El hombre, lobo para el hombre y cordero para la mujer

El hombre, lobo para el hombre y cordero para la mujer

Me había repetido una y otra vez por qué lo permitía, que mi mujer hiciera lo que quisiera conmigo, y encima no poder replicar ni prohibirlo: era y soy un cordero para mi esposa.
Hobbes lo decía una y otra vez, el hombre es un lobo para el hombre, pero, ¿y para la mujer qué es?. ¿Otro lobo?, ¿un zorro?, ¿o, el zorro?. Ya lo sabía, era un cordero. Yo era un cordero. Había llegado a la conclusión el día que me dijo me voy con él y no pude pararla ni decir nada.
Había hombres que dominaban a mujeres, pero yo no era así. No la podía dominar, ella es inquieta e impulsiva, y yo, poco pirata para tanto barco. Con proa y popa para regalar, era y es para todos menos para mí. Y esa noche fue el punto de partida, hasta hoy, con veinte años casados y con esa misma sensación de dejarla marchar y no poder ni rechistar, venir follada y yo esperarla en casa.

Un marido pasivo y una esposa muy activa y decidida

-Me voy- me dijo, pasadas las nueve de la noche, ya habíamos cenado, era un martes, y no venía a cuento irse a estas horas.
-Te vas, ¿adónde?, ¿a estas horas?
-Me voy dar una vuelta- me dijo, cogiendo las llaves de casa. Me había sorprendido porque ya estaba vestida y olía a perfume, y yo aún estaba digiriendo la cena como siempre, en mi sofá preferido.
-Te vas, pero ¿adónde y con quién?, ¿con tu amiga?-tenía una amiga desde hacía muy poco, que la había conocido en la cafetería donde comenzó a trabajar los tres últimos meses, supuse que era ella con la que había quedado.
-Y eso a ti qué te importa, me voy y volveré de aquí a unas tres horas o así, no me esperes levantado.
-A las 12? Como la cenicienta, a esa hora vas a venir?
-Muy gracioso, no vayas tanto de listo, a la Cenicienta se le perdió un zapato y tenía príncipe azul, a mí, ni se me perdido un zapato ni tengo príncipe de las mareas.
-Sí es verdad-tuve que reconocer ante tal exacta respuesta.
-Bueno rectifico -me dijo ella, bajando la cabeza hacia su falda- ¿ves mis bragas?- hizo un gesto de bajarse la falda elástica que llevaba, se bajaba con mucha facilidad, y me mostró la parte superior de las bragas, de color negro como brillantes, que llevaba.
-Sí, las veo, qué… que pasa, son nuevas parece-

Ella posee y es digna de un culo bien grande, buenas posaderas y agarraderas, bien formado con silueta guitarresca, apetecible a cualquier hombre en edad de monta de hembra.
-No parecen nuevas, SON nuevas…-incidió en la novedad de la prenda y por asociación, de su nueva personalidad arrogante y casi insultante- y las voy a estrenar esta noche. Y ahora las ves, pero cuando venga y si estás despierto, no las verás. La Cenicienta perdió el calzado, pero yo esta noche voy a perder las bragas y la vergüenza, ya lo verás.
-Y eso a qué viene?- le pregunté sorprendido pero sin dejar de pasar esa línea imaginaria que me había marcado, ese foso insaltable e ineludible hacia su castillo de placer. Su postura soberbia y de autosuficiencia era más que incorregible a estas alturas.
-Viene a que he quedado con un chico, un hombre moreno, y he quedado para f..o..l..l..a..r.-me lo susurró, y me lo restregó, me lo recalcó e hizo hincapié. El verbo follar resonó en mi cerebro como si cinco platillos de orquesta de barrio los hubieran hecho explotar en mis oídos. Sentado en mi sofá preferido y con el infinitivo de un verbo de primera conjugación que nunca olvidaría: follar.

Esposa decidida a follar con otro sin marcha atrás

Me quedé de piedra, no supe qué responder, no conocía su nueva forma de ser, cómo me hablaba, cómo me humillaba, y por qué se iba a esas horas, ella no era así.

-Pero…
-Ni pero ni nada, llevo años pidiendo a gritos un marido normal, y hacer las cosas que una pareja casada deben hacer, has estado ahí como un pasmarote, hasta un espantapájaros tiene más personalidad que tú. Eres como un maniquí sin ropa e inservible, de los que llevan puesto un jersey que en la vida me compraría. Ahora he quedado con un buen muñeco moreno, para que me pegue un buen repaso. Este coche de carreras necesita abrillantador y un buen pulido al óleo. Y esta noche cuando venga, y cuando me meta en la cama, no será el olor a esposa lo que huelas, no, será el aroma de zorra que te embargará, no podrás ni dormir, y te hará ver, lo que has sido hasta ahora, un marido guebón y cornudo sin cabrón.

La había visto enfadada otras veces, pero ese aire y porte era completamente desconocido para mí. Por su forma y aspecto lo que decía, parecía cierto. Y lo realmente asombroso, es que muy lejos de mosquearme, ella tenía razón. Y si se iba por ahí, no tenía mucho que decir aunque pudiera. Y acepté el rol o papel que ella me asignó o me lanzó. El de un marido inactivo y pasivo, y ella, una mujer activa en busca de acción fuera de casa. La esperaría a ver si es cierto lo que me dice, y sé que tuve que pararla, pero no he podido hacerlo. Y ahora he comprendido que en mi caso, el hombre es un lobo para el hombre, pero un cordero para la zorra de la mujer.

VIDEO XXX ESPOSA FOLLANDO CON POLLON CORNEADOR EN PRESENCIA DEL MARIDO MANSO

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