, señooooorrraa…. ¡¡¡Diossss!!!

—¿Crees que eres mejor que yo, niñata, por acostarte con mi marido?

—Ughhh… Perdóoon… no es mi cuuulpaaa… ¡me chantajearon, es verdaaaad!

La señora no paraba con sus arremetidas, y yo, sentada sobre ella y mordiéndome los labios, con lágrimas y saliva conjugándose en mi rostro, trataba de no correrme. Sí, follaba duro, pero me estaba dando placer.

—¿Quieres que te más duro, vaquita?

—Mfff… Noooo…. ¡Un poco más lento, señora Marta!… ¡Por favoooor! ¡Aagghmmm!

No era justo, ¿por qué se sentía tan bien todo aquello? Era una folladora nata, y una hija de puta nata también. Me daba nalgadas de vez en cuando, mis tetas se descontrolaban demencialmente, ella a veces aprovechaba para darles fuertes chupetones, y yo me pasaba gastándome toda una sinfonía de chillidos varios debido a “su” gruesa tranca. A nadie debería gustarle esas perversiones, pero de alguna manera a mí sí me encantaba, me mojaba y me ponía como una moto saberme follada por una mujer.

Me corrí dos veces antes de que por fin a ella se le ocurriera dejar de reventarme por el coño. Se limitó a relajarse, y siempre tomándome de la cintura, me ordenó que yo siguiera cabalgando su polla.

—Querido –dijo la mujer, ladeando su cara para ver cómo él montaba a mi amiga—. ¿Cuándo comienzas la fusión de tu empresa?

—Bueno, querida –miré de reojo y vi que, como yo, Andrea se limitaba a montar al señor, mientras que él, sentado y tranquilo, la tomaba de la cinturita para hablar a su esposa—. La semana que viene es la reunión.

—¿Y el papá de Rocío será quien vaya, no es así?

Era verdad, iban a mandar a mi papá a Brasil, no sé por cuánto tiempo, pero iban a aprovechar aquello para mandarme al rancho de don Ramiro. Empecé a reducir la velocidad de la cabalgata para prestar más atención a la conversación.

—Sí, su papá irá. Don Ramiro ya se reservó a Rocío, así que la llevará al interior por el tiempo que sea necesario.

—Interesante. ¿Oíste, Rocío? Yo que tú simplemente llevaría rodilleras y enjuague bucal, ¡jajaja!

—Ufff, señora… señora Martaaa… —trataba de hablar claro pero era de lo más delicioso montar esa polla de goma—. No quiero irme allíiii….

—¿Don Ramiro es un guarro de cuidado, no? Lo he visto en los videos.

—Lo odioooo… ¡Ahhhggmm! Me voy a correrrrr… diosss…

Me rendí, era demasiado placentero, y con un gruñido atronador revelé que me corrí como una cerdita. No me quedó otra que reposar mi cabeza entre sus enormes pechos, y para mi asombro, la mujer, lejos de darme una fuerte bofetada o reprimirme verbalmente, me acicaló el cabello con ternura. Como si fuera una madre consolando o felicitando a su hija por ser tan buena puta. Tomó de mi mentón y me besó con fuerza, y yo accedí a unir mi lengua con la suya por el tiempo que fuera necesario.

—Vaquita, la verdad es que eres muy hermosa, ya veo por qué mi marido está tan obsesionado por ti. Tienes razón, no tienes la culpa de que él sea un pervertido. Cuando éramos jóvenes, solíamos practicar muchas cosas perversas, incluso fuimos a clubes de intercambios. Claro que cuando llegó mi hija a nuestra vida, decidimos asentar la cabeza… ¡Pero qué sorpresa cuando veo que mi marido volvió a las andadas con una niña!

—Señooora Martaaa… me encanta cómo me follaaaa usteeed… mmgg… me quiero quedar así para siempre joderrrr… uffff…

—Ay, vaquita, te me estás enterneciendo. Dime, ¿qué tanto sabes de sexo anal?

—Señora Marta, mffff –respondí besando sus hermosos labios—. Solo me follan con dedos… uff… pero por favor, esta noche no, me duele la cola de manera horrible…

Me sonrió y luego levantó la mirada hacia su marido. Él estaba escuchando muy atentamente nuestro diálogo, casi sin hacerle caso a mi amiga que saltaba y saltaba sobre su polla muy enérgicamente. Para mi sorpresa, esa noche no sería yo la ultrajada en el ano.

—Querido, va siendo hora. De cuatro, en el centro de la sala –pateó la mesita para hacer espacio—.¡Ya!

—Mujer… pero en serio… tienes que estar bromeando…

—¡O te dejas dar por culo o pido el divorcio, y me llevo TODO, cabrón! ¡Me has sido infiel mientras yo me sacrificaba por tener unida a la familia!

—Mierda… Está… está bien, mi amor. Pero prométeme que no les dirás a ninguno de mis colegas.

—¡AHORA!

Me dio miedo hasta a mí, pero la señora me seguía follando muy lentamente, muy rico, y yo me limitaba a besar la comisura de sus labios. Pese a que fue una bruta y mal nacida conmigo, se estaba vengando de su marido, de ese cabronazo que tantos malos ratos nos hizo pasar a las dos. Éramos las víctimas. Y, para ser sincera, la mujer se estaba convirtiendo en mi ídolo, ¡su marido, con miedo en los ojos, accedió a ponerse de cuatro patas!

—Vaquita, sal de encima.

—Sí, señora Marta… Ufff, ¿se lo va a follar usted?

—Para nada. Te lo vas a follar tú, vaquita. Quítame el arnés, ya está lo bastante engrasado con tus jugos, ¿ves cómo brilla?

—Pero, ¡yo no sé follar con una polla de juguete!

—Pues vas a aprender hoy,

—¡Está usted looocaaaa! ¿Que me ponga un arnés y le dé por culo a su marido? ¿Es usted peor que don Ramiro!

Me dio una bofetada fuertísima que me hizo ver las estrellas. Entendí rápidamente la situación cuando vi esos ojos asesinos, vaya cabrona de mujer estaba hecha.

—¡Ni una palabra más, vaquita! Venga, quítame el arnés y póntelo tú.

Le desabroché con mis manos visiblemente temblorosas. Cuando me giré para ver a Andrea, noté que ella, sin venir a cuento, se colocó también de cuatro patas frente al rostro preocupado de don López. Como una pobre manera de sentirse un hombre a sabiendas de que iba a ser sometido por una jovencita, don López se acercó a ella y la montó para follarla con fuerza. Parecían dos perros, vaya.

—Señora, perdón por levantarle la voz –dije mientras me ceñía el cinturón del arnés—. Pero mi amiga nunca se había comportado así, tan guarra… ¿el vino tenía algo, no?

—Sí, ¿no te diste cuenta cuando le invité de mi copa? Un trago y voila. De otra forma dudo que se hubiera puesto así de puta… espera un poco… falta ceñir mejor la hebilla… ¡Ya está, tienes una polla muy grande, vaquita!

—Señora Marta, no me llame vaquita que me acomplejo fácil.

—Ponte de rodillas, detrás de mi esposo.

Me dio una fuerte nalgada. Me sentía rarísima, ¡una verga ceñida a mí! ¡Y le iba a dar por culo al infeliz que me ha estado ensanchando el ano los últimos meses! Las tardes de dolor, las muecas de sufrimiento, las lágrimas, la vergüenza, todo tendría revancha. Me sentía… ¡poderosa!

Me arrodillé frente a la pareja que follaba con descontrol. Frente a mí, el asqueroso culo de don López. No creo que mis adorados lectores y lectoras de TodoRelatos quieran que lo describa, en serio, pero por si sois algo curiosos, solo diré que había mucho pelo, y no como en su espalda, que también lo tenía pero no en esa cantidad. Debajo de él se percibía el culo precioso de mi amiga, y cuyo coño era vilmente sometido por la polla de mi amante con sonidos ruidosos de carne contra jugos. Un “splash, splash” que se me antojaba muy caliente.

—Vaquita, ¿sabes hablar duro?

—Creo que sí, señora Marta.

—Pues adelante, no te contengas. ¡Humíllalo!

Sí que lo iba a hacer. La de guarrerías que iba a soltarle era incontable, desfilaban violentamente en mi cabeza. Sonreí ligeramente y arañé su cintura:

—Señor López, voy a hacerle llorar como una putita.

—¿Qué dices, Rocío? –preguntó el señor, dejando de darle embestidas a mi amiga.

—¡Te va a gustar, cabrón!

—¡Querida, sácala de ahí, esto no puede ser verdad!

—¡Silencio, imbécil! –gritó la señora. Se arrodilló y tomó “mi” polla para posarla en el agujero del culo de su marido. Yo no quería verlo, la verdad, así que me limité a sonreírle a doña Marta. Ella también lo sabía, yo fui una víctima de sus perversiones y ahora tendría mi oportunidad. Fue verla y no poder evitar darle otro beso húmedo y guarrísimo.

—Rocío –suspiró don López—, recuerda que soy el jefe de una empresa, no puedo aparecer mañana en mi oficina caminando como pingüino.

—¡Y yo soy una estudiante, cabrón, y eso no te impide abrirme el culo todos los días! ¡Mi papá y mi hermano siempre me preguntan por qué me quejo cada vez que me siento a desayunar o cenar con ellos! ¡En el bus me paso sufriendo por la vibración! ¡Mis compañeros me miran raro cada vez que gruño del dolor al sentarme en mi pupitre!

—No le hagas caso, vaquita –dijo la señora—. Empuja, y dale por culo a base de bien.

—Prepárese, señor, le voy a destrozar el culo como los de Nacional lo hacemos cuando jugamos contra Peñarol, ¡jajaja! –apreté fuerte de su cintura y empecé a injertar poco a poco, con la ayuda de su señora, que puso la palma de su mano en mi nalga para indicarme que presionara.

—¡Rocío, está bien, lo entiendo, por favor deja eso! ¡Te prometo que…AAAHHHGGGG JODER, PUTITA DE MIERDAAAA!

—¡Hábleme con más respeto, viejo verde! –ordené dándole una nalgada fuertísima.

Sin darme cuenta, di un envión tan violento que el señor mandó su cintura para adelante, enterrando su polla en el coño de mi amiga con vehemencia. El dar esa embestida hizo que tanto él como Andrea gritaran, uno de dolor, la otra de placer. Sí, me follaba al viejo y a la vez hacía gozar a mi amiga.

—NOOO METTAAAAS MÁAAAAS HIJAPUTAAAAA…

—¡Eso es lo que yo solía gritarles, don López! ¿Y se acuerda cuál era su respuesta usual?

—MIERDAAAA… ESTO NO ESTÁ PASANDO, ESTO NO ESTÁ PASAND… UFFF…

—¡”A callar, putita, que te va a gustar”!

—PERO PERDÓO… OHHHH, PUTAAAAA… NO PUEDES… NO DEBES…. OOHHHH NOOOO…

—¡Di que eres mi puta, don López! ¡Dilo!

—PEROOO QUÉ COJONES TIENES EN TU CABEZA, NIÑATAAAAA…

—¡Y di que Peñarol es la putita de Nacional, jajaja!

—NI SIQUIERA SOY DE PEÑAROL, PUTAAAA… SOY DEL DEFENSOOOOR SPORTINGGGG…

—¡Me da igual, ellos son nuestras putitas también! ¿A que sí, don López, a que sí?

—VAAAA… LO ADMITO, CABRONAAAA… SOY TU PUTA, Y MI CLUB TAMBIÉEENNN… OHHH…

—¡Premio, don López! Así me gusta…

Empecé a follarlo con menos ímpetu, pero seguía introduciendo un poquito más de polla cada tanto, arrancándole alaridos al señor. El cabrón probablemente se iba a vengar de mí, tarde o temprano, con tundas de bofetadas y pollones, pero para qué mentir, fuera lo que fuera el castigo al que me iba a someter, el oír sus lamentos hacía valer la pena los castigos.

—Querido, ¿qué se siente ser follado por una niña que hace el amor con tus perros?

—QUERIDAAAA… PERDÓN… VALEEEE… POR FAVOR… ¡AAAHHGGG, ROCÍO, HIJA PUTAAAA!

—Don López, parece que tendrá que llevar almohadillas para sentarse en su oficina, ¡jajaja! –me reí como una diabla. Nunca había estado en esa posición dominante, y me excitaba sobre manera chillar productos de mi follada magistral.

—Vaquita, en esa época de sexo descontrolado que te comenté, yo solía ser una Ama, y debo decir que tú tienes un brillo en tus ojos similar al mío. Parece que naciste para someter a los hombres.

—ROCÍO… SUFICIENTEEEEE… UFFF… Gracias, preciosa Rocío… pensé que nunca ibas a dejar de meterla… ufff… quítala ya, por favor…

—Don López…

—¿Qué pasa… uff, qué pasa Rocío?

—¡No he terminado!

—¿Qué dices, Ro—AAAAGGGHHH… JODEEEER, PUTA DE MIER… TE VOY A FORRAR A OSTIASSSS… AHHHGGG…

—¡Dígame quién eres, cabrón, dímelo!

—MIEERRDDAAA NIÑAATAAA… SOY TU PUTAAAA… BASTA LA GRAN PUTAAAA…

Gemía como un caballo y se agitaba como un pez fuera de agua, quería salirse de mí pero yo le atajaba muy bien al infeliz, iba a probar polla y de la buena hasta que me cansara. Su señora, sorprendida y caliente, me tomó del mentón y me volvió a hundir su lengua en mi boquita. Mi héroe, mi divina diosa me agradecía y me admiraba viendo cómo sometía al que le puso los cuernos. Le chuupé la lengua y luego jugué con la puntita, haciéndole sentir mi piercing.

—¿Alguna vez chupaste un coño, vaquita?

—No… no, señora Marta.

—Buen, primero deja de follar a mi marido, quiero que te agaches y le comas la corrida, que no quiero que preñe a tu amiga, luego ambas me darán una chupada, ¿entendido?

Doña Marta me obligó a salirme tanto del beso como del culo de su marido. El cabrón lo agradeció al cielo una y otra vez. Prefiero no decir cómo lucía el arnés ni cómo quedó su ano. Me levanté temblando y me quité el cinturón para llevarlo al baño. Mi corazón latía rapidísimo pues comer una concha era algo nuevo para mí. Volví a la sala y vi a Andrea, todavía de cuatro patas, siendo débilmente penetrada por el cabrón de don López; ella tenía un cuerpo tremendo y ver cómo era sometida por ese viejo me ponía a cien.

Me arrodillé tras ellos y, succionando los huevos peludos de don López con mucha fuerza, tomé de su enorme tranca y la arranqué del coño de mi amiga.

Escupí en la polla, y torciéndola hacia mi boca para martirio del hombre, la ensalivé a base de bien. Cuando sentí cómo las venas de la tranca parecían latir, succioné y apreté fuertísimo mientras el cabrón berreaba de placer. Al retirar mi boca para respirar, un par de gotitas llegaron a salpicarme en el ojo derecho, cegándomelo.

Cuando Andrea se salió de debajo de don López, juntas nos dirigimos hasta donde doña Marta, quien parada, nos esperaba. Vi ese coño con un deje de asco y excitación, había demasiada piel colgando, joder. Andrea no esperó órdenes y se lanzó a comerlo; puta y borracha. Y yo, crispando mis puños sobre mi regazo, me incliné para penetrarla con mi lengua, rozando la de mi amiga de vez en cuando recorríamos los pliegues rugosos de su coño.

—Mfff… ¡Ufff, qué chicas más buenitas, eso es, así me gusta! Mira, querido, cómo te pongo los cuernos con dos niñas de diecinueve.

—Joder, querida… ¿Y bien? Me dejé dar por culo, ¡a la mierda! ¿Me perdonas?

—Ay, mi vida, jamás pensé que te rebajarías a dejarte follar por una niña para recuperar nuestro matrimonio. Estás perdonado, mi amor.

El romance volvió a la casa. Limpiamos con velocidad y fuerza, revolviéndonos entre sus abultados labios, buscando los últimos resquicios de sus jugos, chupando, succionando, mordisqueando con cariño para mostrarle a la señora que éramos buenas chicas.

Yo escupía una y otra vez en la concha para poder lubricarla más y más. A la señora le encantaba y por eso me agarraba un puñado de cabello y me enterraba la boca en su chumino jugoso.

Mi coño estaba hecho agua, no podía creer que me empezara a gustar eso. La señora me ordenaban que metiera más lengua, que empujara más mi cabeza contra ella, y yo, lejos de sentirme ultrajada, le decía que sí entre comidas, sintiendo sensaciones demasiado ricas recorriéndome el cuerpo.

Ser violentada por personas tan asquerosas como ellos me ponía a tope. Se sentía tan irresistiblemente bien, me volví loquísima cuando los tres dedos de su esposo entraron imprevistamente casi en mi culo, jugando adentro, haciendo ganchitos y circulitos. Trataba de seguir el ritmo con mi cadera pero a veces me dejaba llevar por el placer.

—Doña Marta… ufff…

—Qué pasa, vaquita, ¿quieres que mi marido te meta otro dedo más para probarte?

—Deje de llamarme vaquitaaa…

—Pero deja de quejarte, vaquita, prepárate porque tú vas a chuparme el culo, ¡jajaja!

Lo peor de la noche llegó allí, cuando oí eso me imagine lo más asqueroso, hundiendo mi cabecita entre sus enormes nalgas para comerle el culo como don Ramiro me lo hace. Imprevistamente me incliné y amagué potar el semen, alcohol y saliva ajena que había ingerido durante toda la sesión de sexo duro. Aguanté, pero cuando don López hizo más ganchitos adentro, la arcada volvió con más fuerza: sentía algo bullendo en mi garganta; me incliné, ladeé la cabeza y dejé que todo aquello se desparramara en el suelo.

Lo sé, fue asqueroso y humillante pero, ¿queréis que pote arcoíris y ponis? Es la verdad, estaba mareada de tanto beber, me dolía el culo por la follada de dedos, las mejillas y las nalgas me hervían por haber sido abofeteadas, tenía el olor rancio a semen por toda mi cara, olor a concha de una madura, la saliva de mi amiga también, la imagen mental del culo de ese maduro aún no la podía quitar, por dios, tarde o temprano iba a pasar.

—¡¡¡Puuutaaaa!!! –rugió doña Marta. Andrea dejó de comerle el coño inmediatamente y miró sorprendida el suelo.

—Rocío, hip… ¿acabas de potar sobre la alfombra?

—Ughhh… mbffff… perdón… perdón en serio, señora, déjenme buscar algo para limpiar… oh, diossss…

Pero no me hizo caso, doña Marta me llevó de un brazo al jardín mientras que en la otra mano llevaba unas esposas. Pensé que me iba a hacer follar con sus perros pero por desgracia tenía otros planes. Me apresó a la pata de una silla sin que yo pusiera resistencia (estaba muerta de miedo).

Tragué saliva y rogué:

—Señora Marta, lo siento, déjeme limpiar su sala, por favor, y sobre todo le imploro que no me obligue a comerle el culo, ¡eso es asqueroso!

—Lo del culo fue una broma, estúpida.

—Uf, menos mal…

—Vaquita, ¿tú trabajas?

—No, señora Marta…

—¡Qué vergüenza! Mientras tu papá y tu hermano se rompen el lomo… A partir de mañana vendrás aquí, después de tus estudios, para trabajar de doméstica.

—¿Doméstica? ¿¡Me está bromeando señora Marta!? ¡Me dijo que yo tenía habilidad para ser Ama, no esclava!

—Pues antes que ser Ama vas a comenzar bien debajo de la cadena. Te mostraré cuál es tu lugar ahora mismo, vaquita.

Noté que don López y Andrea ingresaron al jardín para curiosear. Andrea traía la fusta para azotar y se la cedió a la madura; doña Marta se acercó a mí dándole varazos al aire con fuerza, asestándome con su mirada asesina. Los perros también sintieron esa bravura que emanaba ella; ambos canes se escondieron en sus casitas. De hecho hasta observé que Andrea se ocultó detrás de don López. La sola imagen de ver a esa imponente madura acercándose me hizo orinar de miedo allí mismo.

……………….

Tanto Andrea como yo gruñimos de dolor al sentarnos en los pupitres de nuestra aula. Ella por el trabajito que le hicieron la noche anterior, y yo porque… bueno, aparte de que me follaron duro y me abrieron la cola, doña Marta me dio una tunda de azotes hasta hacerme desmayar en su jardín. La de cremas que me puse de madrugada para dormir.

—Mierda… —balbuceé arañando el pupitre.

—¿Te duele la cola, Rocío?

—¿¡Pero tú qué crees, Andy!?

—Rocío, siento que estoy flotando, vaya vergüenza… Esto es… muy nuevo para mí. Pero bueno, pese al café que tomé esta mañana, sigo con algo de resaca… Y me duele la boca de tanto chupar y lamer –me susurró con la cara colorada—. Don López es lo mejor que me ha pasado. Ayer, luego de que te echaran de la casa, me llevó a mi hogar en su coche y me dio mucho dinero.

—¿Qué? A mí nunca me pagó…

—Si te portas mejor tal vez te paguen como a mí, vaquita.

—¿Me acabas de decir “vaquita”, cabrona? Yo… yo no soy ninguna vaca –balbuceé, mirando mis enormes tetas, palpando luego mi cintura.

Pero bueno, tal vez sí era verdad eso de que ella la pasó mejor por portarse bien sumisa. La verdad es que ya no era divertido volver a casa en bus, con la ropa toda arrugada y lefada; la gente y los vecinos sospechan de lo que hacía. Tal vez mis machos me tratarían mejor si yo les complacía y dejaba de ser tan protestona. Lo había decidido mientras palpaba mis enormes tetas y mi cintura algo ancha; me esforzaría por tener contentos a esos viejos degenerados, trataría de ser mejor putita… mejor vaquita.

—Rocío, mira lo que me dieron anoche, luego de que te echaran –asomó de su mochila un arnés de color crema—. Saltemos las clases por hoy, Rocío, ¿qué tal si vamos al baño un rato?

—¿Saltar las clases? ¿Estás segura, Andy?

—Lo quieres, Rocío, no me mientas.

—…

—¿Y bien, nos vamos, vaquita?

—Mú –dije con una sonrisa viciosa.

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Gracias por leerme, queridos lectores de TodoRelatos. Espero que les haya gustado por lo menos la mitad de lo que a mí. J

Un besito,

Rocío

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Parejas liberales calientes en la alta sociedad

Experiencias Parejas Liberales 26/07/2017

Soy Darío y mi jefe y me aconsejo un intercambio de parejas liberales calientes, que según me contaba, era algo muy común entre la alta sociedad en nuestra ciudad – caso del que jamás me había enterado, pero decidí creerle – Después de una larga comida en donde negociamos algunos precios y bebimos, mi cliente-amigo cambió abruptamente la conversación hacia cuestiones personales y, no se cómo, pero en menos de media hora la fue llevando hacia un callejón sin salida en dónde me preguntó abiertamente si mi esposa y yo habíamos intentado el intercambio de parejas.

Por un momento pensé que me propondría algo que seguro rechazaría y aquello iba a dañar nuestra relación comercial, sin embargo se limitó a contarme una historia que más bien me pareció de fantasía, en donde supuestamente parte de la alta alcurnia citadina, junto con invitados minuciosamente seleccionados por los ‘socios’, asistían a una fiesta de parejas en un club privado, fiesta en la que tanto hombres como mujeres llevaban máscaras a placer y realizaban el ‘scouteo’ en base a tocar y acariciar el cuerpo de otras parejas y decidir entre los involucrados con quien subir a una habitación.

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No seas tonto, me dijo cuando expresé mis dudas, esa gente tiene demasiado en juego como para arriesgarse a ser descubiertos; las máscaras pueden ir desde un antifaz para quienes son más atrevidos, hasta una máscara de obra teatral con peluca si no quieres que vean un solo rasgo tuyo. Eso si, continuó, la vestimenta es de etiqueta y está estrictamente prohibido retirarse la máscara aunque tu ‘nueva pareja’ te lo pida en la intimidad.

No profundizó mucho en el tema, simplemente se limitó a decirme que por mis comentarios sabía que mi matrimonio no pasaba por el mejor momento – y tenía razón – y que aquella dinámica podría darle una chispa que reviviera el fuego. Piénsalo y platícalo, me dijo, yo tengo el poder de extenderles una invitación bajo un par de pseudónimos y un número de contraseña si asi lo deciden.

Jamás había siquiera intentado cruzar palabra con un tema parecido ante mi mujer en los más de 10 años que teníamos juntos, sin embargo el entusiasmo con el que le conté el ofrecimiento que me habían hecho aquella noche, hizo que mi esposa terminara por preguntarme que si yo estaría dispuesto a llevarlo a cabo, a lo cual respondí frunciendo el ceño y un simple: Pudiera ser.

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La mujer del cornudo frente al espejo

Sabía que aquella conversación no pasaría de un simple calentón mental en el que ambos fantaseamos durante algunos minutos, pues tras 8 años de matrimonio estoy seguro que ninguno de los dos habríamos tenido más de dos aventuras fuera del matrimonio y, claro está, a escondidas del otro. No me molestaba pensar que mi mujer se hubiera acostado con otro, siempre y cuando hubiera sido un encuentro casual en algún viaje de negocios y no con alguien conocido y, en algún momento ella también me confesó que si acaso yo hubiera tenido alguna aventura, prefería no conocer detalles aunque supiera de su existencia.

Alma, mi mujer, no fue capaz de darme su respuesta de frente. Dos días después me encontré un pedazo de papel en mi cartera que decía: ‘Si a ti no te afecta, vayámos con la propuesta de tu amigo. Sin hablarlo, simplemente sorpréndeme ese día por la mañana dejando una tarjeta que diga –Hoy será- sobre mi bolso’. Asi que sin analizar mucho la situación, arreglé con Darío y escribí la tarjeta el sábado por la mañana y para dejarla sobre su bolso.

Había llevado mi smoking a la tintorería sin que mi mujer se diera cuenta. Aquel sábado me lo probé después de años para darme cuenta con agrado que los pantalones aun me cerraban libremente, asi que tras dejar a nuestro hijo en casa de mi suegra previo acuerdo de avisar que teníamos la boda de un buen amigo, regresé a casa para darme una ducha y prepararme para aquella aventura que me tenía con un nudo en la garganta.

No se si lo hizo a propósito, pero cuando llegué a casa mi esposa deambulaba recién bañada por la habitación, en ropa interior, algo que jamás hacía. Encima llevaba un par de pezoneras negras en vez de bra, y abajo una pantie de las que cubren hasta media nalga, negra de encaje, y transparente de la parte frontal, lo cual dejaba entrever un par de labios perfectamente depilados.

Te ves espectacular, le dije. A lo cual ella respondió con una sonrisa y un simple ‘gracias’. Me dispuse entonces a entrar en la ducha e intentar arreglarme lo más posible. Cuando salí me encontré con mi mujer enfundándose en un vestido negro de fiesta, aquel vestido que llevó a la boda de su amiga un año atrás y que me trajo como un adolescente excitado toda la noche gracias al escote posterior que dejaba toda su espalda al descubierto, y al frontal que le cubría tan solo lo suficiente para tapar las pezoneras.

Sin intercambiar palabras me puse el tuxedo y bajé a la cocina a preparar bocadillos ligeros y esperar a mi mujer viendo televisión.

En punto de las 8:45 de la noche ella apareció frente a mi. Usando muy poco maquillaje y luciendo un cuerpo espectacular en aquel vestido negro. Me dijo que no comería nada para no inflar su estómago y me preguntó por las máscaras, asi que fui a la cajuela de mi coche y saqué una máscara de geisha en porcelana para ella, y una máscara de mimo en plástico rígido que había comprado días atrás.

Las piernas me temblaban cuando llegamos a la dirección que nos habían dado y, pude notar como las manos de mi mujer sudaban mientras me sostenía al caminar hacia la puerta. El guarura de la entrada sacó su lista y me preguntó nuestros nombres. Le di los nombres ficticios que Darío me había proporcionado junto con la contraseña, y en menos de dos segundos aquel tipo de casi dos metros nos había abierto la puerta y dado acceso a una inmensa sala en donde había unas 15 parejas enmascaradas, comida al pormayor, y bebida de todos tipos.

Ninguna de las dos máscaras nos permitía comer ni beber, asi que de inmediato miré a nuestro alrededor para notar que la mayoría se levantaba un poco el disfraz para poder beber de su copa o vaso, mientras que en ese momento ninguno de los asistentes comía nada.

Permanecimos uno al lado del otro mientras a nuestro alrededor desfilaban parejas con todo tipo de complexiones físicas, tonos de piel y cantidad de arrugas en la piel, con lo cual te podías dar cuenta la edad aproximada que debían tener. Poco a poco fueron llegando más parejas, algunos heterosexuales y otros más del mismo sexo, hasta que alrededor de las 11 PM, un tipo llevando la máscara del enigmático personaje de V de Venganza tomó un micrófono que estaba junto al equipo de sonido.

‘Sean todos bienvenidos a esta nueva reunión especial, estamos por comenzar con los encuentros. A quienes nos visitan por primera vez les damos la más cordial bienvenida y les recomendamos simplemente seguir las reglas que su amigo les dijo al invitarlos, y hacer lo que los demás hagan’, dijo el tipo, justo antes de bajar del estrado y que las luces disminuyeran en un 70%.

Mi esposa me tomó fuerte de la mano cuando vimos que una pareja se nos acercaba directamente a nosotros. Debieron notar que éramos nuevos, pues muy amablemente nos tomaron de la mano y nos jalaron hacia la parte central de la sala en donde comenzaban a juntarse todas las parejas.

En pocos segundos aquello tomó un tinte que ninguno de los dos esperábamos, pues mientras aun nos adaptábamos a ver lo que sucedía, ambos fuimos embestidos por una mano extraña que palpó nuestros traseros a placer durante algunos segundos. Al ver que mi mujer se estremeció giré mi cabeza y pude ver a un tipo con máscara, con poco cabello y una panza prominente sobándole el culo a placer mientras ella mantenía sus puños cerrados sin moverse. Mientras aquello sucedía pude ver de reojo el cuerpo de una mujer de baja estatura que con sus dos manos apretaba mis nalgas con gran fuerza, sin embargo fue ella la primera que cedió en su intento y se alejó mientras el tipo ya comenzaba a pasar sus manos por las caderas de mi esposa.

No supe que hacer, asi que me moví hacia atrás simplemente para poder ver lo que mi esposa hacía. Ella pronto se giró de frente al tipo y al ver su complexión, decidió no seguirle el juego y dar dos pasos atrás logrando que el tipo cediera y se encaminara hacia otro lado.

Mientras miraba aquello una figura femenina, bastante atractiva por lo que podía ver a media luz, vino y se postró frente a mi sin hacer nada. Levanté mis manos y las puse sobre su cintura para ver su reacción. Aparentemente funcionó, pues la mujer acercó su cuerpo al mío repegándome las tetas en el pecho y comenzando con movimientos pélvicos a sobar mi bulto contra su entrepierna. Perdí por completo la concentración y comencé a tener una ligera erección. La mujer al sentirla se hizo atrás y tomó mi mano llevándola hasta una de sus tetas para que pudiera disfrutarla. Era mi primera experiencia en aquella sala, asi que me dejé llevar por el momento y comencé a sobársela fuertemente y a reconocer entre la obscuridad el tamaño y textura de su piel. La mujer debió sentir mi intensidad, asi que tomando mi mano de nuevo para detenerla se acercó a mi oído y me dijo en voz muy baja: Tranquilo vaquero, ya habrá tiempo para intensidad más tarde.

Buscando a mi mujer con la mirada perdida

Reaccioné tras el suceso y volví a buscar a mi mujer con la mirada. Tras unos segundos la ubiqué un par de metros a un lado de donde la había dejado y el primer escalofrío de la noche recorrió mi cuerpo. Mi esposa ya no estaba con el obeso tipo, sino que ahora estaba frente a frente con un hombre de complexión delgada, con quien intercambiaba toqueteos de manera suave y elegante. El tipo pasaba su mano por una de sus nalgas y después la subía suavemente para acariciar su desnuda espalda, mientras tanto ella mantenía las manos en su pecho apretándolo suavemente y dejándolas caer muy despacio como si la gravedad la afectara en realidad. Muy pronto las manos de mi esposa llegaron a la entrepierna del tipo, y ante mi sorpresa ella comenzó a acariciar su bulto y a cerrar suavemente la mano como reconociendo el tamaño y forma de su amiguito.

Muy alterado miré a mi alrededor hasta localizar una mujer sola a unos pasos de donde yo estaba. No era tan atractiva como la primera que había llegado a mi, pues sus caderas eran prominentes y parecía un poco pasada de peso, sin embargo el calor el momento y el enojo de lo que había visto me hicieron caminar hacia ella rápidamente. Apenas llegué detrás de ella y pude ver como de reojo me miró sin moverse de su lugar. Puse una de mis manos sobre su cadera y la otra directamente sobre una de sus abultadas nalgas para comenzar a acariciarla suavemente. A la mujer pareció gustarle mi ritmo, pues empezó a moverse con un baile muy suave y con movimientos que empujaban mi mano hacia el centro de sus nalgas. Me dejé llevar por sus movimientos y en la primer oportunidad me aferré metiendo suavemente dos de mis dedos entre sus nalgas para darme cuenta que, o bien no llevaba interiores, o llevaba una tanga que no se sentía al tacto. Su reacción fue inmediata, pues al sentir mi ingreso ella echó una de sus manos hacia atrás llevándola directamente a mi paquete y comenzando a sobarlo primero suavemente y después con mayor intensidad. Pronto me causó una erección, asi que apenas la sintió y se giró de frente a mi para fijar sus ojos – azules por lo que pude ver – en los míos y decirme en voz muy baja: ¿Quieres buscar una habitación?. Pude haber contestado que si y subir a destrozar aquella mujer en la cama, sin embargo aquella aventura apenas empezaba, asi que me arriesgué y le contesté que no era el momento.

Al reincorporar mi vista a la sala me di cuenta de que mi mujer me observaba fijamente, asi que sin más ni más me encaminé hacia ella antes de que alguien más lo hiciera y todavía con la erección en mi cuerpo me le acerqué lo suficiente para que la sintiera. Mi mujer se estremeció y de inmediato bajó una de sus manos tomando mi verga como tantas veces lo había hecho y diciéndome en voz baja ‘Esta si la conozco’. Ambos nos reímos del comentario y luego de que le diera un tremendo apretón en el culo, le pregunté que si quería seguir con aquel juego, a lo cual con mucho mayor confianza que la última vez me contestó que si.

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Putilla del cornudo para mí

No se si esté permitido, pero qué te parece si intentamos robar una pareja, le pregunté. Ella me contestó que era una buena idea, asi que sin dejar de toquetearnos para no ser molestados comenzamos a barrer la sala buscando quien pudiera llamarnos la atención.

Como cosa a propósito ambos nos detuvimos a mirar una pareja que a lo lejos se veían jóvenes y, que por su comportamiento tímido pudimos darnos cuenta de que tal vez serían también una pareja nueva. No se si la calentura que ambos traíamos ya nos hizo armarnos de valor, pero sin hablarnos ambos caminamos decididos hacia ellos y simplemente nos plantamos a un par de pasos de la tímida parejita.

El tipo miró de arriba abajo a mi mujer, mientras que la chica mantuvo – tal vez asustada – la mirada fija en la parte inferior de mi cuerpo. Vaya sorpresita que resultó mi mujer, pues fue ella quien tomó la iniciativa y mientras miraba fijamente a la esposa del tipo, comenzó a revisarle el bulto por encima del pantalón con gran confianza.

En ese momento confirmé la novatez de la pareja, pues de inmediato el tipo comenzó a tener una tremenda erección y, cuando digo tremenda es porque hasta a mi como hombre me dejó impresionado con el tamaño de lo que se había levantado debajo de aquel pantalón holgado de tuxedo. Su esposa – o lo que fuera – no podía quitar la mirada de lo que mi esposa hacía con su pareja y, mientras el tipo levantaba la cabeza al cielo para disfrutar del tacto de otra mujer, mi esposa se puso de espaldas y comenzó a sobar sus nalgas contra el inmenso trofeo que se acababa de ganar.

No entendía lo que me pasaba en ese momento, pero sin duda alguna estaba disfrutando del espectáculo, pues lejos de molestarme como había pasado la primera vez, el ver como mi esposa se movía suavemente acariciándose a si misma contra el cuerpo de aquel hombre mientras a través de la máscara podía ver que tenía sus ojos cerrados, me estaba excitando en sobremanera.

Muy suavemente tomé a la chica de sus manos y la acerqué a mi. La giré para que quedara de frente al espectáculo de su marido mientras la tomaba de la cintura con algo de ternura y comenzaba a pegar mi cuerpo contra el suyo. El tipo se exaltó al ver que había tomado a su chica, pero el placer del otro cuerpo frente a el lo hizo perder el interés rápidamente.

Durante algunos segundos ambos miramos como nuestra pareja se entretenía con el otro. Hasta que poco a poco mis manos comenzaron a subir un poco de la cintura de aquella chica para llegar casi hasta sus tetas y quedar muy cerca de tocarlas – sin llegar a hacerlo – en varias ocasiones. Aquel movimiento la despertó, pues sin ser muy obvia, tal vez para no jalar la atención de su pareja, comenzó a empujar sus nalgas hacia mi bulto con movimientos suaves que le permitieran sentirlo detrás de su vestido.

Las manos de mi esposa dieron el siguiente paso – ¡Vaya paso! – Pues mientras con la izquierda comenzó a sobarse una de sus tetas sobre el vestido, pasó la otra por detrás de su cuerpo y fue directo hacia el paquete de su nuevo amigo para comenzar a sobarlo suavemente. ¡Demonios! Pude ver claramente como la figura que se marcaba en el pantalón del tipo abarcaba toda la mano de mi mujer y todavía sobresalía de su muñeca cuando la vista me lo permitía.

Era mi turno y, frente a mi tenía una chica que según mi apreciación sería tal vez lo mejor que podría conseguir no solo esa noche, sino en los últimos años de mi vida. Mi mano derecha dejó su cintura y abdomen para emigrar hacia su trasero y comenzar a acariciar suavemente una de sus nalgas. ¡Dios mío! Eran pequeñas y firmes, como las de las chicas recién cumplidas en su mayoría de edad que alguna vez tuve en mi vida. Comencé a apretarlas un poco más fuerte y sentí como a ella le causaba una reacción positiva, pues lejos de alejarse de mi movía más su cuerpo y lo acercaba al mío.

Momentos de calentura en intimidad en hotel

Su vestido era corto y holgado, asi que antes de que la idea entrara en mi cabeza, mis movimientos comenzaron a subirlo poco a poco. Se me ocurrió entonces intentarlo bajo riesgo de que aquella chica saliera corriendo y, gracias a que su estatura era casi como la mía, un movimiento rápido me permitió meter la mano por debajo de su vestido y ponerla directamente sobre su piel, primero en la parte alta de su pierna derecha, y luego poco a poco hasta llegar a acariciar su culo enfundado en una tanga que poco cubría de él.

Lo de mi mujer y aquel tipo ya era imparable. Pues mientras yo trataba suavemente a su chica, él se abalanzaba a manosearla por todos lados con una furia que parecía no disgustarle a mi esposa. Sus manos se paseaba por su cintura y sus tetas a placer, tanto que estuvo a punto de sacarle una al aire en varias ocasiones, mientras ella se movía cada vez más fuerte contra él y su mano ya lo masturbaba por encima del pantalón.

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No supe si la excitación, tanto mía como de la chica, provenía de mi toqueteo o de lo que estábamos viendo. Pero poco a poco se dejó llevar hasta permitirme meter la mano entre sus nalgas y comenzar a sobar su rajita por encima de la tanga, lo cual la puso de inmediato para girarse de frente a mi y dejar de ver el espectáculo ajeno.

Su mano fue primero a mis nalgas y las apretó fuertemente, luego vino poco a poco al frente y comenzó a sobarme el bulto provocándome una erección, que aunque no era tan notoria como la de su esposo, no pareció disgustarle, pues permaneció muy buen rato tocándolo mientras yo cambiaba mi mano al frente para meterla por debajo de su vestido y sentir su rajita húmeda por encima del interior.

Todo iba viento en popa. De vez en vez desviaba la mirada para ver cómo mi mujer continuaba disfrutando con su compañero mientras yo disfrutaba de mi nueva amiga. Ante ellos nosotros fuimos los experimentados, sin embargo al parecer me llevé de encuentro una de las reglas, pues se acercó a nosotros uno de los guardias y me dijo que no estaban permitidos los desnudos en público – seguramente por el vestido levantado de la chica – y nos pidió que si deseábamos continuar subiéramos las escaleras.

Bastó con que hiciera una seña con la cabeza a mi mujer y aquel tipo para que entendieran que iríamos arriba – había olvidado consultarlo con mi amiga, pero ella parecía bastante dócil – Nuestras parejas decidieron hacernos segunda, asi que los cuatro nos dirigimos hacia las escaleras rápidamente.

Lo confieso, sentía un ardor en el pecho de solo pensar que mi esposa sería penetrada por otro hombre, aun y cuando yo llevaba frente a mi un trofeo que difícilmente podría conseguir fuera de una reunión como aquella.

La situación se complicó cuando el hombre al final de las escaleras nos confirmó que solo quedaba una habitación disponible por el momento, que una de las dos parejas debía esperar, o que podíamos entrar los cuatro en la misma. En automático los cuatro nos soltamos y comenzamos a mirarnos entre nosotros y, tras unos segundos en silencio, la chica que hasta el momento parecía la más tímida, dejó salir de su boca con una vez suave y tenue un: vamos todos.

Entramos en una habitación completamente iluminada y nadie hizo por apagar las luces. Mientras mirábamos a todos lados fui yo el que tomé la iniciativa y ante los movimientos de desacuerdo de mi mujer me acerqué detrás de ella y comencé a desabrocharle el vestido.

La furtiva parejita se acomodó para observar el espectáculo de cómo poco a poco el vestido de mi mujer fue cayendo al piso. Luego pasé mis manos al frente y le arranqué las pezoneras. Ella misma se quedó esperando que le sacara también el interior, pero decidí dejar ese trabajo para aquel tipo.

La siguiente en actuar fue la chica, quien de frente a su esposo le quitó despacio el saco, le desabotonó el moño y la camisa, y dejó caer todo al suelo. Luego de mostrarnos un torso delgado pero marcado, la chica caminó hacia atrás de su esposo y cruzando las manos al frente comenzó a desabrocharle el pantalón.

Pude ver cómo mi mujer tenía la mirada fija en donde la acción estaría. Sus pezones estaban duros y crecidos desde que la había desnudado, y asi permanecieron todo el tiempo. El pantalón del tipo cayó al suelo y dejó al aire un par de bóxers ajustados que escondían una verga notablemente grande a pesar de que ya no tenía la erección. Ambos pensamos que asi lo dejaría, sin embargo la chica no dudó ni un segundo y de un solo movimiento le tumbó los bóxers haciendo que su cosa retumbara de arriba abajo con el movimiento.

Fue imposible ver la expresión de mi esposa, pero pude imaginarla. Tanto asi que la misma emoción que aquello debió haberle causado hizo que rápidamente ella diera el siguiente paso y comenzara a desnudarme para ellos. Su desesperación era notoria, pues mientras los demás lo hicimos lentamente, ella me sacó toda la ropa en menos de un minuto, dejándome completamente desnudo, con mi verga que en erección apenas se veía un poco más grande que la del tipo, aunque con más grosor.

El tipo estaba inmóvil. Miraba a mi mujer y luego me miraba a mi. Su chica se quedó esperando que él tomara el último paso hasta que fui yo quien decidí no aplazar el momento y fui sobre ella. La mujer no opuso resistencia, me permitió desabrocharle el vestido y dejarlo caer el piso, luego desabotonarle el bra y por último bajarle la tanga. Mi esposa por su parte, no aguantó más y ella misma se sacó la pantie para quedar en igualdad de circunstancias con los otros tres.

¿Y ahora? Pensé en mi interior. Pregunta que seguramente se estarían haciendo los demás. Pero una vez más la chica se armó de valor y comenzó lentamente a caminar hacia mi y, una vez que estuvo enfrente, se dejó caer de rodillas, se levantó la máscara y comenzó a darme una tremenda mamada ante la mirada atónita de mi esposa y su pareja.

Mi mujer no quiso quedarse atrás, asi que durante un par de minutos ambos estuvimos viendo como nuestras propias parejas le propinaban bárbaras chupadas al pene de alguien más mientras nosotros veíamos la manera en que lo disfrutaban.

El cuerpo de aquella chica era de ensueño bajo tanta luz. Sus pezones eran rosados y sus tetas firmes y respingadas. Su culo era menudo y respingón, mientras que rajita lucía perfectamente depilada y húmeda. Tal vez sería la calentura del momento, pero cada vez que volteaba a ver el cuerpo de mi esposa me resultaba mucho más atractivo de lo que normalmente me parecía, incluso por momentos llegué a preferir irme sobre sus carnosas y redondas nalgas que sobre las de mi en ese momento compañera.

Me detuve un segundo a pensar y me pregunté a mi mismo ¿y porqué no?. Asi que en el primer momento en que aquella chica se sacó mi verga de la boca di dos pasos atrás y me encaminé hacia donde estaba mi esposa con aquel tipo. Al verme él no supo qué pasaba, asi que retiró a mi esposa pensando que tal vez yo estaba molesto, sin embargo ella entendió a la perfección el movimiento y mientras se ponía de pie iba acariciando mis piernas, luego mis bolas y al final mi pecho.

Intentó sacarse la máscara para besarme pero la detuve por miedo a que la conocieran, asi que simplemente la puse de espaldas a mi y ante la mirada de nuestros amigos comencé a acariciar su cuerpo por delante, mientras intentaba abrir sus nalgas para meter un poco mi verga por detrás.

La noté excitada en exceso. Jadeaba con cada apretón de tetas que le daba, contrario a lo que hacía cuando estábamos en nuestra habitación. Pasaba una de sus manos hacia atrás para abrirse las nalgas y permitir que mi cosa entrara entre ellas un poco mientras con la otra mano ella misma se acariciaba la raja.

El tipo se puso como loco. Comenzó de pronto a masturbarse rápidamente mientras nos veía, asi que nuevamente la chica fue la que tuvo que poner orden y acercarse a su marido por detrás para tomar ella misma su verga y jalarla suave y pausadamente mientras permitía que su marido viera el espectáculo.

Para ese momento estaba seguro de que no quería que aquel tipo penetrara a mi esposa. La veía demasiado excitada e incluso totalmente fuera de control. En su mirada podía ver cómo ni siquiera reconocía quien era el que la estaba tocando, solamente se dedicaba a disfrutar de las manos que se paseaban por su cuerpo.

Lo único que se me ocurrió en el momento fue llevar a mi esposa hasta el borde de la cama, recargarla agachada contra la misma, y con una seña pedirle al tipo que la embistiera por detrás. Como un adolescente desesperado el amigo fue a su pantalón para sacar un preservativo y se lo puso rápidamente mientras yo mantenía a mi esposa a temperatura acariciando sus nalgas, su culo y su vagina. Pronto su nuevo amigo estuvo listo y comenzó a caminar hacia ella.

Me hice a un lado viendo casi en cámara lenta como aquel tipo llevaba ya en la mano su cosa apuntándola hacia la humanidad de mi mujer. Segundos después vino la segunda debacle moral de la noche para mi, pues justo en el momento en que aquel miembro entró en mi esposa y ella lanzó un grito que jamás antes le había escuchado lanzar, sentí una presión en mi pecho que estuvo a punto de llevarme a detener la escena incluso con violencia si fuera necesario.

Me había desatendido de la chica, tanto que ni siquiera recordaba que estaba ahí, sin embargo un fuerte jalón en mi brazo me despertó del letargo y luego de que me tomara por ambos brazos, me empujó lentamente hacia atrás dejándome caer de espaldas sobre la cama, a un lado, muy cerca, de donde estaba el rostro de mi esposa que entre los gritos de placer que le estaban generando se dio tiempo para mirarme.

La chica se montó sobre mi y tomando mi verga con la mano derecha la introdujo lentamente en su vagina. Había olvidado colocarme protección, sentí humedad, calor, pero también una satisfacción inigualable que me impidió levantarme a buscar un preservativo.

Mi esposa paró de gemir cuando vio que mi boca se abrió durante un momento para disfrutar del calor de un nuevo cuerpo. Era un animal sobre mi que se movía con un ritmo tan perfecto que permitía ir a la par exactamente con la entrada y salida de mi miembro en su vagina. Me estaba haciendo disfrutar, me estaba haciendo disfrutar demasiado y mi esposa se daba cuenta.

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Al final, todo su culo para mí, y el marido en su casa

Mientras aquello sucedía a mi mujer la embestía con tremendos golpes en el culo aquel tipo que no demostraba el mínimo tacto. Seguramente lo disfrutaba, tal vez por el dolor, tal vez por la rudeza que en ocasiones a mi me faltaba con ella. Pero la realidad fue que por alguna razón, tal vez por celos o por experimentar algo nuevo, hubo un momento en que mi mujer decidió utilizar una de sus manos para comenzar a pellizcar mis pezones y apretar mi pecho mientras otro tipo la estaba tomando.

Aquel movimiento revolucionó la escena, pues el tipo decidió hacerle segunda a mi mujer y con una de sus manos comenzar a acariciarle el culo a su esposa mientras ella bailaba sobre mi. Mis manos fueron a las tetas de mi amiga, y después una de ellas a las tetas de mi esposa. Caí en éxtasis al tener cuatro senos a mi disposición mientras mi pene estaba ocupado en la vagina de otra mujer.

El tipo salió de mi esposa y comenzó a moverla de lugar con movimientos bruscos para acostarla a un lado mío y tomarla con sus piernas abiertas, pero ella no lo permitió. Se quedó acostada viendo simplemente como otra mujer estaba sobre mi hasta que su mirada fue tan pesada que la chica decidió bajar.

Agradecí el momento, pues no tardaba mucho en terminar con tanta excitación que tenía encima. Mi esposa dejó claras sus intenciones, pues se acostó en la cama y abrió de par en par las piernas mientras me miraba fijamente a los ojos, como diciéndome que había sido suficiente de preámbulo externo y quería que fuera yo la que la hacía terminar.

La chica lo entendió y se hizo a un lado mientras yo me puse de rodillas para penetrar a mi esposa y hacer que aquellos gemidos continuaran. Sin embargo la chica parecía ser la más morbosa en ese momento, pues se puso en cuatro quedando muy cerca de mi y de mi esposa para que su marido la penetrara por detrás.

Nuevamente el éxtasis me invadió. Escuchaba gemir a mi mujer y luego los suspiros de la chica muy cerca de mis oídos, pero aquel descanso me había puesto de nuevo en la carrera, asi que no me dejé llevar por el momento y decidí aguantar un rato más.

El tipo fue el primero en descargar con un gemido tan fuerte que hasta nos sacó de concentración y, no se si tuvo que ver con escuchar a su nuevo amigo, pero en un microsegundo mi mujer comenzó también a tener un orgasmo sin dejarme terminar a mi.

Se dejó caer sobre el piso dejando a su mujer insatisfecha en la cama. Mi esposa los miró y entendió que aquello no había terminado, pero antes de que pudiera hacer algo, la chica se montó sobre las piernas de mi mujer detrás de mi, y con sus propias manos sacó mi verga de dentro de ella y comenzó a jalarla fuertemente mientras se masturbaba rozando su vagina en la pierna de mi esposa – ¿Qué cómo lo se?, simplemente porque muy molesta mi propia esposa me lo contó días después –

Terminamos prácticamente al mismo tiempo. Ella sobre la rodilla de mi mujer, y yo sobre su torso, dejándola ahí tirada con fluídos de tres cuerpos distintos sobre su piel.

Abruptamente se terminó todo. Los cuatro sin decir palabra alguna comenzamos a medio vestirnos y salimos de aquella habitación. Quería detenerlas a ambas y agradecerles aquel momento único en mi vida, pero me contuve y me dediqué a caminar detrás de los tres.

Cuando llegamos a la sala me serví un vaso entero de refresco y me levanté la máscara para beberlo de un sorbo. Mi mujer se acercó a mi y simplemente me dijo: Vámonos antes de que alguien más nos aborde.

Subimos al coche y cuando encendí el aire acondicionado me di cuenta de que mi esposa había perdido las pezoneras y la miré con una sonrisa en la boca. Ella puso sus brazos sobre las tetas demostrando aquel pudor con el que yo la recordaba y, que momentos atrás se había quedado en el baúl de los recuerdos.

¿Volveremos a hacer esto? Le pregunté cuando llegamos a casa, a lo cual ella respondió en voz muy baja con un: Definitivamente.

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Un cumpleaños muy especial

Bisexuales, Confesiones, Interracial, Relatos porno 20/07/2017

Hola,

soy Jenny y mi historia esta basada en algo real, y una fantasia.

Mi esposo y yo nunca hemos sido “abiertos” pero siempre hemos tenido bastante comunicacion y muy buenas sesiones de sexo. Me ha comprado varios juguetes que he gozado enormemente, pero hace un tiempo se me ocurrio usar esos juguetes en el mismo. Ya me habia fijado que tocando su ano con mi dedo lo hacia estremecerse, y verias veces en la ducha, me enjabonaba el dedo para meterlo lo mas adentro posible de el al mismo tiempo que le besaba las tetillas. Su cara siempre fue un poema y a mi me exictaba mucho verlo gozando con aquellos juegos.

Un dia mientras haciamos el amor lo empece a tocar como otros dias, y el practicamente se entrego al momento. Le pregunte que se me permitiria introducirle uno de mis juguetes, y el unicamente asintio con la cabeza mirandome ansiosamente. Le pedi que lo trajera y el lubricante que usamos. Fue increible meterle el dildo mientras le mordisqueaba la oreja y le besaba el pecho con mi lengua. Desde entonces varias veces el mismo me ha pedido que lo penetre, lo cual hago fascinada. Muchas veces me he corrido simplemente por meterle mi dildo en su trasero y ver su reaccion.

Tambien hemos jugado “soft BDSM”, el me ata las manos y despues me azota el trasero con sus fuertes manos. Tambien le pedi que me dejara hacer lo mismo, pero sus musculos gluteos son tan duros que me lastime la mano, asi que le pedi me dejara usar el cinturon y el accedio. Cuando tenemos la casa para nosotros solos, siempre incluimos una sesion asi. Si estando haciendo el amor parados, el se voltea, es mi señal para ir por el cinturon. Lo azoto bastante fuerte y el lo soporta y lo excita mucho, despues le pongo lubricante en su ano y lo penetro con un dildo, no muy grande, de 15 centimetros y aceptablemente grueso. Una vez me pidio que me acostara boca arriba, el me puso el dildo entre las piernas y se “monto en mi. Me estuvo “cabalgando” casi 10 minutes. Encendi el vibrador del dildo y al tenerlo entre mis piernas me corri de una manera salvaje solamente al verlo entregado asi.

Ya he visto la pelicula “Las edades del Lulu”, en la que la protagonista paga por ver a dos hombres haciendo el amor. Esa idea me estuvo rondando mucho la cabeza pero aparte queria algo mas, asi que decidi darle un regalo muy especial a mi esposo. Prepare todo para el dia de su cumpleaños. Le dije que queria ir a un motel con el para hacer todo lo que quisieramos. Supongo que sabia parte de mi idea pero no toda. Me lleve una pequeña maleta sin mostrarle el contenido.

Llegamos al hotel y nos bañamos, desdunos le pedi que se hiciera un enema y el entendio. Cuando salio del baño, yo me habia puesto un “strapon” que habia comprado para la ocasion. Cuando lo vio se le ilumino la mirada y se acerco a mi, pero le dije que si queria jugar con eso iba a haver unas condiciones. El accedio y entonces empece a sacar cosas de la maleta. Yo calculaba el tiempo por que sabia que algo iba a pasar en 20 minutos mas.

El empezo a ver lo que habia en la maleta, y por su mirada estuve segura que acerte en mi idea. Era ropa intima de mujer, un vestido, zapatos de tacon, una peluca y maquillaje. Lo vesti sin oposicion con unas media negras muy finas, que se ataban a un liguero que era a la vez una faja que contorneaba su figura. Le puse un brassier con una tetas falsas que compre en la misma tienda que adquiri el strap-on. Sabia sus tallas de zapatos y vestido, asi que se los puse y vaya que lucia bien. Lo maquille lo mejor que pude, y le puse la peluca. Parecia un verdadero trasvesti profesional.

Orgullasa de mi trabajo le dije que la ultima condicion es que no se negara a nada de lo que iba a pasar a continuacion. Yo podia sentir su pulso agitado cuando me decia que si. Le dije que si queria este juguete adentro de el (que era bastante mas largo y grueso que el dildo que soliamos usar) lo iba a tener que lubricar con su lengua. Fue increible verlo obedecerme. Le pedi que se parara y se empinara en lugar de ponerse en cuclillas, para poder tocarle su precioso ano y untarlo con lubricante. Cuand senti que era suficiente le pedi que se volteara y pusiera ambas manos en la cama. Me acerque a el, le baje las panties y le subi el vestido hasta la cintura y lo fui penetrando muy despacio, el mismo me indicaba cuanto aguantaba, pero una vez vencida la resistencia inicial lo estuve “bombeando” bastanter rapidoy el solo se limito a gemir de gozo. En eso sono la puerta de la habitacion, mi esposo se asusto pero yo solo le dije, “perfecto, justo a tiempo”.

Fue a abrir la puerta desnuda, y entro un joven africano americano de 1.85 de alto con los musculos bastante desarrollados. Mi esposo no sabia que hacer, pero le recorde que una de sus fantasia fue siempre verme con otro hombre. Esto lo tranquilizo un poco. Sin presntarnos siquiera, le pedi al joven que se desnudara, al ver su herramienta me quede impresionada por que era mas grande que mi juguete. Le dije a mi marido que se acercara para que me viera jugar con ese hermoso pene. Le di un beso en la boca a mi esposo ye entonces e meti en la boca lo que me cupo de la herramienta del negro, lamiendo alrededor del glande, mis esposo estaba cerca asi que deje de chuparla un rato para besarlo nuevamente en la boca. Repeti la operacion un par de veces yendo del pene del muchacho a la boca de mi esposo haciendo la distancia cada vez mas corta, hasta que estando lo suficientemente cerca, despues de besarlo a el, empuje su cara para que se metiera ese pene en su boca. El no se nego, lo hacia timidamente primero pero muy pronto acelero sus movimientos haciendo sentir muy exictada. Me puse detras de mi esposo y lo empece a penetrar mientras el seguia con el sexo oral. Le pedi que invirtieramos los papeles, el dudando solo por un segundo se saco el pene de la boca, pero entendio cuando yo lo puse de espaldas al negro y le baje la boca hasta mi pene de goma. Cuando el negro penetro a mi esposo emitio un grito de dolor, pero con el mi juguete en la boca se ahogaron sus gritos hasta que cambiaron a gemidos de gozo.

Fueron 10 minutos de penetrarlo violentamente, a veces mi esposo se sacaba el pene de goma de la boca y me besaba los senos. Le pedi que volvieramos a invertir los papeles. El negro se quito el condon y mi esposo regreso a chupar su herramienta mientras yo lo volvia a penetrar. Por la cara del negro note cuando se estaba corriendo en la boca de mi esposo. Despues de unos segundos, el negro saco su pene, yo tome a mi marido y desesperadamente lo bese en la boca queriendo compartir con el ese bocado. Fue el beso mas ardiente que jamas nos hemos dado.

Me acoste con mi esposo en la cama mientras em muchacho se despedia de nosotros. Lo abrace tan fuerte como pude y le dije al oido “feliz cumpleaños mi amor, espero que lo hayas disfrutado”.

Sin responder se acerco mas a mi y nos quedamos descansando satisfechos….

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De nuevo más de mi amiga tetona

Experiencias Parejas Liberales 09/04/2017

De nuevo, ya han sido algunos compañeros, que me dijeron pon algo más de mi amiga tetona, de tu amiga la casada, la que quiere más y más, aquí os dejo un foto más. Le gusta mucho el estiramiento del pezón, lo que se dice la caída al barranco, ella misma se los tiene que proporcionar. Su marido, como dije en el anterior comentario (mejor que relato,y vuelvo a pedir disculpas ya que es zona de relatos), no puede con ella, y yo quedo con ella cuando podemos, para así bajar todo el calor que lleva dentro. Sus tetas son impresionantes.

mi amiga tetona

Las tetas grandes de mi amiga casada

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    por el 10/04/2018 - 1 Comentarios

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    le hice una paja a mi sobrino

    por el 02/05/2018 - 1 Comentarios

    Yo estaba con mi hermana una tarde hablando de nuestros hijos Tengo 26 años, soy madre soltera de un único hijo llamado Juan, de 9 años Mi hermana tiene 32, y tiene un hijo de 13, Brian De pronto ella tocó un tema muy delicado. Empezó a hablar de que Brian ya se masturbaba Yo […]

  • esposa caliente

    Esposa caliente y desaprovechada

    por el 29/04/2018 - 4 Comentarios

    No sabía donde ubicar mi relato, el de una esposa caliente, desaprovechada y desatendida, no sabía ni por dónde empezar, en realidad aún no lo sé. Dejaré tan solo una foto mía de esta mañana, para seguir si ustedes lo desean. A todas las maduras anónimas como yo, desaprovechadas.

  • amas de casa calientes

    Esposa caliente y desaprovechada I

    por el 04/05/2018 - 1 Comentarios

    Lo primero que tengo que decir, es que quería agradecer sus comentarios, creía que nadie vería lo que publiqué. A Javier y Daniel. Soy una de esas amas de casa calientes que hay tantos pueblos y solo ellas lo saben. Me excitan los relatos que leo, y pensé que puedo aportar mi experiencia. Desaprovechada como […]

  • Mis bragas usadas

    Fotos íntimas de bragas usadas

    por el 09/05/2018 - 0 Comentarios

    Con cincuenta y dos años, con mis bragas usadas sucias, y excitada como siempre que veo fotos o leo algún relato, o veo algún vídeo, aprovecho para contribuir a este fetichismo que muchos tienen por las bragas, bragas usadas mis braguitas puestas, con algunas fotos que me hizo mi esposo, para Vds, espero les gusten, […]

  • Me abandonó y se fue con una escort

    por el 11/04/2018 - 0 Comentarios

    Me llamo Laura estoy casada hace muchos años, ya ni me acuerdo, pero muchos. Mis redondas formas así lo confirman. En la foto que desentona, la rellenita y tetona, se me puede ver, al trasluz, ahí estoy; las otras fotos, mi imaginación que vuela, rubia, guapa, delgada es la que yo creo que esa noche […]

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