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Lesbianas consumadas

Relatos porno 08/04/2018

Lesbianas calientes

Lesbianas calientes y tetonas

Este relato es un inicio de algo que pasó entre ella y yo. Mi atracción por las chicas no se desarrolló hasta los 18 años. Fuimos lesbianas consumadas y calientes.
Por aquel entonces yo trabajaba en la tienda de mis padres vendiendo pasteles, pan y dulces. Ella iba a mi tienda casi a diario. Allí la conocí, y allí la vi por primera vez. Era una joven hermosa, bella y más lanzada que yo. Digo lanzada por su manera de hablarme cuando iba a comprar. Lo cierto es que era tremendamente sensual, con grandes atributos femeninos, que es por eso, por lo que me atrajo mucho. Diría otra cosa o mentiría, si afirmase que más me sedujo de ella, era su voz bonita y sus sensuales palabras. La verdad que no. Lo más resaltable eran sus grandes pechos que me dejaban sin habla. Porque yo soy una chica con muy poco pecho, eso me enloquecía de ella. Solo mirarla.

Relatos lesbianas

Lesbianas morbosas XXX

La historia es más larga pero como no sé si tendré lectores, de momento no me extendré más. Si quieren saber algo más, comenten y relataré mi historia con mi amiga.

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Mamá en bata

Relatos porno 02/02/2018

El otro día estaba en casa, mi mamá en bata, sí, como la de la foto, tetona y muy bien hecha. Estaba leyendo estos relatos porno que cada día me ponen más cachondo.
¿Cómo alguien puede mirar a su madre como si fuera otra mujer de la calle, y con deseo sexual? La verdad, no lo pensé hasta que lo leí. Y al leerlo levanté la cabeza de mi tablet, y la vi a ella entrar como siempre por la puerta después de comprar. Se dirige a la cocina y deja la compra a toda prisa. Va al lavabo para miccionar, después del largo y duro día de compra. Acto seguido, se pone cómoda, a todo esto yo ya pensando más de lo debido. Cuando sale de su habitación, yo todavía sentado en el sofá del comedor, la miro sigilosamente por el rabillo del ojo. Sí, he dicho rabillo del ojo, no rabo de abajo. La miro y la remiro, lo cierto es que tiene más tetas de lo que pensaba viéndola ahora. Va para la cocina a sacar las cosas de las bolsas, ya está cómoda y en bata, y debajo me parece que no lleva ni sostén, porque la vista de los pechos los hace muy reales. Es decir, abultan muy ligeramente. Yo ya estoy caliente de toda la situación.

Si desean que contínue, porque no sé si les gusta o no, lo haré. Les dejo unas fotos, eso sí, que me inspiran para escribir.

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Mi mujer adora que la humille

BDSM, Relatos XXX 01/02/2018

Lo que más le pone a mi mujer es que la humille. Ella tiene las tetitas pequeñas caídas y con estrías y pelos. Tiene el coño muy peludo, y las carnes flojas. Le encanta que me ria de ella y que la haga sentirse muy sucia. Hoy me ha pedido que la humille y utilice todo el día. Me pidió que la obligará a hacer de todo, y la complaci. La hice lamerme los pies, y succióne sus pezones deformandole esos pimientos secos que tiene por tetas. Salió a tender la ropa sin bragas y con unas mallas rajadas. Iba con escote y sin sujetador y se agachó y le vieron los vecinos el coño peludo. Se le salió una tetillas y así la dejo. A la hora de comer le hice meter el coño en la sopa y le mee un poquito en el plato. Comió sin manos del plato en el suelo, y de vez en cuando me peia en su boca. Puse porno para tocarme porque ella me da asco. Ella mientras se inyectaba agua en el ano. Me puse a mil con el porno y me puse a mirarla a ella para no correr me y la polla se me bajo. Empezó a cagarse a propulsión y no la deje ir al lavabo. Ella se refrego por su diarrea y la chupaba. Me puse porno y le enseñe lo que son unas tetas. Mientras me comía el ojete y yo me tocaba con el porno me cague en su boca y me corrí.

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50 sombras de un Profesor

Gays, Relatos porno 13/01/2018

Durante un tiempo habia chateado con un hombre en una aplicacion la cual era solo de hombres que buscaban hombres. Al final me entere que el tenia 30 años.
Por lo menos estaba tranquilo que no habria problemas ya que yo tenia 20 años, solo habia la “pequeña” diferencia de 10 AÑOS entre el y yo.
No deje que eso me afectara.
Despues de unos meses de habernos visto y haber salido al cine, a comer ect , el me dijo que era maestro de preparatoria el cual me sorprendio ya que tambien me dijo que el pudo haber sido mi maestro ya que el iba a ingresar a la preparatoria que yo fui años anteriores.
Sabia que no tenia de que preocuparme ya que el No era mi maestro , yo ya me habia graduado y era mayor de edad.
Un dia me llevo a un motel realmente muy bonito.
Entramos a la habitacion y pude notar que el lugar era muy exotico.
Un espejo enorme en la parte del techo situado donde estaba la cama, un sillon especial para Kamasutra, Cojines en forma de corazon , regaderas muy modernas , pantalla de 42 pulgadas entre mas cosas.
Al entrar inmediatamente me tomo de la cintura y despues me cargo, me llevo hacia el sillon y me empezo a besar apasionadamente. Despues me quito la ropa solo dejandome mis boxers apretados blancos. Su barba puntiaguda pasaban por mis piernas lentamentamente, su piel morena empezaba a dar un tono rojo de calentura total.
El sabia que estaba leyendo el Libro de 5O SOMBRAS DE GREY asi que dijo que nosotros creariamos una escena como la de el libro.
Yo estaba completamente nervioso su mirada estaba completamente diferente a otras veces era como si realmente quisiera deborarme.
Tomo una bufanda que traia y amarro mis pies al sillon, Despues se quito la camisa , agarro su corbata , me junto las manos y las amarro hacia un fierro que tenia el sillon. Despues empezo a besar mi cuello lentamente , Despues me bajo los boxers y agarro mi ereccion dura. Despues metio toda su boca en mi miembro y empezo a hacerme un oral intenso que me hacia gritar a mas no poder.
Despues agarro su cinturon y me dio unos ligeros golpes en las piernas el cual me asusto un poco pero de alguna manera me excitaba.Mis piernas eran mas blancas que mi piel asoleada asi que se podia ver mas a fondo como empezaban a tornarse rojas por los azotes.
Despues me desato de todo y me puso en cuatro y medio una nalgada y despues beso mi trasero.
Al final termino metiendome su miembro poco a poco usando un condon de sabor de chocolate el cual antes de eso yo ya habia probado. Me la metia una y otra ves rapido y profundamente . Mis gemidos y los de el eran intensos …Me mordia el cuello , el pecho , los pezones las piernas dejandome algunos chupetones el cual no me agraban pero no queria perder el momento.
Despues de haber echo infinidad de posturas , Nos dirigimos hacia las regaderas donde habia una pequeña banca …Alli hizo que me sentara y se vino rapidamente en mi pecho. Su semen se sentia calientito de alguna manera sentia como si me quemara un poco , y al final yo hice lo mismo con el , queria gritar al sentir un enorme orgasmo, El lamio mi miembro con todo y venida , decia que mi semen sabia dulce y me pidio mas , el cual me volvi a masturbar para que saliera mas y el pudiera volver a comerlo.
En otra ocasion que nos vimos me pidio que llevara puesta la camisa que llevaba en la preparatoria y que cuando coijeramos lo llamara Profesor y el me llamaria Alumno.
No sabia si seguiriamos asi por un rato pero lo que si sabia era que estaba loco por mi y yo tenia a mis pies a un profesor de 30 años.

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Mi sobrino el mejor

Relatos porno, Relatos XXX 05/01/2018

Aún con la bata, caliente y pensando en lo que había soñado. En mi cama en un estado de entresueño, recordando lo sucedido en las últimas horas, no sabía si había sido un sueño sucio en la que la protagonista no era más que una vulgar prostituta o era yo la que había vivido estas vejaciones. Ya despierta, el cuerpo me recuerda que fui yo la que recibió por primera vez un falo en sus orificios. Las piernas y espalda un poco entumecidas, y alguna molestia en la parte baja de mi cuerpo me recuerdan todo lo vivido.

Ahora miro la hora y para mi sorpresa veo que han pasado 2 horas del horario que habitualmente me levanto, mi sobrino político (mi primer y único hombre, protagonista de uno de mis mejores relatos porno) ya se debe haber ido a su último día de conferencia y a mí me quedaban pocas horas para comprar los presentes para mis sobrinos nietos, mi sobrina de sangre y mi hermana menor (su madre).

Si ellas o cualquier otra persona de la familia (o de la parroquia o del barrio o de …) supieran lo que ha pasado en estas paredes; si supieran como fui iniciada sexualmente por German (el esposo de mi sobrina del sur), quien me inicio por sorpresa en un momento de debilidad y continuó haciéndome lamer su pene y tragar su semen…..y encima me introdujo su miembro el ano (nooo!! … no puede ser….en que me he convertido!!!) Este pensamiento me angustió al punto de sentir un escalofrío recorriendo mi cuerpo y una extraña sensación de repugnancia que me hizo doblar en la cama.

Después de una reparadora ducha, un desayuno y de arreglarme dignamente (con qué necesidad??) salí a realizar la compra de presentes de rigor, juguetitos para mis sobrinos y ropa para los demás. Mientras los elegía no podía dejar de sentir culpa por lo que había sucedido, culpa por la debilidad de mi carne -¿cómo había permitido que esto sucediera? ¿Cómo fue que no fui más fuerte para impedir esto? ¿cómo…?-

TÍA SOBRINO FOLLANDO

Como una autómata hice todas las compras, pensando en lo que le diría a Germán en cuanto lo vea. Me va a escuchar en cuanto lo vea en casa. Le voy a poner las cosas en su lugar. Quien se piensa mi sobrino que soy?….Pero acaso no disfruté todo lo sucedido?. Este último pensamiento se filtraba y me desconcertaba, porque la verdad es que disfruté.

Mientras caminaba pasé por el frente de varias parroquias. En todas tenía la necesidad de entrar y confesarme, pero el prejuicio y la vergüenza me lo impedían. Finalmente con la convicción de que estando lejos de mi zona y de que nadie me reconocería jamás (ni siquiera el párroco confesor), ingresé a una y buscando el confesionario me dirigí a confesar mi pecado: la lujuria.

Y ya en casa, y con la conciencia limpia, me dispuse a ordenar mientras esperaba la llegada de mi sobrino para buscar los bolsos y finalmente partir raudamente hacia el aeropuerto. En mi mente repasaba todo lo que le iba a decir. No se iría sin saber lo que pienso. En eso estaba cuando sentí que la llave se introducía en la puerta, pero instintivamente corría un espejo para verme y arreglarme un poco la ropa (que estaba hacía arreglándome el pelo y la ropa?).

El entrar German me saludó con un beso en la mejilla, muy cerca del labio y posando su mano en mi cintura baja, rozó sus dedos por el elástico de mi ropa interior. Yo solo respondí el saludo, pero antes de que dijera algo, él ya estaba entrando a su habitación para prepararse para una ducha. Lo vi salir de la habitación y entrar al baño solo con su pantalón puesto, mientras me giñaba un ojo al cerrar la puerta. Yo petrificada, lo miré y se me borraron todos los discursos, solo pude volver a sentir en mi cuerpo sensación de tenerlo dentro – No puedo estar tan perdida!! Qué es lo que me pasaba?? Porque sentía ese extraño cosquilleo en mi interior??

Realmente fueron incontables los minutos transcurridos mientras se bañaba, podía escuchar los ruidos que salían del baño y no podía dejar de pensar en él. Por un lado la mujer seria y religiosa que hay en mí pugnaba por esperarlo a la salida del baño para gritarle lo mucho que merecía por su descaro y echarlo de mi casa; pero por otro lado, esta nueva mujer se movía en mi interior con el deseo de entrar y abalanzarse a sus brazos. Pero el tiempo es tirano y no hay nada que hacer, ya casi es la hora de que se retire para llegar a tiempo al aeropuerto.

En la cocina, mientras guardaba algunas de las cosas que había comprado y separaba los regalos para la familia, vi entrar a Germán con el torso desnudo, solo envuelto en el toallón, con el pelo aún mojado. Parado en el umbral de la puerta lo escucho decir:

– Me olvidé de contarte al entrar, pero hice un cambio en el vuelo. No salgo ahora en 45 minutos, sino que lo fijé para mañana a las 9 AM. Así que tenemos tiempo para nosotros

Mientras dejaba caer el toallón, dejando a la vista su miembro semierecto. El único que había vista en mis 52 años, el único que había recorrido mi interior… con su cabeza sabresaliedo delante de su tronco venoso…..que solo podía abarcar con mis dos manos

Quedé atónita, petrificada sin saber que hacer ni decir. Finalmente fue él quien se acercó, me quitó lo que tenía en la mano, lo depositó en la mesa y me besó tiernamente. Yo solo me dejaba hacer sin poder dar crédito a lo que había escuchado. Había cambiado su vuelo para que sigamos fornicando como animales. Con que derecho hacía eso? Que se pensaba….que me entregaría tan fácilmente (nuevamente)?

No se en que momento lo hizo, pero cuando volví en sí, yo estaba abrasada a él, recorriendo su espalda con mis manos, besando sus labios y arqueando mi cuerpo para facilitarle la tarea aflojar mi blusa. Como podía ser tan… zorra? Cómo podía dejar que me trate así… como una hembra dispuesta a atender a su macho?

Se notaba la experiencia de German en esto, a los dos minutos ya me encontraba sin blusa ni corpiño y él se dedicaba con delicadeza a acariciar mis pechos, mientras me comía la boca… recorriendo con su lengua mis labios, para luego pasar a introducirla en lo mas profundo de mi ser. Yo no me quedaba atrás. No sé de donde me salía, pero de forma instintiva saboreaba cada uno de los lengüetazos que me daba.

En la mesa de la cocina (medio sentada en ella) me entregaba a los caprichos de la pasión. Mientras sus labios bajaban por mi cuello, por el lóbulo de mi oreja, por mis hombros (los cuales mordisqueaba con sus dientes y chuponeaba con sus labios, dejando pequeñas marquetas coloradas), hasta que llegaron a mis pechos. Sus labios succionaban ligeramente mis pezones, estirándolos, para luego soltarlos y recorrer la aureola con su lengua, dejándolos ligeramente húmedos…con la necesidad de ser nuevamente mamados. Que locura!! Qué sensación!!! Sentía un cosquelleo eléctrico por todo mi cuerpo… sentía como mi entrepierna se humedecía…como si me choreara algo por la vagina!!! El tiempo no pasaba. Solo era yo entregada a un hombre.

– Qué rica que estás, Carmén!!! Que deliciaaaaa!!!! – me susurraba mientras alternaba de una teta a la otra, relamiéndose el labio con lascivia. – Sos un manjar!!! – yo solo podía sentirme halagada y dispuesta a complacerlo en lo que pida.

Inconscientemente bajé una de mis manos para acariciar el miembro de Germán, el cual al tacto sentí palpitar como el rabo de un animal bravío. Solo por instinto lo comencé a masturbar lentamente, siguiendo el ritmo de sus besos, en eso estaba cuando sentí que mis manos se humedecían con el líquido preseminal que le salía.

De esta manera, nuestros cuerpos se fundían en besos y caricias, pero eso era solo el inicio. Suavemente me fue recostando en la mesa y en un solo movimiento sincronizado me sacó la pollera (que en algún momento previo me había desabrochado) y la bombacha (que ya estaba pegoteada con los fluidos que se habían escapado de mi concha). Solo vestida con un par de zapatos y totalmente recostada en la mesa de la cocina, a las tres y medio de la tarde. Con las piernas abiertas y apoyadas me dispuse a disfrutar los besos y caricias que magistralmente me propiciaba, mordisqueando y estirando con sus labios mi clítoris, para luego bajar con su lengua hasta la entrada de mi orificio vaginal (¿casualmente? había lavado con dedicación un rato antes que volviese mi sobrino). Sus dedos recorrían cada pliegue de mi concha, introduciéndolos suavemente para sacarlos inundados con mis fluidos, los cuales a veces, esparcía por todos los rincones (incluyendo mi orificio anal) o los saboreaba (levantando la cabeza, mostrándome como se relamía); un par de veces los saco llenos de mis mocos pegajosos y me invitó a saborearme. Yo solo abrí la boca y lo dejé que me dé a probar mis propios fluidos espesos (en otro momento se hubiera asquedo… pero en ahora estaba perdida). No sé cuánto tiempo estuve de espaldas en la mesa, pero si debo confesar que casi me deshidraté de tantos fluidos que me salían en cada uno de los orgasmos que me provocaba. (Si alguien hubieran visto como me retorcía en esa mesa!!! Nadie me creería…pero ya no había vuelta atrás. Ya no soy la misma que hace 48 horas!!).

– Siiii!!!! Si!!!…ah!…ahhh!!…ahhhhhh!!!!!… siiiiiiiii mmmmmmmmm – era todo lo que salía de mis labios.

En ese momento, lentamente me ayudó Germán a incorporarme (los años no llegaron solos para mí…menos después de tantas emociones). Con mi concha totalmente mojada, la entrepierna correada y mis piernas ligeramente entumecidas, tomados de las manos me dirigió hasta la sala de estar. Llegamos frente al sillón y girándome, solo con la mirada Germán me dio a entender lo que quería. Lentamente me senté, sintiendo la textura de la tela sobre mis nalgas, frente a él y como una experta profesional del sexo tomé entre mis manos su sexo y abriendo mi boca introduje su miembro hasta que este tocó mi campanilla, provocándome una involuntaria arcada (aún quedaba afuera una porción importante de su pene…pero no me rendiría. Debía comérmelo todo (debía? Quien me obligaba? Eran 52 años de instintos reprimidos). Mientras chupaba, lubricaba y saboreaba su miembro intentaba que con cada entrada mi boca se acostumbrara a permitir un penetración de mayor profundidad. Finalmente lo logré!!! Tras un esfuerzo consciente de relajación de mi garganta (y con todo mi deseo de complacencia) sentí en mis labios los vellos inguinales de mi macho (lo había logrado!!! Me estaba comiendo la totalidad de su falo erecto como lo haría cualquier prostituta. Así es como me siento… orgullosa).

Luego de una más que merecida felatio a mi sobrino, él retiro su miembro de mi boca, se agachó y tomándome del bruscamente del pelo acercó su rostro y me besó profundamente, dejando una importante cantidad de saliva dentro de mi boca (casi como si me escupiera adentro). Yo solo saboreé y trague. Luego se sentó con su miembro completamente erecto y me indicó que me siente sobre él. Por primera vez cabalgaría un macho y por primera vez me pregunté si estaría preparada para hacerlo (hasta ahora solo había recibido pasivamente lo que me había dado…ahora me tocaba a mí). Lentamente me fui acomodando hasta que su pija quedo en la entrada de mi concha. Con los brazos apoyados en la espaldar del sillón me fui sentando. Sintiendo como esa cabezota abría mis labios inferiores, luego estiraba ligeramente interiores hasta que finalmente pasaba y abrazaba el resto de su cuerpo venoso. Germán me sostenía desde la cadera, controlando la intensidad de la penetración. Con sus ojos clavados en los míos nos mirábamos si decir nada, hasta que con la mitad del miembro dentro mío no pude evitar emitir un gemido que me obligó a entrecerrar los ojos y hacer un gesto de molestia leve. Instintivamente frené e intenté ascender, pero sus manos me frenaron y apenas me hicieron girar la cadera con su miembro atorado en mi interior.

– Mggggg…. Suaaaave…ay!! –fueron los primeros sonidos que emití, mirándolo a los ojos.

Haciendo fuerza hacia abajo, y pese a la ligera resistencia que puse, me forzó a continuar introduciendo su miembro. Contrario a cualquier temor inicial, el resto de su miembro entró cómodamente provocando la una especie de placentera apertura interna.

– Uuuuhhhhh!! Carmen… que pedazo de concha que tenés. Uhgg!!!! No podes estar así de buena. Decía mientras me introducía su estaca en lo mas profundo de mi ser, empujando lo que sería la base mi matriz. Siiiiii… cogete esta pija… es toda tuya.

– Hayyy papiiii…. Siiii… siii – como podía haberme perdido tanto tiempo esta sensación tan plancentera…

Olvidándome de todo comencé a subir y bajar enterrándome ese hermoso pedazo de carne que me llenaba y me provocaba tanto placer. En ascenso y descenso arqueba las caderas para aumentar el placer, mientras que Germán tomaba mis pechos y los devoraba mientras me dejaba imponer el ritmo de la cabalgata. Pasado un rato comencé a perder el control (hacía rato que lo había perdido y no quería reconocerlo) y solo me dejaba llevar por lo que dictaba el instinto carnal mas primitivo, el sexo.

– Te voy a llenar la concha de leche…te voy a llenar…siiiii….tomá perrrraaaa!!!!! Tomá

– Dame…dámela toda…..siiiii… dame…siii.

Absolutamente descontrolada cabalgaba, mientras él se las había ingeniado para tomarme con ambas manos desde mis nalgas y sin ninguna reserva había introducido uno de sus dedos (supongo que el mayor) en mi culo, provocando una sensación nunca antes vivida hasta ese momento (como todo lo vivido los últimos días); podía sentir como su dedo en mi ano empujaba la pared vaginal haciendo mas intensa la penetración.

– Tomaaaááá´… tomá yegua!!!! Tomá!!! – Eran palabras que en cualquier otro memento me hubieran provocado una ira incontrolable, pero en este momento solo me encendían y ¿enorgullecían?…si era eso lo que sentía: orgullo de poner así a mi macho!!!! Estaba totalmente perdida.

Juntos explotamos en un húmedo y sonoro orgasmo. Gritamos como dos salvajes (yo con mis dos orificios profundamente penetrados). Lentamente Germán retiro su dedo de mi entrada posterior, pero para nada su pija (que no perdía nada de potencia) en mi interior. Sentía mi concha llena de fluidos que no terminaban de escurrir por la presión que hacia la pija (como un tapón). Totalmente húmedos por la traspiración, con mis piernas nuevamente entumecidas por la posición y mientras volvía a tomar conciencia de tiempo y espacio observe con sobresalto sonde me encontraba: en la sala de mi departamento, desnuda y montada sobre el esposo de mi sobrina (llena de él, para ser exacta), a plena luz de día y con las cortinas de una de las ventanas ligeramente corridas. En ese momento nuevamente me invadió un sentimiento confuso de culpa y placer. No podía entender como había llegado a esto, yo, que me acababa de confesar. Fue en ese instante que observé hacia el pasillo y me horrorice. Frente a mis ojos (y mi cuerpo desnudo) se encontraba el pequeño altar religioso que tengo en casa, con las imágenes de santos y vírgenes a las que diariamente les rezo. Que horror…como podía ser tan puta…tan pecadora. Pero poco duro el horror. En ese momento nuevamente me sentí transportada a la lujuria. German (que nada sabía de lo que se debatia en mi interior) se comenzó a mover nuevamente, pidiéndome que me levante porque todavía faltaba lo mejor. Solo levante una de mis piernas para que el salga, pero antes de que pudiera terminar de incorporarme me puso una mano en la espalda, para que no me terminara de incorporar, a la vez que me estrujaba las nalgas y sin ningún reparo posaba sus dedos sobre mi anillo anal.

– Quedate en cuatro que vamos a seguir. Me decía mientras me mostraba la dureza de pija, que no había perdida nada de tamaño. Dale que ahora vamos por el camino de ripio..jajaj. a la vez que me pegaba una sonora, y extrañamente excitante, nalgada.

Pero algo de decencia había recobrado y poniéndome de pie, le dije:

– Continuemos en la pieza… acá no. Esa fue toda mi compostura. No cogería, conscientemente, delante de mi altarcito… pero en la habitación…que me reviente. Me lo merezco por puta.

Una vez en la cama, German me acomodó en travesada, boca arriba. Él con la pija como una lanza y yo llena de su leche, vestida solo con unos zapatos negros con un pequeño tacón. Tratándome como una cualquiera, me abrió las piernas y me las fue empujando hacia atrás, provocando que levante las caderas. En esa posición comenzó a rozar su miembro en mi concha (que desbordaba de fluidos). Contrario a toda mi expectativa, no tenía ninguna intención de penetrarme; por lo menos por ahí. Con total descaro dejo caer una generosa cantidad de saliva en mi ano, el cual frotaba con sus dedos haciendo presión para que humedecerlo. Yo ya adivinaba su intención, pero contrario a lo que pasó la noche anterior, esta vez yo era consciente (y a pesar de toda lógica, eso me generaba temor). Esta vez podía ver el tamaño de pija y no podía dejar de pensar que me podría lastimar (cosa que no sucedió la vez anterior). Como puede ser tan descarado de querer cogerme el culo….acaso no sabe que no es para eso. Quien se piensa que soy… una vulgar ramera? No hay lugar mas sucio… pero como podía evitarlo, si todo mi ser estaba sucio.

Una leve punzada me devolvió a la realidad. Me había colocado un almohadón debajo de las caderas y, sin que yo fuera totalmente consciente, había colocado mis manos de forma que me estiraba las nalgas, dejando totalmente visible mi culo. Mientras tanto con unas de sus manos me mantenía un de las piernas levantadas y con la otra tomaba su miembro desde la base, iniciando la tarea de vencer la resistencia natural que presentaban los músculos de mi asterisco.

– Flojita Carmen…flojita que ya lo conocés…. Vamos que tengo muchas ganas de reventar este culito hermoso que tenés. Esta vez yo sentía la presión pero no podía controlar la apertura (o mejor dicho la cerradura).

En algunos de los punteos, sentí como parte de la cabeza se abría paso.

– Mmmmmgggg … ha..ha…ha… duele…duele. Como si me quemara a su paso. Esto mismo no lo había sentido la vez pasada… claro ingresó sin invitación.

– Vaaaamos Carmen… si no te la bancás te la saco. Dijo retrocediendo unos milímetros. Pero fue eso lo que necesitaba escuchar para sentirme desafiada y tomar el valor para terminar de recibir lo que faltaba.

En ese momento lo mire directamente a los ojos y eso le bastó para enternder que estaba dispuesta a entregarme. Sin mas que decir y sosteniendo la mirada comenzó nuevamente a moverse hacia adentro, retrocediendo unos milímetros cada vez que yo hacía un gesto de molestia. Finalmente sentí su ingle tocar mi vulva. Y ahí supe que por fin la tenía toda adentro.

– Que pedazo de ojete hermoso y maravilloso que tenés!!!!! Lo sentís? Lo sentís?

– Siiiiii!!!!!!! Fue como si algo explorara en lo más profundo de mi ser y a partir de allí me desmadré. Si que la siento….. si la siento… me llena toda …. Siiiiii

De ahí en mas solo fue una cogida salvaje. Entraba y salía de mi culo como si fuera una funda. No podía entender como era que me gustaba tanto ser cogida por el lugar mas sucio de mi cuerpo. Por momentos me sacaba la pija completamente para nuevamente enterrarla con violencia. Lo que me provocaba un placentero dolor que involuntariamente me hacía pedirle más. Cansados de la posición, nos pusimos de costado y el desde atrás me agarro fuertemente desde las caderas y continuó con la tarea de taladrar mi culo. Yo simplemente levante un poco una de mis piernas ayudada por mano y me movía como queriendo que en cada penetración saliera su pija por mi vientre. Finalmente llegó el estallido de semen en mi interior, a la vez que nuevamente sentía fluir por mi entrepierna los efluvios de mi orgasmo.

– Que hija de puta……que pedazo de culo que tenés….te mereces toda la leche que te estoy dejando. Debo confesar que contrario a cualquier lógica…me sentí alagada.

No se cuánto tiempo pasó, pero supongo que producto del cansancio y de la sobreexitación, de a poco se fue apagando la luz…hasta lo que supongo fue un profundo sueño, aún con su pija clavada en mi culo.

Lentamente volvía a la conciencia, mientras sentía que algo se movía en mi interior y unos labios humedecían el lóbulo de mi oreja… no había sido un sueño. Me encontraba acostada de lado, mirando a la ventana que ya no dejaba entrar la luz del día, con la entrepierna pegajosa y un extraño cuerpo penetrando mis entrañas. Lo último que recordaba era la gloriosa pija de German clavada en mi trasero y de lo primero que volvía a ser consciente era: lo mismo?. No termino de entender si me dormí todo el tiempo penetrada analmente o si lo que me despertó fue una nueva penetración. Lo cierto es que ya había anochecido y me encontraba nuevamente invadida. La pija de German estaba semiflácida en crecimiento, sostenida por la resistencia que proponía a estrechez de mi culo. Al intentar cambiar de posición, unas inevitables ganas de ir de cuerpo me hicieron que bruscamente me levante y casi corriendo me dirigiera al baño a defecar una mezcla de semen y mierda, acompañada de gases. Al terminar, mientras me limpiaba noté la apertura de mi orificio: prácticamente me podía introducir un dedo sin que rozara.

Se abrió la puerta, y sin decirme nada, German entró a la ducha. Yo salí, preparé la cena y la compartimos en silencio mientras mirábamos la tele.

Esa noche, con la luz apagada volvimos a coger, pero esta vez fue como si hiciéramos el amor. Lo hicimos besándonos tiernamente bajo las sábanas. Hasta que finalmente nos dormimos juntos. Por primera vez un hombre compartía mi cama.

Al amanecer, mientras mi sobrino ultimaba los detalles para partir, yo preparaba el desayuno en la cocina; solo vestía un camisón (sin nada abajo) y unas pantuflas. En eso se acerca desde atrás y me comienza a besar el cuello y a sobar las tetas. Giro para besarlo y casi sin respiro me levanta hasta sentarme en la mesada a la vez que sube mi camisón hasta la cintura, se desbrocha y baja el pantalón, dejando expuesto su miembro erecto. Antes de que pueda reaccionar, escupe en su mano y frota sus fluidos en la cabeza de su pene, y sin mediar ninguna palabra comienza a penetrarme casi en seco. Fue un mete y saca furioso, rápido. Yo no podía evitar reaccionar a sus envestidas, gimiendo y abrazándome a él. Finalmente acabó. Me dio un profundo beso, mientras sacaba su miembro. Con una servilleta rápidamente se lo limpió, se acomodó, tomó sus bolsos y partió.

Todavía ahora, recuerdo aquellos momentos inolvidables con Germán, mi sobrino único y preferido.

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Universitarias preguntando qué es una paja (I)

Relatos porno 22/10/2017

-Irene, tía, ¿te ha gustado saber finalmente qué es una paja?
-Claro, tía, solamente lo había visto en los vídeos porno que nos ponemos
-Has visto cómo se le ha puesto de dura al primo, uf, era una pasada, qué durísima la tenía
-Ha sido increíble, tía, no sé cómo una cosa tan fofa puede ponerse más dura que un garbanzo

Universitarias insaciables de pajas

Nuestras amiguitas universitarias, Irene y Raquel, eran jóvenes pero con muchas ganas de aprender, y al final comprendieron lo que era una masturbación erecta. Sus gafas de pasta, testigos de tantos exámenes de estadística y apuntes sin sentido, quedaron esta vez sucias y llenas de leche condensada que su primo les proporcionó. Pasaron de la pureza de las clases universitarias a recibir el pastelazo semenal y semanal, todo ello, aromatizado con el olor fuerte del esperma del primo. Que por aquel entonces, estaba en edad de buenas descargas lechosas. No tuvieron que ir ni a la compra, para saber lo que era leche de la buena. Si querían lácteos, iban y le pedían al primo leche Ato, si querían leche líquida, le pedían y recogían líquido preseminal, y si querían la condensada, esperaban hasta el final. Desde aquel día, todo había cambiado para nuestras jovencitas aguerridas y temerarias, y quedaron más días, más tardes, más mañanas, era pura costumbre. Era pura rutina, y lo hacían sin pensar. Ni siquiera lo meditaban. Si querían paja, llamaban al primo y pajeaban, y si querían una corrida, iban y le descargaban. Como a un móvil, como a un toro, como a una vaca. Así de fácil y así de sencillo. Sus vidas se convirtieron en un sin fin de perversiones consumadas. Se degeneraban y pervertían por segundos. Era muy fácil para ellas. Tenían su coño y sus ganas. Toda la rectitud y el prestigio universitario echado por tierra con un par de meneos a una buena polla, con una buena lefada y  una abundante corrida. Estupefactas y asombradas. Todo lo que no habían logrado las clases de teórica, una polla lo conseguía. Tantos años de estudio para darse cuenta que una polla las estremecía. Ni tizas ni pizarras. Pilares de la tierra y pupitres de madera convertidos en pringadas blanquecinas sobre gafas de pasta y rostros maquillados. Se estaban realizando.

-Oye, tía, ¿cuántos años llevamos en la “uni”?- Le preguntó Raquel que era la más inocente e ingenua.
– Pues piensa un poco tía, ¿si éste el último año y ya vamos a acabar, y esto es una licenciatura? Te doy más pistas o aterrizas ya tía? Es que estás empanada…
– A ver, último año, esto es una licenciatura, casi acabamos, ¿este es el quinto año ya tía? – le preguntó con más dudas que un mudo cruzando las vías del tren.
– Claro, chocho, que no te enteras. Último año, el quinto, ya casi licenciadas, escribimos bien, venimos cada día a la Uni, ya sabemos lo que es una paja, ¿qué más se puede pedir?, estamos reconocidas como universitarias, a ver si te enteras, que pareces una novata tía; somos unas E..X..P..E..R..T..A…s !! a ver si te enteras. Somos listas, guapas y ahora ya sabemos hacer una paja, bueno, una masturbación, seamos finas. Bueno, qué digo una paja, una paja detrás de otra, y al mismo tío, nuestro primo, tiene su mérito. Ya tenemos la base de lo que es una masturbación ahora solo nos queda hacer un estudio de campo, esto es.., hacer más pajas y a mucha gente.
– Joder tía, que lista eres, eso no nos lo ha dicho el profe de estadística, ¡claro!… hacer más masturbaciones, pelar más plátanos, tocar la flauta con las manos, tocar lo que no suena y a más gente, así….tendremos un resultado abarcable y fiable, de toda una población limitada. Eres la mejor Ra. De esta forma, tendremos unos datos ajustados a la realidad, esto es: medidas de pene, cantidad de leche extraída, grosor, endurecimiento masturbatorio, gemidos acompañantes de la dureza peneal, y mucho más. Qué guay tía!, ¿cuando empezamos el estudio de las pajas?- preguntó Irene con ese aire angelical que no se podía aguantar.
– Empezaremos el lunes, por la tarde, cogeremos al azar unos cuantos hombres, de edades variadas, profesiones variadas, estaturas variadas, de estrato social variado, y con todo ello, les haremos una buena paja. Lo anotaremos y sacaremos conclusiones. ¿Te gusta la idea tía?
– ¿Qué si me gusta? Me pone muy mala tía, me enloquece, me entristece, me emociona, no sé tía, muchas sensaciones para una sola tarde, saber que vamos a toquetear una amplia gama de pichas y encima de hombres distintos, estaba cansada ya del atributo de nuestro primo.
-Eso del atributo me suena tía, ¿no lo dimos en lengua?, las oraciones de atributo, ¡joder tía que lío!

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LA CHACHA

Relatos Cortos, Relatos porno 21/09/2017

Adriana, la chica de la limpieza estaba pasando un plumero a los a libros de una estantería de la oficina de mi padre. Era una morena, de 21 años colombiana, de bellas tetas y tremendo culo.
En su primer día de trabajo no iba a tener parada.
No se quien comprara aquel uniforme pero era tan corto que al estirarse y al agacharse dejaban ver sus bragas blancas.
Mi madre entró en el despacho, le echó la mano al coño, por encima de las bragas, y le dijo:
-Esto está mal limpio.
-Ay, señora, no me diga eso.
-Si te digo.

Mi madre le comió el chocho a la chacha

Mi madre hizo que se echara en la mesa del despacho y después le comió el chocho hasta que la colombiana eyaculó en su boca. Mi madre se bebió el jugo de su corrida. Se limpió la boca con la manga de su blusa, y le dijo:
-Mañana me tienes que hacer todo lo que te he hecho yo.
La colombiana quería seguir.
-¿Y por qué no hoy, señora?
-Por que en nada llega mi marido.
Salió mi madre por la puerta del despacho y entró mi padre. Vio a la colombiana con las bragas en la mano, y le dijo:
-No te las pongas.
-¡Ay, señor, no me diga eso!
Mi padre la volvió a subir a la mesa del despacho. Le puso la polla en la entrada de la cuevita y vio que estaba empapada. Empujó y su gran cipote entró tan fácil como entraría un cuchillo en la mantequilla.

El gran cipote de mi padre para la chacha

La folló y cuando mi padre sintió que se iba a correr, la quitó, se la metió en el culo y se lo llenó de leche. Como la colombiana no se corriera, le dijo:
-Perdona. Otro día te recompensaré. Ahora me voy a merendar.
Se fue mi padre. La colombiana bajó de la mesa. Salí yo del servicio, desde donde viera todo con la puerta entreabierta, y con mi polla empalmada en la mano, le dije:
-Voy a acabar lo que empezó mí padre.
-¡Ay, no me diga eso, señorito!
Lo dijo, pero me cogió la polla y me hizo una pequeña mamada. Después se volvió a echar en la mesa. Le di lo suyo. Sin un gemido, frunció el ceño, apretó los ojos y el coño y se comenzó a correr. Le llené el chocho de leche. Cuando se la quité de su chocho vi mi leche caer de él y del ojete cayó alguna de mi padre
Creo que la nueva sirvienta se podrá quedar el tiempo que quiera y con un buen sueldo.
FIN

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LA HERMANA

Relatos Cortos, Relatos porno 18/09/2017

Carlos era el hermano pequeño de Clarisa una monja muy hermosa. Benito, amigo de Carlos dormía esa noche en casa de los padres del amigo.
Clarisa saliera del convento para solucionar algunas cosas y esa noche dormía en su casa.
Benito, se agachó en el gran armario que había en la habitación de Clarisa y dejó la puerta lo suficientemente abierta para ver como Clarisa se desnudaba.
Clarisa se empezó a desnudar. Tenía unas tetazas. Se quitó el hábito, y quedó en sujetador y bragas. Se metió en cama, se quito el sujetador y las bragas, y dijo, en bajito:
-Perdóname Señor por lo que voy a hacer.

Monjas cuidan al enfermo y lo curan del todo

Clarisa se comenzó a tocar las tetas. Las llevó a la boca y lamió los pezones. Benito salió del armario. Clarisa ni se inmutó. Sabía que estaba allí desde que entró en la habitación. El after shave de Benito lo delatara. Le llevó su gran polla a los labios. Clarisa la chupó con ganas. Benito la destapó. Se metió entre sus piernas y pasó su lengua por el chocho mojado de Clarisa. Se lo comió hasta que se corrió en su boca, después se la metió. Entró con facilidad. Clarisa estaba follada y re follada. Se la quitó, y le dijo:
-Ponte a cuatro patas.

Clarisa no pudo resistirse a la idea de ponerse a cuatro patas

Clarisa se puso a cuatro patas, y le dijo:
-No te corras dentro.
-No lo haré, pero pensaba que me iba a encontrar con una virgen…
-Y yo con una polla más grande… No se puede tener todo. O sí. ¿Quién sabe? Hay un sitio en el que aún soy virgen
Benito pilló la indirecta. Se la clavó en el ojete, despacito, para no hacerle daño.
Benito, molesto por haberle dicho que la tenía pequeña, le preguntó:
-Tal y como te gusta que te follen… a ti ya te folló el padre..
-Matías…
-Estaba hablando de los tres..
-Tres fueron.. Matías, Marcos y Lucas. ¡Dame duro cabrón!
-¿Y la madre superiora no te folló también?
-Ella miraba, hijo puta! ¡¡Me cooooorro!!
Benito se corrió. y despertó. Había tenido un sueño húmedo con la hermana de su amigo.

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Una panadera muy golosa

Confesiones, Relatos porno, Sexo con maduras 30/08/2017

La panadera golosa Rosa, desde ese día sí que creí a Jose, mi colega, hasta entonces me parecía todo una fantasmada suya, cuando me decia que donde compraba el pan, había una tía con las tetas como carretas y toda caliente, que parecía que se lo quería follar, y vaya si fue cierto.

En ese momento acababa de llegar Jose, que traía el pan para hacer los bocadillos, para irnos a la biblioteca. A él le gustaban los relatos porno tanto como a mí, y me parece que éste, éste iba a ser el mejor de los cuentos eróticos jamás escritos.

– Si que has tardado, ya era hora, Jose. He estado a esto… – dije aproximando el dedo índice al pulgar – de marcharme.

– Tío no te lo vas a creer, la panadera me ha tirado los tejos.

– Te calientas rápido, asi que no te calientes, no te calientes.

Su mayor defecto era que se calentaba con demasiada rapidez, por algo le llamábamos “Picha-Brava”.

– Lo se; pero te puedo asegurar que la muy puta se me insinuó.

– No me digas.

– Piensa lo que quieras, llevaba un escote que quitaba el hipo, se me puso delante y me enseño las domingas, parecen dos cantaros, si no es porque su marido estaba allí…

– Seguro que son imaginaciones.

– No son imaginaciones, tiene unos cuarenta años, te aseguro que esa tía quería plan. Es como sacada de fotos porno gratis maduras: buenas tetas, buen culo y seguro buen coño negro apetecible.

Después de aquello no volvimos a hablar de la panadera hasta que un mes mas tarde, fui a buscar a Juanjo a su casa, estaba solo.

– Tío, te acuerdas de Rosi.

– ¿Rosi, quién es Rosi?

– Si la panadera, que estaba jamón, jamón, menuda tiarrona

Rosi o Rosa, la panadera golosa

Sonreí, normalmente Jose era muy persistente cuando le gustaba una mujer.

– La recuerdo.

– Pues… estuve yendo allí, a la panadería, un día llegué a la hora de cerrar, su marido no estaba, me dijo que me esperara.

– Y tú te esperaste.

– Claro. Cerró la panadería, y nos fuimos a la parte de atrás. Me enseñó las tetas, eran grandes, con unos pezones que parecían chupetes. Me hizo que se los chupara.

– Si y que mas.

– Se subió encima de la mesa, se quito las bragas y me hizo que le comiera el coño. Sabia a pan, el coño sabia a pan, estaba riquísimo.

Miré a mi colega, era de los que solían exagerar, pero nunca fantasear cuando se refería a mujeres.

– Le metí la polla hasta dentro, una y otra vez esa mujer es insaciable la muy perra, tras su primer orgasmo me pidió que siguiera, que se la metiera por el culo, le di la vuelta, menudo pandero, uf, cuando me fui a correr se lo dije pero no le importo. La llene de leche. La muy guarra no estaba satisfecha me cogió la polla y me la chupo hasta dejarla totalmente limpia. Es una calentorra de cuidado

– Te lo has inventado, es mentira

– No me lo he inventado, su marido no la satisface y necesitaba a alguien, te lo voy a demostrar.

– ¿Cómo?

– Mira, su marido los martes al mediodía se va, no vuelve hasta la noche, yo he estado yendo todos los martes

– Hoy es martes.

– Si, hoy es martes, efectivamente. La semana pasada me confesó que tiene una fantasía.

– ¿Que fantasía?

– Quiere que se la follen dos tíos, yo soy uno y tú puedes ser el otro.

– Estas loco.

– Eres un acojonado, hace un momento no me creías. Y ahora me dices que estoy un loco. ¿Puedo contar contigo?

Dudé, pero si quería saber si decía la verdad tenia que ir con el.

– Vale me voy contigo.

Fuimos a la panadería.

– Lo vamos a hacer en la panadería.

– No en su casa, esta justo encima de la panadería.

– ¿Se entra por la panadería?

– No, no, se entra por la puerta de al lado.

Llamamos a la puerta, nos abrió una mujer supuse que seria Rosi, la panadera. Yo esperaba ver a una mujer entrada en kilos, y lo que tenia delante era una mujer con una figura despampanante, eso si como había dicho con un par de tetas impresionantes.

– Pasar, poneos cómodos, Juanjo, este es tu amigo.

– Si Santi.

– Buenas tardes, señora.

– Muchacho, no me llames señora, soy Rosi, simplemente Rosi o Rosa, lo que más te guste.

Estábamos sentados en el sofá, Rosa se arrodillo delante de nosotros, comenzó a sobarnos los paquetes, primero desabrocho los pantalones de mi colega Jose, le acaricio la polla, tiene un buen nabo, como yo, toda una mazorca gorda xxxgratis para toda la zorra que quiera espada metálica, se iba a poner las botas, pensaba, y después me desabrocho los pantalones a mi y me agarro la polla.

– Que ricas dos pollas para mi.

Primero me chupo la polla a mí y después a Juanjo. Se levanto.

– Venir vamos a la habitación, estaremos mas cómodos.

La seguimos, nos llevo a su habitación.

– Desnudaros quiero veros desnudos.Quiero ver como os cuelgan esas pollas, que por lo que veo son más que generosas.

Mientras nosotros nos desnudábamos ella hizo lo mismo, como dijo Jose tenía dos cantaros por tetas y los pezones eran grandiosos, parecían boquillas de biberón.

Cuando estuvimos los tres desnudos ella se situó entre los dos, se agachó y comenzó a chuparle la polla a Jose, yo veía como se le engordaba, y la tia chupaba y chupaba, y después a mí, como hiciera cuando estábamos en el salón sentados en el sofá.

Así que unos minutos después, cuando las pollas estaban bien lubricadas se tumbo en la cama.

– Muchachitos, venid a aquí cada uno a un lado.

Nos acercamos, y nos tumbamos junto a ella, nos ofreció sus tetazas, y ambos nos enganchamos a sus pezones chupando, los gemidos de ella eran como bramidos.

– Chupar mis niños chupar, chupar a mama que está deseosa de nenes con pollas grandes y duras.

Jose fue el primero en soltarse, se coloco entre sus piernas y le metió la polla hasta dentro de un empujón, mientras yo le manoseaba las tetas.

No tardo mucho en alcanzar un orgasmo, Jose se quitó de entre sus piernas y entonces me puse yo, quería montar a esa perra de panadera y en su propia casa, y al igual que hiciera Jose le metí la polla de un empujón en seco. Él se arrodillo delante de ella, acercando su polla a la boca de Rosa, para darle de comer a la golosa.

– Chupa guarra, chúpamela.

Yo creía que esas palabras hasta la o le disgustarían, pero qué va, la muy puta puso más cara de caliente. Le cogió el nabo y se lo metió en boca de un tirón, y no lo tuvo que repetir le cogió la polla y comenzó a chupársela, mientras yo seguía empujando. Solo con mirar cómo la chupaba la panadera aún se me ponía más dura metiéndosela. Menuda guarra, Jose tenía razón. Con un nuevo orgasmo de ella, hicimos un parón. Nos situamos a su lado, yo metí mi mano en su entrepierna, acariciando su clítoris, Jose hizo lo mismo, metio su mano en la entrepierna, para meterle dos dedos en la vagina. Su coño era negro, negro.

– Si dios que a gusto, pero quiero las dos pollas, una por delante y otra por detrás. Dad gusto a esta perra, mis nenes, que estoy muy caliente!

– Ponte sobre la polla de Santi– dijo mi colega, para que se pusiera encima de mi, la panadera golfa.

Rosa se levantó y se puso sobre mí y se dejo caer lentamente, quedando empalada, empotrada sin moverse, noté todas las paredes caliente de su coño, de insaciable panadera; sus tetas me tapaban la cara, no veía nada, solo su calor, su coño mojado, y ese olor a hembra en celo y bien putona. Lo cierto es que nunca he estado con una mujer así, ni ninunga de mis novias que he tenido, me han puesto tan caliente. Jose comenzó a lubricar el ano de Rosa, le abrió las nalgas y metió su lengua. La panadera estaba excitadísima, no dejaba de gemir, de entredecir, dame más, quiero más,…uf, demasiado escuchar a una mujer como ella, decir eso. Hasta llegar el punto de gritar, y pedir, dame polla nene, la necesito y por detras, me pica dame tu crema, asi que cuando Jose le metió la polla en el culo. Sin contemplaciones. Durante un buen rato estuvimos así. Ella lo único que hacía era ponerse más en posición, y dar facilidades para ser jodida por el culo.

– Estoy a punto de correrme.

– Espera quiero que te corras en mi boca.

Jose se aparto, Rosa se giro dándome la espalda, pero se volvió a ensartar en mi polla, solo quería nabo la muy perra insaciable, se dejo caer para llegar a la polla de Jose. Se metió su polla en la boca y comenzó a chupar, unos minutos después.

– Ya, me corro, traga guarra toda mi leche.- Jose la quería ver engullendo, tragando su leche, era un morboso y ella una puta sometida por viciosa.

Estaba Rosa tragando la leche de mi colega cuando yo me corrí, sin resistir más, al ver toda la escena.

Estuvimos unos minutos en silencio, Rosa termino por levantarse. Toda follada, viciosa, satisfecha de nabos.

– No ha estado mal, mejor de lo que yo pensaba, deberemos repetirlo. ¿No os parece? – uf, oir eso de una hembra así, aún se me reacciona el nabo, solo de decirlo.

Tanto Jose y yo, comenzamos a vestirnos.

– Se os ha comido la lengua el gato.

– No se… Rosa, es demasiado – dije.

– ¿Volveréis?

Jose afirmo con la cabeza, y yo simplemente encogí los hombros.

Nos marchamos en silencio. Ya en la calle.

– Te lo dije, esa tía es una calentorra.

No le dije nada simplemente seguí andando.

El jueves pasaba cerca de la panadería decidí entrar, mi curiosidad era conocer al marido de la panadera, cuando ella me vio se puso nerviosa. Simplemente pedí el pan. Entonces ella hablo.

– Cariño no me encuentro bien, voy a subir a casa.

Salió justo delante mí, ni me miro, yo tampoco. Pero al pasar junto a ella, había abierto la puerta. Era una señal, ¿quería polla otra vez? La respuesta es sí.

– Entra, deprisa.

– ¡Tu marido!

– Aun estará en la panadería un par de horas.Necesito polla cariño, mi nene, ven aquí.

– Cuando me has visto te has puesto nerviosa

– No. ¿Por qué me iba a poner nerviosa?

– Pensaste que iba a decir algo.

– No, habrías dicho algo.

– No. Me pareciste nerviosa.

– No era nerviosismo, era excitación.

Se acerco a mí, mientras nos besábamos me acaricio el paquete. Se me puso, como ahora mismo, solo de ver lo necesitada que estaba.

– Vamos al dormitorio.

Fuimos al dormitorio, nos desnudamos y nos tumbamos en la cama, me enganche a uno de sus pezones, chupándoselo una y otra vez, ella gemía. Metí, mi mano en su entrepierna, estaba muy húmeda, acaricie su clítoris.

– Jose me ha dicho que tu marido no…

– Calla y fóllame. Solo quiero que me folles.

Me situé entre sus pierna, agarre mi polla y con ella acaricie su clítoris y sus labios vaginales, la puse en la entrada de su vagina y se la metí lentamente, ella entrelazo sus piernas en mi espalda, me acercó el coño para acoplarselo, quería más mi polla, que yo su coño, era ella la que buscaba el nabo gordo. Haciendo que se la metiera de golpe y profundamente. No tardo en alcanzar el orgasmo.

– No te pares sigue, quiero sentirte dentro. Quiero tu leche. Dame leche mi cabron, no puedo más.

Cuando me dijo eso, le di caña, por golfa. Seguí empujando, hice que pusiera sus piernas en mis hombros, hasta que me corrí haciendo que alcanzara otro orgasmo.

Me deje caer a su lado, ella se giro quedando de lado apoyada sobre mí, una de sus grandes tetas sobre mi pecho.

– Hace casi veinte años que me case con mi marido los primeros años fueron de ensueño, pero hace unos cinco años todo cambio, cada vez lo hacíamos menos y este último año ha sido el peor. Sera mejor que nos vistamos. Solo pienso en pollas grandes, y en notar como me joden. Como lo has hecho ahora mismo cariño.

Me vestí y me marche, aquella tarde cuando vi a Jose no me atreví a contarle mi encuentro con Rosa, la panadera golosa, era como una traición.

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