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Follamigo mi jardinero sin dinero

Follamigos 22/05/2018

follamigos jardinero

Sensaciones extrañas desde que tengo mi nuevo amigo el jardinero. Un follamigo jardinero sin dinero. Tengo una casa grande que yo sola no puedo cuidar, tengo señora de la limpieza mucho más joven que yo. Ya con años encima, me miro al espejo y aún no me veo del todo mal; la chica que limpia lógicamente está mejor que yo, pero aún creo que guardo cierto atractivo.
Apenas hace cuatro días, contratamos a un nuevo jardinero, el anterior, Antuán, llevaba toda una vida con nosotros y ya le llegó la hora de jubilarse.
Cuando me quedo sola, desde el interior de la casa, desde el segundo piso, corro disimuladamente la cortina de mi habitación, para ver como Toni, el nuevo jardinero, corta la hierba, limpia la piscina y hace todas las labores que un de lo verde, debe hacer. Y digo verde porque tenemos más flora que en el Amazonas, plantas, césped, margaritas, jazmines, lirios y macetas, decoran y perfuman hasta mi teta.

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Mi follamigo jardinero con un buen florero

Robusto y fuerte, no muy alto, no debe llegar al 1.80 cm, Toni es verdaderamente un hombre atractivo, completo, compacto, peludo y sesudo, es muy listo. Y sin ser guapo, es exageradamente provocador. Su esencia de hombre hace que corra por toda la casa como perra en celo adinerada, los collares de perlas me revolotean por la cara, mis vestidos vuelan al viento, y mi inocente y olvidado marido, ni te cuento. Pasa las horas, haciendo dinero para mantener toda la casa y lógicamente, a esta señora que escribe. Afectuosamente  a todos, Andrea la que la menea.

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salido fuera de casa

Follamigos 07/03/2018

Estoy totalmente salido a mas de mi kilómetros de mi casa y no me e puesto mas caliente en los días de mi vida. Invite a una amiga a mi casa y solo llegar ya estaba empalmado, solo con mirarla no nos dio tiempo para tomarnos algo cuando nos dimos cuenta estamos con la ropa quitada y ella empezó a comer mi polla entera, así mas de media hora asta que me puso a tope y le comi su hermoso chocho.

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Madura caliente bañera ardiente y mojada

Follamigos, Sexo con maduras 01/11/2017

Otra vez, soy una madura caliente bañera y mojada, muy mojada pensando en ti amor, de nuevo el agua caliente del baño se mezcla con el calor de mi entrepierna y solo pienso en volver a verte.

Y es la verdad, hoy estuve pensando mucho en ti, en como se me han hecho eternos estos últimos días esperando ah que llegue el miércoles.

madura caliente bañera mojada

madura caliente bañera

Madura caliente bañera con mi rutina mojada

Un día cansado como cualquier otro, entre el insoportable calor del día y el que emana la gente a mi alrededor, empujones aquí y allá, por un momento solo pienso en escapar, de repente viene a mi el recuerdo de una pequeña habitación y las palabras “un pequeño oasis”, pienso en que daría lo que fuera por estar ahí y al rememorar caricias, contactos y el olor de esa persona especial comienzo ha sentir un hueco en el estomago acompañado de un placentero hormigueo que me hace apretar la piernas fuertemente, dejo salir un profundo suspiro y vuelvo a la realidad de golpe cuando la gente comienza a salir a toda prisa y me doy cuenta de que he llegado a mi estación, me levanto como bólido y sigo en el ajetreo diario, servicio, comenzar a cambiar horarios de la escuela todo esto me mantiene distraída enajenada, realizar llamadas para agendar entrevistas, que hasta el momento no han tenido un buen resultado.
Llego a casa, no hay nadie y comienzo a tener un pequeño sosiego, necesito algo para relajarme, una ducha bien caliente, mientras comienzo a desnudarme siento el contacto de la ropa al despojarme de ella, y comienzan de nueva cuenta los recuerdos, me envuelvo en la toalla y me dirijo a la ducha de nueva cuenta siento ese fuerte cosquilleo entre las piernas que me hace pararme en seco y apretar fuertemente para tratar de retener esa cálida sensación y que perdure un poco mas, pero así como llega me abandona, que cruel, pienso, sonrío y de nueva cuenta dejo salir un pequeño suspiro.

La bañera mi consuelo y mi calor

Me meto a la bañera y comienza a salir el agua tibia que me empieza a envolver y resbalar suavemente por todo mi cuerpo, a pesar de que trato de concentrarme en lo que hago al momento de llegar a mi entrepierna con la mano embadurnada de jabón, comienza a salirse de control y un dedo invasor comienza a hacer de la suyas, mmm dejo escapar un ahogado gemido, diablos no puedo evitar sentirme algo ridícula, no es lo mismo y bajo la calidez del agua comienzo a rememorar, siento como las piernas me comienzan a flaquear un poco y la caliente humedad de esta madura caliente bañera de mi sexo comienza a salir, no es lo mismo, te necesito a ti, jugando conmigo, haciendo lo que quieras conmigo, tocándome, mirándome, besándome, flashes van y vienen y las palpitaciones en mi interior se aceleran hasta el punto que termino totalmente abandonada al placer que siento por aquellos hermosos recuerdos, termino cayendo de rodillas con una sonrisita tonta en los labios, permanezco así por un minuto mas o menos, termino de enjabonarme y salgo, solo pensando que ya falta poco para sentir a esa bella persona que me llevo a conocer un placer indescriptible, tanto así que ya no puedo lograrlo sola.
madura caliente duchandose

madura caliente en la ducha

Deseando verte y abrazarte fuerte

Solo un día y te veré de nuevo, espero que éste sea aun más inolvidable que los otros dos, quiero verte otra vez conmigo, para mí, solos tú y yo. Oliéndote como siempre lo hago, reconociéndote en cada movimiento que haces, en cada paso que andas y en cada olor que desprendes, y lo huele esta madura caliente bañera ardiente. Eres el único que me ha hecho sentir mujer de verdad y así lo sé reconocer.
madura caliente bañera

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Pasión, erotismo, violencia, EN EL RING

Confesiones, Follamigos 27/10/2017

PASION, EROTISMO Y VIOLENCIA EN EL RING
Por Manuel Matías Sainz
El ring es un escenario de lucha, puede ser de box, puede ser de wrestling, yudo y otros deportes, como también de artes marciales. Esta es la historia de Marian quien seducida por el físico de un “luchador”, vivió un momento de placer según sus confesiones. “Hemos chapado en el ring, he sentido su piel y sus atributos. Viví una circunstancia única y muy caliente”.

Todo sucedió un lunes después de haber participado en un evento de lucha libre, dijo Marian, explicando que conoció en el camarín a Esteban, un hombre alto, atlético, moreno claro, de ojos atractivos y labios carnosos.

Esteban había ganado el encuentro contra su rival, y gran parte de los presentes acudimos a su camarín para felicitarlo. Cuando me acerqué a él lo abrasé y en el oído me susurró con tono seductor: “Me gustas preciosa”. La expresión me emocionó y quedamos al día siguiente (Lunes) en vernos.

Llegó el lunes esperado y acudí al ring, donde el debía practicar. Me recibió cariñoso, me abrazó y me besó en la mejilla. Sentí un aroma a colonia muy fina y rica. Vestía Esteban “El Luchador”, un pantalón negro tipo jean y una camisa de seda bien delgada color azúl, con los tres primeros botones desabrochados. Era obvio que debajo la camisa no llevaba ninguna prenda interior, vale decir que no usaba camiseta debajo la fina camisa.

Yo traía una blusa negra de esas que se abrochan atrás dejando la espalda descubierta, y la parte de adelante con un escote profundo que permitía observar el nacimiento de mi brasier de media copa y una tanga de encaje negro. Acompañaba, a las prendas referidas, un jean azul bien apretado y una zapatillas negras.

Esteban, el triunfador luchador, me invito a enseñarme primero una llave, claro con cuidado y algunos secretos de la lucha pero junto a un movimiento de lucha, me volteó de espalda y a tiempo de hacer el movimiento “de lucha” me empezó a besar el cuello, la espalda, mientras con sus manos expertas tocaba y apretaba mis nalgas. Sutilmente me quitó la blusa y el brasier y sus labios carnosos subieron a mi boca. Chapamos suavemente, mientras yo mascaba suavemente sus labios, y poco a poco sus besos eran más apasionados y fogosos. Chapamos con locura, con las lenguas desbordadas de pasión. Mientras nuestros besos giraban nuestras bocas, sus manos bajaban mi pantalón para abrirme las piernas tocándome así por encima de mi tanga. Con sus dientes me quitó la tanga y así yo parada y el sentado se puso frente mío y empezó a jugar con su lengua. Su lengua en mi provocó que yo gimiera de placer.

Me vine una vez; él se levantó y yo también. Nos abrazamos y nos besamos, primero suavemente, luego más apasionadamente y después fogosamente, en medio de chapes algo violentos, algo desesperados por el desenfreno.
Mientras nos besábamos, acaricié tu cuello, con mis manos que hábilmente fueron bajando por su pecho al que sólo vestía una delicada y fina camisa de seda. Debajo de la camisa sólo asomaba su piel desnuda, vale decir, no usaba camiseta interior debajo, mis manos tocaron sus vellos y luego mi poca comenzó a besar esa parte y chapar con lujuria todo su pecho desnudo al caer la camisa en el ring.

Mi boca subió de nuevo a su boca para seguir chapando. Yo ya estaba húmeda y completamente excitada y él también, lo notaba por lo duro de su bulto. Aún estábamos de pie y besándonos ya desnudos de torso. Mi excitación hizo que mi mano fuera a su pantalón y comenzara a sobarle el bulto notando que el hombre estaba muy bien dotado. Bajé su cremallera, metí mi mano para sacar a respirar su aparato y realmente quedé sorprendida al mirar esa dotada verga que tenía, porque era gruesa y larga. Comencé a sobarlo junto con sus huevos a la vez que mis senos tocaban los músculos de sus abdominales superiores. Ese momento mis manos desajustaban el cinturón del luchador, permitiendo caer al pantalón, mientras mis dedos jalaban el boxer.

Uhmmmmmmmmmmmmmm ví un pollón grande, un verga erecta, que inmediatamente requirió las atenciones de mis antojadizos labios que agarraron ese pene riquísimo al que comencé a chupar con deseos incontenibles. Mamaba y mamaba la punta de su verga.

Con su pene, primero en mi boca, y luego a los lados, le lamí todos sus genitales y lo masturbé con mi boca por un buen rato hasta que el mismo con su propia mano apartó su verga mi di mi boca y con esa misma mano acomodó su pene frente a la entrada de mi vagina y comenzó a penetrarme suavemente, yo cerré los ojos y comencé a sentir ese placer de tener un pene dentro. Aceleró el ritmo y ya estaba siendo cogida por completo, mis gemidos se escapaban de mi garganta sin control, mis manos lo
abrazaban y rasguñaban su espalda. Mis ojos quedaban a la altura de su cuello y notaba como todas sus venas se inflaban irrigando mucha sangre por la calentura que tenía. A los costados de mi cabeza estaba cada uno de sus enormes brazos que sujetaban su cuerpo para no dejarlo caer completamente sobre mí.

Yo cada vez gemía más y más, estaba descontrolada. De improviso y con su verga aun dentro mío, me tomó y el se volteó junto a mi quedando de espaldas en el ring y yo sentada sobre él.

“!Muévete perra! me dijo dándome una nalgada. Yo por supuesto comencé a moverme afirmando mis dos brazos sobre su pecho y cabalgando sobre su enorme pene, llevé una de mis manos hacia atrás y le acaricié los huevos mientras seguía cabalgando. Nuevamente de improvisto me comenzó a voltear para dejarme vuelta dándole las espaldas, la sensación de sentir su pene como giraba dentro mío me hizo llegar al borde de un orgasmo.

Ahí sentada y clavada por su miembro apoyé mis pies en sus muslos y mis brazos hacia atrás apoyados sobre sus durísimos abdominales y nuevamente inicié la cabalgata, yo gemía como loca mientras él por detrás me sobaba los pechos haciéndome llegar a un orgasmo fantástico.

“Cuando veas que ya voy a acabar quiero que pongas tu rostro en mi verga, quiero verte llena de mi semen”, me dijo mientras yo seguía moviéndome. Yo entre lo excitada y mis gemidos sólo pude asentir con la cabeza a su petición. De hecho al poco rato comencé a sentir que el convulsionaba mucho más lo que me hizo pensar que ya estaba apunto así que me salí rápidamente y me arrodillé al borde del ring entre sus piernas y lo empecé a masturbar frente a mi cara, pero no, aun no era el momento del final. Otra vez comencé a mamar esa verga. Mientras me acomodaba yo ya suponía lo que vendría.

Haciendo un paréntesis, se puso su máscara de luchador y su short, además de los botines. Yo me vestí. Me invitó entonces a luchar: me hizo una llave, y me hizo caer. Yo estaba caliente y quería algo brusco. ¡Pégame cabrón! Le dije. El luchador me levantó del ring y me abofeteó en la mejilla izquierda, diciéndome: “Toma perra! y luego me abofeteó en la derecha, “y esto más perra”, expresó. Yo caí y sentí placer.

Ambos nos desnudamos, pero él cambió de posición y su verga fue directo a mi vagina. Su pene ya presionaba para entrar muy fuerte y sus manos en mis caderas me movían rápidamente hacia delante y atrás. Me comenzó a coger por el culo mucho rato, mi excitación llegó al máximo haciéndome casi gritar en el segundo orgasmo. Estaba desfalleciendo de cansancio, había transcurrido una hora en que me estuvo cogiendo sin dejarme respirar y controlando muy bien su poder eyaculatorio, hasta que por fin el ya no soportó más y comenzó a moverse como loco dentro de mi vagina, era obvio pronto eyacularía así que me salí y me giré para poner mi rostro frente a su pene.

Llegué exactamente en el momento preciso, chorros inmensos de semen brotaron de allí llenándome la cara de esperma caliente. Mientras salía el semen yo por instantes se lo mamaba lo que hizo que más de algunos de esos chorros fuera a dar directo a mi garganta tragándome ese espeso líquido.

El ring es un escenario de lucha, puede ser de box, puede ser de wrestling, yudo y otros deportes, como también de artes marciales. Esta es la historia de Marian quien seducida por el físico de un “luchador”, vivió un momento de placer según sus confesiones. “Hemos chapado en el ring, he sentido su piel y sus atributos. Viví una circunstancia única y muy caliente”.

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Favor Con Favor se paga

Confesiones, Follamigos, Tetonas 01/10/2017

Uno nunca sabe cuándo el pasado reaparece para cobrar las facturas pendientes. Esto fue lo que me paso a mi cuando una antigua amistad reapareció en mi vida. En muchos de mis relatos he descrito situaciones muy candentes que he vivido de la mano de mi marido, fantasías que he cumplido. En lo personal siempre he sido muy morbosa. Para los que siguen mis historias ya me deben de imaginar y tal vez hasta han fantaseado conmigo, soy una mujer normal con una vida normal, soy esposa, mamá y amiga, esto último en este caso me resulto algo complicado, ya que la amistad para mi es algo muy importante y mucho más las promesas que se hacen en nombre de ella. Para que entiendan mi historia tendré que regresar a mi época de estudiante más específicamente a mis tiempo de preparatoria, en esa época éramos un grupo de 4 amigas inseparables que nos apoyábamos y sobre todo nos cuidábamos entre nosotras, sus nombres Rebeca, Julia, Celia y yo Patricia, debo decir que de las cuatro amigas yo era la más tranquila y con esto no quiero decir que era una santa que se persignaba ante las diabluras de mis amigas, más bien era más sutil en lo que al sexo se refiere, en mi caso contaba con dos grandes razones con los cuales entretenía a mis enamorados, como podrán imaginar a esa edad ya tenía unas tetas bastantes sobresalientes y eso siempre me ganaba el título de la tetona del grupo, por ese detalle no faltaban los libidinosos que buscaban la manera de sobarlos pero fueron pocos quienes corrieron con esa suerte. Bueno como decía nosotras teníamos una ley de apoyarnos mutuamente y fue justo a finales de un semestre cuando hicimos valido este acuerdo; Rebeca era una belleza una mujer delgada con un rostro muy hermoso, unos ojos azules acompañado de un cabello rubio que a mi parecer embrujaban a cualquiera, no obstante tenía un complejo ella quería un poco más de pechos por nuestra parte como amigas siempre la alentábamos y le decíamos que no le hacía falta. En su personalidad Rebeca era la más coqueta no solo con nuestros compañeros sino también con los profesores, eso en ocasiones nos acarreaba problemas pero también en contadas ocasiones ventajas muy oportunas y una de esas contadas veces la suerte me ayudo a mí. Resulta que uno de esos profesores descarados era Mauricio el maestro de Física recuerdo que por problemas que en ese tiempo tuve en mi familia me atrase en muchos trabajos lo cual me costó el no aprobar la materia, la verdad ya nosotras sabíamos que Mauricio tenía un cierto interés en Rebeca y fue ella quien sugirió que podría conseguir que yo aprobara, sinceramente por la amistad que había entre nosotras jamás le hubiera pedido que se sacrificara por mí y mucho menos por un descuido mío, en aquel tiempo ella me dijo yo sé que tu harías lo mismo por mí, hoy por ti mañana por mí, lo cierto es que lo aprobé y siempre quede muy agradecida con mi amiga Rebeca. La preparatoria termino y cada un tomamos caminos diferentes y todo aquel pacto de amigas para mi había quedado en el pasado. Hace unas semanas recibí una invitación en Facebook era de rebeca desde ese momento hablamos de todo recordando viejos tiempos y poniéndonos al tanto de todo lo que ha pasado en nuestras vidas desde que nos dejamos de ver, me comento que estaba viviendo en estados unidos y que en las próximas semanas viajaría a México por motivos de negocios pero que quería aprovechar para vernos en persona, intercambiamos números celulares y quedamos a la espera. por lo que sabía hasta ese momento rebeca había estudiado administración de empresas y luego se fue a EU a hacer su maestría y fue ahí donde una empresa la recluto y se quedó a vivir por halla. Los días pasaron y fue un miércoles por la mañana cuando mi teléfono sonó, era Rebeca.
Me dijo que hacia 2 días había llegado a la ciudad y que estaba hospedada en un hotel del centro, me pidió que nos viéramos en un café de hay cerca donde de estudiantes solíamos ir a pasar el rato, la cita era a las 4 PM de ese mismo día. Termine de hacer mis quehaceres y me arregle para ir al encuentro. Llegue 10 para las 4 tome una mesa y me dispuse a esperar, pasaron casi 15 minutos hasta que rebeca apareció fue una sorpresa para mi volver a tener a mi amiga frente a frente después de tantos años de no verla, a leguas se notaba que se había convertido en una mujer muy elegante y sobre todo exitosa, nos abrazamos durante un buen rato fu muy emocionante para mi incluso lloramos de la emoción.
– Wooow rebeca mira como esta eres toda una mujer de mundo que gusto me da verte.
– Pero Paty tú no te quedas atrás mujer mírate estas hecha un bombón
– Jejeje como siempre tan exagerada no es para tanto, lo que vez es solo ejercicio con el paso de los años hay que tomar ciertos cuidados y creo que tú sabes más de eso que yo.
– ¡Madre mía Paty! Pero tal parece que con la edad y el ejercicio las tetas no las has podido ocultar jeje incluso las tienes más grandes ¿Qué talla eres?
– Jejeje así parece las tetas no me han querido dejar uso una 42DD
– Dios sí que te han de pesar, no te lo niego yo me he dado mis retoques en el extranjero hay buenos cirujanos como desaprovechar eso solo me las aumente dos tallas mas pero aun así jamás podre competir contigo jejeje.
– Jeje no es competencia pero dime nos rencontramos solo para hablar de tetas?
– Bueno Paty en teoría si… sé que esto sonara feo ya que llevamos años sin vernos y ahora que nos vemos nuevamente es de esta manera.
– Pero de que hablas Rebeca a que te refieres ¿que pasa?
– ¿Te acuerdas de aquel sacrificio que hice por ti en la preparatoria?
– Como olvidarlo es por aquel favor que a ti te estimo más, pero dime que necesitas de mí?
– Como te platique por chat trabajo para una empresa automotriz internacional yo soy quien se encarga de cerrar los tratos en los países donde pensamos abrir nuevas agencias, aquí en México ya tenemos varias y ahora nos disponemos a abrir una más aquí en México tengo un contacto quien es quien organiza todo mientras yo viajo.
Interrumpí su explicación
– Ve al grano Rebeca que tengo que ver yo con tus negocios?

– A eso voy déjame terminar. En cada trato que cierro por cuenta propia organizo fiesta privadas para los ejecutivos con los cuales cierro los tratos, ya sabes alcohol comida y lo más importante prostitutas dispuestas a hacer de todo incluso yo he tenido que prestarme para eso nunca falta algún tipo a quien le gustas y pues se insinúa, no pienses mal de mí Paty todo lo que hago es parte del mundo en el que me desenvuelvo gracias a eso he podido conectarme con gente muy influyente y poderosa de las cuales en el futuro se pueda necesitar algún favor. Ayer verifique los terrenos acordamos el precio del traspaso el problema es que el que me está vendiendo es el mismo que nos vendió la última vez es un tipo rico y millonario que hace unos años heredo la fortuna de su padre y es por eso que no tiene problema en vender esta vez su petición fue clara lleva a una madurita con tetas grandes pero asegúrate que sean naturales, odio la silicona. Desde que llegue he buscado en agencias y no encuentro nada natural y sobre todo de nuestra edad. Necesito que tú me ayudes con eso.
– Estas bromeando verdad? Yo no soy ninguna puta, soy una mujer casada que tiene familia como crees que voy a serle infiel a mi marido de esa manera.
– Paty recuerda que favor con favor se paga y con esto quedara saldada nuestra deuda de honor, yo en aquel momento pude dejarte sola pero no lo hice porque teníamos un pacto, creo que es justo que ahora saldes tu deuda, créeme que si no estuviera metida en este apuro jamás te echaría en cara eso.

La preocupación se apodero de mi todo lo que ella decía era cierto y eso me colocaba en una posición muy incómoda, sabía que en algún momento me tocaría a mi responder de la misma manera, el hecho es que no sabía cuándo.

– Pero porque me pides eso a mí, ósea ya no soy una chica de 20 años, además te apuesto que cualquier prostituta estará mejor que yo eso te lo aseguro.

– Paty no te desacredites así tienes un cuerpo bien torneado el ejercicio te mantiene muy atractiva y ese par de tetazas que te cargas sí que llaman la atención por eso es que pensé en ti.

– Rebeca esto que me pides es algo que va más allá de todo y creo que ninguna mujer que se respete aceptaría, me dejas sin elección así que aceptare.

Rebeca tomo mi mano como queriéndome consolar de alguna manera.

– Muchas gracias amiga como en aquel momento ahora eres tu quien me salvara la vida. La reunión se llevara a cabo a las afueras de la cuidad en una finca propiedad del vendedor así que siendo así no tendrás que preocuparte de que alguien te vea haciendo algo indebido. Espera mi llamada para que te de más detalles de cómo nos transportaremos.

– Bueno mientras tanto pensare que decirle a mi marido, será difícil desaparecer por todo un fin de semana.

La cita entre mi amiga y yo termino hay mismo la despedida ya no fue tan emotiva como en el principio, yo me encontraba muy preocupada por lo que tendría que hacer toda esta situación contenía chantaje, mentiras y lo más difícil tendría infidelidad. Jamás le había sido infiel a mi marido ciertamente he permitido que otros me metan mano pero todo eso había sido con pleno consentimiento de él, ahora todo esto ocurriría a sus espaldas. Ese día llegue a casa muy consternada se me notaba la preocupación. Esa noche no pegue el ojo pensando en el pretexto que utilizaría para desaparecerme por un fin de semana hasta que se me ocurrió voltear las cosas a mi favor y usar a mi amiga como motivo. Al día siguiente hable con mi marido, le platique sobre el rencuentro que tuve con mi amiga Rebeca le comente que me había invitado a pasar el fin de semana con ella y nuestras demás amigas a un fin de semana solo de chicas en parte no era del todo mentira a excepción que también habría chicos, mi marido no sospecho nada me comento que el aprovecharía para descansar en casa y se haría cargo de los niños. El primer paso ya estaba dado ahora esperaría las indicaciones de Rebeca.

Era viernes y rebeca me llamo muy temprano.
– Hola Paty, te llamo para decirte que el asunto ha quedado así. Mañana tendrás que llegar a las 8 AM al hotel donde me hospedo hay pasaran por ustedes para llevarlas, yo llegare por mi cuenta con mi equipo de trabajo un poquito más tarde.
– ¡Pero que has dicho! Pero dijiste que lo haríamos juntas como que tú llegaras luego.
– Tranquila amiga tú no tienes que hacer nada solo dejarte llevar en nada afecta que yo llegue después para cuando yo llegue ya tu estarás mas en confianza, además las chicas se irán contigo. Toma en cuenta también que es un viaje de tres horas así que deben aprovechar el tiempo.
– ¿Qué otras chicas?
– Pues las que he contratado para entretenerlos.
– Encima de eso me obligas a irme con las prostitutas para hacerme sentir más mal de lo que ya me siento. Eres una sínica, pero en fin ya que más da hay estaré puntual.
Me dispuse a preparar mi equipaje metí cuatro mudas de ropa algo casuales, como sabía que era una finca tome en cuenta eso. También metí un traje de baño, Deje preparado todo. Ala mañana siguiente mi marido insistió en irme a dejar al hotel le mande un SMS a Rebeca para decirle que me recibiera y que me siguiera la corriente para no levantar sospechas ante mi marido al llegar al hotel. El me acompaño hasta el vestíbulo al tiempo que rebeca bajaba del ascensor con un poco de artimañas por parte de los dos logramos que se fuera.
– Bueno Rebeca y ahora qué? Esa gente aún no llega y las otras chicas?
– Las mujeres están cerca de hecho me acaban de avisar y la gente que pasara por ustedes no ha de tardar. Pero Paty veo que has venido muy tapadita.
Me había puesto un vestido largo de una sola pieza algo sencillo para ir al campo.
– Y que querías que viniera con las tetas de fuera se te olvida que mi marido fue quien me trajo, creo que a ti se te olvida ese detalle.
– No te alteres Paty solo bromeaba relájate eso te facilitara todo.
Mientras hablábamos o más bien discutíamos un tipo alto mal encarado se acercó a Rebeca y le toco el hombro para luego indicarle que lo siguiera, solo se alejaron unos metros y comenzaron a hablar, yo solo observaba sin poder escuchar nada de la plática, aquel cruce de palabras no duro más de 5 minutos luego Rebeca regreso conmigo junto con aquel hombre.
– Paty estas son las personas que les llevaran como te dije yo llegare más tarde, las muchachas ya están en el estacionamiento acompaña al caballero nos vemos más tarde.
Aquel hombre tomo mi equipaje y me dispuse a seguirlo ese tipo no dijo nada. Comenzaba a sentirme ansiosa no sabía que me esperaba aunque si sabía que a partir de ahora mi papel de puta cobraba fuerza. Llegamos al estacionamiento hay había cinco chicas d aproximadamente veinte años todas las chicas eran parecidas físicamente las típicas modelos altas, muy delgadas y sin duda muy siliconadas. En ese instante pensaba que rayos hacia yo hay, ósea yo me salía totalmente de esas características con casi el doble de la edad, baja de estatura y sobretodo con un busto que excedía el de esas chicas, en palabras simples ellas unas princesas y yo una mujer normal con muchas curvas.
El tipo que me llevaba fue por fin hablo dirigiéndose a sus dos compañeros que aguardaban en el vehiculó, era una camioneta familiar.
– Esta era la chica que nos faltaba ahora ya estamos listos para irnos.
– Vaya chica esta ya es toda una milf y vaya par de tetas se carga, pero has visto el trasero que trae es bajita pero bien proporcionada.
Aquellos tipos centraron su plática en mis tributos mientras uno de ellos acomodaba el equipaje en el vehiculó las demás chicas observaban y murmuraban entre ellas. El tipo que me acompañaba abrió la puerta y le pidió a tres de las mujeres que se pasaran a la última fila luego las otras tres y por ultimo subí yo junto con el tipo que me acompañaba, los otros tipos iban delante de chofer y copiloto. Llevamos media hora de carretera cuando el teléfono de unos de los tipos sonó.
.- jefe ya vamos en camino llevamos a las chicas, por cierto aquí a mi lado va su encargo la tetona que pidió esta buenísima.
Mientras el tipo decía eso al teléfono con una mano palpaba mis tetas encima de la ropa, no tenía idea que le decía su jefe al otro lado del teléfono pero supongo que pronto lo sabría. El viaje trascurrió sin problemas ni paradas, la verdad es que me concentre en ver el paisaje. Llegamos al lugar rondando el medio día era una finca muy bonita y sobre todo muy cuidada el vehículo se estaciono justo en la entrada principal bajamos de inmediato y nos condujeron hasta la casa. La puerta se abrió y salió un hombre rondaría los 40 años muy conservado en su apariencia, se notaba su buena vida no me quedaba duda que él era el jefe y el vendedor con quien trataba rebeca.
– Jefe hemos llegado con su encargo que le parece?
– Vaya Ernesto pero que lindas chicas me has traído. Señoritas están en su casa! Desde ahora son mis invitadas de honor. Por cierto mi nombre es Damián
El tipo puso su atención en mi
-vaya vaya me supongo que tú eres Paty? Rebeca me hablo de ti y veo que no exagero eres divina.
Me sentía rara Rebeca le hablo de mí, que pasaba aquí era yo una mercancía o que pasaba esto parecía otro tipo de trato. Conteste un poco nerviosa y desconcertada.
– Mucho gusto don Damián así es mi nombre es Patricia soy amiga de Rebeca muchas gracias por la hospitalidad.
– No agradezcas ahora hablaremos con calma, deja le doy indicaciones a mis muchachos y pasemos al despacho a hablar.
Le indico a Ernesto quien fue que nos trajo que baja el equipaje y que a partir de ahora podían disponer de las chicas mientras el atendería un asunto conmigo.
– Acompáñame Paty aquí está mi despacho
Sobra decir que era una casa enorme si así era la casa imagine que la finca seria enorme, entramos al despacho había cuadros de caballos y muchos trofeos se notaba que era fanático de eso.
– Siéntate Paty quieres algo de tomar?
– No, estoy bien gracias.

Él se sentó en su escritorio abrió uno de los cajones y saco un sobre lleno de billetes y lo tiro n el escritorio.

– Aquí están tus honorario es más de lo que acorde con Rebeca, espero que sepas corresponder. Mi hijo está ansioso por conocerte y le he prometido que no te tocaría y de alguna forma cumpliré pero como buen negociante debo verificar la mercancía.
Al escuchar esas palabras una gran confusión inundo mi cabeza este tipo me estaba pagando por mis servicios. Rebeca me había engañado acaso? Y este tipo me dice que era una especie de regalo para su hijo? No entendía nada.
– Podría darme un minuto para hacer una llamada?
– Paty no tardaremos mucho aquí luego que terminemos haces las llamadas que quieras te parece?
– – está bien
– Muy bien vamos se buenita y tócate para mí no seas mala.
– ¿tocarme? ¿Aquí? ¿Frente a usted?
– Si no seas tímida seguro que tu estas a acostumbrada a ese tipo de peticiones.

Dentro de mi sentía coraje hacia rebeca tenía que aclarar muchas cosas con ella, lo único cierto hasta ahora es que tenía que jugar a ser una puta y pues era hora de empezar.

Abrí las piernas y metí mis manos bajo el vestido, con la mano izquierda lo hice hacia un lado mi ropa anterior y con la derecha comencé a pasar mis dedos por mi coño que aún no se humedecía, mientras hacía eso miraba al tipo que solo observaba con mirada lujuriosa.
– Hay Paty veo que lo tienes bien depiladito como buena puta. Quiero que te mojes para mí.

El tipo comenzaba a sobarse el miembro por encima de su pantalón que por cierto se le puso bien dura casi inmediatamente. Por mi parte comencé a tomarme el papel muy enserio así que acelere mis movimientos y empecé a gemir levemente, gracias a estas acciones me moje rápidamente, por instantes me detenía y le mostraba mis dedos llenos de humedad para luego llevarlos a mi boca y chuparlos.

– Mmm que rico se siete esto ¿vas a follarme?
– No puedo eso se lo dejare a mi hijo aunque ganas no me faltan que bien lo haces sí que sabes provocar. Quítate esa tanga humeda y dámela.
Obedecí y me la quite y se la di. Cuando la tuvo en sus manos comenzó a olerla mientras se masturbaba con más rapidez. El tipo era un completo depravado y ahora yo era parte de sus fantasías perversas.

– ¡Muéstrame las tetas!
Me baje el vertido para descubrir por completo mi voluminoso pecho. Comencé a tocármelas alternando movimientos con mi masturbación.

– Que tetazas! Son enormes mi hijo sí que acabara de crecer contigo.
Casi al momento de decir eso chorros de semen salían de él no le importó manchar algunos papeles que tenía en el escritorio, el solo estaba complacido por haber logrado su objetivo. Dio un gran suspiro y me pidió que terminara, bajo esas indicaciones adelante mi orgasmo mi grito fue tanto que casi estoy segura que lo debieron oír en toda la casa. Inevitablemente me sentía relajada y tranquila.
– Paty no tengo quejas te dejo para que hagas tus llamadas.
Al tiempo que Damián salió del despacho tome el teléfono y le marque a Rebeca.
– ¿Paty?
– Eres una maldita Rebeca ¿que rayos pasa aquí? que trato hiciste con Damián del cual yo no estaba enterada? Encima de que accedo a ayudarte me pagas con esto.
– Trata de calmarte acaso no has recibido un buen pago por tus servicios especiales? Eso es más de lo que podrías ganar en un mes de trabajo, en lugar de reclamarme deberías agradecerme.
– Eres una mentirosa manipuladora, al menos podrías explicarme que es lo que exactamente tengo que hacer aquí? para empezar acabo de acceder a las cochinadas de Damián pero él me ha comentado algo sobre su hijo el que tiene que ver en esto?
– Veras lo que te dije es cierto Damián aparte de hacer negocios conmigo es un gran amigo, su hijo tiene 19 años y hace unos meses tuvo un accidente donde su mejor amigo falleció desde entonces ha estado pasando por una gran depresión, Damián ha hecho de todo para complacerlo pero nada ha funcionado, según se el muchacho es algo tímido y será tu trabajo animarlo un poco, según se con la idea de tu llegada Damián ha logrado animarlo. Su hijo no quiere a una prostituta quiere a una mujer mayor de grandes tetas naturales como tú, este chico tiene una fijación por las tetas que ni te imaginas. El trato es que pases un fin de semana con su hijo, no tendrás que acostarte con nadie más.
– Y porque no me diste eso desde antes? Para que mentir?
– De por si te fue difícil que aceptar mi propuesta sabiendo que intimarías con mis socios, te imaginas si te hubiera dicho que solo tendrías que acostarte con un jovencito por dinero. Accede a sus caprichos y mañana por la noche estarás con tu familia y esto solo quedara como una experiencia de a que solo tú y yo sabremos.
La confesión de rebeca me dejo muda… solo cambian un poco las cosas pero ya estaba en esto tenia terminar el asunto y olvidarme de eso. Luego de eso la tarde transcurrió sin anomalías, comimos, y luego de eso nos mostraron nuestras habitaciones me duche y estaba recostada descansando cuando tocaron a la puerta, era el tipo que me trajo.

– Solo paso para decirte que el joven Alonso esta abajo en la piscina. Tendrán total privacidad así que no te preocupes en usar tus encantos.
– Alonso es el hijo De Damián?
– Así es llego hace un rato hay te esperara.

Tome mi traje de baño hacía calor y creo que era más que pretexto para ponérmelo, tome mi pareo y me cubrí para bajar. Al llegar abajo había un joven sentado en el borde de la alberca jugando con el agua tenia puesto un short rojo y una playera blanca el chico era delgado muy poco atlético.

– Hola mi nombre es Paty creo que ya tu papa te hablo sobre mí.

El joven voltio y me escaneo de cuerpo entero de una manera verdaderamente morbosa, sus ojos se fueron a mis tetas.

– Paty hola mi nombre es Alonso

Se le notaba muy nervioso ni le salía el habla creo que su erección hablo por el

– Creo tu amiguito reacciono más rápido que tu, relájate no tienes por qué ponerte nervioso ven aquí. Sin pensarlo el joven se levantó y me siguió hasta los vestidores, estaba más que decidida mi trabajo era complacer al muchacho o al menos intentar animarlo a participar. Todo lo que estaba viviendo causaba morbo en mí y como no hacerlo si es algo tan poco común, aún no había pasado un día en esa finca y ya me había masturbado frente a un sujeto que apenas acababa de conocer.

– Los vestidores eran enormes había una pequeña sala donde había una banca y varios casilleros con varios cuartos más pequeños en donde cambiarse, toallas, trajes de baños y una gran variedad de productos como cremas y bronceadores para el sol.
– Sí que es un vestidor muy grande aquí hay de todo, tu papa sí que tiene buen gusto.
– Si Paty siéntase con libertad de tomar lo que guste
– Jeje para empezar no me hables de usted, simplemente dime Paty. Fíjate que hay muchos trajes de baños que me resultan bonitos pero no creo que ninguno sea de mi talla, o tú crees que si?
Mientras decía esto tome la parte de arriba de un traje de baño y lo revisaba.
– Bueno Paty creo que mi papa jamás creyó que una tetona podría visitarnos jeje.
– Así te parezco una tetona? Veamos si eso es del todo cierto.
De inmediato mi quite el pareo y también libere mis pechos presionados en aquel traje de baño. Se le fueron los ojos al chico
– Dios mío que grandes que son
– Ven y tócalas dime que te parecen

El comenzó a sobarlas con ambas manos era algo nuevo para el chico como que no se creía lo que estaba viviendo y para mí tampoco era tan normal estar ahí con un joven manoseándome la delantera. De un momento a otro el chico reacciono y se colocó detrás de mí pegando su paquete a mis nalgas, poso sus dos manos en mis tetas y se dispuso a amasarlas, mientras lo hacía también restregaba su abultado paquete a mi trasero.

– Que buena estas Paty! Estas tetas son enormes son perfectas para mí.
– Así? Qué bueno que te gusten son todas tuyas aprovéchalas,
Sentí como se aceleraba su respiración y Gemio al tiempo que sentía como me mojaba todo el trasero, se había corrido con tan solo sobarme vaya que estaba excitado.

– Discúlpame creo que me emocione mas de la cuenta
– Tranquilo no pasa nada ahora te recuperas no te cortes.
Me termine de quitar el resto del traje de baño que ahora estaba húmedo por su semen y jale una toalla de las que estaban hay para colocarla en el piso, me puse de rodillas y le baje aquel short que tapaba su gran verga que por su reciente corrida estaba algo flácida pero en cuanto la tome entre mis manos no tardo nada en retomar fuerza, comencé a masturbarlo con mi mano mientras lo veía fijamente, una vez dura se fue directa a mi boca debo aceptar que chupar una buena verga es una de mis debilidades y que mejor que una tan joven como esta. El chico hacia todo tipo de ruidos, gemía, suspiraba, él estaba en la gloria, le estaba dando la chupada de su vida no puede evitar excitarme así que con una mano comencé a tocarme mientras aplicaba aquella mamada, con mi lengua recorría desde sus huevos hasta su punta cada que hacia esto el cerraba los ojos fue entonces cuando me pidió que parara.
– Paty sí que la chupas rico pero si sigo así terminare de nuevo y la verdad también quiero follarte.
– ¿No quieres ponerla entre mis tetas? Te encantara eso te lo aseguro.
– Claro que quiero con esas tetazas tuyas que hombre no querría eso pero dejare eso para el final.

Estaba en el momento culminante de mi encargo tendría que ser follada por un joven de 19 años. Me puse de pie y tire todo lo que estaba en la banca y me recosté ahí abriendo las piernas dejándole la entrada libre para penetrarme y el sin dudarlo se preparó para hacerlo, hacía años que no era penetrada por alguien que no fuera mi marido, a partir de este momento lo estaba traicionando había pasado el límite de todo. Mi joven amante me tomo por ambas piernas y fue ahí cuando me penetro, su tamaño era considerable pude sentir un gran placer al sentirlo dentro.

– Me encanta tu coño Paty esto es lo máximo que sensación tan rica.

Las envestidas eran intensas el chico gozaba el estar dentro de mí, sus movimientos era coordinados no descuidaba el movimiento de sus penetraciones y sus manos jugueteaban con mis tetas para era un placer que jamás había experimentado, por mi parte yo gemía, y como no hacerlo aunque me cueste aceptarlo yo disfrutaba de aquel cuerpo joven y vigoroso, para mí también era una nueva experiencia.
– Es hora Paty ya no puedo más quiero terminar entre ese par de tetazas que tienes.
– Ven ponla aquí.
No dude en escupir en mi profundo canalillo el chico se posiciono encima de mi dejando de lado sus piernas para colocar su miembro entre mis pechos, con mis manos me dispuse a apretarlas y para ahorrarle el trabajo comencé a moverlas de arriba abajo no duro ni un minuto y sentí como mi canalillo se inundaba de semen, detuve las envestidas pero el en lugar de detenerse comenzó a moverse por cuenta propia por unos instantes hasta que finalmente se detuvo y con su mano paso su verga por mis pezones;

Sin lugar a dudas disfrutaba de aquella visión que posiblemente grabaría en su mente para siempre. Para mí la misión estaba cumplida y mi deuda saldada en parte me sentía más aliviada, tome mis prendas y Salí de aquel vestidor y fui directo a la alberca donde me quede por un buen rato. Ese día no paso nada más simplemente subí a mi habitación donde no volví a salir hasta la mañana siguiente, como habíamos quedado muy puntuales en la mañana tal y como llegue me fui, fue raro pero después de lo sucedido no volví a ver a Damián ni a su hijo me supongo que era lógico pues ya habían conseguido su objetivo. El tipo llamado Ernesto fue quien fue quien se encargó de todo, como podrán imaginar Rebeca nunca apareció y en lo que a mí respecta ya me daba igual yo único que quería era llegar a la ciudad con mi familia y tratar de olvidar esta experiencia que aunque fue muy placentera no me hacía sentir nada orgullosa, la culpa me consumía.
No puedo decirles que esta historia concluye aquí este es solo el principio de esta historia pero a lo largo de esta serie les iré contando todo lo que este imprevisto provoco en mi vida.

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ME MOJO

Confesiones, Follamigos, Hetero: General, Sexo Virtual 17/09/2017

He recibido tu fotos donde te estás masturbando. Confieso que me masturbé al verla.
Besos con lengua donde tu sabes.

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Vecina con ganas de follar

Follamigos, Lésbicos, Sexo Anal 27/07/2017

Hola a todos mi nombre es Carmen, mis lectores ya conocen mis cualidades y sobre todo mi gran culo jajaja, soy algo vanidosa pero es parte de mi personalidad, sin embargo en esta historia no soy el centro de atención, soy solo alguien que cuenta lo sucedido desde su punto de vista.

Una mujer calculadora y fría

A mis 21 años ya era una mujer como ninguna, tenia una mente calculadora y fría, con solo las personas acercarse a mi sabia que necesitaban y que pretendían de mi, recuerdo que para esas fechas me acostaba con 2 profesores de la universidad y tenia un novio mas o menos serio que había presentado en mi casa, pero enfocándonos en la historia que voy a contar empezaré diciendo, que al momento de retornar de la universidad siempre tenia que cruzar por una cancha de basket en donde siempre recibía piropos y comentarios obscenos, para esas fechas no me preocupaban y solo los ignoraba.

En ocasiones me excitaban con los comentarios pero no se los dejaba ver, eran cosas muy fuertes, como te comería el culo asi sudadito y cosas mas perras, siempre eran los mismos tipos que estaban en la esquina, que babean por vecinitas y compañeras de universidad, casi todos me decían algo, pero había uno que era mas obsceno que todos, para ser sincera me masturbe una vez imaginando si me haría lo que decía, pero solo eso.

Aquí donde conocí a Ana Maria para esas fechas tenia unos 18 años estaba entrando a la misma universidad y fue a visitarme a mi casa sin nunca haber hablado con ella con la excusa de que le diera un tour y la llevara a la universidad, no estaba en disposición de ayudar a nadie estaba un poco fría y egoísta para esas fechas pero vi una oportunidad de hacer algo para mi hermanito querido, pues note como se quedo mirando a Ana, hasta ese momento no me había fijado pero ella era hermosa, solo que no sabia como concentrar su belleza.

Ana era una niña rubia hermosa con senos medianos

Para esas fechas era una niña rubia con senos medianos muy parado, ojos claros, cabello lacio, no sabia si tenia un lindo trasero porque usaba pantalones muy anchos pero nada, me hice la simpática y hable con ella e inmediatamente le introduje un tema, en esos días era muy centrada y lo que quería lo iba a conseguir rápido y sin chistar, me dirigí hacia ella y le dije.

Carmen: Ana es tu nombre cierto.

Sonrió y me contesto.

Ana: Si ese es mi nombre.

Carmen: Y tienes ropa para ir a la universidad mira que no puedes ir vestida así.

Note como se sonrojo y me pregunto porque no puedo ir así.

Carmen: Es un sitio muy exclusivo no sabes si encontraras a tu esposo ahí.

Ana: Pero yo voy a estudiar es, no voy pendiente a eso.

Carmen: Pues tendrás que irte sola porque yo no andaré con nadie con vestimenta de loca.

La puse en preaviso, sentí como todo se definió y su repuesta era lo que necesitaba escuchar.

Ana: Y me puedes ayudar?

Carmen: Si pero tienes que ser open mind y confiar en lo que te digo

Sonrió y asintió con su cabeza, pues bien ya sabia que la tenia en mis manos, empecé a sacar ropas que me quedaban pequeñas y como no tenia grandes senos, acostumbraba utilizar, blusas escotadas muy llamativas que en su cuerpo se verían súper bien, pero necesitaba hundir su autoestima para estar segura asi que procedí con los pantalones.

Carmen: Toma pruébate este pantalón.

Ana: No me va a servir tienes mucha trasero yo no.

Carmen: Ah no si vas a comenzar a ponerte negativa lo dejamos.

Ana: No que va me lo pongo.

Vi como se quito el pantalón y se veían unas bragas de viejita, me reí y dije y que es eso.

Ana: Son mis bragas, tienen algo malo.

Carmen: Si son de viejitas, si solo tienes de eso cuando valles para la uní no podrás usar bragas.

Ana: ok entiendo.

Carmen: Pues comencemos imagínate que vas para la universidad ya.

Esto ultimo lo entendió y se quito las bragas y al hacerlo vi su bello púbico, le dije hay amiga y que es eso, se puso de todos los colores, aproveche y me desabotone el pantalón y le mostré mi coño afeitadito, así tienes que tener eso niña, eso es higiene.

Ana: Desde que llegue a casa lo hare, lo prometo, mira mi primo Raul si ve que voy para la universidad así me mata, podría venir aquí a cambiarme antes de.

Carmen: Raúl tu primo, como es el?

Juraba que había escuchado ese nombre y como era del barrio, me lo describió era el tipo fresco de la cancha el mas atrevido, me reí y dije que bien, me las voy a vengar todas con esta niña.

Carmen: Mira que bien no lo conozco pero me sonó conocido, lo estaba confundiendo, los pantalones mío no te van pero probaremos con una mini falda.

Se la pase y una blusa la cual le quedaba de espectáculo pero no se le veía nada, le dije que tenia que quitarse el brasier, para esos momentos hacia todo lo que le decía sin pensárselo, cuando estaba lista la vi y parecía una mujer de un cabaret, primera etapa completada.

Carmen: Muy bien Ana, te ves hermosa, ahora viene la parte mas importante que un hombre te vea, mi hermano esta ahí lo llamare para que te vea.

Ana: Carmen no me da vergüenza.

Carmen: No seas tonta que prefieres saber si te ves bien aquí o allá delante de todo el mundo.

Hermanos con confianza sobre el sexo

Mi hermano tenia unos 23 años y aunque tenia novia, teníamos una conversación muy abierta sobre sexo, llegue a presentarle a varias amigas para follar y nos llevábamos muy bien.

Ana: Ok esta bien.

Procedí a buscar a mi hermano y al verlo le llame manito te tengo una nueva pero tienes que seguirme el juego si quieres cogértela, el asintió y me dijo que no había problema, el se llama Darío y según mis amigas tiene una polla gorda y dura.

Carmen: Ana el es Darío mi hermano y quien dará el visto bueno de cómo te ves.

Ana: Mucho gusto Dario.

Dario: El placer es mío.

Carmen: Da una vuelta para que te vean, inmediatamente pregunto como se ve Ana Dario.

Le hice señas de que dijera mucha ropa, asi mismo lo hizo y Ana se miro el vestuario como quien dice wao que ropa si casi no tenia pero no dijo nada.

Carmen: Tienes razón Dario, tengo una blusa que le quedara mejor.

La busque y se la pase, ella me miro y le pidió a Dario que saliera, Dario iba de camino hacia la puerta cuando lo detuve y le dije, mira si cada vez que te pruebes algo el tiene que salir duraremos mucho además el tiene novia, el solo te hace el favor deberías dejar que te vea no pasa nada es mi hermano.

Ana: Bueno no se me da vergüenza, pienso que es mejor que no me vea.

Carmen: Dejémoslo aquí mejor porque no estas haciendo lo que hablamos.

Ana: Ok no hay problema

Después de esto se quito la blusa y se intentaba poner la nueva tan rápidamente que se enredo con la blusita pues era sumamente pequeña, en mi caso solo cubria mis pezones y mi barriga, en ella ni siquiera bien los pezones, esa blusa la usaba para fornicar solamente y ponérmela en el hotel, pero ella no lo sabia.

Dario: tu ves ahora si.

Carmen: Verdad que si, ella es bonita solo que no sabe como vestirse pero yo la ayudo.

Ana: De veras me veo bien?

Dario: Bueno déjame verte bien date una vuelta.

Le hice señas de que le levantara la faldita, asi lo hizo, ella se movio rápidamente y la bajo, interrumpí rápidamente.

Carmen: Pero niña cálmate que te quieren dar consejos.

Ana: Lo siento es que es nuevo para mi.

Carmen: Que es lo que quieres ver Dario.

Dario: Pues que lleva porque una mujer tan bonita y que lleve bragas de viejita como que no.

Carmen: jajajaja ves lo que te dije Ana.

Ana: Si ya veo, pero descuida no llevo nada.

Dario fue mucho mas atrevido de lo que pensé y le levanto la falda diciendo, de veras déjame ver, se quedo fijo mirando el coño, Ana no lo miraba a la cara, con su falda levantada le dijo da una vuelta le miro el trasero y me miro y me dijo.

Dario: Carmen nunca se lo e hecho a una mujer con pelo púbico, se siente diferente.

Carmen: Bueno, tu le estas haciendo un favor a ella, habla con ella a ver que dice, es mas los dejo solo un ratito para ver si llegan a un acuerdo.

Ana: Están locos ustedes, como creen.

Carmen: Eres virgen Ana.

Ana: No pero tampoco soy una puta.

Carmen: todas las mujeres somos putas, Dario cóbrale tus servicios vengo ahora.

Al salir por la puerta de mi habitación me fui para la sala y encendí la tv fuerte, fui corriendo al cuarto conjunto y busque unos espejos que daban a mi habitación los puse en posición perdí como 20 minutos en eso para cuando pude ver algo, estaba Ana chupándole la polla a Dario, me dije a mi misma mira la mosquita muerta, chupando polla, veía que el la forzaba para que se subiera encima y no había conseguido nada, después de 10 minutos veo que se incomoda Dario y le hace señas de sígueme chupando la polla, al terminar se limpia el pene y sale como molesto de la habitación, al salir voy donde el y le pregunto.

Carmen: Que paso?

Dario: La perra esa no se dejo coger.

Carmen: Descuida arreglo eso.

AL entrar en la puerta entre molesta igual que Dario me diriji hacia ella y le dije.

Carmen: Que paso que Dario esta molesto.

Ana: El quería follarme y no lo deje pero es que no lo conozco.

Carmen: Entonces el si te puede hacer favores y tu no a el, mira es mejor que terminemos esto aquí mejor vete para tu casa.

Ana: Mira lo lamento pero esto es nuevo para mi podemos hablarlo, mas para adelante lo que el quiera pero tenme paciencia.

Carmen: tu no eres una niña ya has lo que tu quieras o follas o te vas.

Ana: Mira te voy a ser sincera yo vivo con mi Primo Raul, el me exigió que me haga tu amiga, en principio todo era eso, pero yo quiero ser sexy y famosa como tu y que en la universidad todos me vean como tu, por favor dame una oportunidad.

Primita recibe polla como debe ser y como ella quería

Hmmm encontré lo que necesitaba y me la iba a desquitar con ella, ese Raul iba a conseguir que a su primita le dieran polla, por pensar que era una tonta.

Carmen: Te lo han metido por el culo alguna vez>

Ana: No guacala nunca.

Carmen: Bueno hoy vas a saber lo que es.

Ana: Pero suave díselo a el por favor.

No respondí y sali a la habitación de Dario quien tomaba una ducha, manito aguantas otro polvo.

Dario: Pues claro pero dile a la perra esa que venga para acá.

Carmen: Necesito que se lo metas por el culo puedes.

Dario: jajaja Eso es una orden manita.

Carmen: Déjame la puerta abierta quiero ver.

Dario: Ok

Entre a mi habitación y mirándola fijamente, le dije:

Carmen: Arréglate niña para que valles a su habitación.

Ana: Ok

La vi poniéndose los senos dentro de la blusa que casi no cabían, se veía que estaba disfrutando sus pezones estaban duro, lo único que articulo fue.

Ana: Le dijiste que no sea agresivo por atrás.

Carmen: No, no le dije nada amiga porque por tu inexperiencia no sabes que es mejor así, si te lo mete suave te dolerá mas, pero si es un solo dolor solo sufres una vez.

Ana: Ah no lo sabia es cierto pero tengo miedo.

Carmen: Deja tu cosa y vete que te esperan.

Que ingenua, Dario le iba a reventar el culo y ni se enteraba, cuando entro la esperaba Dario con su polla mirando al cielo, vi que de veras le gustaba a Dario, pues la beso en la boca y las tetas antes de ponerla a chupársela no se la había visto pero era gorda, a leguas se veía, las había tenido mas gordas de ahí pero para ser de test clara estaba mas que bien.

Ella se la chupo y se le levanto la falda hacia la cintura, el la levanto y antes de penetrarla ella se tapo su vagina y le pidió un condón, el la miro y le dijo si ahora pero primero quiero probar tu vagina después me lo pongo, ella lo miro y le dijo, ok un poco y después te lo pones, que ilusa la niña.

Desde que ese pene la penetro y comenzó a bombear para arriba, se escucharon los primeros gemidos, a los 3 minutos gritaba Ana, y Dario se movía y gritaba como toro, sabia que se había venido al detenerse, ella lo miro y le pregunto que si se lo iba a poner, a lo que el contesto claro, espera déjame buscarlo, al salir su polla trajo consigo mucho esperma que resbalaba, ella lo miro como sorprendida y le pregunto te viniste dentro mío.

Dario: Ah lo lamento, pero aquí esta el condón me lo pongo.

Ana: para que dime!

Dario: Pues seguimos.

Ana: Pero si ya te viniste.

Dario: Para nada eso fue un poco de leche que se me salió.

Ana: Ok.

Unas vecinitas muy especiales y morbosas

Se acerco a ella y la beso nuevamente sabia que le gustaba la besaba con pasión, a la novia en cambio no la besaba asi muchas veces lo pille en la sala de la casa y ni la besaba se sacaba la polla y se la daba a su novia para que chupara y eso era su romance, en cambio a esta niña se la besaba como si la amara, inmediatamente la cargo y la dejo caer en su polla, para comenzar con un fuerte saca y mete, aunque le gustaba la estaba matando, una amiga se me quejo, que Dario la había pelado toda por dentro que era un salvaje, ahora la entiendo, Ana Gritaba y se convulsionaba, sabia que se estaba viniendo, mi sorpresa fue que Dario se detuvo y la beso muy románticamente, luego de unos minutos de besos y abrazos la tiro en la cama y la puso en perrito.

Aquí lo que quería ver, toma esa gorda polla perra, se escucho un grito mudo, ahogado por la almohada, pensé eso me quería hacer tu primo, jajaja cuando note que se había acabado el romance, Dario se la sacaba toda y se la metía con rabia, ella gritaba, en una de las embestidas Dario se consumió y se vino dentro de su culo, grito tan fuerte que se le salió, que maldita perra mas extrecha, se quedo encima de ella y sabia que ahí terminaba ese encuentro, luego de esto fue muy romántico besos, caricias parecían enamorados.

Ana agradece la polla que recibió de mi hermano

Yo no me había percatado pero estaba excitada, solo ignore el sentimiento y me regocije en mi ego, luego de unos 20 minutos Ana volvió a mi habitación.

Ana: Gracias Carmen por todo me gusto mucho tu hermano.

Carmen: NO pasa nada créeme que tu le gustaste mucho.

Ana: El tiene mucho con su novia.

Carmen: SI y no te metas en eso el ama a esa mujer además tu no tienes culo para competir con ella, a Dario le encantan las mujeres con nalgas y tu no tienes.

Ana: Lo se pero me gusto como me trato después de, te puedo pedir un favor.

Carmen: A ver si no me afecta veo si puedo.

Ana: Acompáñame a mi casa para que mi primo me deje en paz.

Carmen: Bueno, no lo veo posible.

Ana: Por favor, es solo hasta la puerta si quieres no entres.

Pensé déjame no dañarle el polvo a mi hermano, total que es lo que puede pasar, su casa estaba a unas 2 cuadras según me estaba diciendo, asi que la acompañe

Al llegar a la casa, planeaba despedirme, pero se me quedo mirando y me dijo esta adentro, puedes entrar unos segundos por favor, me miro con tal pena que accedí.

Carmen: Al entrar salude.

El bestia ese estaba en frente del tv y al ver su rostro no se lo creía, procedí a mirar a Ana y decirle me retiro fue un placer.

Ana: igual gracias por traerme.

Hay se escucho la primera palabra de Raul, pero que desconsiderada entras a mi casa y ni me saludas.

Carmen: Yo dije saludos cuando entre.

Raul: Pero eso es para extraños, si estas en mi casa somos conocidos o no?

Carmen: Y que quieres de saludo.

Le pase la mano, a lo que el respondió dándome la mano y diciendo un beso en la mejilla no se.

Carmen: Esta bien no le veo el inconveniente.

Al besarlo en la mejilla me dijo al oído si como tus mejillas son tus nalgas que ricas deben de ser, desafiante mirándome, mejor de ahí respondí.

Raul: Ana ve al súper y tráeme hielo y cervezas por favor.

Carmen: Pues bien me retiro.

Raul: Pero si ahora es que llegas cual es la prisa, déjame invitarte una cerveza.

Carmen: No gracias no bebo.

Raul: Ok espera que regrese Ana y te vas digo no es mucho lo que pido vecina.

Mire a Ana y a el, Ana me suplicaba con la mirada y conteste.

Ana: Date rápido con eso que tengo cosas que hacer.

Al salir por la puerta, todo cambio.

Raul: El culo mas lindo del barrio en mi casa.

Lo mire y no respondi, me miro con cara de vicio y lo mire desafiante.

Raul: sabes que Ana tiene ordenes de no regresar hasta que yo la llame y cerro con candado, lo que va a pasar aquí, va a pasar quieras o no, estoy dispuesto a ir a la cárcel por violación, pero por lo menos tengo buenas excusas viniste a mi casa y aunque me den 5 años planeo tomarlos.

Me quede fría, no parecía un juego esto, estaba buscando como escaparme de esa situación, cuando volvió a abrir la boca con nuevas palabras y proezas.

Raul: Pero entre tu y yo e soñado tanto con ese culazo tuyo que me gustaría que me lo dieras tu, si sabes que igual lo voy a tomar se buena y comportarte, es mas si accedes a dejar que te lo mame como te lo decía cuando pasabas por la cancha lo dejamos ahí.

Podrán llamarme puta o lo que quieran pero esa segunda opción parecía ser mejor que la primera, pero tenia que asegurar o intentar conseguir algo a mi favor.

Carmen: Y que garantía tengo que cumplirás lo que dices.

Raul: Te doy mi palabra.

Carmen: Espero que seas una persona de palabra, entonces.

Raul: Así es.

Tenia el deseo de seguir contando esta historia pero se haría muy larga asi que prefiero dejarlo hasta aquí y luego contar lo que me paso con este desgraciado, un beso y gracias por leerme.

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AMAR… NO AMAR

Confesiones, Erotismo y Amor, Follamigos, Relatos sexo 22/03/2017

Magdalena, más conocida por Magda por cuantos la tratan, era una mujer que, a sus treinta y dos años, estaba ya de vuelta de todo, era una zorrita caliente de media tarde,  pues había tenido que vivir a marchas forzadas. Puede decirse que, a pesar de seguir vivos tanto su padre como su madre, estaba huérfana de ambos desde sus seis años, pues sus progenitores por esa época de su vida se divorciaron y cada uno, como ahora se dice, rehízo su vida con la misma pareja con la que, de antiguo, se “los ponía” al otro cónyuge. Por lo tanto , y desde ese principio la niña estorbó tanto al padre como a la madre.

Magda, una niña endurecida desde la infancia

Consecuentemente, cuando todavía no había alcanzado los siete años, se vio recluida, interna, en un colegio de monjas. Y si desde el divorcio poco caso le habían hecho ambos progenitores, desde entonces éste brilló por su ausencia. Poco cariño materno-paterno recibió durante sus primeros seis años más o menos, pero a partir de casi agotarse ese sexto año de su vida el cariño de sus progenitores se convirtió en algo nulo.

Esta sensación de abandono, de práctica orfandad, se agudizaba los fines de semana, cuando veía cómo los padres de casi todas sus compañeras aparecían por el colegio para llevarse a sus hijas desde el viernes hasta el lunes por la mañana a sus propias casas; o cómo, las pocas que quedaban en esos días en el “cole”, pues sus hogares quedaban lo suficientemente alejados para permitir la marcha durante las tres noches del fin de semana, recibían la llamada telefónica de sus familiares más queridos, y no pocas veces la de la familia menos cercana; incluso, a veces, la visita de sus padres durante todo el fin de semana, que incluso sacaban a las niñas que pasaban así esos días en el hotel que los padres ocupaban hasta el domingo a última hora o el mismo lunes por la mañana.

Y qué decir de las vacaciones de Navidad y Semana Santa, todas, todas, sempiternamente en el internado. En las vacaciones de verano sí que solía pasar un tiempo con su madre y con su padre, aunque no de manera revuelta, pues durante el mes de Julio se la solía llevar una decena de días la madre y otra decena, a veces hasta una quincena, el padre, pues resultaba que la nueva esposa del padre toleraba mejor a la niña que el nuevo marido de la madre. El resto del verano lo pasaba en un campamento de verano que le proporcionaba el internado previo pago de sus padres; aunque, generalmente, era el padre quien afrontaba este pago extra.

De todo esto se derivó que Magda, a sus once-doce años fuera una niña dura y autosuficiente, con un acusado sentido de rebeldía y a sus diez y seis-diez y siete una jovencita adolescente no solamente dura, autosuficiente y rebelde, sino acentuadamente independiente, lo que hizo que deviniera en una veinteañera por entero independizada que, desde que abandonó el internado a los diez y ocho años, nunca más quisiera ver a su madre, asqueada más que temerosa de “ciertas” maneras que en los últimos dos años venía observando en su padrastro hacia ella y que su madre siempre se negó a admitir, acusando en cambio a la muchacha de lianta y mal metedora entre ella y su nuevo esposo; y a su padre, aunque sin romper por entero la relación pues su nueva esposa no acabó de caerle del todo mal, apenas si le trataba de todas formas.

Estudió la carrera de económicas y logró trabajo como técnico comercial, algo así como asistente-adjunto al Director de Ventas en la filial española de una empresa de automoción alemana. Seguidamente, alquiló un apartamento-estudio en una cómoda y tranquila urbanización del extrarradio madrileño, al norte del Gran Madrid de aquellos años finales del caduco siglo XX, con un saloncito bastante amplio gracias a haber absorbido la pequeña terraza que se abría a una calle ajardinada y un tanto ancha, casi una recoleta avenida. El salón por la noche se hacía dormitorio merced a la cama en que podía convertirse por la noche un sofá. El apartamento se completaba con un cuarto de baño completo y una cocina que no resultaba tan minúscula. A los cuatro o cinco años de trabajar en aquella filial alemana pudo por fin comprar ese apartamento-estudio. Una Magda en la treintena hecha a sí misma.

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Así, Magda llegó a la treintena de años convertida en una mujer que apabullaba al más atrevido representante masculino del género humano más que por su increíble belleza, por la fría seguridad y aplomo que mostraba. A ella nadie la elegía, sino que era ella quien elegía. Además, siempre lograba lo que se proponía, pues era fría y dura como el acero, inteligente a la hora de jugar sus cartas, voluntariosa y tesonera tras el objetivo que se propusiera, ya fuera éste comercial u hombre que la atrajera. Y muy, muy ardorosa en lo tocante al hombre, aunque sin poner nunca el corazón en ninguna de esas relaciones. Nada de sentimentalismos en su vida, nada de poner sentimiento alguno en nada, salvo el empeño por lograr lo que quería.

Amar, querer a alguien o a algo, incluso un simple perro de compañía, era un absurdo, una verdadera rémora que tanto le amargara la niñez, pues ella había querido profundamente a sus padres y ambos la habían hecho excesivo daño. Le amargaron sus años infantiles, tal vez cuando más cariño y apoyo necesitó, pero ellos entonces la abandonaron a su suerte, prescindieron de ella por completo pues no encajaba en sus nuevas vidas. Y se dijo que nunca más nadie le volvería a hacer daño, pues a nadie más volvería a querer nunca. La dureza más despiadada ante todo y ante todos y el más materialista pragmatismo frente a la vida fueron las dos piedras angulares sobre las que levantó el edificio de su existencia, un edificio que a veces se le hacía frío y deshumanizado, pero en el que se sentía segura y, por lo tanto, más bien cómoda. Y, si alguna vez casi añoraba algo más, un hombro amigo en el que aliviar la gigantesca soledad en que realmente vivía, lo solucionaba bien enfrascándose en la pragmática realidad del trabajo intensivo, bien sumiéndose en la música a todo volumen de cualquier discoteca para después encamarse con el “ligue” de turno.

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Pero, a pesar de todo esto, también Magda había sostenido alguna que otra relación semi estable con algún, digamos, novio. Y decimos que semi, pues a la convivencia nunca llegó. Era demasiado celosa de su independencia para consentir en ello. Salir durante algún tiempo con un mismo tío, comer y cenar juntos e invitarle a su cama con bastante asiduidad, hasta permitir que él, de forma espontánea, apareciera por su apartamento de vez en cuando, podía ser, pero cuando la fiebre erótica había pasado, en la calle hace falta gente, nene, con que a tu casita y a soñar con los angelitos, o con las “angelitas”, siempre y cuando se parecieran a ella….

Tomás no había tenido suerte en la vida. Ya en el paritorio, recién nacido y sin siquiera haber abierto aún sus ojos al mundo al que acababa de llegar, su madre no quiso saber nada de él, se desprendió de él como quien se desprende de algo inútil y molesto, depositándolo en manos de una institución benéfica. Enseguida supo que estaba solo, que había sido abandonado a su suerte, pues tan pronto se repuso algo del tremendo trauma que para cualquier infante es eso de llegar a este mundo de dichas, sí, pero también de no pocas desventuras, dejó de escuchar esa voz que desde tanto tiempo, desde que su cortísima memoria podía recordar, venía escuchando y que tanto le había calmado en los muchos momentos de zozobra que a lo largo de su desarrollo embrionario había conocido. Tampoco escuchó más ese rítmico pulsar, esa especie de tic-tac que era el latido del corazón materno, que también ayudara a aplacarle en esos tensos momentos de su existencia de poquísimos meses.

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Así, recién nacido, Tomás fue a parar a algo que, por más que el nombre tratara de ocultar la triste realidad de su naturaleza con un rimbombante Hogar de no sé qué, no era más que un orfelinato u hospicio, descansando, y es un decir lo de descansar, en una fría cuna, no porque en verdad no resultara cálida en las frías noches de invierno, sino por la absoluta orfandad de cariño de madre; y no porque las cuidadoras no volcaran su cariño en los pequeños a su cargo, no, pues bien que lo ponían, sino porque Tomás resultó ser un bebé sumamente llorón. Cuando empezaba con la barraquera, que era un momento sí y al otro también, lo mismo de día como de noche, no había manera de callarle. De modo que las cuidadoras acabaron por dejarle a su aire y allí se pasaba el tiempo, en su cunita, berreando como un demonio y sempiternamente mojado, pues casi ni para cambiarle se le acercaban, entre otras razones, porque el rorro tenía la mala baba de volver a mojarse tan pronto le cambiaban: Que el nene tenía ese “caprichito”, vaya. Como era de esperar, ese estar continuamente llorando, haciendo sus necesidades casi que a cada momento y, además, la carita morena, muy, pero que muy morena que el “angelito” tenía, pues era un tanto gitanillo, no ayudó en nada a encontrarle un hogar donde poderse desarrollar como cualquier hijo de vecino. Pero lo malo fue que cuando empezó a crecer, cuando de bebé llorón fue pasando, primero a niño adusto que no se reía ni por equivocación y más tarde a un casi adolescente reservón, introvertido, retraído y muy, pero que muy poquito alegre a sus doce-trece años, tampoco coadyuvó demasiado para que unos padres de ocasión se hicieran cargo de él y pudiera acabar de educarse en un ambiente mínimamente hogareño, con lo que a sus catorce-quince años la vida de Tomás seguía desarrollándose entre los muros de aquél orfanato u hospicio. Así, a los diez y seis años empezó a trabajar en Correos como auxiliar postal gracias a los buenos oficios de la Fundación Benéfica que le acogió desde que fuera un recién nacido. Desde entonces, salía por la mañana a trabajar, sobre las siete y media-ocho de la mañana, con un bocadillito para media mañana, regresando al orfanato a eso de las cuatro de tarde, cuando podía comer. Y ya, la tarde la pasaba allí, con los “pupilos” más pequeños del orfanato, ayudando a cuidadores-cuidadoras a atenderlos. También a veces estudiaba algo, pues se le había metido en la mollera hacer uno de esos cursos por correspondencia de los que la propaganda dice que al instante te solucionarán la vida, así, por ensalmo… La propaganda, la publicidad… Que miente más que dice, pero que logra convencer a infinidad de incautos que, sin pestañear, se tragan el anzuelo de la nueva versión del antiquísimo “Timo de la Estampita”, y acaban comprando céntimos a “duro” (Información para lectores no españoles: Cuando existía la peseta, había una moneda llamada “duro”, cuyo valor era de cinco pesetas. Una curiosidad respecto a esta moneda española que, por cierto, era de 1848. Pues bien, el término “Dólar”, la célebre moneda USA, deriva de “Duro”; es el nombre que los “Usacos” realmente quisieron dar a su moneda, sólo que usaron una fonética digamos alemana y por eso la llamaron “Dólar”. En un principio el “Dólar” tuvo paridad 1:1 con el “Duro” español, que por aquél entonces era una de las monedas más fuertes del concierto financiero internacional. ¡”Oh Témpora”-Oh tiempos!- que diría un romano)
Durante tres años Tomás anduvo callejeando con la enorme cartera del oficio al hombro de portal en portal, distribuyendo el correo por cada vecindad. Pero cuando se iniciaba su tercer año en Correos se dio un cambio en su destino, pues fue ascendido a agente postal y, en la misma oficina donde venía trabajando, pasó al servicio de ventanilla en Giros y Certificados, con el consiguiente alivio para sus pies.
Allí conoció a otro chaval, Juan, casi de su edad, pues si Tomás estaba a punto de celebrar su 19 cumpleaños Juan estaba abocado al estreno de los veinte años. Ambos muchachos eran diametralmente distintos, pues mientras Juan era dicharachero, alegre por naturaleza y amigo de chanzas y bromas, Tomás era, cual lo fuera desde su más tierna edad, introvertido y reservado, mas, además, tremendamente tímido y falto de gracia, a pesar de su innegable etnia gitana. Para completar el cuadro de un ser insignificante e insulso, era muy, pero que muy desgarbado. Lo único en cierto modo agradable que en él había de eran sus ojos, grandes e insondablemente negros cual el fondo de un pozo y su cabello, negro como los ojos, tan negro como el tan mencionado ala de cuervo; amén de bellamente ensortijado, cualidades ambas derivadas de su condición gitana. Pero eso no fue obstáculo para que entre ellos naciera una profunda amistad.
Pero esa amistad sufrió un serio contratiempo cuando, recién cumplidos los 21 años, Juan comunicó a Tomás que en un par de meses, más o menos, se incorporaría al CIM de Cádiz (Centro de Instrucción de Marinería en San Fernando, Cádiz). Sí, Juan se había alistado en la tropa profesional, eligiendo la Armada. Su inquietud juvenil le impelía a conocer mundo, visitar países lejanos y eso se lo ofrecía la Armada, cuyos buques, en contra de lo que el vulgo pueda creer, en absoluto permanecen atracados a puerto, sino que permanecen navegando casi continuamente por todos los mares de la tierra (Doy fe de ello: Mi hijo mayor es profesional de la Armada y años hay que navega hasta 300 días)
En efecto, poco después de los dos meses, Juan partió hacia San Fernando, en Cádiz, para al mes, tras concluir la instrucción militar y jurar bandera, marchar de inmediato a Ferrol, donde a los tres meses obtuvo el título de operador de radio. Y no pudo descansar apenas nada, pues a las pocas horas de recibir el título también recibió la orden de presentarse en el buque oceanográfico Hespérides, en Cartagena, en el plazo de cuatro días. De manera que sí, llegó a casa, en Madrid, pasó allí tres días y al cuarto partió hacia su destino en Cartagena. Y a los ocho o diez días de incorporarse, el buque “Hespérides” partió de Cartagena rumbo a la Antártida en singladura de, más o menos, ocho-nueve meses.
Para cuando Juan marchó al CIM de Cádiz, Tomás hacía tiempo que conocía a la madre de su amigo, Julia, una viuda que tiempo ha alcanzara los cincuenta tacos de almanaque, pues se casó tarde y no le fue sencillo concebir a Juan, que nació cuando Julia estaba próxima ya a la añada de los cuarenta. Con Juan de once años, su padre falleció, se lo llevó un cáncer de páncreas, uno de los incurables, y Julia quedó sola con su hijo. Así, cuando Juan dio la noticia de su ingreso en la Armada, y cuando aún tardaría el hijo en marcharse unos dos meses, Julia propuso a ambos amigos que Tomás fuera a vivir con ellos dos, Julia y su hijo. Se había encariñado con el bueno de Tomás y le asustaba quedarse sola en su casa, no porque temiera agresión alguna, sino porque la soledad la aterraba.
Y Tomás no tuvo inconveniente en aceptar la propuesta de la madre de su amigo, más aún por la franca insistencia de éste, que lamentaba dejar a su madre tan sola. El quería vivir aventuras, salir de su casa y las faldas de su madre, pero le apenaba (En España, la palabra “pena”, el verbo “apenar” sólo se emplea en el sentido de “lástima”, “dar lástima”, nunca como “vergüenza” , “avergonzar” por lo que el verbo “apenar” lo empleo como “dar o sentir lástima”)
Además, para Tomás resultaba mucho más cómodo y útil vivir en casa de la madre de Juan que en el orfelinato, pues la oficina de Correos donde prestaba servicio estaba allí mismo, en la misma urbanización donde se situaba la casa de Julia, la madre de Juan.
Y así, por una de esas casualidades que tan a menudo se dan en la vida, las vidas de Magda y Tomás se cruzaron, pues no sólo esa urbanización, donde la casa de Julia se ubicaba, era la que Magda eligiera para vivir, sino que además ambos edificios el de la madre de Juan y el de Magda, estaban uno frente al otro, con las ventanas también enfrentadas entre sí.
Incluso, desde el ventanal de la habitación que antes fuera de Juan y donde ahora dormía Tomás, se divisaban a la perfección las ventanas del estudio de Magda.

Tomás y Magda, una amistad que iba a ser duradera

Cuando Tomás se trasladó a casa de Juan, este le informó de sus “hazañas”: Justo enfrente vivía una “prójima” de las de “toma pan y moja” que se vestía y desvestía frente a la ventana sin la menor precaución. Incluso recibía a menudo a algún que otro “maromo” y hacían sus “cositas” ante la fabulosa ventana, hasta con la luz encendida bastantes veces, con lo que el “nene” se ponía “morao” día sí, día también. Para sus “incursiones” en domicilio ajeno se había provisto de unos más que modestos binoculares, pues apenas si alcanzaban a algo más que unos de teatro; eso sí, sin el lujo que éstos suelen presentar, pues lo habitual es que sean verdaderas piezas de joyería antes que objetos ópticos.
Ni que decir tiene que Tomás siguió las “hazañas” de su amigo con verdadero fervor. El arsenal oteador se enriqueció, primero, con unos buenos prismáticos de precisión para luego pasar a un excelente teleobjetivo que Tomás compró por el popular sistema del “Compre hoy y pague… “.
Eso de espiar más que observar a la espléndida mujer que habitaba justo enfrente de donde él vivía entonces, poco a poco, se fue convirtiendo en obsesión para Tomás. A través de sus prismáticos primero, su teleobjetivo después, el poco más que adolescente a sus 20 años casi escasos, se introducía subrepticiamente en la vida diaria de la mujer, violando su intimidad en la mayor de las impunidades. Se puede decir que casi únicamente vivía para eso, introducirse por sus medios de visión a distancia en la vida de su espectacular vecina. Así, asistía a actos de la mayor cotidianidad como verla regresar a casa cada anochecer tras pasar todo el día fuera, prepararse la cena y cenar, o verla ante el televisor o leyendo, oyendo música ¡Quién sabe cuántas nimiedades más! Pero también estaba allí, desde la distancia, cuando la mujer se desnudaba al llegar a casa para echarse por encima cualquier prenda cómoda, una tenue bata de satín las más veces pues Magda, que no otra era la tan espiada mujer, solía tener la calefacción lo suficientemente alta las tarde-noche del gélido invierno madrileño para poderse permitir estar con ese tipo de prenda tan liviano; y cuando se desnudaba después para ponerse el ligero camisón de dormir, pues Magda no gustaba de los más populares pijamas ahombrados: Era demasiado femenina para permitirse esas prendas. También aprovechaba Tomás las noches de verano que la luna iluminaba lo suficiente el saloncito-dormitorio del objeto de su obsesión observadora para admirar casi embelesado aquel divino cuerpo desnudo, pues si la famosa Brigitte Bardot decía que para dormir sólo se ponía encima dos gotitas de “Chanel nº 5”, Magda hasta prescindía de las dos gotas de perfume a la hora de irse a la cama en esas candentes noches del tórrido verano de Madrid. Pero Tomás también estaba allí, en el apartamento-estudio de Magda, cuando la mujer recibía a sus amantes, más o menos esporádicos, más o menos estables; cuando se “pegaban” juntos la “gran paliza” sobre el sofá. Y también Tomás estaba allí cuando, trocado el sofá en cama ocurría lo que suele suceder tras la mutua “paliza” del sofá.
La intensa actividad de espionaje desembocó en una auténtica obsesión de Tomás hacia esa mujer que cada día le subyugaba más y más. Esa obsesión le llevó, en un principio, a adquirir un segundo reloj-despertador que puso a las ocho en punto de la tarde, hora a la que casi con marcial disciplina Magda solía llegar a su domicilio tras salir del trabajo. Este segundo despertador lo compró a fin de que no se le olvidara ningún día ponerle para que le avisara a las ocho de la tarde, pues como su despertador de siempre le ponía a las siete y media de la mañana para que le despertara, temía que algún día se le pasara ponerlo en hora para los oteamientos de las tardes-noches. Pero pronto este mantenerse siempre en la distancia no le satisfizo, pues acabó necesitando un sutil acortamiento de distancias. Y lo primero que anheló en ese acercamiento al objeto de su obsesión fue escuchar su voz. Una tarde, al regresar a casa del trabajo, se metió en el portal de Magda y averiguó su nombre en los buzones de Correos: Sólo uno de ellos se limitaba a un único nombre y éste era de una mujer, lo que no dejaba duda alguna. Con nombre y apellidos anotados buscó en la Guía Telefónica de Madrid y allí supo cual era el número de la mujer que tanto le obsesionaba, pero que ahora tenía un nombre concreto: Magdalena. Tan pronto el despertador le indicó que ya eran las ocho de la tarde, volvió a su lugar de observación, el teleobjetivo colocado sobre la pequeña mesa-escritorio que Julia colocara en la que fuera habitación de su hijo y que ya Juan colocara justo debajo de la ventana. No pasaron ni cinco minutos hasta que Tomás vio aparecer a Magda que, como de costumbre, fue directamente a la pequeña cocina donde sacó del frigorífico la sempiterna botella de leche, se escanció un buen vaso que tomó a cortos sorbos sentada a la mesa que campeaba en la cocina, sin cambiarse, sin quitarse ni ponerse nada de ropa, ataviada simplemente con la misma que luciera cuando entró en el piso.
Luego, cuando hubo terminado la leche, se levantó para en el mismo salón-dormitorio desprenderse de todo cuanto llevaba encima hasta quedar tal y como su mamá la incorporó a este mundo; a continuación pasó al cuarto de baño de donde regresó con la conocida bata de suave satín que apenas si daba para cubrir las exiguas braguitas con encajes que generalmente solía ponerse. Luego, Magda tomó un libro de la librería inserta en el pequeño mueble mural que adornaba el saloncito, puso en marcha el equipo de música para, finalmente, sentarse en el sofá que posteriormente convertiría en cama, a leer tranquilamente al tiempo que escuchaba una música que Tomás imaginó sería de ese tipo suave que sirve de acompañamiento a la lectura sin impedir la concentración en ella.
Ese fue el momento que Tomás eligió para marcar, por fin, el número telefónico que acababa de anotar no mucho antes. Mientras esperaba que su llamada obtuviera respuesta, Tomás siguió embebido en su tarea preferida, espiar a la todavía casi desconocida Magda. Así, pudo ver cómo Magda levantaba la cabeza, sin duda al escuchar el destemplado pitar del teléfono, dejó sobre la mesita que había ante el sofá el libro y corrió a una pequeña mesa auxiliar que en un rincón, junto al mueble mural, sostenía un teléfono bastante coqueto esmaltado en un vivo color rojo. Tomás percibió perfectamente cómo aquella mujer descolgaba el teléfono, durante algún segundo escuchó la fuerte respiración de Magda y luego una voz de mujer de timbre recio, seguro, pero a un tiempo matizado en dulce suavidad que hacía de esa voz algo sumamente agradable. Respondía fielmente a lo que Tomás trazara en su mente al imaginar cómo sería esa voz que tanto ansiaba escuchar.
• Ok. ¿Dígame?… ¿Dígame?…
Magda repitió varias su requerimiento, pero Tomás no abrió la boca, no dijo nada… Se contentó con escuchar esa voz de mujer durante los cortos minutos que duró la comunicación entre ellos, si es que a eso se le puede llamar comunicación. Magda era consciente de que al otro lado de la línea había alguien, pues escuchaba nítidamente su respiración por el auricular. Pensó que sería uno de tantos moscones pervertidos; casi optó por soltarle una “fresca” y colgarle, pero al final pensó aquello de que “No hay mayor desprecio que el no hacer aprecio” y, simplemente, colgó el auricular
Tomás quedó absorto en ella, observándola tal vez con más detenimiento, más interés aún del que hasta el momento lo hiciera… Y a los pocos minutos repitió la llamada. De nuevo Magda se levantó del sofá, otra vez dejó el libro sobre la mesita de centro y una vez más se llegó hasta la mesita que sostenía el teléfono allá, donde el rincón junto al mueble mural. Magda, como antes hiciera, descolgó el auricular y, mientras lo acercaba a su boca para empezar a hablar. Como antes también Tomás pudo percibir la respiración de la mujer, tal vez ahora más agitada que la vez anterior. Y al segundo, escuchó por segunda vez en su vida aquella voz femenina que desde minutos antes espoleara, y de qué manera, la obsesión que hacia aquella mujer que, en realidad, ni tan siquiera conocía, se estaba apoderando de él. De nuevo los requerimientos de Magda al ser que sabía estaba al otro lado de la línea telefónica se repitieron
• ¿Dígame?… ¿Dígame?… ¿Dígame?…
Por respuesta a sus nuevos requerimientos volvió a obtener el silencio de aquella persona que desde luego estaba allí, escuchándola, lo mismo que ella, Magda, escuchaba la respiración de la persona “muda”. Al final, Magda optó por cortar por la vía rápida
• Escucha, tío degenerado. Puede que a ti te gusten estas cosas tan asquerosas, pero sucede que a mí no, así que vete a tomar por…

Y tras mandarle a tomar por donde todos adivinamos, Magda, ya furiosa de verdad, colgó el teléfono.
Tomás quedó un tanto sorprendido, aunque sería más propio decir que quedó bastante “corrido”, avergonzado, y de momento no insistió con más llamadas. Incluso cortó por esa noche su insistente espionaje y, cosa rara, canceló sus actividades de observador permanente de la monumental vecina durante un par de días, al cabo de los cuales volvió a satisfacer lo que era su mayor apetencia, lo más deseado, lo que cada día le obsesionaba más: Espiar, observar a esa mujer a diario. Aunque puede que mejor fuera decir que Tomás admiraba rendidamente a esa mujer, más que simplemente observarla o espiarla.
Las llamadas telefónicas en las que mantenía una mudez absoluta, limitándose a escuchar la respiración, la voz de Magda, la mujer para él prácticamente desconocida, que cada día sonaba más agria cuando tomaba el auricular para encontrarse con tan molesto invasor de su privacidad, pues insultaba y maldecía al “invasor” hasta en arameo; pero tales insultos y maldiciones no molestaban a Tomás en lo más mínimo y, ni mucho menos, influían en su deseo de seguir escuchando esa voz, aunque sólo la oyera dedicarle denuestos a cual más hiriente y enérgico.
Las cosas siguieron así hasta casi concluirse los primeros doce meses de espionaje, tiempo en el cual las cosas se habían deslizado más y más por el camino de la intromisión de Tomás en la vida de Magda, llegando a casi iniciar un verdadero “asedio” pues, en gran medida, Tomás llegó a casi cortar las “comunicaciones” de la “plaza sitiada”: Ni más ni menos que el mozo empezó a bloquear el correo de Magda, revisando cada mañana el correo del día y sustraía las cartas dirigidas a Magda. No las leía, ni siquiera las abría; simplemente se guardaba las cartas cuyo remitente fuera masculino, devolviendo las demás al correo.
La vigilancia a distancia sobre Magda se tuvo que interrumpir durante un tiempo bien que a su pesar, pues la singladura de Juan por la Antártica, como todas las cosas de este mundo, también tuvo su final; por lo que un día, tras de cerca de nueve meses desde que la nave “Hespérides” zarpara de Cartagena, regresó al puerto “que los de Cartago dieron nombre” como dice Cervantes en la segunda parte de su inmortal obra, “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, y pocos días después apareció por su casa.
Cuando Tomás supo que al día siguiente su viejo amigo volvería a dormir, junto a él mismo, en la habitación que antes ocupara Juan en exclusiva, el hospiciano decidió esconder el teleobjetivo y los prismáticos de precisión, llevándoselos a la oficina de Correos donde trabajaba. Los sencillos gemelos que heredara de su amigo, sencillamente los tiró a la basura. Y es que, por razones que ni él mismo entendía, no quería que Juan volviera a ver a Magda desnuda; sin saber bien por qué, lo cierto era que, desde hacía algún mes ya, a Tomás le repelía que cualquier otro hombre la pudiera ver desnuda o, simplemente, “ligerita” de ropa. Así, cuando por fin Juan llegó a casa y se vieron a solas en la común habitación, Tomás dijo a su amigo que los viejos gemelos se rompieron un día; intentó arreglarlos pero no merecía la pena, pues la reparación costaría casi tanto como unos nuevos, y adquirirlos estaba fuera de su presupuesto. Así, libró a su espiada de los ojos lujuriosos de Juan, aunque, ¿eran menos lujuriosos los ojos de Tomás al observar a Magda con todo detalle cada día?… Pero bueno, lo de los ojos de Tomás, más o menos libidinosos, es otra cuestión que, ahora al menos, no viene al caso.
Juan estuvo en casa poco más de una semana, once días para ser exactos, y entonces supimos que, en la práctica, pocas veces volveríamos a verle, a no ser que fuéramos nosotros quienes nos desplazáramos a Cartagena. Juan se había puesto novio con una compañera del “Hespérides”, y la relación llegaba al punto de haber alquilado entre los dos un apartamento en Torre Pacheco, pueblo muy cercano a Cartagena, donde los alquileres resultaban algo más asequibles que en Cartagena.
Lo que tanto temiera Julia por fin se había producido: Su hijo la abandonaba, la dejaba sola, para formar su propia vida lejos de ella. Eso la afectó enormemente, pues le tenía pavor a la soledad. De modo que se dirigió a Tomás, su esperanza entonces de cara al futuro
• Tomás… Esto… ¿De verdad estás a gusto aquí, conmigo? O… ¿También tú te marcharás algún día? No… no… te irás… ¿Verdad?
• No Julia, no me marcharé. ¿Dónde podría ir?… Aquí, en tu casa, por primera vez en mi vida tengo un hogar, una familia; y tú eres la única madre que en mi existir he conocido. ¿Sabes lo que eso para mí representa? No, no te abandonaré nunca, eres mi madre…
• ¡Gracias Tomás…! ¡Gracias Hijo mío!
Julia, llorosa, se refugió entre los brazos de Tomás, el hijo que quedaría junto a ella. El muchacho la acogió con todo cariño, la acariciaba el pelo, el rostro, y dejó un beso cariñoso entre sus cabellos. La consolaba con toda la ternura de su alma sedienta de cariño maternal. Para él, el cariño que desde que llegara a su casa, Julia le dispensó, había sido agua revitalizadora para el erial de su existencia.
Julia se empezó a calmar; o, mejor dicho, el cariño con que Tomás entonces la rodeó hizo que la mujer se sintiera a gusto, tranquila y, sobre todo, segura de cara al futuro; al próximo futuro por lo menos.
Y ya más tranquila, volvió a hablar a su nuevo “hijo”
• Tomás, no lo sé, pero supongo que seguramente tendrás alguna amistad, aluna relación con alguna chica…
• No Julia, no tengo ninguna amistad ni relación con chicas. No tengo novia, si eso es lo que te preocupa…
• No, no es que me preocupe,,, Sería lo natural… Edad ya vas teniendo, a tus veinte años ya cumplidos… Lo que quería decirte es que, si alguna vez quisieras traer una chica a casa… Bueno, ya me entiendes… Pues no te preocupes… Hazlo, yo lo entenderé… ¿De acuerdo?
Tomás se echó a reír alegremente y, cogiendo en vilo a la diminuta mujer al tiempo que con ella en alto empezó a girar sobre sí mismo, le decía en el tono más efusivo que imaginarse pueda
• ¡No te preocupes tú, Julia! De verdad que no tengo novia ni siquiera amiga “especial” alguna, pero si algún día apareciera algo así en mi vida, tú serías quién primero lo sabría, antes incluso que ella misma, pues una alegría así no la podría guardar para mí sólo, la compartiría contigo incluso antes que con la interesada. Mi palabra Julia, de verdad.
Y aquí se acabaron, de momento, las tribulaciones de la pobre Julia, que volvió a ver, desde ese momento, una hermosa y tranquila vida ante ella.

La obsesión de Tomas por la dura y abnegada Magda

La obsesión de Tomás por Magda había tomado dimensiones que desbordaban la propia obsesión incluso, para desembocar en un amor, un enamoramiento realmente ferviente. Sí, por finales Tomás se había enamorado perdidamente de esa mujer inconmensurable para él. Pues la veía muy, pero que muy por encima de él. Ella era independiente como pocas personas, aún para estos principios del siglo XXI. Independiente y resuelta. Ni tan siquiera cabría definirla como mujer enteramente liberada de cualquier tipo de ataduras, lo mismo morales que afectivas, pues en ella todo era al máximo. Al mayor nivel su iniciativa y empuje profesional, y al máximo nivel también sus iniciativas, digamos, personales, en el plano puramente íntimo de su existencia. Así, en ninguno de sus planos vitales admitía más norma o regla que su libre albedrío.
Tomás en cambio era todo lo contrario: En él la norma era el retraimiento, la timidez, la falta de iniciativa en suma. Pero era de alma tierna, con una enorme capacidad para dar cariño y una atroz demanda del mismo. En él todo parecía ser inseguridad, y así era en muchos aspectos, pero poseía una inmensa seguridad en sus afectos. Todo él era, en realidad, necesidad de dar y recibir afecto, cariño, y en este aspecto era firme como una roca.
Sí, Tomás se había enamorado firmemente de Magda, la quería con una efervescencia que apenas si encontraría parangón en nuestra sociedad actual… Pero sucedía que ni él mismo se había enterado aún de eso, de que adoraba más que quería a esa, para él, inalcanzable mujer
De modo, que el estado actual de su “relación” con Magda acabó por no satisfacerle, pues no era suficiente para sus crecientes demandas de acercamiento a la mujer. Quería, necesitaba más concretamente, estar más cercano a ella, tenerla en la distancia corta, no le bastaba con verla, admirarla en la lejanía. Le era imprescindible tenerla a un metro, a centímetros de distancia frente a él, aunque sólo fueran pocas poquísimas veces; aunque solamente fuera una sola vez, pero esa única vez al menos le resultaba imprescindible.
Pero… ¿Cómo lograrlo? ¿Se atrevería a abordarla simplemente? ¡No, en forma alguna, impensable! ¡Se moriría de vergüenza con sólo intentarlo!

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No, ese procedimiento era ilusorio, tenía que encontrar una fórmula que le permitiera acercarse a ella, tenerla todo lo cerca que sus deseos demandaban, pero en forma que pareciera casual, sin aparente provocación por su parte.
La primera solución al problema la concibió el día que observó en las cristaleras del supermercado próximo un cartel demandando repartidor mañanero de leche a domicilio. El sabía que al edificio de Magda cada mañana repartían leche de ese mismo supermercado, el único cercano. Luego si Magda era uno de los vecinos que entonces recibían la leche pues… ¡Verla cada mañana muy de cerca estaría hecho! Dicho y hecho; de inmediato Tomás entró en el establecimiento para informarse del asunto. Efectivamente, era para atender esa misma calle amén de alguna otra próxima, pues el anterior repartidor acababa de despedirse, cualquiera sabía el por qué. Consiguió la plaza empezando de inmediato a ejercerla, lo que significaría levantarse sobre las cinco y poco de la mañana pues debía estar en la tienda a hacerse caro del carrito con las botellas cuyo reparto debía empezar no más tarde de las seis. De seis a ocho tenía tiempo suficiente para concluir el reparto y estar en Correos antes de las ocho y media, la hora de entrada.
Y sí, tuvo suerte pues Magda figuraba entre las clientas que así recibían cada día su botella de leche, y cada mañana era ella la que salía a la puerta del apartamento a recoger la leche pues madrugaba bastante, no después de las seis estaba de pie, pues le gustaba hacer algo de ejercicio cada mañana antes de partir al trabajo.
Pero aquello no fue suficiente pata Tomás. Sí, la veía cada mañana, y cerca, muy cerca de él, más que seguramente nunca la tendría, a someros centímetros; pero el tiempo que duraba su embeleso era tan, tan corto, tan cortísimo, que se le hacía en exceso ínfimo. Luego ideó otra forma de acercarse a ella. O mejor sería decir que haría que fuera ella la que, involuntariamente, se acercara a él hasta distancia inverosímilmente corta también.
Así, al volver a casa después del trabajo, un día pasó por el portal de Magda y depositó en su buzón un aviso de certificado. Falso, absolutamente falso, pero logró lo que quería, pues dos días después tenía a Magda ante él, al otro lado de la ventanilla y a sólo centímetros de distancia. Por vez primera pudo admirar su gran belleza en todo su esplendor, sin distancia alguna que velara nada de esa hermosura…
Como es lógico, el diálogo mantenido fue en verdad ínfimo
• Este certificado, por favor
Tomás representó a la perfección el papel de buscar el certificado entre los entonces disponibles, para a continuación consultar el libro registro
• Pues aquí no hay nada, señorita. No hay ningún certificado para usted
• Entonces, ¿este aviso qué significa?
• No lo sé señorita. No puedo explicármelo. Pero compruébelo usted misma si quiere. Tome el registro de entrada de certificados. Verá que ese certificado ahí no existe.
• ¡De locos! ¡Esto es de locos!
Magda tomó el aviso que Tomás le devolvía, lo estrujó con su mano, lo lanzó encolerizada al suelo y abandonó la oficina postal con un sonoro portazo tras de sí
Un par de semanas después Tomás repitió su “hazaña”, introduciendo en el buzón de Magda un aviso de giro postal, tan falso como el aviso de certificado, con lo que la escena en la estafeta de Correos y ante él se repitió casi punto por punto a la vez anterior.
Cerca de un mes después, Tomás, una vez más, introdujo en el buzón de Magda un nuevo aviso falso, otra vez de giro postal. Pero esa atardecida, cuando volvió a su función observadora al timbrazo de aviso que el reloj despertador le lanzara, el espectáculo que su admirada Magda le ofreció, fue inusitado, increíble en aquella fría y dura mujer.

Los lloros de ella y Tomás como directo espectador

Y es que aquella noche, sí, noche pues no era ya la tarde sino la noche bien entrada, Tomás vio llorar a Magda…
Como de costumbre, cuando el timbrazo del reloj despertador le avisó que eran ya las ocho de la tarde, el muchacho dejó el libro en que hasta entonces se ocupara para ponerse a observar el apartamento de Magda, pero no vio nada, todo estaba a oscuras, la mujer no debía haber llegado todavía. Esperó pacientemente hasta las ocho y media, después hasta las nueve, las nueve y media, hasta las diez incluso, pero su admirado objetivo, su obsesión de observador no apareció por allí, cosa rara en ella, pues pocas veces vio que faltara a su rutina de regresar a casa sobre las ocho, minuto antes, minuto después. Cenó con Julia cuando ésta le llamó con la mesa ya preparada y después volvió a “asomarse” al apartamento de sus obsesiones con idéntico resultado de antes: Magda no aparecía por allí, y el lugar estaba totalmente a oscuras.
Tomás acabó por acostarse poco más allá de las once, como solía hacer y se durmió. Pero ya de madrugada, casi la una después vio que eran en el despertador, al detenerse un coche en la calle le despertó. Cosa bastante rara, pues el coche se detuvo con absoluta normalidad, sin ruido de frenos alguno; más bien, pareció una especie de sobresalto, un impulso de su ser autónomo de voluntad o motivo externo alguno. Una de esas sensaciones imprevistas que a veces hacen que nos despertemos sin razón ni motivo aparente, pero que hace que estemos como sobresaltados. Así fue como Tomás se despertó esa madrugada e instintivamente corrió a la ventana, a tiempo de ver cómo del interior de un automóvil aparcado justo debajo de las ventanas de Magda, esta se apeaba con mucho ímpetu, casi se diría que furiosa, y al instante se escuchaba una voz masculina.
• ¡Eres idiota, idiota de remate!
En ese momento un hombre también se apeó del coche por la puerta del conductor y, de inmediato, Magda volvió sobre sus pasos hasta llegar donde el vehículo y descargó un fuerte puñetazo sobre la cubierta del techo. Seguidamente, volvió la espalda a vehículo y hombre y a paso rápido se dirigió a su portal desapareciendo en él en segundos. El hombre volvió a entrar en el coche y partió de allí chirriando neumáticos.

Al momento, Magda apareció en el teleobjetivo de Tomás, que al ver desaparecer de su vista a la chica corrió a su puesto de impenitente observador, esperando verla aparecer en el apartamento. Y Magda apareció en él y en el visor del teleobjetivo que la enfocaba. Se quitó los zapatos junto a la puerta de entrada, como solía hacer y, también como de costumbre, sacó del frigorífico la botella de leche que colocó sobre la mesa. Se sentó entonces a la mesa, cosa nada habitual, y al sentarse rozó la botella que se volcó, derramando parte del contenido sobre la mesa. Magda levantó la botella, la dejó de nuevo sobre la mesa… y empezó a llorar… Desconsolada, agitándosele todo el cuerpo a los sentidos sollozos que la convulsionaban por completo. Con la cabeza hundida entre los brazos, el torso totalmente echado sobre la mesa y las manos mesando las bellísimos cabellos, convulsionado todo el cuerpo a cada espasmo provocado por los sollozos, Magda era la viva estampa del dolor más intenso. Tomás quedó anonadado ante esta visión; el dolor de la mujer parecía sentirlo en su propio yo, en lo más hondo de su ser, y entonces lo comprendió; entonces fue nítidamente consciente de lo que aquella mujer, aquella casi desconocida, había obrado en él sin que él mismo se diera cuenta, fuera consciente de ello: La quería, la amaba casi con desesperación. O bueno, sin el casi, pues también entendió que su amor era desesperado, sin posibilidad alguna de nada; esa mujer siempre le estaría vedada, pues ¿cómo pretender que una diosa se fijara en el mortal más insignificante de la tierra? Imposible de los mayores imposibles.
Tomás dejó de observar a Magda. Tapó el visor del teleobjetivo y le cubrió con el pequeño paño que tapaba el aparato cuando no estaba de “servicio”. Y desde entonces se olvidó de sus “vigilancias” vespertino-nocturnas.
Estuvo así, sin observar a la mujer de sus sueños un par de días, durante los cuales sólo la veía por las mañanas, cuando le dejaba la leche en su puerta. Pero al tercero la vio aparecer por la oficina de Correos; venía con el segundo aviso de giro, falso claro está, que recibiera, el que Tomás dejó en su buzón la misma mañana del día en que la vio llorar. Se lo había dejado al salir del edificio tras dejar las correspondientes botellas de leche.
Como las dos veces anteriores, la muchacha se llegó hasta la ventanilla que Tomás atendía, y como en las anteriores ocasiones le presentó el aviso reclamando el dinero correspondiente. Y, como en las anteriores veces, Tomás le dijo que el tal giro no aparecía entre los que el registro de entradas contenía. Pero esa mañana Magda no se rindió tan fácilmente como en las anteriores, sino que demandó la presencia del director de la oficina. Pronto Magda pudo comprobar que tal pretensión había sido una de las peores decisiones que en su vida tomara, pues se encontró con un ente femenino que más asemejaba fiera corrúpea que ser humano alguno, y lo de “femenino” es por decir algo, pues en un antiguo sargento de coraceros napoleónicos, con su fiero mostacho y todo, habría más femineidad que en semejante búfalo cafre, que aunque fuera en búfalo hembra más cafre no podía ser. En fin, que la “fiera corrúpea” apabulló de tal manera a la entonces, y puede que por primera y única vez en su vida, infeliz Magda que ésta salió despavorida de la oficina postal. Y no era para menos, pues aquel energúmeno con faldas llegó a acusarla de querer estafar al Estado, y de milagro no llamó a la policía, la Benemérita y cuantas Fuerzas del Orden hay en España.
Al momento Tomás salió despendolado tras el amor de sus amores. Tan pronto estuvo en la calle la divisó y emprendió la carrera tras de ella hasta alcanzarla; entonces, aminoró el paso y quedó tras ella pero muy junto a ella. Así caminaron ambos algún metro, hasta que ella se detuvo un momento para decirle
• ¿Quiere usted algo de mí?
Magda le recordaba ahora perfectamente: Era el mismo agente de Correos que la atendiera tras la ventanilla de giros; y recordó también que era el mismo que las veces anteriores la atendiera. La mujer volvió la espalda a Tomás y siguió caminando; y de nuevo Tomas apretó el paso tras ella hasta volver a alcanzarla
• Sólo quería decirle que no había dinero para usted
• ¿Y los avisos? ¿De dónde salieron? ¡Yo los encontré en mi buzón, no son invención mía!
• Lo sé. Yo se los coloqué. Son falsos, enteramente falsos
• ¿Por qué? No lo entiendo ¿Por qué?… Es de locos… ¿Está usted loco acaso?
• Porque quería verla de cerca
• ¿Qué quería verme? ¡Está loco, francamente loco!
Dicho esto Magda volvió a andar, volvió a dar la espalda a Tomás apretando el paso para alejarse de quién le parecía loco y tal vez, hasta peligroso. Tomás quedó un minuto viendo cómo ella se alejaba de él, y al poco reaccionó para gritarle a la que se alejaba
• ¡Porque hace dos días la vi llorar!
Al escuchar eso, Magda se detuvo en seco, se volvió hacia el joven y casi corriendo estuvo ante él. Tomás la veía acercarse y sintió que un nudo taponaba su garganta, haciendo que le costara trabajo tragar la saliva, respirar casi
• ¿Cómo sabe usted eso?
Sí, le habían atrapado, se acababa de denunciar a sí mismo. Pues bien, esa resolución que tantas veces antes apareciera cuando se encontró en situación difícil, reapareció ahora. Casi dominó el pánico que segundos antes se apoderara de él, y decidió mantener el tipo a toda costa. El ser apocado que de por sí era, desapareció como por ensalmo.
• La estaba observando entonces. La observo a diario, a través de la ventana. Cada día invado su intimidad con un teleobjetivo
Ahora la que quedó clavada por un momento fue Magda. Indignada le dijo con heladora frialdad
• ¡Fuera de mi vista! –Le dio un empellón y prosiguió- ¡Vete a la mierda, degenerado, hijo de mala madre!
Magda volvió a darle la espalda y alejarse de él, pero se detuvo de nuevo. Le enfrentó otra vez y no lo preguntó, sino que rotundamente lo afirmó
• Y también serás el cornudo que se entretiene en llamarme sin pronunciar palabra ¿No es así?
Tomás se limitó a asentir con la cabeza. Magda le miró con infinito desprecio, desprecio que expresó seguidamente
• Eres un ser miserable, absolutamente despreciable. Ni tan siquiera me puedo enfurecer contigo, pues no ofende quien quiere sino quien puede, y tú, moralmente, eres tan “enano” que tus ofensas no pueden alcanzar a nadie.

Salivazo y desprecio rotundo de la protagonista Magada

A continuación, Magda expresó más gráficamente su enorme desprecio arrojando un salivazo en dirección a Tomás, salivazo que por poco no le alcanza, pues quedó en el suelo a menos de un metro de sus zapatos. Luego, como la diosa que para el muchacho era, volvió a darle la espalda alejándose de él definitivamente. Tomás quedó un momento parado, observando cómo su reina se marchaba y al final regresó a su oficina.
A las ocho en punto de la tarde el despertador volvió a avisarle y Tomás regresó a su diaria “vigilancia”. El apartamento de Magda estaba por entro a oscuras, pero eso fue sólo unos segundos, pues no habrían pasado ni diez cuando se iluminó, se iluminaron las dos ventanas por las que el apartamento se abría a la calle, el amplio ventanal del salón y la normal ventana de la cocina. Allí estaba ella, esperándole sin duda, pues tenía el rostro pegado a la cristalera del ventanal y oteaba con interés hacia el frente, haciendo incluso pantalla con sus manos. Llevaba encima una bata que no recordaba el muchacho haberle visto antes, pues no era nada de escotada y diría que le llegaba hasta los pies, sin dejar ver absolutamente nada de su cuerpo escultural. Tomás se retiró un momento del teleobjetivo, casi asustado ante la casi seguridad de que ella le observaba a su vez a él, aunque sin ayuda alguna de aparato óptico alguno, sólo con su agudeza visual. Estaba seguro de que sus miradas se habían cruzado un segundo antes. Y así debió de ser pues Magda al instante suspendió su atención visual, se despojó lentamente de la monumental bata y entonces apareció un atuendo de verdadero ensueño. Era algo así como un camisón en raso negro adornado con encajes del mismo color, pero conformando un conjunto de lo más sensual. La parte superior la formaban unos tirantes anchos y abombados que caían descuidados sobre la cintura dejando sus pechos con muy poco para la imaginación; por su parte la, digamos falda, era larga, llegando hasta el suelo pero por entero abierta por delante, con lo que las braguitas del mismo raso negro que el camisón y, como éste, también adornadas con blonda negra, quedaban enteramente a la vista. Lo que nunca percibió Tomás es que atuendo tan perturbador lo había escogido Magda especialmente para él, no porque exactamente deseara recrearle la vista, no, ni mucho menos; era pura y simple venganza, venganza maquiavélica podría decirse, pues el propósito era someter al entrometido muchacho a algo así como el tormento de Tántalo: Quería que apreciara sus encantos en todo su esplendor, que la deseara como nunca desearía en su vida a una mujer, para a continuación aplicar el “Lo verás, pero nunca, nunca lo catarás”. Quería, en definitiva, ponerle los “dientes largos” para que se quedara con más “ganas” que nunca, y, al final lo de “Pies fríos y cabeza caliente”.
Tras despojarse de la bata dio unos pasos por el saloncito acercándose lenta, muy, muy lentamente al sofá convertible; extendió la cama, que empujó hacia el centro de la salita con lo que la visión del mueble mejoró considerablemente, hasta casi formar un primer plano ante el teleobjetivo. Una vez la cama puesta a su gusto, Magda tomó el teléfono y con el auricular empezó a hacer señas a Tomás. Indudablemente, ella quería que él la llamara. Tomás así lo hizo escuchando estas palabras de la muchacha tan pronto ella descolgó el teléfono al primer timbrazo
• Nenito no te pierdas ni un detalle de lo que aquí pase en adelante. Te dedico a ti, y muy especialmente, el espectáculo que enseguida verás.
Efectivamente, apenas unos minutos después Tomás vio cómo Magda iba hasta la puerta y la abría dando paso a un hombre que ya Tomás viera aparecer por aquel apartamento unas cuantas veces antes, acabando siempre la pareja en la cama, manteniendo esa dulce “brega” cuerpo a cuerpo. Sólo que en aquellas ocasiones precedentes la susodicha cama no estaba tan en primer plano de su teleobjetivo como en ese momento estaba.
En esta ocasión Magda fue muy, pero que muy “efusiva” con su visitante; ni comparación con lo que viera en “visitas” anteriores. Cuando el “maromo” entró en el apartamento, Magda, toda solícita, se hizo cargo de la gabardina que llevaba y, cuando se medio acomodó en una butaca con Magda sobre sus rodillas, se desprendió también del grueso jersey de esos llamados de cuello de “cisne” quedando con sólo una ceñida camiseta de colorines, camiseta que salió volando, junto con los ceñidos pantalones vaqueros tan pronto como Magda le arrastró hasta la cama preparada al efecto, con lo que sólo podía lucir los diminutos calzoncillos tipo “slip” que calzaba, así como algún que otro tatuaje de tipo duro que adornaba parte de sus espalda, allá por donde se ubicaban los hombros y la cintura.
Tomás estaba pasando todas las penas del infierno observando aquella maldita sucesión de escenas, que cada una de ellas le arrancaba un girón del alma. Quiso acabar con aquello, cerrar la dichosa sesión de vigilancia, pero no pudo hacerlo. Era superior a sus fuerzas; a pesar del dolor que le causaba no podía renunciar a seguir mirando. Casi, casi, se diría de él que era un verdadero masoquista; o… ¿Quizás, un degenerado, tal y como la propia Magda le acusara? ¿Quién podría responder a eso? Desde luego, Tomás no. Ni tampoco le interesaba, ni preguntárselo ni, mucho menos, responderse.
Pero lo cierto es que, por finales, se apartó de la ventana… Y lloró… Sí, lloró amargamente. Por eso, por suspender su “vigilancia”, no vio cómo, cuando Magda y el “fulano” se revolcaban a modo por la cama, ella paró un momento y, señalando en la dirección de la ventana desde la que estaba segura que Tomás les observaba atentamente, le dijo algo a su compañero de cama. Este, al momento saltó de la cama, se escurrió alrededor de la cama procurando sustraer su desnudez al, de par en par, abierto ventanal, se vistió lo mejor y más rápidamente que pudo desapareciendo de la visión que Tomás hubiera podido tener de haber estado observando la escena, como Magda creía que hacía el muchacho en ese momento. Aquí, señalar que, desde que la mujer informara a su “partenaire” sobre las “hazañas” de su joven vecino, se estaba partiendo de risa ante la reacción del “maromo” que momentos antes la “trabajara” tan a fondo… Porque lo que es “trabajarla”, a ciencia cierta que la “trabajó”
Pero como queda dicho de nada de esto se enteró el pobre Tomás, de forma que la primera noticia sobre lo “popular” que para entonces era para el antedicho “maromo” fue el berrido que éste lanzó tan pronto se vio en la calle y bajo la ventana señalada por Magda
• ¡Maldito mirón de mierda! ¡Cornudo hijo de siete padres! ¡Baja aquí, mamón cobarde! ¡Baja si tienes lo que debes de tener! ¡Baja si entre las piernas tienes algún rastro de hombría!
Sólo entonces Tomás se enteró de que algo debía haber ocurrido en el piso de Magda. Se asomó a la ventana y vio abajo al enfurecido “ligue” de Magda. Había escuchado nítidamente sus retos y sabía perfectamente lo que de él se demandaba: Hacer frente, como bueno, a las consecuencias de sus actos. Tomás no era ningún “valentón” y mucho menos un “musculitos”, pero tenía su “alma en su almario” y, desde luego no se iba a echar para atrás ante semejante compromiso, aunque supiera de antemano que toda oposición sería inútil, pues todas las “tortas” se las iban a dar en la misma mejilla, no habría lugar a presentar la otra. Así que, con parsimonia y sin siquiera echarse por encima prenda de abrigo alguna, por más que en Madrid hacía ya tiempo que empezara a refrescar, sobre todo desde que oscurecía, Tomás salió de la casa, bajó a la calle y se llegó hasta donde el “pavo” le esperaba, quedando por entero frente a él. Este era un hombre de unos cuarenta años, tal vez algo menos; barbudo y melenudo, pero con gafas. Y la verdad es que a Tomás, realmente, no le pareció mala persona. Era un hombre más, como cientos, miles, que cada día deambulaban no por Madrid, que sería mucho decir, sino por aquella misma urbanización
• ¿Estabas mirando?
Tomás respondió a la pregunta asintiendo con la cabeza. Entonces volvió a decir el hombre aquel
• Prepárate. Vamos, “capullo”


Tomás apenas si se preparó, simplemente amagó con subir ambos puños cerrados, como en un ensayo de posición defensiva pugilística, pero el devenir del “combate” fue rápido cual rayo que se cierne sobre la Tierra: Se limitó a un solo puñetazo que puso a la “virulé” un ojo de Tomás. Entonces el hombre se inclinó sobre el muchacho y señalándole con el índice extendido le dijo
• No vuelvas a hacerlo. A tu edad eso no es sano… Te puede causar muchos disgustos, zorrita caliente de media sobremesa.

FIN DEL CAPÍTULO, seguirá…

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¡AY, MORITA!

Erotismo y Amor, Follamigos 22/03/2017

Berto, por Norberto, era un tiarrón de metro ochenta, cumplido, y, más-menos, medio metro de hombro a hombro; era natural de Navarra, de la parte de Tudela, más exactamente, esa zona de la provincia donde navarricos, riojanos y cesaraugustanos se dan la mano…Su nacimiento determinó, en buena medida, el rumbo de su vida, pues sus orígenes más tristes no pudieron ser, al tener por madre a una prostituta y de las “trotonas” de antro y calle, y por padre a saber cuál de los clientes de “momó”… Así, resultó ser bueno para casi nada, malo para casi todo… Pero la vida da un montón de vueltas y por una de tales, a sus veintitrés, veinticuatro años, acabó alistándose en la Legión, la española, claro, encontrando allí el hogar y estabilidad que hasta entonces la vida le negara…

Comenzó en la Xª Bandera, Tercio “Alejandro Farnesio”, IVº de la Legión, en Ronda; pasó luego a la Iª Bandera, Tercio “Gran Capitán”, Iº de la Legión, en Melilla… Entre ambos destinos pasó sus primeros cinco años como Caballero Legionario… Y, bien comenzado su sexto año de servicio, fue destinado a la IVª Bandera, Tercio “Duque de Alba”, IIº de la Legión, con base en el cuartel de “El Serrallo”, en Ceuta… Y aquí empezó su particular Calvario…

Fue una noche cualquiera, a pocos meses de estar en Ceuta; con un grupo de “coleguitas” habíase ido de “fulanas”, recalando en un más que nombrado prostíbulo de la ciudad… Allí conoció a Halima, una más que bella morita de veintidós años, marroquí de nacimiento y naturaleza… La frecuentó algunos días, colándose por ella cada día… Y más y más y más, hasta que un día o, más exactamente, una noche, logró de ella el ansiado sí, con lo que, y como dice “La Madelón”, esa por excelencia canción de soldados, “sin temor al futuro ni al pasado” la desposó como su esposa, si no ante Dios, ya que él era ateo practicante y ella no creía en Allah y, menos aún, en su profeta Muhammad, sí ante los hombres, al decirse un sí más que formal ante un juez de la española y africana ciudad…

Como dice otra canción, por cierto, la mar de vigente en los acuartelamientos de la Legión, al tratarse de los fatídicos amores entre una mora y un “legía”, “pasaron días de alegría y de placer” y no, precisamente, en el corto trayecto de un viaje, sino a lo largo de los tres o cuatro años que siguieron…

Pero esa dicha, esa felicidad, se acabó de golpe un aciago día en que, como ya tantos otros, le tocó estar de guardia… Como cotidianamente sucedía, aquél también salió de casa bien tempranico, despidiéndose de su dulce mujercita hasta el día siguiente… Pero la Diosa Fortuna tuvo la veleidad de gastarle una mala pasada en forma de un accidente fortuito que demandó que Berto tuviera que volver a casa para cambiarse pues de la forma más tonta, de un enganchón, quedó, más o menos, con las vergüenzas al aire, del desgarrón tan tremendo que se hizo en el pantalón…

Llegó a casa a eso de las nueve de la noche y, en principio, le extrañó que su amada Halima no saliera cuando él abrió la puerta, pero no le dio mayor importancia… Habrá salido a cualquier recado, se dijo… De manera que, sin más, se dirigió presuroso al dormitorio… Pero cuando entró en la pieza conyugal ya iba más que descompuesto, pues los gemidos y grititos de ella, junto con los bufidos de una voz masculina que escuchó al aproximarse por el pasillo, le hicieron suponer lo que, una vez dentro de la habitación, se ofreció a sus ojos: Su adorada esposa se lo “estaba haciendo”, y en el lecho conyugal, con un “maromo” cualquiera, al que acababa de ver por primera vez en su vida

La pareja se puso lívida al verle entrar, bramando como un poseso… Los dos intentaron taparse, pero Halima no cayó en lo de “Esto no es lo que parece”, pues aquello sólo parecía lo que era, un adulterio como la copa de un pino… Simplemente, se arrastró hasta él, pidiéndole, por lo mucho que se habían querido, que no la matara, al verle demudado…rojo de ira y, lo que era peor, con la “fusca” en la mano… El “maromo”, aprovechando unos momentos de vacilación…de desconcierto, del iracundo Berto, tal como estaba, en “pelota picada”, se lazó de cabeza por la ventana, pues más valía acabar con todos los huesos rotos que no muerto a tiros por aquella especie de Némesis vengadora… Finalmente, Berto cerró los ojos y abrió fuego sobre su amada… Tres disparos a quemarropa que la abatieron sobre el suelo donde, de rodillas ante él, imploraba por su vida, encharcada en sangre… Seguidamente, tiró la pistola al suelo y, tranquilo aunque lívido, desencajado, salió a la calle y se dirigió a la comisaría más próxima
• Vengo a entregarme… Acabo de matar a mi mujer…

—————————————–

Berto pasó siete años en la cárcel por asesinato frustrado, ya que Halima, por finales, no las “diñó”… Aunque por poco, pues los tres proyectiles le taladraron los pulmones… Pero la medicina le salvó la vida… De la cárcel Berto salió hecho un guiñapo, aunque de manera mucho más moral y síquica que física pues, aunque adelgazado, demacrado y tal, de cuerpo no andaba demasiado mal… Pero por dentro, estaba destrozado… La traición de su amada y su propia acción, que casi la mata, le habían anonadado… Hundido irremisiblemente… Ya no era caballero legionario, pues a causa de su condena, le expulsaron de la Legión, y con deshonor, por lo que no tenía nada, salvo la calle para correr…

Se quedó en Ceuta, pues tampoco tenía sitio donde ir, viviendo en la calle… Sus viejos compañeros de vez en cuando, si se topaban con él, le ayudaban, por lo que a días comía decentemente y dormía en una cama… Pero esos días eran los menos, enteramente esporádicos, por lo que comía, cuando comía, de verdadero milagro, las más de las veces rebuscando por las basuras, en especial, de bares y restaurantes y como cama, el duro suelo del vano de algún establecimiento o de algún portal que, milagrosamente, lograba encontrar abierto… Y cuando no, el de la calle a todo ruedo

Y lenta, muy lentamente fue pasando el tiempo, con cada día igual al de ayer…y al de mañana… Y con los días, las semanas fueron quedando atrás y tras de las semanas los meses fueron muriendo, hasta tres o cuatro… Berto tenía por costumbre sentarse en el escalón de la acera de algunas de las más transitadas calles ceutíes… No es que ejerciera la mendicidad, hasta ahí podían llegar las cosas, pedir él limosna, como un pordiosero… Todavía conservaba el suficiente orgullo como para no hacerlo… Al menos, a las claras, pues tampoco hacía ascos a lo que la gente, los viandantes, buenamente, dejaban en la acera, junto a él… Sí; en definitiva practicaba la mendicidad acogiéndose a la pública caridad de las gentes, pero vergonzantemente…

Así le andaban las cosas cuando una anochecida, a eso de las ocho-nueve de la tarde-noche, acertó a allegarse hasta él un antiguo colega, el “Chino” llamado así no porque sus facciones recordaran en modo alguna las de los hijos de “Celeste Imperio”, sino por su probada afición a las “chinas”…las que se fuman, no las otras… El tal “Chino” era un más que viejo conocidos suyo, amén de excelente amigo, ya que ingresó al mismo tiempo que él en la Legión allá en Ronda, en la Xª Bandera.

Se sentó con él, compartiendo el escalón de la acera y, en primera instancia, le invitó a un cigarrillo, pero de los sin “china”, para acabar por cederle el paquete de tabaco; luego, se levantó y de un bar próximo le trajo un descomunal “bocata” de calamares con una caña de vino peleón que Berto empezó a degustar con toda tranquilidad y parsimonia, tras agradecérselo con un escueto “Gracias “Chino”… La conversación siguió por rutas de lo más intrascendentes hasta que el “Chino” le preguntó

• ¿Sabes algo de Halima?
• No… Y malditas las ganas de saber nada…
• Nada que decir, “colega”…
Y se calló; así, callados, permanecieron varios minutos, con el “Chino” mirándole de reojo. Hasta que por fin Berto rompió el mutismo
• Y bueno… ¿Qué tenías que decirme?
• Ah; conque “malditas las ganas de saber nada” de ella, ¿eh?
• ¡Joder “Chino”!… ¡No me toques los cojones!…
(No me gusta usar “palabros” gruesos en mis escritos, por respeto al lector, pero poner en boca de un individuo como Berto, hombre “del broce”, florituras idiomáticas sonaría a falso, y yo pretendo darles el mayor realismo posible a mis historias)
• Pues nada macho… Que la “jay” ha desaparecido…
• ¡Quééé!
• Lo dicho… Que Halima ha desaparecido… Va ya para tres años… Al salir del hospital se fue a vivir con el maromo que se la “beneficiaba”… Estuvieron juntos algo más de tres años… Hasta creo que le hizo un crío… Debe tener ya unos cuatro años… El gachó desapareció más o menos, una semana antes de que ella lo hiciera…
• ¡Acabáramos!… ¡Vaya misterio más misterioso!… Se iría tras él…
• Ya; pero es que el tío, luego, apareció muerto en una calleja de Málaga… Le habían rebanado la nuez de oreja a oreja… Al parecer, tenía “negocios” con un mal bicho… Un tal Arkán… Albano-kosovar, de esos paramilitares de la guerra de los Balcanes, allá por los noventa, que se hincharon a hacer marranadas sin cuento a pobre gente, hombres, mujeres , niños, ancianos… Gente indefensa… Era, digamos, el “mayorista” que surtía de droga, y en cantidad, al pobre diablo… Y al gilipollas del andoba no se ocurrió nada mejor que hacer trampas a su “jefe”… Una “jartá” de euros creo que le “mangó”…

El “Chino” calló y Berto guardó silencio algún instante; serio, adusto… Casi que más lívido que pálido, con el rostro más desencajado que otra cosa, Berto se mantenía con la vista fija al frente aunque, sin duda alguna, sus ojos no veían nada, absorto en sus propios pensamientos

• O sea, que ese albano-kosovar no debe ser ajeno a la desaparición de Halima… Y supongo que también de su hijo… Y, ¿cómo sabes tú todo eso?

El “Chino”, parsimonioso, sacó un segundo paquete de tabaco, este entero; lo abrió, extrajo un cigarrillo, lo encendió, pegó una larga chupada, expeliendo luego el humo, tranquilamente, para empezar a hablar de nuevo

• ¿Recuerdas al “Jaro”?… Aquél rubiales, buena pieza, que acabó cargándose al sargento “Lunares” cuando éste la emprendió a tiros con él por los “cuernos” que su parienta le ponía con el “jincho”… Si recuerdas, logró escaparse, desertando a Marruecos… Le vi hace ya algo…en Tetuán… Militó un tiempo con la gente del Arkán… Me contó lo del “guaperas” que se beneficiaba a tu “jai”… Y sí; efectivamente, el Arkán se apoderó de tu “chorba” cuando su “detalle” puso pies en polvorosa… Como el “Jaro” me decía, nada personal en todo ello; sólo negocios… La “pasta” que el “tronco” de la “titi” le había “urlitao” de alguna forma se la tenía que cobrar… Y “dobladas”, además…

Volvieron a quedar en silencio ambos amigos, fumando los dos con toda parsimonia

• “Chino”, como supondrás, estoy sin un “clavo”… Y ahora, más que nunca, preciso “pasta”… ¿Podría?… ¿Podrías darme algo?…
• ¿Vas a buscarla?
• Se lo debo… ¿No crees?…
• Yo no sé ná Berto… Pero si a ti así te parece… (Se metió la mano al bolsillo y la sacó con algún billete de diez y cinco euros, amén de unas cuantas monedas) Ahora sólo llevo esto encima… Para nada de lo que pretendes va a servirte pero, al menos, hoy no dormirás al raso y mañana podrás comer caliente… Aguarda unos días… Una semana… Hablaré con los “colegas” de la Bandera… Seguro que te echan una mano… Ya sabes… “Con razón, o sin ella”, siempre junto al “legía” en apuros…
No hizo falta que Berto aguardara una semana, pues cinco días más tarde el “Chino” se reunía con él, dándole algo más de dos mil “pavos”

Un par de días más tarde Berto estaba en Tánger; buscó, buscó y buscó por cuantos sitios se le ocurrió que podían tener “trabajando” a Halima… Burdeles, “puticlubs”, discotecas donde recalaban prostitutas… Días y días, semanas y semanas, pateándose la antigua ciudad internacional. Berto se desesperaba, temiéndose que Halima no estuviera en Tánger, pues de ser así, sería punto menos que imposible encontrarla, ya que cualquiera sabe dónde la podrían tener… En aquella parte norteafricana del estrecho no podría estar ya que todas las demás ciudades marroquíes de la zona eran muy, pero que muy, musulmanas, para darse una prostitución mínimamente abierta, rentable pues para cualquier proxeneta… Y lanzarse a buscarla por Casablanca, Marrakech, sería como buscar una aguja en un pajar

No sabía qué hacer… Por finales, como agarrándose a un clavo ardiendo, decidió sumergirse en el submundo marginal de los barrios periféricos, los “Beni Makada”, “Casa Barata” etc., surgidos hacia los 80’s, cuando aquél Marruecos de Hassan IIº quiso “europeizarse” industrializándose… Entonces nacen estos barrios como ciudad-dormitorio para dar vivienda barata a las masas de obreros que debían afluir a esas nuevas Tierras de Promisión… Pero ya se sabe lo que pasa en el Tercer Mundo y, particularmente, en Marruecos, que la corrupción acaba por devorarlo todo, con lo que los dineros que debieron hacer realidad tales proyectos se esfumaron por arte de birli birloque en el bolsillo de unos cuantos afortunados… Los de siempre…

Pero el efecto “Reclamo” estaba ya en marcha y en forma imparable, además, pues el “Régimen” bien que voceó a los cuatro vientos la “Buena Nueva” del fin de la endémica miseria, con lo que el despoblamiento de las miserables, atrasadas, áreas campesinas dio comienzo prosiguiendo a ritmo que día a día se tornaba vertiginoso, con lo que esos barrios, más fantasmales que reales, con sus edificios a medio construir, sus calles sin asfaltar, de tierra polvorienta, sin siquiera sombra de medidas sanitarias, alcantarillado etc., que tornaban en densos barrizales lo que debían haber sido plazas, calles y avenidas, fuéronse superpoblando de forma incesante; con una superpoblación que a sí misma se retroalimentó, pues los índices demográficos se dispararon en cotas más astronómicas que otra cosa…

Por finales, esas barriadas se expandieron hacia el sur-sureste de Tánger en nuevos poblados, pero éstos ya abiertamente chabolistas, chamizos construidos, en el mejor de los casos, de adobe o cascote, cuando no con planchas metálicas, tablas, cartones, lonas, pasando por esas planchas de amianto, onduladas, que era la Uralita de aquellos años 50, 60 y 70, ya prácticamente antediluviana… Entre esa barahúnda humana, como las setas en Otoño, se daba todo ese cortejo connatural a la más abyecta miseria, la drogadicción a escala sobrecogedora, la prostitución callejera, no pocas veces a cambio de una simple “papelina” de “jaco”, “caballo” o heroína, la delincuencia más amenazadora y galopante… Hasta tal punto eso era, es, así, que aún hoy día la policía prefiere no inmiscuirse en los “asuntos internos” de tales babeles y los taxista, ni hartos de grifa, kiffi o lo que sea, se quieren aventurar por tales vericuetos…

Y, entreverados con todo eso, nutridos batallones de niños y niñas, desarrapados, hambrientos las más veces, deambulando a sus anchas por aquí y por allí… Y la explotación sexual de niños y niñas, hasta a veces “alquilados” por sus propios padres a occidentales turistas del sexo, cuando no vendidos a proxenetas para sus prostíbulos en la muy demócrata y civilizada Europa Occidental o en los Estados “Juntitos”… Cuánta niña, cuánto niño, de once, doce, trece años no habrán sido “estrenadas/os”, como vírgenes, una y otra vez, por respetables señores cincuentones, sesentones, de esa Europa Occidental, de esos Estados “Juntitos”, muy honorables esposos y padres de familia todos ellos, “faltabe” más…

En ese inframundo, tremendamente peligroso, se sumergió Berto, ojo avizor, por la cuenta que le tenía… Y que el lugar era muy, pero que muy, peligroso, lo pudo comprobar cuando apenas si llevaría cinco o seis días deambulando por tales andurriales, le salieron al paso tres “pavos” de mucho cuidado, equipados con “chairas” de regular tamaño, bastante más de los 11cm, y más que dispuestos a rebanarle la nuez por lo poco que pudiera llevar en el bolsillo, pero los ánimos de los jaquetones se enfriaron bastante cuando Berto les opuso todo un machete-bayoneta de casi 45 cm de hoja que, para más INRI, parecía capaz de cortar el manido cabello en el aire…

Fue pasando el tiempo, con él esperando pacientemente una luz que iluminara su negro horizonte respecto a lo que tanto, tanto, le interesaba… Los incidentes con la “gente guapa” del entorno no cesaron de menudear, solventándolos todos en un santiamén, lo que fue granjeándole fama de bravo… Y lógico, el “respeto” de lo más florido del hampa circundante… Vamos, que se trocó en “gallo entre gallos”… Rebasaría ya los dos meses de vegetar en tal sitio cuando esa lucecita tan esperada le empezó a brillar en lontananza… Para sorpresa de sorpresas, la luz vino de la mano de uno de aquellos matones que, a poco de llegar a aquél “paraíso”, le salieran al paso, tomándole un “panoli” (un idiota), “jincho” que con las semanas se le “pegó” en plan más fraterno que amistoso

La cosa fue que el “andoba” un buen día le sopló que tenía a la vista un “negocio” que podía reportarles a los dos una “jartá e guita”… El asunto era personarse, con unos cuantos “coleguis” más, una determinada noche, por cierto, que no tendría luna, por ser nueva, en una determinada cala de la costa y allí recoger unas cajas que habría que transportar a través de la mitad de África, atravesándola de oeste a este… Ni más ni menos que hasta Somalia… “Cacharritos” para los piratas que operan en el “Cuerno de África”… O para los “Señores de la Guerra” del lugar, los cabecillas tribales entregados al bello menester de destripar a los individuos de las otras etnias, que lo mismo da que lo mismo toma…

Pero es que, además, el “coleguita” dijo a Berto que los grandes patrones del “negocio” eran un atajo de paramilitares albano-kosovares de muchísimo cuidado… Gente que, por un “quítame allá esas pajas”, te rebanan el pescuezo y se quedan tan frescos… Y eso le llegó al alma al bueno del ex “legía”, pues con bastante fundamento pensó que allí podía estar ese cabo de la madeja que con tanto ahínco buscaba… En fin, que el día y hora convenidos allí estaban Berto, su “fraterno amigo” y otros cuantos hombres más, ocho o diez, controlados por cuatro o cinco tipos cuya sola vista pegaría un susto de muerte al mismísimo miedo, los famosos albano-kosovares, aunque luego resultara que el pelaje del mortal rebaño fuera variopinto, ya que allí había toda una muestra de las etnias balcánicas, pues habían albaneses, de Albania y Kosovo, serbios de Serbia y Bosnia, croatas… Vamos, toda la gama de aquellos montañosos lares europeos…

Cargaron la mercancía en cuatro camiones y carretera y manta, un decir lo de carretera, hacia Somalia… Fue un viaje de días y días, semanas y algo más del mes, entre ir y regresar luego a Tánger, pero sumamente provechoso para Berto, pues acabó atrayéndose la atención y el aprecio, hasta cierto punto lo del aprecio, claro, de uno de los controladores, un serbio de Serbia, por cierto… Cuando éste tipo supo que él había estado en la Legión española, le comentó que él ya había conocido a uno, con lo que Berto le dijo que ya sabía que un antiguo compañero estuvo con verdadera “gente guapa”, su amigo “Jaro”…

Charlaron y charlaron durante todo el viaje, ida y vuelta, y Berto, como quien no quiere la cosa, indagando que te indagarás… Sí, era la gente del llamado Arkán y nuestro amigo fue sonsacando a su reciente “amigo” vida y milagros de aquél grupo de asesinos, pues calificativo distinto en absoluto les cabía… Así supo que no había sitio por donde Satanás soltara al tal Arkán: Tráfico de armas, de droga, dura y blanda, que tanto monta, monta tanto; prostitución, lo mismo por libre elección de las tías que por la fuerza, coacción y demás… Y pederastia; el tal Arkán lo mismo compra críos, crías, de incluso seis siete años que los secuestra para venderlos al mejor postor…
Pero también supo de la horrenda, fría, crueldad de aquella gente, en especial del nombrado Arkán, cuando su nuevo “amigo” le habló de un pobre diablo, un “panoli”, que se quiso pasar de listo estafando al Arkán unos dos o tres mil euros y la forma en que su admirado jefe le mató allá en Málaga, donde le “cazaron”… Una muerte lenta fue la que le dio, personalmente, el no va más del jefe… Horas y horas torturando al pobre infeliz para acabar degollándole… Y el destino que aquél demonio humano dio a su “jai”, la hembra que se beneficiaba, aunándola a su “cuadra” de rameras… Pero una ramera muy especial… Muy, muy selecta…

El gilipollas del “maromo” de la “jai” había sido el único mortal que se atrevió a hacerle trampas al gran hombre y el Arkán le tomó un odio feroz… Odio que no se aplacó con las mil y una perrerías que le hizo antes de ultimarle, sino que lo bifurcó hacia aquella desdicha de mujer… Sabido es que hay degenerados que cifran su mayor placer en someterse a “amas estrictas” del sadomasoquismo, pero no es menos conocido que también hay engendros cuyo éxtasis está en torturar a las mujeres al tiempo de “tirárselas”… Y esta especie de “buenas piezas” también se da entre lo más selecto de la sociedad, magnates del dinero en general, que, en añadidura, están más que dispuestos a pagar bien tales “exquisiteces”… Y a eso dedicó esa especie de sanguinaria fiera bípeda a la desdichada Halima, pues a Berto no le cabía duda de que el gachó con el que la sorprendió “haciéndoselo” aquél aciago día era el “panoli” que se atrevió a estafar al Arkán, luego ella la “jai” a que el serbio se refería

Eso lo tenía Berto más que claro, pero ni remota idea de dónde esa gentuza podía tener a la que, a pesar de todos los pesares, seguía robándole el sueño… Regresaron a Tánger y Berto puso especial cuidado en seguir cultivando la amistad con aquél serbio que más no podía odiar; así conoció a otros tipos de su misma calaña, compañeros en aquella manada de lobos humanos que era la gente del Arkán. Conoció a fondo al clan; la columna vertebral la formaba esa hibridación entre guardia pretoriana y asesinos sin entrañas que era la gente balcánica, unos treinta o cuarenta hombres, pero contando con un “peonaje” de cientos de hombres y mujeres, desahuciados de la vida, como aquél marroquí que le introdujo en ese nuevo entorno de la delincuencia de alto “standing”…al de los más despiadados asesinos, sirviendo en tareas menores, pero no menos importantes, como ojos y oídos donde nadie llega, donde nadie ve ni oye… O acémilas de carga, como esas decenas de marroquíes harapientos que entonces les acompañaban

Hasta llegó a conocer, personalmente, al Arkán y su envidiable villa en una de las urbanizaciones más exclusivas de Tánger… Esa urbanización no era lo que todos entendemos por tal… Allí no había cuadrículas de calles festoneadas por primorosos chalets, o villas, “vilas” como en Tánger se dice por asimilación, castellanizada o españolizada, del francés “ville”; no, allí todo era Naturaleza en estado puro… La tal “Urbanización” era toda la ladera de un promontorio o loma elevada que por el nor-noroeste daba al mar por el cabo Espartel, descendiendo hacia el sur-sureste muy, pero que muy suavemente, a la llanura que ubica la ciudad de Tánger, todo ello poblado de arbolado, bosque de pinos y eucaliptos con algunos olivares alternados; y entre tal paisaje, diseminadas, las parcelas edificadas, sueltas al tuntún, todas ellas constituidas por “villas” o “vilas” aisladas las unas de las otras

La “vila” del Arkán se emplazaba en una de esas parcelas aisladas, pero una parcela, digamos, “a lo bestia”, pues cubría varios miles de metros cuadrados, tres o cuatro mil, al menos. La casa en sí no era tan grande pues, en todo caso, no excedería en mucho los cien metros cuadrados, pero enteramente rodeados por espacio verde, sistemas de jardines unificados en un único Edén, a los que no faltaban idílicos paseos con sus bancos de madera, como en cualquier parque público, sombreados por hileras de árboles que, sin solución de continuidad, bordeaban ambos flancos de cada paseo… Palmas datileras, almendros, higueras y, cómo no, naranjos y limoneros… En los espacios delimitados por esas hileras de árboles, un parterre repleto flores, con una gran fuente en su centro en cuya base un somero estanque recibía las aguas emanadas por la fuente… O un pequeño estanque rectangular alimentado por una o dos fuentes menos pretenciosas que las otras. En la parte de atrás, en medio del jardín constituido por su correspondiente sistema de pequeños jardines, paseos y demás, una gran piscina enmarcada en un recuadro de verde césped… Vamos, una especie de “Paraíso Terrenal” digno de las historias de “Las Mil y Una Noches”… Pero, a poco que uno prestara atención, resultaba que el tal “Paraíso” realmente era un fortín… Para empezar, todo eso estaba rodeado de una cerca de obra, ladrillo visto muy del gusto mudéjar, alta en cerca de cuatro metros; no había guardia ni vigilancia a la vista, pero las cámaras de seguridad abundaban lo mismo a lo lago de esa muralla como, desde la casa, explorando el idílico conjunto externo de jardines.

Al gran hombre Berto le gustó; mantenía buen recuerdo de aquél otro “legía” que en tiempos para él trabajara y este otro le pareció igual, sino mejor, que el pretérito, de modo que se mostró interesado en atraerlo a su servicio… Berto se dejó querer por el magnate del crimen, con lo que llegó a disfrutar de una cierta confianza en aquella lujosa mansión… Así que no perdía comba en fijarse en cuanto a su alrededor sucedía, estudiando, reteniéndolo todo celosamente en su memoria, analizando luego, en la seguridad y tranquilidad de su morada en Beni Makada, cuanto viera, cuanto observara

Y de tales observaciones dedujo algo interesante; allí había alguien muy vigilado… A esa conclusión llegó tras constatar que, de vez en cuando, pero casi todos los días, a este o a aquél tipo de los que habitualmente permanecían en la casa, unos doce o catorce de los matones de Arkán, se le decía

• Fulano, tu turno…

Y el fulano desaparecía por una puerta, la misma por la que al poco aparecía otro de aquellos “angelitos” hasta entonces oculto de la vista del ex legía… Luego, sumar dos y dos era deducir que tras esa puerta se vigilaba a alguien. Aquí y ahora, conviene decir que, al entrar en lo que en sí era esa casa, lo que primero se encontraba era un amplio vestíbulo o recibidor e inmediatamente, una puerta que daba a un enorme salón, con más divanes que sofás, al más puro estilo de las casas árabes adineradas, adosados a sus paredes, con varias mesitas, bajas, colocadas por el centro de la estancia dando servicio a los divanes o sofás… Este salón también disponía de un monumental aparato de televisión, un “home cinema” por todo lo alto, que podía convertir la sala en una cinematográfica, mueble bar más que bien surtido y toda la pesca que quiera uno imaginarse, habida y por haber… Otras dos o tres puertas comunicaban con lo que podríamos llamar el resto de la parte noble de la casa, incluyendo las estancias privadas del dueño de la casa. En tanto a la parte del servicio de la casa se accedía por una puerta lateral del edificio, la de servicio… El salón era, sin embargo, el punto neurálgico de la casa, pues allí se desarrollaba diariamente la vida; todo el día estaba la mar de concurrida, pues allí se reunían todos los pistoleros del “Gran Jefe”, ocupados mayormente en haraganear tirados por los divanes jugando a las cartas y tal y tal…

En fin, que un día Berto se “hizo el loco” y se coló por la famosa puerta; se encontró con un pasillo que apenas cubriría dos o tres metros hacia la izquierda que él, decidido, siguió, llegando a otra puerta que comunicaba, al frente, con la parte “innoble” de la casa, la del servicio, pero que a la derecha vio una escalera que bajaba a lo que parecía un sótano… De momento se quedó confuso, sin poderse explicar aquello del sótano, pues no le parecía que fuera eso el sitio más idóneo para mantener encerrada a una mujer que, indudable, le interesaría que luciera mínimamente esplendorosa, pues quienes se gastan “jartás” de “guita” en una titi no la quieren “mu ezcushimizá” que digamos… Pero al momento recordó lo que también le dijera el “Chino”: “Hasta creo que le hizo un crío… Debe tener ya unos cuatro años”… Sí; eso debía ser; era al hijo de Halima quien estaba allí, secuestrado por el gran hijo de perra albanesa… Seguro; lo usaría como resorte para dominarla a ella, obligarla a pasar por cuanto él quisiera: “Mientras obedezcas, tu hijo vivirá” debía decirle… Con todo el cuidado, todas las precauciones del mundo, fue bajando esas escaleras, unos cinco o seis escalones hasta que, amparado en un recodo, vio sin ser visto el fondo de la escalera; al pie mismo, el tipo que relevara al que apareció luego por aquella puerta del salón, sentado en una silla fumando y “enchufado” a los cascos de un “MP 3” de audio y hacia la derecha lo que sin duda era un camastro, con las piernas de un niño asomando… La pobre criatura ya ni se quejaba, pues debía haber agotado ya cuantas lágrimas era capaz de fabricar su organismo

Pero seguía sin tener ni repajolera idea de dónde encontrar a la madre y, lo cierto, es que el pobre Berto ya ni sabía qué hacer, pues todo en torno a Halima era un muro de silencio… O, al menos, eso le parecía a él… Pero sucedió que no; que el león no era tan fiero como parecía… Vamos, que la cosa más bien había estado en su extrema circunspección… En fin, que un día se le ocurrió comentar a ese nuevo amigo suyo, el serbio de marras, así, como quien no quiere la cosa, que qué morbo poderse “cepillar” a la “gachona” del panoli, a lo que el serbio, riéndose, respondió
• Pues nada tío; mil quinientos euros tendrían la culpa… Y un viaje a Kenitra…

Y así, de la manera más tonta del mundo, supo dónde buscarla… Se estuvo llamado idiota, “tonto’l’haba”, lo menos año y medio, pero salió “pitando”, como alma que lleva el diablo, no exactamente a Kenitra, sino algo más al sur, a Casablanca. Berto no era un delincuente, pero el “paño” lo conocía mejor que bien pues el “talego” te enseña cosa fina en tales artes, y pasarte siete largos años a la “sombra” te hace no ya “licenciado”, sino “Doctor Honoris Causa” en esas lides… Pero es que, además”, respecto a lo de “sabérselas todas”, los meses pasados entre la jauría humana de albaneses y demás, ese inenarrable viaje a Somalia, tampoco eran “moco de pavo”, luego no tuvo que esforzarse o cavilar mucho para saber en qué oídos deslizar ciertas palabritas para agenciarse, por una parte, de un artilugio electrónico que, más que minúsculo, era microscópico… Y una pistola “Beretta”, del 9 largo, y semiautomática, con un montón de cargadores de 20 cartuchos

Solventadas estas bagatelas puso proa, finalmente, a Kenitra. Allí, se registró en un hotel que ni los de “Las Mil y Una Noches”, si es que para cuando el libro se escribió, allá por los siglos VIII y IX, existieran hoteles, que me malicio que más bien no, pero, de haberlos habido, los que alojaran al califa de Bagdad Harun al-Rashid mejores no habrían sido… ¡Como me llamo Haníbal, leñe ya!… Y Berto allí se instaló a todo trapo… Continuamente “tirado” en la tumbona de la playa privada del hotel, que hasta de tal lujo disponía la “covachuela”, suntuosas propinas a los camareros… Y palabritas deslizadas a los oídos del recepcionista, de los camareros… Que si era fanático del sexo duro… Que si no le importaría pagar buenos euros por una sesión de sexo un tanto especial… Muy, muy sibarita… Que si lo que de siempre se hacía con una tía ya le aburría y necesitaba experimentar cosas nuevas… ¡Pero con mujeres, ojo, no vayamos a “fastidiar” la marrana!…

Y allí estaba Berto, en el banco de la paciencia, esperando que te esperarás… Pero, la verdad, su espera no pasó de cuarenta y ocho, setenta y dos horas, pues enseguida aparecieron, una tarde cualquiera, poco después del almuerzo, ya que Berto seguía los usos y costumbres hispánicos en tal cuestión, dos tipos que, sin más ni más, se sentaron junto a él
• Tenemos entendido que usted, caballero, desea mantener una relación… Digamos que muy particular con una mujer… ¿Nos equivocamos, señor?
• Pues… Puede que sí… Pero, también, pudiera ser que no… ¿A qué se refieren, concretamente, caballeros?
• Vaya… Esta sí que es buena… Ni sé cómo mejor explicarme… Vamos a ver… Vamos a ver… ¡Ah!… Ya, ya… A ese respecto, ¿le dice algo el marqués de Sade?
Berto se echó a reír, respondiendo
• ¿Saben?… Casualidades de la vida, pues resulta que me dice mucho… Pero que mucho, mucho… Ja, ja, ja… Curioso, ¿verdad?…
• Muy… Muy curioso… Y… Suponiendo que estemos hablando de lo mismo… ¿Cuánto dinero invertiría en lograr sus más íntimos deseos?
• Y, suponiendo que estemos hablando de lo mismo… ¿Por cuántos euros ustedes harían realidad esos deseos?

Se sonrieron los dos y uno de ellos, bajando la voz, dijo
• Una hora con una señorita… Muy… Pero que muy, muy “sufrida”, sólo mil quinientos euros

Berto se rascó la cabeza, haciendo, fungiendo, pensárselo
• ¿No es un poco caro?… Mil quinientos euros son muchos… Muchos euros…
• Y lo que nosotros le ofrecemos es único… ¿Cuánto vale una cosa que es única?… ¿Cuánto vale el “Discóbolo”, “La Gioconda”, las pirámides de Egipto, la Alhambra de Granada, la Giralda?…
• ¡Por favor, señores!… No desvariemos… Que lo que dicen es desvariar
• Pues, como usted decía, puede que sí sea así, pero también puede que no… Simple cuestión de apreciaciones… Claro que si usted no aprecia las cosas como nosotros, en principio, creíamos, pienso que estamos perdiendo el tiempo… Lamentamos habernos equivocado… Perdone usted, caballero…

Los dos hombres se levantaron dispuestos a marcharse y Berto se echó atrás en su indolente postura
• ¡Esperen, esperen, señores!… No se vayan tan rápido, que yo aún no he dicho que no
• Pero, reconozca conmigo, que eso es lo que se desprende de su negativa actitud y nosotros somos personas muy ocupadas… Nuestro tiempo es precioso y no podemos ir por ahí desperdiciándolo… Y con usted ya hemos invertido bastante, luego, por favor, decídase… ¿Le interesa o no le interesa?

Desde luego que no podría decirse que aquellos tíos no fueran más que directamente al grano… Y claro está, Berto dijo que sí… Y hasta pidió perdón por su inicial displicencia… Así ocurrió que dos días después un coche, con los cristales tan tintados que parecían negros, le recogió de la terraza callejera de un conocido café; sin duda alguna, Berto fue consciente de ello, el vehículo dio vueltas y vueltas por la ciudad, en intento de despistar al viajero a fin de mantener en el mayor incógnito el lugar al que le conducía… Ya se lo habían indicado cuando detallaron las condiciones del “negocio”: Su índole era tan “especial”, que mejor mantenerlo todo en el mayor arcano, pues “en boca cerrada no entran moscas”… Y si los ojos no ven, la boca tampoco puede hablar

Por fin el automóvil se detuvo; Berto era consciente de que momentos antes habían atravesado unas portadas que, además, debían ser bastante grandes, pesadas, pues el ruido que hicieron al abrirse y luego cerrarse fue más que sonado; después, momentos más tarde, supo que atravesaban otra portada, doble también, pero que debía ser bastante menos pesada pues su chirrido no fu nada del otro mundo. Allí, el chofer que le llevaba le invitó a apearse; al poner pie en tierra comprobó que estaba en lo que, a todas luces, era un garaje; el chófer le sirvió de guía para encaminarle a un ascensor que le llevó a la planta superior, y allí fue una mujer, marroquí por más señas, quien le recibió la mar de obsequiosa, conduciéndole hasta una habitación
• Ya puede usted ponerse cómodo, caballero… Enseguida tendrá usted aquí a la señorita…

Hizo ademán de salir de la habitación pero, con ya el pomo en la mano en última acción de cerrar la puerta, pareció recordar algo, por lo que añadió
• Ah, por cierto; en el mueble bar hay todo tipo de bebidas, alcohólicas y zumos… Y sobre la cómoda, “canutos” y un poco de coca…gentileza de la casa para con sus clientes… Que lo pase usted muy bien, caballero

Entonces sí que cerró… Suavemente, sin apenas hacer ruido, pero la puerta quedó firmemente cerrada… Y a Berto le empezó a entrar miedo… aquél era el momento más temido de su aventura, cuando ella le viera… Si alguien se daba cuenta de que ambos ya se conocían, todo se podía ir al traste y a saber qué consecuencia podían venir aparejadas… Esperaba que, cuando Halima entrara en la habitación, lo hiciera sola, que a él le diera tiempo para hacerle señas de que guardara silencio y que ella entendiera todo eso, y se callara… No soltara un grito nada más verle… Total nada… Toda una carrera de obstáculos a salvar sobre la marcha…

No le dio tiempo a pensar, a temblar mucho, pues en menos que se santigua un cura loco, la puerta volvió a abrirse dando paso a Halima… Y, al momento, a Berto se le cayó el alma a los pies, pues la que fuera su mujer, la que todavía, legalmente, lo era, no había Dios que la reconociera… Ya no es que estuviera delgada, pálida, demacrada, hasta parecer anémica… Que estuviera hecha una auténtica ruina… No; eso no era lo peor, sino sus ojos, por un lado muertos, pero por otro brillantes, con ese tan especial brillo del “drogata” que ya está permanente “colgado”… Esa apariencia de ido, de loco… De loca, en este caso… Halima, prácticamente desnuda, pues no la cubría más que una bata que, para más INRI, la llevaba abierta de arriba abajo, repetía una y otra vez la misma cantinela, con voz monótona, impersonal…
• Soy muy buena…Sí… Soy muy buena… Ya verás lo bien que te lo pasas conmigo… Soy muy buena…

Berto fue a ella, la estrechó entre sus brazos, la besó…
• ¡Halima!… ¡Halima!… ¡Mi amor…mi vida!… ¡Soy yo, Berto!… Halima, ¡por Dios!… ¡Reacciona!… ¡Reacciona mi amor!…

Pero Halima no reaccionaba, siguiendo con su retahíla…
• Soy muy buena, muy buena…Sí… Soy muy buena… Muy…muy buena…

Aquello era una salmodia repetida y repetida hasta la saciedad… Pero que, en verdad, no era nada… Halima lo repetía, pero como un loro repite lo que oye… Ella ya no era una persona, sino un robot… O, mejor, un zombi, una zombi… Un ser muerto en vida… No se enteraba de nada, no le veía…no le oía… Vivía en su nube… En su nube de drogadicta, sin duda forzada, pues eso, drogar a las mujeres hasta hacer de ellas eso, “robots humanos”, que, estando así, bastante más que en un “viaje”, son dóciles instrumentos en manos de esa…de esa… ¡Ni palabras…ni epítetos suficientemente contundentes para definirlos encontraba ya Berto en su desgarrada jerga mitad legionaria, mitad carcelaria!…

Abrazó dulcemente a la pobre Halima, sintiendo su propia alma, su propio corazón… Todo su ser, en suma, embargado por durísimo, horrísono, dolor ante lo que veía… Ella, Halima, seguía igual repitiendo su salmodiante retahíla, pero algo también en ella cambiaba. Pues Berto supo que la mujer, en un momento dado, se abrazó de verdad a él y fue consciente de que lágrimas ya incontenibles comenzaban a surcar ese su rostro ya, más que macilento… También apreció cómo la mujer, casi continuamente, semi absorta en él, le miraba, dedicándole una sonrisa apenas perceptible… Un odio bestial, irracional, había brotado en él tan pronto vio y asumió lo que con Halima estaba haciendo la ominosa mente criminal del albano-kosovar… Sí, un odio de esos llamados “Cartaginés”, por el mítico juramento que, según la leyenda, que no la Historia, su padre, Hamílcar Barca, obligara a hacer a Haníbal Barca: “Odio eterno a Roma” (1)… Pero, al propio tiempo, combinado con una ternura hacia aquella mujer en verdad inigualable, cuando más, superable…

Así que, lleno de cariño, de dulce suavidad, la llevó hacia la cama
• No te preocupes Halima; cariño mío… Tu tortura se ha acabado… Yo te protegeré… Enmendaré, de verdad, aquello tan horrible que te hice… Duerme, mi amor… Descansa, descansa ángel mío…

Sí; la había llevado hasta la cama y tumbado sobre ella, cerrándole, amorosamente, la abierta bata… Le acarició las mejillas, el pelo, la besó en la frente…con Halima sonriéndole, suspendida ya la aprendida retahíla, mientras suavemente, con infinita ternura y cariño en la voz, le pedía que cerrara los ojos y durmiera… La mujer seguía con sus ojos fijos en él y la feliz sonrisa en los labios, pero hizo lo que Berto le decía: Cerró los ojos y, a todas luces, fue quedándose entregada al sueño… Tal vez fuera la primera vez que, en años, su sueño era tranquilo, sin pesadillas que la aterraran…

Berto entonces, cuando la vio más tranquila, se dirigió resuelto a la puerta, a manos limpias, por cierto, pues cuando salió del hotel para ser conducido hasta allí, ni proyecto tenía de en lo que la tarde iba a derivar; salió desarmado, previendo lo que, en verdad, sucedió: Ser cacheado antes de subir al automóvil… Y así, a manos limpias, salió al pasillo… En tal momento se le acercaban, por su izquierda, la mujer marroquí que le atendiera al llegar, indudablemente la “madame” del antro y un tipo al que no conocía, fornido, alto… Más menos, el tipo general de la banda de pistoleros del Arkán… La mujer le vio y, solícita hasta ser empalagosa, dijo
• ¿Desea usted alg…?

No pudo seguir hablando, pues el ex “legía” la agarró por el cuello y, torciéndoselo contundentemente, se lo tronchó en un santiamén, matándola en el acto… El hombre que la acompañaba, cogido por sorpresa, intentó retroceder hacia atrás al tiempo que se llevaba la mano a la trasera del pantalón… Tampoco pudo hacer más, pues Berto le cayó encima, arrastrándolo al suelo, al tiempo que su mano derecha, grande cual rueda de molino, se aferraba a su cuello, presionando salvajemente las dos carótidas, causándole así mismo la muerte en un par de minutos, sin permitirle emitir ni un mínimo sonido de alarma

Deshecho de esos dos primeros enemigos, registró al hombre, cobrándose una pistola, lo malo que con un solo cargador, pero también una “chaira” de regular tamaño, quince o dieciséis centímetros lo menos… Con un arma en una mano y la otra en la contraria, fue avanzando, cual lobo al acecho, en busca de sus siguientes presas… Hora y pico después, la villa, pues eso era el lugar, estaba libre de esbirros, reducidos a cinco cadáveres cuando Berto, con Halima en sus brazos, se metía en el automóvil que hasta allí le llevara, partiendo, en el acto, hacia Ceuta

Era ya noche cerrada, las diez o las once, cuando Berto, con Halima a su lado, entraba en la española ciudad norteafricana. Directamente se dirigió a la casita baja que en el barrio musulmán habitaba el “Chino” con su “detalle”, una chica marroquí, Muna, de casi treinta años ya y de la que tenía dos críos, niño y niña; no hizo falta que explicara o dijera nada, pues del tirón la pareja del “Chino” se hizo cargo de Halima…
• ¡Dios de mi vida, hijita!… ¡Qué te han hecho, cariño!… ¡Qué te han hecho!…

Berto preguntó al ”Chino” si le podía dar algo de munición y su amigo le alargó dos cajas del 9 largo “Parabellum”, al tiempo que tomaba él mismo dos pistolas y otras cajas de munición diciendo
• Andando Berto; vamos a darles ”matarile” a esos cabrones, hijos de puta, de los eslavos
• Esto no va contigo, “Chino”; esto es sólo cuestión mía…
• Y una mierda “pa” ti… También Halima es amiga mía… Y de Muna… Y a esos hijos de puta hay que “apiolarlos” para que aprendan a respetar a los “legías”… Y eres mi “colega”, mi compañero… “Al grito de “A mí, la Legión”, acudirán todos y, con razón o sin ella, ayudarán al compañero en apuros”… Ya lo sabes… O, ¿has olvidado nuestro “Credo”…el que nos legó nuestro fundador, Millán-Astray?…

No hubo más que hablar, y los dos partieron rumbo a Tánger; llegaron a la “Urbanización” donde el Arkán tenía su lujosa morada con las primeras horas de la madrugada; valiéndose de un corta-alambres abrieron un boquete en la alambrada que circundaba toda esa zona, colándose dentro sin que nadie se apercibiera de ello, llegando en minutos a la vista del predio del albano-kosovar y, una vez allí, se dedicaron a esperar, oteando de continuo su objetivo. Dejando transcurrir el tiempo hasta hacerse próximas las cinco de la mañana; entonces se pusieron en movimiento. Previamente, con un inhibidor de frecuencias, anularon la acción de las cámaras de seguridad, dejando ciegos los monitores de dichas cámaras; bajo tal protección cubrieron la distancia hasta la casa, cuya puerta echaron abajo a tiro limpio, para seguidamente entrar en el salón disparando a quemarropa sobre todo cuanto se movía… Fue algo así como un abrir y cerrar de ojos el dejar toda la estancia cubierta de cadáveres en las más ridículas poses imaginables… Al ruido de los disparos empezaron a llegar a la sala nuevos hombres que, al instante, pagaban cara su osadía de entrar allí impunemente… Vamos, que no fueron más que minutos los transcurridos desde que entraron en la casa hasta que allí no quedó títere con cabeza…

Por cierto, que al Arkán lo “cazaron” vivito y coleando… El “gran hombre” estaba durmiendo tranquilamente, en sus particulares habitaciones, cuando empezó el “fregado”, atrapándole en “cayumbos” (calzoncillos/calzones)… Se derrumbó al instante, arrojándose por el suelo implorando piedad y misericordia… En su vida Berto odió y despreció tanto a nadie como entonces odiaba y despreciaba a aquella fiera sanguinaria… Aquella alimaña bípeda… El sádico criminal, postrado de hinojos ante ellos, rogaba, llorando, por su vida, prometiéndoles, además, el “oro y el moro” si le dejaban vivir… Primero, la mitad de cuanto poseía, luego la totalidad de su fortuna…

Berto le miraba fríamente, en silencio, y el “Chino” se mofaba, se reía de él en sus narices, amagando dispararle con el consiguiente espanto del amenazado… Por fin, hablándole suavemente, casi amistosamente, Berto le pidió, si no tenía inconveniente, claro, que les sirviera sendos whiskys, y el albanés casi ve entonces el cielo abierto… ¡Cómo iba a tener él inconveniente en servir, personalmente, a tan insignes “amigos”!… Servilmente hizo cuanto le pedían, sirviendo los vasos, con su hielo, y dejando la botella al alcance de sus “huéspedes” sobre la mesita baja junto a la que ambos se sentaban en dos sofás pareados… Berto bebió un par de sorbos de su vaso, para decir a continuación
• ¿Sabes Arkán?… Eres una rata asquerosa, pero es que, además, resultas ser un cobarde… Muy “macho” tú, ante gente indefensa… Pobres diablos…inermes mujeres… Pero cuando te toca perder, pierdes la compostura… Mírate, temblando de miedo… De rodillas, pidiendo clemencia… La clemencia que tú no tuviste con tus víctimas, a las que no te limitaste a, simplemente, matarlas, sino que tenías que torturarlas… Tenías que recrearte en su dolor… Sólo mereces la muerte… Pero no una muerte rápida… No; una muerte lenta es lo que mereces…

Arkán lanzó un alarido de terror, se revolcó por el suelo, maldijo a sus dos “amigos” hasta la enésima generación de sus antecesores y, por finales, intentó lanzarse contra Berto, que lo detuvo de un contundente golpe en la cara con la pistola que empuñaba… La alimaña de dos patas volvió a caer al suelo, lanzando aullidos de dolor, con la boca destrozada, sangrando como un cerdo a medio degollar, escupiendo esquirlas dentales… Y Berto, cual Némesis vengadora, disparó; un solo proyectil al estómago del odiado ser… Para qué más… Uno era suficiente para causarle, finalmente, la muerte, tras horas de dolorosa agonía… Tranquilamente, esta especie de Némesis, se repantingó en su sofá o diván, bebiendo su whisky a sorbos, regodeándose en la lenta, espantosa, muerte del causante de los males de Halima… Peo el “Chino” fue algo más caritativo con el cuitado, finiquitando, de un disparo en la cabeza, su agónica tortura

————————————-

La recuperación de Halima fue lenta… Muy, muy lenta… En un principio, ella no tenía nada claro… Recordaba cosas, pero no discernía si eran ensueños, fantasías oníricas de su cerebro o realidades… Le parecía que, cuando entró en aquella habitación para someterse a una nueva sesión de sexo duro…de tortura aniquiladora, se encontró con Berto, lo que al momento la tranquilizó… Pero, casi de inmediato, todo se desvaneció en su mente… Luego, incomprensiblemente, se vio en una casa, con Muna… Su amiga Muna, la mujer del “Chino”, el íntimo amigo de Berto… Luego, el tiempo fue pasando y, lo que en principio creía ensueños, alucinaciones incluso, se fueron trocando en faustas realidades… Sí, estaba en casa del “Chino” y Muna, su mujer… Y Berto, a diario, también estaba allí, con ella…

En principio, lo que en Halima más preocupaba era una anemia algo más que perniciosa; lógicamente, lo inmediato fue ponerla en manos del médico, que en no tanto tiempo la fue poniendo en vías de solución, pero entonces comenzó a hacer acto de presencia el problema de la droga… Mientras la anemia la dominaba, Halima se pasaba casi todo el día durmiendo, pues el sueño es un poderoso reparador de energías y las personas con excesiva falta de ellas suelen dormir bastante… Pero cuando fue saliendo de ese estado de postración en que llegó a la casa del “Chino” y Muna, el drama del “síndrome de abstinencia” se hizo espeluznantemente patente… Pero ella no quería aquello, no lo eligió por sí misma, sino que se lo impusieron… Y estuvo más que de acuerdo en salir de tal pozo

Así que fue ella misma quien propuso a Berto que allí, en casa de sus amigos, por muy solícitos que éstos fueran, no podía seguir… Por los niños, en primer lugar… Por su propio hijo… no era agradable verla en esos momentos álgidos, en que el cuerpo exige droga al precio que sea… Se fue con él, a la casa que Berto se agenció tan pronto volvió, de todas-todas, a Ceuta, a su vida… A una vida, en verdad, normal… Como la de cualquier hijo de vecino… Fueron días, semanas, de prueba, de abrigo y gabardina, pues superar los “monos” tampoco es moco de pavo… Pero Halima salió airosa del reto… Se “desenganchó” y pudo volver a vivir con normalidad…

Pero ella no tenía a donde ir… Tampoco de qué vivir, como no fuera volviendo a prostituirse… Y eso, Berto no quería ni pensarlo… Se la llevó pues a vivir con él… Pero no revuelto con ella… Halima quiso ser su mujer… Su hembra…
• Quiero hacerte dichoso –le decía- Que seas dichoso conmigo… De verdad que lo deseo… Me devolviste la vida… Te la debo… Te debo la vida… Marido…

Sí; él era, todavía, legalmente, su marido… Y ella su mujer…su esposa, pues nunca se divorciaron, por lo que su matrimonio seguía siendo válido… Para Berto fue una prueba horrenda el negarse a sí mismo la felicidad con aquella mujer que le tenía algo más que embrujado… Pero ya no quería soñar… No quería seguir engañándose a sí mismo… Sin duda alguna, ella le estaba agradecida… Muy, muy agradecida, y sabía que no mentía cuando le decía que quería hacerle dichoso… Sabía, además, que si él aceptaba lo que ella le ofrecía, para ella no volvería a haber más hombre que él, Berto… Pero también sabía que ella no le quería… Que nunca le había querido… Que nunca le querría… No como él deseaba, como una mujer ama a un hombre…

Cómo, ella, tan bella, tan escultural, iba a fijarse en un hombre como él, con esa cara que Dios le dio, que más parecía un culo… Un ser tan rudo… Tan zafio como él, sin gracia ninguna, que ni siquiera sabía hablar a una mujer, que a la primera de cambio se aturullaba y a la postre se quedaba callado, como un pasmarote… Y sí; podría, si tuviera los suficientes hígados para ello, disfrutarla…gozar de ella con la entera colaboración de la mujer…su mujer, en añadidura… Pero no los tenía… No podría hacerlo… Ya no; antes, cuando creía que Halima le quería como él la amaba a ella, sí pudo, pero ahora… Ahora ya no… Ahora sabía que aquello fue un sueño que él se empeñó en creérselo… Pero ya había despertado del “dulce desconcierto” y aceptaba las cosas como eran… Ella no le amaba… Le quería, eso sí, estaba seguro, pero amarle… No… Y sin amor él no quería disfrutar de ella… Le parecería que la prostituiría… Y cómo iba él a prostituir a la mujer que más que amarla la adoraba
• Ya; en todo caso, te he devuelto una vida que de milagro no te quité… No Halima… No me debes nada… Antes bien, te debo yo la dicha que antes me diste…

Así que empezaron a vivir en la misma casa, bajo el mismo techo, pero en diferentes habitaciones; ella, en una, con su hijo, él en la otra… Aquí convendrá saber que las “visitas” que Berto hizo, primero a la villa de Kenitra donde los “malos” tenían retenida a la mujer, luego, con el “Chino”, al “cubil de la fiera”, tampoco fueron tan gratuitas, pues en ambos lugares se dio un minucioso registro, y los billetes de banco, las joyas, no fue, precisamente, lo que faltó, con lo que ambos amigos acabaron aquél día con unas fortunas que, sin ser, en sí mismas, nada del otro mundo, para ellos era algo así como el tesoro de Alí Babá… Eso les permitió, a Berto, comprar esa casita de dos habitaciones, con su cocina, su estar-comedor, su cuarto de baño… Y su mijita de huerto, con su parra sombreando las horas de calorina del estío, sus arbolitos, almendros, naranjos, limoneros, sus tomates, sus verduras… Toda una especie de paraíso en la falda del monte Hacho, combinando lo montaraz con la proximidad del mar, a tiro de piedra del lugar

Luego, los dos amigo montaron una taberna donde servían tapas y comidas a quién lo pidiera, con su menú diario por pocos euros… Atendiendo la barra, sempiternamente, Berto, con el “Chino” a su lado siempre que sus deberes militares lo consentían; y en la cocina, Halima y Muna, buenas cocineras ambas, pues había que ver cómo les salía el “pescaíto” frito, al más puro estilo andaluz… El “choco” adobado, tan típico de la cercana Cádiz… Y qué decir del cazón, también en adobo…el “plusquam” famoso “Bienmesabe” gaditano… O los callos a la madrileña, las gambas “con gabardina”, (sin piel, rebozadas y fritas) o al ajillo… O esas estupendas paellas… Vamos, para chuparse los dedos todo ello…

La vida entre Berto y Halima discurría con normalidad… La normalidad propia de dos hermanos que conviven juntos… Berto, desde un principio, se encariñó de todas, todas, con el crío de ella… Le encantaba jugar con él, tenerlo en brazos, llevarlo de la mano cuando salían a pasear… Y besarle por todo y por nada… Le traía loquito el chaval… Pero es que también el chiquillo le tomó a él cariño de verdad, con lo que en nada acabó llamándole “papá”, con lo que Berto se hinchaba como pavo real, enorgullecido, aunque bastante más dichoso que enorgullecido pues, para él, el chico pronto fue ese hijo que hubiera querido tener de ella, y no tuvo

Ya sabemos que él no aceptó el sexo que ella, desde que Berto la volvió a acoger a su lado, le ofrendó… Pero Halima, desde ese principio, cada noche esperaba que, finalmente, él la llamara a su cama… O fuera el propio Berto quien viniera a ella, a su propia cama para ser dichoso con ella… Pero tal cosa no pasó y, cuando Halima se convenció de que tal cosa no sucedería se sintió rara… No era despecho por sentirse, como mujer, postergada… No… Era algo más hondo…más profundo… En tiempos se cantaba un bolero que decía: “Eres como una espinita que se me ha clavado en el corazón”… Y, más bien era eso; como una espina clavada en su corazón…

El tiempo, días, semanas, meses, fue pasando, lánguido, y a los cuatro, el negocio les fue muy bien, pues la tasca se convirtió en punto obligado, no solo para la gente de la IVª Bandera sino también para la de Regulares y la intemerata de gente más… Hasta el punto de que el “Chino” se empezó a pensar, seriamente, que qué hacía él marcando el paso, “pelando” guardias, pegándose panzadas de correr o andar en esas marchas inacabables… Y por no hablar de los ejercicios de supervivencia, cuando un helicóptero te deja allá por donde Cristo perdió el gorro… Y, hala, sin más bagaje que una brújula y un machete, y ni “pastelera” idea de dónde estás, a buscarte la vida para volver al cuartel antes de la hora marcada… Y mucho cuidado con los “compis”, pues tienes a casi toda la bandera loca por “cazarte” antes de que llegues al cuartel, que al que te agarre le dan una semana de permiso y tú al pelotón, a picar piedra, tirando de pico y pala… Que bien lo decía aquél “Inglés que vino de Londón: “Yo quererme licenciar Tercio de Millán-Astray, que pico y pala hay”…

Pero con ese paso del tiempo Halima se empezó a “coscar” de las miraditas que, de vez en cuando, creyendo que ella no se apercibía de ello, él, Berto, le dirigía, con aquella carita de corderito degollado que tanta gracia le hacía a ella… Le gustaba enormemente verle así, mirándola embobado…arrobado… ¡Se lo comería!… ¡Le comería a mordiscos…a besos esa carita tan divina!… Sí; tan divina, entonces, para ella… A pesar de que, en efecto, y como Berto bien se sabía, más pareciera un culo que un rostro… Y es que, bien se dice, que el amor es ciego… Porque ve más allá de lo aparente… Porque no sólo ve el cuerpo, sino también el alma del ser querido

Así llegó una noche cuando los tres, Berto, Halima y su hijo llegaron a casa tras todo un día de trabajo, como cualquier otro día, cualquier otra noche… Como era ya habitual, era él, Berto, quien cargaba con la criatura, dormidito del todo el chiquillo… Entraros en el saloncito y allí él tendió el niño a su madre, disponiéndose a despedirse de ella… Como siempre, comenzó por besar al que para él era un verdadero hijo y luego, como cada noche hacía, sus labios acariciaron la frente, las mejillas, de la madre… Pero esa noche, se detuvo un pelín más en tales caricias, aunándose la mano a los labios al acariciar las femeninas mejillas… Hasta su dedo pulgar se posó sobre los labios de la mujer, que, sonriéndole, besó ese dedo…

Berto agachó la cabeza, pidió disculpas por su atrevimiento y se dispuso a dar la vuelta, enfilando la puerta que llevaba a su dormitorio, pero Halima le detuvo
• Espera Berto… ¿Por qué no vienes conmigo a dejar al nene en la camita?

Berto dudó un momento, pero enseguida, sonriendo, volvió a acercarse a ella, con la sonrisa en los labios
• ¡Buena idea!… Ni sé cómo no se me ocurrió antes a mí… Anda, déjame al crío… Yo lo llevaré…

Halima, sonriente, feliz, le tendió al niño, colgándose, por vez primera desde que regresó con él, de su brazo y, así emparejados, se encaminaron los dos a la habitación que madre e hijo compartían; llegados allá, entre los dos quitaron al niño la ropa que llevaba para ponerle el nocturno pijamita, con lo que el pequeño despertó, tendiendo a ambos sus bracitos… Los dos le besaron y entre los dos le metieron en la cama, abriendo sábana y mantas ella y depositándolo en la cama él… Seguidamente, dijo Halima a su hijo
• Cariño… Tú ya eres muy grande… ¿Verdad?… Mamá…mamá ya no va a seguir durmiendo contigo…
• Y, ¿Por qué no, mamá?
• Porque mamá, desde esta noche, dormirá con papá… Vamos a ver cariño… ¿Te gustaría que papá y mamá te trajeran un hermanito?
• ¡Pues claro que sí!
• ¿Ves?… Por eso mamá va a dormir con papá… Tendremos que escribir muchas cartas a la cigüeña para que ella te traiga un hermanito…

Mientras decía esto, Halima miraba, pícara, a Berto
• ¡Vale mamá!… ¡Hasta mañana mamá!… ¡Hasta mañana, papá!
• Eso es cariño; que seas valiente… Y bueno… ¿Vas a llorar cuando papá y mamá nos vayamos?
• No mamita… No voy a llorar…
• ¿Palabra?
• Palabra mamá
• Adiós cielo… Hasta mañana… Venga… Que te vea yo cerrar los ojitos…

Y el crío cerró los ojos con fuerza… Halima besó a su hijo en la frente en tanto Berto hacía lo propio… Luego, la mujer tendió la mano al hombre y salieron de la habitación; ya en la sala, Berto clamó
• ¡Pero…pero!… ¿Qué te propones, Halima?… Yo…yo no te he pedido nada… No…no quiero que hagas nada que no desees hacer…
• Y no haré nada que no desee… Simplemente… ¡Te quiero, Berto!… ¡Te amo!… ¡Dios mío, sí…sí…sí!… ¡Te amo, te amo, te amo…marido!… Sí… ¡Marido, marido, marido!… ¡Mi marido, amor; eres mi marido…mi maridito!… ¡Y yo soy tu mujer!… ¡Tu mujer, querido mío; tu mujer…Dios mío…Dios mío!… ¡Y eso, eso es lo único que quiero ser!… ¡Tu mujer…tu esposa!… ¡Ay, Dios mío…tu hembra!…

Berto reía y lloraba al propio tiempo… Lloraba y reía de alegría… De dicha… De felicidad… Y Halima también, reía, y reía y reía… Dichosa, feliz, como nunca se sintiera… Se besaban, se mordían… Y, por qué no decirlo…se “magreaban”, metiéndose mano, a modo y manera… Por fin, Berto la tomó en brazos, levantándola en volandas como si fuera una pluma, y con ella abrazada a su cuello, besándole, lamiéndole, mordiéndole, traspuso el dintel de lo que, desde esa noche, sería su conyugal habitación, su tálamo, en lo que fue una auténtica, verdadera, Noche de Bodas…

FIN DEL RELATO

NOTAS AL TEXTO
• Por uno de los más famosos himnos de La Legión, “El Novio de la Muerte”… “Soy un hombre al que la suerte hirió con garra de fiera; soy un Novio de la Muerte que va a unirse en lazo fuerte con tan leal compañera”… Esta canción, hoy día convertida en Oración por los Caídos y que se interpreta a paso lento, de procesión, originariamente no tenía nada de marcial; surgió como un cuplé que cantaba la cupletista Mercedes Fernández, “Lola Montes” en el mundo del espectáculo; el entonces teniente coronel José Millán-Astray, fundador del “Tercio de Extranjeros”, como empezó llamándose La Legión, ve en esa canción retratado el espíritu que imprime a sus legionarios; la letra de la canción es de un romanticoide muy al gusto de la época, muy trasnochado hoy día, el hombre atormentado que busca bálsamo a su alma herida en el combate y muere heroicamente: “Supo morir como un bravo y la enseña rescató”, y que al dedo encaja en la sicología de aquellos primeros legionarios… Una curiosidad: La primera película sobre la Legión es “La Bandera”, “peli” francesa rodada en 1934 y protagonizada por Jean Gabín
• Esta leyenda arranca de las “Historias” de POLIBIO, historiador greco-romano (200-118AC). Es éste el único historiador que habla de que Hamílcar exigiera ningún juramento, respecto a Roma, a su hijo Haníbal, y Polibio no dice que el padre exigiera al hijo ese odio eterno, sino sólo que “Nunca sería amigo de Roma”… De hecho, en sus “Historias”, narrando la Segunda Guerra Púnica, Polibio dice que, cuando en 216ac, tras la aplastante victoria de Haníbal en Cannas, establece la alianza con Filipo Vº de Macedonia, las cláusulas de dicho acuerdo contemplan que Roma, tras ser derrotada, seguiría siendo República independiente, si bien reducida a potencia de segundo orden, sometida a la influencia de Cartago, como todo el centro-sur de Italia, mientras el norte quedaría bajo la influencia macedónica

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