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LA COSTURERA

Relatos sexo 04/10/2017

Hace años, en las aldeas, las costureras iban a coser por las casas. Esta historia va de una de ellas
Yo había sido expulsado una semana del Instituto. Mi padre se fuera a trabajar a su carpintería y mi madre a la fábrica de conserva. A la costurera le habían dado una llave de la casa. Fuera contratada por 5 días.
La costurera era rubia, tenia 23 años, estaba casada tenía dos hijos, uno aún era un bebé de pecho. Estaba de toma pan y moja.
La costurera se puso a coser a máquina (mi madre tenía una Singer con pedal) al lado de una pared que daba con mi habitación. Le grité:
-¡¡También podías haber venido a las diez, no me vas a dejar dormir!!
-Qué susto me metiste, joselito! Pensé que no había nadie en casa.
Al oír su voz supe que no tenía que gritar para que me oyera.
-Ya ves que no es así.
-Ya que estás en casa, ven. Te tomaré las medidas parta hacerte el pantalón.
-No puedo. Estoy desnudo y empalmado.
Oí sus risas. Se debió creer que estaba de broma.
-Le podemos tomar medida y hacer una gabardina.
-No tienes suficiente tela para mi Frankenstein. Es un monstruo de polla.
La costurera seguía con su cachondeo.
-¿Le diste aire con un bombín de la bicicleta?
-No me hace falta. ¿Puedo hacerte una pregunta?
-Si no es guarra…
-¿Tus tetas aún echan leche?
-¿Tiene hambre el nene?
Este nene tiene una polla que no te cabría en la boca y mucho menos en la almeja.
-¡Ya está bien con la broma!
-Joder, ahora no pares de hablar que estoy a punto de correrme.
-¡¿Te la estas pelando mientra hablamos?!
-Sí.
Sentí sus pasos sobre el piso de madera acercándose a mi habitación. Llegó a la puerta y me dijo:
-Enseña.
Quité la sabana de encima y vio mis 25 centímetros que calzaban el agujero de un pico. No se lo pensó dos veces. Entró en la habitación y se desnudo. Se metió en la cama, cogió mi polla y la fue metiendo en su coño, muy despacito ya que le entraba apretadísima. Estaba tan excitada que sus tetas comenzaron a echar leche. Se las chupé y tragué su leche dulce y calentita, que a veces la costurera saboreaba conmigo al besarme con lengua. Le importó una mierda que me corriera tres veces dentro de su coño antes de correrse ella.
Fueron cinco días maravillosos. Me harté de beber su leche y ella la mía, de romperle el culo y de correrme entre sus tetas y ahora me voy a pajear, pues recordando, se me puso dura.
Quique.

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Una madre muy porno y muy madura

Incesto, Maduras, Relatos sexo 27/09/2017

Mamá estaba en casa como todos los días cuando regresé del instituto. Últimamente ya había notado que con papá ni se hablaban. Entonces me surgió un relato muy pornoxxx, de maduras como mi madre.

Yo ya había llegado y estaba en mi habitación, eran las seis de la tarde, papá no había llegado todavía del trabajo. Y mi madre me dijo que salía a hacer unas compras de última hora. Dijo que se le había olvidado algo para la cena.
Ella mintió. Nunca fue a comprar. Se dirigió a un cine cercano a casa, para más atrevimiento, y compró una entrada para la sala 4 en la sesión de seis y media. Ella había quedado con un extraño con el que últimamente hablaba por chat, y también ya había hablado al teléfono. Ésa era una cita exclusivamente sexual. Yo que pensaba en esa idea idílica y hasta romántica sin caer en el incesto maternal, de mi madre, creía algo así como que no usaba el coño, pese a que yo había salido por ahí. Pues, esa tarde, justo esa tarde, mamá porno, le iba a dar uso, gusto y zumo a su chocho insaciable y ansioso.

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Una madre muy porno y muy caliente

Se adentró en el cine, se puso en la última fila como había acordado con el extraño del chat, era propio de una madura caliente, una madre muy zorra, una de esas porno gratis maduras, encima gratis, porque a ese tío le salió gratis, xxxgratis, sin pagar ni un euro.

La película comenzó, el título era lo de menos, mi madre iba caliente como una perra, él llegó empezada la película. Vestía vaqueros y camiseta blanca informal, nada parejo a mi madre, toda cuidada y bien vestida. Él iba con unos vaqueros algo sueltos, ya pensando en dar facilidades, mi madre en cuanto se sentó el extraño a su lado supo que era él.
No dudó ni un momento ella, los dos solos, las luces apagadas y la película empezada. Sin calzoncillos con la polla libre y suelta se la sacó, y le dio todo tipo de facilidad, mi madre la muy puta la cogió, no era una polla grande como todas las de los relatos, era normal tirando a pequeña, pero qué importaba, la golfa de mi madre iba cachonda como nunca, quería nabo, y quería tocar el tacto de una polla endurecida.
Al tío se le puso dura, lo justo para terminar de excitar a mi madre. Mi mamá toda ansiosa de polla, la cogió como el que coge un plátano con ganas, la empezó a menear, a mover, a subir y bajar. Enseguida notó bastante piel en la polla cosa que pronto hizo desaparecer con unas buenas sacudidas, la polla se estiró, y mi madre así la noto en la mano. Ahora ya notaba el capullo, la piel había bajado, y ella estaba caliente perdida.

Mi madre caliente y pajeando en el cine al extraño

Aquella polla dura, la punta caliente y ella pajeando a aquel extraño a media tarde, en un cine a nada de casa, la ponía mas cachonda todavía. Pajeaba sin cesar y de pronto, ella se giró a él, a su oído, ya que casi ni le había mirado, y le dijo en bajo: ¿puedo chuparla?. Él ni se lo creería, una tía tan golfa, y chupando su polla que seguro casi nadie chupaba, pero había tenido la buena suerte de dar con una madre desatendida por mi padre, a falta de nabo y de follar, la puta de mi madre.

madre chupando polla hijo

Él ni la respondió, ya que con un gesto de coger su cabeza ligeramente y llevarla para abajo, ella lo entendió. No hizo falta que acompañara su mano a la cabeza de mi madre. Ella sola bajó hasta su polla caliente. En ese momento, él supo que se la iba a chupar de verdad, una buena zorra ardiente, así que empinó algo el culo para terminar de bajar el pantalón y dejar al aire la polla subida de dureza y descapullada. Los huevos se le hincharon del calentón. Mi madre chupaba como una descosida, chupaba polla, el tronco, el glande, y bajó hasta los huevos. Se metió esas dos pelotas gordas de ese desconocido en la boca la muy puta, nunca pensé que haría algo así. Mamaba y mamaba como cuando yo era pequeña de sus tetas gordas y calientes, pero esta vez, era ella, y de esa pequeña polla endurecida. Ella estaba ardiendo.

Más relatos de sexo de mi madre ardiente

Tengo más para relatar, relatos, así que no acaba ahí, es un relato omnisciente, así que si a alguien le interesa solo tiene que decírmelo, seguiré, para relatar todo lo que allí aconteció, y sobre todo, el sentir de una madre desamparada y muy a falta de sexo, caliente perdida. BsS

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UNA NOCHE DE FIESTA DE DISFRACES (CARNAVALES INOLVIDABLES)

Bragas usadas, Confesiones, Relatos porno, Transexuales 29/08/2017

Hace un tiempo, recibí una invitación a una fiesta de disfraces, conmemorando los carnavales del año, siempre he sabido aprovechar estas oportunidades para poder vestirme de mujer, dada la situación, ni corta ni perezosa, empecé a buscar en mis ropitas intimas de closet algo bonito y al mismo tiempo algo provocativo, encontrando un conjunto de lencería negro, la tanguita no era hilo dental, pero si dejaba ver mis redondas nalgas, cubría bien mi rayita, y especialmente mi hoyito, mi hermoso agujerito, le acompañaba un sostén de seda, que cubría mi tetitas algo creciditas y mi pezones rosaditos, luego encontré un portaligas también negro y por último unas medias de nylon también negras, con lo que estaba completo todo lo que se refiere a mi lencería o ropa íntima. Luego me puse a buscar un vestido que me quedara bastante bien, aunque este último tiempo me he engordado un poquito y tenía miedo que no me entraran los vestiditos que me compre hace algún tiempo atrás, en eso encontré un vestidito con un escote pronunciado que hacen ver mis tetitas, además que las une y se puede observar una bonita luna entre mis tetas, de los hombros hasta la cintura es bastante ajustada y de las caderas para abajo más parece una pollerita plisada, sueltita y bastante cortita, que cuando me agacho se pueden observar mis redondos glúteos, luego alisto una peluca, el cabello llega hasta mis hombros y es de color negro lo mismo que el vestidito que les describí. Luego me maquille sin ninguna exageración y por último escogí unas zapatillas también negras con un taco mediano, aspecto que me permitiera moverme y si se daba el caso bailar con bastante soltura.

Una vez cambiadita, me decidí salir rumbo a la fiesta para lo cual llamo un radio taxi, al poco rato llega el mismo, me subo y el chofer me saluda muy cordialmente y me pregunta: ¿Dónde le llevo señora?, lo cual me gustó mucho, ya que no me veía como una niña sino por el contrario como una verdadera dama, pero lo más curioso es que el taxista no dejaba de verme por el retrovisor, perece que le llame mucho la atención y por cierto le guste bastante, luego de unos diez minutos de viaje, llegamos a mi destino, cancele al taxista e ingrese al salón de la fiesta, el mismo que era un local de fiestas con luces negras fosforescentes, y muy poca iluminación, el local bastante amplio, con mesas alrededor de una pista de baile con juego de luces.
Ni bien ingrese al local, mostré mi invitación, a los guardias de la puerta y me encontré con un amigo Jorge y su compañero de trabajo que se llamaba Germán, ambos son mayores que yo y lo primero que hicieron es alagarme por mi disfraz, me dijeron que era bastante realista y que me veía muy pero muy hermosa, lo cual me alagó bastante, y en cierta forma me éxito un poquito, luego nos sentamos en una mesa y nos trajeron unas copas de alcohol, brindamos por nuestro encuentro y porque nos divirtiéramos mucho en estos carnavales.

En la fiesta y muy caliente

Al poco rato empezó la música y realmente no sabía si bailar con una muchacha o esperar a que algún galán me pidiera que baile con él, creo que también mis compañeros de mesa, tenían la misma duda, de si salir a bailar con algunas muchachas o sacarme a bailar con ellos, la cuestión es que decidimos salir a bailar entre todos contra todos, ya que en la pista de baile empezaron a hacer ronda por lo que era indiferente lo de las parejas, Jorge venia disfrazado del Zorro y Germán de pirata, en las rondas nos tomábamos de la mano, luego nos tomábamos de las caderas y otras figuras más; al poco rato, llegó el momento del brindis y nosotros ya habíamos tomado algunas copita y nos sentíamos algo mareados, cuando estábamos retornando a nuestra mesa nos encontramos que la misma había sido ocupada por un grupo de señoras, por lo que nos limitamos a recoger nuestras copas y decidimos ir a pararnos a una de las paredes del salón para participar en el brindis. En ese momento sentí que Germán me toma de la cintura y me guía hacia un lugar alejadito de la pista de baile y de la muchedumbre, nos sigue Jorge sonriendo y muy alegre; además que el lugar donde nos dirigimos era más obscuro y con muy poca luz, y habían una cortinas rojas como parte de la decoración del salón. Nos pusimos frente a la pista de baile donde se disponían los preparativos para el brindis, apoyando nuestras espaldas a la pared, en eso siento que la mano de Germán no suelta mi cintura la mantiene ahí, cosa que yo no digo nada, por lo que en cierta forma otorgo, siento que la mueve alrededor de mi cintura y poco a poco va bajando a mis caderas para luego llegar a mis glúteos más propiamente a mi culito, en eso queriendo poner cierta resistencia le miro de frente a Germán el me giña un ojo y me dice al oído que solamente es un juego, por lo que yo no pongo mayor resistencia y dejo que el juego continúe, poco a poco va moviendo su mano alrededor de mi culito, lo que me empieza a excitar bastante, aprieta una y otra nalga, por encima de la falda del vestidito que traía puesto, en ese momento siento que la mano de Jorge empieza a masajear mi culito, estaba realmente loca, dejar que dos hombres en un lugar público me metieran mano, ambos empiezan a mover sus manos entorno a mi culito, en eso un poco más atrevido Jorge baja su mano hasta mi pierna derecha y empieza a subirla, subiendo al mismo tiempo mi faldita, tocando mis nalgas en vivo y directo, lo mismo hace Germán, en eso uno de ellos introduce por un costado de mi tanguita un dedo hasta llegar a mi culito, lo que me hace estremecer bastante, le miro a Germán y me hace una seña con sus labios como si me enviara un beso, lo que me calma un poco y no digo nada, más al contrario, elevo un poquito más mis caderas, cosa que ambos ven con cierta satisfacción. En eso a lo lejos escuchaba a los diferentes oradores realizar el brindis por unos carnavales alegres y que sea el momento de realizaciones personales. Veo alrededor nuestro y toda la gente se encuentra riendo y celebrando por lo que nuestra presencia y nuestro accionar pasa desapercibido, nadie se preocupa por nosotros, lo que da a que continuáramos con nuestro cometido, así pasaron muchos minutos, yo me encontraba en las nubes y me sentía tremendamente excitada

Una vez reiniciada la fiesta, todo el mundo sale a bailar y la pista de baile queda un poco chica para toda la gente que se encontraba en el salón, por lo que había pequeños grupos de personas bailando entorno a sus mesas y donde podían, en eso Jorge se pone delante de mío y hace como si estuviera bailando conmigo, a lo que Germán aprovecha para colocarse detrás de mí, yo apoyo mis manos en el pecho de Jorge, disimulando que somos una pareja que está bailando y por las cortinas y la oscuridad Germán no es visto y se queda en mi detrás con sus manos en mi cadera, Jorge también me toma de la cintura pero sus manos van más hacia mi espalda y en momentos baja sus manos hasta mis nalgas y las aprieta con relativa fuerza y mucho erotismo, así estamos por algún tiempo indefinido, me siento una verdadera hembra teniendo un hombre a quien ahora abrazo del cuello por delante y otro hombre que me aprieta por atrás, en eso escuchamos una música más romántica, a modo de descanso, y Germán aprovecha para introducir sus manos dentro de mi falda, y poco a poco con bastante disimulo empieza a bajar mi tanguita llegan hasta mis piernas, en eso momento pienso que me estaba pasando ahora tenía el culito al aire libre, no tan libre sino se encontraba cerca a ser presa de una hermosa verga, en eso siento las manos de Germán moverse por mi trasero y presiento que se estaba bajando el cierre de su pantalón haciendo a un lado su calzoncillo y sacando su verga ya suficientemente parada y empieza a acaricia mis nalgas con su verga lo que me hace sentir a mil, siento su verga como si estuviera recibiendo latigazos en mis nalgas para luego posarse en mi rayita y realizar movimiento como si estuviera masturbándose con mis pompis, y coronando al centro a una hermosa verga súper piradísima. Y por delante Jorge se acerca cada vez más a mí y empezamos a apechugar, mis brazos toman su cuello y él empieza a besar mi cuello, a lamer los óvulos de mis orejas a lo que yo respondo con pequeños besos en sus mejillas, luego nos separamos un momento nos vemos de frente y sin pronunciar una sola palabra estrechamos nuestras bocas en un beso donde se entrecruzan nuestras lenguas, besos que no paraban por nada del mundo, solamente nos dábamos espacio de fracciones de segundos para introducir un poco de aire y luego continuar con nuestro besos salvajes pero muy apasionados, en eso escucho que Germán le dice a Jorge: “Abrile el culito, y dirigí mi verga al hoyito”, Jorge ni corto ni perezoso, baja ambas manos hasta mis glúteos los abre de par en par y en eso Germán aprovecha para acercar su verga, con los dedos Jorge dirige la verga de Germán hasta mi hoyito, el mismo que rato antes había sido lubricado con su saliva, con un movimiento bastante simulado Germán empieza a introducirme su verga al principio me empezó a doler, pero la excitación en la que me encontraba no era para poco y pude soportar el dolor, apretando mis manos contra el pecho de Jorge, y besándole con mucha más fuerza, poco a poco se va abriendo camino la verga de Germán en mi culito, pasa por mi esfínder y la introduce toda su hermosa verga, sin realizar casi movimiento alguno, luego mi hoyito se acostumbra a su huésped el mismo que empieza a moverse con bastante disimulo, yo en ese momento me encuentro en las nubes y les pido a mis dos machos que este momento sea eterno, que nunca termine, los movimientos se hacen cada vez más rápidos y profundos, me siento una verdadera mujer realizada en su sexualidad, teniendo dos amantes para mi solita, al poco rato de estar culiando con mis dos amantes Germán empieza a moverse cada vez con mayor rapidez hasta apretarme y atraerme hacia su cuerpo sujetando mis caderas y en ese momento sentí un chorro de semen caliente que incrustaba mis entrañas, para luego disminuir paulatinamente y poco a poco sus movimientos, hasta que su verga por la flacidez empezó a salir de mi culito, pero él seguía besando mi nuca y parte de mi cuello por atrás.
El eso, Germán me entrega su pañuelo y yo empiezo a limpiar mi hoyito y siento un chorro de semen, una vez concluida la tarea de limpieza, Jorge me hace señas para cambiar de lugar con Germán a lo que yo asisto con un movimiento de afirmación y siento su verga en mi culito y él me lo introduce y con un poco más de descaro empieza a culiarme, empieza a introducirme su verga y siento que la suya en mucho más larga y gruesa que la de Germán lo que me provoca un poco de dolor, pero aguanto y siento un placer inexplicable, Germán toma el puesto de Jorge y empieza a besarme a lo que yo respondo con mucho cariño y erotismo, Germán al ser un poco más pequeño que su antecesor tiene la posibilidad de besar mis tetitas aspecto que aprovecha para bajar mi vestidito aprovechando el escote y empieza a chupar mis pezones que por ciento se encontraban bien duritos, los mordisquea y chupa como un bebe con mucha hambre, mientras que Jorge saca y mete su verga de mi culito llegando a terminar, también él. Una vez concluida nuestra hazaña, les pido permiso para ir al baño, ingreso al baño de damas e ingreso a un retrete, cierro la puerta y procedo a limpiarme, nunca en mi vida había sentido tanto placer y nunca había visto tanto semen, realmente mis hombres llegaron a un orgasmo especial, al haber votado tanto semen, yo sentía el olor a hombre y sexo que me sentía la mujer más realizada del mundo. Salí de baño y mis hombres me esperaban, nos tomamos de las manos y volvimos a nuestra mesa que ya se encontraba desocupada y ahí me di cuenta que el tiempo que habíamos estado haciendo lo nuestro era bastante, ya que el local se encontraba semi vacío ya que en Potosí por el frio la gente acostumbra a recogerse relativamente temprano. Con poca gente, nuestra aventura duro casi toda la fiesta, todo lo que hicimos lo realizamos sin pronunciar una sola palabra, bailamos por un rato más y nos tomamos una copas más y nos fuimos de la fiesta, me acompañaron a mi casa y luego al despedirnos nos dimos un beso con cada uno de ellos y con nuestras miradas y sonrisas sellamos una relación de complicidad, que creo se va a extender para nuevas experiencias juntos. Espero que sea así.
Espero que les haya gustado mi relato, mi correo es: elizatacuri30@gmail.com

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ERAN LAS ONCE DE LA NOCHE

Primera Vez, Relatos Cortos, Relatos sexo 29/08/2017

Eran las once de na noche…Mi madre se había enfadado con mi padrastro y se fuera de copas con sus amigas. Yo estaba en cama, caliente. Desnuda sobre la cama, me empecé a masturbar… Sentí los pasos de mi padrastro acercarse a mi habitación. Vi como se movía la manilla de la puerta. Cerré los ojos, para disimular que lo oyera venir. Pasaron unos segundos. Yo seguía masturbándome´y gimiendo. Como mi padrastro no venía a mi lado, abrí los ojos. Estaba en la puerta. En su mano tenía una polla inmensa, o a mi me lo pareció, ya que no había visto otra antes.
-Ven, papi -le dije.
Mi padrastro, con su polla erecta, se echó a mi lado. Me besó. Era mi primer beso con lengua y me encantó. Después me chupó y me lamió tetas y pezones. Yo. que me seguía masturbando, mientras me las comía, me corrí como nunca antes me había corrido. Tuve un orgasmo. largo, muy largo y muy, muy intenso. Cuando acabe de correrme, mi padrastro me metió la polla en la boca. Se la chupé lo mejor que supe, para ser mi primera vez, vi que le encantaba. Me la metió entre las tras. Yo las apreté y me las follé. Comencé a gemir de nuevo. Estaba muy caliente. Mi padrastro, puso su cabeza entre mis piernas y me lamió el chochito. Me pasaba la lengua por mis labios rosados. Metía la punta de la lengua dentro de mi estrechito chochito. Lamía mi clítoris erecto y fuera de su capuchón, todo esto mientras masturbaba su polla… Al final, se empezó a correr y con su lengua apretó y lamió mi clítoris con mucha rapidez. Mi chochito empezó a soltar flujo como si fuese una cascada. ¡Dios mío que placer sentí al correrme! Fue algo maravilloso…
No me quiso follar con su polla
La próxima vez conseguiré que me la meta. Quiero que sea el primero.

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Una madre muy pervertida

Incesto, Maduras, Relatos porno, Tetonas 22/08/2017

Buenas, me llamo Fernando, esta historia es la de una madre, la mía, entre todas, es la más caliente de las madres calientes, que no sé ni ahora mismo, cómo la he podido ver tan pervertida. La historia que aquí relato contiene desde follada humana, hasta animal. Sí, algo de relatos zoofilia, aunque suene raro. Los perros atraen a algunas hembras y al revés. Algo increíble, mi madre la que tantas veces me dio de mamar con sus grandes tetas de pequeño, ahora me la follo y no solo yo, nuestro perro Palo, también la monta. Pero esto no surge por las buenas, tiene su causa. Se me endurece solo de saber lo puta que es, en sus tetas gordas y colgantes, grandes, tetona, en lo madura que es ya, y por qué no decirlo, en como la follé y encima ni la dejé satisfecha. Hasta me pone cachondo cuando pedía más y yo no pude del todo complacerla. Menos mal que ahí estaba el mejor amigo del hombre.

Soy un chico de familia adinerada y acaudalada. Mi padre es un alto ejecutivo que ha pasado ya por varias empresas y que está en el consejo de administración de otras tantas. Mi madre, la mujer de mi vida, es simple y sencilla, no es mala persona, ni tonta, ni pija, sólo simple. Mis padres me han dado todo lo que necesitaba y más, sin embargo han sabido hacerme apreciar el valor de las cosas. Conocemos el nombre de todos los empleados del hogar, y, por supuesto, les tenemos tanto cariño como a alguien de la familia. Tenemos dos perros, Kuko y Palo. Tendrán mucho que decir en esta historia.

Por lo que respecta a mi padre es, para que os hagáis una idea, el tipo de persona que siempre te hace sentir bien, un gran líder. En los momentos en los que le he necesitado siempre ha estado ahí y siempre lo está para sus amigos. Puede ser serio y estricto cuando tiene que serlo, y simpático y divertido cuando la ocasión lo permite. Se llama Joaquín.

Y madre, ay mi madre, Lucía, creo que tiene una carrera, pero no ha tenido que trabajar en su vida. Se casó con Joaquín nada más terminar sus estudios y, poco después me tuvieron a mí. Mi padre le ha dado todo, una gran casa, un físico tremendo (además de gimnasio, masajes, peluquería, manicura y pedicura diarios, la pagó un aumento de pechos y unos retoques de nariz y pómulos), vamos que tengo una madre que podría ser más de una portada de playboy. Sin embargo yo no comencé a apreciar el físico tan arrebatadoramente sexual de mi madre hasta que ocurrió lo que acontece.

Estaba realizando un trabajo para clase en el que se hablaba de la discriminación de la mujer en el mundo, así que me puse a buscar en la biblioteca libros acerca del tema. Nada, casi todas eran novelas de intriga o autoayuda….luego me dirigí a la videoteca y me fijé en unos DVD”s en la parte más alta de la estantería. Todos comenzaban titulados como DOCUMENTAL. Eran bastante los varios documentales: “la psicología del soltero”, “la juventud hoy en día”, “cómo educar a tu mascota”; y finalmente uno que podía ayudarme en mi trabajo de clase, “las mujeres en sociedad”.

Así que puse el DVD en el reproductor, después de haber preparado el cuaderno y el bolígrafo para tomar apuntes de lo que pensé sería un tedioso documental acerca del comportamiento humano y el papel de la mujer en y con la sociedad. Pantalla azul, y luego una fecha, de hace un año en verano y de repente la habitación de mis padres….pero qué???

Pocos segundos después mi madre, “vestida” con un bikini ajustadísimo y con poca tela se sentaba en la cama juntó a otra belleza en bikini rubia. Se reían mirando a la cámara y….comenzaron a morrearse y a sobarse los pechos! El bolígrafo se me calló de las manos y la mandíbula no se me desencajó porque sólo es posible en los dibujos animados, pero poco faltó. Seguí mirando y las cosa siguió calentándose. Se empezaron a meter mano por el tanga del bikini mientras se seguían morreando, era más propio de relatos de sexo que otra cosa, el caso es que comenzaron a gemir y en ese momento mi madre se quitó la parte de arriba….qué pedazo de tetas tiene mi madre, redondas pero que no parecían falsas, con unos pezones grandes pero bien proporcionados.

Paré el reproductor, intenté pensar…recogí todos los DVD”s de documentales, el que estaba puesto y me fui a mi habitación. Cerré la puerta con llave, encendí mi ordenador y seguí viendo el titulado “Documental: las mujeres en sociedad”. Pasé las escenas ya vistas, y retomé el tramo en el que mi madre se quitó el sostén del bikini. La otra tía comenzó a lamerla los pezones….yo me estaba enfadando con mi madre, la poya se me estaba poniendo durísima, pero ¿cómompodía hacerle eso mi madre a mi padre, que le dio todo? ¡Qué equivocado estaba!

Y a los dos segundos, vi que el cámara salió de detrás, ya desnudo y se tumbó entre las dos mujeres….era Joaquín, mi padre! Pasé la filmación un poco rápida, vi como se tiraba a una, mientras lamía a la otra, luego a mi madre mientras la otra le chupaba las tetas y al final se corría en una mamada conjunta de mi marre y la otra tía. Poco después, otra fecha, hace un mes, y más o menos lo mismo, mi madre con tres mujeres, todas unos monumentos, lamiéndose, metiéndose dedos en sus agujeros y en un momento sale mi padre y las perfora a todas, recreándose más en follarse a mi madre mientras las otras la lamen y mienten dedos en los orificios que mi padre no utiliza, y mamada de todas a mi padre tragando su lefa.

No pude soportarlo más y me saqué la chorra del pantalón, que ya me hacía daño encerrada en el bóxer.

Decidí poner el DVD titulado “DOCUMENTAL: la psicología del soltero”. En ellos aparecía mi madre hablando sucio mirando a la cámara masturbándose de varias formas, poniendo varias posturas, unas veces con las manos, otras veces con vibradores, pequeños, medianos, grandes, enormes, chupándolos, metiéndose uno, dos, por el coño, por el culo….con cada uno me hice una paja a cada cuál más fabulosa.

No hacía falta decir que los títulos de los documentales hacían referencia al tipo de sexo que habría….así que, suponiendo que lo siguiente que iba a encontrarme sería algo más que llamativo decidí poner el titulado “DOCUMENTAL: cómo educar a tu mascota”.

Efectivamente, ahí estaba mi madre en lencería y con sandalias transparentes de tacón alto tumbada en el suelo cerca de Palo, uno de los dos labradores que tenemos. Le acariciaba la espalda y la barriga. Al rato se acercó Kuko, el otro labrador, se puso cerca de la entrepierna de Lucía y comenzó a lamer. Ella se dejó hacer mientras frotó la entrepierna de Palo y, como con una especie de paja, hizo que el pene de Palo apareciera, fino y sonrosado.

Una vez lo desterró, acercó su boca y comenzó a hacerle una felación tremenda a nuestro can, mientras Kuko bebía del coño de mi madre. Ella paraba de vez en cuando para coger airé, para poder seguir lamiendo a Palo y para poder gemir por el placer cunilingüístico que le daba Kuko. Pocos minutos después se retorció en un orgasmo mientras chupaba a Palo con más ganas que nunca.

Una vez se recobró se acercó a cuatro patas a la zona donde estaba la cámara, mi padre se bajó la bragueta y le ofreció su poya a mi madre y al tiempo Kuko se montó sobre mi madre y empezó a embestirla en lo que era claramente una follada perruna. Mi madre gemía más que antes, casi no atinaba a mamársela a mi padre. Pocos segundos después Kuko terminó y se bajó de mi madre, tiempo que ella aprovechó para mirar a mi padre y decirle “te voy a dejar seco, quiero tu lefa ya!”….yo en ese momento me volví a correr, esos vídeos eran el colmo de la obscenidad y, lo que tenía claro es que mi madre lo disfrutaba.

Vi como madre siguió comiéndose la polla de mi padre y, en ese momento se la montó Palo, con mismo efecto, mi madre se desconcentró de sus tareas, gimiendo y disfrutando con cada embestida de Palo, pero esta vez ella agarró una de las patas a Palo y cuando éste terminó de taladrarla quedó trabado en ella. Mi madre siguió lamiendo y lamiendo hasta que obtuvo la recompensa, se bebió la leche lechosa y cremosa de mi padre con un gusto exquisito.

En el momento que Joaquín se vio limpio, se levantó con la cámara y se puso detrás de mi madre, enfocando la escena desde cerca. Palo estaba aún dentro de mi madre y Lucía se frotaba el coño, unos cuantos gemidos después se volvió a correr y al soltar a Palo por las convulsiones del orgasmo aprovechó para salir de ella, quedando a la vista el gran bulto que hacía que estuvieran trabados.

El último vídeo zoofílico y por qué no decirlo, de pura zoofilia, lo hicieron hace dos semanas…..joder, quién lo habría dicho. No puedo decir que mi madre era una santa, pero nunca me ha parecido una descarada y tampoco he oído a mi padre hablar vulgarmente ni obscenamente de ninguna mujer….

Me quedaba el vídeo “DOCUMENTAL: la juventud hoy en día”. Ya suponía lo que iba a ver, chicas jóvenes con mis padres, sin embargo….me volvieron a sorprender. En ella salía un chico de más o menos mi edad, es más, bastante parecido a mi, que comenzaba a magrear a mi madre, a lo que ella dijo:

– Ey, espera chico, tranquilo…

– Lo siento señora, pero está tan buena – tartamudeaba él, y no me extraña mi madre era un deseo de dioses.

– No me llames señora, llámame mamá, acuérdate de lo que hablamos antes -¿cómo he oídooooo? ¿Estaban teniendo un juego sexual incenstuoso?

– perdón señ…ehhhh…mamá….qué tetas tienes mamá.

– sí hijo, chúpalas como cuando te di leche de pequeño…haz me gozar de nuevo.

Y así siguieron con su juego. Le lamió el coño, ella le chupó la poya, se corrió enseguida, Lucía le dijo que tranquilo que podían seguir jugando aún así, ella se puso boca arriba y primero la folló el coño y luego el culo para luego correrse en la boca de mi madre y luego apareció papá diciendo:

– Muy bien hijo, pero mira cómo lo hace papá.

Ella se volvió a abrir para mi padre y mientras se frotaba el coño mi padre se la folló de nuevo, por los mismos agujeros, pero mi madre disfrutaba más con la poya de Joaquín que con la de mi imitador.

Volví a hacerme otro pajote….menuda tarde de pajas.

Después de ese vídeo, otro y otro, con jóvenes parecidos a mí, repitiendo el mismo juego de roles.

Me preguntaba a mi mismo, ¿a mi madre le gustaría que la follase yo? ¿Y a mi padre no le disgustaría? En ese momento tenía ganas de que mi madre entrara en la habitación, me viera con la poya en la mano y al mirar el ordenador comprendiera que estaba así por ella, por esa actitud lasciva y obscena que me había escondido y de la cuál ahora estaba disfrutando, al menos, como un voyeur.

¿Pero cómo podía disfrutar yo de ese cuerpo, que parecía me estaba llamando a gritos en silencio? ¿Me acercaba por detrás, le agarro las tetazas y la susurro “he visto tus vídeos y te quiero follar”?

No sabía cómo hacer. Hasta que se me ocurrió otra idea. En casa tenemos un solárium, con máquinas de rayos uva en una zona de la piscina cubierta. Allí mi madre, en otoño, toma baños de rayos uva y después se hace unos largos en la piscina cubierta por la tarde/noche.

Esperé a la hora en la que suele ir a tomar los rayos uva, y aparecí por ahí, como si no lo tuviera planeado.

– Hola mamá.

– Ah, hola hijo, ¿qué tal? ¿Vas a tomar el sol?

– Bueno, si llamas a esto tomar el sol…

– Jajaja!!, bueno, ya me entiendes – rió mientras se quitó la bata. Tenía uno de esos bikinis que llevaba en uno de sus vídeos. No pude evitar al verlo recordar todas esas escenas llenas de lujuria y una erección se apoderó ipso facto de mi miembro.

– sí voy a darme unos rayos UVA contigo, si no te importa.

Mi erección era evidente, mi madre dirigió su vista a mi entre pierna y dijo:

– no sé si no te vendría mejor el chapuzón refrescante primero, jajajaja.

– jajaja – me reí procurando no perder la naturalidad – ya sabes mamá, soy un chaval y tengo las hormonas a tope y como tú eres un pastelito.

– Ah sí? Crees que soy un pastelito? – sus ojos la brillaron y me pareció ver que se mordía discretamente el labio inferior.

– Claro mamá. Pero no creo que hace falta que te lo diga, tú sabes que eres muy guapa y muy…..

– ¿Muy qué?- preguntó acercándose más a mi.

– Muuuuy muy atractiva.

– Ajá….gracias hijo. – hizo una leve pausa, me volvió a mirar de abajo a arriba, tomó el bote de la loción solar, se sujetó el pelo con la mano para que no le cayera por la espalada y acercándome el bote con una sonrisa, yo diría que de diablesa, me dijo – anda, por favor ponme la crema, pero suave que tengo la piel delicada.

En ese momento me dio la espalda, se quitó el sujetador del bikini y ahí estaba yo, con mi madre, la mujer que había visto protagonizar escenas de lo más tórridas que había visto en mi vida, con la que minutos antes me la había cascado casi hasta que no me quedó ni una gota de lefa, enfrente mío, casi desnuda y con posibilidades de sobarla, al menos haciéndome el descuidado.

Me puse crema en las manos, y comencé a masajearla suavemente los hombros. Qué piel más suave tiene mi madre….impresionante.

Seguí por la zona más cercana al cuello, ella gimió suavemente….no sé si podría aguantar mucho más. Bajé por el centro de la espalda.

– Lo estás haciendo muy bien hijo, me está encantando, sigue así. – me susurró con una voz de lo más sugerente que había oído nunca a mi madre. Me estaba poniendo burrísimo. Ya no podía más, acerqué mis manos a los costados directo pero sin querer llegar, aún, a rozar sus tetones. Eso no hizo más que agravar sus gemidos. – ohhh sí hijo, muuuuy bien, sigue, sigue.

No sabía si era una invitación o no, pero ya no pude evitarlo más y comencé a manosearle las tetas con mis manos grasientas por la crema. Acerqué mi lengua a su oreja izquierda y la dije :

– No aguanto más mamá, estás buenísima.

– ohhh hijo, no pares, no pares. Menuda polla grande tienes.

– Te quiero follar ahora y darte tu duro mamá, abre bien ponte para que te folle!

Mi madre se arqueó sobre una tumbona retirándose el tanga del coño, que por cierto tenía brillante de los jugos que parece ya había empezado a rezumar, y me invitó con un directo:

– fóllame hijo, fóllame ya.

Me bajé el bañador, me puse crema solar en la poya y sé la metí de una estacada a mi madre. Soltó un alarido de placer y agarrándose uno de sus bamboleantes pechos, me volvió a pedir.

-vamos, sigue, ohhhh.

Mis embestidas no tardaron, sus gemidos se tornaron continuos y elevados, se veía que le gusta follar sí o sí. No paraba de embestirla hasta que se me ocurrió decirla.

– te quiero follar el culo, lo tienes precioso mamá.

– fóllamelo, es para ti.

– Sí? uf, ven para aquí, mamona, que te voy a montar como una verdadera perra, estás chorreando, zorra

Saqué mi polla de ese cálido agujero para taladrarla el culo. En varios sitios veo y leo que tiene que ser despacio por primera vez, pero no a mi madre. Mi polla entró como un guante y se deslizaba de maravilla.

Yo creo, según las quejidos de placer de mi madre, que le gustaba más que la follara por el culo. De hecho mientras la estaba jodiendo agarrándola por sus suaves y torneadas caderas, diría que tuvo un orgasmo. Poco después de lo que yo supuse que era un clímax, paré y la dije que se tumbara boca arriba en la tumbona, se abrió de piernas para mi y volví a insertársela en el culo, sacándola otro gemido de placer.

Mientras estaba en la tarea, Palo, vino hacia nosotros y se acercó a la cabeza de mi madre. En ese momento de éxtasis lujurioso, sin pensarlo, le dije a Lucía:

– Chúpasela a Palo, te veo muy perra, mira que polla roja tiene, quiero verte mientras te enculo con una polla en la boca.

Ella me miró como diciendo: eres un depravado y un pervertido, menudo nabo tiene Palo, ¿era zoofilia? Sí, pero le gustaban las dos pollas, me dijo: “tiene el nabo tan grande como el tuyo!”. No hizo falta decírmelo, sus ojos transmitían brillantes ese mensaje.

A lo que, como pudo debido a mis embestidas, se acercó a la entrepierna de palo, qué cara de guarra tenía, me pongo malo de recordarlo. La frotó y su polla alargada y sonrosada, se la llevó a la boca para degustar mientras me la follaba. De vez en cuando la soltaba para gemir a gusto hasta que se volvió a correr, esta vez de forma clara.

La saqué toda mojada y colgante mi polla del culo de mi madre y me dirigí a su boca. Solo de ver como se la chupaba a nuestro perro tenía más ganas de joderla. Y haciendo que saboreara ambos falos. Los engullía con una ferocidad tremenda, hasta que la dije que me iba a correr, momento en que se olvidó de Palo, para concentrarse en beber toda mi leche. Mientras ella me chupaba, Palo se acercó a su entrepierna a lamer todos nuestros flujos, acto que la arrancó otro orgasmo mientras ahora yo descargaba en la cara de mi madre, menuda perra se puso, quería echar toda mi corrida, parecía que meaba de gusto, verla así, con su boca y sus tetas. Ella no paraba de temblar y frotarme como podía mi polla mientras yo escupía mi leche en ella.
– Ya?!…- me dijo un poco expectante de más
– Sí, ya… quieres más?

No se lo pregunté dos veces, la cogí tal como estaba la puse a cuatro patas

-Esta vez te va a follar Palo

-¿Sí, me niño malo? Eso quieres, ver a tu mamá bien follada por el perrito? – me dijo con cara de decir, a qué esperas pónmelo detrás y que me embarbete y ensarte como tú no lo has hecho.

Menuda perra, no esperé más, cogí a Palo lo puse detrás de mi madre, “ponte a cuatro patas zorra vas a saber lo que es que te follen!”, la ordené y mandé me había casi menospreciado y Palo estaba bien preparado para follarla y bien dotado, la punta se le puso gordísima. Dicen que cuando un perro la mete, luego sufre un engrosamiento y engordamiento del pene que hace que la perra, en este caso mi madre, note el hinchazon dentro de su vagina, y eso, provoca un placer que no está en los escritos. Bueno, pues algo así parece que debió pasar.
Palo se puso detrás, ella a cuatr patas, yo le veía el coño aún reluciente de mi corrida, una raja toda toda carnosa e hinchabda, Palo con las patas se la aderezó y acomodó, yo le ayudé, y él fue buscando el agujero tan preciado para follar a su dueña. Lo encontró y noté como el perro tiró para adelante para darse gusto, para follarse a su perra.

-Ahhhh animal!.- fue lo que entendí a la perfección de mi mama. Notó en ese momento la primera embestida de Palo.

Palo debió notar el grito, a pesar de ser un animal supongo que debe saber cuando la hembra goza, y no dudó en seguir con el movimiento adelante y atras con su culo peludo sobre mi madre de piel fina. La escena era para verla, un perro follado con una tia impresionante, te tetas colgantes y encima deseosa más de esa polla perruna que de la mía.
Le dejé hacer ya que estaba ensartado de lleno con ella, me puse al lado, y a pesar de haberme corrido ya antes, mi polla empezó a reaccionar de nuevo ante aquella zoofílica imagen.
Era impresionante mi madre a la que consideraba no virginal, pero no así, estaba gozando como una perra auténtica, estaba hasta babeando a cuatro patas, el perro detrás, sin ni consciencia casi, pero supongo con todo un gusto en su nabo. Supongo que creería que es una perra, veía como sus huevos golpeaban a mi madre, ella gemía y yo me pajeaba. No puedo seguir porque me excito de nuevo. Seguiré si os ha gustado inmiscuyéndome en este erotismo oculto y muy fuerte de esas mamás desaprovechadas que quieren lo que no han tenido nunca y mi imaginación y mi realidad, ambas, se lo pueden conceder.

Después de toda la escena del perro, que me salto algunos detalles por saltar, ella me dijo:

– Gracias hijo, eres maravilloso, por todo lo que me has hecho revivir, me devuelves a la mujer que había desaparecido.

Y por lo tanto, de esta manera vi a mi madre pervertida pero qué perversión más buena para mí. Así que no tengo nada que criticar, porque mi madre ahora es mi perra favorita. La mejor, la número una una madre mejor que los relatos de suegras calientes, madre solo hay una! y padres los que quieras.

Madre caliente morena se folla al amigo del hijo a 4 patas y en todas las posturas

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Una MILF embarazada con lactancia

Embarazadas, Relatos sexo, Tetonas 15/07/2017

Esta vez mi jefa la caliente bragas, me pide que disfrute de una mamá lactante, rubia, o menos rubia según el tinte y el día, de tetas colgantes grandes, y que la chupe, la mame, que es lo que desea, después de largos 9 meses de embarazo. Quiere desfogarse con un jovenzuelo calentorro como yo. Aquí les dejo una foto de mi fantasía.

milf embarazada

La llamada de Johana, el inicio de mi lactancia.

Me había tomado una semana de relax cuando recibí la llamada de Johana. Ella es la mujer que me consigue mis clientas. Al contestarle, noté que algo le pasaba y por eso gracias a la confianza que teníamos, le pregunté qué ocurría:

-No te lo puedo contar ahora. ¿Te importa que me pase por tu casa a las siete?-

Después de colgar, me quedé con la mosca detrás de la oreja, de ahí estos relatos de sexo que no puedo parar de escribir, y al no ser algo habitual en esa pecosa el estar tan tensa. Dotada con un optimismo natural, esa mujer era además una perfeccionista insoportable, no se quedaba contenta hasta que me obligaba a cumplir a rajatabla sus órdenes más estrictas. Además se había instalado una especie de juego, donde ella alternaba conmigo los roles de ratón y gato. A veces era yo quien la provocaba y ella huía pero en cambio en otras ella se comportaba como una depredadora y entonces era yo el que salía por patas. Ambos sabíamos que lo nuestro era una relación profesional pero debido a la innegable química entre nosotros, siempre bordeábamos peligrosamente el enrollarnos. Nunca habíamos pasado de un furtivo beso o de un roce casual.

Y sabiendo que no servía de nada seguir elucubrando acerca de su desazón, salí a tomarme un café al Starbucks de la esquina con la esperanza que estuviera la gerente. Llevaba dos semanas intentando que esa mujer me hiciera caso pero lo único que había conseguido era saber su nombre. Alice había rechazado educadamente todos mis intentos y eso la hacía todavía más atrayente. Al entrar en el local, la vi tras la máquina registradora. Estaba preciosa, como siempre. Su color trigueño y su aspecto desaliñado, la conferían un atractivo juvenil innegable.

“¡Que belleza!” pensé mientras me sentaba en la mesa.

Su sonrisa era cautivadora. Nadie era inmune a esa mujer. Dando por sentado que no me iba a hacer ni caso, después de tomarme el café, me levanté a pagar. Al hacerlo, me sonrió diciendo:

-¿No se te olvida nada?-

Pensando que me había dejado algo en mi sitio, miré el lugar donde me había sentado y al comprobar que no me había olvidado nada, me la quedé mirando con cara de extrañeza. La morena soltó una carcajada al ver mi expresión y escribiendo su teléfono en un papel, me lo pasó mientras decía:

-¡Qué pronto os cansáis los hombres de insistir! Hoy había pensado en dártelo. Solo espero que me llames- tras lo cual, pasando al siguiente cliente, le preguntó qué era lo que había tomado.

La llamada a una tetona bien caliente

Actuando como un verdadero lelo, no supe qué contestar y guardándome su número en mi cartera, le prometí que la llamaría mientras salía por la puerta. Ya en la calle no me creía la suerte de esa tarde y silbando de alegría, entré en el portal de mi casa. Saboreando de antemano el poder estar con ese portento de mujer, abrí la puerta de mi apartamento para llevarme la sorpresa que Johana estaba en mitad del salón mirando mis cuadros. Sabía que tenía llaves pero aun así me extraño verla allí.

-Son estupendos- dijo con cara de satisfacción – ¿Saben tus clientas que las estás retratando?-

-Sí, como verás no hay caras. Es más Ann quiere que le venda el suyo-

-No me extraña, está estupenda-

-Si quieres te hago uno- respondí sabiendo que se negaría porque todos eran desnudos.

Contra toda lógica, mi jefa dudo unos instantes antes de negarse, tras lo cual, entrando directamente al trapo, me explicó que era eso tan urgente que le traía:

-Alonso, necesito que me hagas un favor. Tengo una amiga que está pasándolas putas. Acaba de tener un hijo y su novio la ha dejado en la estacada sin un jodido dólar con el que alimentar a su bebé-

-¿Y qué quieres que haga? ¿No esperarás que me haga cargo del retoño?-

-No soy tan jeta- respondió. –El problema es que mi amiga necesita dinero y es demasiado orgullosa para aceptarlo, por eso, he pensado en ti-

-La quieres meter a puta- sentencié creyendo que esa era su intención.

Johana, muerta de risa, lo negó. Estaba tan descojonada que tuve que esperar unos minutos a que parara de reírse para enterarme en qué había pensado:

-Le he dicho que conozco a un artista que le pagaría mil dólares por posar- dijo y tomando aire, aclaró: -El dinero lo pongo yo-

Más tranquilo, por no tener que desembolsar ese disparate, le dije que no tenía problema en hacerle ese favor pero entonces vi que se le cambio el semblante y que el rubor se había afianzado en su rostro:

-Hay algo más, ¿Verdad?-

-Sí, Betty está muy deprimida desde el parto. Cree que a raíz del embarazo esta horrenda y por eso necesito de tu ayuda, quiero que la hagas sentir mujer-

-¿Me estás pidiendo que me tire a tu amiga?-

-¡No seas bruto! ¡Claro que no! Lo que quiero es que la piropees y le hagas ver lo que es en realidad-

Tomándome a guasa su pedido, sobretodo porque tampoco me importaba acostarme con ella con tal de hacerla un favor, le pregunté si era horrenda:

-¡Que va!, es lo que llamamos en Estados Unidos una MILF-

-Perdona pero no entiendo ese término-

Encantada de haberme pillado en un renuncio, la pecosa me explicó:

-MILF es un acrónimo de Mother I´d Like to fuck-

milf embarazada

-Ahh- respondí al traducir y entender que se refería a “Madre a la que me follaría” . Ya más tranquilo, le solté: -De acuerdo, pero todo tiene un precio-

-¿Qué quieres?- preguntó sabiendo que tenía trampa.

-Un beso tuyo-

-¡Serás cabrón! Sabes que no quiero tener nada contigo, eres demasiado peligroso-

-Pues búscate a otro- contesté soltando una carcajada mientras la cogía de la cintura y llevaba su boca hasta la mía.

Una MILF calientapollas como “casi” todas

Comprendí que su rechazo era un puro paripé al sentir que abría sus labios y me respondía con pasión, pegando su cuerpo. Casi sin creerme la oportunidad brindada, abracé a la mujer y pasando mi mano por su delicada anatomía, disfruté de su beso durante unos minutos hasta que, producto de mi calentura, mi sexo se irguió contra su entrepierna. Asustada por nuestra reacción mutua, Johana se separó y cogiendo su bolso del sillón donde lo había dejado, se despidió de mí diciendo:

-Hoy no golfees, le he dicho a Betty que la esperas a las nueve de la mañana-

Como no podía ser de otra forma, no la hice ni puñetero caso y nada más irse, llamé a un amigo y me fui de farra con él, llegando a las seis bastante perjudicado. Esa noche me bebí Escocia y por eso al llegar la hora en la que había quedado, Betty me sacó de la cama. Arrastrando los pies por el pasillo y con un tremendo dolor de cabeza, abrí la puerta para descubrir que la amiga de Johana venía acompañada de su bebé. Agradecí a Dios que el crío estuviera plácidamente dormido en su carrito por que dudaba que mis sienes soportaran su llanto en tal estado.

Pidiéndole que pasara, me fui a la cocina a prepararme un café. Necesitaba cafeína recorriendo mis venas antes de enfrentarme a esa mujer. Betty, totalmente cortada, me siguió arrastrando el carrito y viendo que era incapaz de hablar se sentó en la mesa de la cocina. Tratando de ser educado, le ofrecí una taza pero, colorada, me explicó que no podía tomar café porque le estaba dando el pecho al niño.

Fue entonces cuando me percaté de los enormes pechos que esa rubia lucía bajo el vestido pre-mama. No hizo falta terminarme la bebida para que el calor entrara en mi cuerpo, Johana tenía razón: cualquier habitante de Nueva York se follaría a esa mamá. Tratando que no se notara mi excitación, le pregunté si había visto el tipo de pintura que realizaba. La mujer me confesó que lo único que sabía era lo que Johana le había dicho. Intrigado por la opinión que mi jefa tenía de mi obra, le pedí que me dijera que le había comentado. Betty, mirando al suelo, me confesó:

-Según Johana, es preciosa pero un poco bastante subida de tono-

Sus palabras me hicieron gracia y sin poder contener la risa, solté una carcajada:

-Exagera- dije al ver su cara de miedo y cogiéndole la mano, la llevé al salón donde tenía mi estudio.

Con gran cuidado de no reconocerle que las modelos eran mis clientas, le fui mostrando los cuadros que tenía terminados. Mi detallada exposición y mi compromiso de no mostrar su rostro, terminaron de tranquilizarla, es más, en su cara adiviné que lejos de importarle ser retratada, algo en ella le impelía a verse plasmada en un lienzo. Betty se mantuvo en silencio los diez minutos que tardé en explicarle que intentaba en cada cuadro mostrar la personalidad de la modelo y señalando el de Angela, le conté que era el retrato de una mujer de cuarenta años, encantada con su edad y su vida.

-Se nota- me contestó haciendo un puchero.

No me costó adivinar que ese gesto se debía a la depresión que según su amiga sufría y no queriendo ahondar en su sufrimiento, le pregunté si estaba segura de posar para mí. La rubia levantando la mirada, sonrió amargamente mientras me decía:

-Necesito el dinero-

Cambiando de tema, le pedí que me enseñara a su hijo. Tal y como había previsto, a Betty se le iluminó su cara al mostrarme a su posesión más valiosa. Aunque el niño, tengo que reconocer, era feo como un mandril, no fue óbice para que le dijera que me parecía guapísimo y como a toda buena madre, al escuchar el piropo de mis labios, se le cambió hasta el ánimo y con genuina alegría, me dio las gracias.

Después de hacer una cuantas carantoñas y arrumacos a ese engrendo del infierno, me pudieron las ganas de verla desnuda y poniendo voz profesional, le pregunté si empezábamos. Al contestarme que sí, le pedí que fuera a mi habitación a cambiarse. Por un momento temí que saliera corriendo, pero afortunadamente la necesidad pudo más que la vergüenza y cogiendo su bolsa, se metió a desvestirse. Mientras se desnudaba, me entretuve preparando el lienzo y los distintos utensilios que iba a necesitar. Acababa de terminar de ubicar el caballete ante la ventana para recibir la luz de la mañana cuando la escuché salir del cuarto.

Al girarme, vi que venía envuelta en una sábana. Tratando de entrar en confianza, le pedí que se sentara y me contara donde había nacido. Extrañada me obedeció mientras me preguntaba para qué lo quería saber.

-Cómo te dije, necesito conocerte para plasmar tu personalidad en el cuadro-

Conocer a un pervertido de mamás calientes.

Parcialmente aliviada, se puso a narrar mecánicamente su infancia. Sin dar ninguna entonación a su voz, me contó que había nacido en un suburbio a veinte kilómetros de donde estábamos y que nunca había salido del estado.

-Soy una paleta- dijo con un deje de angustia.

Buscando contentarla, le repliqué que su ciudad era la capital del mundo y que por lo tanto debería estar contenta.

-Si lo estoy pero me hubiese gustado viajar-

-Todavía estas a tiempo, eres una mujer joven y guapa-

-Gracias por la mentira- respondió con tristeza- pero desde el embarazo, soy una foca fea, sola y sin pareja-

-Respecto que estás sola y sin pareja, no puedo llevarte la contraria porque no lo sé, pero sobre que eres una foca fea eso no es cierto-

-Eso lo dices porque no me has visto, estoy llena de lonchas-.

-De acuerdo, vamos a comprobarlo- le dije mientras la levantaba del sillón – desnúdate, a eso has venido-

Aunque doté a mi tono de todo el sosiego posible, Betty se abochornó al oírme y sabiendo que tenía razón, totalmente colorada, dejó caer la sábana al suelo. No queriendo avergonzarla en exceso, la miré profesionalmente aunque en el interior estuviera disfrutando de la visión de esos pechos llenos de leche y de ese culo perfectamente perfilado mientras daba una vuelta a su alrededor. Con la respiración entrecortada, producto de la excitación, le di mi opinión diciendo:

-Si me vuelves a decir que eres fea y gorda, pensaré que estás loca. No solo eres preciosa sino que tienes un cuerpo que envidiaría el noventa y nueve por ciento de las mujeres-

-¡Deja de mentirme!- exclamó casi sollozando y cogiendo entre sus dedos un minúsculo michelín, me lo enseñó hecha una furia – Ves, ¿crees que esto es normal?-

-Tú eres idiota. Por supuesto que no es normal, ¡estás buenísima!- le respondí bastante mosqueado y sin pensar dos veces lo que decía, le grité: -Es más, si lo le llego a prometer a Johana que no intentaría acostarme contigo, en este momento estaría buscando el método de llevarte a la cama- y señalando mi entrepierna, recalqué mis palabras diciendo: -¿No creerás que recibo normalmente a todas mis visitas con la polla tiesa?-

Mi ordinariez la dejó pasmada y sin saber cómo actuar, avergonzada, se tapó los senos con sus manos. Sabiendo que debía dejarla sola, aproveché para ir a rellenar de café mi taza. Alargué durante unos minutos mi estancia en la cocina para aligerar la tensión de la situación, de manera que al volver con ella a la habitación, la encontré desnuda cómodamente sentada en el sillón. Al verla, comprendí que algo había cambiado en su interior, aunque en ese momento no tenía constancia de cómo esa mujer había asimilado mis palabras.

-Perdona, no sé qué me pasa ahora- casi susurrando confesó –desde que el padre de mi hijo me dejó, no levanto el vuelo-

Sin darle importancia, le pregunté si estaba preparada para posar. La mujer me pidió como quería que lo hiciera, lo cual me resultó un problema porque no me atrevía a tocarla después de lo que le había soltado y por eso, verbalmente le fui indicando diversas posturas para valorar cual era la indicada. Lo que no había previsto era que al forzarle a adoptarlas, esa mujer se moviera sensualmente como si quisiera provocarme. Lo cierto es que me relamía los labios cada vez que cambiaba de posición. Era impresionante, esos no eran dos pechos, eran dos obras del demonio realizadas para hacer caer en la tentación a los humanos. Siendo enormes, se mantenían firmes contrariando las leyes de Newton y demás físicos.

Y qué decir del resto, esa mujer estaba para mojar pan. Si empezábamos por sus piernas, estaban hechas para ser acaricias y si por el contrario nos ateníamos únicamente a su trasero con forma de corazón, este llamaba a morderlo. Pero lo que sobresalía por encima de todo era su sexo, depilado casi por completo, la brevísima franja de pelos indicaba el camino que debería recorrer cualquier varón que se precie para llegar al paraíso. El mejor resumen es confesaros que en ese instante mi pene se revelaba cabreado bajo mi bragueta. Mi erección no le pasó inadvertida y lejos de incomodarla, la estaba provocando.

Mi erección fue notoria y no pasó inadvertida

Betty, parecía una pornostar, una pornoxxx por completo, cada vez más metida en su papel, seguía mis órdenes sin rechistar con su mirada fija en mí. Adiviné por el brillo de sus ojos que esa mujer también se estaba viendo afectada por mi escrutinio. Lo que me confirmó su excitación fue ver a sus pezones encogidos y duros, así como, la humedad que lucían los labios de su vulva.

“Tranquilo muchachote”, pensé mientras cogía los pinceles y empezaba a bocetar su figura, “cómo no dejes de verla como mujer, vas a caer entre sus piernas”.

Haciendo a un lado el morbo que me producía esa mamá, me enfrasqué en mi obra, destacando su cuerpo al ponerle un fondo oscuro. Los minutos fueron pasando y el tedio de permanecer inmóvil sobre el sofá, pudo más que el morbo que estaba experimentando y sin percatarse de lo que ocurría, se quedó dormida. Sé que no era lo acordado, pero, al verla echando una cabezada, saqué mi cámara de fotos y sin hacer ruido, tomé fotos de su cuerpo desde todos los ángulos porque quería tener un testimonio gráfico con el que cascarme unas pajas en su honor.

Cuando ya tenía un completo reportaje en la memoria de la máquina, volví tras el caballete y seguí pintando de manera que al cabo de una hora ya tenía bastante perfilado el cuadro. Iba a empezar los detalles cuando el puto crío empezó a berrear, despertando a la muchacha. Betty, salió de su ensueño de golpe y disculpándose se levantó a cogerlo mientras me decía:

-Tiene hambre-

El enano al sentir la cercanía del pecho de su madre se lanzó a mamar como si estuviera famélico. Ese hecho repetido diariamente varias veces era nuevo para mí y sin poderlo evitar, me quedé mirando absorto. La rubia, que en un principio no se había dado cuenta de mi mirada, al percatarse que no le quitaba ojo, se empezó a mover incomoda en el sillón. Involuntariamente me fui acercando a donde ese querubín se estaba alimentando y poniéndome de rodillas frente a ella, dije maravillado:

-¡Qué hermoso!-

Mi halago tuvo un efecto no previsto, Betty soltando un suspiro me pidió que me acercara más y la acariciara. No pude negarme y un poco confuso inicialmente pasé mi mano por sus piernas mientras seguía embobado. La muchacha se removió inquieta y sin ningún reparo, empezó a gemir al experimentar mis caricias sobre su piel. La mezcla de sensaciones, el sentir a la mano de su bebé apretando su pecho, su boca mamando, mi mano tocándola pero sobretodo mis ojos fijos en su seno libre, la fueron llevando a un estado de euforia difícil de describir.

Es difícil plasmar en palabras lo que sentí al ver que del pezón desocupado iban emergiendo un poco de leche, lo cierto es que ni pude ni quise evitar que mi mano se acercara a esa fuente y con dos dedos recoger ese néctar. Si Betty ya estaba excitada, se desbordó al ver que los metía en la boca y soltando un quejido, me pidió que le ayudara.

Supe a qué se refería, y acercando mi boca, con la lengua fui recogiendo las gotas que iban manando de ese maravilloso pecho. Costándole respirar, no dejó de gemir al sentir como jugaba con su pezón pero cuando abriendo mis labios, me puse a competir con el chaval, no pudo más y se corrió sobre el sofá. Para el aquel entonces yo estaba disfrutando del sabor de la leche de esa mujer y queriendo que no se negara a seguir dándome de mamar, llevé mi mano a su entrepierna y cogiendo su clítoris entre mis dedos, la empecé a masturbar.

-¡No puede ser!- sollozó al ver prolongado su orgasmo y sin poder controlar su impulso, colaboró conmigo moviendo sus caderas.

Sus tetas: fuente de leche materna.

Curiosamente, no solo fue su vulva la que fluyó, sino que su pecho se convirtió en una fuente de la que bebí como poseso. Apenas me daba tiempo a tragar, cuanto más mamaba mayor era la cantidad que segregaba su pezón y completamente entregado a ese dulce sabor, seguí bebiendo sin dejar de tontear con el botón del placer de su entrepierna.

-¡Espera un momento!- la oí decir mientras se levantaba y llevaba al bebé a su carrito.

Creyendo que me había pasado y que se había terminado el banquete que me estaba dando, me quedé mirándola. Afortunadamente esa mujer no era lo que quería porque al volver, me pidió que me sentara en el sillón. Nada más hacerlo, vi cómo me bajaba los pantalones y liberaba mi miembro, tras lo cual sin mediar palabra, se empaló y cogiendo sus pechos me los ofreció diciendo:

-Termina lo que has empezado-

Ni que decir tiene que asumiendo mi papel, llevé esas ubres a mi boca y sin parar, me puse a disfrutar del manjar que me brindaba. Pocas cosas se pueden comparar a estarse tirando a una mujer mientras te recreas con la leche que destilaban sus pechos. La verdad es que ella debió pensar lo mismo porque nada más sentir mis manos ordeñando sus senos y mis labios recorriendo sus aureolas, buscó su placer con un frenesí alocado. Retorciéndose sobre mis piernas, imprimió a su trasero un ritmo constante mientras no dejaba de chillar que siguiese mamando.

MADRE LACTANTE SACA LECHE MIENTRAS LA FOLLAN

Y poseída por la calentura que estaba experimentando, Betty forzó mi lactancia apretando mi cabeza contra sus pechos. Esa mujer era un fiera follando, los músculos de su vagina se contraían con cada sacudida, ordeñando mi miembro del mismo modo que yo lo hacía con sus pechos. Sus gemidos y sollozos se fueron convirtiendo en aullidos al ir acumulando, golpe a golpe de mi sexo contra el suyo, un exceso de excitación, de manera que, tras unos minutos de mete y saca, explotando sobre mis piernas se corrió sonoramente.

La sensación pringosa en mis muslos y la tibieza de su leche en mi cara, fueron los elementos necesarios para darme la puntilla y sin poder retrasar más mi propio orgasmo, rellené con mi semen su interior mientras mi cuerpo convulsionaba por el placer. Esa mujer, mi supuesta modelo, al sentir las descargas en su vagina, gritó con todas sus fuerzas que no parara y prolongando su propio clímax, se desplomó agotada contra mi cuerpo.

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Betty, una mamá lactante bien caliente

Permanecimos abrazados mientras nos recuperábamos del esfuerzo. Betty fue la primera en reponerse y separándose de mí, me obsequió con una dulce sonrisa mientras me decía:

-¿No te da vergüenza haber faltado a tu palabra? Si quieres que no le vaya con el cuento a Johana, me vas a tener que hacer el amor todo el día-

Era un amistoso chantaje pero al fin de cuentas chantaje, por lo que poniendo cara seria, le contesté diciendo:

-De acuerdo, pero en compensación quiero seguir ordeñándote-

La rubia soltó una carcajada y muerta de risa, me dijo:

-Voy a hacer algo mejor, te voy a dejar una botella entera- y cogiendo la pañalera, sacó un instrumento que no me costó reconocer al ser “¡Un saca-leches!”.

Con todo el desparpajo del mundo, feliz y contenta se puso a sacar el jugo de sus senos, sentada a horcajadas sobre mí. Nunca había visto uno en acción e interesado en conocer cómo funcionaba, me quedé mirando a la mujer con gran atención. Poniéndolo en acción, el aparato fue succionando el pecho y rellenando un biberón que llevaba acoplado. No me podía creer lo que estaba observando, esa mujer era una autentica vaca lechera, no solo había saciado a su hijo sino que había colmado mi sed y aún le quedaba suficiente para llenar una botella en poco más de un minuto y ¡solo usando un pecho!.

-Con tal cantidad, tu hijo va a engordar- dije a la mujer en son de guasa.

-Sí- me respondió confiriendo a sus palabras un tono pícaro que no me pasó inadvertido –hasta hoy tenía que tirarla, pero me gusta más que tú seas el que se aproveche-.

No sé explicar por qué pero, al oírla, mi miembro rebotó e irguiéndose a su máxima longitud, presionó contra su vulva. Sonrió al comprobar mi excitación y sin pedirme mi opinión, me dio a beber de la botella recién rellenada.

-Ahora quiero ser yo quien te exprima hasta la última gota- y cogiéndome de la mano, dijo soltando una carcajada: -Vamos a tu cama- mi saeta chupatetas.

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AMAR… NO AMAR

Confesiones, Erotismo y Amor, Follamigos, Relatos sexo 22/03/2017

Magdalena, más conocida por Magda por cuantos la tratan, era una mujer que, a sus treinta y dos años, estaba ya de vuelta de todo, era una zorrita caliente de media tarde,  pues había tenido que vivir a marchas forzadas. Puede decirse que, a pesar de seguir vivos tanto su padre como su madre, estaba huérfana de ambos desde sus seis años, pues sus progenitores por esa época de su vida se divorciaron y cada uno, como ahora se dice, rehízo su vida con la misma pareja con la que, de antiguo, se “los ponía” al otro cónyuge. Por lo tanto , y desde ese principio la niña estorbó tanto al padre como a la madre.

Magda, una niña endurecida desde la infancia

Consecuentemente, cuando todavía no había alcanzado los siete años, se vio recluida, interna, en un colegio de monjas. Y si desde el divorcio poco caso le habían hecho ambos progenitores, desde entonces éste brilló por su ausencia. Poco cariño materno-paterno recibió durante sus primeros seis años más o menos, pero a partir de casi agotarse ese sexto año de su vida el cariño de sus progenitores se convirtió en algo nulo.

Esta sensación de abandono, de práctica orfandad, se agudizaba los fines de semana, cuando veía cómo los padres de casi todas sus compañeras aparecían por el colegio para llevarse a sus hijas desde el viernes hasta el lunes por la mañana a sus propias casas; o cómo, las pocas que quedaban en esos días en el “cole”, pues sus hogares quedaban lo suficientemente alejados para permitir la marcha durante las tres noches del fin de semana, recibían la llamada telefónica de sus familiares más queridos, y no pocas veces la de la familia menos cercana; incluso, a veces, la visita de sus padres durante todo el fin de semana, que incluso sacaban a las niñas que pasaban así esos días en el hotel que los padres ocupaban hasta el domingo a última hora o el mismo lunes por la mañana.

Y qué decir de las vacaciones de Navidad y Semana Santa, todas, todas, sempiternamente en el internado. En las vacaciones de verano sí que solía pasar un tiempo con su madre y con su padre, aunque no de manera revuelta, pues durante el mes de Julio se la solía llevar una decena de días la madre y otra decena, a veces hasta una quincena, el padre, pues resultaba que la nueva esposa del padre toleraba mejor a la niña que el nuevo marido de la madre. El resto del verano lo pasaba en un campamento de verano que le proporcionaba el internado previo pago de sus padres; aunque, generalmente, era el padre quien afrontaba este pago extra.

De todo esto se derivó que Magda, a sus once-doce años fuera una niña dura y autosuficiente, con un acusado sentido de rebeldía y a sus diez y seis-diez y siete una jovencita adolescente no solamente dura, autosuficiente y rebelde, sino acentuadamente independiente, lo que hizo que deviniera en una veinteañera por entero independizada que, desde que abandonó el internado a los diez y ocho años, nunca más quisiera ver a su madre, asqueada más que temerosa de “ciertas” maneras que en los últimos dos años venía observando en su padrastro hacia ella y que su madre siempre se negó a admitir, acusando en cambio a la muchacha de lianta y mal metedora entre ella y su nuevo esposo; y a su padre, aunque sin romper por entero la relación pues su nueva esposa no acabó de caerle del todo mal, apenas si le trataba de todas formas.

Estudió la carrera de económicas y logró trabajo como técnico comercial, algo así como asistente-adjunto al Director de Ventas en la filial española de una empresa de automoción alemana. Seguidamente, alquiló un apartamento-estudio en una cómoda y tranquila urbanización del extrarradio madrileño, al norte del Gran Madrid de aquellos años finales del caduco siglo XX, con un saloncito bastante amplio gracias a haber absorbido la pequeña terraza que se abría a una calle ajardinada y un tanto ancha, casi una recoleta avenida. El salón por la noche se hacía dormitorio merced a la cama en que podía convertirse por la noche un sofá. El apartamento se completaba con un cuarto de baño completo y una cocina que no resultaba tan minúscula. A los cuatro o cinco años de trabajar en aquella filial alemana pudo por fin comprar ese apartamento-estudio. Una Magda en la treintena hecha a sí misma.

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Así, Magda llegó a la treintena de años convertida en una mujer que apabullaba al más atrevido representante masculino del género humano más que por su increíble belleza, por la fría seguridad y aplomo que mostraba. A ella nadie la elegía, sino que era ella quien elegía. Además, siempre lograba lo que se proponía, pues era fría y dura como el acero, inteligente a la hora de jugar sus cartas, voluntariosa y tesonera tras el objetivo que se propusiera, ya fuera éste comercial u hombre que la atrajera. Y muy, muy ardorosa en lo tocante al hombre, aunque sin poner nunca el corazón en ninguna de esas relaciones. Nada de sentimentalismos en su vida, nada de poner sentimiento alguno en nada, salvo el empeño por lograr lo que quería.

Amar, querer a alguien o a algo, incluso un simple perro de compañía, era un absurdo, una verdadera rémora que tanto le amargara la niñez, pues ella había querido profundamente a sus padres y ambos la habían hecho excesivo daño. Le amargaron sus años infantiles, tal vez cuando más cariño y apoyo necesitó, pero ellos entonces la abandonaron a su suerte, prescindieron de ella por completo pues no encajaba en sus nuevas vidas. Y se dijo que nunca más nadie le volvería a hacer daño, pues a nadie más volvería a querer nunca. La dureza más despiadada ante todo y ante todos y el más materialista pragmatismo frente a la vida fueron las dos piedras angulares sobre las que levantó el edificio de su existencia, un edificio que a veces se le hacía frío y deshumanizado, pero en el que se sentía segura y, por lo tanto, más bien cómoda. Y, si alguna vez casi añoraba algo más, un hombro amigo en el que aliviar la gigantesca soledad en que realmente vivía, lo solucionaba bien enfrascándose en la pragmática realidad del trabajo intensivo, bien sumiéndose en la música a todo volumen de cualquier discoteca para después encamarse con el “ligue” de turno.

Pocos novios para una infancia difícil de la zorrita caliente

Pero, a pesar de todo esto, también Magda había sostenido alguna que otra relación semi estable con algún, digamos, novio. Y decimos que semi, pues a la convivencia nunca llegó. Era demasiado celosa de su independencia para consentir en ello. Salir durante algún tiempo con un mismo tío, comer y cenar juntos e invitarle a su cama con bastante asiduidad, hasta permitir que él, de forma espontánea, apareciera por su apartamento de vez en cuando, podía ser, pero cuando la fiebre erótica había pasado, en la calle hace falta gente, nene, con que a tu casita y a soñar con los angelitos, o con las “angelitas”, siempre y cuando se parecieran a ella….

Tomás no había tenido suerte en la vida. Ya en el paritorio, recién nacido y sin siquiera haber abierto aún sus ojos al mundo al que acababa de llegar, su madre no quiso saber nada de él, se desprendió de él como quien se desprende de algo inútil y molesto, depositándolo en manos de una institución benéfica. Enseguida supo que estaba solo, que había sido abandonado a su suerte, pues tan pronto se repuso algo del tremendo trauma que para cualquier infante es eso de llegar a este mundo de dichas, sí, pero también de no pocas desventuras, dejó de escuchar esa voz que desde tanto tiempo, desde que su cortísima memoria podía recordar, venía escuchando y que tanto le había calmado en los muchos momentos de zozobra que a lo largo de su desarrollo embrionario había conocido. Tampoco escuchó más ese rítmico pulsar, esa especie de tic-tac que era el latido del corazón materno, que también ayudara a aplacarle en esos tensos momentos de su existencia de poquísimos meses.

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Así, recién nacido, Tomás fue a parar a algo que, por más que el nombre tratara de ocultar la triste realidad de su naturaleza con un rimbombante Hogar de no sé qué, no era más que un orfelinato u hospicio, descansando, y es un decir lo de descansar, en una fría cuna, no porque en verdad no resultara cálida en las frías noches de invierno, sino por la absoluta orfandad de cariño de madre; y no porque las cuidadoras no volcaran su cariño en los pequeños a su cargo, no, pues bien que lo ponían, sino porque Tomás resultó ser un bebé sumamente llorón. Cuando empezaba con la barraquera, que era un momento sí y al otro también, lo mismo de día como de noche, no había manera de callarle. De modo que las cuidadoras acabaron por dejarle a su aire y allí se pasaba el tiempo, en su cunita, berreando como un demonio y sempiternamente mojado, pues casi ni para cambiarle se le acercaban, entre otras razones, porque el rorro tenía la mala baba de volver a mojarse tan pronto le cambiaban: Que el nene tenía ese “caprichito”, vaya. Como era de esperar, ese estar continuamente llorando, haciendo sus necesidades casi que a cada momento y, además, la carita morena, muy, pero que muy morena que el “angelito” tenía, pues era un tanto gitanillo, no ayudó en nada a encontrarle un hogar donde poderse desarrollar como cualquier hijo de vecino. Pero lo malo fue que cuando empezó a crecer, cuando de bebé llorón fue pasando, primero a niño adusto que no se reía ni por equivocación y más tarde a un casi adolescente reservón, introvertido, retraído y muy, pero que muy poquito alegre a sus doce-trece años, tampoco coadyuvó demasiado para que unos padres de ocasión se hicieran cargo de él y pudiera acabar de educarse en un ambiente mínimamente hogareño, con lo que a sus catorce-quince años la vida de Tomás seguía desarrollándose entre los muros de aquél orfanato u hospicio. Así, a los diez y seis años empezó a trabajar en Correos como auxiliar postal gracias a los buenos oficios de la Fundación Benéfica que le acogió desde que fuera un recién nacido. Desde entonces, salía por la mañana a trabajar, sobre las siete y media-ocho de la mañana, con un bocadillito para media mañana, regresando al orfanato a eso de las cuatro de tarde, cuando podía comer. Y ya, la tarde la pasaba allí, con los “pupilos” más pequeños del orfanato, ayudando a cuidadores-cuidadoras a atenderlos. También a veces estudiaba algo, pues se le había metido en la mollera hacer uno de esos cursos por correspondencia de los que la propaganda dice que al instante te solucionarán la vida, así, por ensalmo… La propaganda, la publicidad… Que miente más que dice, pero que logra convencer a infinidad de incautos que, sin pestañear, se tragan el anzuelo de la nueva versión del antiquísimo “Timo de la Estampita”, y acaban comprando céntimos a “duro” (Información para lectores no españoles: Cuando existía la peseta, había una moneda llamada “duro”, cuyo valor era de cinco pesetas. Una curiosidad respecto a esta moneda española que, por cierto, era de 1848. Pues bien, el término “Dólar”, la célebre moneda USA, deriva de “Duro”; es el nombre que los “Usacos” realmente quisieron dar a su moneda, sólo que usaron una fonética digamos alemana y por eso la llamaron “Dólar”. En un principio el “Dólar” tuvo paridad 1:1 con el “Duro” español, que por aquél entonces era una de las monedas más fuertes del concierto financiero internacional. ¡”Oh Témpora”-Oh tiempos!- que diría un romano)
Durante tres años Tomás anduvo callejeando con la enorme cartera del oficio al hombro de portal en portal, distribuyendo el correo por cada vecindad. Pero cuando se iniciaba su tercer año en Correos se dio un cambio en su destino, pues fue ascendido a agente postal y, en la misma oficina donde venía trabajando, pasó al servicio de ventanilla en Giros y Certificados, con el consiguiente alivio para sus pies.
Allí conoció a otro chaval, Juan, casi de su edad, pues si Tomás estaba a punto de celebrar su 19 cumpleaños Juan estaba abocado al estreno de los veinte años. Ambos muchachos eran diametralmente distintos, pues mientras Juan era dicharachero, alegre por naturaleza y amigo de chanzas y bromas, Tomás era, cual lo fuera desde su más tierna edad, introvertido y reservado, mas, además, tremendamente tímido y falto de gracia, a pesar de su innegable etnia gitana. Para completar el cuadro de un ser insignificante e insulso, era muy, pero que muy desgarbado. Lo único en cierto modo agradable que en él había de eran sus ojos, grandes e insondablemente negros cual el fondo de un pozo y su cabello, negro como los ojos, tan negro como el tan mencionado ala de cuervo; amén de bellamente ensortijado, cualidades ambas derivadas de su condición gitana. Pero eso no fue obstáculo para que entre ellos naciera una profunda amistad.
Pero esa amistad sufrió un serio contratiempo cuando, recién cumplidos los 21 años, Juan comunicó a Tomás que en un par de meses, más o menos, se incorporaría al CIM de Cádiz (Centro de Instrucción de Marinería en San Fernando, Cádiz). Sí, Juan se había alistado en la tropa profesional, eligiendo la Armada. Su inquietud juvenil le impelía a conocer mundo, visitar países lejanos y eso se lo ofrecía la Armada, cuyos buques, en contra de lo que el vulgo pueda creer, en absoluto permanecen atracados a puerto, sino que permanecen navegando casi continuamente por todos los mares de la tierra (Doy fe de ello: Mi hijo mayor es profesional de la Armada y años hay que navega hasta 300 días)
En efecto, poco después de los dos meses, Juan partió hacia San Fernando, en Cádiz, para al mes, tras concluir la instrucción militar y jurar bandera, marchar de inmediato a Ferrol, donde a los tres meses obtuvo el título de operador de radio. Y no pudo descansar apenas nada, pues a las pocas horas de recibir el título también recibió la orden de presentarse en el buque oceanográfico Hespérides, en Cartagena, en el plazo de cuatro días. De manera que sí, llegó a casa, en Madrid, pasó allí tres días y al cuarto partió hacia su destino en Cartagena. Y a los ocho o diez días de incorporarse, el buque “Hespérides” partió de Cartagena rumbo a la Antártida en singladura de, más o menos, ocho-nueve meses.
Para cuando Juan marchó al CIM de Cádiz, Tomás hacía tiempo que conocía a la madre de su amigo, Julia, una viuda que tiempo ha alcanzara los cincuenta tacos de almanaque, pues se casó tarde y no le fue sencillo concebir a Juan, que nació cuando Julia estaba próxima ya a la añada de los cuarenta. Con Juan de once años, su padre falleció, se lo llevó un cáncer de páncreas, uno de los incurables, y Julia quedó sola con su hijo. Así, cuando Juan dio la noticia de su ingreso en la Armada, y cuando aún tardaría el hijo en marcharse unos dos meses, Julia propuso a ambos amigos que Tomás fuera a vivir con ellos dos, Julia y su hijo. Se había encariñado con el bueno de Tomás y le asustaba quedarse sola en su casa, no porque temiera agresión alguna, sino porque la soledad la aterraba.
Y Tomás no tuvo inconveniente en aceptar la propuesta de la madre de su amigo, más aún por la franca insistencia de éste, que lamentaba dejar a su madre tan sola. El quería vivir aventuras, salir de su casa y las faldas de su madre, pero le apenaba (En España, la palabra “pena”, el verbo “apenar” sólo se emplea en el sentido de “lástima”, “dar lástima”, nunca como “vergüenza” , “avergonzar” por lo que el verbo “apenar” lo empleo como “dar o sentir lástima”)
Además, para Tomás resultaba mucho más cómodo y útil vivir en casa de la madre de Juan que en el orfelinato, pues la oficina de Correos donde prestaba servicio estaba allí mismo, en la misma urbanización donde se situaba la casa de Julia, la madre de Juan.
Y así, por una de esas casualidades que tan a menudo se dan en la vida, las vidas de Magda y Tomás se cruzaron, pues no sólo esa urbanización, donde la casa de Julia se ubicaba, era la que Magda eligiera para vivir, sino que además ambos edificios el de la madre de Juan y el de Magda, estaban uno frente al otro, con las ventanas también enfrentadas entre sí.
Incluso, desde el ventanal de la habitación que antes fuera de Juan y donde ahora dormía Tomás, se divisaban a la perfección las ventanas del estudio de Magda.

Tomás y Magda, una amistad que iba a ser duradera

Cuando Tomás se trasladó a casa de Juan, este le informó de sus “hazañas”: Justo enfrente vivía una “prójima” de las de “toma pan y moja” que se vestía y desvestía frente a la ventana sin la menor precaución. Incluso recibía a menudo a algún que otro “maromo” y hacían sus “cositas” ante la fabulosa ventana, hasta con la luz encendida bastantes veces, con lo que el “nene” se ponía “morao” día sí, día también. Para sus “incursiones” en domicilio ajeno se había provisto de unos más que modestos binoculares, pues apenas si alcanzaban a algo más que unos de teatro; eso sí, sin el lujo que éstos suelen presentar, pues lo habitual es que sean verdaderas piezas de joyería antes que objetos ópticos.
Ni que decir tiene que Tomás siguió las “hazañas” de su amigo con verdadero fervor. El arsenal oteador se enriqueció, primero, con unos buenos prismáticos de precisión para luego pasar a un excelente teleobjetivo que Tomás compró por el popular sistema del “Compre hoy y pague… “.
Eso de espiar más que observar a la espléndida mujer que habitaba justo enfrente de donde él vivía entonces, poco a poco, se fue convirtiendo en obsesión para Tomás. A través de sus prismáticos primero, su teleobjetivo después, el poco más que adolescente a sus 20 años casi escasos, se introducía subrepticiamente en la vida diaria de la mujer, violando su intimidad en la mayor de las impunidades. Se puede decir que casi únicamente vivía para eso, introducirse por sus medios de visión a distancia en la vida de su espectacular vecina. Así, asistía a actos de la mayor cotidianidad como verla regresar a casa cada anochecer tras pasar todo el día fuera, prepararse la cena y cenar, o verla ante el televisor o leyendo, oyendo música ¡Quién sabe cuántas nimiedades más! Pero también estaba allí, desde la distancia, cuando la mujer se desnudaba al llegar a casa para echarse por encima cualquier prenda cómoda, una tenue bata de satín las más veces pues Magda, que no otra era la tan espiada mujer, solía tener la calefacción lo suficientemente alta las tarde-noche del gélido invierno madrileño para poderse permitir estar con ese tipo de prenda tan liviano; y cuando se desnudaba después para ponerse el ligero camisón de dormir, pues Magda no gustaba de los más populares pijamas ahombrados: Era demasiado femenina para permitirse esas prendas. También aprovechaba Tomás las noches de verano que la luna iluminaba lo suficiente el saloncito-dormitorio del objeto de su obsesión observadora para admirar casi embelesado aquel divino cuerpo desnudo, pues si la famosa Brigitte Bardot decía que para dormir sólo se ponía encima dos gotitas de “Chanel nº 5”, Magda hasta prescindía de las dos gotas de perfume a la hora de irse a la cama en esas candentes noches del tórrido verano de Madrid. Pero Tomás también estaba allí, en el apartamento-estudio de Magda, cuando la mujer recibía a sus amantes, más o menos esporádicos, más o menos estables; cuando se “pegaban” juntos la “gran paliza” sobre el sofá. Y también Tomás estaba allí cuando, trocado el sofá en cama ocurría lo que suele suceder tras la mutua “paliza” del sofá.
La intensa actividad de espionaje desembocó en una auténtica obsesión de Tomás hacia esa mujer que cada día le subyugaba más y más. Esa obsesión le llevó, en un principio, a adquirir un segundo reloj-despertador que puso a las ocho en punto de la tarde, hora a la que casi con marcial disciplina Magda solía llegar a su domicilio tras salir del trabajo. Este segundo despertador lo compró a fin de que no se le olvidara ningún día ponerle para que le avisara a las ocho de la tarde, pues como su despertador de siempre le ponía a las siete y media de la mañana para que le despertara, temía que algún día se le pasara ponerlo en hora para los oteamientos de las tardes-noches. Pero pronto este mantenerse siempre en la distancia no le satisfizo, pues acabó necesitando un sutil acortamiento de distancias. Y lo primero que anheló en ese acercamiento al objeto de su obsesión fue escuchar su voz. Una tarde, al regresar a casa del trabajo, se metió en el portal de Magda y averiguó su nombre en los buzones de Correos: Sólo uno de ellos se limitaba a un único nombre y éste era de una mujer, lo que no dejaba duda alguna. Con nombre y apellidos anotados buscó en la Guía Telefónica de Madrid y allí supo cual era el número de la mujer que tanto le obsesionaba, pero que ahora tenía un nombre concreto: Magdalena. Tan pronto el despertador le indicó que ya eran las ocho de la tarde, volvió a su lugar de observación, el teleobjetivo colocado sobre la pequeña mesa-escritorio que Julia colocara en la que fuera habitación de su hijo y que ya Juan colocara justo debajo de la ventana. No pasaron ni cinco minutos hasta que Tomás vio aparecer a Magda que, como de costumbre, fue directamente a la pequeña cocina donde sacó del frigorífico la sempiterna botella de leche, se escanció un buen vaso que tomó a cortos sorbos sentada a la mesa que campeaba en la cocina, sin cambiarse, sin quitarse ni ponerse nada de ropa, ataviada simplemente con la misma que luciera cuando entró en el piso.
Luego, cuando hubo terminado la leche, se levantó para en el mismo salón-dormitorio desprenderse de todo cuanto llevaba encima hasta quedar tal y como su mamá la incorporó a este mundo; a continuación pasó al cuarto de baño de donde regresó con la conocida bata de suave satín que apenas si daba para cubrir las exiguas braguitas con encajes que generalmente solía ponerse. Luego, Magda tomó un libro de la librería inserta en el pequeño mueble mural que adornaba el saloncito, puso en marcha el equipo de música para, finalmente, sentarse en el sofá que posteriormente convertiría en cama, a leer tranquilamente al tiempo que escuchaba una música que Tomás imaginó sería de ese tipo suave que sirve de acompañamiento a la lectura sin impedir la concentración en ella.
Ese fue el momento que Tomás eligió para marcar, por fin, el número telefónico que acababa de anotar no mucho antes. Mientras esperaba que su llamada obtuviera respuesta, Tomás siguió embebido en su tarea preferida, espiar a la todavía casi desconocida Magda. Así, pudo ver cómo Magda levantaba la cabeza, sin duda al escuchar el destemplado pitar del teléfono, dejó sobre la mesita que había ante el sofá el libro y corrió a una pequeña mesa auxiliar que en un rincón, junto al mueble mural, sostenía un teléfono bastante coqueto esmaltado en un vivo color rojo. Tomás percibió perfectamente cómo aquella mujer descolgaba el teléfono, durante algún segundo escuchó la fuerte respiración de Magda y luego una voz de mujer de timbre recio, seguro, pero a un tiempo matizado en dulce suavidad que hacía de esa voz algo sumamente agradable. Respondía fielmente a lo que Tomás trazara en su mente al imaginar cómo sería esa voz que tanto ansiaba escuchar.
• Ok. ¿Dígame?… ¿Dígame?…
Magda repitió varias su requerimiento, pero Tomás no abrió la boca, no dijo nada… Se contentó con escuchar esa voz de mujer durante los cortos minutos que duró la comunicación entre ellos, si es que a eso se le puede llamar comunicación. Magda era consciente de que al otro lado de la línea había alguien, pues escuchaba nítidamente su respiración por el auricular. Pensó que sería uno de tantos moscones pervertidos; casi optó por soltarle una “fresca” y colgarle, pero al final pensó aquello de que “No hay mayor desprecio que el no hacer aprecio” y, simplemente, colgó el auricular
Tomás quedó absorto en ella, observándola tal vez con más detenimiento, más interés aún del que hasta el momento lo hiciera… Y a los pocos minutos repitió la llamada. De nuevo Magda se levantó del sofá, otra vez dejó el libro sobre la mesita de centro y una vez más se llegó hasta la mesita que sostenía el teléfono allá, donde el rincón junto al mueble mural. Magda, como antes hiciera, descolgó el auricular y, mientras lo acercaba a su boca para empezar a hablar. Como antes también Tomás pudo percibir la respiración de la mujer, tal vez ahora más agitada que la vez anterior. Y al segundo, escuchó por segunda vez en su vida aquella voz femenina que desde minutos antes espoleara, y de qué manera, la obsesión que hacia aquella mujer que, en realidad, ni tan siquiera conocía, se estaba apoderando de él. De nuevo los requerimientos de Magda al ser que sabía estaba al otro lado de la línea telefónica se repitieron
• ¿Dígame?… ¿Dígame?… ¿Dígame?…
Por respuesta a sus nuevos requerimientos volvió a obtener el silencio de aquella persona que desde luego estaba allí, escuchándola, lo mismo que ella, Magda, escuchaba la respiración de la persona “muda”. Al final, Magda optó por cortar por la vía rápida
• Escucha, tío degenerado. Puede que a ti te gusten estas cosas tan asquerosas, pero sucede que a mí no, así que vete a tomar por…

Y tras mandarle a tomar por donde todos adivinamos, Magda, ya furiosa de verdad, colgó el teléfono.
Tomás quedó un tanto sorprendido, aunque sería más propio decir que quedó bastante “corrido”, avergonzado, y de momento no insistió con más llamadas. Incluso cortó por esa noche su insistente espionaje y, cosa rara, canceló sus actividades de observador permanente de la monumental vecina durante un par de días, al cabo de los cuales volvió a satisfacer lo que era su mayor apetencia, lo más deseado, lo que cada día le obsesionaba más: Espiar, observar a esa mujer a diario. Aunque puede que mejor fuera decir que Tomás admiraba rendidamente a esa mujer, más que simplemente observarla o espiarla.
Las llamadas telefónicas en las que mantenía una mudez absoluta, limitándose a escuchar la respiración, la voz de Magda, la mujer para él prácticamente desconocida, que cada día sonaba más agria cuando tomaba el auricular para encontrarse con tan molesto invasor de su privacidad, pues insultaba y maldecía al “invasor” hasta en arameo; pero tales insultos y maldiciones no molestaban a Tomás en lo más mínimo y, ni mucho menos, influían en su deseo de seguir escuchando esa voz, aunque sólo la oyera dedicarle denuestos a cual más hiriente y enérgico.
Las cosas siguieron así hasta casi concluirse los primeros doce meses de espionaje, tiempo en el cual las cosas se habían deslizado más y más por el camino de la intromisión de Tomás en la vida de Magda, llegando a casi iniciar un verdadero “asedio” pues, en gran medida, Tomás llegó a casi cortar las “comunicaciones” de la “plaza sitiada”: Ni más ni menos que el mozo empezó a bloquear el correo de Magda, revisando cada mañana el correo del día y sustraía las cartas dirigidas a Magda. No las leía, ni siquiera las abría; simplemente se guardaba las cartas cuyo remitente fuera masculino, devolviendo las demás al correo.
La vigilancia a distancia sobre Magda se tuvo que interrumpir durante un tiempo bien que a su pesar, pues la singladura de Juan por la Antártica, como todas las cosas de este mundo, también tuvo su final; por lo que un día, tras de cerca de nueve meses desde que la nave “Hespérides” zarpara de Cartagena, regresó al puerto “que los de Cartago dieron nombre” como dice Cervantes en la segunda parte de su inmortal obra, “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, y pocos días después apareció por su casa.
Cuando Tomás supo que al día siguiente su viejo amigo volvería a dormir, junto a él mismo, en la habitación que antes ocupara Juan en exclusiva, el hospiciano decidió esconder el teleobjetivo y los prismáticos de precisión, llevándoselos a la oficina de Correos donde trabajaba. Los sencillos gemelos que heredara de su amigo, sencillamente los tiró a la basura. Y es que, por razones que ni él mismo entendía, no quería que Juan volviera a ver a Magda desnuda; sin saber bien por qué, lo cierto era que, desde hacía algún mes ya, a Tomás le repelía que cualquier otro hombre la pudiera ver desnuda o, simplemente, “ligerita” de ropa. Así, cuando por fin Juan llegó a casa y se vieron a solas en la común habitación, Tomás dijo a su amigo que los viejos gemelos se rompieron un día; intentó arreglarlos pero no merecía la pena, pues la reparación costaría casi tanto como unos nuevos, y adquirirlos estaba fuera de su presupuesto. Así, libró a su espiada de los ojos lujuriosos de Juan, aunque, ¿eran menos lujuriosos los ojos de Tomás al observar a Magda con todo detalle cada día?… Pero bueno, lo de los ojos de Tomás, más o menos libidinosos, es otra cuestión que, ahora al menos, no viene al caso.
Juan estuvo en casa poco más de una semana, once días para ser exactos, y entonces supimos que, en la práctica, pocas veces volveríamos a verle, a no ser que fuéramos nosotros quienes nos desplazáramos a Cartagena. Juan se había puesto novio con una compañera del “Hespérides”, y la relación llegaba al punto de haber alquilado entre los dos un apartamento en Torre Pacheco, pueblo muy cercano a Cartagena, donde los alquileres resultaban algo más asequibles que en Cartagena.
Lo que tanto temiera Julia por fin se había producido: Su hijo la abandonaba, la dejaba sola, para formar su propia vida lejos de ella. Eso la afectó enormemente, pues le tenía pavor a la soledad. De modo que se dirigió a Tomás, su esperanza entonces de cara al futuro
• Tomás… Esto… ¿De verdad estás a gusto aquí, conmigo? O… ¿También tú te marcharás algún día? No… no… te irás… ¿Verdad?
• No Julia, no me marcharé. ¿Dónde podría ir?… Aquí, en tu casa, por primera vez en mi vida tengo un hogar, una familia; y tú eres la única madre que en mi existir he conocido. ¿Sabes lo que eso para mí representa? No, no te abandonaré nunca, eres mi madre…
• ¡Gracias Tomás…! ¡Gracias Hijo mío!
Julia, llorosa, se refugió entre los brazos de Tomás, el hijo que quedaría junto a ella. El muchacho la acogió con todo cariño, la acariciaba el pelo, el rostro, y dejó un beso cariñoso entre sus cabellos. La consolaba con toda la ternura de su alma sedienta de cariño maternal. Para él, el cariño que desde que llegara a su casa, Julia le dispensó, había sido agua revitalizadora para el erial de su existencia.
Julia se empezó a calmar; o, mejor dicho, el cariño con que Tomás entonces la rodeó hizo que la mujer se sintiera a gusto, tranquila y, sobre todo, segura de cara al futuro; al próximo futuro por lo menos.
Y ya más tranquila, volvió a hablar a su nuevo “hijo”
• Tomás, no lo sé, pero supongo que seguramente tendrás alguna amistad, aluna relación con alguna chica…
• No Julia, no tengo ninguna amistad ni relación con chicas. No tengo novia, si eso es lo que te preocupa…
• No, no es que me preocupe,,, Sería lo natural… Edad ya vas teniendo, a tus veinte años ya cumplidos… Lo que quería decirte es que, si alguna vez quisieras traer una chica a casa… Bueno, ya me entiendes… Pues no te preocupes… Hazlo, yo lo entenderé… ¿De acuerdo?
Tomás se echó a reír alegremente y, cogiendo en vilo a la diminuta mujer al tiempo que con ella en alto empezó a girar sobre sí mismo, le decía en el tono más efusivo que imaginarse pueda
• ¡No te preocupes tú, Julia! De verdad que no tengo novia ni siquiera amiga “especial” alguna, pero si algún día apareciera algo así en mi vida, tú serías quién primero lo sabría, antes incluso que ella misma, pues una alegría así no la podría guardar para mí sólo, la compartiría contigo incluso antes que con la interesada. Mi palabra Julia, de verdad.
Y aquí se acabaron, de momento, las tribulaciones de la pobre Julia, que volvió a ver, desde ese momento, una hermosa y tranquila vida ante ella.

La obsesión de Tomas por la dura y abnegada Magda

La obsesión de Tomás por Magda había tomado dimensiones que desbordaban la propia obsesión incluso, para desembocar en un amor, un enamoramiento realmente ferviente. Sí, por finales Tomás se había enamorado perdidamente de esa mujer inconmensurable para él. Pues la veía muy, pero que muy por encima de él. Ella era independiente como pocas personas, aún para estos principios del siglo XXI. Independiente y resuelta. Ni tan siquiera cabría definirla como mujer enteramente liberada de cualquier tipo de ataduras, lo mismo morales que afectivas, pues en ella todo era al máximo. Al mayor nivel su iniciativa y empuje profesional, y al máximo nivel también sus iniciativas, digamos, personales, en el plano puramente íntimo de su existencia. Así, en ninguno de sus planos vitales admitía más norma o regla que su libre albedrío.
Tomás en cambio era todo lo contrario: En él la norma era el retraimiento, la timidez, la falta de iniciativa en suma. Pero era de alma tierna, con una enorme capacidad para dar cariño y una atroz demanda del mismo. En él todo parecía ser inseguridad, y así era en muchos aspectos, pero poseía una inmensa seguridad en sus afectos. Todo él era, en realidad, necesidad de dar y recibir afecto, cariño, y en este aspecto era firme como una roca.
Sí, Tomás se había enamorado firmemente de Magda, la quería con una efervescencia que apenas si encontraría parangón en nuestra sociedad actual… Pero sucedía que ni él mismo se había enterado aún de eso, de que adoraba más que quería a esa, para él, inalcanzable mujer
De modo, que el estado actual de su “relación” con Magda acabó por no satisfacerle, pues no era suficiente para sus crecientes demandas de acercamiento a la mujer. Quería, necesitaba más concretamente, estar más cercano a ella, tenerla en la distancia corta, no le bastaba con verla, admirarla en la lejanía. Le era imprescindible tenerla a un metro, a centímetros de distancia frente a él, aunque sólo fueran pocas poquísimas veces; aunque solamente fuera una sola vez, pero esa única vez al menos le resultaba imprescindible.
Pero… ¿Cómo lograrlo? ¿Se atrevería a abordarla simplemente? ¡No, en forma alguna, impensable! ¡Se moriría de vergüenza con sólo intentarlo!

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No, ese procedimiento era ilusorio, tenía que encontrar una fórmula que le permitiera acercarse a ella, tenerla todo lo cerca que sus deseos demandaban, pero en forma que pareciera casual, sin aparente provocación por su parte.
La primera solución al problema la concibió el día que observó en las cristaleras del supermercado próximo un cartel demandando repartidor mañanero de leche a domicilio. El sabía que al edificio de Magda cada mañana repartían leche de ese mismo supermercado, el único cercano. Luego si Magda era uno de los vecinos que entonces recibían la leche pues… ¡Verla cada mañana muy de cerca estaría hecho! Dicho y hecho; de inmediato Tomás entró en el establecimiento para informarse del asunto. Efectivamente, era para atender esa misma calle amén de alguna otra próxima, pues el anterior repartidor acababa de despedirse, cualquiera sabía el por qué. Consiguió la plaza empezando de inmediato a ejercerla, lo que significaría levantarse sobre las cinco y poco de la mañana pues debía estar en la tienda a hacerse caro del carrito con las botellas cuyo reparto debía empezar no más tarde de las seis. De seis a ocho tenía tiempo suficiente para concluir el reparto y estar en Correos antes de las ocho y media, la hora de entrada.
Y sí, tuvo suerte pues Magda figuraba entre las clientas que así recibían cada día su botella de leche, y cada mañana era ella la que salía a la puerta del apartamento a recoger la leche pues madrugaba bastante, no después de las seis estaba de pie, pues le gustaba hacer algo de ejercicio cada mañana antes de partir al trabajo.
Pero aquello no fue suficiente pata Tomás. Sí, la veía cada mañana, y cerca, muy cerca de él, más que seguramente nunca la tendría, a someros centímetros; pero el tiempo que duraba su embeleso era tan, tan corto, tan cortísimo, que se le hacía en exceso ínfimo. Luego ideó otra forma de acercarse a ella. O mejor sería decir que haría que fuera ella la que, involuntariamente, se acercara a él hasta distancia inverosímilmente corta también.
Así, al volver a casa después del trabajo, un día pasó por el portal de Magda y depositó en su buzón un aviso de certificado. Falso, absolutamente falso, pero logró lo que quería, pues dos días después tenía a Magda ante él, al otro lado de la ventanilla y a sólo centímetros de distancia. Por vez primera pudo admirar su gran belleza en todo su esplendor, sin distancia alguna que velara nada de esa hermosura…
Como es lógico, el diálogo mantenido fue en verdad ínfimo
• Este certificado, por favor
Tomás representó a la perfección el papel de buscar el certificado entre los entonces disponibles, para a continuación consultar el libro registro
• Pues aquí no hay nada, señorita. No hay ningún certificado para usted
• Entonces, ¿este aviso qué significa?
• No lo sé señorita. No puedo explicármelo. Pero compruébelo usted misma si quiere. Tome el registro de entrada de certificados. Verá que ese certificado ahí no existe.
• ¡De locos! ¡Esto es de locos!
Magda tomó el aviso que Tomás le devolvía, lo estrujó con su mano, lo lanzó encolerizada al suelo y abandonó la oficina postal con un sonoro portazo tras de sí
Un par de semanas después Tomás repitió su “hazaña”, introduciendo en el buzón de Magda un aviso de giro postal, tan falso como el aviso de certificado, con lo que la escena en la estafeta de Correos y ante él se repitió casi punto por punto a la vez anterior.
Cerca de un mes después, Tomás, una vez más, introdujo en el buzón de Magda un nuevo aviso falso, otra vez de giro postal. Pero esa atardecida, cuando volvió a su función observadora al timbrazo de aviso que el reloj despertador le lanzara, el espectáculo que su admirada Magda le ofreció, fue inusitado, increíble en aquella fría y dura mujer.

Los lloros de ella y Tomás como directo espectador

Y es que aquella noche, sí, noche pues no era ya la tarde sino la noche bien entrada, Tomás vio llorar a Magda…
Como de costumbre, cuando el timbrazo del reloj despertador le avisó que eran ya las ocho de la tarde, el muchacho dejó el libro en que hasta entonces se ocupara para ponerse a observar el apartamento de Magda, pero no vio nada, todo estaba a oscuras, la mujer no debía haber llegado todavía. Esperó pacientemente hasta las ocho y media, después hasta las nueve, las nueve y media, hasta las diez incluso, pero su admirado objetivo, su obsesión de observador no apareció por allí, cosa rara en ella, pues pocas veces vio que faltara a su rutina de regresar a casa sobre las ocho, minuto antes, minuto después. Cenó con Julia cuando ésta le llamó con la mesa ya preparada y después volvió a “asomarse” al apartamento de sus obsesiones con idéntico resultado de antes: Magda no aparecía por allí, y el lugar estaba totalmente a oscuras.
Tomás acabó por acostarse poco más allá de las once, como solía hacer y se durmió. Pero ya de madrugada, casi la una después vio que eran en el despertador, al detenerse un coche en la calle le despertó. Cosa bastante rara, pues el coche se detuvo con absoluta normalidad, sin ruido de frenos alguno; más bien, pareció una especie de sobresalto, un impulso de su ser autónomo de voluntad o motivo externo alguno. Una de esas sensaciones imprevistas que a veces hacen que nos despertemos sin razón ni motivo aparente, pero que hace que estemos como sobresaltados. Así fue como Tomás se despertó esa madrugada e instintivamente corrió a la ventana, a tiempo de ver cómo del interior de un automóvil aparcado justo debajo de las ventanas de Magda, esta se apeaba con mucho ímpetu, casi se diría que furiosa, y al instante se escuchaba una voz masculina.
• ¡Eres idiota, idiota de remate!
En ese momento un hombre también se apeó del coche por la puerta del conductor y, de inmediato, Magda volvió sobre sus pasos hasta llegar donde el vehículo y descargó un fuerte puñetazo sobre la cubierta del techo. Seguidamente, volvió la espalda a vehículo y hombre y a paso rápido se dirigió a su portal desapareciendo en él en segundos. El hombre volvió a entrar en el coche y partió de allí chirriando neumáticos.

Al momento, Magda apareció en el teleobjetivo de Tomás, que al ver desaparecer de su vista a la chica corrió a su puesto de impenitente observador, esperando verla aparecer en el apartamento. Y Magda apareció en él y en el visor del teleobjetivo que la enfocaba. Se quitó los zapatos junto a la puerta de entrada, como solía hacer y, también como de costumbre, sacó del frigorífico la botella de leche que colocó sobre la mesa. Se sentó entonces a la mesa, cosa nada habitual, y al sentarse rozó la botella que se volcó, derramando parte del contenido sobre la mesa. Magda levantó la botella, la dejó de nuevo sobre la mesa… y empezó a llorar… Desconsolada, agitándosele todo el cuerpo a los sentidos sollozos que la convulsionaban por completo. Con la cabeza hundida entre los brazos, el torso totalmente echado sobre la mesa y las manos mesando las bellísimos cabellos, convulsionado todo el cuerpo a cada espasmo provocado por los sollozos, Magda era la viva estampa del dolor más intenso. Tomás quedó anonadado ante esta visión; el dolor de la mujer parecía sentirlo en su propio yo, en lo más hondo de su ser, y entonces lo comprendió; entonces fue nítidamente consciente de lo que aquella mujer, aquella casi desconocida, había obrado en él sin que él mismo se diera cuenta, fuera consciente de ello: La quería, la amaba casi con desesperación. O bueno, sin el casi, pues también entendió que su amor era desesperado, sin posibilidad alguna de nada; esa mujer siempre le estaría vedada, pues ¿cómo pretender que una diosa se fijara en el mortal más insignificante de la tierra? Imposible de los mayores imposibles.
Tomás dejó de observar a Magda. Tapó el visor del teleobjetivo y le cubrió con el pequeño paño que tapaba el aparato cuando no estaba de “servicio”. Y desde entonces se olvidó de sus “vigilancias” vespertino-nocturnas.
Estuvo así, sin observar a la mujer de sus sueños un par de días, durante los cuales sólo la veía por las mañanas, cuando le dejaba la leche en su puerta. Pero al tercero la vio aparecer por la oficina de Correos; venía con el segundo aviso de giro, falso claro está, que recibiera, el que Tomás dejó en su buzón la misma mañana del día en que la vio llorar. Se lo había dejado al salir del edificio tras dejar las correspondientes botellas de leche.
Como las dos veces anteriores, la muchacha se llegó hasta la ventanilla que Tomás atendía, y como en las anteriores ocasiones le presentó el aviso reclamando el dinero correspondiente. Y, como en las anteriores veces, Tomás le dijo que el tal giro no aparecía entre los que el registro de entradas contenía. Pero esa mañana Magda no se rindió tan fácilmente como en las anteriores, sino que demandó la presencia del director de la oficina. Pronto Magda pudo comprobar que tal pretensión había sido una de las peores decisiones que en su vida tomara, pues se encontró con un ente femenino que más asemejaba fiera corrúpea que ser humano alguno, y lo de “femenino” es por decir algo, pues en un antiguo sargento de coraceros napoleónicos, con su fiero mostacho y todo, habría más femineidad que en semejante búfalo cafre, que aunque fuera en búfalo hembra más cafre no podía ser. En fin, que la “fiera corrúpea” apabulló de tal manera a la entonces, y puede que por primera y única vez en su vida, infeliz Magda que ésta salió despavorida de la oficina postal. Y no era para menos, pues aquel energúmeno con faldas llegó a acusarla de querer estafar al Estado, y de milagro no llamó a la policía, la Benemérita y cuantas Fuerzas del Orden hay en España.
Al momento Tomás salió despendolado tras el amor de sus amores. Tan pronto estuvo en la calle la divisó y emprendió la carrera tras de ella hasta alcanzarla; entonces, aminoró el paso y quedó tras ella pero muy junto a ella. Así caminaron ambos algún metro, hasta que ella se detuvo un momento para decirle
• ¿Quiere usted algo de mí?
Magda le recordaba ahora perfectamente: Era el mismo agente de Correos que la atendiera tras la ventanilla de giros; y recordó también que era el mismo que las veces anteriores la atendiera. La mujer volvió la espalda a Tomás y siguió caminando; y de nuevo Tomas apretó el paso tras ella hasta volver a alcanzarla
• Sólo quería decirle que no había dinero para usted
• ¿Y los avisos? ¿De dónde salieron? ¡Yo los encontré en mi buzón, no son invención mía!
• Lo sé. Yo se los coloqué. Son falsos, enteramente falsos
• ¿Por qué? No lo entiendo ¿Por qué?… Es de locos… ¿Está usted loco acaso?
• Porque quería verla de cerca
• ¿Qué quería verme? ¡Está loco, francamente loco!
Dicho esto Magda volvió a andar, volvió a dar la espalda a Tomás apretando el paso para alejarse de quién le parecía loco y tal vez, hasta peligroso. Tomás quedó un minuto viendo cómo ella se alejaba de él, y al poco reaccionó para gritarle a la que se alejaba
• ¡Porque hace dos días la vi llorar!
Al escuchar eso, Magda se detuvo en seco, se volvió hacia el joven y casi corriendo estuvo ante él. Tomás la veía acercarse y sintió que un nudo taponaba su garganta, haciendo que le costara trabajo tragar la saliva, respirar casi
• ¿Cómo sabe usted eso?
Sí, le habían atrapado, se acababa de denunciar a sí mismo. Pues bien, esa resolución que tantas veces antes apareciera cuando se encontró en situación difícil, reapareció ahora. Casi dominó el pánico que segundos antes se apoderara de él, y decidió mantener el tipo a toda costa. El ser apocado que de por sí era, desapareció como por ensalmo.
• La estaba observando entonces. La observo a diario, a través de la ventana. Cada día invado su intimidad con un teleobjetivo
Ahora la que quedó clavada por un momento fue Magda. Indignada le dijo con heladora frialdad
• ¡Fuera de mi vista! –Le dio un empellón y prosiguió- ¡Vete a la mierda, degenerado, hijo de mala madre!
Magda volvió a darle la espalda y alejarse de él, pero se detuvo de nuevo. Le enfrentó otra vez y no lo preguntó, sino que rotundamente lo afirmó
• Y también serás el cornudo que se entretiene en llamarme sin pronunciar palabra ¿No es así?
Tomás se limitó a asentir con la cabeza. Magda le miró con infinito desprecio, desprecio que expresó seguidamente
• Eres un ser miserable, absolutamente despreciable. Ni tan siquiera me puedo enfurecer contigo, pues no ofende quien quiere sino quien puede, y tú, moralmente, eres tan “enano” que tus ofensas no pueden alcanzar a nadie.

Salivazo y desprecio rotundo de la protagonista Magada

A continuación, Magda expresó más gráficamente su enorme desprecio arrojando un salivazo en dirección a Tomás, salivazo que por poco no le alcanza, pues quedó en el suelo a menos de un metro de sus zapatos. Luego, como la diosa que para el muchacho era, volvió a darle la espalda alejándose de él definitivamente. Tomás quedó un momento parado, observando cómo su reina se marchaba y al final regresó a su oficina.
A las ocho en punto de la tarde el despertador volvió a avisarle y Tomás regresó a su diaria “vigilancia”. El apartamento de Magda estaba por entro a oscuras, pero eso fue sólo unos segundos, pues no habrían pasado ni diez cuando se iluminó, se iluminaron las dos ventanas por las que el apartamento se abría a la calle, el amplio ventanal del salón y la normal ventana de la cocina. Allí estaba ella, esperándole sin duda, pues tenía el rostro pegado a la cristalera del ventanal y oteaba con interés hacia el frente, haciendo incluso pantalla con sus manos. Llevaba encima una bata que no recordaba el muchacho haberle visto antes, pues no era nada de escotada y diría que le llegaba hasta los pies, sin dejar ver absolutamente nada de su cuerpo escultural. Tomás se retiró un momento del teleobjetivo, casi asustado ante la casi seguridad de que ella le observaba a su vez a él, aunque sin ayuda alguna de aparato óptico alguno, sólo con su agudeza visual. Estaba seguro de que sus miradas se habían cruzado un segundo antes. Y así debió de ser pues Magda al instante suspendió su atención visual, se despojó lentamente de la monumental bata y entonces apareció un atuendo de verdadero ensueño. Era algo así como un camisón en raso negro adornado con encajes del mismo color, pero conformando un conjunto de lo más sensual. La parte superior la formaban unos tirantes anchos y abombados que caían descuidados sobre la cintura dejando sus pechos con muy poco para la imaginación; por su parte la, digamos falda, era larga, llegando hasta el suelo pero por entero abierta por delante, con lo que las braguitas del mismo raso negro que el camisón y, como éste, también adornadas con blonda negra, quedaban enteramente a la vista. Lo que nunca percibió Tomás es que atuendo tan perturbador lo había escogido Magda especialmente para él, no porque exactamente deseara recrearle la vista, no, ni mucho menos; era pura y simple venganza, venganza maquiavélica podría decirse, pues el propósito era someter al entrometido muchacho a algo así como el tormento de Tántalo: Quería que apreciara sus encantos en todo su esplendor, que la deseara como nunca desearía en su vida a una mujer, para a continuación aplicar el “Lo verás, pero nunca, nunca lo catarás”. Quería, en definitiva, ponerle los “dientes largos” para que se quedara con más “ganas” que nunca, y, al final lo de “Pies fríos y cabeza caliente”.
Tras despojarse de la bata dio unos pasos por el saloncito acercándose lenta, muy, muy lentamente al sofá convertible; extendió la cama, que empujó hacia el centro de la salita con lo que la visión del mueble mejoró considerablemente, hasta casi formar un primer plano ante el teleobjetivo. Una vez la cama puesta a su gusto, Magda tomó el teléfono y con el auricular empezó a hacer señas a Tomás. Indudablemente, ella quería que él la llamara. Tomás así lo hizo escuchando estas palabras de la muchacha tan pronto ella descolgó el teléfono al primer timbrazo
• Nenito no te pierdas ni un detalle de lo que aquí pase en adelante. Te dedico a ti, y muy especialmente, el espectáculo que enseguida verás.
Efectivamente, apenas unos minutos después Tomás vio cómo Magda iba hasta la puerta y la abría dando paso a un hombre que ya Tomás viera aparecer por aquel apartamento unas cuantas veces antes, acabando siempre la pareja en la cama, manteniendo esa dulce “brega” cuerpo a cuerpo. Sólo que en aquellas ocasiones precedentes la susodicha cama no estaba tan en primer plano de su teleobjetivo como en ese momento estaba.
En esta ocasión Magda fue muy, pero que muy “efusiva” con su visitante; ni comparación con lo que viera en “visitas” anteriores. Cuando el “maromo” entró en el apartamento, Magda, toda solícita, se hizo cargo de la gabardina que llevaba y, cuando se medio acomodó en una butaca con Magda sobre sus rodillas, se desprendió también del grueso jersey de esos llamados de cuello de “cisne” quedando con sólo una ceñida camiseta de colorines, camiseta que salió volando, junto con los ceñidos pantalones vaqueros tan pronto como Magda le arrastró hasta la cama preparada al efecto, con lo que sólo podía lucir los diminutos calzoncillos tipo “slip” que calzaba, así como algún que otro tatuaje de tipo duro que adornaba parte de sus espalda, allá por donde se ubicaban los hombros y la cintura.
Tomás estaba pasando todas las penas del infierno observando aquella maldita sucesión de escenas, que cada una de ellas le arrancaba un girón del alma. Quiso acabar con aquello, cerrar la dichosa sesión de vigilancia, pero no pudo hacerlo. Era superior a sus fuerzas; a pesar del dolor que le causaba no podía renunciar a seguir mirando. Casi, casi, se diría de él que era un verdadero masoquista; o… ¿Quizás, un degenerado, tal y como la propia Magda le acusara? ¿Quién podría responder a eso? Desde luego, Tomás no. Ni tampoco le interesaba, ni preguntárselo ni, mucho menos, responderse.
Pero lo cierto es que, por finales, se apartó de la ventana… Y lloró… Sí, lloró amargamente. Por eso, por suspender su “vigilancia”, no vio cómo, cuando Magda y el “fulano” se revolcaban a modo por la cama, ella paró un momento y, señalando en la dirección de la ventana desde la que estaba segura que Tomás les observaba atentamente, le dijo algo a su compañero de cama. Este, al momento saltó de la cama, se escurrió alrededor de la cama procurando sustraer su desnudez al, de par en par, abierto ventanal, se vistió lo mejor y más rápidamente que pudo desapareciendo de la visión que Tomás hubiera podido tener de haber estado observando la escena, como Magda creía que hacía el muchacho en ese momento. Aquí, señalar que, desde que la mujer informara a su “partenaire” sobre las “hazañas” de su joven vecino, se estaba partiendo de risa ante la reacción del “maromo” que momentos antes la “trabajara” tan a fondo… Porque lo que es “trabajarla”, a ciencia cierta que la “trabajó”
Pero como queda dicho de nada de esto se enteró el pobre Tomás, de forma que la primera noticia sobre lo “popular” que para entonces era para el antedicho “maromo” fue el berrido que éste lanzó tan pronto se vio en la calle y bajo la ventana señalada por Magda
• ¡Maldito mirón de mierda! ¡Cornudo hijo de siete padres! ¡Baja aquí, mamón cobarde! ¡Baja si tienes lo que debes de tener! ¡Baja si entre las piernas tienes algún rastro de hombría!
Sólo entonces Tomás se enteró de que algo debía haber ocurrido en el piso de Magda. Se asomó a la ventana y vio abajo al enfurecido “ligue” de Magda. Había escuchado nítidamente sus retos y sabía perfectamente lo que de él se demandaba: Hacer frente, como bueno, a las consecuencias de sus actos. Tomás no era ningún “valentón” y mucho menos un “musculitos”, pero tenía su “alma en su almario” y, desde luego no se iba a echar para atrás ante semejante compromiso, aunque supiera de antemano que toda oposición sería inútil, pues todas las “tortas” se las iban a dar en la misma mejilla, no habría lugar a presentar la otra. Así que, con parsimonia y sin siquiera echarse por encima prenda de abrigo alguna, por más que en Madrid hacía ya tiempo que empezara a refrescar, sobre todo desde que oscurecía, Tomás salió de la casa, bajó a la calle y se llegó hasta donde el “pavo” le esperaba, quedando por entero frente a él. Este era un hombre de unos cuarenta años, tal vez algo menos; barbudo y melenudo, pero con gafas. Y la verdad es que a Tomás, realmente, no le pareció mala persona. Era un hombre más, como cientos, miles, que cada día deambulaban no por Madrid, que sería mucho decir, sino por aquella misma urbanización
• ¿Estabas mirando?
Tomás respondió a la pregunta asintiendo con la cabeza. Entonces volvió a decir el hombre aquel
• Prepárate. Vamos, “capullo”


Tomás apenas si se preparó, simplemente amagó con subir ambos puños cerrados, como en un ensayo de posición defensiva pugilística, pero el devenir del “combate” fue rápido cual rayo que se cierne sobre la Tierra: Se limitó a un solo puñetazo que puso a la “virulé” un ojo de Tomás. Entonces el hombre se inclinó sobre el muchacho y señalándole con el índice extendido le dijo
• No vuelvas a hacerlo. A tu edad eso no es sano… Te puede causar muchos disgustos, zorrita caliente de media sobremesa.

FIN DEL CAPÍTULO, seguirá…

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Inmoral

Confesiones, Dominación, Fantasías Eróticas, Relatos XXX 21/02/2017

Le gustaba ser capaz de mantener esa rutina, a sus 30 años se encontraba en espléndida forma física. Volvió a casa manteniendo el ritmo, sudando y acelerada. ¡Cómo le apetecía una ducha! Enseguida estaba desnuda bajo el chorro del agua. Se le escapó la sonrisa al pensar en él, ese hombre que últimamente rondaba el vecindario. Cordial pero distante,con esos lacerantes ojos azules que la azoraban,esas miradas mostrando interés y siendo disimuladas… Definitivamente,ese hombre le resultaba atrayente. Inmersa en divagaciones mientras se aclaraba no oyó la entrada forzada. En el umbral de la puerta una fornida silueta enmascarada con un pasamontañas. Corrió la cortina y se quedó helada,ese extraño en su casa,fuese quién fuese tenía un arma. Instintivamente se cubrió y le miró a los profundos ojos azules… Vamos- dijo una voz calmada y profunda. Sosteniendo el enorme cuchillo dentado le indicó que saliese al pasillo. Lo hizo,pero no sin coger la toalla. Con la mano en su cintura fue casi un susurro -Si te resistes,te mataré-. La guió hasta la habitación y cerró la puerta. Bajó las persianas y encendió la lámpara. Ella se quedó allí,paralizada. -Desnúdate- Pensó que sonaría absurdo pero… -No me hagas daño,no merece la pena violarme- -Hazlo- Lo hizo,el largo cabello húmedo y pegado al cuerpo no era capaz de cubrir sus pechos. Sus ojos se iluminaron,se tocaba bajo el pantalón mientras la observaba. -Túmbate- Ella lo hizo y él le ató las muñecas con el cable telefónico,los brazos estirados sobre su cabeza, apenas le apretaba. Siguió tocándose bajo el pantalón y ya era visible su enorme erección. Se inclino, el cuchillo tocó su suave vientre,estaba frío,lo deslizó suavemente de lado y lo dejó apartado. Subió el pasamontañas lo suficiente para dejar descubiertos sus labios y la besó intensamente. Se desnudó, tenía un cuerpo bien formado y su miembro grande y grueso bombeaba excitado. Le lamió los pechos, le mordió el vientre y empezó a introducir sus dedos en el húmedo agujero que era su coño. Estaba aterrada y excitada, pero el placer que le daba su mano lo estaba suavizando. La besó de nuevo y por un momento ella respondió. Su mano estaba dentro, su polla muy dura se apretaba contra su vello. Le soltó las muñecas y masculló -Ponte a gatas- Obedeció,cedió a sus pasiones. Él le apretó el culo, lo mordió y sin metérsela prácticamente la folló rozando tan húmedo y cerca. Ella hundió la cara, arañó las sábanas y casi imploraba que la enculara. Le lamió el coño mientras se pajeaba, jadeaban y sudaban. Empezó a rozar el borde,él puso un tope con los dedos y tan solo la punta entraba. Mientras recorría su espalda o tiraba de su pelo sin dañarla. Estaba confusa, quería que se la follara,con ímpetu y un simulacro de violencia. La estaba violando y se sentía a salvo… La respiración de él era entrecortada,cómo la deseaba… Deslizó los dedos y dejó que entrase. Parecía echa a medida,dejó de contenerse y empezó a follársela con ganas. Ella marcaba el ritmo y jadeaba mientras la dura polla y el húmedo coño se encontraban. Tenía un culo espectacular y él lo apretaba,no quería correrse todavía. La sacó y ya goteaba. Ella se arrimó y por primera vez desde que empezaron le miró. Se mordió el labio y sonrió tímidamente, quería más. Se quitó el pasamontañas. Era él, aunque ella ya lo sabía. Se besaron,se lamieron y se mordieron. Se agarraron, se apretaron y frotaron mientras volvía a meter los dedos en su coño hinchado, ella le masajeaba la polla mientras le lamía el cuello y la oreja. Volvió a metérsela, de nuevo se aceleraron,con sus rodillas en los hombros la metía entera,ella gemía y le miraba agarrando su cuello. Le apretaba el culo y probó a meter suavemente un dedo, respondía bien y se puso a ello. Follaron y cuando tuvo el culo lubricado se puso a gatas de nuevo. Empezó a metérsela, despacio,tenía que sujetársela. Ella se acomodó y empezó a tocarse,él metió los dedos en su coño y empujó hasta el fondo. Empezó a follar su estrecho culo y a ella le encantaba. Estaba a punto de correrse pero quería seguir follándosela. Ya no estaba a gatas,a medio estirar levantaba las nalgas mientras mordía la sábana y arañaba la cama. Era perfecta. La sacó de su culo,le paso la sábana y la metió en su coño,empezó a follársela fuerte y flojo hasta que no pudo aguantar más la visión de su polla entrando y saliendo del chorreante coño y se corrió en la parte baja de su espalda. Se ducharon, comieron algo y quedaron por verse en el barrio…

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Doña Elena, una madura insaciable

Maduras, Relatos porno, Relatos sexo, Sexo con maduras 03/06/2016

Una madura insaciable la Doña Elena, esas tetas que siempre imaginaba al final fueron de este niñato por el que ella se perdió, nunca imaginé lo puta que era. Todo comenzó de muy educadamente, y acabó siendo mi perra autentica. Relatos de maduras indescriptibles. Gordas xxx y delgadas y estilizadas como es el caso de esta madurita.

Doña Elena, relatos de maduras calientes

Él, es un chico de 18 años que acaba de terminar el curso de FP, sin notas brillantes pero con éxito, moreno de 1,80 ojos verdosos de constitución atlética y que tenía como hobby jugar al futbol en las categorías juveniles de un equipo de su barrio y apreciado por sus vecinos y familiares por su educación y buenas maneras, pero en la intimidad como todos los jóvenes de su edad el sexo era su asignatura pendiente. Su abuela amiga de la señora de Alberto el droguero del barrio doña Elena en una de sus charlas vecinales con esta, le escucho decir que necesitarían un aprendiz para el negocio ya que Alberto se encontraba pachucho de salud y ella sola no podía hacerse cargo de todo lo que acontecía, sin dudarlo la abuela de José le recomendó a su nieto y quedaron en que se pasara por el negocio el lunes por la mañana.

Alberto era algunos años mayor que doña Elena ambos tenían una hija que estudiaba fuera y un hijo que cursaba una carrera universitaria en Granada, doña Elena era una señora a simple vista más bien seria y algo seca de carácter, con el pelo siempre recogido un cabello moreno unos labios más bien carnosos y de mediana estatura, sus pechos debían haber tenido mucho éxito en su juventud y aun a sus 48 años absorbían muchas miradas aunque lo que más miradas a pesar de sus faldas a la altura de las rodillas era su hermoso trasero de nalgas redondas y gordas que resucitaban a cualquier macho.

Jose como le indico su abuela se presento en la mañana del lunes en la droguería, le atendió Alberto que se encontraba solo en el negocio y ya advertido por doña Elena, le mostró el local que consistía en la entrada de la tienda un mostrador tras el que se despachaba con una estantería a la espalda apenas con espacio para moverse de esquina a esquina y una trastienda con unas escaleras hacia el piso de arriba donde tenían una especie de almacén, también tenían un almacén pequeño en un local a una manzana de allí para las pinturas y algunos materiales de menor rotación, según le comento Alberto, ya tendría oportunidad de conocerlo. En ese momento entro doña Elena en el local…..

Elena: buenos días, disculpa Alberto pero me han entretenido más de la cuenta en el banco, ya sabes las colas que se forman.

Alberto: No te preocupes el banco como todos los lunes, he estado tranquilo además estaba mostrando esto a Jose.

Jose: encantado señora.

Elena: Vaya no esperaba un mozalbete tan espigado, entonces tu eres el nieto de Carmen, y que tal le has dicho en qué consistiría su labor aquí.

Alberto: en ello estaba pero al entrar tu hemos parado, ya le he mostrado el local y le he comentado lo del almacén de fuera si te parece sigue tu hablando con él mientras yo voy al médico que se me echa la hora encima.

Relatos de maduras en Universo Erótico

Alberto entro a la trastienda se quito la bata, como si se tratara de un vídeo pornoxxx y se puso una rebeca y se despidió de ambos, Elena pasó al mostrador y le comento a Jose lo que estaban dispuestos a pagarle por su trabajo que no sería otro que ayudarles en todo lo que pudiera en el negocio de 9 a 2 de la tarde y de lunes a sábado. En el chico no paso inadvertido el culo de doña Elena a la hora de entrar tras el mostrador, pensó para sí mismo (ojala doña Elena pase mucho tiempo por aquí).

Elena: Pues nada Jose entonces mañana a las 9 te esperamos aquí.

Jose: Muchas gracias doña Elena, aquí estaré.

Elena: muy bien, pero dime Elena eh, que me haces muy vieja.jajaja.

La seriedad de que le advirtió la abuela, así como la fama que le precedía, no tenía nada que ver con la simpatía y la buena impresión que le causo Elena, pensaba Jose mientras volvía a casa.

Al día siguiente se presento en su trabajo Jose como acordó, y fueron pasando los días hasta llevar unas tres semanas, Alberto apenas aparecía por el negocio, según Elena los médicos le obligaron a hacer reposo y tendría que estar ella más presente. Para Jose era algo cómodo además le gustaba el trato con el público y a Elena se le veía feliz con su disposición y el con la de ella y sobre todo con como todo trascendía. Elena debido al calor del verano, llegaba casi siempre temprano al negocio, cuando Jose llegaba ya estaba dentro con la persiana a medio echar con su bata azul y como él podía adivinar con su sujetador y sus bragas sin más debajo, ese día en concreto Jose paso por debajo de la persiana y sin hacer ruido llegó a la altura de la puerta de la trastienda daba los buenos días cuando en ese momento vio a Elena de espaldas cogiendo la bata muy nerviosa al verse sorprendida, el chico al ver ese culazo en pompa y la situación, todo gratis , para él, culo abierto, xxxgratis, dio un paso hacia atrás pidiendo disculpas, Elena se echó la bata y terminándose de abrochar salió de la trastienda algo sofocada por lo sucedido y tranquilizando a Jose de que no pasaba nada, en ese mismo momento miro el bulto que tenía el pantalón del chándal que vestía el chaval.

La mujer madura miró el bulto del pantalón

Transcurría la mañana y los clientes parecía que se pusieron de acuerdo en ír y no paraban de atender, en la cabeza de Elena persistía lo que vio a primera hora y en la de Jose aun mas, sin querer pero queriendo en un trance del despacho Jose fue a pasar por detrás de Elena y su polla se hizo presente entre las nalgas de ella que enseguida reconoció lo que sentía, esto no hizo más que despertar aun mas a la polla de Jose, como imagino bien Elena, la que no podía dejar de comprobarlo de alguna forma y con la mirada le era imposible ya que al estar tan cerca se delataría, así que esta vez fue ella la que busco el arrimón y lo encontró, vaya que si lo encontró, noto la barra que el chico llevaba como penitencia a su santo trasero y las calores que Elena comenzó a experimentar hacían años que no afloraban en su ser, Jose por su parte tenía su mente totalmente esclavizada al culo de Elena y consciente del invite volvió a repetir la escena varias veces durante la mañana. Elena cuando se tranquilizo la entrada de público y a la vez intentando de bajar el calor que sentía en todo su cuerpo sobre todo en sus partes más bajas, mando a Jose a ir al almacén por unas cosas, lo que aprovecho este para hacerse una señora paja a la salud de Elena y recapacitar con lo que había sucedido entre ambos, consciente de la complicidad de Elena llego de vuelta con su plan en la cabeza.

Jose: Aquí traigo lo que me encargo Elena, lo coloco dentro.

Elena: Si Jose haz el favor, vamos a cerrar ya mismo son menos diez, si no te importa colócalo todo en su sitio. Y no lo tendré por medio esta tarde.

Al parecer Elena también había pensado en lo sucedido y por como acontecía todo tenía pensado algo.

Jose estaba en lo que ordeno Elena, mientras ella terminaba de ordenar el mostrador y salía para echar la persiana hacia abajo, volvió a la trastienda y Jose seguía con su tarea.

Jose: voy a subir y le coloco lo que queda allí también para dejarlo recogido Elena.

Elena: Gracias eres un sol, voy a aprovechar para cambiarme mientras bajas, avisa eh, jajaja.

Jose : si si.

Esa sonrisa ultima a Jose ya le puso en alerta, que quería decir, y si bajo que pasa pensó, se coloco arriba y desde una rendija espió a Elena, La veía mirar hacia arriba de la escalera mientras desabrochaba su bata, pero cuál fue su sorpresa al ver a Elena llevarse la mano a su entrepierna, sin perder la vista de la escalera a la vez que metía una mano en su sujetador, que caliente debe estar pensó Jose, la polla le pedía a voces salir del pantalón y así hizo empezó a acariciarla aprovechando la visión pero él quería mas, Elena lo tenía ya fuera de sí y decidió dar un paso adelante.

Bajando la escalera de forma imprevista con la polla acomodada de forma que no pasara desapercibida para Elena…

Jose: Perdón se me olvido avisar

Elena de espaldas a él cogía la bata para taparse.

Elena: qué vergüenza otra vez.

Jose: yo no veo ninguna vergüenza Elena sino una mujer despampanante, perdóneme a mí.

Ella se vuelve hacia el aun en bragas y sujetador.

Elena: eso piensas de mí de verdad Jose

Jose: si Elena acaso no lo demuestro.

Como la tetona que gime de placer y que se le mueven las tetas como a una perra en celo de relatos de sexo.

Bajando el pantalón del chándal y dejando ante Elena veinte centímetros de carne dura y venosa señalándola.

Doña Elena madura chupando polla

Elena abrió los ojos como quien ve de venir un toro y se echo las manos a la cara dejando caer la bata, se acerco a Jose y se arrodillo ante aquello, lo acariciaba como si de una reliquia se tratara, lo comenzó a besar a dar lengüetazos a hacer de el falo de Jose su juguete, lo lamia lo mordía lo besaba, Jose le desabrocho el sujetador y comenzó a acariciarle los pechos pellizcándole los pezones y masajeándoselos torpemente pero lo suficiente para ponerla aun más caliente de lo que estaba, mientras tanto Elena seguía a lo suyo.

Jose: ufff que gusto Elena que bien la chupas ummm toma, es toda para ti ummmm

Elena estaba totalmente entregada a lo que le llenaba la boca y así siguió hasta que noto los latigazos de leche de Jose golpeándole la garganta sin dejar de beber hasta la última gota.

Jose la ayudo a levantarse y la volvió de espaldas, siguió acariciándole las tetas y comenzó a darle pequeños mordiscos en el cuello que lucía al descubierto gracias al moño que llevaba recogido, ella se estremecía y el aprovechaba para terminar de sacarse el pantalón y aprovechar para dejar al descubierto el coño y el trasero que le había hipnotizado desde el primer día, su polla solo del roce con las nalgas de Elena volvió a emerger…

Elena: Follame Jose Follame por favor, quiero sentirte dentro, follame

Jose la acomodo contra unas cajas dejando su culo en pompa y con todo su esplendor y acomodo la cabeza de su polla a la entrada del coño de Elena que al sentirlo cerró los ojos y le pedía…..

Elena: métela ya, métela cariño, ooohhhh diosssss ,que gustoooooo, no pares, aaaaagggggg,aaaaaggggg, asiiiii,asiiii.

Elena se estremecía con cada embestida que Jose le propinaba después de las dos corridas anteriores , Jose se sentía seguro de lo que hacía, la follaba disfrutándolo, poniendo todo el énfasis que podía y dándole todo lo duro que ella le pedía….

Elena: uuuummm, no pares me corroooo,me corroooo, ahhhh, quietoooooooo,asiiii clávamela toda asiiiiiiiiii,ummmmmm.

El primero de una sucesión de orgasmo le llego así a Elena.

Jose veía ese tremendo culazo botar sobre su polla una y otra vez chapoteando el coño de ella sobre sus huevos los gemidos de ellas se oían en toda las trastienda se mordía las manos para no gritar, Elena estaba totalmente poseída por su polla y el era consciente de la situación.

Jose: ¿te gusta Elena? Toma toma mas, dime si te gusta

Elena: No pares, me encanta,aaaagggg, q gusto ,me gustaaaaaaaaa, dame mas dame más me estas matando de gustoooo,ummmmm.

Jose: quiero follarte el culo elena, ufff quiero este culazo.

Elena : Noooo, me rajarías con esto, aaagggg me coooorroooo, queeee gustazoooo,agggg

Jose siguió taladrando el coño de Elena hasta que al sentir otro orgasmo de ella y los jadeos y gritos que daba no le quedo otra que terminar de derramar lo que aún le quedaba en su depósito.

Jose: puuuuff me corrooooo Elena me corrooo uauauuuuuuuuuu.

Elena quedo exhausta y totalmente satisfecha como hacía años que no se sentía, su cara rejuveneció en una hora cinco años. Jose miraba aun el coño de Elena y comprobaba como manaba la leche que le había proporcionado, mientras se ponía los pantalones. Y cómo chilla? esta tetona del vídeo?

Elena se volvió y acercándose a Jose lo cogió de la barbilla y le dio un morreo, diciéndole a continuación..

El secreto de la Sr. Elena: chupar pollas a escondidas

En definitiva, Doña Elena no quería que nada de eso saliera de ahí. Era muy puta, sí, pero golfa y perra en la intimidad. Así que le dijo a Jose:

Elena: Esto ha estado genial, pero nunca jamás debe de salir de aquí, ¿estamos?

Jose: Elena mi primera vez no voy a ir aireándola y más cuando no te mereces que lo haga, confía en mí. Eso si ese culo tiene que ser mio,jajajaja. O mío, o de algún vídeo porno gratis maduras, para follarlo de verdad.

Le dijo Jose a la vez que le daba un cachete en las nalgas y ella le devolvía un pellizco en el moflete y una sonrisa de las que pocas personas habían sido testigo en su vida.

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