Bienvenido, visitante! [ Registrar | Acceder

Con ganas de coño esta mañana

Confesiones 03/11/2017

Justo hoy me he levantado con ganas de coño. Es de esos días donde te levantas con la polla durísima y cachondo perdido. Me apetece un buen coño jugoso y chorreando plantado encima de mi boca.

Que la tía se ponga a horcajadas sobre mi cara y me restriegue bien su mojado chocho por toda ella sin dejarme apenas respirar. Tengo ganas de meterla la lengua bien dentro de su rajita y saborear cada rincón de su profundo coño encharcado. Me encanta el flujo vaginal, bien denso, oloroso, babeante…

Un coño babeante y caliente como el café de la mañana

Y no paro de relamerme cuando pienso en ese coño empapado y en su flujo resbalando por la comisura de mis labios. Pellizco unos duros pezones mientras la tía se retuerce, mezcla de dolor y placer. Siempre sin dejar de tragar coño.

La follo con la lengua, me encanta poner la lengua dura y entrar y salir de una buena raja abierta y sedienta. Pero yo soy el que tiene más sed y no pararé de comer ese coño hasta que se corra en mi boca. Atraparé el clitoris con mis labios y jugaré con él, moviéndolo de lado a lado, de arriba abajo, tirando suavemente de él hacia mi, al mismo tiempo que la miro a los ojos y la veo con la mirada perdida y mordiéndose los labios. Es genial cuando una tía se retuerce de placer al tener tu boca en su coño.

Nalgas y coño se unen para dar gusto a mi polla

Ahora aprieto con fuerza tus nalgas contra mi, no quiero respirar hasta que no te corras en mi boca y tragarme todo tu espeso flujo caliente y viscoso. Quiero que no piense en otra cosa que no sea mi lengua recorriendo cada pliegue de sus labios vaginales. Quiero que chille cuando note su clítoris durísimo oprimido por toda mi lengua, lamiendo como un perro sediento. Incremento mis lametones cuando noto sus convulsiones. Se está corriendo y no pienso parar ni separar un milímetro mi boca de su coño.

Me encanta el sabor de su flujo, es viscoso, salado y dulce al mismo tiempo. No dejaré de beber ni una sola gota. Se ha corrido entera sobre mi boca, sonríe, sonrío.

Me encanta verla sonreír.

Hoy tengo ganas de coño ¿Te apetece? Solo tienes que decirlo…

15 visitas en total, hoy 0

Debilidad por el sexo anal

Confesiones, Sexo Anal 30/10/2017

He de confesar que me gusta el sexo anal. Parece un título de una película porno, pero es la realidad de mi coño.

Desde hace un tiempo, en realidad bastante tiempo, tengo un problema. Hoy he decidido compartirlo con todo el que quiera leer esto.

Soy adicta al sexo anal. Es lo que más me llena y lo que me produce más placer. Incluso he llegado al punto de que no tengo sexo vaginal.

El problema del gusto por el sexo anal

Mi problema comenzó hace unos años. Concretamente en ese tiempo donde comienzas a coquetear con el mundo del sexo y eres aún inexperta. Yo en esa miraba a escondidas revistas pornográficas, y en un Internet incipiente busca pornografía. Me estaba descubriendo un mundo nuevo que para mi había permanecido oculto. Por mi entorno estaba mal visto el tener relaciones sexuales, y a la familia era difícil de ocultar en cuanto tuviera que ir al ginecólogo e hiciera la pregunta de rigor.

Entonces en esa época solo había una opción, tener sexo anal. Cuando perdí la virginidad con un chico fue una situación confusa. Él tenía la idea clara de que quería meterla por la vagina. Yo según lo que había visto hasta ese momento, tenía claro el cómo debería ser, tras un largo sexo oral incluyendo garganta profunda y comida de testículos le propuse el metérmela por detrás. Se la había lubricado con mi saliva muy bien y yo estaba a 4 patas deseosa de que se decidiera a actuar.

Este chico que también estaba descubriendo el sexo por primera vez decidió fiarse de mi y aceptar el penetrarme el culo. Con su pene bien erecto, se aproximó a mi, y situó su punta en mi agujero, y sin más hizo fuerza para que entrara. En ese momento el dolor se apoderó de mi cuerpo. No pude evitar romper a llorar, y entre sollozos gemir de dolor.

El chico concentrado en lo suyo me clavó su polla completa en mi culo. Para él era todo placer y un mundo de sensaciones extraordinarias. Él apenas sabía reaccionar, en cierto modo tenía miedo de que me estuviera haciendo daño, pero por otro lado se excitaba el tenerme sodomizada y sumisa a lo que él quisiera hacer. Le alimentaba su lado sádico. Además era su primera vez y no se imaginaba que el sexo anal le reportara tanto placer.

Con lágrimas en los ojos pedía más caña anal

Aun con lágrimas saliendo de mis ojos y escurriendo por mi cara, él comenzó a follarme el culo. Por suerte para mi, al no tener mucha idea, no lo hacía de forma brusca y era soportable. Con cada embestida que me daba el dolor se iba transformando en algo de placer. Placer que aumentaba en intensidad y protagonismo. Él podía notarlo en su polla como mi culo le iba poniendo menos resistencia y le ofrecía más sensaciones. Por desgracia le vino acto seguido la eyaculación y lleno todo el condón de semen dentro de mi culo. Él encantado con la experiencia porque había sido fantástica, pero a mi me dejo a medias, explotó su clímax cuando yo empezaba a disfrutar del mio.

Esto me llevó después a probar por mi cuenta e intentar llegar al final del camino. En la intimidad de mi cuarto comencé a introducirme por el culo bolígrafos y rotuladores. Primero uno para probar, luego fui aumentando el número de bolis que me podían entrar en el culo. Me los movía como si fuera una penetración, pero no conseguía llegar al placer que sentí con la polla. Después pasé a probar los mangos de los cepillos, esto si me proporcionaba placer. Y me fui acostumbrando e introduciendo en mi rutina diaria el jugar un rato con mi culo. En este tiempo tuve más encuentros sexuales, pero ninguno vaginal. Ahora ya tenía el ano hecho a la penetración, y aunque seguia el dolor en el primer momento de meterla, cada vez el dolor duraba menos y llegaba antes el placer. También comencé a probar otras posturas, no solo a 4 patas, también tumbada bocabajo, sentada sobre el chico para cabalgar encima suya, medio de pie, bocarriba, etc.

El arte de dominar el sexo por detrás

Había conseguido dominar el arte del sexo anal y era mi forma de conseguir orgasmos y placer. Después de este tiempo, por fin llegó mi momento de probar el sexo vaginal. Lo probé varias veces y también tenía orgasmos y mucho placer. Pero no era lo mismo, y muchas veces tenía que recurrir o bien a pedirle al chico de turno que me diera por detrás o sino, luego yo sola masturbarme analmente.

Un poco más mayor conocí el mundo de los juguetes sexuales, y toda la gama que había, que si formas, que si vibración, que si grandes, pequeños, especiales para anal.

Fui probando varios, cuanto más jugaba y probaba en mi culo mejor y más placer sentía.

En la actualidad mi pareja esta encantada conmigo le pido que me rompa el culo todos los días incluso algunos días 2 veces. Tengo mis juguetes y cuando estoy sola los uso para darme placer.

Mi última experiencia ha sido el que mi pareja me la meta por el culo a la vez que me mete por el mismo agujero un vibrador. En plan doble penetración pero solo en el culo. Y esa sensación me ha vuelto loca. Primero notar como entra la polla de mi pareja por mi culo y como me lo abre a golpe de pollazos y placer. Y cuando ya estaba en climax, notar el frío tacto del dildo entrando también por mi culo. El momento de activar la vibración ha sido espectacular. No solo vibraba el juguete sino también toda la polla que tenía enterrada en mi culo. Con esa vibración no he podido evitar el orgasmo, y con las contracciones de placer me provocaba aún más placer. Se ha convertido en toda una espiral de goce desenfrenado que desembocaba en orgasmo tras otro hasta llegar a eyacular. Tener una corrida vaginal por sexo anal, es lo máximo en placer. Y por último mi pareja me ha soltado toda su leche bien caliente en mi interior. Eso ha sido lo mejor. Con tanto placer y esa sensación de arder mi culo su semen ha sido como aplicarme una crema calmante. Mi mejor experiencia con diferencia.

Y mi próximo objetivo es probar el fisting anal después de una buena sesión de sexo para dilatar. ¿voluntarios?

 

26 visitas en total, hoy 0

Cobarde para ser feliz

Confesiones, Relatos Cortos 23/10/2017

Es el desahogo de sentimientos más que un relato erótico.

Quién decide qué es el amor. Cómo se mide un sentimiento. Algunos dicen que se sabe porque se entienden las canciones, otros por las mariposas en el estómago, otros tartamudean, pero no creo que haya una medida para decir si, ahora estoy enamorada.

Yo sé que amé a una mujer, no sé qué medida utilice, pero sé que la amé sobre todo lo demás.

Una mujer maravillosa, inteligente, divertida, con sentido del humor, generosa, cariñosa, simpática, con genio, carismática, paciente, la más bella, perfecta en todo su ser.

Sé que la amé y sé que la amo.

Pero, cómo se demuestra amor a alguien que no tienes. A veces la gente no sabe demostrar sus sentimientos, quizá por miedo, quizá por vergüenza, quizá por inseguridad, pero todo se traduce en lo mismo, cobardía.

Y eso fue, me dio miedo ser feliz, no me atreví, dejé escapar a la mejor de todas las mujeres por cobardía, no me atreví a luchar por ella. Ella era todo lo que necesitaba para ser feliz, y la dejé escapar, peor aún, la eché de mi vida. No me la jugué por ella, la decepcioné mil veces, y mil y una oportunidades me dio, dejé que mis miedos pesaran más que todo el amor que puede caber dentro de mí. Ella me llenaba, me alegraba, me rompía y me recomponía en cuestión de segundos, me hacía volar, con ella todo era posible, podía ser lo que quisiera, nada podía salir mal si estaba cerca, y yo no me atreví a quedarme a su lado. Pasaron años sin ella, años grises, sin risas, sin motivos para querer seguir, pero la volví a encontrar y todo volvió a cobrar sentido, me prometí que esta vez lucharía por ella, por su amor, que esta vez me atrevería a quererla como ella merecía, con todo lo que soy, y le volví a fallar. Me volví a acobardar, dejé que los miedos del pasado no me permitieran demostrarle cuánto la quería, dejé que todo por lo que pasamos, todos los malos momentos se volvieran a agolpar en mi cabeza, paralizándome, impidiéndome luchar por su amor, permitiendo que todo se volviera a fastidiar, permitiéndome perder el más puro amor que jamás sentí, el de quien lo daba todo y solo me pedía que por favor no la tratara mal. No sé si después de todo lo que ha pasado creerá que alguna vez la amé, yo no lo haría, ella merece lo mejor, se merece el universo envuelto y posado sobre una bandeja de oro, y sé que yo no lo soy.

Escribo estas líneas a modo de desahogo, pero con la esperanza de que ella las lea, que por un segundo se crea que de verdad la amé con todo mí ser, pero que nunca lo supe demostrar.

Y si es así, si por casualidad lo lee, le diré que es el mejor regalo que me pudo dar la vida, haber podido disfrutar de su compañía, de su risa, haber provocado yo esa risa, es algo que no tiene precio.

Sé que amé a la mejor de las mujeres, que su recuerdo me acompañara siempre, que si alguna vez vuelvo a sonreír , será porque estaré pensando en ella, hasta mi último día, y cuando ese día llegue, querré un epitafio que rece: Demasiado cobarde para ser feliz.


22 visitas en total, hoy 0

Fetichismo por lesbianas negritas

Confesiones, Fetichismo 17/07/2017

Hola a todos amigos de este lugar tan bueno, para fantasías y confesiones, ya que no hay muchos sitios para poner expresarse sin parar. Una de mis fantasías, a ver si alguno la comparte, es la de las lesbianas de color, negritas o negras, me da lo mismo jovencitas (dentro de la mayoría de edad) o mayores.
Les pongo una foto, que encontré por la red, pero que me parece muy sexual, y excitante. La señora madura da el pecho a la jovencita, no tanto, ya tiene sus años, que se la ve deseosa.

21 visitas en total, hoy 1

NENE NENA

Confesiones, Gays, Incesto, Relatos XXX, Sexo con maduros 14/01/2017

1980. Tenía 8 años. Cursaba el 3er grado en la Primaria. Mi fisonomía de frente era de nene pero mi cintura espalda y sobre todo mi colita se arqueaban y me dibujaba un trasero perfecto, de nenita.

Siempre me llamaron la atención los varones, imaginaba sus pijas. El profe de gimnasia usaba un pantalón muy ajustado y se le marcaba un gran bulto. Yo lo miraba fijo y me mordía los labios. Me la buscaba.
Todos los amigos de mi papá me manoseaban la cola y yo me dejaba, incluso me daba mucha curiosidad.
Una tarde en el colegio fui al baño y me crucé al profe de gym. Me agarró fuerte de la cola, me llevó al SUM y me enseñó a mamarla. Me metió todo su pene en la boca y yo naturalmente realicé una fellatio increíble tragando todo su semen. Cómo me gustó. Después casi todas las semanas lo hacía. Y él me hizo sentir mi 1er orgasmo anal con su lengua. Quedé fascinado, pero no me desvirgó.

Una nochebuena un Juez amigo de mi papi me dio intriga, olía muy bien y estaba impecable. Yo arqueaba la cola , le miraba la bragueta y lamía mis labios. En un momento me fui solo para la pileta, me saqué el bermudas y en calzita blanca me zambullí. Era de noche. Al rato apareció. Yo me senté en el borde. El me acarició el trasero tan lindo que me dio para preguntarle : – Puedo ver su pene Sr? . Enloqueció . – Vamos al auto? Dijo: voy a comprar algo, Javi me acompaña! – Ok ,dijo mi padre. En ese viaje lo toqué por arriba, baje su bragueta, metí mi mano y lo metí todo en mi boca, lamí y lamí sin pausa hasta que acabó un chorro de semen tibio y espeso. Tragué hasta la última gota. Era un verdadero macho, no como las amigas de mamá, esas amas de casa, también necesitadas, pero bien tetonas y calentorras…

Quedó loco y me consiguió una pensión de por vida de privilegio y vitalicia. Me podía comprar de todo. Me llené de calzitas, shortcitos, culottes, brillos, etc, pero era muy chico, sólo tenía 9 años. Toda una nenaza.

A los 10 años nos fuimos a la Patagonia. Me acerqué al auto en el estacionamiento y el cuidador me miró con intención, ya me tenía ganas de todos los días .Me regaló un helado y yo lo comía como si la estuviera mamando apoyado en el auto esperando a mi papá. El señor estaba muy excitado y me suplicó que me deje chupar la cola, solo con lengua. Pasé a la cabina,me apoyé en la mesa, paré el trasero, me bajó mi shortcito, me abrió las nalgas y me hizo una lamida soñada. Acabé y me salía agua de la cola..

Mis padres decidieron viajar en micro. Yo quedé felíz por la cantidad de muchachos que había.
A la medianoche me levantéw al baño. Ahí me calzé un shortcito muy hot y salí. En el fondo me quedé en la máquina de café y jugo. Me serví un jugo. Al rato se acercó un tipo de 2 metros tsen calza de ciclidta con una preotuberancia enorme.:- Hola, cómo te llamas’? – Javi, le dije.Me preguntó la edad::- 10 ,le dije. : – Ah , sos chiquito!, vas al cole? . –A 5to grado pero estudio arte .
:- Mmm que bueno, yo enseño yoga y soy pofe de esoterismo, querés probar una hipnosis? Está todo controlado nenito, no temas, sentate ahí contra la última ventana.
Me puso de espaldas me sacó la remera y comenzó a masajearme con unos aceites , a mí se me salía la cola para atrás, incontrolable. Me comentó: – Tenés la cola perfecta de nena, cómo hacés? – Es natural, soy virgen sólo tuve orgasmos con la lengua con tres señores y me encanta
-Y no queres debutar, no te dan ganas?
-Me da curiosidad pero está perfecta mi manzanita. La entregaría a alguien dulce, que la trabaje despacio, suave,, con cariño, entiende?
-Claro. Bueno date vuelta de frente y dame las manos …
Apenas nos tovamos empecé a hervir, él decía mantras y me remontó a mi niñez donde afloraba mi necesidad de amor físico constante , mi intolerancia a la frustreación y mi deseo de ser nena.
Cuando desperté me besó en la boca increíblemente, mi 1er beso de lengua húmedo, largo, con merdidas suaves de labios, un acto de ensueño que me dejó planchado.

Resultó ser que en 2 años , de 8 a 10 ya habiá mamado, tragado besado, y había tenido orgasmos anales de lenguas “besos negros”, mucho para un nene de mi edad, pero yo estaba enloquecido y todo me salía de forma natural, como que ya era un putito en desarrollo, mi cuerpo desarrollaba femenino, cola, espalda, hombros ,boca, piernas, una cosa única.Y virgen aún . A los 10 añitos ya todos me deseaban para algo y a mí me calentaba sexualmente producir, provocar, sugerir,era el mas terrible provocador de tan solo 10, y se venía la locura total..

Cumplí 11 y mi papá decidió comprar una casa en la costa, en Ostende – Valeria del Mar y hacia allí nos dirigimos.. Ll egamos en auto, hacía calor y le pedí a mi papá que mientras miraba propiedades yo me queadría en la playa para meterme al agua y tomar sol – Bueno ok pero le aviso al guardavidas por las dudas .
Me armé un bolsito y bajé los médanos, llegué a un sitio ideal, medio oculto. Extendí la esterilla y me puse una calzita increíble. Me pasé aceite y me coloqué boca abajo con un libro sobre relatos eróticos homosexuales. Mientras leía me excitaba mucho, paraba la cola, me arqueaba… cerré los ojos y me puse mis auriculares. En mi mente deseaba que aparezca algún tipo muy dotado pero dulce, yo era terrible pero no dejaba de tener 11 añitos. Imaginaba todo eso cuando me tocaron el hombro. Era una mole divino en slip super abultado, marcado, el “guardavidas”. Me dijo : -Tu papá me pidió que esté atento, sos Javi no? Me encantó el tono, – Sí Javi ud cómo se llama? ( ya empezaba a calentarme ) ;- Joni, no te vas a meter al agua? Yo cuido tus cosas. – Ah sí tengo mucho calor …
Me levanté y sin darme vuelta miré la orilla parando la cola a tope, sentía los ojos de Joni clavados y me propuse provocarlo. Me zambullí y me acosté cosa de que las olas me tapen la cola y al irse emerja mi trasero divino. A los 10 minutos salí, volví al médano y Joni estaba parado con tremenda erección, tenía una super pija, se me hizo agua la boca.
-Me pondrías aceite en la espalda y en las piernas porfa?
-Dale acostate y relájate. Sentí sus manos aceitadas recorriendo mi cintura mi espalda, – Te estaba mirando en el mar y la verdad nunca vi algo tan lindo, qué cola increíble!! Cuántos años tenés?
Me bajó la calzita y apretando mis glúteos se fue acercando al ano que estaba hecho agua, y de pronto me comió la cola super sacado, estaba como loco y me volvía loquito. Acabé tres veces con esa lengua… Ahora quería comerme su pija. Me arrodillé le bajé su slip y salió una cosa enorme, le chupé desde los huevos y toda toda la pija, no me entraba en la boca, chupé y chupé a velocidad lamiendo sin parar mirándolo a los ojos besando con mis labios : – Ojo! Me vengooo … Y me atraganté, tragué y tragué sin parar hasta la última gota.
-sos increíble nene te quiero coger , pensalo yo te voy a esperar en aquella cabaña después de las 22 …
-pero soy virgen , no sé, si me das amor quizás, me tienta, pero suave, de a poco … tu semen es delicioso y tu pija terrible , veo, y paso.

Se fue y quedé extasiado , me dormi desnudito. Pensaba en esos relatos de incesto que de tanto en tanto leía en el silencio de la noche, y me excitaba solo de pensarlo y acordarme. De pronto desperté con las bocinas de mi papá, atardecía. Junté mis cosas , me puse mi mallita y entré al auto.
-voy a la inmobiliaria a pagar la cabaña, es al lado de la del guardavidas, me dijo que te vigiló y leías, la pasaste bien?
– súper papi, ahora déjame en la casa que me quiero bañar y acomodarme dale?
– ok, y me dejó en la puerta.
Era hermoso con ventanales.
Me metí en la ducha, con jabones especiales, me depilé, me encremé, me perfumé, me calzé un culotte fatal unas babuchas ajustadas, remerita de hilo, collar, tobillera y sandalias hindúes. Estaba listo!
Pensaba en Joni y en una excusa para irme a las 23.
A las 22 mi papi se caía de sueño: -me voy a dormir, si salís quédate cerca …
-si pá voy un rato al mar
Salí, me saqué la babucha, quedé en un culotte que estallaba, estrellas, luna y yo hermoso con mi cola cada vez más parada.
Me senté en la orilla, el agua mojaba mi trasero y yo gozaba
-javi? Sentí la voz deseada
-joni? Decidí animarme
-donde vamos? Mejor en mi casa, te espero en 5.
A los 5 min toqué su puerta
-pasá bebé. Estaba sentado en zunga y todo su cuero aceitado más tremenda poronga …
– es así : 1) te paso la lengua y te lubrico a fondo 2) me avisas cuando hiervas de deseo 3) me la mamás hasta que quedé dura como un tronco …
, me dio vuelta, arrancó mi culotte me tomó de la cintura e introdujo su boca en el ano, chupando sin parar y yo enloquecía, y dilataba, quedé a punto, me giró, se paró y su cosa quedó a la altura de mi boca, lo tomé, lo besé con mis labios carnosos , la recorrí toda lentamente, quedó durísima. Me giró , besó mi cuello, hombros, me bañó en aceite, y me dijo: -fumá esto! Es CRACK, te va a enloquecer. Me pasó una pipa cargada de piedras blancas, fumé y estalló mi cola, pedía y pedía. Metió un dedo, dos y tres, puso su cabeza hinchada en mi entrada, me iba abriendo y entraba suave – sigo? – por fa! . metió el tronco, llegó a media pija y yo descerebrado, y sucedió que sentí sus huevos golpeando mis nalgas, la tenía toda en mi interior, me hizo gritar, acabé un orgasmo extenso mientras él me llenaba el cuerpo de semen caliente.
– Me dejás algo de crack plis?
-te dejo esta cajita con un montón y la pipa, despacio que podés terminar regalado a cualquiera,
-gracias Joni, sos el mejor regalote que me comí hoy!

Cumplí 12 en enero, ahí en Ostende, hubo un festejo en la cabaña con mi papi y unos tíos que me comían con la mirada. Mi papi me regaló una carpa para 2 y decidí estrenarla esa misma noche , que había una convocatoria de acampe pero eran chicos de 20 y pico. Mi pa habló con Joni para que mirara.
A las 12 am bajé al mar y busqué un médano oculto
Y armé mi bungalow en un vallecito de arbustos
-En media hora nos juntamos, prepárate y sin quererlo me pasó otra pipa : – Fumá esto, quedás putita ¡
Entr’é, cerré, me desnudé y prendí la pipa, ese humo me prostituyó,quedé hecho agua deseando pija (pero muchas, en la boca, cola, ). Me puse una calza blanca increíble y un top sin breteles. Me unté la boca de brillo, pinté mis pestañas, me acosté boca abajo, abrí las ventanitas y esperé fumando. LA cintura se salía sola para afuera y mi trasero danzaba en círculos desesperados, incontrolable y re lindo, esa droga la adoptaría desde ya.
-Javi! Salís? – Entrá un segundo podés?
E{ varón abrió mi carpita y quedó justo su pene a mi altura arrodillado. Fumé más y empecé a acariciarle la poronga con los dedos en su extensión, bajé su bóxer y emergió una verga gorda, venosa, unos huevos enormes , llenos de crema – Mmmm , argullé. Besé su glande, solo con mis labios brillosos, tomé la pija cocmo un helado y lamí desesperado sin parar, toda en boca golpeando mi garganta mientras masajeaba esos testículos a punto de estallar
-Acabame en la cola y en la espalda y la cara ( le pedí)
Y eyaculó tanta cantidad que me untó las nalgas, espalda y cara con un semen espeso hasta que la metí en mi boca y succioné a tope
-Qué cosa rica! Me conseguís más crack, si me das de eso soy un regalito. Yo te espero, vení …
Cerré, a los 3 min me pasó un tubo lleno. Me armé una pipa letal, la fumé y me calzé un shortcito de jean que explotaba, vincha, aros , gargantilla y camisita ajustadísima, abrí y saqué medio cuerpo y me puse a leer, fumaba y la cola me estallaba. Me recosté de costado y me salían gemidos sin querer – mmmm, hhhhh, plis, al instante apareció una de esas bestias – bebé necesitás algo? – Ir al agua con alguien que me cuide, me da miedo, – ok venite yo soy surfer, prepárate y salí …
Fumé como loco, transformado en una nena me puse una calzita brillosa roja y un vestidito superajustada fatal. Salí , me guió lejos del grupo , nos fuimos metiendo al mar tibio , cuando me cubrió el agua arriba de la cintura el tipo agarró fuerte mis nalgas , una con cada mano , las separaba y apretaba ; – ay nenee sos un caramelito … toqué su pija durísima , la acaricié, me deslizó un dedo bajo mi mallita y lo introdujo en mi ano jugoso, agarré ese tronco y lo masturbé lento …
-vamos a tu carpa? Preguntó – ok, pero dame 5 minutos sí? . Y salí corriendo hasta mi bungalow, entré y cerré. Fumé un montón y me calzé una calzita blanca letal, super apretada, mi cola era una bomba.
Al rato llegó, palmeó las manos, fumé más y quedé entregado. Bajé su malla y me la devoré toda entera mientras él metía uno y dos, tres! dedos en mi cola , terminé unas cuatro veces, me volvió loco, metí la pija hasta la garganta, acabó y tragué sin parar, todo (como siempre), me encantaba el semen, tragarlo sin límite. Salió , me recosté desnudo solo en babuchas super ajustadas en la cola, fumé más, ese humo me dejaba loca , se me salía el traste incontrolable y quería pijas y porongas a morirla.
Al rato salí en shortcito de hilo y camisola y oí a distancia:
-este pendejo es diamante , es único, no puede tener esa cola y mamar así , tiene 11 añitos! Eso me calienta más, tenemos que hacerlo filmar , vamos a romper todo, en porno gay teen. Procuren crack y coca, la mejor. Llevale más y monten un set en el pinar .
A los 10min se acercó uno de estos , me llamó : – javi ! Tomá , es un frasco lleno del mejor crack , la idea es hacer una peli corta vos fumando y con tres tipos superdotados, te animás?
– No solo me animo con esa droga me pueden enfiestar
– bueno estate listo muy hot en media hora ok?

– ok sr director
Cerre mi carpita, me acosté, me senté de rodillas con los talones presionándome el culito, prendí crack y más crack, emputecí. Me calzé un culotte rosa fatal, salí a otear el horizonte, paraba mi tasero sin descanso , entré y fumé cuando dijeron: – Salí bby, y me dirigieron al pinar en cuatriciclo. Llegamos y era un set de cine. : – bueno es así, 1er acto, te acostás boca abajo como dormido parando la colita. Van a aparecer tres bestias y te van a manosear, podés?
-mientras fume esto todo …
Uno me untó de aceite mientras otro masajeaba todo mi cuerpo hasta llegar a mis nalgas, un 3ro se arrodilló frente a mi carita y empezó a golpearme con su verga gigante mejillas, ojos, boca. Pedí crack, luego empezó una mamada bestial sensual y heavy , mientras chupaba me bajaban el culotte y metían la cara entre mis nalgas y me cojiendome con la lengua y los dedos, hasta que el mamado me llenó de leche la cara y el del culo me cojía salvaje por atrás, acabé 6 veces y quedé roto pero con deseos mas y mas fantasías
-Corten al agua o a sus refugios. En una hora en la casa 6 para ver el tape y hablar …
-Estas bien? Me dijo el dire
-me encantó! Amo el crack y la pija y exhibirme , quiero hacer una de bucal triple, se puede?
-vos ponete super sexy para la reunión que vienen dos productores porno y tenés que impresionar
Me bañé de mi papi me perfumé y me puse calza blanca super calzada ajustadísima, un cinto con tachitas, maquillaje, brillo, una remerita roja de lycra con un solo bretel fume demasiado y Sali).
Golpee la puerta, – Pasá nene, ponete cómodo, querés fumar algo más? – mmm sí obvio , ud sabe …
Prendieron el dvd y mi actuación rozaba lo profesional, me salía natural, era el mejor pendejo, el más atrevido, cuerpo talladito ,
-Waooo nene sos Premium , necesitamos un nombre de fantasía, cuál te gusta?
-Me gusta Noah o Xavi van?
-sí queda Noah. Llévate una copia del tape .
-puedo fumar? –sí llévate todo esto es para tres días.
Fumé y pedí que me acompañe alguien (ya temblaba de deseo)
Salí con un desconocido productor que ni bien bajamos el médano me tomó de las caderas : – ay me encantaaa quiero su mema tibia y me hace la cola? El hombre estalló – Vamos a mi 4×4 y te llevo a un hotel de lujo Probaste por la naríz? – mmm no pero quiero por todos lados, – vení subí y probala EL sr preparó dos montañas de cocaína que me las aspiré de forma enloquecida, ahhh que pegue, qued´colocado, muy duro y muy tentado con esa pija
-ay sr me lamería el culito yo le juro que se la chupo hasta el final , quiero tomarle la lechitaaa …
Todo esto me lo sacaba la droga

26 visitas en total, hoy 0

El diablo conduce un BMW (3)

Bisexuales, Confesiones, Lésbicos, Sexo con maduros 01/06/2016

Me sentí sucia y avergonzada después de lo sucedido con el sacerdote. La dómina que llevo resurge a veces. Y esta vez iba a ser la lesbiana interior, la que se pronunciaría.

El diablo conduce un BMW (3)

La hermosa mujer respiró agitada. El relato cargado de erotismo le había robado el aliento, pero también había cautivado al padre Patrick y a Priscila como jamás se hubiera imaginado.

– Después de eso –prosiguió Ana luego de beber un sorbo de Brandy-. Me sentí avergonzada de lo que había hecho. Me sentía sucia y nuevamente llena de culpa. Pero había logrado dar un paso para alcanzar mis sueños. Había puesto otra mancha en mi conciencia y en mi matrimonio, pero estaba más cerca de la riqueza, alta alcurnia y supremacía que anhelaba.

– Después de esa experiencia –la chica del BMW continuó de pié-, me prometí serle fiel a mi esposo. Sin embargo, pese a mi intención de ser una mujer fiel y conseguir ese empleo honestamente, terminé repitiendo mis errores. Al final, empecé a utilizar mi cuerpo y el sexo como moneda de cambio para conseguir todo lo que yo quería.

– Entonces, ¿Conseguiste el empleo? –preguntó Priscila.

– Por supuesto –dijo sonriente Ana, contoneándose con elegancia frente al cura y su ayudante-. Pude conseguir eso y mucho más.

– ¿Puede prestarme baño, padre? –se interrumpió Ana-. Necesito sólo un momento.

– Claro, hija –respondió el cura, parándose del asiento y llevándola a su dormitorio. Ahí había un pequeño baño.

Ana lo siguió a la habitación, observando la pequeña recámara donde dormía el cura. Con la sencilla cama ocupando la mayor parte del espacio.

– Cuando vuelvas continuaremos tu confesión – expuso el padre con una sonrisa comprensiva.

– Claro, padre –contestó la chica del BMW con una encantadora sonrisa.

Entonces, el padre tuvo que echarse para atrás para que pasara la muchacha, pero ella no lo esquivó. Lejos de eso, apoyó su femenino tronco contra el pecho del cura. De pronto, el cincuentón pudo sentir la turgencia de los grandes y firmes senos de Ana. La curvatura de su cadera contra su cuerpo se apegó a la zona de la pelvis. La abogada lo miró a los ojos y el cura sintió su aliento en su rostro. El rostro femenino y hermoso estaba muy cerca, con los ojos turquesas mirándolo y los labios carnosos invitándolo a probar del fruto prohibido.

– ¿Usted cuidará la puerta, padre? ¿Por favor? –pidió Ana, girándose para mostrarle el otro perfil de su hermoso rostro, acomodando el carnoso y firme trasero contra la entrepierna del cura.

– Por supuesto. Lo haré –consiguió decir el cura.

– Gracias –le dijo Ana, cerrándole un ojo antes de encerrarse en el baño.

– ¿Qué pasa, padre? –preguntó Priscila, entrando por la puerta.

– Nada, muchacha –se excusó el cura, acalorado. Luego mintió-. Faltaba papel higiénico.

En el baño, la sensual abogada supo de inmediato que en aquel lugar sucedía algo extraño. Aquel último lance con el cura se lo había revelado. Aquellos dos querían reírse de ella, pero no sabían con el diablo que se metían. Aquello era una provocación para la soberbia y altiva mujer. Ana vio en el espejo despertar al demonio que vivía en su interior. Lejos de sentir miedo de sus actos, La abogada dejó que aquel ser tomara fuerza y forma en su interior. Sacó de su cartera cocaína y tres dosis de éxtasis. La droga, así como su vida licenciosa, habían llegado con el nuevo empleo y el dinero.

La cocaína la consumió de inmediato, aquello le quitaría el cansancio y la borrachera. El éxtasis lo escondió en su calzón de encaje blanco. Terminó de maquillarse, arregló su vestimenta. Ana volvió a la habitación, el padre y Priscila parecían conversar en voz baja. Ambos se separaron y regresaron a sus asientos. Cuando los vio, sintió una oscura y cálida sensación crecer en su interior. Una sensación que la hacía sentir segura.

– Entonces –retomó las conversaciones el cincuentón párroco-, que pasó después de eso. Obtuviste el puesto.

– Así es, lo obtuve –contestó Ana, bebiendo el etílico café-. Pero había ocupado mi cuerpo para obtenerlo. Aquello iba en contra de todo lo que me habían enseñado, pero había sido necesario y conveniente. Me di cuenta del poder de mi belleza y me hice amante de Jorge, mi jefe.

– ¿Cómo pasó? –preguntó el padre.

– ¿Cómo pasó? –repitió la pregunta la chica del BMW-. No sé, padre. Sólo pasó. Una noche me vi con él, dejando que me follara a cambio que facilitara mi vida en la oficina. Así de simple. Mi cuerpo empezó a ser mi moneda de cambio.

Ni Priscila ni el padre mostraron querer preguntar algo. Ana decidió continuar.

– Con mi jefe aprendí a hacer bien una mamada, a mentirle a mi esposo y a follar en los baños de las discotecas –reveló la hermosa veinteañera, algo descarada-. Pero no fue el único amante que tuve ni todo el conocimiento que conseguí, después vinieron otros. Compañeros de trabajo, amigos, desconocidos y otros que se suman a la larga lista de mis “pretendientes”. Todos ellos eran diferentes, tenían diferentes penes o perversiones. Es una lista que no quiero detallar.

– Pero ¿Cómo fue la primera vez con tu jefe? –insistió el cura.

– Vamos, cura –dijo molesta Ana-. Quiere que empiece a contar cada historia que tengo. Son muchas. He sido infiel con numerosos hombres. Imagínese el resto.

– Muy bien –dijo el cura, algo molesto-. Entonces, cuéntame algo. ¿Has estado con mujeres?

Ana quedó en silencio, mirando al cura con suspicacia. Pero, luego esbozó una sonrisa de suficiencia.

– Sí, padre –reveló Ana-. He tenido sexo con mujeres.

– Entonces, ¿Quiere la señora Ana hablar de eso? –preguntó el cura, algo irónico.

– Ok. Pero será la última historia –dijo Ana, no dejándose intimidar por el alto y fornido sacerdote-. Estoy harta de tanta confesión.

– Está bien –el cura se dio por vencido con aquella sensual pecadora. Pero sé muy detallada, por favor. En base a esta confesión haremos la expiación de tus pecados.

– Lo haré. No se preocupe, padre –dijo desafiante la desvergonzada abogada.

Una expresión extraña asomó entonces en su hermoso rostro. Una expresión traviesa.

– Sabe, padre –la voz de Ana era más profunda y produjo cierto escalofrío en el cura-. Deberíamos ir a otro lugar para darle realismo a esta última historia ¿No le parecer?

– Por supuesto… si es necesario –dijo algo inseguro el padre Patrick.

– Entonces, ¿Vamos a su habitación? –preguntó Ana.

Ana improvisaba. Sin esperar, se paró y caminó hasta la puerta del dormitorio del padre Patrick y la abrió.

– No estoy segura que sea una buena idea, padre –La rubia parroquiana quiso rechazar la sugerencia de la abogada, sin embargo, se quedó en silencio al notar la actitud del párroco.

– Está bien – accedió el cura-. Lo haremos como la Señora Ana quiera.

– Muy bien –dijo la abogada, satisfecha-. Le prometo que no se arrepentirá.

Ana se sentó en la cama. Esperó que el padre y Priscila se sentaran, en una silla y en la cama, respectivamente. Entonces, la chica del BMW se levantó de improviso anunciando que iba por una copa. Sirvió tres copas de brandy y en ellas puso el éxtasis escondido en su calzón. Al regresar, con las copas en la mano, su sonrisa encarnaba la inocencia.

– Iba a contar la primera vez que tuve sexo con una mujer ¿no? –retomó la confesión Ana, acomodándose en la cama de tal forma que mostraba mucho de sus largas y femeninas piernas.

– Así es –corroboró el cura.

– Ok – continuó Ana-. Estaba gozando la vida y del sexo a espalda de mi amado marido. Pero ni se me pasaba por la mente tener sexo con otra mujer. Estando algo borracha había hecho alguna travesura inocente con Carolina, mi mejor amiga de la oficina. Pero era cosa de chicas borrachas, bailar y fingir ser lesbianas en la discoteca para calentar a nuestros compañeros de trabajo. Pero nunca pasó de aquellas pequeñas travesuras.

– Sin embargo –continuó la trigueña e infiel mujer-, tomando una copa, luego de una charla en un exclusivo hotel, conocí a una mujer. Era una abogada exitosa dentro del sistema judicial de nuestro país. Su nombre era Cecilia.

– Era una mujer afable y educada -empezó a describirla Ana-. Casada, con dos hijos y una agenda apretada. Físicamente, es una mujer alta, muy delgada, cabellera castaña oscura, de nariz grande y poco alineada, pero que imprime carácter a su personalidad. Sin contar ese defecto, es una mujer de unos cincuenta años muy bien llevados.

– Como entenderán –la sensual chica del BMW continuó muy relajada sentada sobre la cama-, me sentí halagada que una persona tan importante como ella se fijara en mí. Luego de un rato, me dijo que la acompañarla a su habitación por una última copa. Estaba por algún motivo que desconocía alojada en el hotel. Por supuesto, la acompañé a su lujosa habitación. Ahí, bebimos alcohol y fumamos marihuana. Todo aquello me hizo sentir relajada. Conversábamos risueñas en un sillón de dos cuerpos, con nuestros cuerpos muy cercanos.

Ana se acercó un poco a Priscila, en la cama.

– No recuerdo cómo, pero en algún momento ella acarició mi cabello. Ella decía que era muy suave. Nuestras miradas se encontraron mientras ella acariciaba con delicadeza un mechón. Así… –Ana dijo esto atrayendo a Priscila hacia ella.

Pese a una pequeña resistencia de la rubia parroquiana, Ana notó que el éxtasis hacía su efecto. Entonces, pudo mostrarle al padre Patrick como Cecilia jugueteó con los mechones de su cabello y acariciaba su rostro esa noche. Priscila estaba tan inmersa en el relato que parecía hipnotizada por la cautivadora voz y belleza de la pecadora e infiel abogada.

– Sin darme cuenta, –continuó Ana, acariciando el rostro de Priscila – me sentía en las nubes. Estaba tan relajada y tan a gusto que no vi venir el beso que Cecilia me robó.

Ana en ese momento dejó de acariciar el rostro de Priscila y sin mediar palabra besó suavemente a Priscila. Priscila, a pesar de la sorpresa, no retiró su rostro. Por algún motivo no sentía deseos de rechazar a Ana. Fue un beso delicado y breve. Las miradas de las mujeres se encontraron, Ana con una sonrisa cómplice y Priscila con los ojos grandes pletóricos de sorpresa y duda.

-Disculpa, no pude aguantarme. Tienes unos labios muy bonitos. ¿Te incomodó mi beso?, me preguntó Cecilia –continuó Ana, observando la reacción de sus acompañantes-. Yo quedé en silencio. No esperaba aquel beso dulce y atrevido ¿Qué le decía a una mujer como ella? No la podía rechazar. No sabía qué hacer.

Priscila tampoco lo sabía. Empezaba a notar que él relato empezaba a repetirse entre aquellas paredes, pero los roles se habían cambiado o al menos una de las protagonistas era diferente. El padre Patrick, en tanto, sólo se atrevía a mirar en silencio.

– Aprovechando mi indecisión, Cecilia me besó de nuevo –relató la sensual mujer de ojos claros.

Ana besó con ternura a Priscila, que esta vez esperaba el beso, pero no hizo nada para evitarlo. Sólo dejó que Ana fundiera sus carnosos y sensuales labios con los de ella. Fue otra vez un beso dulce que hizo mover su sangre y hacer saltar su corazón en el pecho.

– Fue otro beso que me dejó sin palabras –continuó la confesión la abogada, mirando al padre-. Un beso que antecedió muchos otros.

Priscila, a su lado, era incapaz de apartar la vista de la boca de Ana. Ana volvió a besar a Priscila, el cuerpo de la rubia cayó a la cama, bajo el dominio de la sensual abogada. El padre Patrick, sentado a unos metros de las dos mujeres. Era testigo privilegiado de como los besos se hacían más apasionados. La respiración de la rubia se agitó y en los ojos se notó que perdía la compostura, entregándose a la lascivia. Al cura, viendo aquella erótica escena, le fue imposible aguantar una gran erección en su pantalón.

– Cuando Cecilia empezó a desabrochar mi camisa, yo no me resistí –Ana empezó a hacer lo que decía sobre el cuerpo de la sumisa Priscila.

Ana apartó un mechón rubio del rostro de Priscila antes de bajar con sus dedos rozando su cuello hasta alcanzar los botones de la camisa y abrirlos para acariciar uno de los grandes y turgentes senos de la rubia parroquiana.

– Sentí placer cuando Cecilia puso sus manos en mis senos y besó mi cuello –continuó la lujuriosa abogada, renovando las caricias sobre Priscila-. Sin poder evitarlo mi camisa estaba abierta y mis senos empezaron a sentir los labios de un nuevo amante, esta vez una mujer.

– Era besos suaves… eléctricos –le dijo Ana a Priscila-. ¿Sabes cómo se sienten los besos de una mujer en tus senos, sobre tus pezones?

– No lo sé –la voz de la rubia sonó suave, temblorosa.

– ¿Te gustaría saberlo, Priscila? –le preguntó Ana, acariciando por sobre el sujetador celeste el pezón de la muchacha.

Priscila permaneció en silencio. Ana tomó la iniciativa y sumergió su rostro en la parte superior de los grandes senos de la rubia. Priscila cerró los ojos y dejó que la hermosa abogada la transportara a otra parte.

El cura observó como los carnosos labios de Ana eran depositados sobre los soberbios senos de su asistente y no fue capaz de moverse de su asiento, ni siquiera por la incómoda erección en el pantalón.

Ana continuó en los senos de Priscila, chupó la punta de los grandes senos y tomó el pezón en su boca, chupando con deleite. Priscila lanzó un gemido, disfrutando. No se detuvieron ni cuando sus conciencias pidieron que lo hicieran. Todo alrededor giraba alrededor de la sensual boca de Ana y el oscuro pezón de Priscila. Todas las sensaciones y miradas alrededor de ese íntimo contacto, mientras los ojos de Ana y los del padre Patrick no paraban de encontrarse.

– Lo ve –logró decir Ana, con la respiración agitada-. Yo también terminé excitándome con Cecilia. Empecé a tocarla como ello lo hacía, como Priscila toca ahora mis senos.

– Quítame la camisa, Priscila –le pidió Ana a la rubia, que lentamente siguió la orden de la trigueña y sensual mujer-. Yo le saqué la camisa a Cecilia, bese sus pequeños e insignificantes senos como si fueran los senos de una diosa. Ella se levantó y me tomó de la mano. Me condujo al dormitorio. Ahí, nos acomodamos sobre la cama y continuamos besándonos, dándonos placer.

Ana hizo recostar a Priscila en la cama y se acomodó a su lado. Las dos mujeres estaban “liadas” en la cama, entregadas en besos y caricias. Priscila había perdió rápidamente la falda y los besos de Ana bajaron hasta su sexo. El cura se puso de pie, se sentó en la esquina más alejada de la cama y observó fundirse a las hermosas féminas. Las manos de Ana acariciaban los senos de Priscila mientras besaba su sexo sobre un calzón pequeñísimo del mismo color celeste que los ojos de la rubia. La sensual trigueña aún conservaba el sujetador y la corta falda, pero estiraba como estaba en la cama permitía al cura ver claramente el calzón de encaje blanco.

Sin duda, pensó el padre, aquella mujer era una lasciva tentación. Su cuerpo era la fruta prohibida hecha mujer, arrojada por el demonio para tentar a la humanidad.

La abogada hizo girar a la bonita muchacha, para besar su espalda, sus hombros y su cuello antes de regresar con la lengua hasta su cintura y luego besar el voluptuoso trasero de Priscila. El calzón celeste era un pedazo de tela delgada y demasiado sexy, que dejaba al descubierto casi por completo al desnudo los sensuales glúteos.

– Que buena está su chica, padre Patrick –Ana empezó a sacarle el calzón a Priscila y a exponer sus labios vaginales-. Mmmmmmmhhhh… calienta sólo verla y pensar en comerle este dulce coño ¿no es así, padrecito?

El cura no dijo nada, sólo se mantuvo inmóvil mientras Priscila, boca abajo, recibía la boca de Ana en su entrepierna.

– Ahhhhhhhhhhhh –gimió Priscila.

Al párroco irlandés le gustaba estar al mando, sentirse dueño de la situación. Pero no se atrevía a hablar o acercarse. Ana continuaba dando placer a su compañera, que soltaba pequeños murmullos, suspiros y algunos gemidos. Luego de un momento, que al padre Patrick se le hizo eterno, Ana se retiró. La hermosa abogada de ojos verdeazulados y cabello atado en una coleta se incorporó en la cama, jugueteando con los dedos en el húmedo coño de Priscila. Sus ojos no paraban de observar al cura irlandés mientras masturbaba a la sensual parroquiana.

– Yo estaba caliente en manos de Cecilia –Ana regresó a “la confesión”. Sus dedos, lentamente, empezaron a adentrarse en el coño brillante de la rubia-, sus dedos empezaron a tocarme, a penetrar en mi cuerpo. Yo estaba realmente caliente y cuando me ordenó que le lamiera el coño estaba más que dispuesta.

Ana dijo las palabras con depravación, haciendo que un escalofrío recorriera la espalda del cura.

– Mnnnnnnnnnnnn…. Dios mío… -interrumpió con susurrantes palabras la rubia y hermosa parroquiana, con los dedos de Ana entrando y saliendo de ella, mojados por los fluidos vaginales.

– ¿Te gusta, amor? –preguntó Ana, mirando al compungido padre Patrick.

Pero fue Priscila quien respondió.

– Si –la respuesta vino en medio de suspiros. Sus ojos celestes parecían brillantes y llenos de lujuria.

– Ayúdame, Priscila –ordenó la chica del BMW-. Sácame la falda.

La falda corta de Ana fue retirada rápidamente por Priscila. Ana entonces se estiró boca arriba sobre la cama. Su cuerpo era perfecto al parecer, con senos grandes y curvas armoniosas cubiertas aún por la ropa interior de encaje blanco, un conjunto muy sexy. Además, tenía su calzado de tacón alto aún puesto. Arrodillada a su lado, Priscila estaba completamente desnuda. Una muchacha escultural de senos grandes y caderas y glúteos generosos. Su coño estaba depilado de tal forma que sólo una línea de bello rubio adornaba su coño, por sobre éste. Era un cuerpo ligeramente diferente al de Ana, pero igualmente deseable y hermoso.

– Muy bien, mi amor –la felicitó Ana, acariciando a su compañera.

Ana estirada sobre la cama, abrió sus sensuales piernas.

– Ahora –continuó ordenando Ana-, quiero que bajes un poquitito mi calzón y veas que secreto tengo aquí escondido para ti, preciosa.

Priscila hizo lo que se le pedía con sumisión. Se acomodó entre las piernas de la sensual trigueña, bajó el calzón blanco de Ana. La veinteañera e infiel mujer tenía una pelvis completamente depilada. El coño de la escultural abogada parecía el de un bebé y los dedos de Priscila se movían con timidez sobre él. Al ver aquel coño el padre Patrick sintió reaccionar su pene en el pantalón. Fue una erección dolorosa y satisfactoria a la vez.

– Muy bien –susurró Ana, dejándose llevar por primera vez.

El párroco, ahora de pié, era testigo de las primeras caricias de los dedos y la boca de Priscila. La avidez de su feligrés por dar placer a Ana era un espectáculo que lo mantenía sudando, con el rostro colorado y la boca seca. El cuerpo de Priscila iba y venía sobre el cuerpo de Ana, que dejaba que fuera la rubia quien llevara la iniciativa. La dedicación de Priscila sobre el área genital de la sensual e impúdica abogada parecía total.

– Padre Patrick –la voz de Ana sacó al cura de sus ensoñaciones-. Necesito un favor. Se puede acercar.

– Si –la voz le salió en un hilo.

– Necesito que me saque el sujetador, por favor –Ana entreabría y cerraba los ojos por el placer que recibía de la boca de Priscila.

– Yo… -no sabía que responder el cincuentón párroco irlandés.

– Por aquí –la curvilínea abogada expuso un broche en la parte delantera del sensual sujetador blanco. Luego, simplemente cerró los ojos.

Ana parecía vulnerable, pero sólo como una tigresa dormida. El cura no se atrevió a desobedecer a esa mujer. Con cuidado, cogió el broche y liberó el contenido de la tela de su prisión. Los senos de Ana eran grandes, erguidos y perfectos. Era un torso juvenil, de pezones rozados y pequeños entre tanta carne. Al padre Patrick se le hizo agua la boca. A la sazón del momento, no pudo evitar comparar a ambas mujeres.

– Gracias, padre –la voz de Ana y los ojos verdeazulados observándolo lo devolvieron a la realidad-. Ahora, quiero que ayude a Priscila. Párese a la altura de su cadera, por favor.

El padre así lo hizo, sometido a la voluntad de aquella pecadora.

– Ahora, quiero que ayude a Priscila –susurró Ana, con su entrepierna invadida -. Quiero que lleve su mano a la espalda de Priscila, sobre ese hermoso trasero.

El párroco no pudo resistirse a la petición de Ana. Cuando su enorme mano tocó la piel de Priscila la encontró caliente y sudorosa. Sin proponérselo, acarició la cintura y parte de la curvatura de la cadera de la rubicunda hembra.

– Muy bien… Yo sabía que necesitábamos un poco de estímulo para reanimar a Priscila –anunció Ana, mordiéndose el labio inferior-. Mire como se ha puesto con su contacto. Mire como se come hambrienta mi coño… por dios… lo hace muy bien, padre.

Era verdad. Priscila parecía querer devorar el coño de Ana. Lo besaba, lo chupaba, lo absorbía. Sus dedos jugueteaban con su clítoris, bajando y subiendo por sus labios mojados.

– Ahora, padre Patrick -pidió Ana-, quiero que lleve sus dedos a la entrepierna de su hermosa asistente. Hágalo acariciando su trasero, lentamente. Quiero poder sentir a través de la lengua de Priscila el placer que usted le da.

Los dedos del cura, posados en la cadera, así lo hicieron. Como si tuvieran vida propia acariciaron el glúteo de su asistente. Su mano se arrastró vil y sensualmente por la anatomía de su parroquiana hasta llegar al coño de Priscila. El movimiento arrancó primero un gemido de Priscila y luego una respuesta en Ana, que curvó la espalda.

– Juegue con su clítoris, por favor –fue el mandato de Ana.

La mano del cura se puso a trabajar, empapándose de los flujos de Priscila.

– Y ahora, penétrela con los dedos, padre –ordenó Ana, sus ojos claros eran pura lujuria y malicia.

El padre sintió como sus dedos penetraban a la mujer que era su mano derecha en la iglesia. La humedad le cubrió los dedos mientras se adentraba en el coño de Priscila, arrancándole un gemido y luego otro.

“Dios… que hermosas mujeres. Quiero hacerlas mías”, pensó el cura.

De pronto, el padre Patrick llevó su mano libre a la entrepierna y acomodó su pene. Sintió de inmediato la necesidad de masajear su sexo, acariciarlo sobre el pantalón mientras observaba el cuerpo desnudo de Priscila mientras sus dedos se adentraban en su sexo.

– ¿Quiere saber qué pasó con Cecilia, padre? –preguntó Ana.

– Si –contestó el padre, sus ojos negros mostraban un brillo febril.

Ana se levantó, dejando a Priscila arrodillada boca abajo, con el cuerpo inclinado mientras exponía la cola para que los dedos del padre Patrick siguieran penetrándola. La abogada se acercó lentamente al cura, por el otro lado del cuerpo de Priscila. Desde el otro lado de la cadera, Ana también empezó a acariciar con sus dedos la intimidad de la rubia. Ahí, sobre el coño de la rubia, los rechonchos dedos del cura y los estilizados dedos de Ana se tocaran por primera vez.

El padre Patrick podía sentir los gemidos de la rubia mientras él y Ana la acariciaban. Priscila estaba muy mojada y en un momento empezó a temblar hasta que su cuerpo cayó hacia un lado. La abogada sonrió, satisfecha de su labor.

– Estaba muerta de placer en manos de Cecilia –continuó, inclinándose nuevamente sobre el cuerpo de Priscila para dar pequeños besos sobre aquel hermoso cuerpo-. Llevaba un rato besándola, lamiendo sus senos, atendiendo su coño y entregándome a Cecilia cuando sentí un ruido en la puerta, a mi espalda. Entonces, vi a un hombre entrar en la habitación. Un hombre de más de cincuenta años, calvo y vestido en un traje de etiqueta. Aquel hombre era el esposo de Cecilia.

El cura Patrick quedó paralizado frente al cambio de los acontecimientos en la historia de Ana, su mano sobre el pantalón podía sentir el palpitar de su erecto pene. La abogada se inclinó en la cama, exponiendo su hermoso y escultural trasero a menos de un metro. Así lo había encontrado el desconocido en su historia.

– Estaba inmóvil, incapaz de reaccionar –continuó a Ana, llevando sus dedos a su sexo y acariciándolo-. Los pasos del hombre cruzaron la habitación hasta quedar cerca de la cama. Era incapaz de mirarlo a la cara. Observé a Cecilia, en su rostro no había culpa ni sorpresa. Sólo una sonrisa lasciva, descarada.

“Bienvenido, querido. Feliz Aniversario. Te tengo una sorpresa”, dijo Cecilia, indiferente a mi presencia.

“Así lo veo”, la voz del hombre era ronca y serena.

“Te dije que era una putita, pero no me creíste ¿No debiste apostar contra tu esposa?”, dijo Cecilia.

– Ellos me ignoraban –relató Ana, con los dedos hundiéndose en su propio sexo y Priscila recostado a su lado-. Mi cuerpo estaba desnudo entre ellos y me ignoraban.

“Así es… no creí que fuera posible que la sedujeras”, contestó el desconocido.

– El marido de Cecilia acarició mis glúteos –contó Ana, que parecía excitarse mientras se masturbaba y recordaba-. Rozó mi sexo y continuó hablando con su mujer.

“Tendrás que preocuparte de los asuntos de los chicos y de la casa por un mes”, dijo con frivolidad Cecilia.

“Así es”, fue toda la respuesta de su marido mientras sus manos recorrían mi espalda y mis glúteos.

“¿Te gusta la chica? ¿Quieres que te la preste un rato?”, le preguntó Cecilia.

“Si, me gusta… La quiero”, dijo él.

“Entonces, tómala, amor”, respondió Cecilia, entregándome a su marido como un objeto sin importancia.

– Se imagina, padre –La voz de Ana era agitada, sus dedos estaban cada vez más adentro de su sexo. Priscila se arrodilló al lado, observando-. Sentí que el hombre se sacaba la ropa y se subía a la cama, atrás mío. Cecilia me ordenó que le continuara comiendo el coño y así lo hice. Estaba excitada, nunca había participado en un trío. No hasta ese momento.

– Sentí la presencia del hombre entre mis piernas –la chica del BMW llevaba sus dedos más adentro de su sexo-, su pene rozó mis glúteos y mi entrepierna. Entonces, me penetró y aquello me impulsó a volver a lamer y besar el clítoris de Cecilia. Estaba en otro mundo, sumisa. Dispuesta al placer, como ahora.

La sensual abogada tenía los dedos entrando y saliendo de su sexo, el padre la observaba paralizado, sintiendo su verga erecta dolorosamente presionar contra el pantalón. Fue entonces, que sintió una mano intrusa en el pantalón. Era Priscila, que sin mediar palabra, desabrochó el pantalón y sacó el pene del padre Patrick de su prisión. Era una verga grande y gruesa, dispuesta a la acción.

– Basta de juegos, padre –la mirada de Priscila era de determinación cuando sacudió el pene en su mano-. Déjeme ayudarlo, sólo un poco.

La rubia asistente se sentó en la orilla de la cama y se inclinó sobre el cuerpo del cura para comenzar la mamada ayudada de una mano. La lujuria del párroco despertó del estado latente en que se encontraba. El padre Patrick llevó las manos a los senos de Priscila y los apretó con fervor insano.

– Así me gusta, padre –la voz de Priscila era la de una mujer pérfida, dándose tiempo para hablar mientras metía el descomunal pene en su pequeña boca-. Estire mis pezones… así.

– Dios… eres una perra, Priscila… -dijo el padre. Mientras miraba el tentador culo de Ana.

– Si… soy una puta, padre… su putita… me encanta su verga –Priscila parecía otra persona bajo la barriga del cura, haciendo suyo aquel masculino trozo de músculos y venas.

Ana estaba muy excitada para entender bien que pasaba. Sus ojos turquesas parecían prendidos en la magnífica verga que de la nada había aparecido. La deseaba y eso hacía que buscara su clítoris con sus dedos, sin sutilezas. Era una caricia salvaje.

El padre Patrick comprendió que aquella dominante mujer, la hermosa y curvilínea dueña del BMW, estaba finalmente a su alcance. Su lujuria la dominaba. Había llegado la hora del “castigo”. Apartó a Priscila, subió a la cama y tomó a Ana de las caderas, acariciando ese prodigioso cuerpo. Agasajándose con la piel en su palma, subiendo hasta un firme seno y apretándolo fuerte. Tomó un pezón y lo estiró, arrancando gemidos de aquella diablesa con forma de mujer. Acarició el sexo de Ana, tocando el depilado coño y repasando el clítoris con el pulgar. La humedad y el calor que encontró eran una invitación que no podía rechazar. Entonces, el cura bajó el calzón blanco hasta los muslos, guió su pene entre los pliegues de aquel lugar pecaminoso y la penetró.

Ana Bauman lanzó un grito ante la bestial estocada, incapaz de abarcar toda aquella alimaña en la entrepierna. El dolor se extendió por su cuerpo, pero también un calor que le nubló la vista. El padre Patrick sintió que su verga era apretada en toda su extensión. La sensación fue deliciosa, triunfal. Entonces, retrocedió y embistió de nuevo el desnudo coño de Ana, penetrándola una y otra vez.

La abogada gemía, gritaba y se quejaba contra las sábanas de la cama, pero mantenía la posición inclinada y sumisa, con la cola a completa disposición del cura Patrick. Ana estaba caliente, el sacerdote era cada vez más salvajemente en sus movimientos, pero la escultural trigueña parecía acostumbrarse al tamaño del “artefacto” del cura y los gemidos ya eran de placer más que de dolor.

El padre notó a Priscila a su lado, observándolo y la atrajo hacia él. La tomó de la cintura y la besó, perdiéndose en un apasionado encuentro de sus lenguas mientras Priscila se afirmaba de sus hombros. Así, continuó follando a Ana y disfrutando en lo posible del cuerpo de Priscila, cuyos pechos eran manjar de los labios del párroco. Poco después, al cura se le ocurrió cambiar de posición y ordenó a Ana colocarse boca arriba sobre la cama.

– Abre las piernas –ordenó el cura.

La hermosa abogada parecía entregada al cambio de roles.

– Priscila cómele el coño a esta puta –anunció a su asistente.

Priscila así lo hizo. Enterró su rostro en la entrepierna de la preciosa abogada. En tanto, el voluminoso cuerpo del padre Patrick se acercó a la cara de ángulos y pómulos perfectos de Ana.

– Chúpame la verga, perra –fueron las palabras sin derecho a réplica del cura, mientras depositaba aquella enorme verga sobre el angelical rostro de ojos turquesas y labios carnosos de Ana.

Ana, con la respiración agitada por las caricias de Priscila en su clítoris, estiró el esbelto cuello y puso sus carnosos y sensuales labios sobre la monstruosa verga del cura. Recorrió la piel cubierta de venas con labios entreabiertos, aspirando el aroma a sexo y orina de aquel hombre. Incapaz de detenerse, abrió la sensual boca y probó el sabor de aquel sexo que no era el de su esposo. Una oscura lujuria se desencadenó. Tomó la verga con una mano y llevó el pene por su cara, por sus labios, por su mentón. Se lo metió a la boca un momento y lo saboreó con la lengua. Era grande, muy grande. Llevó el pene hasta uno de sus pezones, estirándose en la cama. Tomó uno de sus senos con su mano y lo apretó contra aquel monstruoso pene. Estaba divertida con ese juego cuando escuchó al cura hablar de nuevo.

– He dicho que me chupes la verga, puta –fueron las crudas palabras del párroco.

Ana, la sumisa, obedeció. Empezó a chupar con fervor la verga del padre Patrick, como se le había ordenado. Podía sentir la lengua de Priscila en su sexo y las manos del cura sobre sus senos y sus glúteos.

– Así. Muy bien, Señora Ana… muy bien… -decía el cura-. Es usted una experta… nunca pensé que alguien pudiera llevar tan adentro mi pene. Es usted, una verdadera puta, Señora Ana.

Ana retrocedió, casi sin aire. Pero sólo para aprovechar de lamer el pene mientras respiraba agitada.

– ¿Cuál es el apellido de su esposo, Señora Ana? –preguntó el sacerdote mientras la verga del cura se meneaba frente a la carnosa y sensual boca.

– Moro… Tomás Moro –contestó Ana, mientras la curvilínea trigueña de ojos claros lamía la punta del glande.

– Señora Moro, debo decir que Usted lo hace estupendo… es usted una puta divina –dijo el cura, acariciando el rostro y cabello de Ana, impulsándola a renovar la lasciva labor sobre su pene.

– Dios, no puede hacerme esto –pidió Ana, con el monstruoso pene entre los carnosos labios.

– Claro que puedo, Señora Moro y usted también puede hacerlo –anunció el cura, estirando un pezón.

Ana, con excitación renovada por las palabras del cura, se metió otra vez aquella grotesca verga. Priscila había dejado de darle placer y ahora se encontraba a su lado, tratando de disputar aquella verga. Ahora, las dos mujeres besaban, lamían y chupaban alternativamente el pene del cura. Sus labios y leguas fundiéndose pecaminosamente sobre el monstruoso aparato del padre Patrick. Aquello excitó al pervertido sacerdote.

– Así me gusta, putitas –les dijo mientras observaba encontrar sus lenguas en la punta de su pene-. Bésense… chúpemela, Señora Moro. Vamos, Priscila… no te quedes atrás.

Era excitante, pero luego de un rato se obligó a apartarse de ambas mujeres.

Indicó a Ana que había llegado la hora de recibirlo nuevamente. La lujuriosa mujer del BMW se dejó caer sobre su espalda y recogió sus piernas hacia los lados, abriéndose tentadoramente. La prenda blanca y las medias negras se habían perdido en algún momento y sólo el elegante calzado de tacón altísimo adornaba su cuerpo. El resto sólo era la más magnífica desnudez.

El padre Patrick se desnudó también, su cuerpo alto y voluminoso distaba mucho de la belleza de sus acompañantes. La lasitud de las carnes hacía juego con la barriga, la breve papada y el trasero pequeño. El rostro, habitualmente pálido, estaba rojo y la melena y barba de color castaño oscura salpicada de canas parecía más oscura, casi negra por el sudor. Así, el pervertido cura se aproximó a la infiel mujer. Ana lo esperaba con las piernas muy abiertas, en un contraste morboso y perverso.

El cura se echó sobre el vientre plano de Ana. Repasó con la verga el mojado coño sin lograr penetrarla al primer intento. Sólo la lujuria unía el juvenil y angelical cuerpo de Ana con aquel desproporcionado cincuentón de barriga prominente y tosco aspecto. Sin embargo, cuando aquella enorme verga entró en Ana, el padre Patrick supo que ella le pertenecía. El cuerpo y la mente del cura parecían fundirse con el mismo paraíso, entregándole un calor y un placer que irradiaba desde su pene hasta cada célula de su cuerpo.

Los labios finos del cura buscaron la turgencia de los labios de aquella hermosa mujer, Ana se fundió en un beso de pasión insana. Aquel era el primer beso entre los amantes y al pervertido párroco le supo a gloria divina. Embistió una y otra vez contra la pelvis de la muchacha mientras sus bocas se unían, mientras lamía aquellos senos grandes de pezones erguidos, mientras le susurraba palabras al oído y ella lo atraía a su femenino cuerpo pidiendo más.

– Fólleme, padre… más… por dios, quiero más… -la escuchaba el párroco casi sin aliento en su oído-. Que verga… mmmmmnnnnnnhhhh…. Más… padre, por favor… más.

– Ha sido una mala esposa, Señora Moro… ahora debe pagar… -le decía el cura, pervirtiendo el acto de la expiación mientras continuaba penetrándola.

– Si, he sido una mala esposa… una pervertida… ah… dios… soy una perra infiel… una puta… mmmmnnnnnhhhhh… soy su puta, padrecita… suya… aaaahhhhhh… -respondía Ana, disfrutando de la lengua y los labios del cura sobre sus senos.

– Si… eres una puta que vive de las apariencias… una mujerzuela… vamos puta… demuéstrame la puta infiel que es, Señora Moro -dijo el cura, incorporándose entre las piernas de Ana sin dejar de penetrarla.

– Priscila, ven acá –llamó a la rubia el cura-. Señora Moro, quiero que le coma el coño a Priscila… Priscila, coloca tu coño sobre Ana, hazlo mirándome. Así, quiero verte.

Mientras el padre continuaba follando a Ana, extendida en la cama con las largas piernas alrededor de la gruesa cintura del cura, Priscila colocó su entrepierna al alcance de la boca de la sensual abogada, que empezó a lamer el coño de la rubia. Priscila, que sabía muy bien lo que hacía, en esa posición de frente al cura se inclinó para lamer la verga del pervertido sacerdote o el clítoris de Ana. Aquello, fue más de lo que pudo resistir la trigueña abogada, que tuvo su primer orgasmo. Fue largo y le nubló la vista. Pero le siguieron otros más. Aquello era una locura.

– Dios… aaaaaahhhhhh…. Mmmmmnnnnnnnnhhhggg… me corro, padre… me corro… -gritó con un último aliento la hermosa abogado.

Ana ya no tenía fuerzas, dejó que el cura continuara sobre ella hasta que en algún momento éste se corrió sobre su pelvis y abdomen. Lejos, de amedrentarse, el cura seguía caliente. De inmediato, llamó a Priscila a su lado. Sin esperar, empezó a follarse a su guapa asistente. La Rubia y el cura parecían dos adolescentes incapaces de suprimir su deseo. Ana los observó sin fuerza a su lado.

– Al final, de aquella noche –Ana continuó su historia mientras veía follar al padre y Priscila-. Fui usada por Cecilia y su esposo. Aquella había sido mi primera experiencia con una mujer y mi primer trío. Lo disfruté totalmente, sin embargo, cuando me dejaron ir cerca del amanecer tuve que lidiar con las consecuencias y la culpa.

El padre Patrick le comía las grandes y blancas tetas a Priscila, ella a su vez saltaba sobre la enorme verga. Era una imagen poderosa para los sentidos. Mientras limpiaba el semen del cura de su abdomen, Ana continuó su relato, a pesar que no sabía si le escuchaban.

– Como aquella vez, cada vez que volví a ser infiel he sentido la culpa corroyendo mi interior. Pero a la vez reafirmaba con cada infidelidad aquella lujuriosa emoción, aceptándola. A veces quisiera ser la muchacha inocente y fiel de hace años, pero sé que eso no es imposible. Mi cuerpo me pide placer. Soy una mujer extraña ¿no?

No hubo respuesta. Los gemidos de Priscila y las palabras soeces del cura aumentaban en la habitación. Ana observó su cuerpo desnudo. El recuerdo de lo que había dejado atrás le trajo cierta tristeza. No obstante, la escena sexual a su lado borraba todos aquellos pensamientos. Sin notarlo, volvió a excitarse. Ana se sentía cansada, pero la urgencia de su bajo vientre empezaba a crecer y era un llamado al que no podía faltar.

Se escabulló al baño y aspiró cocaína. Se observó al espejo. Se sintió hermosa. La chica se transformó de inmediato en la diablesa sedienta de lujuria. Ana estaba lista para unirse al padre y su amante nuevamente. Estaba lista para fundirse en un delicioso sexo infiel y profano. Sin pensar, volvió a la habitación.

– Ven aquí, preciosa putita –escuchó decir al cura.

Ana sonrió y dejó que las manos del cura la llevaran a la cama. Ya no había vuelta atrás, ni en aquel momento ni en su vida. Aquella confesión que le arrancó el cura duró horas, pero cuando se marcho se sintió satisfecha. Cuando marchaba en su BMW a casa, con su marido, se sentía por algún motivo relajada y en paz.

Quizás por eso, en el futuro, cuando Ana sentía que la culpa o el remordimiento la embargaban, pensaba en aquella iglesia. Entonces, conducía su BMW negro a aquel lugar. Buscando la salvación carnal en manos de un bonachón cura y su guapa asistente.

15 visitas en total, hoy 0

Recuerdas ese día en el que nos encerramos en la habitación?

Confesiones 01/06/2016

¿Recuerdas ese día en el que nos encerramos en la habitación? Confesiones como esta me vuelven a mil por hora

Me atrapaste contra la pared… ¿está volviendo a tu cabeza? ¿Te ves mordiéndome la boca, el cuello…? Y entonces me empujas hacia la cama, y me quedo sentada, y tú rodeándome, mi espalda choca con el cabecero. Y me miras, examinando la escena. La camisa blanca que se transparenta te está volviendo loco, la falda, mis piernas… pero vuelves a la camisa, arrancándome los botones uno a uno, pero con impaciencia, mientras nos besamos a lo bestia y nuestras lenguas se retuercen sin rumbo. Mi piel te está pidiendo que me quites el sujetador, tu cuerpo también te lo pide, y lo harías esfumarse con los ojos si pudieras. Deslizas las tiras que sostienen el peso por mis hombros, desabrochas y cae poco a poco. Me empujas contra el colchón… ¿Quieres que te lo diga?

Me empujas contra el colchón porque te gusta ser quien lleva la voz cantante, son confesiones mías,  y pasas tus dedos por mis pechos, haciendo círculos, hasta que llegas a mis pezones, y los besas, los lames, los muerdes, porque joder, tienes hambre ya. Estás encima ahora, y te desabrocho el cinturón que se interpone, y los pantalones, introduzco la mano en la abertura y palpo por dentro, te toco, y veo que todo está saliendo muy bien. Te doy la vuelta y ahora soy yo quien está arriba, y tú sobre el colchón. Coloco mis rodillas a cada lado de tus muslos, tiro de las perneras de tu pantalón y te lo saco. Y tus boxers, ajustados… esos te los dejo un poco más y me inclino sobre ti mientras dejo que se rocen con lo que aún tapa mi falda, y te beso la boca, te beso el pecho, y voy bajando… Pero no vamos a quedarnos aquí, ¿no? En absoluto.

Ahora sí, ahora están a punto de reventar, ¡vas a dar de sí la tela! Tiro de ellos también y los hago desaparecer tras tus pies. Subo la vista y veo el Empire State Building de la habitación, frente a mí, toda tuya y toda mía, y me coloco en posición y me la llevo a la boca, subo y bajo, y respiras fuerte y acompasado con mis movimientos. Paso mi lengua por tu capullo, mientras te la agarro con una mano y con la otra te cojo los testículos y jugueteo con ellos porque ninguna parte de ti se merece un olvido, y vuelvo a subir, y a bajar mientras te vas excitando y me dedico especialmente con tu glande hasta que ya no puedes más y estás a punto de irte.

Pero entonces paro, porque quiero que esto dure sin que tengas que recargarte, y como lo has entendido bien, me das la vuelta, estás muy excitado, y quieres que yo pase por lo mismo. Me arrancas la minifalda y el tanga rojo que llevo también te está estorbando pero no te importa aún. Pasas los dedos por encima del encaje rojo, con presión sobre mi clítoris, sobre mi vagina, y lo apartas ligeramente y sigues moviendo los dedos entre mis labios. Me preguntas que si me gusta y sabes que me encanta. Me quitas el tanga, y comienzas a darle fuerte, a moverte con rapidez, y yo a bendecir tus manos. Estoy mojada, pero quieres llevar esto un poco más lejos. Con la otra mano introduces un par de dedos en mi vagina, y los sacas y los metes, poco a poco, lentamente. Entonces los sacas y paras: has tenido una mejor idea. Acercas tu boca a mi vagina, a mi clítoris, y empiezo a gemir de placer, ya no puedes dudar de si me gusta. Mueves tu lengua entre la carne, sabes jugar, sabes divertirte, sabes que puede que me vaya y aquí me castigas, y vuelves a parar porque tú eres el jefe. Subes por mi ombligo hasta mis pechos, dejando que nuestros sexos se rocen, y muerdes mis pechos, mis pezones, mientras me miras disfrutar. Pero tú también estás excitado, no eres de piedra.

Me ordenas que me levante y te aborde, y yo obedezco, te tumbas, y me pongo de rodillas encima tuya, subo y bajo, y para ti son las vistas, arriba y abajo, mientras tengo mis manos en tu cintura y según lo voy sintiendo, te sujeto más fuerte o menos, para que notes cómo lo estoy viviendo. Ponme a cuatro patas como a las gatitas sobre la cama y dame bien mientras muevo mis caderas, y me las sujetas para que no me escape. Y como no podía faltar, vas a darme la vuelta, a tumbarme en el colchón, a rodearme por tus brazos, justo como hemos empezado, ¿recuerdas? Pero ahora sí me la estás clavando, ahora estamos los dos a punto, gimiendo acompasados a los golpes de tu cadera, tan puestos, son confesiones muy fuertes, pero tan excitados, tan rabiosos… Tan acabando, y acabas dentro, lo sueltas todo, después de haberlo dado todo.

8 visitas en total, hoy 0

  • DESTACA tu post patrocinado/relato

    por el 10/04/2018 - 1 Comentarios

    Destaca tu post patrocinado/relato por encima de todos. Siempre estará arriba. Dos enlaces/dos palabras a tu web. Solicita información. ¿QUIERES VER TU BANNER O PUBLICIDAD AQUÍ?  

  • una paja a mi sobrino

    le hice una paja a mi sobrino

    por el 02/05/2018 - 1 Comentarios

    Yo estaba con mi hermana una tarde hablando de nuestros hijos Tengo 26 años, soy madre soltera de un único hijo llamado Juan, de 9 años Mi hermana tiene 32, y tiene un hijo de 13, Brian De pronto ella tocó un tema muy delicado. Empezó a hablar de que Brian ya se masturbaba Yo […]

  • esposa caliente

    Esposa caliente y desaprovechada

    por el 29/04/2018 - 4 Comentarios

    No sabía donde ubicar mi relato, el de una esposa caliente, desaprovechada y desatendida, no sabía ni por dónde empezar, en realidad aún no lo sé. Dejaré tan solo una foto mía de esta mañana, para seguir si ustedes lo desean. A todas las maduras anónimas como yo, desaprovechadas.

  • amas de casa calientes

    Esposa caliente y desaprovechada I

    por el 04/05/2018 - 1 Comentarios

    Lo primero que tengo que decir, es que quería agradecer sus comentarios, creía que nadie vería lo que publiqué. A Javier y Daniel. Soy una de esas amas de casa calientes que hay tantos pueblos y solo ellas lo saben. Me excitan los relatos que leo, y pensé que puedo aportar mi experiencia. Desaprovechada como […]

  • Mis bragas usadas

    Fotos íntimas de bragas usadas

    por el 09/05/2018 - 0 Comentarios

    Con cincuenta y dos años, con mis bragas usadas sucias, y excitada como siempre que veo fotos o leo algún relato, o veo algún vídeo, aprovecho para contribuir a este fetichismo que muchos tienen por las bragas, bragas usadas mis braguitas puestas, con algunas fotos que me hizo mi esposo, para Vds, espero les gusten, […]

  • Me abandonó y se fue con una escort

    por el 11/04/2018 - 0 Comentarios

    Me llamo Laura estoy casada hace muchos años, ya ni me acuerdo, pero muchos. Mis redondas formas así lo confirman. En la foto que desentona, la rellenita y tetona, se me puede ver, al trasluz, ahí estoy; las otras fotos, mi imaginación que vuela, rubia, guapa, delgada es la que yo creo que esa noche […]

Escribe aquí tu búsqueda …

relatos xxx

¿Eres mayor de edad?

Este sitio web provee acceso a material, información, opinión, contenido y comentarios que incluyen material sexualmente explícito (colectivamente, el “Material Sexualmente Explicito“). Todas las personas al acceder a este sitio deben tener 18 años de edad ó la edad de mayoría en cada jurisdicción en la cuál usted vaya ó pueda ver el Material Sexualmente Explícito, sea cual sea la mayoría (la “Edad de Mayoría”). Usted no puede acceder a este sitio si el Material Sexualmente Explicito le ofende ó si ver Material Sexualmente Explicito no es legal en la comunidad en la cuál usted escoja acceder vía este sitio web.

SI ESTÁS AQUÍ BUSCANDO PORNOGRAFÍA INFANTIL, VETE. NO HAY PORNOGRAFÍA INFANTIL EN ESTE SITIO WEB. NOSOTROS ENTREGAREMOS A LAS AUTORIDADES Y AYUDAREMOS A LA PERSECUCIÓN DE CUALQUIERA QUE ATENTE A EXPLOTAR LOS JOVENES E INOCENTES.

Confirma tu edadAcepta nuestras cookies
El Permiso para ingresar este sitio web y acceder al contenido provisto a través de éste está estrictamente limitado a adultos conscientes quienes afirmen bajo juramento y sujeto a penalidades de perjurio bajo el título 28 U.S.C. § 1746 y otros estatutos aplicables y leyes, que las siguientes declaraciones sean todas verdaderas:

– Soy un ADULTO que ha alcanzado la Mayoría de Edad en mi jurisdicción y dónde estoy escogiendo ver el Material Sexualmente Explicito accediendo a este sitio web;
– Deseo recibir/ver Material Sexualmente Explicitio y creo que los actos sexuales entre adultos concientes no son ofensivos u obcenos;
– No expondré a menores ó cualquiera que pueda ser ofendido
– Acepto que esta Advertencia y Afirmación constituye un acuerdo jurídicamente vinculante entre mi persona y el sitio web y que es gobernado por las Firmas Electrónicas en Acto de Comercio Nacional y Global (comúnmente conocido como el “E-Sign Act”), 15 U.S.C. § 7000, et seq., Al ingresar al sitio, estoy indicando mi aceptación a ser vinculado por lo dicho arriba y por los Términos y Condiciones del sitio y afirmativamente adopto la línea de firma de abajo como mi firma y la manifestación de mi consentimiento.

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para “permitir cookies” y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en “Aceptar” estarás dando tu consentimiento a esto. Más información aquí

Si todas éstas condiciones se aplican a usted, y a usted le gustaría continuar, se le da permiso para ingresar. Si cualquiera de estas condiciones no se aplican a usted, ó usted preferiría no continuar, por favor salga ahora.

º
error: Contenido protegido !!