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Un follador enamoradizo

Gays 5 diciembre, 2017

Hola:

Si eres lector habitual de mis relatos, no hace falta que te cuente que tengo en curso cuatro historias. Esto que en un principio puede parecer muy complicado (que lo es), no lo es tanto pues en mi favor tengo que es la misma historia contada en cuatro momentos distintos. Para aquellos que se hayan apuntado al carro recientemente, explico un poco de que va cada una:

“Historias de un follador enamoradizo”: Trata de las aventuras amorosas de Mariano en busca del amor (Aunque por el transcurso que van tomando los acontecimientos, más bien parece una especie de Indiana en busca de la “polla perdida”). Aunque ha tenido bastantes escarceos a lo largo de la serie, tres de sus compañeros de cama parecen haber venido para quedarse: Ramón su amigo de la infancia, Iván un mecánico muy particular y José Luis un atractivo técnico de ADSL que le ha proporcionado más de un empalme.

A mediados de la serie se unen al carro JJ, su incondicional amigo y su novio Guillermo con el que van a finiquitar las vacaciones en una playa nudista.

“Sexo en Galicia”: Trata de unas vacaciones que JJ y Mariano pasaron en la tierra del apóstol Santiago (Dos años previos a los hechos narrados en “Historias”).

En esta historia los dos amigos, se irán metiendo poco a poco en una espiral de sexo de la que le será bastante difícil de salir. Aunque hasta el momento todo ha sido “Living la vida loca”, los acontecimientos evolucionaran hacia algo más oscuro y desagradable.

“Los descubrimientos de Pepito”: Está ambientado en la infancia de JJ (Pepito) y trata de como un niño de finales de los setenta, principio de los ochenta descubre el mundo de los mayores. Está contado en clave de humor y no pretende ser nada pretensioso.

“¿Sabes lo que hicimos el verano del 2012?”: Es como una especie de continuación de “Historias”, pero centrada en una semana en una playa nudista de Cádiz de JJ, Guillermo y Mariano.

A mi ritmo de producción (tres relatos a lo sumo al mes), las cuatro series son muy difícil de llevar en paralelo por lo que, tras duras negociaciones conmigo mismo, y como mi hiperactividad creativa no estaba dispuesta a renunciar a contar ninguna de esas historias he planificado los relatos de los próximos meses y paso a contártelo (a ver qué te parece):

1) Como historia principal se queda “Historias de un follador enamoradizo” (Actualmente se está contando en ella la historia de Ramón con Mariano, desde el punto de vista del primero). Se publicará un relato o dos al mes (Según el tiempo libre del que disponga).

2) Esta se ira alternando de aquí al verano con cinco episodios de “Sexo en Galicia”, uno de “Los descubrimientos de Pepito”, cinco de “¿Sabes lo que hicimos el verano del 2012?”

Como ambos bloques de cinco episodios formaran una historia compacta que se puede entender como cerrada, cuando la vuelva a reiniciar tampoco será muy difícil de seguir pues de todas maneras, como hago siempre, dentro de la narración daré una especie de resumen de los acontecimientos para que no te pierdas.

A continuación (dado que tengo un ratillo), te daré un avance de lo que sucederá en cada serie:

“Los descubrimientos de Pepito”: El capítulo en sí seguirá en ese fin de semana que Pepito está pasando en casa de su primo Francisquito. Cómo ya he dicho otras veces, esta serie es la que más trabajo me cuesta de escribir y a la que más mimo le pongo. Tengo bastante adelantado de la trama del episodio pero tengo muchos detalles aún por pulir.

“Sexo en Galicia”: Concluirá el flash back de Pepe con su primo Francisco, Mariano recordará un acontecimiento en el que está implicado un nuevo personaje que se incorpora a la trama y tendrá lugar una conversación entre los dos amigos que dará conocer facetas de JJ que no conocíamos.

“¿Sabes lo que hicimos en el verano del 2012?”: Mientras terminan de pasar el día de playa a JJ le dará por contarle una historia de su juventud en el internado (Tengo los bocetos hechos y si se plasmar lo que quiero contar, puede quedar una historia que no te dejará indiferente).

“Historias de un follador enamoradizo”: La historia con Ramón es la culpable de todo el desaguisado que se ha formado. ¡Me explico para que me entiendas!

Esta historia del Ramón recordando su historia con Mariano, nace para dar punto final a la serie. Con ella pretendía dos cosas: Poner en orden cronológico la historia de los dos protagonistas y darle voz al policía.

Los relatos (Ya publicados) a narrar desde el punto de vista del otro protagonista eran:

1) Mis dos primeras veces con Ramón.

2) Algo para recordar.

3) Celebrando la victoria.

4) Follando con mi amigo casado.

5) ¿Por qué lo llaman sexo si quieren decir amor?

6) El MUNDO se EQUIVOCA.

En la “Guía de lectura”, que publiqué en Septiembre, hice referencia a seis episodios e incluso llegué a poner sus títulos pero no tenía claro cuántos serían, ni que iba a contar en ellos.

A la vez que me iba internando en la historia esta se hacía más extensa y empezaba a vislumbrar que serían diez. Así que en vez de correr por publicar, me puse a abocetar la historia por episodios y, ¡oh sorpresa!, me han salido quince episodios (quedarían pendientes todavía doce).

Desde que publiqué el último capítulo estoy sopesando los pro y los contra de un acto tan largo (normalmente los anteriores habían sido tres, cuatro o seis episodios a lo sumo). Pero vista la aceptación que está teniendo la historia, he decidido liarme la manta a la cabeza y contar la historia con la profundidad que se merece. Espero no defraudar a nadie con mi forma de hacerlo.

De “Historias de un follador” una vez finalice el acto de Ramón quedaran dos más que contar con los que se cerrará la serie en el episodio cincuenta y dos.

De las otras tres no tengo planificado todavía el número exacto que será de cada una, pero todavía queda bastante.

Como siempre gracias por leerme y por estar ahí. Espero haberte servido de ayuda para entender mejor lo que intento hacerte llegar

El martes o miércoles publicaré un nuevo episodio (lo tengo casi listo), se titulará: “Vivir al este del edén”. Ya me dirás…

Un abrazo.

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El chico guapo de al frente

Gays 26 julio, 2017

Hola a todos vengo de nuevo con un relato 😀 Bueno esta es una historia reflexiva que trata el amor y los sentimientos de esas personitas que tienen discapacidades, pero que tienen derechos de amar como nosotros. Espero que les guste en verdad y me disculpan si tiene algún error (Soy nuevo en esto y estoy aprendiendo) También quería decirle que pronto vuelvo a subir Entre Danzas y Miradas ya que la estoy editando, para subirla mucho mejor y no con tantos errores. Ahora si los dejo Bye. -AJ

Esta es una pequeña historia en donde el amor no mira fachada.

Él es joven de solo veinticinco años de estatura mediana, cabello negro como la oscuridad, piel blanca como la nieve, labios rojos, su cara es redonda, con unas mejillas abultadas que siempre están rojas, sus ojos son negros coronados con unas largas pestañas, es delgado, no pesa menos de 50 kilos. Su cara angelical es hermosa y llama la atención, pero él tiene una discapacidad motora desde niño, lo que le dificultad moverse libremente sin su silla de ruedas.

Santiago era un joven que siempre se encontraba encerrado en su casa, donde recibía clases con profesores particulares y contaba con todo los lujos de un muchacho de su edad, pero el añoraba algo que mantenía en secreto desde hace más de diez años. Cuando sintió de que su cuerpo no reaccionaba al ver los cuerpos desnudos de las féminas, sino al ver las grandes pollas que perforaban los coñitos. Eso lo escandalizaba al sentirse diferente y lo guardó en secreto, pero lo que no sabía era que ya su madre se enteraría desde ese jueves por la mañana.

Se encontraba en su recamara leyendo una novela de Thomas Hardy, cuando de pronto un gran camión se detuvo en la casa del frente y acercándose en su silla hasta su ventana, se enteró que se estaba mudando una nueva familia, después de más de cinco años que había estado inhabilitada.

-Veo que te diste cuenta que se va a mudar una nueva familia.-Habló su madre que entraba en su habitación con cobijas limpias.

-¡Eh! Si me di cuenta, pero de seguro pasara lo mismo, como las demás familia que antes habitaban la casa azul.

-¿Por qué dices eso hijo?

-Porque, si tienen hijos de seguro se aburrirán cuando sepan que en esta calle solo viven personas mayor y lisiados.

-Hay tesoro, no digas eso quien sabe si encuentras el amor de tu vida allí.- Mientras besaba su cabeza la Madre respondía con amor.

-Mami, ¿Quien se podría enamorar de una persona como yo? Sería una carga, para ell…a.- Nervioso se apartó Santiago y su Mamá, prefirió cambiar el tema.

-Creo que hare un pastel de chocolate no, mejor hare dos ricos pasteles. Ya que tenemos vecinos nuevos debemos de hacernos conocer.- Saliendo de la habitación dejó a Santiago.

Él se quedó toda la tarde observando, cómo los trabajadores subían y bajaban los muebles de la hermosa casa, pero nunca observó a los habitantes de la casa.

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Su cuerpo reposaba debajo de sus sabanas blancas, dormía plácidamente con su respiración tan tranquila, su cabello se encontraba enredado tapándole su cara y con su boca abierta hacia escapar unos suaves ronquidos, pero un estruendo fue el causante que se levantara de su cama con el corazón en la boca y tomando su silla se dispuso a encontrar el causante de su despertar.

¡Y sí que lo hayo! cuando a través de su ventana se dio cuenta de que el causante de su despertar era una poderosa moto de carrera que estaba siendo probada por un sujeto que vestía todo de negro. Su curiosidad fue tan extrema que tomando su silla se dirigió hacia la planta baja por la rampa y acercándose a las ventanas de la sala se dispuso a ver con más claridad lo que sucedía afuera.

El sujeto de negro seguía probando el arranque o eso fue lo que pensó él y viendo luego como se fue por el garaje, perdiéndolo de vista Santiago se entristeció, pero el ruido de unos perros lo hizo levantar su mirada, eran dos hermosos golden retriever.Eso lo hizo emocionarse y al ver que se bajaba una pareja acompañado de una pequeña, supuso que eran los dueños de la casa azul.

-Creo que ya viste de lejos a la familia Damens.- Dijo la Madre de este, mientras entraba a la sala. Espero que no te hayas despertado por el ruido de la motocicleta de Uriel.

-Hola Campeón.- Ese era su padre que besando su mejilla lo hizo acercarse hasta la mesa para poder desayunar.

-¡No Papá! No me he aseado todavía.

-Creo que mi hermoso lo despertó el ruido de Uriel.

-¡Uriel! ¿Qué Uriel?- Entonces pensó que el hombre vestido de negro con el casco debía de ser Uriel.

El matrimonio al ver la cara de incógnita de Santiago, respondió- Uriel es el hijo mayor de los Damens. Luego lo conocerás. Creo que tiene tu edad y es muy simpático.- Decía su madre mientras acomodaba la mesas, para el desayuno.

-Voy a subir asearme y prefiero desayunar hoy en mi habitación.

-Ok Santi, ya te lo subo.

Para Santiago era fácil bañarse, después de toda su vida siendo paralitico no era nada nuevo entrar al baño y apoyándose sobre un banco de cerámica abría la ducha y lavaba su cuerpo sin ayuda. La sala de baño era espaciosa y con la comodidad para poder sentirse libremente. Siempre que pasaba su mano por su pene, se erguía y el temeroso no lo seguía tocando, ya que no sabía cómo hacerlo y temía que su madre entrara y lo encontrara masturbándose.

Después del baño Santiago se dispuso a desayunar frente de su ventana con la esperanza de ver al susodicho “Uriel el simpático”. Esa era la única forma de verlo, ya que él nunca saldría de su casa, para ser de nuevo la burla de todos en el pueblo. Sin embargo, su intento fallo, porque nunca apareció y cansado decidió seguir con su lectura hasta en la noche que se dispuso a mirar una película romántica con su mama.

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Sentado sobre muchos periódicos se encontraba un chico alto, cabello largo rizado de un rubio muy brillante, su cuerpo era marcado, pero no excesivo solo su abdomen y pecho que se marcaban de forma sensual. Tenía varios tatuajes en su cuerpo lo que le daba un aspecto de chico rebelde, pero sus ojos azules como el cielo hacían notar que era un ser humilde.

Se encontraba pintando su nueva habitación. Había escogido la última porque era espaciosa y a la vez lo enamoró el balcón con grandes ventanales que daba hacia la calle. Estuvo dentro de ella escuchando música hasta culminarla, tenía varias tonalidades entre el marrón, verde, amarillo y azul que hacían sentir que estaba dentro de un mundo de colores.

Él tenía veintiséis años y era Pediatra. Había decido seguir la descendencia de sus padres que eran grandes médicos reconocidos, pero por la enfermedad cardiaca de su hermana decidieron venir a vivir a este pueblo. Y él siguió la aventura, huyendo por la tracción de su pareja. Así que dejó todo en la cuidad y se lanzo a vivir en la pequeña ciudad pueblerina.

Recorrió la cuidad cuando llegó y conoció donde iría a trabajar. Era un hospital pequeño, pero se sentía cálido y eso era raro en un lugar como ese, sin embargo le gusto sentir eso. También conoció a sus vecinos y los que mejor les cayó fueron los del frente, una familia integrada por una señora hermosa, amable y sobre todo parlanchina y eso le gustaba, su esposo era grandioso hablaron sobre futbol y su motocicleta, así que le gusto mucho sus vecinos.

Por el agotador día, se dispuso a tomar una ducha. Enjabonando todo su cuerpo, hasta llegar a su pubis que lo lavó con abundante jabón, logrando que sus vellos rubios se convirtieran en enormes montañas espumosas y bajó su mano hacia su pene, comenzó a frotarlo hasta descubrir sus glande que fue sumergido en sus manos para dejarlo limpio. Su aparato estaba comenzando a ponerse duro, pero no tenía ganas de masturbarse ese día ya que se encontraba muy agotado por la mudanza.

Luego de salir del baño, se vistió y salió con la toalla sobre su cabello y se dispuso a bajar a cenar con sus padres.

-¿Uriel que te ha parecido el pueblo? – Habló Salome, su madre mientras cenaban.

-El doctor, limpiándose los labios con una servilleta, respondió.- Es cálido el lugar y su gente es pintoresca, sobre todo me cayeron muy bien los vecinos del frente. Lástima que no tengan hijos.

-¿Y por qué supones eso hijo? Ellos tienen un hijo, creo que es de tu misma edad o menor.- Dijo su Padre, mientras daba de comer a Claudia.

-Bueno, entonces es un mal educado, porque no fue a presentarse o no sé.

-Su hijo es discapacitado y te he dicho no juzgue sin conocer. El chico al parecer nació así, según los médicos.

-Sorprendido.- ¿Causa?

-Obstrucción en su medula espinal, ella me dijo que deseaba que lo conociéramos, ya que tienes años que no se ha vuelto a chequear.

-Disculpa Madre. – Siguieron comiendo, pero Uriel le entró la curiosidad de conocer al hijo de sus vecinos.

Ya de noche Uriel sacó unos lápices y un cuaderno, comenzó a dibujar paisajes del pueblo y su gente en eso recibió un mensaje, leyéndolo su corazón dio un vuelco.

-Te extraño, perdóname vuelve junto a mi Uriel, dame una segunda oportunidad amor…-Pero sin terminar de leerlo lanzo su móvil al suelo y apretando con los cuadernos, lo fue rompiendo de forma violenta hasta hacerlo pedazos. Y con ese dolor en el alma se dispuso a dormir.

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Ya se encontraba despierto, eran menos de las seis de la mañana, pero no podía dormir más .Así que se decidió levantarse temprano y les hizo el desayuno a sus padres.

Cuando se encontraba leyendo al frente de su ventana, vio salir un chico de la casa del frente. vestía un pantalón deportivo gris, una franela de mangas cortas de color azul con la palabra “life” y un pasamontaña gris, no podía mirar su cara así que decidió seguirlo con la mirada hasta que sus ojos encontraron un rostro precioso que lo hizo sonrojar, es demasiado guapo, pensó y lo observó hasta verlo desaparecer en la esquina.

Movió su silla hasta su laptop y buscó en la página del facebook el nombre de Uriel Damens y allí apareció. Su corazón dio un vuelco, comenzó a leer su biografía.

-Tiene una relación. Hay por dios Santiago como vas a creer que ese hombre sea gay y si lo fuera no se enamoraría de alguien tan horrible como tú.- Pensaba en voz alta. Y siguió viendo las fotos del chico que en verdad era guapo y lo que más le gustaba de él eran sus ojos, pero prefirió cerrar su perfil, para no imaginar nada más.

Su tarde comenzó igual como había comenzado todas las anteriores, sin nada sorprenderte.

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Mientras que a Uriel no le había sucedido lo mismo, porque sintió que alguien lo seguía con la miraba cuando salió a correr en la mañana, pero cuanto buscaba de donde provenía la mirada no encontraba a nadie en los alrededores. Sin embargo, sospechaba las que las miradas provenían de una de las ventanas de la casa del frente donde diviso una sombra. Lo que le produjo unas sonrisas.

Esa misma mañana comenzó su jornada en el nuevo hospital, donde lo recibieron con los brazos abiertos y en menos de un mes ya había encontrado dentro del hospital buenos amigos. Pero tambiéntodo ese tiempo se sentía espiado cada vez más cuando se encontraba en su habitación y sabía que esas miradas provenían de la casa del frente, donde las cortinas se movía de una de la ventana, en donde alguien lo observaba. Esto comenzó hacer que se sintiera molesto por el acoso.

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Durante un mes estuvo espiándolo. Su momento favorito era cuando Uriel salía al balcón a contestar alguna llamada, luciendo su torso descubierto o cuando el chico andaba en ropa interior súper sexy. Él en secreto comenzó a tomarles fotos y las guardaba en su computadora, en donde le escribía siempre algún poema o carta a su amor secreto, porque él comenzó a sentir algo por Uriel. Pero entendía que eso nunca sucedería. Sin embargo todo cambio después de dos meses.

Los Damens fueron invitados a una cena en casa de Santiago y este ese día se encontraba renuente.

-Ni se te ocurra que saldré a cenar con ellos.

-Pero hijo, tu no los conoces. Ellos son médicos y pueden ayudarte.

-Mamá, nadie puede ayudarme.

-¿Ni el amor te puede ayudar Santi?

-Palideció. – Eeeh… ¿Que dijiste? – Él había escuchado muy bien, pero no quería entender.

-¡Nada! Mi cielo si no quieres bajar entenderé.

Cuando llegó el matrimonio con sus hijos el corazón de Santiago dio un vuelco y se encerró en su lectura con sus audífonos puestos para poder callar su corazón, pero tanta fue la emoción que se quedó dormido.

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Solo había aceptado ir a casa de sus vecinos, para encarar su acosador, aunque suponía que debía de ser el hijo, también tenía la posibilidad de que no fuera él. Cuando entro pensó encontrarlo, pero no fue así, no había rastro de él y se sintió tan molesto que en toda la cena no habló y deseaba irse ya de esa casa. Pero todo cambio cuando le pidió permiso a la señora usar el baño y esta le dijo que subiera la rampa y a su mano derecha estaba. Lo que sorprendió al esposo de esta que no comprendía el porqué le había dado la instrucción para entrar en la habitación de Santiago.

Iba subiendo la rampa arrastrando sus pies, para luego cruzar como le habían dicho, pero cuando empujó la puerta se encontró con una habitación y en ella había una silla de ruedas, haciendo que su corazón se acelerara. Se acercó en silencio hacia un sillón que se encontraba cerca de la ventana, percatándose de que un joven reposaba con su boca abierta y su rostro armónico. Se quedó tan embelesado que sin saber cómo se enredó con la silla de ruedas y cayendo al suelo hizo que Santiago se despertara asustado.

-¿Que sucede? – Dijo con voz fina, sin notar que a sus pies estaba Uriel. Este mirándolo sorprendido por lo guapo que era y sin saber el porqué su corazón comenzó a latir fuertemente como si deseara salir de su pecho y un frio invadió su cuerpo.

-Hola, disculpa. Bueno tu mama me dijo que aquí era el baño. – Habló Uriel nervioso al ver que Santiago se había percatado de su presencia y lo miraba pasmado. Asi que levantándose comenzó a pedirle permiso, pero sin darse cuenta que cuando se disponía a salir la bota de su pantalón se enredó con la silla de ruedas, haciendo que mientras caminara esta lo siguiera.

-¡Oye esa silla es mía! – Con una risa nerviosa dijo Santiago. Haciendo temblar de nuevo a Uriel por escucharlo nuevamente y separándose de la silla observó otra vez sus ojos, nariz y sobre todo su hermosa boca que tenía un poco de baba. Él sin pedir permiso se fue acercando a Santi y con sus dedos retiró esa pequeña saliva de las comisuras de su boca.

-¿Qué haces?- Asustado respondió Santiago al sentir que limpiaba su baba, pidió que la tierra lo tragara. – Qué iba a pensar él que era un paralitico y de paso un retrasado mental.- Pensaba Santiago y bajando su mirada se comenzó a poner rojo de la pena.

-Disculpa no era mi intención, pero tenias algo en tus labios. Ha mucho gusto soy Uriel Damens, ¡tú debes ser Santiago verdad!

-Eeeh sí. – Respondió con un susurro. – Soy Santiago Grent mu…cho gusto. –Alargó su mano hasta rozar la de Uriel que al sentir su contacto la retiro rápidamente.

-Asi que tú eres mi acosador. – Dijo riendo Uriel, haciendo que Santiago se pusiera mas colorado y tartamudeando comenzó a aclarar lo que sucedía cuando lo observaba por su ventana, pero eso hacía reír más al médico y abordándolo con preguntas hacia que cada vez Santiago se agitara.

-Bueno me explicaste que solo mirabas a mi ventana por curiosidad, espero que no me hayas visto desnudo o tendré que llamar a la policía.

-¡No por dios! Lo juro no te vi desnudo. –Dijo de forma afligida el chico.

-Te creo dijo el Doctor. Sin embargo por tu falta. Te invito a comer un helado o al cine. – Eso hizo poner de nuevo temeroso a Santiago que negándose de inmediato se lo hizo saber. Pero el Uriel no dejaría que se le escapara de ninguna forma y sin pedirle permiso lo cargó hasta colocarlo en su silla de ruedas y sacándolo de esa habitación se dispuso a bajarlo hasta la sala en donde sin dejarlo presentarse a los invitados, lo sacó de su casa, pero esto despertó el miedo que tanto había temido y se lo hizo saber con lagrimas en los ojos a Uriel.

-¡No! Regrésame a mi casa por favor Uriel no quiero que me vean.- El doctor agachándose lo tomó de la mejilla y sin ninguna explicación unió sus labios a los de Santiago. Que con el corazón en la boca estaba recibiendo su primer beso de amor y en verdad era su amor.

-¡No, tú tienes pareja! Solo quieres jugar conmigo, no sé por qué lo haces, pero no te quiero volver ver dijo el joven y subiendo hacia su casa se adentró, para llorar amargamente delante de los padres de su amor y los suyos que sorprendidos no entendían nada, pero alguien si entendía.

-Deberías dejar ese miedo y sentir que existe el verdadero amor. Sube mi cielo a tu habitación creo que hoy tuviste muchas emociones.

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Dentro de la casa de los Damens los padres discutían con Uriel

-¿Pero tú te has vuelto loco o qué? Ese muchacho ha estado encerrado en su casa por años y vienes tú con tu calentura y te lo querías follar.

-¿Quien te dijo que quiero follármelo? Se, que lo que hice fue una locura, pero Mamá cuando lo miré mi corazón despertó y solo quería besarlo y protegerlo.

-Claro como es un muchacho puro y no es como Ro…. Bueno el caso es que tú te alejas a kilómetros de él ¿entendiste Uriel?

-¿Por qué no terminaste de decir Román? Y sí, no es como Román o como los otros. Él es único. –Decía el Doctor mientras en su cabeza se imaginaba el rostro de Santiago y sus mejillas rojas cuando se sintió intimidado.

-A ver cálmense los dos. ¿Y amor quien sabe si Santiago es el amor verdadero de Uriel? Porque, yo vi cuando él le respondió el beso. Así que una cosa si sabemos que él es gay.

-Pero… Pero… que sabes tú, si él está confundido y correspondió el beso solo por curiosidad.

-Tu eso no lo sabes amor, mejor nos vamos. Mañana será otro día.- Diciendo esto halo a su mujer al dormitorio.

Los dos chicos no podían dormir. Uno se sentía culpable por cómo había actuado y reflexionando sobre lo que dijeron sus padres tenían razón y tomando una decisión se dispuso a dormir. El otro se encontraba sumergido en sus emociones. Acababa de recibir su primer beso por Uriel y su corazón latía, aunque solo fue un roce, para él fue un beso de amor, pero también le dolía el alma por haberlo tratado así, aunque él sabía que lo había hecho por saber que el mantenía una relación. Sin embargo se encontraba feliz y con una sonrisa en sus labios se durmió.

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Esa mañana amaneció más fría que de costumbres y Santiago ya se encontraba en el comedor tratando de comer apresurado y estaba dispuesto de encarar a Uriel antes que se fuera al Hospital. Él sabía que a las seis y media se dirigía al parque a correr y luego regresaba a tomar una ducha. Alguna vez lo espió ya que la ventana de la habitación de sus padres daba al de su baño y lo vio de espalda cuando lentamente deslizaba su bóxer y quedaba desnudo a sus espaldas. Tenía una espalda ancha con muchas pecas que viajaban desde sus hombros hasta el final de la misma y tenía un hermoso trasero bronceado que no era ni tan grande ni tan pequeño eran unas perfectas nalgas. Con el corazón a millón y su pequeño pene rígido. fue capaz de tomarle algunas fotos, para guardarla en su colección. Esos recuerdos hicieron que Santiago se acalorara, pues recordar el cuerpo de su amor lograba despertar su corazón.

Terminando de comer, se dispuso en tomar su bufanda y salió con temor de su casa. Lo recibió una corriente fría que inundo su cuerpo, pero eso no lo detuvo y con pánico se detuvo en la acera de su casa y mirando al frente se dispuso a pasar la desolada calle. Cuando llegó al otro extremo suspiro ya que nunca se había atrevido a salir de casa.

Se encontraba en la puerta principal, no había podido tocar el timbre, su cuerpo se encontraba húmedo por el frió, haciendo que temblara sin cesar, pero no pensaba marcharse hasta ver a Uriel y le explicara el ¿por qué lo beso?

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Desde muy temprano había hecho las maletas. Había decidido volver a su tierra natal, para poder olvidar lo que había hecho y se sentía afligido por su comportamiento y sobre todo por sus sentimientos encontrados.

No quería despedirse de nadie así que huía con su maleta en mano y su abrigo. Cuando salía no se percató que Santiago lo observaba con el corazón roto al ver que llevaba consigo una maleta. Pero Uriel se le detuvo su corazón al escuchar unos sollozos, que provenían detrás de las macetas y al ver que era Santiago su corazón le dio vuelco.

El verlo allí con sus manos tapando su cara, mientras lloraba le rompía el alma y acercándose despacio, hasta estar cerca de él le habló en susurro sin tocarle.

-¿Santiago, que haces aquí? ¿Qué te sucede?

-Sollozando fuerte. Hacia que las palabras no salieran de su boca.- Tu teee vasss por mí.

-Sí, Santiago.-Dijo el Doctor bajando su mirada.

Limpiándose las lagrimas, movió su silla y sin mirar atrás se dispuso a irse, sentía que deseaba morir, que era un tonto en pensar que Uriel dejaría todo por él, pero su silla fue agarrada y el intentando andar se le fue dificultoso.

-¡Suelta la silla Uriel! ¿Quiero irme de aquí? Soy un idiota por pensar que tu…- Sus lagrimas comenzaron a brotar como cascadas y él no podía detenerlas, sin embargo el abrazo cálido del Rubio las hizo serenar.

-Por pensar que yo me enamoraría de ti.- Dijo en susurro cerca de su oreja.- Desde esa mañana que sentí tu mirada en mi cuerpo. Tú despertaste un alma muerta y no quiero jugar contigo Santiago, porque yo deseo amarte con mi vida desde ayer.- Esto lo decía mientras sus ojos se humedecían.

-Te am…o Uriel desde que llegaste a mi.- Apartándolo. Por primera vez lo miró a los ojos sin temer y le volvió a repetir.- Te amo Uriel y sé que soy un lisiado y tú tienes pareja, pero Te amo.

-Shhh, ¿Quien te dijo amor que tengo pareja?

-Santiago se sentía sorprendido con ese “amor” que había escuchado de su boca.- Tu biografía del facebook.

-Ja Ja Ja, amor tengo más de seis meses que no actualizo mi facebook y si tuve una relación, pero hace tiempo que terminó y por eso me vine a vivir al pueblo. Y mírame ahora estoy aquí a los pies de mi verdadero amor.

Las lagrimas volvieron a inundar los hermosos ojos negros de Santiago y sin temer se fue acercando a la boca de Uriel y este imitándolo con los ojos cerrados se besaron por segunda vez.

Los labios virginales de Santiago acariciaron los de Uriel que poco a poco fue abriéndolos y el más pequeño lo imitó de forma precisa. Luego cerraron sus labios a la misma vez, para luego volverlos abrir y sacando la punta de su lengua el Doctor acaricio la comisura de los labios de su futuro novio que abrió mas su boca para invitarlo invadirla. Esa danza fue tan lenta como la nieve que caía sobre los cuerpos caliente.

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Luego de ese beso tan dulce, Uriel tomó en brazos a Santiago y llevándolo a dentro de su casa, para que se calentara ya que su cuerpo temblaba del frió y de emoción. Aunque allí dentro prefirió que él se cambiara la ropa mojada y subiéndolo hacia su habitación, se dispuso a desvestirlo.

-¿Qué haces Uriel?

-¿Qué crees que hago Santiago? Necesito que te quites esa ropa o te dará un refriado.

-¡No! Estás loco. Eh yo me desvisto solo y por favor retírate de la habitación.

-¿Por qué si somos hombres? O acaso nadie te ha visto desnudo. – Decía sorprendido Uriel.

-¡Claro que sí! Mi papá y mi mamá

-Pero alguien diferente a ellos, no te ha visto.

-No.- Dijo en susurro.

-Bueno des vístete mientras yo voy buscándote algo que te pueda quedar, te prometo no verte.

-Está bien.- Sentado sobre la cama, comenzó a sacar su suéter desde sus cabeza, hasta quitárselo completamente, luego tímidamente y volteo para ver si en verdad Uriel estaba cumpliendo su promesa y suspirando se dio cuenta que sí. Desabrocho su pantalón lentamente y alzando su trasero para poder sacarlo, para luego inclinarse y retirarlos completamente, Sin embargo cuando subió su cuerpo se encontró con el rostro del Rubio que lo miraba sorprendido y tomando su suéter tapó las partes de su cuerpo.

-¡No me mires!

-No puedo dejar de mirarte eres demasiado hermoso.- Decía, mientras sus ojos viajaban por el delicado cuerpo de Santiago. Era delgado, su piel parecía que fuera de bebe sin ninguna marca visible. Sus pezones eran marrones, abdomen plano y unas hermosas piernas delgadas. En pocas palabras era una belleza.

-Discúlpame… -Dijo dándole la ropa y volteándose, para que no viera su erección causada por la visión de su cuerpo.

-Uriel me puedes ayudar a vestirme. –Dijo Santiago en voz muy baja. Logrando que el pene del Doctor sufriera un látigo por esa declaración.

-Si…- Volteándose se fue aproximando a él, muy lentamente y tomando una toalla lo comenzó a secar todo su cuerpo con devoción. Santiago no apartaba su suéter de su pelvis, sentía pena.

Al tenerlo tan cerca, Santiago se puso colorado. Pudo notar un bulto en la entrepierna de Uriel y a la vez se emocionó al ver que él también lo deseaba y alargando su mano rozo tímidamente con sus dedos la notable erección, haciendo que de la boca de Rubio se le escapara un audible suspiro.

-Aaafff.- Uriel sorpresivo se aparto, pero ver con la mirada la suplica de Santiago se acercó sin moverse.

Su cara se encontraba enrojecida y tímidamente comenzó de nuevo a pasar sus dedos por la creciente erección y logrando que miles de jadeos salieran de la boca Uriel y sin prisa fue desbotonando el pantalón del Rubio y este con su boca abierta miraba desde arriba todo los movimientos de Santi. Su pantalón rodó por sus gruesas piernas, hasta caer a sus pies y viendo la mirada de admiración del más pequeño, lo hizo sonreír y con el solo contemplar su pene sobre la tela lo hacía que gotas de pre-seminal salieran de su glande y tomando las riendas Santiago alargó sus manos, atrapando las nalgas de Uriel con sus manos logró pegar la erección de este a su cara. Comenzó a olfatear de forma suave y sacando su lengua tímidamente hasta sentir ese sabor salado característico de un pene, saboreo lentamente y volviéndola a pasar varias veces hasta absorber todos los jugos de Uriel. Este se encontraba agitado por el acto que estaba haciendo y produciendo a su amor, que con la cabeza hacia atrás se encontraba sumergido en ese placer mágico.

-Hazme el amor Uriel.- Este sin perder tiempo retiró el suéter que cubría su entrepierna, para mostrarle su bulto al Doctor que haciéndole caso lo tomo y colocándole en el centro de la cama se subió encima de él, en donde comenzó a besar todo su cuerpo virginal y recorriendo con su lengua a su cuello lo saboreo, para luego lamió sus pezones hasta hacerlo gemir su nombre.

-¡UriiiiiielAaah!- Dijo este clavando sus uñas en la espalda Uriel.

Ninguno de los dos aguantaba el placer y los sentimientos que estaban viviendo, porque no solo era un día de simple sexo, era la unión de dos seres que se amaban. Al llegar a sus interiores de dibujos animados sopló sobre ellos, causando que la piel de Santiago se pusiera piel de gallina y retirándola descubrió un hermoso pene blanco y de inmediato comenzó a chuparlo delicadamente, logrando hacerlo suspirar y este apartándolo de su pene lo hizo que subiera y besándose con mucho amor le acariciaba su espalda.

Uriel bajó hacia los pies de Santiago y besándolo de forma amorosa sus hermosas piernas hasta separarlas y allí estaba bajo sus bolas, encerrado se encontraba su botón y con temor beso suavemente, para lograr que Santiago se relajara y levantado su cadera lo invitó a entrar.

Los besos no bastaban para calmarlos y el pene de Uriel fue buscando la entrada de su hogar y de forma calmada se fue adentrando al lugar donde se alojaría para siempre. El cerrado anillo dejo entrar el amplio glande y apretándolo hizo suspirar a su pareja.

-¡Te amo Santiago y quiero estar junto a ti el resto de mi vida! -Decía Uriel con lágrimas en sus ojos.

-También te amo Uriel.- Sellando con un beso Uriel dejo ir toda su herramienta y esperando un momento prudencial, comenzó u vaivén lento que los dos gozaron de esa forma tan pura de hacer el amor. Las manos de Santiago acariciaban la espalda de su amado y sin dejarse de besar se entregaron en cuerpo y alma.

El cuerpo sudado de Uriel sobre la piel de Santiago lo hacía arder y aferrándose a él le demostraba lo que estaba viviendo, sus besos lo hacían enloquecer y desear más. El movimiento de su lengua junto a la de Uriel, hacia que su pene bañara su pubis de sus fluidos que hacían impregnar de aroma la habitación. Cuando el Rubio subió sus piernas al hombro y notando como el cuerpo de su amante se encontraba bañado de sudor que recorría su pecho, lo hizo excitarse y bajando su mano hacia a su pene comenzó acariciarlo y ese gesto hizo enloquecer a Uriel que unió su mano a la de él y enseñándole un sube y baja lento que era acompañado con el mete saca.

-¡Aaasi amor! Aaafff.- Cada vez que entraba o salía el pene de Uriel lograba que los ojos de Santiago se pusieran blanco y mordiera su labio por el placer de las acometidas

-Siiii… Aamorr… acaricia mi bebe, para que luego me des su jugos.- Ese comentario hizo suspirar a Santi y de forma vigorosa tocó su mojada pollita.

Las agitadas respiración de los dos advertían que estaban a punto de acabar y sacando su pene del ano de Santiago, se recostó de lado mirando su pareja. Comenzó a besarle con pasión y juntando sus penes con su mano comenzó a masturbarlos, haciendo que los jadearan en forma constante. Los temblores inundaron el cuerpo de Santi y mordiendo el labio de Uriel acabo, logrando que de igual manera que acabara su pareja.

Esa mañana el mundo fue testigo de un acercamiento tan sublime de dos seres, que el destino escribió su encuentro, para mostrar que no existe barrera para el amor.

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Un niño que se convirtió en hombre

Bisexuales, Dominación, Gays 22 julio, 2017

Darío le gustaba alberto, quien era el hermano pequeño de su mejor amigo, desde abajo, tumbado boca arriba sobre la cama. La satisfacción estaba pintada en las bellas facciones del aún adolescente, y no era para menos: entre sus cuerpos se interponía el de una explosiva chica, desnuda como ellos, que habían conocido hacía menos de una hora. Alberto la estaba penetrando, todavía despacio, y Darío, que sentía las profundas acometidas del joven, lamía los pechos pequeños y compactos de la chica torciendo la cabeza sobre ella.

Una veloz suma de acontecimientos había llevado a Darío hasta allí, y aún estaba algo aturdido por ello.

Aquella misma mañana había llegado a Palma, donde iba a pasar unas merecidas vacaciones con su gran amigo, Juan. Pero éste todavía estaba trabajando a esas horas, así que había sido Alberto el encargado de ir a buscarle al aeropuerto. Hacía por lo menos cinco años que Darío no veía al hermano de su amigo, y se sorprendió de lo mucho que había crecido. A sus dieciocho años, Alberto estaba en su mejor momento físico.

Con una confianza inusitada y un destello de picardía en los ojos, Alberto había propuesto a Darío pasar a recoger a una chica con la que había quedado y que quería llevar a casa, dado que sus padres también estaban ausentes. Naturalmente, Darío había aceptado. La chica resultó ser una hermosa hembra, de la misma edad que Alberto, con los labios muy pintados y la falda demasiado corta para las horas que eran. Estaba claro que estaba ansiosa por conocer a fondo a Alberto, al que dedicó todo tipo de insinuaciones y arrumacos, a pesar de que acababan de conocerse.

Una vez en la casa, se dirigieron rápidamente al cuarto de Alberto. Darío supuso lo que iba a suceder a continuación. Pensando en la buena suerte del joven, o en la eficacia de sus habilidades de seducción, fue a deshacer su maleta, pero fue interrumpido por el protagonista de sus cavilaciones.

–Oye, tío, lo he hablado con Patricia y… ¿Por qué no te unes a nosotros?

Allí estaba Alberto, tapado tan sólo con unos boxers y luciendo un estado de forma envidiable. Darío lo dudó. Le daba bastante reparo no ya la propuesta de Alberto, sino incluso verle así, con el sexo erguido destacándose en sus boxers. Sin duda, había cambiado mucho desde que jugaba con él cuando era un dulce niño de nueve años. Darío, aun siendo ocho años mayor que él, se sintió en presencia de un macho muy superior.

Los ojos de Alberto, de color marrón claro, le convencieron. Siempre le habían atraído aquellos ojos y la forma en que ese chico, tan gamberro y atrevido, miraba a los demás cuando quería conseguir algo.

–Vale, voy –dijo Darío.

Así empezó una sesión de sexo placentera aunque, cuando menos, extraña. Darío nunca había estado en un trío y todo era nuevo para él, hasta el ver en acción a otro chico.

Ahora Alberto había comenzado a subir el ritmo: Patricia no dejaba de gemir. Se estaba abandonando al placer y pronto no sería más que una muñeca sometida a los deseos de Alberto. Darío tenía un papel secundario, se limitaba a chupetear el cuello o las tetas de la chica.

La verdad es que Alberto debía de tener mucha experiencia, mucha más que Darío, que pudo admirar su aguante y la destreza de sus movimientos. Él no solía durar más de quince minutos. En cambio, Alberto llevaba con la polla dentro de Patricia una media hora.

Alberto jadeó un poco, movió sus caderas lo más rápido que pudo y, cómo no, Patricia se sumergió en un prolongado orgasmo, los ojos en blanco y lanzando unos gritos que debió de escuchar todo el vecindario.

Alberto, sonriendo, guiñó un ojo a Darío, que le miraba con la boca abierta. Era su forma de decirle que ya no era ese niño de nueve años al que había conocido: “Mira lo que soy ahora”. Y podía estar orgulloso de ello.

Entonces Alberto cerró los ojos y se corrió. Expulsado todo su semen, se derrumbó sobre la chica (Darío resopló al soportar el peso de ambos de golpe) y la besó en los labios.

También aprovechó para susurrar algo en el oído de Patricia. Ésta asintió con la cabeza, en silencio. Alberto se levantó y ayudó a incorporarse a la chica. Mientras tanto, Darío permaneció tumbado, aún excitado, observando tranquilamente las tetas de ella y el torso esculpido de él.

Sin previo aviso, Alberto se abalanzó sobre Darío, le forzó a darse la vuelta y le inmovilizó con sus fuertes brazos.

–¿Qué estás haciendo? –protestó Darío, completamente indefenso.

–Tú relájate y disfruta –repuso Alberto–. Ella también goza con esto.

Darío fue a quejarse de nuevo, pero la polla del hermano de su amigo entrando en su ano le hizo enmudecer. Asustado al principio, ciego de dolor después, no acertó a decir nada. Pero enseguida empezó a sentir más placer que otra cosa.

E iba a mejor.

Patricia estaba sentada, masturbándose y grabando todo con su teléfono móvil.

–Agárrate –aconsejó Alberto, e introdujo todo su miembro en el recto de su presa, que mordió la almohada para no chillar de dolor–. Te está gustando, ¿verdad?

En el fondo, era una experiencia humillante, pero Darío estaba cada vez más complacido. Su mente se unió a la fiesta, librándose de miedos, y la dejó vagar libre, y a ella acudieron escenas del pasado que creía enterradas. Alberto en la piscina de su casa. Su cuerpo atlético, bronceado, limpio. Su diminuto bañador. Aquel bulto preadolescente apenas desarrollado. Y se vio a él mismo, con diecisiete años, asegurándose de que no había nadie cerca y frotando el bañador con su mano hasta que el niño se había relamido de gusto, disfrutando del momento.

Justo cuando iba a retirar la pequeña pieza de tela y dejar al descubierto el mayor tesoro de Alberto, que había adquirido con las caricias un tamaño más que digno, apareció Juan. No llegó a descubrir lo que estaban haciendo, pero fueron unos instantes embarazosos ya que Darío estaba de rodillas frente a Alberto con su cara muy cerca de una formidable erección para un niño de nueve años.

Después de muchos años, Darío tenía a aquel niño sobre él, follándole sin contemplaciones. Imaginó que no era el Alberto de dieciocho años, sino el de nueve, al que tanto había deseado en aquel pasado distante, una fantasía que le hizo correrse salvajemente.

–Joder, sí que le ha debido de gustar –comentó Patricia–. A lo mejor es marica el tío…

–No, no lo es –dijo Alberto, sin dejar de mirar el cuerpo rendido de Darío–. Pero hay encantos a los que nadie puede resistirse, ¿no crees?—Y recordó su físico con nueve años y cómo, tras aquellos tocamientos en la piscina, se había masturbado por primera vez pensando en que Darío conseguía bajarle el bañador y hacerle una mamada.

Se separó de Darío y le dijo que se colocara boca arriba. El pobre no cesaba de murmurar su nombre, a medio camino entre la realidad y el paraíso.

Alberto acercó su polla a los anhelantes labios del amigo de su hermano. Si con nueve años ya era grande, ahora era de exhibición. Iría con cuidado para que no se atragantara.

–Hemos esperado mucho tiempo… –susurró–. Abre la boca, que tu nene te va a dar el biberón.

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Una noche con mi mejor amigo

Gays 22 julio, 2017

Hola tengo 18 años y mi nombre es Alejandro. Soy de Barcelona pero hace poco me trasladé a vivir a Madrid para estudiar la carrera que me apasiona desde pequeño, historia del arte.

Cambiar de ciudad era algo que me producía una especie de miedo a lo desconocido, y aunque sabía que iba a construirme una nueva vida en Madrid, no quise dejar atrás mi vida en Barcelona, así que intenté volver casi todos los fines de semana a mi ciudad natal y mantener el contacto con los amigos. Uno de mis mejores amigos era Jorge. Él fue mi compañero de colegio durante muchos años, aunque realmente nos hicimos más íntimos durante los dos cursos de Bachillerato. Jorge siempre se mostró respetuosos con mi condición sexual y me trataba como a su hermano pequeño, aunque fuéramos de la misma edad. Me intentaba proteger de todo lo que me pudiera hacer daño y eso fue uno de los motivos por los que se convirtió en un verdadero amigo.

El caso es que como pasé de verle todos los días a verle una vez por semana le echaba mucho de menos, y unos días en los que él no tenía clase le invité a que viniera a visitarme. Quedamos en la estación de Sants el domingo por la tarde para coger juntos el tren a Madrid, y la verdad que estábamos los dos muy emocionados por poder pasar algo de tiempo juntos. Yo compartía piso con otros tres compañeros de la universidad, y mi habitación era la más grande de todas -tenía una cama de matrimonio- por lo que Jorge tendría que dormir conmigo. Lo primero que hice fue presentarle a mis compañeros y enseñarle la casa, aunque tampoco había demasiado que ver, ya que era un piso de estudiantes como otro cualquiera. Seguidamente le acompañé a mi cuarto para que se acomodara y pudiera deshacer la maleta que traía.

Cenamos pronto y nos fuimos a la cama, ya que yo esa semana sí que tenía clase. Estuvimos un rato hablando dentro de la cama, poniéndonos al día de nuestras nuevas vidas, pero yo estaba muerto de sueño y me dormí. A las 7 de la mañana, 5 minutos antes de que sonara el despertador, abrí los ojos. Tenía el brazo derecho de Jorge al rededor de mí y su cuerpo pegado al mío, cosa que me permitía notar su pene en mis nalgas. Me gustó la sensación de estar arropado por él y cerré los ojos un rato más. Cuando sonó la alarma del móvil, Jorge se sobresaltó y se percató de la postura en la que estábamos.

‒ Perdona, es que me pongo en esa postura inconscientemente.

‒ No seas tonto que sabes que no pasa nada. Sigue durmiendo, anda.

Cuando salí de clase quedé con él para ir a comer a un restaurante del centro y así poder enseñarle la ciudad. Por la noche fuimos al cine y volvimos a casa a cenar. Básicamente así transcurrieron los días mientras yo tenía que ir a la universidad; él visitaba la ciudad mientras yo estaba en clase, quedábamos para comer y pasábamos la tarde viendo algo juntos. Los viernes yo no tenía clase así que el jueves le pregunté a Jorge si le apetecía salir de fiesta un rato. Me dijo que por supuesto, así que esa misma noche nos arreglamos, bebimos en casa y cuando ya estábamos un poco borrachos, nos dispusimos a salir. Obviamente iríamos donde yo dijera, porque era yo quien conocía las discotecas y los pubs de la zona. Le pregunté a Jorge si le importaba que fuéramos a una discoteca que había por Chueca -era una discoteca de ambiente- y aunque al principio no le hizo mucha gracia la idea, acabó aceptando.

Antes de entrar le avisé que los porteros de los locales gays suelen ser bastante gilipollas, y muchas veces no dejan entrar ni a heteros ni a mujeres, así que le dije que me diera la mano mientras estuviéramos en la cola para entrar y que pareciera que estábamos juntos. Hizo una caída de ojos como queriendo decir “madre mía, ¿dónde me has metido?” cosa que me hizo gracia. Sonreí y él me sonrió de vuelta con una sonrisa tontorrona. Me dio la mano y yo la acaricié con el pulgar, como un gesto de complicidad. Entramos a la discoteca y nos pusimos a bailar. La música que ponían era pop muy comercial, que es la que más me gusta, así que me lo estaba pasando genial. Bailábamos juntos, haciendo tonterías, cogiéndonos de las manos y moviéndolas por encima de nuestras cabezas. Todo iba como la seda hasta que de repente, mientras estaba bailando, noté como una mano me apretaba el culo con fuerza, subía hacia arriba y se intentaba meter por mi pantalón. Cuando me giré vi a un hombre de unos cuarenta y tantos años sonriéndome con cara de pervertido, mordiéndose el labio inferior. Me aparté, arrimándome a Jorge y el hombre exclamó:

‒ ¿Qué pasa, cariño? ¿Me tienes miedo?

La verdad es que sí que me dio bastante miedo, sobre todo cuando se volvió a acercar hacia mí. Sin embargo, esta vez Jorge se encaró con él y le dijo “¿Qué coño te pasa?”, y le metió un empujón que casi hizo caer al hombre al suelo. Este se levantó deprisa con la intención de pegar a Jorge, pero la gente que estaba al rededor logró sujetarle y llamar a la seguridad de la discoteca. Yo cogí a mi amigo por el brazo y lo saqué fuera del recinto.

‒ Vámonos ya a casa, anda ‒ le dije.

Volvimos a casa en uno de los autobuses nocturnos que se cogen en Cibeles. De camino a casa estuvimos en absoluto silencio, él miraba por la ventana y yo apoyé la cabeza sobre su hombro.

‒ Es esta parada ‒ dije yo, rompiendo el silencio.

Bajamos del autobús y cuando llegamos al portal Jorge me dijo que le apetecía fumarse un porro, cosa que sé que le relaja bastante y me pareció bien, porque os aseguro que no os gustaría sufrir un cabreo suyo. Nos sentamos en el escalón de la entrada, él a fumar y yo a esperar a que acabara. Seguíamos en silencio, pero quise hablar para intentar que se le pasara el enfado y de paso agradecerle lo que había hecho por mí.

‒ Gracias por haberme defendido, Jorge, de verdad.

‒ ¿Eres tonto? ‒ contestó en tono irónico. ‒ ¿Cómo no te voy a defender de un tío que intenta aprovecharse de ti? Sabes que siempre te defenderé de cualquiera que se pase contigo.

‒ Gracias ‒ respondí. De nuevo ese silencio. Era tan tarde que no se oía ni el ruido de los coches pasar, sólo se oía el papel de fumar consumiéndose por las caladas de Jorge.

‒ ¿Sabes que te quiero? ‒ dije. ‒ Mucho ‒ añadí.

‒ Claro que lo sé. Y tu sabes que yo a ti también, ¿no? ‒ sonreí y asentí con la cabeza mientras miraba hacia el suelo.

Dejó el porro entre los dedos índice y corazón de su mano izquierda y con la derecha me levantó la barbilla. Alcé la cara y le vi mirándome a los ojos profundamente. Se acercó muy despacio hacia mí y me besó en los labios. Fue un beso suave, pero el simple hecho de notar el roce de su boca con la mía ya hizo que mi corazón palpitara a mil por hora y notara un ligero cosquilleo en la barriga. Separamos nuestras bocas y juntamos nuestras frentes. Nuestras narices estaban pegadas mientras nos mirábamos el uno al otro. Yo dejé caer mi cabeza sobre su hombro derecho y giré el rostro hacia su cuello. Le di un ligero beso y aspiré su olor a 7 de Loewe, esa colonia que me llevaba volviendo loco mucho tiempo. Le di un abrazo y me volví a retirar hacia la posición inicial. Ahora fui yo quien le cogió por la nuca y le arrimé a mis labios. Le besé con muchas ganas, metiendo mi lengua en su boca, notando el sabor de la marihuana, y él me respondía agarrándome por la espalda y acercándome a él, como si tuviera miedo de que nos separáramos.

Después de otro largo beso, volvimos a ponernos frente con frente y, mientras le miraba a los ojos, se me escapó una sonrisa de felicidad. Él me sonrió de vuelta y después se alejó para darle un calo más al porro antes de tirarlo al suelo. Se levantó y me cogió de la mano para que me levantara a la vez con él, me agarró del pecho y me empujó contra el portal, se acercó y me volvió a besar. Sentí su lengua buscando su hueco dentro de mi boca y, como pude, saqué las llaves de casa y abrí la puerta. Subimos corriendo los tres tramos de escalera que había hasta mi casa y entramos.

Entré yo delante, intentando no hacer ruido para evitar despertar a mis compañeros que al día siguiente sí que tenían clase y me metí en mi habitación, cerrando la puerta detrás de Jorge. Me empujó sobre la cama y caí sobre mi espalda, quedando tumbado hacia arriba. Él se quitó la chaqueta y se lanzó a la cama, poniéndose encima de mí a cuatro patas, con sus manos a amos lados de mi cabeza y sus rodillas a ambos lados de mis caderas. Me incorporé rápidamente para besarle, pero me volvió a tumbar con la mano antes de que pudiera hacerlo.

‒ No tengas tanta prisa ‒ sonrió.

Agachó su cabeza para juntarla con la mía y nos volvimos a besar, lenta pero intensamente, descubriendo nuestros labios y nuestras lenguas poco a poco. Yo levanté mis manos y comencé a tocarle. Toqué sus caderas, fui subiendo por los costados y le acaricié la espalda, notando sus músculos contraídos por la fuerza que hacía con sus manos para apoyarse sobre la cama; seguí por sus hombros hasta su pecho, duro como una roca, y llegué a sus abdominales. Me encantaban. Ya los había tocado alguna vez, cuando el me lo pedía como de broma. Pero esta vez era diferente, eran mejores aún. Seguí bajando, alcancé el bajo de su camiseta y tiré hacia arriba. Jorge levantó sus brazos para que fuera más fácil quitársela, separando nuestros labios. Lancé la camiseta al suelo y Jorge me levantó para hacer lo mismo con mi sudadera. Se volvió a agachar y chupó la base de mi cuello, subió por él y llegó hasta el lóbulo de la oreja; pensé que me desmayaba de placer.

Volvimos a besarnos pero yo quería más. Me levanté y le cogí por el cuello. Nos besamos los dos estando de rodillas sobre mi cama y le dirigí para que se tumbara boca arriba, apoyando la cabeza sobre la almohada. Entonces, comencé a bajar por su cuello, por su pecho, y llegué a sus pezones. Me entretuve lamiendo y mordisqueando uno de ellos y seguí por sus abdominales. Besé su ombligo y bajé un poco más. Cuando llegué al botón de sus pantalones miré hacia arriba, buscando su mirada.

‒ Por favor ‒ susurró.

No habría hecho falta que me lo pidiera. Tan solo con la mirada que puso ya se entendía que estaba deseando tanto como yo que me metiera su polla en la boca. Y así lo hice. Le quité los pantalones y los calzoncillos y ahí estaba. Probablemente no fuera la mejor polla del mundo, pero en ese momento era mía y llevaba mucho tiempo deseándola, así que para mí era perfecta. Me metí el glande en la boca, degustando su sabor exquisito. Jorge soltó un gemido. Seguí lamiendo su miembro, saboreando cada milímetro. Empecé con un ritmo lento, poco a poco, pero pronto aceleré. Él no paraba de gemir. Cuando noté que sus músculos se contraían, volví a reducir la velocidad de la mamada. Subí de nuevo por su pecho y llegué a sus labios. Le besé, intentando que mi lengua y la suya se volvieran a juntar.

‒ ¿Te gusta el sabor de tu polla? ‒ dije sonriendo.

‒ Me gusta el sabor de tu boca ‒ respondió mientras pasaba su dedo pulgar por mi labio inferior. Una frase tan bonita que dijo totalmente serio, lo cual corroboraba que de verdad lo sentía.

‒ ¿Me vas a follar? ‒ dije yo mientras juntaba mi frente a la suya, mirándole fijamente a los ojos.

‒ Te voy a hacer el amor.

No hubo más palabras. Me desabrochó los pantalones y me quitó los calzoncillos. Me besó en el pecho, escupió en su mano y restregó su saliva por mi ano, jugando alrededor de él con sus dedos. Me retiré un poco hacia atrás y con mi mano derecha acerqué su rabo a mi culo; notaba como palpitaba. Recosté mi pecho en el suyo y volví a juntar su boca con la mía. Poco a poco introduje su polla dentro de mí. Si dolió no lo recuerdo porque estaba absolutamente embriagado de placer y de amor hacia Jorge, hacia mi mejor amigo. Cuando ya estaba toda dentro, empecé a cabalgarle. Primero lentamente, luego deprisa, y mientras cabalgaba, nuestros alientos se juntaban en uno y nuestros gemidos se silenciaban en la boca del otro. Él me arrimaba con fuerza a su cuerpo pasando sus brazos por mis axilas y agarrándome por los hombros desde atrás. Se sentó sobre la cama con su verga aún dentro de mí, sin separarse ni un instante, quedando sentados: él sentado en la cama con las piernas cruzadas y yo sobre él, con las piernas rodeando su cuerpo.

Estuvimos un rato así mientras él besaba mi cuello, pero decidió que era hora de que él me dominara y yo no opuse resistencia, porque lo estaba deseando. Me tumbó en la cama sobre mi espalda y él se quedó de rodillas. Empezó a bombear y yo no podía parar de gemir, me agarraba con fuerza a las sábanas. Era increíble cómo me estaba follando. O como él me dijo, cómo me estaba haciendo el amor. Yo apretaba mis piernas alrededor de él como indicándole que no parara, pero no iba a parar. Redujo las embestidas por un momento, lo que tardó en volver a besarme, pero cuando lo hizo siguió con su movimiento de cadera que me estaba haciendo perder la cabeza. De repente me agarró la polla y empezó a masturbarme. El roce de su nabo en mi próstata y la paja fueron demasiado para mí.

‒ Ah, Jorge, me corro.

Eso pareció servirle de aliciente porque aceleró tanto el ritmo de sus embestidas como el de la paja. Me corrí en mi pecho. Mis piernas temblaban por el placer. Entonces se agachó para besarme y decirme al oído:

‒ ¿Dónde quieres que me corra?

‒ Dentro de mí ‒ contesté.

‒ Si me corro dentro de ti serás mío para siempre.

‒ Mejor aún ‒ sonreí.

Le agarré la cara con mis manos y volví a juntar sus labios con los míos. Sus gemidos se ahogaban en mi boca. Entonces noté como todo su cuerpo se contraía y como disparaba su leche dentro de mí, un líquido caliente y espeso que me dejaba marcado para siempre.

Dejó caer todo su peso encima de mí y nos volvimos a besar.

‒ Te quiero ‒ dije.

‒ Sabes que yo también ‒ respondió.

Alargué la mano para coger un pañuelo de papel de mi escritorio y limpiarnos el semen que había en nuestros cuerpos. Una vez limpios, nos metimos dentro de las sábanas y nos quedamos dormidos mientras nos abrazábamos.

A la mañana siguiente me desperté muerto de sed y con un ligero dolor de cabeza. Recordé lo que pasó la noche anterior pero no parecía real. Miré bajo las sabanas y vi mi cuerpo y el de Jorge desnudos. Sí, era real. Me levante, me puse el pijama y salí a desayunar. Por suerte mis compañeros de piso estaban en clase. Fui al baño y me dispuse a hacerme el desayuno. Cuando estaba calentando la leche vi que Jorge salía de mi cuarto vestido solo con unos boxers de Calvin Klein. Tenía los ojos medio cerrados. Se desperezó en la puerta, se rascó los ojos con los nudillos y sonrió.

‒ Buenos días.

‒ Buenas ‒ contesté.

La situación era un poco incómoda. Jorge era mi mejor amigo, era hetero y yo me había acostado con él la noche anterior yendo borrachos.

‒ ¿Me haces el desayuno? ‒ me pidió con cara de pena-

‒ Sí.

La verdad es que esto era un poco extraño, pero él estaba acostumbrado a que su madre en casa se lo hiciera todo, así que no me importó hacerle el favor, ya que probablemente no supiera ni cómo funcionaba el microondas.

Se sentó en una silla a esperar a que le sirviera su desayuno. Saqué croissants y galletas y puse los dos vasos de leche sobre la mesa. Me senté yo también y me puse a comer. No sabía qué hacer. Me sentía bastante raro. Pero me estaba comiendo mucho la cabeza pensando en qué iba a pasar ahora, así que directamente se lo pregunté:

‒ Jorge, ¿qué va a pasar ahora?

‒ ¿Qué va a pasar de qué?

Le miré con cara de incredulidad. Creo que estaba bastante claro que hablaba de lo que pasó la noche anterior.

‒ Ahh, ¿de lo de anoche? Nada, ¿qué quieres que pase?

‒ Jorge, ya sabes que eres mi mejor amigo. No me gustaría que nuestra relación cambiase por culpa de esto. Ni que nos distanciemos.

‒ ¿Pero por qué iba a cambiar, Alejandro? No somos los primeros amigos que se acuestan juntos y me juego el cuello a que no seremos los últimos ‒ se rió.

‒ Entonces no tengo nada de que preocuparme, ¿no?

‒ Hombre de lo único que te tienes que preocupar es de mi amiguito ‒ señaló a su entrepierna. ‒ Anoche le trataste muy bien y puede que quiera repetir ‒ soltó una carcajada y yo también me reí.

‒ Sabes que no me importaría ‒ no sé si debería haber dicho eso, pero lo dije.

‒ Va, tonto, no te preocupes ‒ me dijo mientras pasaba su mano por mi cuello y me acariciaba la nuca.

‒ Te quiero, que lo sepas ‒ me arrimé a él, le besé en la mejilla y le di un abrazo.

Me apartó de él, me miró a los ojos, me cogió la cabeza con sus manos y me arrimó a él, dándome un beso suave en los labios.

‒ Sabes que yo también.

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Tu y yo, juntos.

Primera Vez 26 enero, 2017

Antes de un ” ¿estás seguro de que quieres hacerlo?”, viene un “nos dejaremos llevar por nuestras sensaciones”.

Antes de un ” nos dejaremos llevar por nuestras sensaciones”, viene un ” quiero hacerlo”.

Antes de un ” quiero hacerlo” viene un ” Tengo miedo igual que tú, pero también tengo ganas”.

Antes de un ” Tengo miedo igual que tú, pero también tengo ganas”, viene un ” será una nueva experiencia, cruzas esa experiencia conmigo?” .

Antes de un ” Será una nueva experiencia, cruzas esa experiencia conmigo?”, viene un ” te deseo”. Son como relatos de la primera vez de gays.

Antes de un ” te deseo” viene un ” te quiero”.

Antes de un “te quiero” viene un “me gustas”.

antes de un “me gustas” , viene una mirada con una sonrisa

Todo esto les llevó a Ken y a Daisuke, cada uno con 11 años, a buscar un lugar oculto y cerrado en el mundo digital, los dos se pusieron de acuerdo en perder la virginidad al mismo tiempo, eran ya muchas las ocasiones donde la tensión sexual explotaba en ellos y después de aquel primer beso decidieron que ya era el momento de ir más allá.

El lugar escogido fué una cabaña abandonada en medio de un bosque con un bonito sofá en su interior, lo eligieron los dos dos días antes y ahí se encontraban ahora, desnudos cogidos de las manos mirando el sofa que iba a ser testigo de como iban a perder su virginidad, Ken por el pene, Daisuke por el ano

– N- No te lo vas a creer.. pero estoy muy nervioso -. Respondió Daisuke con la mano que sujetaba a Ken temblando
– Yo también, esto es un paso muy importante para nosotros

Los dos se quedaron en un silencio profundo, sólo la gantanta de Daisuke tragando saliva hizo a Ken hablar mirándole a él ahora

– Daisuke, si no te sientes preparado mejor es dejarlo aquí, lo intentaremos en otra ocasión, si nuestros cuerpos estan tensos la penetración que yo quiero hacerte será dolorosa para tí y eso supondrá una primera vez traumática
– Pero yo fuí quien tuvo la idea de que tuvieramos nuestra primera vez, no quiero tener miedo, estoy muy ilusionado, quiero perder mi virginidad contigo,Ken
– Y yo contigo,Daisuke, juntos, no quiero ningun malestar en nuestros cuerpos, debemos estar relajados, sólo se trata de sentir, es nuestra primera vez, no sabemos a que nos estamos enfretando, somos dos inexpertos.
– Yo ya sabía a lo que venía, sé a lo que me estoy enfrentando, asumo todo, fué mi deseo de hacerlo, debo mantenelo, te lo dije muy claramente, ” no quiero retrasar este deseo más, quiero que seas tú quien me quite mi virginidad”
– Te hice pensartelo muchas veces, no parecías hablar en serio, y ser yo quién te penetre es una responsabilidad muy grande
– No hay marcha atrás,Ken, es algo que debemos hacer, no se como explicarlo, solo sé que quiero hacerlo contigo.
– Únicamente es arder de deseo y pasión en el dulce infierno que hemos preparado entre nosotros desde hace mucho tiempo, te confieso que tenía muchas ganas de verte desnudo y que fuera yo quien te quitase la ropa -. Respondió Ken un poco sonrojado
– Yo Tambien, y yo te confieso que me he sentido muy vulnerable quedándome desnudo por primera vez delante de ti y ver ese pene tan bonito que tienes
– Me gustan tus pezones,Daisuke, no puedo evitar no mirarlos , ¿me dejas tocar unos segundos? quiero saber que se siente
– Mm… puedes hacerlo

Ken se acercó más a Daisuke y cada uno en sus pensamientos dijo

– >> El rostro de Ken está tan cerca de mí.. tengo un angel casi a punto de tocarme un pezón <> Me atrae mucho los pezones de Daisuke, son muy blandos y bonitos , siento deseo de estimularlos, ponerlos duros y saber su reacción, tal vez rozando con mis dedos …<> ¿Porqué dije eso? !soy un idiota!, pensará que soy un pervertido <> Daisuke se sonrojó, es tan lindo.. debo decirle algo para que se sienta mejor <> Que extraña sensación ahí abajo, creo que mi pene está reaccionando a las palabras de Ken <> conseguí que Daisuke se excitara, estoy muy contento <<

– Te provoqué una excitación, eso es bueno Daisuke, significa que sientes mis palabras y tu cuerpo reacciona con tu pene ¿Se siente bien?
– Es una sensación nueva, me gusta, quiero experimentar más
– Entonces es mejor que estemos ya en este sofa, ¿No te parece?
– Sí, quiero hacerlo.. pero un momento…¿qué es esta sensación?
– ¿Qué sensación?

Daisuke miró hacia abajo tratando de averiguar

– <>

– Me gustó que me tocases, es un calor cómodo y se siente muy placentero
– Me gusta oir eso, oh..Daisuke.. es un poco dificil esta pregunta pero es obligatoria, ¿donde quieres perder la virginidad? en el ano o en el pene?
– Quiero que me penetres tú a mí, elijo el ano
– Está bien, entonces sería muy bueno que te sentaras
– M- M- Muy bien

Interiormente, Daisuke estaba muy nervioso

– <>

Mientras Daisuke se sentaba y se tomaba unos minutos para respirar, Ken le miraba con una mirada muy tierna

– >> No puedo dejar de mirar su cuerpo, mis manos quieren tocar sus pezones, miro su pene y quiero jugar con él, quiero estimular a Daisuke, quiero saber que es lo que se siente cuando una persona estimula a otra persona, mi cuerpo quiere estar más cerca de él, quiero sentir su respiración, me encanta tenerle en frente de mi, definitivamente, Daisuke me vuelve loco <> Oh.. me está mirando, como esos relatos de gays, de primera vez, pero yo… no puedo dejar de mirar su pene, es muy bonito, tiene un cuerpo tan afeminado.. sus cabellos contrastan con el color de sus ojos, debo decir algo, no puedo estar en silencio todo el tiempo, esto puede ser incómodo >>
– Oye Ken
– ¿Sí?
– Si vas a entrar en mi ano es mejor que nos estimulemos un poco en ese lugar.

<< Oh Dios.. se va a pensar que estoy desesperado, !soy un estúpido! <<

– Pareces saber mucho sobre sexo
– !N-No es asi! pero.. pienso que si estamos relajados y en tensión tu pene no va a entrar facilmente y yo quiero sentirme bien, tú tambien, ¿verdad?
– Tienes razón, además yo deseo estimular la entrada de tu ano, volverlo flojo y sensible, y… mi pene debe estar en una posición recta para poder entrar y más tarde, eyacular dentro de tí
– Exactamente…¿Qué es eyacular?
– Es cuando sueltas el esperma que hay dentro de tu pene debido a la excitación
– Parece peligroso
– ¿Estás asustado Daisuke?

– << Oh mierda, se me ha notado, Debo decir algo pero…. !no sé! malditos nervios <<
– << Daisuke no quiere decirlo, pero esta nervioso, eso le hace ser más adorable de lo que ya es, lo amo mucho, debo hacerle sentir seguro

Ken se sentó al lado de Daisuke y le dijo acariciandole el rostro

– Entiendo que estés nervioso, pero.. por favor, relajate, hoy nos vamos a amar muchísimo más, mi objetivo es que vuelvas a desear todo lo que tengo planeado hacerte, quiero disfrutar, quiero disfrutarte, quiero dominarte, quiero que disfrutemos de algo muy deseado por los dos, quiero que salgamos de este lugar siendo felices internamente y externamente, me excitas mucho, Daisuke, yo estoy seguro de que quiero hacerlo contigo, me inspiras mucha ternura, he soñado con esto todos los dias, todo tú para mi eres perfecto, quiero que estés seguro de mí, únicamente vas a sentir mis caricias, mi pene entrará en tí y necesito esa estimulación para ponerlo duro, ¿me ayudarás a hacerlo?

– << Me encantan esas palabras de Ken, es tan sincero, es por eso que estoy enamorado de él como un idiota <<

– Tal vez me va a doler mi cuerpo, pero valdrá la pena porque yo quise cumplir este deseo, soy un tonto porque a veces quiero decir ” hasta aquí” y salir huyendo como un cobarde, pero tu presencia hace que permanezca a tu lado, si huyera no sería yo
– No me voy a cansar de decirlo, Me gustas,Daisuke, me gustas mucho, eres un chico increible y sé que quiero hacerlo contigo, y.. siento ser tan directo contigo pero intenta echar la espalda en el espaldero del sofá, quiero abrir tus piernas y tocar la entrada de tu ano, por favor

– << Lamento ser tan sincero pero verle desnudo aumenta mi deseo sexual por él
– << Debo ser valiente, debo ser valiente ! Vamos!

– Deja que me agarre a tu cuello

Daisuke deslizó sus manos sobre el cuello de Ken con su espalda dando en el espaldero del sofá quedando sus brazos haciendo una barrera entre él y Ken

– ¿Y ahora?
– Voy a abrir tus piernas para poder ver tu ano, intenta mantenerlas abiertas y flexibles, por favor
– D- De acuerdo

Ken, lentamente fué separando los muslos de Daisuke y abriendo de par en par sus piernas por primera vez

– << Oh.. Daisuke tiene unas piernas tan flexibles, me encanta mirarle, es muy consciente de cada movimiento que estoy haciendo, pero me pregunto hasta donde es capaz su cuerpo de aguantar la flexibilidad.. <<

– Daisuke, dime hasta donde son capaces tus piernas de estar abiertas

– << Ohh..Ohhh. cada vez soy mas flexible.. ohh.. ohh.. Me encantan las manos de Ken, pero…. pero … empieza a doler, sí, me duele, debo decirselo

– Creo que hasta ahí.. sí, sí, Ken, no sigas más por favor, es suficiente
– Entendido, no voy a flexionar más, ¿sientes incomodidad? por favor dímelo
– A decir verdad, mi pierna derecha la siento incómoda ¿puedo ponerla encima de tu hombro?
-Claro que puedes, quiero que estés comodo 100%

Daisuke acomodó su pierna en el hombro de Ken y este pudo ver mejor el agujero del ano completamente cerrado y estrecho debido por la tensión y nervios, de su ahora, novio.

Los dos se quedaron en silencio, sólo se oía la respiración acelerada de Daisuke en medio de todo ese silencio que era acompañado de ilusión y entusiasmo, todo debía salir perfectamente y lo que menos podía haber eran prisas, de ser así, el cuerpo de Daisuke podría quedar perjudicado y ambos querían que su primera vez fuese inolvidable

Mientras la espalda de Daisuke y su cuerpo estaban relajados miraba a Ken pensando

– << Me pregunto que estará pensando.. está mirando mi ano, ¿sabrá que es lo que tiene que hacer? tengo que decirselo, necesito oir sus palabras para estar relajado <> Le siento con miedo, no debe tenerlo, quiero que se sienta bien, pero.. me encanta que esté temblando y esté con dudas, yo tengo el poder ahora mismo, pero es nuestra primera vez, tengo que hacerlo muy bien.. pero.. es tan adorable, no quiere admitirlo pero tiene miedo.. eso me excita, quiero provocarle emociones, pondré mi mano en su entrada<> Desperté sus sentidos, me gusta>>

– Daisuke, ¿que es lo que sientes?
– Mmm no sé explicar muy bien, es una sensación placentera, unas manos en mi zona íntima, es agradable, y me gusta que seas tú
– Quiero estimularme contigo, déjame tocar un poco esta zona, voy a ir suave

Los dedos de Ken tocaron la entrada del ano de Daisuke con suavidad pero para él, eso estaba resultando muy morboso

– >>Siento como un calor extraño está subiendo hacía arriba, siento mucho calor, y veo que Daisuke resopla, sus mejillas están ruborizadas, siento mi pene ponerse duro, yo me estoy poniendo duro, mi cuerpo se está estimulando, oh… que sensación tan increíble<<

– Daisuke, sientes como algo muy calido va subiendo por tu cuerpo?
– Me estoy abrasando con un calor que nunca antes había sentido, eso es lo que la gente llama … ¿placer?

– << Los dedos de Ken en mi ano, tratando de volverlo flojo, que sensación tan increible<> Quiero que estemos los dos juntos en este aire lleno de placer que nos envuelve, me estoy excitando con él, Daisuke es increible>>

Ken de nuevo tocó con sus dedos la entrada del ano de Daisuke y juntando su boca al rostro de Daisuke le dijo

– Déjame abrirme emocionalmente a tí, estoy viendo que contigo en la intimidad de una habitación, me puedo mostrar como soy yo, sé que esto que estamos viviendo es real, porque te estoy haciendo sentir lo más deseado, estamos sintiendo, sé que sientes, porque me haces desearte. estamos viviendo lo irreal, lo inimaginable, mis manos están encendidas, desean tocarte, quiero tocarte,Daisuke, pero quiero hacerlo más tarde, no sé que me pasa…pero estoy perdiendo el control de mis emociones, esto es una locura, me haces sentir muchas cosas

– << Mi corazón late muy deprisa mientras Ken me está hablando, me gusta, me da morbo que me hable así <> Su pene, recto, inflado, lo necesito dentro de mi<> Daisuke, me tienes ardiendo en deseos, dimelo, haz que lo haga<> Quiero entrar en Daisuke ya, no puedo controlarme a mi mismo, pero es mejor preguntarselo directamente<<

– Daisuke, entonces, está decidido, ¿Verdad? quieres mi pene inflado dentro de ti? ya no te veo dudar
– N- No estoy dudando, Hemos esperado mucho y estamos en el punto más alto, hazlo
– Entendido, a decir verdad, con esta excitación que tengo no puedo permitirme a mi mismo detener lo que los dos queremos, meto mi pene en ti ahora mismo
– Bien

Los nervios aumentaban en Daisuke cada vez que veía a Ken empujar su pene hacia dentro del ano de Daisuke, una cosa tan dura en un sitio tan estrecho, una atentica locura, pero… entró, ese pene entró muy lentamente en Daisuke, únicamente la punta del pene

– << es la primera vez que entro en el interior de Daisuke, no sé a que nos estamos enfrentando, pero la sensación que siento es única, quiero que mi pene se adapte a su interior, ¿que estará sintiendo él?<<

– << El pene duro de Ken, en mi, nunca pensé que viviría para ver esto, me gusta porque lo está haciendo con cuidado, algo duro en mi..un momento, sentí algo, mmm creo que empujó un poco, oh… me duele, no puedo evitar retorcerme un poco, lo siento Ken, espero que no te preocupe que sienta como… escozor<<

– Mmm Está entrando… -. Externamente, Daisuke cerró un ojo aguantando la presión, preocupando a Ken
– ¿Estás bien Daisuke? ¿te dolió? ¿te hice daño?
– Duele.. un poco, pero intento relajarme, no quiero que mis expresiones te hagan sentir mal
– Me preocupas a cada momento, hazme saber como te sientes a cada momento, estás aguantando todo muy bien. Gracias, Daisuke

– << Es tan adorable Ken intentando ir despacio.. pero le siento condicionado, creo que quiere ir más velocidad, a fin de cuentas, esto no es nada malo, estamos los dos juntos, si yo no me permitiera a mi mismo seguir más, estoy seguro de que él haria menos movimientos, debo decirselo porque veo su expresión y está como conteniendose <<

– rompeme por dentro, te lo permito, por eso estamos aquí, ¿no? pero intenta que los dos disfrutemos

– << Gracias Daisuke, en verdad. siento ganas de empujar más hacia dentro pero intentaré ir a un ritmo más pausado<> No soy yo, son mis instintos los que me obligan a moverme en tí,Daisuke, no tengo mas remedio que hacerlo <> Me pregunto si Daisuke se está excitando a la misma velocidad que yo, estoy sudando como él, siento mis mejillas ruborizadas como las de él, mi pene está duro dentro de él pero el suyo está en un punto intermedio, está soportando mucho para ser la primera penetración anal, yo estoy muy cómodo, me siento bien, también quiero que él se sienta bien, Gracias Daisuke por estar aquí, junto a mi. <> Quiero estimularlos <<

Continuará.

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