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El día que todo cambió

Tríos 25/07/2017

Era un dia caluroso, como el de hoy, estaba con mis dos amigas, mis dos grandes amores…

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Un huésped gay empotrador

Gays, Relatos porno, Relatos sexo 25/07/2017

Muy caliente y gay, debieron pensar Darío y el pequeño Alberto al acabar aquel día tórrido.

El atrevido y sin reparos Darío, recién llegado a Palma para pasar unos días de vacaciones, se encuentra con el hermano pequeño de su mejor amigo. En el pasado hubo algo entre ellos. ¿Ha llegado el momento de terminarlo como es debido?
El huésped Darío miraba el rostro de Alberto, el hermano pequeño de su mejor amigo, desde abajo, tumbado boca arriba sobre la cama. La satisfacción estaba pintada en las bellas facciones del aún adolescente, y no era para menos: ahora, entre sus cuerpos se interponía el de una explosiva chica, desnuda como ellos, que habían conocido hacía menos de una hora. Alberto la estaba penetrando, todavía despacio, y Darío, que sentía las profundas acometidas del joven, lamía los pechos pequeños y compactos de la chica torciendo la cabeza sobre ella.

Por eso, una veloz suma de acontecimientos había llevado a Darío hasta allí, y aún estaba algo aturdido por ello.

Aquella misma mañana había llegado a Palma, donde iba a pasar unas merecidas vacaciones con su gran amigo, Juan. Pero éste todavía estaba trabajando a esas horas, así que había sido Alberto el encargado de ir a buscarle al aeropuerto. Hacía por lo menos cinco años que Darío no veía al hermano de su amigo, y se sorprendió de lo mucho que había crecido. A sus dieciocho años, Alberto estaba en su mejor momento físico.

Y con una confianza inusitada y un destello de picardía en los ojos, Alberto había propuesto a Darío pasar a recoger a una chica con la que había quedado allí y que quería llevar a casa, dado que sus padres también estaban ausentes. Naturalmente, Darío había aceptado. La chica resultó ser una hermosa hembra, de la misma edad que Alberto, con los labios muy pintados y la falda demasiado corta para las horas que eran. Estaba claro que estaba ansiosa por conocer a fondo a Alberto, al que dedicó todo tipo de insinuaciones y arrumacos, a pesar de que acababan de conocerse.

Una vez en la casa, se dirigieron rápidamente al cuarto de Alberto. Darío supuso lo que iba a suceder a continuación. Pensando en la buena suerte del joven, o en la eficacia de sus habilidades de seducción, fue a deshacer su maleta, pero fue interrumpido por el protagonista de sus cavilaciones.

–Oye, tío, lo he hablado con Patricia y… ¿Por qué no te unes a nosotros?

Allí estaba Alberto, tapado tan sólo con unos boxers y luciendo un estado de forma envidiable. Darío lo dudó. Le daba bastante reparo no ya la propuesta de Alberto, sino incluso verle así, con el sexo erguido destacándose en sus boxers. Sin duda, había cambiado mucho desde que jugaba con él cuando era un dulce niño de nueve años. Darío, aun siendo ocho años mayor que él, se sintió en presencia de un macho muy superior.

En ese momento, los ojos de Alberto, de color marrón claro, le convencieron. Siempre le habían atraído aquellos ojos y la forma en que ese chico, tan gamberro y atrevido, miraba a los demás cuando quería conseguir algo.

–Vale, voy –dijo Darío.

Así empezó una sesión de sexo placentera aunque, cuando menos, extraña. Darío nunca había estado en un trío y todo era nuevo para él, hasta el ver en acción a otro chico.

Ahora Alberto había comenzado a subir el ritmo: Patricia no dejaba de gemir. Se estaba abandonando al placer y pronto no sería más que una muñeca sometida a los deseos de Alberto. Darío tenía un papel secundario, se limitaba a chupetear el cuello o las tetas de la chica.

La verdad es que Alberto debía de tener mucha experiencia, mucha más que Darío, que pudo admirar su aguante y la destreza de sus movimientos. Él no solía durar más de quince minutos. En cambio, Alberto llevaba con la polla dentro de Patricia una media hora.

Alberto jadeó un poco, movió sus caderas lo más rápido que pudo y, cómo no, Patricia se sumergió en un prolongado orgasmo, los ojos en blanco y lanzando unos gritos que debió de escuchar todo el vecindario.

Alberto, sonriendo, guiñó un ojo a Darío, que le miraba con la boca abierta. Era su forma de decirle que ya no era ese niño de nueve años al que había conocido: “Mira lo que soy ahora”. Y podía estar orgulloso de ello.

Entonces Alberto cerró los ojos y se corrió. Expulsado todo su semen, se derrumbó sobre la chica (Darío resopló al soportar el peso de ambos de golpe) y la besó en los labios.

También aprovechó para susurrar algo en el oído de Patricia. Ésta asintió con la cabeza, en silencio. Alberto se levantó y ayudó a incorporarse a la chica. Mientras tanto, Darío permaneció tumbado, aún excitado, observando tranquilamente las tetas de ella y el torso esculpido de él.

Sin previo aviso, Alberto se abalanzó sobre Darío, le forzó a darse la vuelta y le inmovilizó con sus fuertes brazos.

–¿Qué estás haciendo? –protestó Darío, completamente indefenso.

–Tú relájate y disfruta –repuso Alberto–. Ella también goza con esto.

Darío fue a quejarse de nuevo, pero la polla del hermano de su amigo entrando en su ano le hizo enmudecer. Asustado al principio, ciego de dolor después, no acertó a decir nada. Pero enseguida empezó a sentir más placer que otra cosa.

E iba a mejor.

Y Patricia estaba sentada, masturbándose y grabando todo con su teléfono móvil.

-Agárrate –aconsejó Alberto, e introdujo todo su miembro en el recto de su presa, que mordió la almohada para no chillar de dolor–. Te está gustando, ¿verdad?

En el fondo, era una experiencia humillante, pero Darío estaba cada vez más complacido. Su mente se unió a la fiesta, librándose de miedos, y la dejó vagar libre, y a ella acudieron escenas del pasado que creía enterradas. Alberto en la piscina de su casa. Su cuerpo atlético, bronceado, limpio. Su diminuto bañador. Aquel bulto preadolescente apenas desarrollado. Y se vio a él mismo, con diecisiete años, asegurándose de que no había nadie cerca y frotando el bañador con su mano hasta que el niño se había relamido de gusto, disfrutando del momento.

Y ahí, justo cuando iba a retirar la pequeña pieza de tela y dejar al descubierto el mayor tesoro de Alberto, que había adquirido con las caricias un tamaño más que digno, apareció Juan. No llegó a descubrir lo que estaban haciendo, pero fueron unos instantes embarazosos ya que Darío estaba de rodillas frente a Alberto con su cara muy cerca de una formidable erección para un niño de nueve años.

Así que, después de muchos años, Darío tenía a aquel niño sobre él, follándole sin contemplaciones. Imaginó que no era el Alberto de dieciocho años, sino el de nueve, al que tanto había deseado en aquel pasado distante, una fantasía que le hizo correrse salvajemente y brutalmente.

-Joder, sí que le ha debido de gustar –comentó Patricia–. A lo mejor es marica el tío…

-No, no lo es –dijo Alberto, sin dejar de mirar el cuerpo rendido de Darío–. Pero hay encantos a los que nadie puede resistirse, ¿no crees?—Y recordó su físico con nueve años y cómo, tras aquellos tocamientos en la piscina, se había masturbado por primera vez pensando en que Darío conseguía bajarle el bañador y hacerle una mamada.

Se separó de Darío y le dijo que se colocara boca arriba. El pobre no cesaba de murmurar su nombre, a medio camino entre la realidad y el paraíso.

Alberto acercó su dura polla a los anhelantes labios del amigo de su hermano. Si con nueve años ya era grande, ahora era de exhibición. Iría con cuidado para que no se atragantara.

-Hemos esperado mucho tiempo… –susurró–. Abre la boca, que tu nene te va a dar el biberón.

Y vaya si lo tomó…

y si les gustó,..algún comentario y así me animo a seguir… gracias

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Follamos a una amiga que luego gano dinero

Sexo Virtual 24/07/2017

Hola a todos mi nombre es miguel tengo 35 años, pelo corto castaño, ojos marrones, alto, y musculoso.

Conocí a Vanesa en una discoteca, era una chica muy guapa, alta, delgada, buenas tetas, culito firme, pelo liso, muy largo de color negro, ojos azules, y labios carnosos.

A los dos nos gustaba mucho el sexo, la tía follaba que daba gusto y le encantaba jugar.

No éramos pareja pero quedábamos a menudo en mi casa ya que yo vivía sólo y follábamos cuando se nos antojaba.

Un día, tuve una idea gracias a la cual durante un tiempo sin que ella lo supiera, gané mucho dinero a su costa.

Como otras veces, iba a venir a mi casa, estuve casi todo el día preparándolo todo, coloqué cámaras ocultas y micros por toda la casa, compré diversos juguetitos tales como esposas, bolas, penes de diferentes tamaños y materiales, para tapar los ojos mascara de seda de las que se usan para dormir, lencería sexy, velas, lubricantes, y ambientadores de distintos olores.

Hacía unas semanas, que cree una página web a la que subiría los vídeos que tenía en mente grabar, ya le había sacado algunas fotos sin que se diera cuenta y las había colgado allí, sólo podían acceder usuarios registrados, los primeros los conseguí del gimnasio, y les dije el día que iba a tener lugar el evento en directo, y que la primera hora era gratis.

Corrieron la voz, y en pocos días, tenía algo más de 5.000 registrados.

Un amigo informático me ayudó con los detalles y es quien se encargaría de enfocar las cámaras por donde estuviéramos, ajustar el zoom cuando fuera necesario, controlar el sonido, a cambio, el se llevaría un porcentaje de lo que ganara y también se encargaría de controlar el registro de usuarios.

Aquel día sin que ella lo supiera, vinieron a casa tres tíos que iban a mi gimnasio, uno de ellos era negro, les escondí antes de que llegara en un armario muy grande que había en la habitación de invitados.

Vanesa llegó sobre las 00.30, era viernes, yo había anunciado en la web que se conectaran más o menos a esa hora y así podrían verlo todo en directo.

Sonó el timbre, abrí la puerta y ahí estaba ella, era verano, se había puesto un vestido negro muy ceñido y corto, no llevaba sujetador aunque no le hacía falta ya que sus tetas estaban muy reafirmadas, iba sin medias, llevaba un tanga de color negro y unos zapatos negros de tacón alto.

Yo, llevaba una camiseta blanca ajustada, unos vaqueros grises, debajo unos bóxer negros, y chanclas del mismo color.

– Hola preciosa ¿cómo estás?

– Muy bien Miguel.

– ¿Qué has hecho hoy?

– He ido de compras, a comer con unas amigas y luego a la peluquería para arreglarme un poco las puntas y que me hicieran la manicura.

– Ya veo, estás muy guapa, te han cortado un poco las uñas aunque las sigues teniendo bastante largas ¿te han hecho la manicura francesa no?

– Si ¿te gustan?

– Me encantan, están perfectas.

– Gracias cariño – respondió tras darme un beso en la mejilla.

– ¿Te apetece una copa?

– Claro

– Siéntate en el sofá que voy a por ella

Vanesa se sentó, yo fui a la cocina a preparar las copas, la de ella con sorpresa, le eché una pastillita que se disolvió enseguida, el efecto que provocaba era que el que la toma se excita como tres veces más de lo normal y en las mujeres hace que tengan multiorgasmos y cuanto más se corren su cuerpo les pide más. Dura como unas 4 horas aproximadamente y lo iba a aprovechar.

Volví junto a ella, puse música, le di su copa, me senté a su izquierda, y empezamos a hablar y a beber.

Al cabo de un rato, nos empezamos a enrollar, y noté como la droga empezaba a hacerle efecto.

– Miguel ¿no hace mucho calor aquí?

– Yo no tengo calor, aunque si estoy poniéndome caliente con esos besos que me das.

– Yo también cariño, a lo mejor si nos desnudamos, dejo de tener tanto calor.

Nos desnudamos el uno al otro, y fuimos al dormitorio, en la cama yo había dejado una caja pequeña y rectangular envuelta con papel de regalo.

– ¿Y esto? – preguntó Vanesa

– Ábrelo

– ¡Madre mía! – dijo cuando abrió la caja – ¿Qué es todo esto?

– Es para jugar mi amor

La caja contenía unas esposas, la máscara de seda negra para los ojos, y unos guantes de hombre de cuero negro y un gel lubricante.

– Mmm, que morbo, y ¿a qué quieres jugar?

– Te explicaré las reglas del juego, yo te pongo las manos a la espalda y las esposo, y en los ojos la máscara, como eres la que lleva las esposas tienes que satisfacer mis deseos…

– Me está gustando la idea, mmm… ¡pónmelas!

– Espera, yo puedo tocar todo tu cuerpo, pero tú a mi sólo puedes chuparme y lamerme la polla, y ninguno nos podemos besar.

– Mmm, que original y ¿los guantes para que son?

– Los guantes son para mí, me los voy a poner para tocarte con ellos.

Vanesa no tenía ni idea de lo que le iba a pasar. Y que miles de usuarios estaban siendo testigos de ello.

Le puse las esposas, y la máscara, la tumbé en la cama y empecé a comerle el coño en ese momento dije la frase que había acordado con mis amigos para que salieran del armario.

– ¡Qué coño más rico tienes! Por cierto, nueva regla, ninguno podemos hablar ¿de acuerdo?

– Si, sigue lamiéndomelo

Sigilosamente, mis amigos entraron en la habitación desnudos y sin hacer ningún ruido.

Los tres al igual que yo, llevaban puestos guantes negros, eran muy musculosos, el negro se llamaba Jayín, de pelo corto, ojos negros y tenía una verga enorme, luego estaba Roberto, pelo corto rubio, ojos azules, polla de unos 18 cm, y por último Damián, rapado al cero, ojos marrones y con un miembro bastante grande también.

Jayín se arrodilló y empezó a meterle dos dedos en el coño a Vanesa, luego jugó con el clítoris con la lengua, y la tía cada vez estaba más húmeda y cachonda, el, se puso de pié, apoyó las manos en sus tetas y al tiempo que las tocaba empezó a introducir su verga en el chochito, las fuertes embestidas y la velocidad con la que lo hacía estaban provocando que Vanesa se corriera.

El negro, se quitó y continuó pajeandose para que no se le bajara, Roberto le relevó, puso a Vanesa a cuatro patas, yo le pasé el gel y empezó a lubricarle el ano a la vez que le metía un dedo y seguidamente, le clavó su polla, la metía y sacaba lo más rápido que podía y la chica aumentó el volumen e intensidad de sus gritos, cambió al coño e hizo lo mismo con mucha más viveza.

Jorge siguió después, y también disfrutó a lo bestia de sus dos húmedos y lubricados agujeritos, el coño de Vanesa empezaba a chorrear y a empapar la cama.

Luego yo me los follé también, y me corrí dentro de su coño, Jorge continuó masturbándola y pasado un rato escuchando los acelerados jadeos de Vanesa, se la metió por el culo y se corrió dentro.

Jayin, la tumbó nuevamente boca arriba y se colocó para hacer un 69, el encima para que ella se la chupara y el pudiera comerle el coño, ambos se entregaron afondo y el negro se corrió en su boca y ella se lo tragó.

Luego le ordené que se levantara, Roberto se puso de rodillas y continuó masturbándola, ella empezó a correrse tan intensamente que involuntariamente acabó meándose encima dejando ver en el suelo un círculo enorme. Roberto se puso de pié, puso sus manos sobre los hombros y le hizo postrarse a la tía, que al instante localizó la polla y comenzó a chupar, al poco rato él la sacó, yo le dije a Vanesa que abriera bien la boca, ella obedeció y recibió un choro de semen en su boca y en sus tetas.

Ellos abandonaron la habitación y volvieron a meterse en el armario de la de invitados.

Yo a ella le quité las esposas y la máscara, me comió a besos por procurarle tanto placer durante tanto rato y haberme corrido tantas veces.

Yo le propuse repetirlo más veces y me contestó ingenua, que todas las veces que yo quisiera, que le había encantado y había disfrutado como nunca.

Luego mientras se duchaba, mis tres amigos se fueron de mi casa sin hacer ruido.

Me fui a la cocina y llamé a mi amigo informático, apenas hable yo para que no me escuchara Vanesa por si a caso, y me dijo que se habían conectado y registrado más de 100.000 personas que la mayoría se habían quedado hasta el final y pagado por verlo, habíamos ganado tanto dinero aquella noche, que nos planteamos continuar aprovechándonos de ello durante todo el tiempo que pudiéramos y todo sin que esa incauta se enterara.

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Masturbandome con una buena porno

Bragas usadas, Confesiones, Lésbicos 21/07/2017

Estaba realmente aburrida en mi casa de solo escuchar musica y de revisar mi muro de facebook, hacia mucho que no entraba a tuslesbiana.com, una pagina de porno lesbico que seguro fue creada por un hombre porque siempre reseña los videos con frases como “te pondrá el rabo duro” o “te la dajará bien dura”. Hay hombres que también comentan los videos.

En fin, yo estaba súper aburrida y un poco calentona, había tenido una charla hot en el chat de facebook con una chica sexy 😉 y me quedé con las ganas de hacerme una buena paja, por lo que busqué un buen video en la pagina. Había muchos nuevos, casi todos de mujeres en la cama o un sofá, yo buscaba uno donde se follaran con arnes, eso siempre me calienta, pero encontré uno de dos secretarias hot haciendolo en un escritorio. Hice click y arrancaba con un beso hoy y pasional entre las dos secretarias, morenas y con buenas curvas, una con el cabello atado y la otra onduldo y suelto. Ella se recuesta en el escritorio, ya tenía el saco abierto con las tetas al aire, muy lindas por cierto, la de la colita le empieza a chupar los pezones y salta directamente a mamarle la concha, muy sensual, con sus labios y lengua, haciendo gemir a la de cabello suelto. La vuelve a besar y chupar un poco sus tetas, la recuesta otra vez y la pajea con sus dedos, le frota el clítoris y la empieza a follar con dos dedos, la folla duro y la secretaria de pelo suelto empieza a gemir fuerte y a gritar.

Se empieza a calmar y el video salta al momento en que la de cabello suelto está parada y desnuda, la de colita está acostada en el escritorio, lleva una blusa verde que la otra le empieza a bajar dejando sus tetas libres, se las mama y la besa muy pasional. De nuevo el video salta y la de colita está inclinada sobre el escritorio con la otra secretaria desnuda detras suya pasandole la mano por detrás, todavía lleva tanga. Se la baja y le frota la concha suave y sensual, ella gime suave y se besan mucho sin detenerse ni siquiera en los gemidos. Otro salto y la de colita está gimiendo mas alto porque la otra le mama la concha por detrás, se oyen el sonido de sus labios mamandosela, le acaricia las nalgas, le pasa la lengua por el oroficio de la vagina, y la de colita gime mucho porque la empieza a follar con su lengua dentro de su vagina. La secretaria desnuda se para, las dos quedan cara a cara, la de colita se sienta en el escritorio y se besan muy rico.

De nuevo un salto, y esta vez la de colita está recostada en el escritorio, tiene a la secretaria desnuda mamando su concha, se ve como le mama suavecito el clitoris, haciendola gozar de lo lindo. Ella usa su dedo para follarla sin dejar de lamerle el clítoris, los gemidos de la de colita, con su cara de placer a ojos cerrados, me calienta mas de la cuenta y ya no lo resisto.

Hasta entonces venía dejando que mi bombacha se mojara, con mis piernas abiertas, llevo un pijama violeta claro, es una noche muy fresca pero yo estoy muy acalorada por dentro. Meto mi mano en mis pantalones, bajo mi bombacha, y me froto suave el clítoris que ya lo tengo hinchado. No dejo de mirar a las dos secretarias con los ojos bien abiertos, en especial la de colita, que empieza a retorcerse y a gemir mas fuerte, entonces me froto suro el clítoris y gimo yo también. Sigo aún cuando se acaba el video, gimo como loca, me concentro en esa imagen, me imagino en el lugar de la de colita, con la secretaria desnuda mamandome la concha, follandome con sus dedos, y alcanzo el mejor de mis orgasmos. Trato de contener mi grito apretando los labios, dejo mi mano en mi concha un minuto mas, hasta que me calmo, y ahora me voy a dormir, a ver si sueño que tengo una secretaria hot que lleva el pelo suelto.

PD: El video es tal cual lo describo

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Celebraron el día de la madre

Relatos XXX 21/07/2017

En la habitación de al lado lo que sucede entre madre e hijo. Hay que decir que nos llevamos pocos años (me tuvo de adolescente) y que como suele ocurrir en estos casos, somos más amigos que familia.

De hecho hay un término científico (se llama Atracción Genética) para definir lo que ocurrió aquellas vacaciones. Yo simplemente creo que Mamá está demasiado buena como para que nadie pueda resistirse.

Llevaba casi tres años divorciada de mi padre y excepto por algunas salidas nocturnas con sus amigas (donde supongo que ligaría lo suyo) no había vuelto a tener pareja. Guardaba un vibrador rosa en el cajón de su mesilla.

Es delgada y rubia. Tiene unos pechos preciosos y los ojos grises, pero podéis imaginarla a vuestro gusto. Seguro que os quedaréis cortos.

El concierto de gemidos comenzó la tercera noche. Pero creo que es importante (muy importante) que antes os ponga en antecedentes… ¿Intrigados?

Mi mejor amigo se llama Javi y es el tipo más sinvergüenza que existe. Su madre por el contrario, es un ángel. Se llama Ana y se lleva de maravilla con la mía. Ambas están rozando los cuarenta y ambas son divorciadas.

Por cierto, yo me llamo David y mi madre se llama Soledad, pero todo el mundo la llama Marisol. Javi la llama Sole o Solete… ¿Continuo?

Supongo que a estas alturas sabréis por dónde van los tiros. Javi está colgadísimo con Mamá y en cuanto ella se descuida le hace fotos con el móvil. A mí no me molesta lo más mínimo, porque yo tiro de fotos de Ana cuando necesito relajar tensiones y tengo el móvil casi lleno. La describo…

Es pelirroja y delgada, pero generosa de curvas. Ojos verdes, bajita igual que Mamá (apenas nos llegan a la altura del pecho) y casi igual de bonita.

Los dos primeros días los habíamos pasado en habitaciones separadas, pero al llegar Ana y Javi, Mamá me propuso que me cambiara a la suya. Si más adelante a Ana le parecía bien, dormirían juntas para dejarnos más independencia. Por si ligábamos, fue lo que leí entre líneas.

Me llamó la atención que no le escandalizara aquella posibilidad, más teniendo en cuenta que las habitaciones estaban pegadas, pero supongo que confiaba en nuestra discreción si subíamos con chicas. Es una madre genial.

Acostarme junto a ella no fue fácil. Utilizaba unos camisones cortísimos que le sentaban de maravilla y no me dejaban pegar ojo. Perdí la cuenta de las pajas que me hice aquellas dos noches mientras dormía a mi lado.

Hasta entonces no había hecho nada parecido, pero superada la culpabilidad inicial le cogí el gusto y empecé a fantasear con ella. Más de una vez estuve a punto de despertarla para que me viera cascándomela a su salud.

Como decía, Ana y Javi llegaron el tercer día, y tras dejar el equipaje en su habitación, nos fuimos a cenar y a tomar algo.

Por primera vez experimenté un pinchazo de celos al ver como Javi la miraba durante la cena. Me imagino que tuvo que ver con el hecho de que hubiera empezado a fantasear con ella. Ya no la veía de la misma manera.

No sé si Ana se dio cuenta, porque no paraba de reírse con la conversación. Yo soy más tranquilo, pero Javi es todo un Showman.

Cuando fuimos al baño me susurró:

“Lo de mi madre no pasa de esta noche, colega… Tú verás lo que haces, pero si no te espabilas, mañana a más tardar te levanto a la tuya”.

Achaqué la barbaridad que acababa de soltarme al vino y volvimos a la mesa riéndonos. Después del postre nos fuimos a un pub cercano al hotel.

Javi le dijo a Mamá que estaba guapísima con el tono que se le había puesto con el sol. Ella se sonrojó y le dijo que apenas había bajado a la playa porque la luz de Tenerife era muy fuerte para ella. Le dio las gracias mirándole a los ojos.

En la pantalla del bar estaban poniendo “Blade”. Javi no perdía de vista la película, y al llegar a aquella escena en que la madre (una negra preciosa) del protagonista se le acerca e intenta seducirle, mi amigo soltó.

“Joder… Si esa fuera mi madre, no sería una estaca lo que le clavaría”.

Ana soltó un pequeño grito y partiéndose de risa le puso a su hijo una mano en el pecho, que este cogió de inmediato. Se la comía con los ojos.

“No te quejarás de la tuya” Dijo Ana con coquetería.

“Para nada” Contestó él, besándole la mano.

“Yo tampoco” Añadí, mirando a la mía con dulzura.

Acababa de hacer sonrojar a mi madre.

Aquella noche, mientras Mamá se duchaba, comencé a masturbarme mirando su silueta a través del cristal. Estaba a punto de correrme cuando cerró el agua y salió de la bañera. Antes de que me viera me metí en la cama.

“No te tapes tanto, cariño” Me dijo mientras se acostaba.

Aquella puta erección tendría que esperar a que ella se durmiera. No ocurrió así. A pesar del calentón me dormí nada más acostarme, y cuando volví a abrir los ojos el sol ya se colaba entre las cortinas. Mamá escuchaba hipnotizada.

Los gemidos (gritos, más bien) iban en crescendo.

El cabecero de su cama golpeaba con tanta fuerza contra la pared contigua que aquello parecía una parodia, pero no lo era. Los gruñidos del chico eran los de un depredador sodomizando a una gacela antes de devorarla.

Ella gemía, gritaba y lloraba, todo a la vez. Le suplicaba que no se parase, así que el llanto no era de dolor precisamente. Parecía a punto de correrse.

Fue entonces cuando me di cuenta del porqué de la fascinación de mi madre. La voz de Javi era inconfundible y la de Ana a punto de caramelo aún más.

“¡Goza, Puta! ¡Oh, Dios, Nena! ¡Me corro… Me corro otra vez, mi vida! ¡Goza conmigo, Nena! ¡Oh, Dios…! ¡Córrete conmigo, Zorra! ¡Goza, Puta!”

“¡Sí, mi vida! ¡Sí, sí, sí, sí! ¡Oh, joder! ¡Oh sí…! ¡Sí, mi Nene!”

Mamá me miró con los ojos como platos, y al reparar en la brutal erección que se dibujaba bajo la sábana dio un gritito y miró a otro lado. Estaba colorada como un tomate. Cogió su ropa y un par de minutos después salía del baño con un vestido de verano de punto calado. Estaba guapísima y se lo dije.

“Gracias, Cariño… Vamos a desayunar” Susurró con timidez:

Apenas hablamos durante el desayuno. Ana tenía una sonrisa de oreja a oreja y cuando fue al baño, Mamá se fue detrás. Javi me guiñó un ojo.

“Estoy dispuesto a cederte el turno, pero date prisa” Dijo “Porque pienso follarme a tu mami antes de la hora de comer”.

Sacó su iPhone y abrió un video. Ana a cuatro patas, aferrada al cabecero de la cama con los ojos cerrados y una expresión de dolor y placer.

Se la ve feliz mientras su hijo le da por el culo. Con una mano la coge por la boca, obligándola a poner morritos mientras la graba con la otra.

“¿Quién la tiene más grande, Papá o yo?” Pregunta, sin dejar de embestirla.

“Tú, mi vida… Tú… Tú… Tú… Mi niño… Me viene otra vez… Ay, Dios… Me corro… Ay, sí… Mi nene… Joder, qué puta soy… Ay… ¡Joder, sí!”

“Goza, Puta… Goza… Mueve el culito, Cariño… ¡Oh, sí Mami!”

“Goza, mi vida… Mami se corre… ¡Oh, Nene! ¡Oh, Joder! ¡Joder! ¡Ahhhhh!”

Primer plano el culo de Ana rezumando leche mientras ella sigue gimiendo y estremeciéndose. Javi sonríe exhausto y se apaga la imagen.

“Colega, estás como una cabra… lo estáis los dos”

Me levanté directo al baño para poner la nuca bajo el grifo. Pero me detuve a escuchar la discusión entre Ana y Mamá. Hablaban a voz en grito.

“Yo quiero a mi hijo más que a nada, pero es que tú no sabes la labia que tiene… Se metió anoche conmigo en la ducha y me puso la mano en la boca”

Me vino a la cabeza la imagen de Mamá tras el cristal. Desde luego Javi tenía un par de cojones, porque yo había fantaseado con lo mismo. Ana continuó.

“Empezó a susurrarme lo preciosa que estaba y a besarme en el cuello… Yo notaba ese pedazo de rabo que tiene en mi espalda… Y me entraron unas ganas de hacerle una mamada… Así que me di la vuelta y lo hice…”

“¡Joder, Ana…! ¡Tú estás loca…! ¡Ana, que es tu hijo…!”

“Mi hijo tiene un glande como tu puño y me desea más que ningún tío que me haya follado en nuestras noches de chicas… Y ya sabes cómo les pongo a los jovencitos… Joder, Marisol… Después me llevó a la cama y fue increíble”

“Estoy alucinando en colores… Pero sigue contando, anda…”

Yo sí que estaba alucinando en colores al imaginarme a Mamá y a Ana con chavales de mi edad. Y Mamá parecía fascinada con la historia…

“Después de lo de anoche…” Dijo Ana “No voy a seguir follando con niñatos teniendo a esa bestia en casa… Marisol… No te imaginas…”

El silencio de Mamá la invitaba a continuar, así que se explayó.

“Dejé que me diera por el culo y me encantó… Estuvimos toda la noche y cuando no pude más, el cabrón se hizo una paja con mis tetas… ¡Me dormí con el perfume de su leche y hoy me despertó con el mejor polvo de mi vida!”

“Joder, Ana… Me estás poniendo malita…”

“Pues no veas las ganas que te tiene… Ahora que yo en tu lugar…”

“¿Tú en mi lugar qué, Ana? ¿Me lo monto también con tu hijo?”

“No, Marisol… Yo en tu lugar me follaba a David”

“¡Tú estás loca! ¡Que es mi hijo, Ana! ¡Mi hijo!”

“¿Tú no has visto cómo te mira tu hijo? Javi dice que la tiene todavía más grande que él… Y joder… Marisol… ¡Está buenísimo, no seas tonta! Ellos no se lo van a decir a nadie y nosotras tampoco. Hace poco leí en Cosmo…”

“¡A la mierda Cosmo y a la mierda Blade… Es incesto!”

“Ya veo que a ti también te pone esa escena” Ana tenía una risa cristalina y enseguida contagió a Mamá “Marisol, tienen dieciocho años… Te garantizo que anoche no abusé de Javi… Más bien fue al revés, pero en plan fantasía”

Mamá se reía, Ana se la estaba ganando con su encanto.

“Joder, niña…” Susurró “Fue como si me violara un velociraptor”.

Salí disparado hacia la playa y me quité la camiseta. Un par de chicas que pasaban me sonrieron y tras comentar algo se partieron de risa.

Seguramente se me notaba demasiado la erección. Me coloqué estratégicamente la polla dentro del bañador y me metí en el mar. Hacía un día precioso.

Y no había una sola chavala que pudiera competir con Mamá.

Se me pasó por la cabeza meterme donde cubriera más y masturbarme con discreción, pero pensé que era probable que alguien se diera cuenta, así que salí del agua intentando no llamar la atención sobre el bulto de mi bañador.

Al regresar al hotel, me fijé en que habían terminado de desayunar. Una pareja de ancianos ocupaba nuestra mesa del comedor. Estaba tan caliente que igual me los había cruzado en la playa y no me había dado cuenta.

Regresé a la habitación y me di una ducha fría. Salía envuelto en una toalla cuando vi el mensaje en la pantalla del teléfono. Una foto de Mamá y Ana, sentadas en la cama de su habitación y besándose.

Ana le sobaba una teta a Mamá por encima del vestido mientras se comían la boca. Mamá hundía los dedos en la melena de Ana y sonreía a cámara.

El mensaje decía: “O te espabilas o me las follo ya”.

El mensaje había llegado mientras estaba en la ducha. Salí de la habitación cerrándola de un portazo y llamé a la de Ana. Abrió con una sonrisa.

“Enseguida estoy contigo, colega” Gimió Javi. Ahora era él el que estaba sentado en la cama, con la mano sobre la nuca de Mamá. Ella llevaba el pelo recogido y el vestido por la cintura. Se giró y me miró a los ojos con expresión de súplica. Tenía el maquillaje corrido y la barbilla empapada.

“Tú sigue, zorra” Susurró mi mejor amigo. Mamá estaba excitadísima y obedeció sin rechistar, gimiendo a su vez y emitiendo unos sonidos de succión que me pusieron a mil. La garganta de mi madre haciendo ventosa. Sus pechitos balanceándose mientras intentaba no ahogarse…

Javi estaba a punto de correrse. En la boca de mi madre.

Ana me había quitado la toalla y también se había puesto de rodillas. Solo llevaba la parte superior de su bikini blanco y estaba preciosa. Me miraba la polla sonriendo con adoración y no tardó en engullirla.

Yo estaba tan caliente como ella, así que comencé a acariciarle el pelo mientras disfrutaba del espectáculo. Mamá mamaba como una posesa.

“Joder… Joder… Solete… Qué zorra eres… Voy a llenarte… Oh, joder… Toda la puta boquita… Delante de… ¡Oh, Joder! ¡Sí, Nena! ¡Ahhh!”

Ella se sacó la polla de la boca y susurró mirándome a los ojos.

“Lléname la cara, cabrón… Inúndamela”

Dicho y hecho. Javi tocó el cielo en aquel instante, bautizando a la diosa que me había dado la vida. Ella recibió cada chorro como si fuera un beso.

Yo me corrí en la boca de Eva, que se tragó hasta la última gota.

Javi, todavía sin aliento, le hacía fotos a Mamá con el móvil. Ella estaba arrebatadora y sonreía con picardía ante la reacción de mi amigo.

Puso fin a la sesión terminando de quitarse el vestido y limpiándose con él la cara. Antes de dejarlo sobre la mesa, le giñó un ojo a Javi.

“Gracias mi vida, por esta prueba de amor… Lo guardaré siempre”.

Ana estalló en carcajadas (nosotros todavía estábamos en el suelo, abrazados) y nos contagió a todos. Después Mamá añadió, señalando el calendario:

“¿Sabéis que hoy es el día de la madre? Pues me encanta mi regalo…”

Era el primer domingo de mayo. Pero todavía nos quedaba una semana de vacaciones y ahora teníamos un hobby para disfrutar a la vuelta.

Mamá se acercó al teléfono y llamó a recepción. Pidió comida para los cuatro y dijo a la recepcionista que la llevaran en una hora, más o menos.

Después se sentó en aquella cama que todavía no había visto nada y le dio un par de golpecitos, guiñándome un ojo. Parecía una adolescente.

“Ven con Mami, Cariño” Susurró “Toca cambio de pareja”.

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Intentando ser como ella

Lésbicos 20/07/2017

Yo siempre había querido ser como ella, y ese día lo pude hacer realidad…

maduras lesbianas

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Una MILF embarazada con lactancia

Embarazadas, Relatos sexo, Tetonas 15/07/2017

Esta vez mi jefa la caliente bragas, me pide que disfrute de una mamá lactante, rubia, o menos rubia según el tinte y el día, de tetas colgantes grandes, y que la chupe, la mame, que es lo que desea, después de largos 9 meses de embarazo. Quiere desfogarse con un jovenzuelo calentorro como yo. Aquí les dejo una foto de mi fantasía.

milf embarazada

La llamada de Johana, el inicio de mi lactancia.

Me había tomado una semana de relax cuando recibí la llamada de Johana. Ella es la mujer que me consigue mis clientas. Al contestarle, noté que algo le pasaba y por eso gracias a la confianza que teníamos, le pregunté qué ocurría:

-No te lo puedo contar ahora. ¿Te importa que me pase por tu casa a las siete?-

Después de colgar, me quedé con la mosca detrás de la oreja, de ahí estos relatos de sexo que no puedo parar de escribir, y al no ser algo habitual en esa pecosa el estar tan tensa. Dotada con un optimismo natural, esa mujer era además una perfeccionista insoportable, no se quedaba contenta hasta que me obligaba a cumplir a rajatabla sus órdenes más estrictas. Además se había instalado una especie de juego, donde ella alternaba conmigo los roles de ratón y gato. A veces era yo quien la provocaba y ella huía pero en cambio en otras ella se comportaba como una depredadora y entonces era yo el que salía por patas. Ambos sabíamos que lo nuestro era una relación profesional pero debido a la innegable química entre nosotros, siempre bordeábamos peligrosamente el enrollarnos. Nunca habíamos pasado de un furtivo beso o de un roce casual.

Y sabiendo que no servía de nada seguir elucubrando acerca de su desazón, salí a tomarme un café al Starbucks de la esquina con la esperanza que estuviera la gerente. Llevaba dos semanas intentando que esa mujer me hiciera caso pero lo único que había conseguido era saber su nombre. Alice había rechazado educadamente todos mis intentos y eso la hacía todavía más atrayente. Al entrar en el local, la vi tras la máquina registradora. Estaba preciosa, como siempre. Su color trigueño y su aspecto desaliñado, la conferían un atractivo juvenil innegable.

“¡Que belleza!” pensé mientras me sentaba en la mesa.

Su sonrisa era cautivadora. Nadie era inmune a esa mujer. Dando por sentado que no me iba a hacer ni caso, después de tomarme el café, me levanté a pagar. Al hacerlo, me sonrió diciendo:

-¿No se te olvida nada?-

Pensando que me había dejado algo en mi sitio, miré el lugar donde me había sentado y al comprobar que no me había olvidado nada, me la quedé mirando con cara de extrañeza. La morena soltó una carcajada al ver mi expresión y escribiendo su teléfono en un papel, me lo pasó mientras decía:

-¡Qué pronto os cansáis los hombres de insistir! Hoy había pensado en dártelo. Solo espero que me llames- tras lo cual, pasando al siguiente cliente, le preguntó qué era lo que había tomado.

La llamada a una tetona bien caliente

Actuando como un verdadero lelo, no supe qué contestar y guardándome su número en mi cartera, le prometí que la llamaría mientras salía por la puerta. Ya en la calle no me creía la suerte de esa tarde y silbando de alegría, entré en el portal de mi casa. Saboreando de antemano el poder estar con ese portento de mujer, abrí la puerta de mi apartamento para llevarme la sorpresa que Johana estaba en mitad del salón mirando mis cuadros. Sabía que tenía llaves pero aun así me extraño verla allí.

-Son estupendos- dijo con cara de satisfacción – ¿Saben tus clientas que las estás retratando?-

-Sí, como verás no hay caras. Es más Ann quiere que le venda el suyo-

-No me extraña, está estupenda-

-Si quieres te hago uno- respondí sabiendo que se negaría porque todos eran desnudos.

Contra toda lógica, mi jefa dudo unos instantes antes de negarse, tras lo cual, entrando directamente al trapo, me explicó que era eso tan urgente que le traía:

-Alonso, necesito que me hagas un favor. Tengo una amiga que está pasándolas putas. Acaba de tener un hijo y su novio la ha dejado en la estacada sin un jodido dólar con el que alimentar a su bebé-

-¿Y qué quieres que haga? ¿No esperarás que me haga cargo del retoño?-

-No soy tan jeta- respondió. –El problema es que mi amiga necesita dinero y es demasiado orgullosa para aceptarlo, por eso, he pensado en ti-

-La quieres meter a puta- sentencié creyendo que esa era su intención.

Johana, muerta de risa, lo negó. Estaba tan descojonada que tuve que esperar unos minutos a que parara de reírse para enterarme en qué había pensado:

-Le he dicho que conozco a un artista que le pagaría mil dólares por posar- dijo y tomando aire, aclaró: -El dinero lo pongo yo-

Más tranquilo, por no tener que desembolsar ese disparate, le dije que no tenía problema en hacerle ese favor pero entonces vi que se le cambio el semblante y que el rubor se había afianzado en su rostro:

-Hay algo más, ¿Verdad?-

-Sí, Betty está muy deprimida desde el parto. Cree que a raíz del embarazo esta horrenda y por eso necesito de tu ayuda, quiero que la hagas sentir mujer-

-¿Me estás pidiendo que me tire a tu amiga?-

-¡No seas bruto! ¡Claro que no! Lo que quiero es que la piropees y le hagas ver lo que es en realidad-

Tomándome a guasa su pedido, sobretodo porque tampoco me importaba acostarme con ella con tal de hacerla un favor, le pregunté si era horrenda:

-¡Que va!, es lo que llamamos en Estados Unidos una MILF-

-Perdona pero no entiendo ese término-

Encantada de haberme pillado en un renuncio, la pecosa me explicó:

-MILF es un acrónimo de Mother I´d Like to fuck-

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-Ahh- respondí al traducir y entender que se refería a “Madre a la que me follaría” . Ya más tranquilo, le solté: -De acuerdo, pero todo tiene un precio-

-¿Qué quieres?- preguntó sabiendo que tenía trampa.

-Un beso tuyo-

-¡Serás cabrón! Sabes que no quiero tener nada contigo, eres demasiado peligroso-

-Pues búscate a otro- contesté soltando una carcajada mientras la cogía de la cintura y llevaba su boca hasta la mía.

Una MILF calientapollas como “casi” todas

Comprendí que su rechazo era un puro paripé al sentir que abría sus labios y me respondía con pasión, pegando su cuerpo. Casi sin creerme la oportunidad brindada, abracé a la mujer y pasando mi mano por su delicada anatomía, disfruté de su beso durante unos minutos hasta que, producto de mi calentura, mi sexo se irguió contra su entrepierna. Asustada por nuestra reacción mutua, Johana se separó y cogiendo su bolso del sillón donde lo había dejado, se despidió de mí diciendo:

-Hoy no golfees, le he dicho a Betty que la esperas a las nueve de la mañana-

Como no podía ser de otra forma, no la hice ni puñetero caso y nada más irse, llamé a un amigo y me fui de farra con él, llegando a las seis bastante perjudicado. Esa noche me bebí Escocia y por eso al llegar la hora en la que había quedado, Betty me sacó de la cama. Arrastrando los pies por el pasillo y con un tremendo dolor de cabeza, abrí la puerta para descubrir que la amiga de Johana venía acompañada de su bebé. Agradecí a Dios que el crío estuviera plácidamente dormido en su carrito por que dudaba que mis sienes soportaran su llanto en tal estado.

Pidiéndole que pasara, me fui a la cocina a prepararme un café. Necesitaba cafeína recorriendo mis venas antes de enfrentarme a esa mujer. Betty, totalmente cortada, me siguió arrastrando el carrito y viendo que era incapaz de hablar se sentó en la mesa de la cocina. Tratando de ser educado, le ofrecí una taza pero, colorada, me explicó que no podía tomar café porque le estaba dando el pecho al niño.

Fue entonces cuando me percaté de los enormes pechos que esa rubia lucía bajo el vestido pre-mama. No hizo falta terminarme la bebida para que el calor entrara en mi cuerpo, Johana tenía razón: cualquier habitante de Nueva York se follaría a esa mamá. Tratando que no se notara mi excitación, le pregunté si había visto el tipo de pintura que realizaba. La mujer me confesó que lo único que sabía era lo que Johana le había dicho. Intrigado por la opinión que mi jefa tenía de mi obra, le pedí que me dijera que le había comentado. Betty, mirando al suelo, me confesó:

-Según Johana, es preciosa pero un poco bastante subida de tono-

Sus palabras me hicieron gracia y sin poder contener la risa, solté una carcajada:

-Exagera- dije al ver su cara de miedo y cogiéndole la mano, la llevé al salón donde tenía mi estudio.

Con gran cuidado de no reconocerle que las modelos eran mis clientas, le fui mostrando los cuadros que tenía terminados. Mi detallada exposición y mi compromiso de no mostrar su rostro, terminaron de tranquilizarla, es más, en su cara adiviné que lejos de importarle ser retratada, algo en ella le impelía a verse plasmada en un lienzo. Betty se mantuvo en silencio los diez minutos que tardé en explicarle que intentaba en cada cuadro mostrar la personalidad de la modelo y señalando el de Angela, le conté que era el retrato de una mujer de cuarenta años, encantada con su edad y su vida.

-Se nota- me contestó haciendo un puchero.

No me costó adivinar que ese gesto se debía a la depresión que según su amiga sufría y no queriendo ahondar en su sufrimiento, le pregunté si estaba segura de posar para mí. La rubia levantando la mirada, sonrió amargamente mientras me decía:

-Necesito el dinero-

Cambiando de tema, le pedí que me enseñara a su hijo. Tal y como había previsto, a Betty se le iluminó su cara al mostrarme a su posesión más valiosa. Aunque el niño, tengo que reconocer, era feo como un mandril, no fue óbice para que le dijera que me parecía guapísimo y como a toda buena madre, al escuchar el piropo de mis labios, se le cambió hasta el ánimo y con genuina alegría, me dio las gracias.

Después de hacer una cuantas carantoñas y arrumacos a ese engrendo del infierno, me pudieron las ganas de verla desnuda y poniendo voz profesional, le pregunté si empezábamos. Al contestarme que sí, le pedí que fuera a mi habitación a cambiarse. Por un momento temí que saliera corriendo, pero afortunadamente la necesidad pudo más que la vergüenza y cogiendo su bolsa, se metió a desvestirse. Mientras se desnudaba, me entretuve preparando el lienzo y los distintos utensilios que iba a necesitar. Acababa de terminar de ubicar el caballete ante la ventana para recibir la luz de la mañana cuando la escuché salir del cuarto.

Al girarme, vi que venía envuelta en una sábana. Tratando de entrar en confianza, le pedí que se sentara y me contara donde había nacido. Extrañada me obedeció mientras me preguntaba para qué lo quería saber.

-Cómo te dije, necesito conocerte para plasmar tu personalidad en el cuadro-

Conocer a un pervertido de mamás calientes.

Parcialmente aliviada, se puso a narrar mecánicamente su infancia. Sin dar ninguna entonación a su voz, me contó que había nacido en un suburbio a veinte kilómetros de donde estábamos y que nunca había salido del estado.

-Soy una paleta- dijo con un deje de angustia.

Buscando contentarla, le repliqué que su ciudad era la capital del mundo y que por lo tanto debería estar contenta.

-Si lo estoy pero me hubiese gustado viajar-

-Todavía estas a tiempo, eres una mujer joven y guapa-

-Gracias por la mentira- respondió con tristeza- pero desde el embarazo, soy una foca fea, sola y sin pareja-

-Respecto que estás sola y sin pareja, no puedo llevarte la contraria porque no lo sé, pero sobre que eres una foca fea eso no es cierto-

-Eso lo dices porque no me has visto, estoy llena de lonchas-.

-De acuerdo, vamos a comprobarlo- le dije mientras la levantaba del sillón – desnúdate, a eso has venido-

Aunque doté a mi tono de todo el sosiego posible, Betty se abochornó al oírme y sabiendo que tenía razón, totalmente colorada, dejó caer la sábana al suelo. No queriendo avergonzarla en exceso, la miré profesionalmente aunque en el interior estuviera disfrutando de la visión de esos pechos llenos de leche y de ese culo perfectamente perfilado mientras daba una vuelta a su alrededor. Con la respiración entrecortada, producto de la excitación, le di mi opinión diciendo:

-Si me vuelves a decir que eres fea y gorda, pensaré que estás loca. No solo eres preciosa sino que tienes un cuerpo que envidiaría el noventa y nueve por ciento de las mujeres-

-¡Deja de mentirme!- exclamó casi sollozando y cogiendo entre sus dedos un minúsculo michelín, me lo enseñó hecha una furia – Ves, ¿crees que esto es normal?-

-Tú eres idiota. Por supuesto que no es normal, ¡estás buenísima!- le respondí bastante mosqueado y sin pensar dos veces lo que decía, le grité: -Es más, si lo le llego a prometer a Johana que no intentaría acostarme contigo, en este momento estaría buscando el método de llevarte a la cama- y señalando mi entrepierna, recalqué mis palabras diciendo: -¿No creerás que recibo normalmente a todas mis visitas con la polla tiesa?-

Mi ordinariez la dejó pasmada y sin saber cómo actuar, avergonzada, se tapó los senos con sus manos. Sabiendo que debía dejarla sola, aproveché para ir a rellenar de café mi taza. Alargué durante unos minutos mi estancia en la cocina para aligerar la tensión de la situación, de manera que al volver con ella a la habitación, la encontré desnuda cómodamente sentada en el sillón. Al verla, comprendí que algo había cambiado en su interior, aunque en ese momento no tenía constancia de cómo esa mujer había asimilado mis palabras.

-Perdona, no sé qué me pasa ahora- casi susurrando confesó –desde que el padre de mi hijo me dejó, no levanto el vuelo-

Sin darle importancia, le pregunté si estaba preparada para posar. La mujer me pidió como quería que lo hiciera, lo cual me resultó un problema porque no me atrevía a tocarla después de lo que le había soltado y por eso, verbalmente le fui indicando diversas posturas para valorar cual era la indicada. Lo que no había previsto era que al forzarle a adoptarlas, esa mujer se moviera sensualmente como si quisiera provocarme. Lo cierto es que me relamía los labios cada vez que cambiaba de posición. Era impresionante, esos no eran dos pechos, eran dos obras del demonio realizadas para hacer caer en la tentación a los humanos. Siendo enormes, se mantenían firmes contrariando las leyes de Newton y demás físicos.

Y qué decir del resto, esa mujer estaba para mojar pan. Si empezábamos por sus piernas, estaban hechas para ser acaricias y si por el contrario nos ateníamos únicamente a su trasero con forma de corazón, este llamaba a morderlo. Pero lo que sobresalía por encima de todo era su sexo, depilado casi por completo, la brevísima franja de pelos indicaba el camino que debería recorrer cualquier varón que se precie para llegar al paraíso. El mejor resumen es confesaros que en ese instante mi pene se revelaba cabreado bajo mi bragueta. Mi erección no le pasó inadvertida y lejos de incomodarla, la estaba provocando.

Mi erección fue notoria y no pasó inadvertida

Betty, parecía una pornostar, una pornoxxx por completo, cada vez más metida en su papel, seguía mis órdenes sin rechistar con su mirada fija en mí. Adiviné por el brillo de sus ojos que esa mujer también se estaba viendo afectada por mi escrutinio. Lo que me confirmó su excitación fue ver a sus pezones encogidos y duros, así como, la humedad que lucían los labios de su vulva.

“Tranquilo muchachote”, pensé mientras cogía los pinceles y empezaba a bocetar su figura, “cómo no dejes de verla como mujer, vas a caer entre sus piernas”.

Haciendo a un lado el morbo que me producía esa mamá, me enfrasqué en mi obra, destacando su cuerpo al ponerle un fondo oscuro. Los minutos fueron pasando y el tedio de permanecer inmóvil sobre el sofá, pudo más que el morbo que estaba experimentando y sin percatarse de lo que ocurría, se quedó dormida. Sé que no era lo acordado, pero, al verla echando una cabezada, saqué mi cámara de fotos y sin hacer ruido, tomé fotos de su cuerpo desde todos los ángulos porque quería tener un testimonio gráfico con el que cascarme unas pajas en su honor.

Cuando ya tenía un completo reportaje en la memoria de la máquina, volví tras el caballete y seguí pintando de manera que al cabo de una hora ya tenía bastante perfilado el cuadro. Iba a empezar los detalles cuando el puto crío empezó a berrear, despertando a la muchacha. Betty, salió de su ensueño de golpe y disculpándose se levantó a cogerlo mientras me decía:

-Tiene hambre-

El enano al sentir la cercanía del pecho de su madre se lanzó a mamar como si estuviera famélico. Ese hecho repetido diariamente varias veces era nuevo para mí y sin poderlo evitar, me quedé mirando absorto. La rubia, que en un principio no se había dado cuenta de mi mirada, al percatarse que no le quitaba ojo, se empezó a mover incomoda en el sillón. Involuntariamente me fui acercando a donde ese querubín se estaba alimentando y poniéndome de rodillas frente a ella, dije maravillado:

-¡Qué hermoso!-

Mi halago tuvo un efecto no previsto, Betty soltando un suspiro me pidió que me acercara más y la acariciara. No pude negarme y un poco confuso inicialmente pasé mi mano por sus piernas mientras seguía embobado. La muchacha se removió inquieta y sin ningún reparo, empezó a gemir al experimentar mis caricias sobre su piel. La mezcla de sensaciones, el sentir a la mano de su bebé apretando su pecho, su boca mamando, mi mano tocándola pero sobretodo mis ojos fijos en su seno libre, la fueron llevando a un estado de euforia difícil de describir.

Es difícil plasmar en palabras lo que sentí al ver que del pezón desocupado iban emergiendo un poco de leche, lo cierto es que ni pude ni quise evitar que mi mano se acercara a esa fuente y con dos dedos recoger ese néctar. Si Betty ya estaba excitada, se desbordó al ver que los metía en la boca y soltando un quejido, me pidió que le ayudara.

Supe a qué se refería, y acercando mi boca, con la lengua fui recogiendo las gotas que iban manando de ese maravilloso pecho. Costándole respirar, no dejó de gemir al sentir como jugaba con su pezón pero cuando abriendo mis labios, me puse a competir con el chaval, no pudo más y se corrió sobre el sofá. Para el aquel entonces yo estaba disfrutando del sabor de la leche de esa mujer y queriendo que no se negara a seguir dándome de mamar, llevé mi mano a su entrepierna y cogiendo su clítoris entre mis dedos, la empecé a masturbar.

-¡No puede ser!- sollozó al ver prolongado su orgasmo y sin poder controlar su impulso, colaboró conmigo moviendo sus caderas.

Sus tetas: fuente de leche materna.

Curiosamente, no solo fue su vulva la que fluyó, sino que su pecho se convirtió en una fuente de la que bebí como poseso. Apenas me daba tiempo a tragar, cuanto más mamaba mayor era la cantidad que segregaba su pezón y completamente entregado a ese dulce sabor, seguí bebiendo sin dejar de tontear con el botón del placer de su entrepierna.

-¡Espera un momento!- la oí decir mientras se levantaba y llevaba al bebé a su carrito.

Creyendo que me había pasado y que se había terminado el banquete que me estaba dando, me quedé mirándola. Afortunadamente esa mujer no era lo que quería porque al volver, me pidió que me sentara en el sillón. Nada más hacerlo, vi cómo me bajaba los pantalones y liberaba mi miembro, tras lo cual sin mediar palabra, se empaló y cogiendo sus pechos me los ofreció diciendo:

-Termina lo que has empezado-

Ni que decir tiene que asumiendo mi papel, llevé esas ubres a mi boca y sin parar, me puse a disfrutar del manjar que me brindaba. Pocas cosas se pueden comparar a estarse tirando a una mujer mientras te recreas con la leche que destilaban sus pechos. La verdad es que ella debió pensar lo mismo porque nada más sentir mis manos ordeñando sus senos y mis labios recorriendo sus aureolas, buscó su placer con un frenesí alocado. Retorciéndose sobre mis piernas, imprimió a su trasero un ritmo constante mientras no dejaba de chillar que siguiese mamando.

MADRE LACTANTE SACA LECHE MIENTRAS LA FOLLAN

Y poseída por la calentura que estaba experimentando, Betty forzó mi lactancia apretando mi cabeza contra sus pechos. Esa mujer era un fiera follando, los músculos de su vagina se contraían con cada sacudida, ordeñando mi miembro del mismo modo que yo lo hacía con sus pechos. Sus gemidos y sollozos se fueron convirtiendo en aullidos al ir acumulando, golpe a golpe de mi sexo contra el suyo, un exceso de excitación, de manera que, tras unos minutos de mete y saca, explotando sobre mis piernas se corrió sonoramente.

La sensación pringosa en mis muslos y la tibieza de su leche en mi cara, fueron los elementos necesarios para darme la puntilla y sin poder retrasar más mi propio orgasmo, rellené con mi semen su interior mientras mi cuerpo convulsionaba por el placer. Esa mujer, mi supuesta modelo, al sentir las descargas en su vagina, gritó con todas sus fuerzas que no parara y prolongando su propio clímax, se desplomó agotada contra mi cuerpo.

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Betty, una mamá lactante bien caliente

Permanecimos abrazados mientras nos recuperábamos del esfuerzo. Betty fue la primera en reponerse y separándose de mí, me obsequió con una dulce sonrisa mientras me decía:

-¿No te da vergüenza haber faltado a tu palabra? Si quieres que no le vaya con el cuento a Johana, me vas a tener que hacer el amor todo el día-

Era un amistoso chantaje pero al fin de cuentas chantaje, por lo que poniendo cara seria, le contesté diciendo:

-De acuerdo, pero en compensación quiero seguir ordeñándote-

La rubia soltó una carcajada y muerta de risa, me dijo:

-Voy a hacer algo mejor, te voy a dejar una botella entera- y cogiendo la pañalera, sacó un instrumento que no me costó reconocer al ser “¡Un saca-leches!”.

Con todo el desparpajo del mundo, feliz y contenta se puso a sacar el jugo de sus senos, sentada a horcajadas sobre mí. Nunca había visto uno en acción e interesado en conocer cómo funcionaba, me quedé mirando a la mujer con gran atención. Poniéndolo en acción, el aparato fue succionando el pecho y rellenando un biberón que llevaba acoplado. No me podía creer lo que estaba observando, esa mujer era una autentica vaca lechera, no solo había saciado a su hijo sino que había colmado mi sed y aún le quedaba suficiente para llenar una botella en poco más de un minuto y ¡solo usando un pecho!.

-Con tal cantidad, tu hijo va a engordar- dije a la mujer en son de guasa.

-Sí- me respondió confiriendo a sus palabras un tono pícaro que no me pasó inadvertido –hasta hoy tenía que tirarla, pero me gusta más que tú seas el que se aproveche-.

No sé explicar por qué pero, al oírla, mi miembro rebotó e irguiéndose a su máxima longitud, presionó contra su vulva. Sonrió al comprobar mi excitación y sin pedirme mi opinión, me dio a beber de la botella recién rellenada.

-Ahora quiero ser yo quien te exprima hasta la última gota- y cogiéndome de la mano, dijo soltando una carcajada: -Vamos a tu cama- mi saeta chupatetas.

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Tetona por embarazo lactante

Tetonas 15/07/2017

La visita a una compañera de embarazo lactante de trabajo con las tetas recién engordecidas y engrandecidas despues de ser mamá y con su lactancia a mil por hora, no podía terminar de forma más dulce…tetones de primera línea, la que me mondé.

Hace un mes más o menos, yo acudí junto con una amiga de trabajo a ver a otra compañera nuestra que había sido madre y estaba de baja de maternidad. Habían pasado dos meses desde que diera a luz, y fuimos hacerle la visita de cortesía.

 

Así que cuando llegamos, era un viernes por la tarde, estaba sola, pues su marido trabajaba. Nos recibió muy contenta, y tras darle unos obsequios que le llevamos como ropita para el bebé, nos sentamos a charlar en el sofá del comedor.

embarazo lactante

– Cómo va la nueva vida de mami? – preguntaba Paqui, una mujer de unos 45 años, rubia con el pelo rizada y muy alegre, siempre optimista que era muy amigable y el alma de la fiesta. La verdad es que me llevaba muy bien con ella.

– Pues adaptándome… – comenzaba a explicar Sofía, la risueña madre. Debía tener unos 36 años, era morena con el pelo largo, que llevaba recogido en una cola, y estaba esplendida. Me llamó especialmente la atención su pecho, que había aumentado considerablemente de tamaño, y rápidamente deduje que sería debido a que le habría subido la leche para amamantar a su hijo.

– Y eso? – replicó Paqui señalando un artefacto que Sofía tenía en la mano

– Es un saca leche, procuro ir sacándome porque produzco bastante y así le puede dar mi marido si yo tengo que salir o si estoy muy cansada por la noche. Pero no sé qué pasa que no funciona, creo que se rompió ayer.

– Ejem.. a ver, déjame si yo puedo – dijo Paqui levantándose del sofá y sentándose la lado de Sofía. Comenzó a manipular el aparato saca-leche, intentando ver cómo funcionaba primero y dónde podía estar el fallo, hasta que lo acercó al pecho de Sofía y lo acopló por encima de la camisa – Vamos a probarlo – le dijo.

Entonces reparó en que yo estaba delante, y girandose hacia mí espetó:

– Será mejor que tú salgas un momento al balcón, que necesitamos algo de intimidad aquí – dijo medio riendo

– Me parece que no hace falta – contestó Sofía, queriendo quitar importancia al asunto – llevo ya tantas semanas dando de mamar a mi hijo en todas partes, que ya me he acostumbrado a llevar los pechos al aire.

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Y dicho eso, Sofía de desabrochó dos botones de la camisa, de la cuál brotó un precioso pecho, hinchado y con un pezón bien grande y rosado. Por un lado me supo mal que se pudieran sentir incómodas, pero al mismo tiempo un ligero sentimiento de excitación recorrió mi piel.

Entre las dos acoplaron el saca-leche al pecho de Sofía e intentaron manipularlo para que hiciera su trabajo y comenzara a salir la leche, pero tras varios intentos infructuosos no consiguieron nada. Al retirar el aparato, un pequeño rio de leche salió del pezón de Sofía y se escurrió hacia abajo.

– Cuidado que te manchas – dijo Paqui, mientras llevaba rápidamente un dedo horizontalmente al pecho de Sofía para detener la gota que resbalaba antes de que llegara a la falda y la manchase.

Sofía sacó un pequeño pañuelo y se secó el pecho, mientras que Paqui retiraba el dedo húmedo de su leche y lo miraba curiosa. Para sorpresa de todos, sacó la lengua y relamió su dedo llevandose a la boca los restos de leche de su amiga y saboreandola después.

– Hmmm, pues no sabe mal – se limitó a decir. Sofía y yo, tras un instante de perplejidad comenzamos a reír, conociendo el carácter desenfadado de Paqui. – Qué pasa? Una es curiosa jaja – se unió a nuestras risas.

embarazada lactante

Barriga pequeña de embarazo prematuro

Con los movimientos de la risa, a Sofía le brotó otro hilo de leche de su pecho.

– Fíjate, te vuelve a chorrear, si es que los tienes llenos – dijo Paqui mirando el hinchado pecho de su amiga – No te duelen?

– Un poco – dijo Sofía que se sorprendió y mucho al ver como Paqui tomaba su pecho y en su mano y lo apretaba ligeramente. Más leche brotó de su pecho, está vez con un chorro mucho más abundante. Inconscientemente, ante ese chorro de leche, Paqui se agachó y metió el pecho de su amiga en su boca, como queriendo detener toda la leche que había hecho salir al tocar y apretar el pecho de su amiga. Sofía se quedó inmóvil sin saber qué decir, al igual que yo.

Paqui dio un par de succiones y se separó.

– Hmmmm, quieres que te vaciemos nosotros los pechos un poco? – preguntó con voz traviesa

– Jajaja, estás loca – dijo Sofía

– Dar de mamar es algo natural, no me vengas con remilgos ahora – le contestó Paqui

– Como queráis, pero solo un poco, eh? – aceptó finalmente Sofía

– Ven, ayúdame – me indicó Paqui, mientras me hacia un gesto para que me acercara, al tiempo que Sofía se desabrochaba un poca más la camisa y descubría el otro pecho.

Mientras ella estaba sentada, nosotros nos pusimos de rodillas, uno a cada lado, uno en cada pecho. Lo primero que hice fue introducir aquel gran pezón en mi boca. Aunque había chupado muchos pechos a lo largo de mi vida, nunca había mamado uno, siendo adulto me refiero, con lo que no sabía muy bien qué tenía que hacer, aunque pensé que mi instinto me ayudaría, al fin y al cabo somos mamíferos por naturaleza.

Pero no tuve que esforzarme mucho, al chupar aquel pecho, un reguero de leche comenzó a invadir mi boca. Era una leche líquida, tibia, algo dulzona y no dudé en comenzar a tragármela toda. Empecé a mamar. Cada vez introducía más de aquel pecho en mi boca, mientras oia los chupeteos de Paqui a mi lado. En un momento dado, tomé su pecho con mi mano para apretarlo un poco y para tener algo más de apoyo en la postura que estaba. No sé exactamente cuantos minutos llevábamos, pero yo empezaba a perder el control por instantes y chupaba con bastante lascivia. En algunos momentos que mi boca se llenaba un hilo de leche se escurría por mis labios.

Paré un instante para recobrar el aliento y pude ver como Paqui también se detenía.

– Esta rica, eh? – dijo sonriendo

Sofía, la embarazada más viciosa que vi

Miré a Sofía que tenía una cara de vicio impresionante, con los ojos medio cerrados y las mejillas sonrojadas. Al devolver la vista a Paqui, vi que ella también estaba mamando con vicio, relamiendo su pezón, retorciéndolo con la lengua, succionando fuerte le pecho e introduciéndose todo lo que le cabía en su boca. Restos de leche resbalaban por su barbilla. Sin pensármelo, volví al trabajo, y comencé de nuevo a mamar aquel regalo del cielo en forma de pecho.

Finalmente Sofía nos hizo salir de nuestro trance mamador, con unas convulsiones y gemidos que nos pillaron por sorpresa.

– Nena, te has corrido? – preguntó Paqui entre carcajadas y muy sorprendida

– Uff, es que aún no me he recuperado del parto, y no puedo tener relaciones todavía, por lo que estoy muy sensible. Así que si, me habéis hecho llegar – explicó entre sofocos.

– No te creas, yo también me he excitado, es la primera vez que hago esto, estoy mojada y todo – confeso Paqui – y tú, cómo estás? – me preguntó, y posando una mano en mi rodilla para abrirme de piernas

– Pues ya lo ves – dije agachando la mirada para comprobar como de abultado tenía el paquete, pues llevaba empalmado desde hacía rato

– Uf madre mía – dijo Paqui, mirando como se marcaba mi pene tieso en el pantalón – eso tiene que dolerte. Sácatela que vamos a probar ahora otro tipo de leche

Hipnotizado por su comentario, me puse de pie, pero fue la propia Paqui la que apresuradamente comenzó a desabrochar mi cinturón, luego pantalón, bajó la cremallera y bajó con un movimiento algo brusco mi pantalón y boxer a la vez, haciendo que mi polla saliese disparada y botase delante de sus caras. Paqui estaba todavía de rodillas delante de mi, y Sofía seguía sentada en el sofá. Mi polla entiesa quedaba a un par de palmos de sus caras, y ambas tenían su vista fijada en mi pene, examinando su forma y tamaño bestial.

Ufff, menuda polla gastas, no? Desde luego engañas, con lo pasmadito que pareces en la oficina y me sales con este trozo de carne – dijo Paqui con un descaro que hizo reír a Sofía. Paqui, alzó su mano y cogió mi pene, y lo sacudió unas cuantas veces, notando su dureza y apretándolo un poco.

Dicho eso, acercó su boca a mi empalme y recorrió con su lengua toda su largura, para acto seguido, al llegar a la punta y lamerla un poco, introducirse todo mi pene en su boca. Noté la humedad de su boca empapando mi sexo y como quedaba prisionera entre su lengua y músculos bucales, fue una sensación muy agradable. Entonces comenzó una mamada muy placentera, introduciéndose más de la mitad en su boca. Tras unos instantes paró y se la sacó de la boca.

– Tienes una buena polla, durita y gordita, como a mí me gusta. Si hay algo que me fascina de una buena polla es que llene la boca. Ten prueba esto – dijo dirigiendo mi polla hacia Sofía

– No, no puedo, que estoy casada ya lo sabes – replicó

– Que casada, ni que tonterias, dale una chupadita, que esto de aquí no sale, y una oportunidad así no se tiene cada día – dijo muy convencida Paqui, de tal forma que Sofía, simplemente se inclinó un poco hacia mí, y haciendo caso de su amiga, con una mano agarró mi polla y se la introdujo en la boca. Sofía chupaba con más dificultad. Debía tener la boca más pequeña porque no llegaba introducirse la mitad de mi polla en su boca. Succionaba con más ansiedad o nerviosismo, supongo que porque sabía que lo que hacía no estaba bien, chupársela a un compañero de trabajo en el salón de su casa. Pero al mismo tiempo era tan morbosa y excitante la situación que en el fondo le apetecía y no había podido negarse más.

Mientras Sofía me la chupaba, Paqui manoseaba mis huevos con una sonrisa en la boca y alternaba su mirada viendo como su amiga me la mamaba. Tras unos instantes, Sofía se la sacó y le cedió de nuevo el turno a Paqui, que cogiéndome fuertemente por las caderas trató de metérsela entera, y casi lo consigue. Luego siguió chupando más suave y sacándosela ocasionalmente para relamerla con la lengua a lo largo.

Se alternaron un par de veces más, chupando cada una a su estilo hasta que comencé a gemir, pues mi orgasmo estaba próximo.

– Te voy a vaciar los huevos, pero luego me toca a mí que estoy mojadísima, ok? – Dijo preguntándome

– Claro que si – atiné a decir con los ojos en blanco a punto de venirme

Paqui se introdujo de nuevo mi polla en su boca y mamó con fuerza, ritmo e intensidad, estaba claro que iba a por todas, a por el premio de mi orgasmo. Y vaya si lo consiguió. A ese ritmo no tardé en comenzar a eyacular. La avisé, pero ella no paró, y mi leche comenzó a llenar su boca. Chupó hasta que mi orgasmo hubo terminado, y entonces se separó.

– ¿Se ha corrido en tu boca? – preguntó sorprendida Sofía.

Paqui abrió la boca como contestación, mostrándole que toda mi corrida estaba sobre su lengua y en general llenando su boca.

– Qué loca estas – dijo Sofía riendo, pero Paqui volvió a cerrar su boca y con un sonoro chasquido se tragó todo mi semen de una vez

– Hmmm… – dijo Paqui relamiéndose – ya puedo decir que me he tomando la leche de los dos en una sola merienda jajaja

– Te lo has tragado? Serás viciosa! – dijo Sofía entre exclamaciones

– Toda la leche es calcio, y a mí me hace falta reforzar los huesos! – contestó Paqui con sorna y aún tuvo tiempo de volver a relamerme la polla para dejarla limpia.

– Me toca! – dijo poniéndose de pie, subiendo su falda y deslizando sus bragas para finalizar sentándose en el sofá de nuevo. Abriéndome las piernas, mi miró y me invitó a lamerle el sexo con un tentador: enséñame que sabe hacer tu lengua!

Me situé entre sus piernas, y rodeándolas con mis brazos por debajo, comencé a besar la cara interna de sus muslos. Paqui ya jadeaba y se retorcía en el sofá, cuando mi lengua encontró su sexo. Primero lo recorrí de abajo hacia arriba, abriendo los labios exteriores con mi lengua. En una nueva pasada, mi lengua ya rozó los labios interiores y se mojó con su humedad, la cual saboreé. En la tercera pasada, saqué más la lengua y lo relamí completamente, llegando a su clítoris y empapando su sexo con mi saliva.

Tenía el sexo con el vello bastante recortado y arreglado. Era realmente apetitoso y jugoso. Mientras le comía su sexo con voracidad, ella jugaba con mi pelo, ya que sus manos acariciaban nerviosas mi cabeza.

Y en un momento dado, Sofía que nos miraba desde hacia un rato, debío calentarse bastante. Si realmente llevaba varios meses sin sexo, ver como yo lamía de aquella forma el coño de Paqui y como ella se retorcia de placer debió ponerla bastante caliente. El caso es que en un momento determinado se deslizó desde el sofá y se agachó buscando mi pene que comenzó a manosear. Como no hacia mucho que me había corrido estaba medio morcillón, pero no erecto.

Así estuvimos un rato. Paqui gemia muy excitada, contorsionandose en el sofá, mientras yo estaba disfrutando de aquel suculento sexo femenino cuyo sabor y aroma embriagaba mis sentidos. Trataba de sacar al máximo mi lengua para lograr introducirla en su vagina, como si quisiera penetrarla y luego movía allí dentro mi lengua de forma muy golosa. Alternaba esos movimientos con otros lamiendo todo su sexo y con succiones a su clitoris. Paqui no tardó mucho más en correrse, y con un gran gemido final, se quedó traspuesta en el sofá con una gran sonrisa de placer.

– Dios, que bien lo has hecho, me ha encantado! – me felicitó Paqui, al tiempo que me incorporaba. Realmente me había excitado hacerle sexo oral a Paqui, y entre eso y la paja que me había estado haciendo Sofía mi pene estaba medio erecto de nuevo.

Sofía, que seguía de rodillas a mi lado, miraba mi pene fijamente. De pronto me preguntó:

– ¿Crees que podrías correrte de nuevo?

– Supongo que si, vuelvo a estar algo excitado – respondí

– Es que con mi marido no hacemos mucho sexo oral, porque a él no le gusta demasiado, y ahora que he visto a Paqui como se bebia tu leche me ha dado curiosidad la verdad.

– Pues adelante – le dije

Así fué como Sofía se entregó a una dulce mamada. Sujeto con sus manitas el grueso pene y comenzó a chuparlo y lamerlo, lo cuál era muy placentero. En un momento determinado, me masturbé unos instantes para acelerar el orgasmo, y cuando ya estaba por venir, le devolví el testigo de mi pene para que siguiera la mamada. No tardé en descargarme en su boca, y aunque con dificultades, algo de tos y un poco atragantada por que no esperaba recibir tanto semen en su boca, pudo tragar la mayoría.

– Uf, que raro es el sabor, pero me ha gustado, menudo morbo – comentaba Sofía bastante animada al haber descubierto algo nuevo en su vida sexual

– Claro niña – le decía Paqui – lo que no mata, engorda, y la leche es muy sana y tiene muchas vitaminas! – con lo que todos estallamos de risa ante el desparpajo de Paqui.

Lo bueno fué que Paqui y yo estuvimos tonteando en la oficina durante un tiempo. Especialmente los viernes en el descanso para comer, nos soliamos esconder en algún despacho y los primeros escarceos de sexo oral dieron paso a encuentros sexuales desenfrenados entre carpetas y grapadoras, con el siempre presente morbo de que nos pillara alguien. Y es que ya lo dicen, que los niños siempre traen un pan bajo el brazo. Y nada mejor que un embarazo lactante para un principiante.

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Un cornudo para cumplir mi fetichismo

Fetichismo 14/07/2017

La historia real y que dejo aquí en Universo Erótico fue que una señora embarazada me ofreció a su cornudo marido baboso como esclavo. En una noche repleta de fetiches me volví más viciosa; y lo mejor: ¡tendría a mi primer madurito a mis pies, casi nada!

Me llamo Rocío y soy de Uruguay. Tengo 19 y un cuerpo en forma de guitarra que quita en sentido, que me ha causado varios y muchos problemas. Como comenté en mis otros relatos, mi mejor amiga y yo somos las putitas de un grupo de ocho hombres maduros, compañeros de trabajo de mi papá. Yo para evitar que mi padre fuera echado de la empresa donde trabaja, ella para evitar ser denunciada y vilipendiada; así nos hemos convertido en dos buenas zorras de campo.

Y si bien en mis otros relatos he comentado cómo fui deshaciéndome de mis barreras mentales al exponerme a distintos tipos de guarrerías, desde orgías con viejos, tatuajes, perforaciones, zoofilia, ylesbianismo y hasta, armada con un arnés, dar por culo a un hombre, la vida no tardaría en revelarme más sorpresas. Pronto sacaría a la luz mi vena dominante y fuerte y encontraría un cornudo hombre casado dispuesto a ser mi esclavo con el permiso de su esposa. Mi primer beso negro, hacer pajas con mis pies y hasta una lluvia dorada estaban aguardándome en lo que sería otra noche de sexo duro, extremo y sin tapujos.

Así que, trataré de ir por partes. Porque antes de dar mis primeros pasos como Ama, aún debía sufrir los embates de ser una esclava a merced de viejos pervertidos.

Tras haber prácticamente violado al señor López con un arnés, sabía que el cabrón se vengaría de mí a la primera oportunidad que tuviera. La noche luego de que lo sometiera, él y sus trajeados compañeros me cercaron nada más yo y mi amiga Andrea ingresamos a su casa.

Así que de manera poco cortés me llevaron de brazos hasta la mesa de la cocina mientras que otros hombres se llevaban a Andy a la sala, mucho más que delicadamente he de agregar. Me acostaron boca abajo sobre la mencionada tabla, y antes de que pudiera protestar por la brusquedad con la que era sometida, me esposaron las manos a la espalda y además me cegaron con una pañoleta negra; tenía ya un olor asqueroso de semen reseco por la falta de lavado.

Estaba muerta de miedo y de excitación. Debo confesar que me vestí con faldita y blusa muy cortitas, ceñidas y sugestivas para mostrarles de manera disimulada mi deseo de ser poseída por ellos; visto lo visto, parecía que estaba funcionando.

—Uff, señoressss… ¿por qué las esposas? —me retorcía lentamente para disimular.

—Es para que no vuelvas a arañarme como la última vez, putón. Mi señora ha visto las marcas —creo que era don Adalberto. Es que me suele tratar muy duro y en una ocasión lo rasguñé.

—¡Auuuchhh! —alguien remangó mi faldita por mi cintura y me dio una fuertísima nalgada que resonó por la sala—. Perdóooon, ¿pero no podéis ser más gentiles?

—Vamos a probar con cuatro dedos hoy, marrana —bajó mi braguita hasta la mitad de mis muslos—. Ya va siendo hora de seguir dilatando tu esfínter.

—¡Jo! —alguien me metía mano y hurgaba en mi capuchón para acariciar mi clítoris —. Parece que a alguien le está gustando mucho y está encharcándolo todo, ¿te pone que te traten duro, Rocío?

—¡Uff, no es verdad! —mentí.

—¡Toma cachetadas, cerda!

—¡Auuchh! ¡No hice nada malooo… Ah, ahhh, aaaahhhh!

Casi todas las noches mis amantes me entrenaban la cola para que algún día pudiera albergar pollas y puños por igual. Eso sí, durante esos “entrenamientos” yo solo era follada por dedos. Primero con uno, que con el correr de los días fueron aumentando de cantidad conforme mi culo se hacía, según ellos, más “tragón”. He llegado a soportar en un momento dado hasta cuatro dedos entrando hasta los nudillos, pero con “soportar” me refiero a que me tenían llorando y retorciéndome de dolor sobre la mesa de la cocina hasta desmayarme.

Esa noche no sería excepción.

—¡Cuatro dedos, miren cómo se lo traga el culo de la hija de Javier!

—¡Qué gracioso es ver cómo contrae sus nalguitas!

—¡Es porque le estoy haciendo ganchitos en el ano! ¡Miren, voy a izarla!

—¡Aaagghhh, bastaaaaa, me voy a morrrriiiiiir!

—Deja de zarandearte, zorrón, que te vas a rajar la cola—escupió rudamente otro—. Venga, traga mi verga.

—¡Mmmfff!… No gracias, ¡paso!

Alguien me agarró del cabello y calló mis gritos con un pollazo hasta la garganta que hizo retorcerme aún más. Con mi boquita siendo follada bestialmente no tenía muchas chances de decirles que me estaba a punto de desmayar del gusto.

—¡Espereeeeen!… —zarandeé mi cabeza para librar mi boca—, ufff, ¡tiempooo, denme tiempoooo!

—¿Quién puta te crees que eres, niñata? —y volvió a clavármela hasta la garganta.

—Un día de estos cargaremos champagne en tu culo y te pasearás de asiento en asiento para darnos de beber, ¡jajaja!

No pude evitarlo más. Con tan duras palabras, mientras sentía el glande empujando mi campanilla y los circulitos que hacían esos dedos dentro de mi culo, arqueé mi espalda y dejé de contenerme para mi vergüenza total. Me corrí fuertísimo, mojé la mesa, y los infelices, lejos de apiadarse de mí, siguieron dándome con todo.

—¡Puta guarra!

—Quién diría que un día veríamos a la hija de Javier correrse como una puerca tan rápido.

Me revolvía como loca sobre la mesa, creo que tiré algún plato que no retiraron. Una vez que el viejo se corrió brutalmente en mi boca, dejaron de meterme dedos en la cola. Ni siquiera habían pasado cinco minutos y ya estaba agotadísima y vencida por el miedo y la excitación, con el semen escurriéndoseme de mi boca y nariz, tratando de recuperarme y soportar el maltrato anal al que me sometieron.

—Miren cómo quedó el culo, ¡por dios!

—Madre mía, fíjense bien, se le ven las tripas…

—Voy a abrirle las nalgas, quiten unas fotos, vamos.

—Ugggh… me dueeleeee… ¡siento que no puede cerraaaar!…

—A callar, o te meteré mi polla y orinaré adentro, cerda.

—¡Me habéis destrozado la cola para siempre, imbéciles!

—¡Exagerada!, el día que te folle con mi puño tal vez te lo destroce, pero por cuatro dedos…

Cegada y apresada como estaba, me arrancaron mi braguita de un tirón y alguien se encargó de quitarme la falda, dejándome solo con mi blusita ceñida. La vista bien podría ser asquerosa o deliciosa para según qué ojos: mi coñito rojo, depilado (aunque ya se sentía ligeramente el vello creciendo), hinchado y caliente pidiendo guerra, y mi culo aún abierto, revelando mi interior y sin muchas ganas de cerrarse.

Como había dicho, tenía ganas secretas de que me hicieran suya, pero lo cierto es que esos viejos me veían como un juguete roto desde que me hicieron tener sexo con los perros de su jefe. No sé si era por estar ovulando, pero me sentía muy necesitaba de afecto; sin novio ni pretendientes en mi vida, necesitaba sentirme deseada y por ello me había vestido más ligeramente para ver si podía obtener un poco de cariño de parte de esos maduros.

Podía oír a Andrea siendo cepillada en la sala; me ponía como una moto, ¿por qué a ella sí le follaban y a mí no? Mientras escuchaba cómo quitaban fotografías de mi vejado ano, arqueé mi espalda para el deleite de ellos y con voz rota emití unos gemidos sensuales; quería que me hicieran su putita como en los viejos tiempos.

—¿Qué pasa? ¡La nena quiere marcha otra vez!

—Señores, lo último en el mundo que quiero hacer es follar con viejos asquerosos como ustedes —mentí—, pero si para que mi papá siga en vuestra empresa tengo que hacerlo, lo haré… así que adelante…

—Ya veo por qué has venido con ropa tan cortita y ceñida. Sinceramente, me da cosas meter mi polla en el mismo agujero por donde la mete un perro… Así que paso.

—¡Yo también paso, lo siento, Rocío! ¡El culo o nada!

—¡Imbéciles!, ¿no les da vergüenza hablarle así a una chica?, hasta esos perros son más caballeros que ustedes…

—¡Pues está todo dicho, Rocío!

Alguien tomó un puñado de mi cabello y levantó mi cabeza para apresar mi cuello con un collar que lo sentí metálico. Intenté protestar y zarandearme pero fue misión imposible. Me levantaron de la mesa y, de un brazo, me llevaron al jardín para encadenarme a un poste en el centro de lugar.

—Traeré a los dos perros, esos tan “caballerosos”, para que te tranquilices.

—¡Bastaaaa, no quiero perros, quiero hombressss!

—¡Ja! ¿Yo te quitaré las esposas, putita, así vas a poder guiar la polla del perro afortunado para que te monte bien.

Libre de esposas y de pañoletas, me arrodillé y abracé la pierna del primer madurito trajeado que tuve en frente.

—Ufff, perdóoon, me portaré bien, ¿síii? Quiero volver a la sala… ¡Quiero estar con humanos!

Pero no me hicieron caso; encadenaron a los dos bichos al mismo poste y no tardaron los canes en lanzarse a por mí. Los maduros se alejaron riéndose a carcajadas mientras los animales empezaban a lamer mi coño y dilatado culo con ganas.

La verdad es que, calentísima como estaba, me resigné y pensé que no me caería mal montarme de nuevo con uno de esos perros. Total que ya lo había hecho varias veces; ya estaba emputecida. Así que me puse de cuatro y me sostuve fuerte del suelo, empuñando el gramado y poniendo la cola en pompa: el labrador fue más rápido y logró montarse, pero yo quería al dóberman porque folla más duro, así que me zarandeé para que se saliera de encima y viniera el can deseado.

No tenía fundas y podía rasguñarme, pero podría soportar el dolor con tal de recibir carne. Llevé mi mano bajo mi vientre, y tras guiar su caliente polla hasta mi anhelante grutita, yo y mi amado dóberman nos la pasamos entre caderazos violentos por un espacio de no menos de quince minutos. En lo posible, me buscaba el clítoris para acariciarlo.

En medio de mis chillidos de placer, noté con los ojos lacrimosos que alguien entraba al jardín. Quise aclararme la mirada pero repentinamente grité de dolor porque el bicho me dio una arremetida feroz; me la clavó hasta el fondo porque estaba por prácticamente correrse. Lo sentía, yo ya me había venido en dos ocasiones durante esos quince minutos pero el muy cabrón tenía mucho aguante y seguía dale que te pego. Para colmo, cada embestida suya me sacudía y las tetas me dolían de tanto zarandearse. Tal vez debí haber elegido al labrador:

—¡Cabróoon!… ¡Auuuchhh! ¿Es que no te vas a cansar nuncaaaa?

Imprevistamente escuché un carraspeo femenino: era la señora Marta quien había ingresado al jardín, fumándose un cigarrillo, mirándome con una sonrisita. A ella no parecía molestarle mucho la orgía que estaban montando los hombres en su sala con mi amiga Andrea.

De cuatro patas como estaba, me acerqué a ella para besar sus pies, y aunque me costó llegar hasta allí debido a que el perro me abrazaba fuerte y además estaba trancado en mi grutita, conseguí cumplir mi cometido y lamí con esmero, metiendo lengua entre los dedos de la madura y chupándolos con fruición, sosteniéndome fuerte del gramado para no caer debido a las embestidas del can.

—Hola vaquita —dijo Marta.

—Ufff… Señora Marta…

—¿Desde hace cuánto que estás follando con mi perro, marrana?

—¡Ahhhgg dios!, por favor señora… su perro me va a matar y no puedo escaparmeee… ellos tienen la llave del candado de mi cadena, quiero salir de aquíiii… —mentí en eso de que quería salir, tenía una imagen de chica decente que mantener.

—Pues se ve que lo disfrutas, vaquita. Y mi dóberman también, ¡todos contentos!

—Por favoooor, está que no paraaaaa… Quiero volver a estar con humanos, ¡ahhhh! Mierdaaa… ¡No puedo estar toda la vida cruzándome con un maldito perroooo!

—Pues parece que estás en aprietos. No tienes novio, y ninguno de los hombres desea estar junto a ti desde que llegó Andrea. No les culpo, su cuerpo es escultural y nació para el sexo. Tú, en cambio…

—¡Uff! ¡Eso es, necesito un novio, señora Marta! ¡Ahhh! ¡Alguien que me trate bonito, no como esos cabrones!

—¡Jaja! Pues si quieres, te puedo conseguir una especie de… “novio” que te trate como a ti te guste. ¿Qué dices? ¿Nos vamos a visitar a una amiga mía?

—Qué clase de… ufff… ¿qué clase de amiga?

—Se llama Elsa. Hace tiempo que me viene preguntando por alguna mujer u hombre que quiera tener a su marido como esclavo, y me parece que es buen momento para tú tengas uno. Para que vayas practicando cómo ser una Ama.

—¿Tiene usted una amiga que ofrece a su marido como esclavo?

—Sí, el problema es que casi nadie quiere a un esclavo casado y con edad, pero bueno eso no te importará a ti, ¿verdad?

No pude pensar mucho más al respecto, el perro empezó a tirar su maldita e interminable leche dentro de mi coñito, lo sentía disparando sin cesar y me pareció la cosa más rica que había sentido en toda la noche. La señora me vio poner una cara rarísima, arrugando mi expresión y perdiendo el control de mi quijada: suelo ser así cuando me corro. Era deliciosa la sensación de tener la tranca del perro dando fuertes pulsaciones dentro de mí, hinchándose, hirviendo, vaciándose todo en mi interior. Sí, me corrí como una perra a los pies de esa mujer, ya no me importaba que me miraran mientras me llegaba siendo montada por un animal, podría hacerlo en medio de una plaza o incluso en la calle a la vista de desconocidos; ya estaba convertida en una putita hecha y derecha, y me importaba un pepino lo que las personas pensaran de mí. Me había convertido en una cerda.

—¡Noooo pareees bichoooo!

—¿Te estás corriendo mientras te hablo, vaquita?

La señora se acercó a mí y se inclinó para tomar de mi mentón; inmediatamente abrí mi boca creyendo que iba a escupirme, pero aparentemente solo quería ver mi rostro corriéndose viciosamente:

—Estaré en la sala. Cuando el perro se desacople de ti, múgeme y vendré a quitarte la cadena para irnos a la casa de mi amiga.

Me retorcí frente a ella mientras el dóberman volvía a clavármela un poco más. El animal me abrazó fuertísimo, como no queriendo que me escapara de su verga, y me corrí otra vez; ni siquiera fui capaz de decirle “Sí, señora Marta” a la mujer, solo salió un mascullo inentendible propio de una poseída.

Varios minutos después, cuando el can por fin se salió de encima, me acosté sobre el gramado, muerta de gusto, tratando de averiguar qué tipo de perversiones me deparaban el resto de la noche: ¿Una mujer me iba a regalar su marido para que fuera mi esclavo? ¿Para qué querría yo un esclavo? ¿Podría tener yo un esclavo, siendo a la vez una putita propiedad de ocho viejos pervertidos? Pero sinceramente, la necesidad de estar con un hombre cariñoso me ganaba terreno; harta de perros, pensé que tal vez debería aceptar su oferta. Además, la idea de ser “Ama” me tenía en ascuas, desde siempre he sido dominada, ya venía siendo hora de ser yo quien llevara algunas riendas.

El labrador, que aún no me había follado, quiso venir a por una tanda de “su perrita”, pero yo ya estaba hecha un desastre, con el semen goteándome sin parar de mi adolorido coño, escurriéndose por mis muslos y goteando en cuajos hasta el suelo inevitablemente. No tardé en mugir como una maldita vaca para que la señora entrara de nuevo en su jardín y así pudiera apartarme del bicho calentón. Vino con la llave de mi collar en una mano y su temida fusta en la otra.

Los perros se asustaron al ver que ella blandió su arma al aire y se alejaron mansos. Y yo suspiré aliviada, abrazándome a sus piernas para agradecerle su salvación:

—¡Uff! Vayamos a buscar a ese esclavo, señora Marta…

—¡Qué vaquita más puerca! —dijo inclinándose hacia mí para darme un fustazo en las nalgas.

—¡Auuchhh! ¡No he hecho nada malo!

—Vaquita, más vale que te des un buen baño hasta que dejes de chorrear la leche de mi perro. Como vea una manchita en el asiento de mi coche lo vas a limpiar a lengüetazos.

Fue paciente, lo suficiente como para que me aseara en su baño durante más de media hora y me hiciera con mis ropas. Cada vez que pasaba por la sala, ya sea para buscar mi faldita o para devolver los collares y cadenas, los hombres no mostraban mucho interés en mí, sino en la rubia escultural que estaba sentada sobre don Adalberto. La boca se me hizo agua al ver a mi amiga frotándose contra su pecho peludo y montándolo lentamente para delirio de todos.

“Qué verga tan grande tiene usted, don Adalberto. Sus venas, su largor, ¡estoy enamorada!”. Todos se reían y se la cascaban a su alrededor; él se corrió brutalmente, puso una cara feísima mientras le apretaba la cinturita con fuerza, metiéndosela hasta el fondo: “Ufff, qué mujer estás hecha, ojalá mi señora fuera como tú, princesaaaa”.

A mí nunca me volvieron a decir “Princesa” desde que estuve con los perros; crispé mis puños y me mordí los labios. Cuando Andrea se levantó de don Adalberto, sudada y temblando, otro hombre la tomó de la mano y la puso contra una pared para así darle una follada durísima, dándole embestidas violentas y gritando como un toro.

Don Adalberto vio mi carita de pena y me sonrió. Me llamó con un chasquido de dedos: con el corazón reventando de alegría me acerqué para arrodillarme entre sus piernas, esperando que me ordenara cualquier guarrada. Era la primera vez en mucho tiempo que volvería a ser la putita de uno de ellos, y para qué mentir, lo extrañaba. Ni siquiera me quité mi blusita y falda, me daba igual que me la manchara con su leche, estaba demasiado contenta pues me sentía deseada nuevamente:

—Acércate más, marrana.

—¿A mí no me dice “Princesa”, don Adalberto?

—Quítame el condón con el que follé a tu amiga, furcia, y cómetelo, ¡recién salido del horno, jajaja!

—Cabrón, no lo dirá en serio…

Me cruzó la cara con una mano abierta:

—No me vuelvas a insultar. Venga, sácame el forro y a comer, putón.

Andrea en cambio la pasaba de lujo. Su amante le arrancaba alaridos y gritos que me corroían de celos. Yo, por mi parte, debía conformarme con comer un condón repleto de leche que segundos antes había estado en su coño.

Otra bofetada con insultos varios me volvió a la realidad. Me incliné para chupar sus huevos con fruición mientras le quitaban muy delicadamente el forro. No tardó el condón en estar entre mis dos manos, caliente, jugoso, repleto de semen que se escurría. No podía ser verdad que debía comerlo, ya lo había hecho anteriormente pero eran condones con los que me follaban a mí, no a otra persona. Pero cuando don Adalberto volvió a abrir la mano para darme una tercera bofetada, di un respingo de sorpresa.

—¡Valeee, me lo comeréee!

—Eso es. Pues comienza, Rocío… Venga, rápido que se enfría…

Tomé respiración. Cuando mi papá suele prepararme platos que no me gustan, suelo comerlos rápidamente para no sentir el gusto. Es mi manera de no decepcionarlo, pues la verdad es que es un pésimo cocinero. Así que haciendo fuerzas, hice lo mismo con el condón. Bajé la cabeza y sorbí rápidamente el semen que se escurría; lo tragué en dos tandas interminables, y antes de que amagara potar por lo asqueroso de la situación, tomé el forro con mis dientes y empecé a masticar un poco antes de tragarlo. Jugos de don Adalberto y Andrea en mi boca, ¡por poco no me desmayé! Pero, tragado lo tragado, levanté mi mirada con una sonrisa repleta de leche: cumplí mi misión y don Adalberto iba a felicitarme. Tal vez incluso me volvería a llamar su princesa.

—Don Adalberto, me lo he tragado… fue delicioso —mentí.

Pero el muy cabrón ya no me hacía caso, solo se la cascaba groseramente viendo cómo su colega se cepillaba a Andrea. Molesta, acompañé su paja con mis manos, mirando con melancolía su enorme y venoso pollón:

—Don Adalberto, fólleme por favor…

—Joder, Rocío, no tuviste suficiente con los perros…

—Pero por usted lo puedo soportar. Uno rapidito, por favor, en el sótano está el colchón, yo misma iré a arreglarlo todo.

—Ehm… lo siento, Rocío, ya estoy cansado también. Además doña Marta te está esperando, no la hagas perder el tiempo.

La señora Marta vino hasta mí para tomarme del brazo, y de un zarandeo violento, me levantó y me llevó hacia afuera de la casa para irnos en su coche. Fue frente al portal de su casa cuando la madura vio el cabreo en mis ojos y se detuvo para hablarme:

—¿Por qué tienes esa mirada de vaca asesina?

—Señora Marta, ya nadie me desea, para esos viejos soy un cero a la izquierda.

—¡Ja! Dices que odias a esos hombres, pero sé cuánto deseas estar allí para que te digan lo putita que eres, ¿verdad? Ya me veo oyendo tus quejidos durante todo nuestro viaje… ¡Uff!

El trayecto no fue precisamente largo. No fueron más de veinte minutos en donde atravesamos un par de barrios residenciales; llegamos a una zona bastante lujosa que me hacía recordar a una especie de Beverly Hills (salvando las evidentes distancias).

Salí del coche y le abrí la puerta a doña Marta para que ella se bajara. Siempre tras ella, nos dirigimos a una ostentosa casa de dos pisos. Tras un carraspeo suyo, entendí que debía tocar el timbre y volverme inmediatamente tras ella. Me preguntaba una y otra vez qué tipo de mujer saldría a atendernos: ¿cómo se vería alguien que ofrece a su propio marido para ser propiedad de otra persona? ¿Acaso su esposo había hecho algo gravísimo?

Se abrió la puerta y se me cayó el alma al suelo al ver a una mujer aparentemente de más de cuarenta años, pero con el detalle especial de que ella estaba embarazada. Me asomé por detrás de la señora Marta para verla mejor: Vaya barrigón de siete u ocho meses enfundado en ese cortito y ajustado vestido de lactancia, sin mangas y de color rojo como su hermosa cabellera salida de una publicidad de Pantene; contemplé luego los enormes senos de la mujer que apenas eran contenidos por la ropa; me mordí los labios; admiré como boba sus hermosos ojos verdes; nariz pequeña, labios finos y sensuales que poco a poco esbozaban una sonrisa. No sé qué me pasaba últimamente, pero me estaba perdiendo en la belleza de muchas mujeres.

—¡Ay, Marta, no te puedo creer, tanto tiempo! –Elsa chilló con alegría y la abrazó con dificultad debido a su panzón—. ¡Me alegra verte! ¡No podía creerlo cuando recibí tu llamada!

—¿Elsa, y esa barriga? ¡Mira con qué me vengo a encontrar!

—Ay, Marta, la verdad es que hemos perdido mucho el contacto y te tengo que contar tantas cosas… —me miró y me puse colorada; era hermosa—, ¡Uy!, ¿y esta preciosidad es tu hija?

—No —dijo Marta—. Esta es la putita de mi marido. Se llama Rocío, pero le gusta que la llamen vaquita.

—N-no soy la putita de nadie ni soy ninguna vaca —dije con una sonrisa forzada, como si todo aquello fuera un chiste.

—¿Putita? ¿Vaquita? —preguntó Elsa con seriedad—. ¿Qué me estás contando, Marta, has vuelto a las andadas con tu marido?

—Sí, bueno, es una larga historia. ¿Podemos pasar? A la vaquita le interesa ser Ama y tener un esclavo, y recuerdo que buscabas a una Ama para tu esposo.

—Señora Marta —interrumpí—, aún no estoy segura de todo esto, yo solo dije que quería un novio, no un esclavo.

—No digas tonterías vaquita, te va a encantar tener a un hombre a tus pies. Elsa además conoce a gente que te puede anillar el coño, es una fantasía que muchos de tus amantes han solicitado, ¿no es así? Tal vez si accedes, puedas volver a ser deseada por ellos. Así matarás dos pájaros de un tiro: tendrás un esclavo, y además serás de nuevo el centro de atención de tus amantes.

Me tomó de la mano y me llevó adentro nada más su amiga Elsa nos invitó a pasar. ¿Anillarme la concha? Era verdad que muchos de esos hombres confesaron que les encantaría que tuviera aritos en mis labios vaginales para que pudieran estirármelos y contemplar mejor mis carnes, de hecho he fantaseado con tenerlos ante tanta insistencia, pero jamás ponderé cruzar esa línea.

Tragué saliva conforme entrábamos a su enorme sala. Tal vez era una buena opción; si decidí que iba a ser mejor putita tenía que superar ciertas barreras. Y vaya que he ido superándolas en los últimos meses. Un par más de piercings no parecía nada fuerte, vivido lo vivido.

Cuando nos sentamos las tres en el sofá, yo en el medio, no pude sino agachar la mirada temblando de miedo. Si con la señora Marta apenas he sobrevivido a sus guarrerías, con dos mujeres probablemente no saldría viva de allí. Muy para mi sorpresa, la pelirroja Elsa se mostraba muy simpática. Su tono suave y sensual generaba bastante tranquilidad, lejos de la vulgaridad y tono descortés de doña Marta. Tenía además una elegancia que nunca alcanzaría Pilar Romero, la puta que plagia mis relatos y los vende.

—Mi marido estará encantado de conocerte, Rocío —dijo Elsa—. Vamos a divertirnos esta noche, y si todo está en orden, tendrás tu primer esclavo. ¡Qué emoción!

—Señora Elsa, pero ni siquiera sé qué hacer con un esclavo…

—Para eso estoy yo, Rocío. No te pongas colorada, lo vas a hacer bien.

La verdad es que sí tenía vergüenza. Como dije, más que un esclavo, lo que yo necesitaba era un buen hombre que me diera cariño (y carne). Sin novio ni amantes, mi cuerpo estaba empezando a reclamar atenciones que los perros no podían satisfacer. Movida por mis deseos de volver a sentirme deseada por un humano, decidí aceptar la oferta.

—Bueno, niña, párate frente a nosotras y quítate las ropas porque te quiero ver bien –ordenó acariciando su panza.

Lo hice. Frente a ambas maduras que me miraban, una con una sonrisa, la otra con mirada asesina, me quité el cinturón para que la faldita bajara. Como no llevaba ropa interior pues me la habían arrancado, pudieron notar mi chumino peladito y algo hinchado debido a que el dóberman de doña Marta fue un bruto esa noche.

—¿Esas son marcas de fustazos las que tiene ahí, en los muslos?

—Sí, esta vaquita es muy insumisa, pero va aprendiendo. Y eso de allí imagino que son debido a las pezuñas de mi dóberman.

—¿Se lo monta con tu perro, Marta? ¡Uff! Por cierto me gusta que tenga el chochito peladito —continuó Elsa—. Está hinchado, parece como que fue sometido a succión… —se metió la mano entre las piernas, ocultándola bajo su enorme barriga. Entrecerró sus ojos y se mordió los labios, ¿qué estaba pensando Elsa para prácticamente masturbarse frente a mí? Serían las hormonas reventando su preñado cuerpo o algo similar—. Ughmm, ¿cómo lo quieres, Marta?

—Quiero un anillo en cada labio vaginal, y uno último en el capuchón que le cubre el clítoris. ¿Puedes hacerlo, Elsa?

— Mmmmm¡Síiii! —¡la muy guarra estaba masturbándose frente a mí y no disimulaba! —. Venga, Rocío, quítate la blusita, ¡uff!

SI OS GUSTA, seguiré…es un poco largo, no quiero aburrir, os dejo un par o tres de fotitos como recuerdo.

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