No sé lo que es una confesión íntima, pero sí sé que esta enfermera novata experimentó la semana pasada, su primera vez. Y hoy tengo ganas de explicarlo, porque me creía más profesional, pero soy una simple amateur y jovenzuela inexperta asistente de enfermos. La semana pasada me di cuenta de eso. Soy demasiado débil para esta profesión.
Recién acaba la carrera de Enfermería me llamaron de un hospital para trabajar. Y claro, no es lo mismo ver un pene en la pantalla de ordenador mientras estudio su estructura, que verlo en directo. Porque no es lo mismo tratar con un muñeco de silicona, que te venga un hombre de carne y hueso para afeitarle la zona prohibida, para una cirugía. Y es lo que me pasó. Como no es lo mismo tampoco una bola negra, que la negra en bolas. Pero a lo que iba…
Dicen que el destino te llega sin previo aviso. Me solicitaron para rasurar la zona X al hombre menos indicado. Al parecer le tenían que hacer una cirugía en el pene. Tenía una enfermedad congénita ya de nacimiento y tenían que extraerlo de su sitio. No me pregunten más, porque yo soy enfermera, no médico.
Rasurada porno para una enfermera novata
Y tuve tan mala suerte que en casi una de mis primeras intervenciones como enfermera novata, me vino un hombretón de aspecto varonil para rasuración de la parte más viril. Cuando vi aquello no lo podía creer, cuando se bajó pantalones y los calzoncillos.
Yo no soy muy mayor, 21 años jovencita y de aspecto juvenil con gafitas. Y he visto pocos penes, pero este se llevaba la palma. Dicen que hay que ser profesional, pero en ese momento me salió la chica delgadita y dicharachera curiosa que soy.
No pude más que mirar primero su tamaño como mujer, no como enfermera. Y en vez someterme al código deontológico de profesionalidad, sin querer, me excité. Cuando la vi desnuda, no era grande ni gruesa como casi todos los tíos la dicen tener. Era ridícula y exigua, pequeña y dormida, como nunca vi ninguna. ¿Por qué me excitó tener en mi primera consulta un micropene delante?
Excitación en la consulta para enfermera inexperta
En ese momento, recordé la de veces que me he excitado sola, las masturbaciones en mi casa, los videos porno que miro a las que soy adicta, porque me encanta ver otras parejas hacerlo. Y este fatídico día reconozco que dejé de lado lo que durante más de 3 años estudié en la universidad.
Por eso, pasé directamente de la enfermería a guarrería. Y así, bien guarra por dentro intentando que no se notara mi calentura, tuve que sostenerla para afeitarla con los guantes que me había puesto. Yo me estaba mojando.
Era un pene muy pequeño, pero resulta que mi excitación me sobrevino porque mis pechos son mini pequeños también. Me notaba apoyada en mi desgracia, siempre quise que fueran grandes. Y estaba consolada con mis microtetas. Me asociaba sin querer con este paciente solo por una cuestión anatómica. Y mientras le rasuraba, él notaba mi rubor. Era de pequeño tamaño como yo y eso me excitaba sobremanera.
Rubor erótico en una consulta muy caliente
Por eso, pude percibir que no era nada profesional, y me culpé por ello. Por estar húmeda sin querer, mirando sus partes mientras las afeitaba. Y ahora viene lo mejor porque mientras lo hacía, su pene empezó a ereccionar, a endurecer en mis dedos. Estábamos los dos solos y él me estaba mirando como diciendo, «yo no he hecho nada, has sido tú». Y tenía razón, quizá fuera la manera de tocarlo que sin dudar, era una forma muy erótica. Me encantaba tenerlo en mis dedos. «A la mierda el afeitado», pensé para mis adentros. «Lo que quiero es ver si se pone dura de verdad».
Y yo dudaba qué hacer porque nadie nos veía y notaba su placer y el mío. Tenía ganas de decirle «yo también tengo unas tetas ridículas para que las puedas ver»…
SEGUIRÁ una enfermera novata Raquel

