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Una fantasía deseosa de cumplir

Fantasías Eróticas 27/07/2017

Un sabado por la tarde estabamos solos después de una larga semana trabajando Sara estaba muy agotada y cansada, me comento que tenia la espalda muy cargada y lo estaba pasando mal, yo me acorde que habíamos conocido a una pareja que los dos se dedicaban a hacer masajes de todo tipo, desde reconstructurantes y asta relajantes, sin decirle nada a ella les llame por teléfono y les dije que si tenían algo que hacer esa noche y me comentaron que no, les dije que les invitaba a cenar y a cambio tenían que hacerle a Sara un masaje, ellos enseguida dijeron que de acuerdo.

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Un cartero con la polla dura

Relatos XXX 26/07/2017

Cuando una mujer se pone bella y al referirme a bella, lo digo empezando por su ropa interior… es complicado que un hombre sepa en realidad lo que se siente… aunque se podrían aproximar las definiciones entre un hombre y una mujer.

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El chico guapo de al frente

Gays 26/07/2017

Hola a todos vengo de nuevo con un relato 😀 Bueno esta es una historia reflexiva que trata el amor y los sentimientos de esas personitas que tienen discapacidades, pero que tienen derechos de amar como nosotros. Espero que les guste en verdad y me disculpan si tiene algún error (Soy nuevo en esto y estoy aprendiendo) También quería decirle que pronto vuelvo a subir Entre Danzas y Miradas ya que la estoy editando, para subirla mucho mejor y no con tantos errores. Ahora si los dejo Bye. -AJ

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Una mujer insaciable

Sexo con maduras 25/07/2017

Habia llegado Juanjo, que traía algo para hacer los bocadillos, para irnos a la biblioteca.

– Ya era hora, Juanjo. He estado a esto… – dije aproximando el dedo índice al pulgar – de marcharme.

– Tío no te lo vas a creer, la panadera me ha tirado los tejos.

– No te calientes, no te calientes.

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Felacion en elcentro comercial con rico semen

Sexo Oral 24/07/2017

Disfrutando de un sexo oral en el centro comercial.

Los días se me hacían eternos, un calor pegajoso y asfixiante durante toda la jornada. El día comenzaba a las seis de la mañana cuando el despertador sonaba y me dirigía a la ducha como un zombi por el pasillo, debía darme un ducha rápida, desayunar y llegar al trabajo en tres cuartos de hora, tenia que abrir y empezar asta que llegase el dueño y en unas horas sería libre durante unos días que pasarían volando.

Cuando abrí el grifo a pesar de ser tan pronto y solo accionar el del agua fría, esta salía ardiendo, la noche había sido muy calurosa, como las anteriores, en las que apenas se podía pegar ojo y mucho menos descansar, pues las horas pasaban lentas tumbado sobre la cama con la mirada hacia el techo, con los ojos abiertos como platos, mientras a través de la ventana se colaban las voces y risas de la gente que permanecía en las marquesinas de las calles cercanas.

Enjabone mi cuerpo y me aclare con abundante agua, que comenzaba a salir más fría, lo cual se agradecía muchísimo, aun con la puerta del baño abierta de par en par hacia calor, el calor que desprendía mi cuerpo y el calor del agua que emanaba la ducha que no terminaba de estar completamente fría.

Salí de la ducha, mientras cogía una toalla y me comenzaba a secar, como había salido de la cama a la carrera hacia el baño me tuve que volver a mi cuarto descalzo, una vez allí, busque en los cajones unos calzoncillos, los que estaban arriba del todo eran unos boxers negros, me los puse, mire a mi alrededor y vi unos pantalones cortos encima de la silla y me los puse, salí de allí directo como un rayo a la cocina, un café antes de marcharme, al lado de la cocina estaba la pequeña terraza donde tenia las cuerdas de tender la ropa, me acerque con el café en la mano y de una las primeras cuerdas quite una camiseta me la puse, mire el reloj de mi muñeca eran ya y media, me tenia que ir, di un sorbo largo al café, deje el vaso vació en el fregadero y me dirigí a la puerta de salida, allí me esperaba la mochila con la ropa de trabajar, las llaves de casa, del coche y los deportivos, me calce y con todo aquello salí por la puerta del piso.

Aun todos los vecinos dormían, pulse el botón del ascensor, sonó un ruido metálico que indicaba que se movía, una vez fuera del portal, camine asta la acera de enfrente de casa donde tenia el coche aparcado, el motor rugió, encendí las luces y me dirigí hacia la zona industrial de la ciudad.

Si la zona residencial estaba desierta y no se veía por ningún sitio a nadie, tras adentrarme en la zona industrial, parecía que eran las doce de la mañana un trasiego continuo de coches, de allá para acá.

Cuando llegue hasta el taller donde trabajaba, pare delante de la misma puerta, pare el coche y abrí la pequeña puerta metálica, una vez dentro, desactive la alarma de seguridad, encendí las luces y comprobé que tenia para mi el lugar, abrí la puerta grande para meter mi coche dentro y volver a cerrar mientras estuviera yo solo.

El jefe tenia sus llaves así porque preocuparse, encendí el equipo de música y aprovechando que estaba yo solo puse un cd mío, así trabajaría con más ganas, pues hoy era quince de agosto y las vacaciones empezarían en cuanto dejase todos los vehículos que tenia allí aparcados listos para que salieran a la carretera, si a las dos estaba todo acabado, ya se ocuparía el jefe de entregarlos a sus respectivos dueños.

Me fui al vestuario y me puse los pantalones y el polo de la empresa, calce mis botas del cuarenta y tres y por fin salí del vestuario que era una sauna ya.

La música sonaba, mientras abría las puertas laterales que daba al patio del taller. No sabia porque coche empezar realmente, tenia coches preparados ya en los cuatro elevadores pequeños y un todo terreno en el grande, más otros cuatro en el lateral de la nave, esperando a que acabase con esos cinco.

Por suerte tenia todas las piezas preparadas ya allí, así no tendría que parar para nada, salvo si el teléfono empezaba a sonar a las nueve de la mañana pero disponía de dos horas para avanzar todo lo que pudiera.

Me decidí por el primer coche que tenía delante de mí, tenia muchas piezas al lado de la columna del elevador, había allí cuatro ruedas nuevas, una lata de aceite y varios filtros, amortiguadores traseros, así que con la pistola neumática y una llave de impacto de 17 quite las cuatro ruedas y me las lleve hasta la máquina de las ruedas, quite los obuses de las válvulas para que se fueran desinflando poco a poco, mientras volvía al coche, lo eleve un poco más lo suficiente como para meterme debajo de el con la cantara del aceite, afloje el tapón del aceite y el filtro, deje ambos en ella y lo deje que escurriera bien, el coche llevaba toda la noche allí y estaba frío el aceite, mientras salía todo el aceite quemado me daría tiempo a ir cambiando las cuatro gomas.

Quite los contrapesos de las ruedas destalone las gomas, ya podía quitar las gomas viejas y poner las nuevas, una tras otra cambie las cuatro ruedas, con su correspondiente válvula y las infle con nitrógeno. Echo esto las equilibre y volví junto al coche con ellas listas, coloque una debajo de cada hueco donde más tarde las colocaría y apretaría.

Tapé el tapón del aceite que ya no goteaba, poniendo arandela nueva y retirando la antigua, y el filtro nuevo de aceite apreté ambos bien y me dirigí a la parte de atrás del coche para cambiar los amortiguadores, así dejaría toda la parte de abajo lista y ya solo me quedaría añadir el aceite y los filtros.

Estos amortiguadores eran muy fáciles de cambiar y rápidos en menos de diez minutos estaban ambos cambiados, pues tenían tres tornillos que los sujetaban, dos arriba y uno abajo con una tuerca. Con el coche ya abajo, añadí el aceite asta la marca de la varilla, cambie los filtros de aire y de habitáculo.

Solo me quedaba el filtro de gasoil y arrancar el coche para que se llenase el filtro de aceite y volver a poner a nivel. Cuando pensé esto me puse a buscar el filtro de gasoil antes de desmontar nada pues no había visto ninguna caja más.

Cuando vi un Post-it en la orden de trabajo

“El cliente no cambia el filtro de gasoil, dice que es muy caro”

Cuando lo leí me dio por reír, no entendía como una persona se compraba un coche que valía unos treinta mil euros y racaneaba unos cincuenta que valía el filtro. Acabe el coche aun riéndome y lo baje al suelo, retire las patas, estaba listo para que lo sacase de allí en cuanto quisiera.

Quedaba una hora y media más o menos asta que viniera el jefe y el coche con más trabajo estaba ya echo, así que podía aligerar el pistón un poco aunque quería quitarme todo lo posible asta que el llegase, una vez que entraba por la puerta no es que el se entretuviera con el vuelo de una mosca sino que me entretenía a mí también y luego tenia que ir a carreras y eso no lo soportaba.

Vi que tenía otro coche para aceite y filtro de aceite y pastillas delanteras, quite ambas ruedas, las apoye en el suelo y le deje escurriendo el aceite también; mientras tanto me fui hasta el baño me lave las manos y cogi una botella de agua del frigorífico, tras echar un largo trago, volví asta mi carro de herramienta busque en el primer cajón el paquete de tabaco y encendí uno, con él en la boca lleve el émbolo para atrás de la pinza de frenos y afloje el tornillo, saque las pastillas viejas que estaban para tirar, como podía la gente aguantarlas tanto, las tire al suelo de mala gana, pensando como la gente podía ser tan inepta, mientras colocaba las nuevas, y colocaba la pinza de nuevo, daba grandes caladas al cigarro que se consumía como los minutos allí dentro.

Cuando acabe con el otro juego de pastillas, el cigarro se había consumido por completo, lo apague en el cenicero que tenia en el carro, apure asta la última gota de agua de la botella y seguí la tarea, estaba el coche apunto de tocar con sus ruedas el suelo, pues ya estaba listo cuando sonó el teléfono del taller, cogi un trozo de papel y limpie un poco mis manos.

Agarre el teléfono y vi que el número era familiar, no me da tiempo a decir buenos días cuando oigo:

– ¿Gabriel macho como lo llevas?

– Bien, aquí en el taller liado estoy, dime ¿que te pasa?

– Tan directo como siempre jejeje

– Venga dime que aun me queda corte y sabes que en cuanto abramos la puerta ya vamos a carreras porque no hace más que entrar gente y sonar el teléfono

– Haber que te digo que de los coches que te deje colocados ayer en los elevadores, solo tienes que hacer dos

– ¿Cuales? Porque ya tengo hechos dos de ellos, esta el de las pastillas y el de los amortiguadores

-Pues menos mal que as empezado por esos porque son los que hay que entregar el resto no me urgen, así que ahora en cuanto baje al taller te pago las horas extras del mes que habías echo

– Y las horas de hoy que no se olviden

– Tranquilo, que si estoy hay me muerdes, en un rato estoy allí.

– Venga ahora te veo

Por fin empezaba mis vacaciones, pero aun así me había echo el lió y había tenido que venir a hacer un par de coches por comprometerse él con clientes y luego la mitad le habían dicho que no le corrían prisa, siempre igual quería abarcar tanto trabajo que siempre estábamos así, vente antes, quédate un rato, que siempre me lo pagaban pero que todo esto era producto de su obsesión por el dinero, para que necesitarían tanto, vale que tenían vicios muy caros pero esto ya era por demás.

Decidí abrir las puertas del taller ya, y salirme a la puerta a fumarme un cigarro mientras me bebía un bote frío, estaba asado de calor.

Nada más salir a la puerta, vi un coche gris que venia hacia el taller, era el jefe, ya estaba aquí, me tenia que haber llamado desde muy cerca por lo poco que había tardado.

Pensé para mis adentros:

El muy desgraciado me a echo de venir un par de horas para quitarle lo más gordo, achacando que tenia que cosas que hacer y le era imposible abrir antes, como sabía que asta el día siguiente no me marchaba a la playa me quiso hacer el lío. Menos mal que por dos horas que quedamos en que me pagaría como un festivo las horas.

El coche llego hasta la puerta y al ver que la puerta estaba abierta metió su coche y lo aparco justo al lado del mío.

Se bajo del coche con una sonrisa cuando echo un vistazo a los elevadores y vio dos de ellos listos y otro a medias.

– Gabriel, pásate a la oficina que echamos la cuenta de tus horas, veras que susto me vas a dar

– ¿SUSTO? Mira que me extraña, si yo saco una buena tajada, que no sacaras tú

Él se río bastante, y pasamos, traía el dinero en un sobre, ya estaba preparado, cuando me lo entrego, abrí el sobre y me dispuse a contarlo delante de él.

– ¿Lo vas a contar? ¿No te fías de mí, con el tiempo que llevas trabajando conmigo?

– Con el dinero no me fió de nadie y menos si es tanto

– Bueno, pues nada cuéntalo entonces

– Faltan las horas de hoy

Se quedo pálido, pensaba que no me daría cuenta de aquello, pero sin decir nada se saco la cartera del bolsillo de atrás y puso encima de la mesa cincuenta euros más

– Quedamos en que era eso por toda la mañana, pero por haberte jodido media mañana de vacaciones, pues por compensarte

– Muy bien, pues me marcho ya que tengo cosas que comprar antes de mañana, que te sea leve estos días solo ante el peligro

Sin más me dirigí asta el coche, arranque y me marche de allí, durante quince días disfrutaría de estar a mi aire todo ese tiempo, llame por el manos libres del coche

– Buenos días enana, deja de dormir ya ¿no?

Una voz aun medio dormida contesto al otro lado

– Aún es muy pronto, ¿porque me despiertas ya?

– Venga dormilona, arréglate que en cuanto me duche nos vamos a comprar

– Vale

Cuando colgó, supe que se volvería a dormir en seguida y me tocaría despertarla. Seguí mi camino asta casa, aparque en el mismo sitio de donde había recogido a primera hora el coche, aun había poco movimiento de gente en la calle, no superaban las diez y media de la mañana, y era agosto.

Entre en casa sin hacer ruido, me descalce en la misma entrada, fui asta la habitación, pero no estaba allí dormida y al pasar por la cocina tampoco la había visto, solo me quedaba como opción el baño o el salón, entre un momento a lavarme la cara, pues venía sudando. Ya solo me quedaba como opción el salón, cuando llegue a la puerta, estaba tumbada en el sofá con el móvil en la mano y dormida.

Tenía cara de estar muy a gusto, la cogí en brazos y la lleve a la cama para que estuviera más ancha, en todo el recorrido por el pasillo no se estremeció, pero si que se agarro a mi cuello, como si un acto reflejo se tratara.

Al llegar a la cama, la deposite suavemente encima de las sabanas, bese su frente y me fui a la ducha, olía a sudor y aceite quemado.

La ropa de trabajar la metí en la lavadora antes de ducharme para dejarla lavada antes de marcharnos al centro comercial.

Una vez en la ducha, comenzó a sonar la música en el salón, Dafne ya estaba despierta, conociéndola como la conocía se vendría a la ducha conmigo, la mampara del baño se abrió, allí estaba Dafne desnuda frente a mí

– Ya te habrás quitado toda la grasa de encima pero ahora voy hacer que te manches de nuevo

Cerró la mampara de nuevo y se acercó a mí, comenzó a besarme, mientras restregaba su sexo contra mi pene que comenzaba a ser despertado de su sueño, parecía que ella se había levantado con mucha lujuria almacenada dentro de ella, pues al tocar su sexo de este emanaban ya flujos. Estaba muy excitada, llevaba unos días por la mañana que se levantaba así, se puso mirando a la pared y se agarro a unos tiradores que había en los azulejos, con su culo en pompa y moviendo lentamente, solo hacia incitarme para que fuera con ella, mientras el agua seguía cayendo sobre nuestros cuerpos, me acerque asta ella cuando mi pene erecto toco su culo se estremeció y me dijo

– Hazme tuya ya, no aguanto más

Apunte hacia la abertura de su sexo, y suavemente la introduje por completo dentro de ella, la arranque un gemido, viendo como gemía y como se movía estaba seguro de que no tardaría en terminar.

Cuando estaba así se quedaba como en trance nadas más acabar debería de ser rápido y sujetarla por si acaso, pues sus piernas siempre tendían a fallarla una vez alcanzado el clímax.

Ella gemía cada vez más alto, se la oía por encima del ruido del agua, sus piernas se notaban cada vez más flojas, la agarre de las caderas y empecé a dar embestidas más fuertes quería arrancarla un orgasmo de buenos días, sus ojos se tornaron blancos ya había llegado al climas.

De tan relajada que estaba, casi se me cae en la bañera, saque mi pene aun erecto de su interior y la saque de allí en brazos, de vuelta a la cama, cuando estaba allí y comenzó a recuperarse, me miro y dijo

– Mi primer orgasmo de vacaciones

– Anda tormento, vamos a vestirnos

– ¿Tu no as acabado verdad?

– Si acabo, te abres la cabeza contra algo en la bañera

Puso cara de pilla, lo cual a la vez me dio morbo el pensar que se la pasaba por la mente y a la vez me dio asta miedo.

Nos vestimos y fuimos al centro comercial de la ciudad, como era un día de diario, aun siendo pleno agosto con tanta gente de vacaciones era agradable pasear por sus pasillos, a ambos las aglomeraciones de gente en eso sitios nos ponía malos.

Entramos en varias tiendas, cada vez que entrábamos en una salíamos con una bolsa nueva, llevábamos calzado, bañadores, camisetas algún pantalón y también un par de cajas de preservativos, una de ellos normales y otra verdes fosforitos que vimos y nos hicieron gracia, pues se suponía que brillaban en la oscuridad y mi pene seria verde por un rato, esa idea nos daba risa la verdad.

Seguimos nuestro camino por la galería y llegamos a una parte de aquella planta donde había una heladería y decidimos comprar un par de cucuruchos y por una extraña razón que no entendí Dafne también quiso una tarrina de helado, nos comimos aquellos helados que parecían yogur pues era muy cremoso.

Cuando casi los helados estaban acabados seguimos nuestras andanzas por aquella planta del centro comercial, ya teníamos todo lo que nos hacia falta pero por dar una última vuelta no perdíamos nada, llegamos a la altura de una tienda de lencería y mi chica quiso entrar, se me hizo raro pues siempre venía ella a estas tiendas sola, pero bueno pase con ella, y empezó a dar vueltas por allí, la dependienta la conocía pues normalmente compraba en esa tienda, porque reconocí prendas que ella tenía.

Cogio un par de cosillas de los estantes y agarrándome de la mano se dirigió hacia los probadores, mientras preguntaba a la chica

– ¿Te importa si pasamos juntos a los probadores?

– No tranquila pasad tranquilos, además con las veces que vienes por aquí para una vez que vienes acompañada, no te quiero quitar ese gusto

No entendía que pasaba parecía que nos había puesto ojitos la dependienta, vi la cara de Dafne también se había dado cuenta y tenia cara morbosa, nos metimos en el probador con todas las bolsas y demás, menos mal que el probador era grande, con un espejo en una pared, deje las bolsas apoyadas contra una pared y me senté en un taburete que había allí dentro, mientras ella empezó a desnudarse, allí sentado viendo como se despojaba de su ropa, empezó a entrarme calor a pesar de que el aire acondicionado estaba puesto.

Se probó el primer conjunto y mirándose al espejo me dijo con una sonrisa

– ¿Te gusta como me queda?

– Si, te sienta muy bien, pero siempre lo usas negro

– Por eso e cogido este otro en rojo, que se que te gusta

Se quito el conjunto negro y se quedo totalmente desnuda delante de mí, el morbo que suponía estar en un probador y que la chica de la tienda estuviera a escasos metros hizo que notase como algo se endureciera en mis pantalones mientras crecía rápidamente.

Ella era lo que quería, cuando vio que me movía mucho en el asiento con su pecho al desnudo se acerco hasta mi, y se arrodillo entre mis piernas, desabrocho mis pantalones y cuando fue a bajarlos la dije

– Pero, ¿aquí…?

– Déjame hacer, que te va a gustar

Me bajo los pantalones y los bóxer y aprovechando que estaba duro ya, comenzó a lamer mi pene como si se tratase de un helado, en ese momento algo paso por su mente, se paro en seco, rebusco en una bolsa y saco la tarrina de helado, mientras yo me despojaba de la ropa pues estaba viendo sus ideas y no quería ir con manchas de helado por hay.

Abrió la tarrina del helado que ya más bien era sorbete, pues se había derretido, pero aun tenia consistencia, y empezó a untarla encima de mi y comerse como estaba haciendo un helado, unto una buena cantidad del helado de chocolate sobre mi pone y empezó a lamerlo desde su base asta el glande, lentamente, limpiando todo el chocolate de sus superficie y dejando que brillase por acción de su saliva, mientras lo hacia jugaba con sus pezones que me excitaba aun más, cuando estuvo bien limpia se dirigió a la cabeza de mi miembro y empezó a lamerla y succionarla, mis gemidos no tardaron en aparecer, por cada gemido que salía de lo más profundo de mi garganta, hacia que a Dafne se le erizase el pelo y lo hiciera con más ganas, cada vez lamía más rápido, marcaba el glande con sus dientes y jugaba con el piercing de su lengua, no sería capaz de aguantar mucho más si seguía haciéndolo así, mis manos se agarraban a su cabeza y mesaban su pelo, eso la decía que me encantaba, mis gemidos sonaban cada vez más altos, era imposible contenerlos; se incorporo y me beso cariñosamente en la boca , se acerco a mi oreja y me susurro

– Esta mañana no as tenido orgasmo, ahora te voy a dar uno mejor incluso, venga suéltalo todo para tu niña, que tengo sed

En su cara se veía las ganas que tenia que eyaculase de gusto y quería que fuera en su boca, se volvió a su lugar de antes y seguía lamiendo cada vez más rápido, entonces hoy pasos en el pasillo de los probadores, era la dependienta, Dafne no había oído nada porque seguía con su tarea sin desconcentrarse, cuando estaba a punto de soltarlo todo me hizo levantarme de mi asiento para que viera como caía toda la leche caliente en su boca y una vez que la recogiera con ella, como se la bebía.

Tras quedarme de pie con mi pene en la boca de mi chica, mientras me hacia una felación en aquel probador, la puerta se abrió y la cara de la dependienta apareció allí, sus ojos no eran de incertidumbre si de lujuria, sabía que algo parecido estaba pasando, me quede parado, pero mi orgasmo no podía parar y empezaron a salir chorros de semen que iban cayendo en la boca de Dafne, en ese momento me miro a la cara y vio que no la miraba a ella sino más arriba y se giro, sacándose en ese momento el pene de su boca, en ese instante y un chorro a presión del liquido salio disparado e iba en dirección de la dependienta que lejos de alejarse de su trayectoria se agacho un poco y abrió la boca, cayendo el liquido en sus boca y labios.

Mientras mi chica se volvió a meter entre mis piernas para limpiar los restos que pudieran quedarme y dar envidia a la dependienta, esta se relamía con lo que le había llegado. Mientras ellas aun se relamían yo permanecía en aquel taburete inerte, pero con una sonrisa de oreja a oreja.

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Con una vecina bien madura

Sexo con maduras 24/07/2017

Esta es mi primera historia asi que presten atencion. Esto me sucedió hacce ya tres años, espero os guste.

Llevaba casado ya más de diez años con la misma mujer. También tengo una hijastra que por entonces tenía 18 añitos.

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Una mujer que me marco para siempre

Lésbicos 23/07/2017

Es claro que no soy escritora solo quiero contar mi relato como todo en la vida, para que puedan entender, ojalá fuera ficción, pero es mi vida real y voy a contar la historia tal cual es.
El amor no se busca, no eliges de quien quieres enamorarte, solo sucede y ya…

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Un sexo intenso

Confesiones, Lésbicos 23/07/2017

Cuando te conoci fue la forma mas especial de lo que me puede haber pasado, empezaste a ser alguien tan importante en mi vida sin darte cuenta sin que te lo diga, si supieras lo que cambiaste mi vida, pero mejor no, les cuento mi vida toda mi vida estuvo marcada por el miedo y de pronto apareciste y empece a darme cuenta que no soy tan miedosa que hay algo de valiente en mi ser.

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Una comida que termino en sexo

Fantasías Eróticas 23/07/2017

Todo comenzo como una comida normal, Una de esas comidas aburridas de trabajo, ¿importa el motivo que en aquella ocasión reuniera a clientes, proveedores y compañeros en una supuesta celebración?, quizá, pero, por mucho que quisiera, sería completamente incapaz de recordarlo; solo la recuerdo a ella.

Estaba abstraído, el hastío me había hecho refugiarme en el cuarteto de cámara que amenizaba la comida hasta tal punto que no había sido consciente de que el sitio, antes vacío, sito a mi frente había sido ocupado hasta que la rodilla de su ocupante rozó la mía.

Ese contacto fortuito hizo que mi mirada, de forma automática, se dirigiera hacia el ocupante que se encontraba a mi frente, mi mente, aun atrapada por los compases del Cascanueces, se vio impelida a tomar consciencia del mensaje que enviaban mis ojos de forma imperativa; ante mi encontré unas pupilas azul profundo que también me miraban, me zambullí en esa mirada, oscura e intensa, no había escapatoria, me hallaba completamente perdido en mitad de aquel océano, la propietaria me sonrió, una sonrisa abierta y pícara que iluminó ligeramente sus iris.

– Bienvenido al mundo de los vivos, ¿tenía Morfeo noticias interesantes?

Mi boca se mantuvo cerrada, si mente imaginó algún tipo de comentario ingenioso comparando a mi interlocutora con Aglaea, pero toda mi mente estaba demasiado ocupada con esos ojos y la cálida presión que su pierna producía sobre la mía. La mesa era estrecha, maravillosamente estrecha, poco más de medio metro; y ese primer roce que había captado mi atención se había transformado en mi pierna izquierda atrapada entre sus muslos.

Mi estúpido silencio le hizo sonreír de nuevo y siguió hablando, como si nos encontráramos a mitad de una larga conversación, sobre el fascinante mundo de los materiales, su elasticidad, ductilidad, rigidez, resistencia, textura … sus frases, entonadas desde la más seria profesionalidad eran acompañadas, bajo la mesa, por demostraciones prácticas muy didácticas, presiones, roces, caricias que su pie, enfundado en una media casi inexistente y sus muslos, prodigaban por mis sorprendidas y encantadas piernas.

Cuando abordó el tema de la dilatación, ya entrados en los postres, yo hacía rato había experimentado el fenómeno (una descortesía por mi parte adelantarme a la explicación) al fin mis labios pudieron despegarse, y aportar mi granito de arena, declarando mi fascinación por el fenómeno y como influyen sobre el mismo el calor y la humedad.

– No se si lo sabrás, pero este edificio cuenta con unas juntas únicas.

Esta última observación volvió a arrancar de su boca esa sonrisa pícara que durante toda la conversación había permanecido ausente, mostrando durante la misma un rostro marmóreo de fría eficiencia, y me pidió que se las mostrara.

Nos disculpamos ante los comensales (los cuales parecieron francamente aliviados, pues la conversación parecía aburrirles mortalmente) y nos dirigimos a los ascensores.

Cuando la puerta del ascensor se cerró nos quedamos mirándonos, supongo que ella esperaba que sin perder un instante, una vez ganada la intimidad, me abalanzara sobre ella, pero en lugar de eso, pulsé el botón del último piso, apenas rozando sus senos al hacerlo.

Al retirar la mano del pulsador no la aleje de ella, rozando su nalga con el dorso y sin apartar la mirada de sus ojos.

Cuando llegamos a la planta seleccionada, la conduje por unas escaleras estrechas que se ocultaban tras una puerta cerrada con llave, y salimos a la azotea.

Tras asegurar la puerta que nos protegería de interrupciones inoportunas, seguí explicando que uno de los factores fundamentales a tener en cuenta para la dilatación, es el calor producido por los diferentes materiales al rozarse, acerqué mi cuerpo contra el suyo y la besé, no fue un beso desesperado, sino que nuestros labios fueron rozándose el uno contra el otro, atrapándonos mutuamente en blandos mordiscos y chupetones, mis manos recorrían su espalda y sus nalgas, dibujaban su contorno y abarcaban sus redondeces.

Acerqué mi boca a su oreja y expliqué que los aislamientos eran fundamentales para evitar la excesiva generación de calor, y como si se pierden pueden llegarse a temperaturas extremas, retiré su chaqueta mientras mordisqueaba su cuello, fui abriendo botón a botón su blusa, besando, lamiendo y chupando cada centímetro de piel que presentaba ante mi.

Hablé, aunque he de reconocer que de forma bastante ininteligible, de la importancia fundamental de revisar con regularidad los puntos críticos de la estructura, y recorrí el nacimiento de sus senos con la punta de la lengua, besé la superficie que el sujetador dejaba a mi vista y restregué la mejilla contra la tela notando como un punto sobresalía en su cúspide como monumento vivo a la frontera entre la suavidad y el instinto salvaje.

Desabroche el sujetador y zambullí mi rostro entre sus tetas, mis manos se aferraron a ambas y mis pulgares, que previamente había humedecido en su boca, se vieron atrapados por el torbellino de la aureola de sendos pezones.

Seguí descendiendo por su abdomen, sin dejar de acariciar, apretar y dibujar aquel increíble busto, cálido, terso, firme, turgente, unas tetas menudas y de pezones rosados que me enloquecían, podría haberme pasado la noche admirándolas y colmándolas de atenciones y aun así no hubiera sido suficiente para saciarme de ellas,

Pero el estremecimiento de su piel, su respiración acelerada, el calor que sentía subir de su entrepierna y dulce olor ligeramente almizclado que llegaba hasta mi mientras besaba su ombligo hicieron que mis manos se deslizaran por sus caderas y atinaran a bajar la cremallera que cerraba su falda; apenas la cremallera se hubo abierto, la falda calló don divina gracia sobre sus tobillos, nunca sabré si las bragas se habían caído solas o yo las había retirado, únicamente sabía que ante mi tenía una preciosa vulva, que me hipnotizaba y atraía como un imán, pegué mi boca a ella y dejé que mi lengua se deslizara entre los labios mayores, recogiendo y saboreando el flujo que de ellos escapaba y apretándola contra mi cara mis manos trabajaban sobre sus nalgas.

Me levanté y la besé de nuevo, mis manos, indecisas, recorrían toda su piel, y se cerraban allí donde las formas invitaban.

La conduje hacia una tumbona y la coloqué sobre ella de espaldas, ella, antes tan directa y dominante, ahora se dejaba hacer, sumisa y sin voluntad propia; la contemplé allí, a plena luz del día, con su culo en pompa invitándome a devorarlo, le mordisqueé las nalgas mientras mis manos volvían a sus senos, deslicé la lengua por su vagina, esparciendo su fluido desde el clítoris hasta el ano; comencé a masturbarla introduciendo mi lengua en su abertura y, aunque reticente a dejar de acariciarle esa encantadora ubre, humedecí el pulgar con la mezcla de saliva y flujo que contenía mi boca y con él dibujé círculos sobre su botón, sus gemidos y suspiros llenaban el aire por encima del ruido del tráfico.

Cambié mi lengua por dos dedos de la mano izquierda, ella intensificó aun más el canto de su placer mientras unos dedos de una mano penetraban en su interior y el pulgar de la otra masajeaba su clítoris. Mi lengua, que no gusta de estar ociosa, comenzó a perfilar el orificio de su ano, esta actividad pareció cogerla de sorpresa, pues por un instante detuvo el contoneo de su cuerpo y cejó en sus gemidos, pero no me detuve, sino que comencé a picotearle el ano con la punta de la lengua, sin dejar de masturbarla, ella, pasada la primera resistencia, redobló los signos de goce y no mucho después estalló en un orgasmo que le hizo temblar de pies a cabeza durante más de un minuto. Ahí detuve la mecánica y me dediqué a besar y acariciar todo su cuerpo mientras ella se recuperaba.

Ella se levantó, desnuda y radiante ante mi, me cogió la cara y me besó con una pasión que me dejó sin aliento y, acercando su boca a mi oído, dijo

– Bien, has demostrado tus conocimientos prácticos sobre materiales, ahora – dijo con una sonrisa lobuna en los labios – es mi turno

Me desnudó completamente, y se sentó a contemplarme mientras se masturbaba. La duda me invadió, ¿acaso me iba a dejar allí de pie, a pleno sol, con una dolorosa erección, mientras ella se corría otra vez?

No, no iba a ser así, y eso lo descubrí rápidamente, una vez que ella estuvo satisfecha con el grado de humedad que hacía brillar su vulva y que escurría por sus muslos, se acercó a mi rodeándome y cogiéndome la verga desde atrás.

Mientras acariciaba mi miembro iba alternando las manos, de mi sexo al suyo, empapándome de sus fluidos y esparciéndolos por mi polla, testículos y culo

Se arrodilló tras de mi y hacendarme abrir las piernas, me lamió los huevos y los introdujo en su boca, mientras con ambas manos, frotaba mi glande empapado con su nectar.

Su lengua se fue moviendo en errático recorrido hasta que, tras un fuerte mordisco en una nalga, se paró sobre mi ano, llenándolo de roces y saliva, lo mismo que ella antes, yo nunca había sentido esa sensación y, por un momento, me quedé petrificado pero esa sensación dio paso rápidamente a una corriente de placer que me recorría todo el cuerpo, sentía una de sus manos frotando mi verga, la otra mano recorriendo toda la piel a su alcance y aquella maravillosa lengua que, cada vez más atrevida, se iba introduciendo un poco en mi interior, yo me agachaba para para facilitarle el acceso a mi cuerpo y contemplar un brazo que surgía de entre mis piernas y pelaba mi polla con una gracia que me volvía loco.

Temeroso de perder el equilibrio y caer de buces, me tuve que agarrar a la barandilla y con ese movimiento, aunque pequeño, interrumpí el nirvana en que me encontraba, ella asomó su cabeza por entre mis piernas y con una abierta sonrisa, me lamió el zupo desde los testículos al capullo, terminando de pasar su cuerpo por entre mis piernas para parar su cara frente a mi polla, esa maniobra me obligó a abrir aun más las piernas – Así, perfecto, no te muevas – volvió a coger la polla con su mano y se la introdujo entre los labios, comenzó a deslizar la mano hacia la base sin separar la mano de la boca, hasta que sentí toda mi polla cubierta por su mano y su boca, y comenzó a frotar la lengua y a succionarla de tal manera que me vi forzado a cerrar los ojos y gemir el placer que sentía.

Su otra mano, que, sin que yo lo supiera, no había estado en absoluto ociosa sino que se había estado empapando de flujo vaginal y, ya de paso, proporcionando un poco de placer extra a su proveedora, se puso a acariciarme el culo con dedos resbaladizos y ardientes, nuevamente una primera impresión incómoda, dejó paso al placer. Sus caricias y su mamada se fueron haciendo más atrevidas y ansiosas; mientras mi polla entraba en su boca, uno de sus dedos se abría paso a mi interior, al principio provocándome una sensación ardiente y molesta, pero, según más flujo y saliva (que corría generosamente por mis genitales) se introducían en mi, fueron tornando la quemazón por una corriente de placer que recorría mi espalda, un segundo dedo, unos maravillosos dedos finos y largos, acompañó al primero mientras una lengua ágil e insolente, jugueteaba con los dibujos y las hinchadas venas de mi más que lleno cipote.

Exploté, exploté de una forma violenta y plena, sin control y sin mesura, ella, se introdujo la polla profundamente en su boca y fue succionando cada chorro que enviaba de forma convulsionante.

Caí de rodillas, sin fuerzas, frente a ella, rostro con rostro, mi boca aun con sabor a ella buscó la suya con sabor a mi, fue un beso largo y profundo con sabor a nosotros, ese gran beso, junto con las caricias que nos prodigamos, hicieron que mi erección permaneciera, que reclamara un nuevo cobijo, así que dándole la vuelta, de rodillas los dos en el suelo, me introduje en su interior, fue una penetración lenta, profunda, sintiendo como centímetro a centímetro me abría paso en su interior y sentía como ella se amoldaba como un guante al perímetro de mi pene.

Aferrado desesperadamente a sus caderas la envestía una y otra vez, ella gemía y chillaba cada vez que mi pelvis chocaba violentamente contra sus nalgas, y no tardó en enganchar una larga cadena de orgasmos cultivados mientras me demostraba la práctica con materiales, cuando paré al verla exhausta, sin salir de su interior, recogí una buena cantidad de flujo en mi mano y comencé a lubricarle el ano, ella, jadeante, no puso objeciones sino que alzando el culo y separando más las piernas susurró con voz jadeante, con cuidado, por favor, nunca lo he hecho por detrás y me parece que tu polla es demasiado grande para mi culo.

Sin decirle nada, me incliné sobre ella para besarle la espalda, mi dedo índice seguía recogiendo flujo lubricando su ano en círculos cada vez más cerrados, aumentando la presión y comenzando a abrirse camino hacia su interior, me separé de ella y acerqué la boca a la zona de prospección, ayudando con mi lengua a arrastrar lubricante hacia mi dedo que, apenas un centímetro, se iba deslizando cada vez con más soltura dentro y fuera, ganando profundidad milímetro a milímetro, a ella la notaba tensa y cerrada, así que retirando el dedo, recomencé la operación con la lengua con la mano comencé a acariciarle nuevamente el sexo.

Su mano acompañó a la mía entre sus labios mayores y comenzó a guiarme en la danza que a ella más le gustaba, la punta de mi lengua, ya entraba y salía con soltura de su culo, ya lo notaba receptivo y ansioso por seguir recibiendo atenciones, así que, dejándole a ella acariciar su coño libremente, cambie la lengua por un dedo completamente empapado, esta vez penetró sin ninguna dificultad y fue rápidamente seguido de un segundo. Lubricando, ensanchando, entrando, saliendo, sentía que ella estaba disfrutando de esta nueva experiencia a juzgar por sus gemidos así que, sin dejar du jugar con su culo, volví a introducirme en su vagina empapando mi polla nuevamente de sus flujos y aumentando el volumen de su excitación. Cuando sentí que era el momento, salí de ella y apunté mi glande hacia el objetivo donde jugaban mis dedos, y apoyando la polla en su guía los retiré mientras comenzaba a presionar, ella, de repente, pareció asustarse y noté como su esfínter se cerraba ante la incursión de mi polla, acerqué mi mano y me dediqué a acariciar el perímetro de mi penetración, hasta ese momento muy escasa, y a relajarla con suaves caricias a su alrededor, mientras besaba y lamía su espalda.

Noté también como ella intensificaba el frotar sobre su clítoris y no tardó en volver a estar receptiva, con sumo cuidado, y utilizando la mano como tope, me fui introduciendo dentro de ella contra natura, notaba como un dolor inicial se transformaba en un placer salvaje, primitivo, novedoso, que hacía que ella apretara el culo contra mí pidiendo que entrara más y más. Cuando mis huevos tocaron sus nalgas, la senté sobre mi, rodeándola con mis brazos, acariciando sus tetas con una mano, mordisqueando su cuello e introduciendo dos dedos en su vagina.

Ella, estimulada por todos lados tanto por mi como por ella misma, no tardó en volver a tener un orgasmo que encadenaba con el siguiente, sus caderas se movían, su esfínter se cerraba fuertemente en la base de mi polla, esta vez no como rechazo sino para sentirla mejor, esa presión a mi me hacia retorcerme de placer, y mordía su cuello con fuerza, ese dolor a ella la empujaba a un estadio salvaje, fuera de control, los dos aullábamos, urgíamos, nos frotábamos hasta que exploté en su interior y todo acabó, jadeos, derrumbados sobre el suelo, notaba como mi erección desaparecía y mi pene era expulsado del calor de su interior, allí, al sol, en la azotea, dos desconocidos, tardamos en encontrar las fuerzas necesarias para levantarnos y presentarnos.

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