Mi leopardo caliente

Pensativa en mi coche, pensando en cómo descargaba en mi ardiente cueva. Era mi tigre de Bengala, mi zorro caliente, mi leopardo en celo, que encendía mi llama: la del pebetero púbico.
Acostada entre los almohadones de la cama blanca, vestida únicamente con una gargantilla de perlas, con mi pierna derecha relajada sobre le colchón y mi pierna izquierda doblada con la rodilla en alto como si estuviera tomando el sol en pleno verano, mis brazos extendidos por encima de mi cabeza, laxos pisando mi cabello rojo que se esparramaba como un abanico sobre las almohadas; mis ojos verdes no pierden detalle de tu masturbación y de tus ojos morbosos que me comen desde lejos haciendo que mis pechos se endurezcan como conos puntiagudos.

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LAS LESBIANAS

Iba a cerrar el bar de copas. Yo estaba de morros con mi vieja y no quería ir a dormir a casa. Sentado en un taburete al lado de la barra, se me acercaron dos preciosidades, cogidas de la mano. Una era rubia y la otra morena. No creo que llegara a los 20 años. La rubia me dijo:
-¿Te gustaría mirar como lo hacemos mi amiga y yo?
-¿Es una broma?
-No. Nos gusta que nos miren cuando nos corremos.Te puedes hacer una paja,  y sacudir la banana una vez o dos o las que te den la gana, pero, eso si, de tocarnos nada.

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