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El día que todo cambió

Tríos 25 julio, 2017

Era un dia caluroso, como el de hoy, estaba con mis dos amigas, mis dos grandes amores…

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Un huésped gay empotrador

Gays, Relatos porno, Relatos sexo 25 julio, 2017

Muy caliente y gay, debieron pensar Darío y el pequeño Alberto al acabar aquel día tórrido.

El atrevido y sin reparos Darío, recién llegado a Palma para pasar unos días de vacaciones, se encuentra con el hermano pequeño de su mejor amigo. En el pasado hubo algo entre ellos. ¿Ha llegado el momento de terminarlo como es debido?
El huésped Darío miraba el rostro de Alberto, el hermano pequeño de su mejor amigo, desde abajo, tumbado boca arriba sobre la cama. La satisfacción estaba pintada en las bellas facciones del aún adolescente, y no era para menos: ahora, entre sus cuerpos se interponía el de una explosiva chica, desnuda como ellos, que habían conocido hacía menos de una hora. Alberto la estaba penetrando, todavía despacio, y Darío, que sentía las profundas acometidas del joven, lamía los pechos pequeños y compactos de la chica torciendo la cabeza sobre ella.

Por eso, una veloz suma de acontecimientos había llevado a Darío hasta allí, y aún estaba algo aturdido por ello.

Aquella misma mañana había llegado a Palma, donde iba a pasar unas merecidas vacaciones con su gran amigo, Juan. Pero éste todavía estaba trabajando a esas horas, así que había sido Alberto el encargado de ir a buscarle al aeropuerto. Hacía por lo menos cinco años que Darío no veía al hermano de su amigo, y se sorprendió de lo mucho que había crecido. A sus dieciocho años, Alberto estaba en su mejor momento físico.

Y con una confianza inusitada y un destello de picardía en los ojos, Alberto había propuesto a Darío pasar a recoger a una chica con la que había quedado allí y que quería llevar a casa, dado que sus padres también estaban ausentes. Naturalmente, Darío había aceptado. La chica resultó ser una hermosa hembra, de la misma edad que Alberto, con los labios muy pintados y la falda demasiado corta para las horas que eran. Estaba claro que estaba ansiosa por conocer a fondo a Alberto, al que dedicó todo tipo de insinuaciones y arrumacos, a pesar de que acababan de conocerse.

Una vez en la casa, se dirigieron rápidamente al cuarto de Alberto. Darío supuso lo que iba a suceder a continuación. Pensando en la buena suerte del joven, o en la eficacia de sus habilidades de seducción, fue a deshacer su maleta, pero fue interrumpido por el protagonista de sus cavilaciones.

–Oye, tío, lo he hablado con Patricia y… ¿Por qué no te unes a nosotros?

Allí estaba Alberto, tapado tan sólo con unos boxers y luciendo un estado de forma envidiable. Darío lo dudó. Le daba bastante reparo no ya la propuesta de Alberto, sino incluso verle así, con el sexo erguido destacándose en sus boxers. Sin duda, había cambiado mucho desde que jugaba con él cuando era un dulce niño de nueve años. Darío, aun siendo ocho años mayor que él, se sintió en presencia de un macho muy superior.

En ese momento, los ojos de Alberto, de color marrón claro, le convencieron. Siempre le habían atraído aquellos ojos y la forma en que ese chico, tan gamberro y atrevido, miraba a los demás cuando quería conseguir algo.

–Vale, voy –dijo Darío.

Así empezó una sesión de sexo placentera aunque, cuando menos, extraña. Darío nunca había estado en un trío y todo era nuevo para él, hasta el ver en acción a otro chico.

Ahora Alberto había comenzado a subir el ritmo: Patricia no dejaba de gemir. Se estaba abandonando al placer y pronto no sería más que una muñeca sometida a los deseos de Alberto. Darío tenía un papel secundario, se limitaba a chupetear el cuello o las tetas de la chica.

La verdad es que Alberto debía de tener mucha experiencia, mucha más que Darío, que pudo admirar su aguante y la destreza de sus movimientos. Él no solía durar más de quince minutos. En cambio, Alberto llevaba con la polla dentro de Patricia una media hora.

Alberto jadeó un poco, movió sus caderas lo más rápido que pudo y, cómo no, Patricia se sumergió en un prolongado orgasmo, los ojos en blanco y lanzando unos gritos que debió de escuchar todo el vecindario.

Alberto, sonriendo, guiñó un ojo a Darío, que le miraba con la boca abierta. Era su forma de decirle que ya no era ese niño de nueve años al que había conocido: “Mira lo que soy ahora”. Y podía estar orgulloso de ello.

Entonces Alberto cerró los ojos y se corrió. Expulsado todo su semen, se derrumbó sobre la chica (Darío resopló al soportar el peso de ambos de golpe) y la besó en los labios.

También aprovechó para susurrar algo en el oído de Patricia. Ésta asintió con la cabeza, en silencio. Alberto se levantó y ayudó a incorporarse a la chica. Mientras tanto, Darío permaneció tumbado, aún excitado, observando tranquilamente las tetas de ella y el torso esculpido de él.

Sin previo aviso, Alberto se abalanzó sobre Darío, le forzó a darse la vuelta y le inmovilizó con sus fuertes brazos.

–¿Qué estás haciendo? –protestó Darío, completamente indefenso.

–Tú relájate y disfruta –repuso Alberto–. Ella también goza con esto.

Darío fue a quejarse de nuevo, pero la polla del hermano de su amigo entrando en su ano le hizo enmudecer. Asustado al principio, ciego de dolor después, no acertó a decir nada. Pero enseguida empezó a sentir más placer que otra cosa.

E iba a mejor.

Y Patricia estaba sentada, masturbándose y grabando todo con su teléfono móvil.

-Agárrate –aconsejó Alberto, e introdujo todo su miembro en el recto de su presa, que mordió la almohada para no chillar de dolor–. Te está gustando, ¿verdad?

En el fondo, era una experiencia humillante, pero Darío estaba cada vez más complacido. Su mente se unió a la fiesta, librándose de miedos, y la dejó vagar libre, y a ella acudieron escenas del pasado que creía enterradas. Alberto en la piscina de su casa. Su cuerpo atlético, bronceado, limpio. Su diminuto bañador. Aquel bulto preadolescente apenas desarrollado. Y se vio a él mismo, con diecisiete años, asegurándose de que no había nadie cerca y frotando el bañador con su mano hasta que el niño se había relamido de gusto, disfrutando del momento.

Y ahí, justo cuando iba a retirar la pequeña pieza de tela y dejar al descubierto el mayor tesoro de Alberto, que había adquirido con las caricias un tamaño más que digno, apareció Juan. No llegó a descubrir lo que estaban haciendo, pero fueron unos instantes embarazosos ya que Darío estaba de rodillas frente a Alberto con su cara muy cerca de una formidable erección para un niño de nueve años.

Así que, después de muchos años, Darío tenía a aquel niño sobre él, follándole sin contemplaciones. Imaginó que no era el Alberto de dieciocho años, sino el de nueve, al que tanto había deseado en aquel pasado distante, una fantasía que le hizo correrse salvajemente y brutalmente.

-Joder, sí que le ha debido de gustar –comentó Patricia–. A lo mejor es marica el tío…

-No, no lo es –dijo Alberto, sin dejar de mirar el cuerpo rendido de Darío–. Pero hay encantos a los que nadie puede resistirse, ¿no crees?—Y recordó su físico con nueve años y cómo, tras aquellos tocamientos en la piscina, se había masturbado por primera vez pensando en que Darío conseguía bajarle el bañador y hacerle una mamada.

Se separó de Darío y le dijo que se colocara boca arriba. El pobre no cesaba de murmurar su nombre, a medio camino entre la realidad y el paraíso.

Alberto acercó su dura polla a los anhelantes labios del amigo de su hermano. Si con nueve años ya era grande, ahora era de exhibición. Iría con cuidado para que no se atragantara.

-Hemos esperado mucho tiempo… –susurró–. Abre la boca, que tu nene te va a dar el biberón.

Y vaya si lo tomó…

y si les gustó,..algún comentario y así me animo a seguir… gracias

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Follamos a una amiga que luego gano dinero

Sexo Virtual 24 julio, 2017

Hola a todos mi nombre es miguel tengo 35 años, pelo corto castaño, ojos marrones, alto, y musculoso.

Conocí a Vanesa en una discoteca, era una chica muy guapa, alta, delgada, buenas tetas, culito firme, pelo liso, muy largo de color negro, ojos azules, y labios carnosos.

A los dos nos gustaba mucho el sexo, la tía follaba que daba gusto y le encantaba jugar.

No éramos pareja pero quedábamos a menudo en mi casa ya que yo vivía sólo y follábamos cuando se nos antojaba.

Un día, tuve una idea gracias a la cual durante un tiempo sin que ella lo supiera, gané mucho dinero a su costa.

Como otras veces, iba a venir a mi casa, estuve casi todo el día preparándolo todo, coloqué cámaras ocultas y micros por toda la casa, compré diversos juguetitos tales como esposas, bolas, penes de diferentes tamaños y materiales, para tapar los ojos mascara de seda de las que se usan para dormir, lencería sexy, velas, lubricantes, y ambientadores de distintos olores.

Hacía unas semanas, que cree una página web a la que subiría los vídeos que tenía en mente grabar, ya le había sacado algunas fotos sin que se diera cuenta y las había colgado allí, sólo podían acceder usuarios registrados, los primeros los conseguí del gimnasio, y les dije el día que iba a tener lugar el evento en directo, y que la primera hora era gratis.

Corrieron la voz, y en pocos días, tenía algo más de 5.000 registrados.

Un amigo informático me ayudó con los detalles y es quien se encargaría de enfocar las cámaras por donde estuviéramos, ajustar el zoom cuando fuera necesario, controlar el sonido, a cambio, el se llevaría un porcentaje de lo que ganara y también se encargaría de controlar el registro de usuarios.

Aquel día sin que ella lo supiera, vinieron a casa tres tíos que iban a mi gimnasio, uno de ellos era negro, les escondí antes de que llegara en un armario muy grande que había en la habitación de invitados.

Vanesa llegó sobre las 00.30, era viernes, yo había anunciado en la web que se conectaran más o menos a esa hora y así podrían verlo todo en directo.

Sonó el timbre, abrí la puerta y ahí estaba ella, era verano, se había puesto un vestido negro muy ceñido y corto, no llevaba sujetador aunque no le hacía falta ya que sus tetas estaban muy reafirmadas, iba sin medias, llevaba un tanga de color negro y unos zapatos negros de tacón alto.

Yo, llevaba una camiseta blanca ajustada, unos vaqueros grises, debajo unos bóxer negros, y chanclas del mismo color.

– Hola preciosa ¿cómo estás?

– Muy bien Miguel.

– ¿Qué has hecho hoy?

– He ido de compras, a comer con unas amigas y luego a la peluquería para arreglarme un poco las puntas y que me hicieran la manicura.

– Ya veo, estás muy guapa, te han cortado un poco las uñas aunque las sigues teniendo bastante largas ¿te han hecho la manicura francesa no?

– Si ¿te gustan?

– Me encantan, están perfectas.

– Gracias cariño – respondió tras darme un beso en la mejilla.

– ¿Te apetece una copa?

– Claro

– Siéntate en el sofá que voy a por ella

Vanesa se sentó, yo fui a la cocina a preparar las copas, la de ella con sorpresa, le eché una pastillita que se disolvió enseguida, el efecto que provocaba era que el que la toma se excita como tres veces más de lo normal y en las mujeres hace que tengan multiorgasmos y cuanto más se corren su cuerpo les pide más. Dura como unas 4 horas aproximadamente y lo iba a aprovechar.

Volví junto a ella, puse música, le di su copa, me senté a su izquierda, y empezamos a hablar y a beber.

Al cabo de un rato, nos empezamos a enrollar, y noté como la droga empezaba a hacerle efecto.

– Miguel ¿no hace mucho calor aquí?

– Yo no tengo calor, aunque si estoy poniéndome caliente con esos besos que me das.

– Yo también cariño, a lo mejor si nos desnudamos, dejo de tener tanto calor.

Nos desnudamos el uno al otro, y fuimos al dormitorio, en la cama yo había dejado una caja pequeña y rectangular envuelta con papel de regalo.

– ¿Y esto? – preguntó Vanesa

– Ábrelo

– ¡Madre mía! – dijo cuando abrió la caja – ¿Qué es todo esto?

– Es para jugar mi amor

La caja contenía unas esposas, la máscara de seda negra para los ojos, y unos guantes de hombre de cuero negro y un gel lubricante.

– Mmm, que morbo, y ¿a qué quieres jugar?

– Te explicaré las reglas del juego, yo te pongo las manos a la espalda y las esposo, y en los ojos la máscara, como eres la que lleva las esposas tienes que satisfacer mis deseos…

– Me está gustando la idea, mmm… ¡pónmelas!

– Espera, yo puedo tocar todo tu cuerpo, pero tú a mi sólo puedes chuparme y lamerme la polla, y ninguno nos podemos besar.

– Mmm, que original y ¿los guantes para que son?

– Los guantes son para mí, me los voy a poner para tocarte con ellos.

Vanesa no tenía ni idea de lo que le iba a pasar. Y que miles de usuarios estaban siendo testigos de ello.

Le puse las esposas, y la máscara, la tumbé en la cama y empecé a comerle el coño en ese momento dije la frase que había acordado con mis amigos para que salieran del armario.

– ¡Qué coño más rico tienes! Por cierto, nueva regla, ninguno podemos hablar ¿de acuerdo?

– Si, sigue lamiéndomelo

Sigilosamente, mis amigos entraron en la habitación desnudos y sin hacer ningún ruido.

Los tres al igual que yo, llevaban puestos guantes negros, eran muy musculosos, el negro se llamaba Jayín, de pelo corto, ojos negros y tenía una verga enorme, luego estaba Roberto, pelo corto rubio, ojos azules, polla de unos 18 cm, y por último Damián, rapado al cero, ojos marrones y con un miembro bastante grande también.

Jayín se arrodilló y empezó a meterle dos dedos en el coño a Vanesa, luego jugó con el clítoris con la lengua, y la tía cada vez estaba más húmeda y cachonda, el, se puso de pié, apoyó las manos en sus tetas y al tiempo que las tocaba empezó a introducir su verga en el chochito, las fuertes embestidas y la velocidad con la que lo hacía estaban provocando que Vanesa se corriera.

El negro, se quitó y continuó pajeandose para que no se le bajara, Roberto le relevó, puso a Vanesa a cuatro patas, yo le pasé el gel y empezó a lubricarle el ano a la vez que le metía un dedo y seguidamente, le clavó su polla, la metía y sacaba lo más rápido que podía y la chica aumentó el volumen e intensidad de sus gritos, cambió al coño e hizo lo mismo con mucha más viveza.

Jorge siguió después, y también disfrutó a lo bestia de sus dos húmedos y lubricados agujeritos, el coño de Vanesa empezaba a chorrear y a empapar la cama.

Luego yo me los follé también, y me corrí dentro de su coño, Jorge continuó masturbándola y pasado un rato escuchando los acelerados jadeos de Vanesa, se la metió por el culo y se corrió dentro.

Jayin, la tumbó nuevamente boca arriba y se colocó para hacer un 69, el encima para que ella se la chupara y el pudiera comerle el coño, ambos se entregaron afondo y el negro se corrió en su boca y ella se lo tragó.

Luego le ordené que se levantara, Roberto se puso de rodillas y continuó masturbándola, ella empezó a correrse tan intensamente que involuntariamente acabó meándose encima dejando ver en el suelo un círculo enorme. Roberto se puso de pié, puso sus manos sobre los hombros y le hizo postrarse a la tía, que al instante localizó la polla y comenzó a chupar, al poco rato él la sacó, yo le dije a Vanesa que abriera bien la boca, ella obedeció y recibió un choro de semen en su boca y en sus tetas.

Ellos abandonaron la habitación y volvieron a meterse en el armario de la de invitados.

Yo a ella le quité las esposas y la máscara, me comió a besos por procurarle tanto placer durante tanto rato y haberme corrido tantas veces.

Yo le propuse repetirlo más veces y me contestó ingenua, que todas las veces que yo quisiera, que le había encantado y había disfrutado como nunca.

Luego mientras se duchaba, mis tres amigos se fueron de mi casa sin hacer ruido.

Me fui a la cocina y llamé a mi amigo informático, apenas hable yo para que no me escuchara Vanesa por si a caso, y me dijo que se habían conectado y registrado más de 100.000 personas que la mayoría se habían quedado hasta el final y pagado por verlo, habíamos ganado tanto dinero aquella noche, que nos planteamos continuar aprovechándonos de ello durante todo el tiempo que pudiéramos y todo sin que esa incauta se enterara.

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Masturbandome con una buena porno

Bragas usadas, Confesiones, Lésbicos 21 julio, 2017

Estaba realmente aburrida en mi casa de solo escuchar musica y de revisar mi muro de facebook, hacia mucho que no entraba a tuslesbiana.com, una pagina de porno lesbico que seguro fue creada por un hombre porque siempre reseña los videos con frases como “te pondrá el rabo duro” o “te la dajará bien dura”. Hay hombres que también comentan los videos.

En fin, yo estaba súper aburrida y un poco calentona, había tenido una charla hot en el chat de facebook con una chica sexy 😉 y me quedé con las ganas de hacerme una buena paja, por lo que busqué un buen video en la pagina. Había muchos nuevos, casi todos de mujeres en la cama o un sofá, yo buscaba uno donde se follaran con arnes, eso siempre me calienta, pero encontré uno de dos secretarias hot haciendolo en un escritorio. Hice click y arrancaba con un beso hoy y pasional entre las dos secretarias, morenas y con buenas curvas, una con el cabello atado y la otra onduldo y suelto. Ella se recuesta en el escritorio, ya tenía el saco abierto con las tetas al aire, muy lindas por cierto, la de la colita le empieza a chupar los pezones y salta directamente a mamarle la concha, muy sensual, con sus labios y lengua, haciendo gemir a la de cabello suelto. La vuelve a besar y chupar un poco sus tetas, la recuesta otra vez y la pajea con sus dedos, le frota el clítoris y la empieza a follar con dos dedos, la folla duro y la secretaria de pelo suelto empieza a gemir fuerte y a gritar.

Se empieza a calmar y el video salta al momento en que la de cabello suelto está parada y desnuda, la de colita está acostada en el escritorio, lleva una blusa verde que la otra le empieza a bajar dejando sus tetas libres, se las mama y la besa muy pasional. De nuevo el video salta y la de colita está inclinada sobre el escritorio con la otra secretaria desnuda detras suya pasandole la mano por detrás, todavía lleva tanga. Se la baja y le frota la concha suave y sensual, ella gime suave y se besan mucho sin detenerse ni siquiera en los gemidos. Otro salto y la de colita está gimiendo mas alto porque la otra le mama la concha por detrás, se oyen el sonido de sus labios mamandosela, le acaricia las nalgas, le pasa la lengua por el oroficio de la vagina, y la de colita gime mucho porque la empieza a follar con su lengua dentro de su vagina. La secretaria desnuda se para, las dos quedan cara a cara, la de colita se sienta en el escritorio y se besan muy rico.

De nuevo un salto, y esta vez la de colita está recostada en el escritorio, tiene a la secretaria desnuda mamando su concha, se ve como le mama suavecito el clitoris, haciendola gozar de lo lindo. Ella usa su dedo para follarla sin dejar de lamerle el clítoris, los gemidos de la de colita, con su cara de placer a ojos cerrados, me calienta mas de la cuenta y ya no lo resisto.

Hasta entonces venía dejando que mi bombacha se mojara, con mis piernas abiertas, llevo un pijama violeta claro, es una noche muy fresca pero yo estoy muy acalorada por dentro. Meto mi mano en mis pantalones, bajo mi bombacha, y me froto suave el clítoris que ya lo tengo hinchado. No dejo de mirar a las dos secretarias con los ojos bien abiertos, en especial la de colita, que empieza a retorcerse y a gemir mas fuerte, entonces me froto suro el clítoris y gimo yo también. Sigo aún cuando se acaba el video, gimo como loca, me concentro en esa imagen, me imagino en el lugar de la de colita, con la secretaria desnuda mamandome la concha, follandome con sus dedos, y alcanzo el mejor de mis orgasmos. Trato de contener mi grito apretando los labios, dejo mi mano en mi concha un minuto mas, hasta que me calmo, y ahora me voy a dormir, a ver si sueño que tengo una secretaria hot que lleva el pelo suelto.

PD: El video es tal cual lo describo

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Celebraron el día de la madre

Relatos XXX 21 julio, 2017

En la habitación de al lado lo que sucede entre madre e hijo. Hay que decir que nos llevamos pocos años (me tuvo de adolescente) y que como suele ocurrir en estos casos, somos más amigos que familia.

De hecho hay un término científico (se llama Atracción Genética) para definir lo que ocurrió aquellas vacaciones. Yo simplemente creo que Mamá está demasiado buena como para que nadie pueda resistirse.

Llevaba casi tres años divorciada de mi padre y excepto por algunas salidas nocturnas con sus amigas (donde supongo que ligaría lo suyo) no había vuelto a tener pareja. Guardaba un vibrador rosa en el cajón de su mesilla.

Es delgada y rubia. Tiene unos pechos preciosos y los ojos grises, pero podéis imaginarla a vuestro gusto. Seguro que os quedaréis cortos.

El concierto de gemidos comenzó la tercera noche. Pero creo que es importante (muy importante) que antes os ponga en antecedentes… ¿Intrigados?

Mi mejor amigo se llama Javi y es el tipo más sinvergüenza que existe. Su madre por el contrario, es un ángel. Se llama Ana y se lleva de maravilla con la mía. Ambas están rozando los cuarenta y ambas son divorciadas.

Por cierto, yo me llamo David y mi madre se llama Soledad, pero todo el mundo la llama Marisol. Javi la llama Sole o Solete… ¿Continuo?

Supongo que a estas alturas sabréis por dónde van los tiros. Javi está colgadísimo con Mamá y en cuanto ella se descuida le hace fotos con el móvil. A mí no me molesta lo más mínimo, porque yo tiro de fotos de Ana cuando necesito relajar tensiones y tengo el móvil casi lleno. La describo…

Es pelirroja y delgada, pero generosa de curvas. Ojos verdes, bajita igual que Mamá (apenas nos llegan a la altura del pecho) y casi igual de bonita.

Los dos primeros días los habíamos pasado en habitaciones separadas, pero al llegar Ana y Javi, Mamá me propuso que me cambiara a la suya. Si más adelante a Ana le parecía bien, dormirían juntas para dejarnos más independencia. Por si ligábamos, fue lo que leí entre líneas.

Me llamó la atención que no le escandalizara aquella posibilidad, más teniendo en cuenta que las habitaciones estaban pegadas, pero supongo que confiaba en nuestra discreción si subíamos con chicas. Es una madre genial.

Acostarme junto a ella no fue fácil. Utilizaba unos camisones cortísimos que le sentaban de maravilla y no me dejaban pegar ojo. Perdí la cuenta de las pajas que me hice aquellas dos noches mientras dormía a mi lado.

Hasta entonces no había hecho nada parecido, pero superada la culpabilidad inicial le cogí el gusto y empecé a fantasear con ella. Más de una vez estuve a punto de despertarla para que me viera cascándomela a su salud.

Como decía, Ana y Javi llegaron el tercer día, y tras dejar el equipaje en su habitación, nos fuimos a cenar y a tomar algo.

Por primera vez experimenté un pinchazo de celos al ver como Javi la miraba durante la cena. Me imagino que tuvo que ver con el hecho de que hubiera empezado a fantasear con ella. Ya no la veía de la misma manera.

No sé si Ana se dio cuenta, porque no paraba de reírse con la conversación. Yo soy más tranquilo, pero Javi es todo un Showman.

Cuando fuimos al baño me susurró:

“Lo de mi madre no pasa de esta noche, colega… Tú verás lo que haces, pero si no te espabilas, mañana a más tardar te levanto a la tuya”.

Achaqué la barbaridad que acababa de soltarme al vino y volvimos a la mesa riéndonos. Después del postre nos fuimos a un pub cercano al hotel.

Javi le dijo a Mamá que estaba guapísima con el tono que se le había puesto con el sol. Ella se sonrojó y le dijo que apenas había bajado a la playa porque la luz de Tenerife era muy fuerte para ella. Le dio las gracias mirándole a los ojos.

En la pantalla del bar estaban poniendo “Blade”. Javi no perdía de vista la película, y al llegar a aquella escena en que la madre (una negra preciosa) del protagonista se le acerca e intenta seducirle, mi amigo soltó.

“Joder… Si esa fuera mi madre, no sería una estaca lo que le clavaría”.

Ana soltó un pequeño grito y partiéndose de risa le puso a su hijo una mano en el pecho, que este cogió de inmediato. Se la comía con los ojos.

“No te quejarás de la tuya” Dijo Ana con coquetería.

“Para nada” Contestó él, besándole la mano.

“Yo tampoco” Añadí, mirando a la mía con dulzura.

Acababa de hacer sonrojar a mi madre.

Aquella noche, mientras Mamá se duchaba, comencé a masturbarme mirando su silueta a través del cristal. Estaba a punto de correrme cuando cerró el agua y salió de la bañera. Antes de que me viera me metí en la cama.

“No te tapes tanto, cariño” Me dijo mientras se acostaba.

Aquella puta erección tendría que esperar a que ella se durmiera. No ocurrió así. A pesar del calentón me dormí nada más acostarme, y cuando volví a abrir los ojos el sol ya se colaba entre las cortinas. Mamá escuchaba hipnotizada.

Los gemidos (gritos, más bien) iban en crescendo.

El cabecero de su cama golpeaba con tanta fuerza contra la pared contigua que aquello parecía una parodia, pero no lo era. Los gruñidos del chico eran los de un depredador sodomizando a una gacela antes de devorarla.

Ella gemía, gritaba y lloraba, todo a la vez. Le suplicaba que no se parase, así que el llanto no era de dolor precisamente. Parecía a punto de correrse.

Fue entonces cuando me di cuenta del porqué de la fascinación de mi madre. La voz de Javi era inconfundible y la de Ana a punto de caramelo aún más.

“¡Goza, Puta! ¡Oh, Dios, Nena! ¡Me corro… Me corro otra vez, mi vida! ¡Goza conmigo, Nena! ¡Oh, Dios…! ¡Córrete conmigo, Zorra! ¡Goza, Puta!”

“¡Sí, mi vida! ¡Sí, sí, sí, sí! ¡Oh, joder! ¡Oh sí…! ¡Sí, mi Nene!”

Mamá me miró con los ojos como platos, y al reparar en la brutal erección que se dibujaba bajo la sábana dio un gritito y miró a otro lado. Estaba colorada como un tomate. Cogió su ropa y un par de minutos después salía del baño con un vestido de verano de punto calado. Estaba guapísima y se lo dije.

“Gracias, Cariño… Vamos a desayunar” Susurró con timidez:

Apenas hablamos durante el desayuno. Ana tenía una sonrisa de oreja a oreja y cuando fue al baño, Mamá se fue detrás. Javi me guiñó un ojo.

“Estoy dispuesto a cederte el turno, pero date prisa” Dijo “Porque pienso follarme a tu mami antes de la hora de comer”.

Sacó su iPhone y abrió un video. Ana a cuatro patas, aferrada al cabecero de la cama con los ojos cerrados y una expresión de dolor y placer.

Se la ve feliz mientras su hijo le da por el culo. Con una mano la coge por la boca, obligándola a poner morritos mientras la graba con la otra.

“¿Quién la tiene más grande, Papá o yo?” Pregunta, sin dejar de embestirla.

“Tú, mi vida… Tú… Tú… Tú… Mi niño… Me viene otra vez… Ay, Dios… Me corro… Ay, sí… Mi nene… Joder, qué puta soy… Ay… ¡Joder, sí!”

“Goza, Puta… Goza… Mueve el culito, Cariño… ¡Oh, sí Mami!”

“Goza, mi vida… Mami se corre… ¡Oh, Nene! ¡Oh, Joder! ¡Joder! ¡Ahhhhh!”

Primer plano el culo de Ana rezumando leche mientras ella sigue gimiendo y estremeciéndose. Javi sonríe exhausto y se apaga la imagen.

“Colega, estás como una cabra… lo estáis los dos”

Me levanté directo al baño para poner la nuca bajo el grifo. Pero me detuve a escuchar la discusión entre Ana y Mamá. Hablaban a voz en grito.

“Yo quiero a mi hijo más que a nada, pero es que tú no sabes la labia que tiene… Se metió anoche conmigo en la ducha y me puso la mano en la boca”

Me vino a la cabeza la imagen de Mamá tras el cristal. Desde luego Javi tenía un par de cojones, porque yo había fantaseado con lo mismo. Ana continuó.

“Empezó a susurrarme lo preciosa que estaba y a besarme en el cuello… Yo notaba ese pedazo de rabo que tiene en mi espalda… Y me entraron unas ganas de hacerle una mamada… Así que me di la vuelta y lo hice…”

“¡Joder, Ana…! ¡Tú estás loca…! ¡Ana, que es tu hijo…!”

“Mi hijo tiene un glande como tu puño y me desea más que ningún tío que me haya follado en nuestras noches de chicas… Y ya sabes cómo les pongo a los jovencitos… Joder, Marisol… Después me llevó a la cama y fue increíble”

“Estoy alucinando en colores… Pero sigue contando, anda…”

Yo sí que estaba alucinando en colores al imaginarme a Mamá y a Ana con chavales de mi edad. Y Mamá parecía fascinada con la historia…

“Después de lo de anoche…” Dijo Ana “No voy a seguir follando con niñatos teniendo a esa bestia en casa… Marisol… No te imaginas…”

El silencio de Mamá la invitaba a continuar, así que se explayó.

“Dejé que me diera por el culo y me encantó… Estuvimos toda la noche y cuando no pude más, el cabrón se hizo una paja con mis tetas… ¡Me dormí con el perfume de su leche y hoy me despertó con el mejor polvo de mi vida!”

“Joder, Ana… Me estás poniendo malita…”

“Pues no veas las ganas que te tiene… Ahora que yo en tu lugar…”

“¿Tú en mi lugar qué, Ana? ¿Me lo monto también con tu hijo?”

“No, Marisol… Yo en tu lugar me follaba a David”

“¡Tú estás loca! ¡Que es mi hijo, Ana! ¡Mi hijo!”

“¿Tú no has visto cómo te mira tu hijo? Javi dice que la tiene todavía más grande que él… Y joder… Marisol… ¡Está buenísimo, no seas tonta! Ellos no se lo van a decir a nadie y nosotras tampoco. Hace poco leí en Cosmo…”

“¡A la mierda Cosmo y a la mierda Blade… Es incesto!”

“Ya veo que a ti también te pone esa escena” Ana tenía una risa cristalina y enseguida contagió a Mamá “Marisol, tienen dieciocho años… Te garantizo que anoche no abusé de Javi… Más bien fue al revés, pero en plan fantasía”

Mamá se reía, Ana se la estaba ganando con su encanto.

“Joder, niña…” Susurró “Fue como si me violara un velociraptor”.

Salí disparado hacia la playa y me quité la camiseta. Un par de chicas que pasaban me sonrieron y tras comentar algo se partieron de risa.

Seguramente se me notaba demasiado la erección. Me coloqué estratégicamente la polla dentro del bañador y me metí en el mar. Hacía un día precioso.

Y no había una sola chavala que pudiera competir con Mamá.

Se me pasó por la cabeza meterme donde cubriera más y masturbarme con discreción, pero pensé que era probable que alguien se diera cuenta, así que salí del agua intentando no llamar la atención sobre el bulto de mi bañador.

Al regresar al hotel, me fijé en que habían terminado de desayunar. Una pareja de ancianos ocupaba nuestra mesa del comedor. Estaba tan caliente que igual me los había cruzado en la playa y no me había dado cuenta.

Regresé a la habitación y me di una ducha fría. Salía envuelto en una toalla cuando vi el mensaje en la pantalla del teléfono. Una foto de Mamá y Ana, sentadas en la cama de su habitación y besándose.

Ana le sobaba una teta a Mamá por encima del vestido mientras se comían la boca. Mamá hundía los dedos en la melena de Ana y sonreía a cámara.

El mensaje decía: “O te espabilas o me las follo ya”.

El mensaje había llegado mientras estaba en la ducha. Salí de la habitación cerrándola de un portazo y llamé a la de Ana. Abrió con una sonrisa.

“Enseguida estoy contigo, colega” Gimió Javi. Ahora era él el que estaba sentado en la cama, con la mano sobre la nuca de Mamá. Ella llevaba el pelo recogido y el vestido por la cintura. Se giró y me miró a los ojos con expresión de súplica. Tenía el maquillaje corrido y la barbilla empapada.

“Tú sigue, zorra” Susurró mi mejor amigo. Mamá estaba excitadísima y obedeció sin rechistar, gimiendo a su vez y emitiendo unos sonidos de succión que me pusieron a mil. La garganta de mi madre haciendo ventosa. Sus pechitos balanceándose mientras intentaba no ahogarse…

Javi estaba a punto de correrse. En la boca de mi madre.

Ana me había quitado la toalla y también se había puesto de rodillas. Solo llevaba la parte superior de su bikini blanco y estaba preciosa. Me miraba la polla sonriendo con adoración y no tardó en engullirla.

Yo estaba tan caliente como ella, así que comencé a acariciarle el pelo mientras disfrutaba del espectáculo. Mamá mamaba como una posesa.

“Joder… Joder… Solete… Qué zorra eres… Voy a llenarte… Oh, joder… Toda la puta boquita… Delante de… ¡Oh, Joder! ¡Sí, Nena! ¡Ahhh!”

Ella se sacó la polla de la boca y susurró mirándome a los ojos.

“Lléname la cara, cabrón… Inúndamela”

Dicho y hecho. Javi tocó el cielo en aquel instante, bautizando a la diosa que me había dado la vida. Ella recibió cada chorro como si fuera un beso.

Yo me corrí en la boca de Eva, que se tragó hasta la última gota.

Javi, todavía sin aliento, le hacía fotos a Mamá con el móvil. Ella estaba arrebatadora y sonreía con picardía ante la reacción de mi amigo.

Puso fin a la sesión terminando de quitarse el vestido y limpiándose con él la cara. Antes de dejarlo sobre la mesa, le giñó un ojo a Javi.

“Gracias mi vida, por esta prueba de amor… Lo guardaré siempre”.

Ana estalló en carcajadas (nosotros todavía estábamos en el suelo, abrazados) y nos contagió a todos. Después Mamá añadió, señalando el calendario:

“¿Sabéis que hoy es el día de la madre? Pues me encanta mi regalo…”

Era el primer domingo de mayo. Pero todavía nos quedaba una semana de vacaciones y ahora teníamos un hobby para disfrutar a la vuelta.

Mamá se acercó al teléfono y llamó a recepción. Pidió comida para los cuatro y dijo a la recepcionista que la llevaran en una hora, más o menos.

Después se sentó en aquella cama que todavía no había visto nada y le dio un par de golpecitos, guiñándome un ojo. Parecía una adolescente.

“Ven con Mami, Cariño” Susurró “Toca cambio de pareja”.

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