Recientemente mi pasatiempo como abuela tetona que soy sin tener que dar explicaciones a nadie, es masturbarme a mis anchas en mi gran cama. Muchos quizá se pregunten si una sesentona que ya roza los setenta años, una abuela que ya ha sido madre y ahora viuda como ninguna, si todavía me quedan ganas. Pues la verdad es que sí.
Como muchas mujeres he vivido sin vivir una sexualidad plena. Para qué quieres un pene de verdad si tienes un apartado grueso a tu voluntad. Eso fue lo que pensé por primera vez, cuando probé el sexo anal con mis juguetes eróticos que me compré. Porque al quedarme sola, mis hijos son grandes y mi difunto marido se fue como vino. Y yo me quedé sin pepino. Por eso, decidí no hundirme, no tocar fondo que casi lo estaba haciendo y quise probar el sexo anal con rabia y mucha curiosidad.
Y este picor en derredor fue tanto que unas buenas bolas chinas me desvirgaron un buen fin de semana. Por fin tuve sexo que sana, que cura y da esplendor. Fue de calidad en mis paredes del recto anal. Lo gocé en mi cama con Soledad. Así se llama mi nuevo amigo fálico al azar.
Sexo anal para abuela tetona hasta la saciedad
Porque como digo, mis fantasías anales todavía perduran y no solo eso, sino que estoy desatada con locura. Además yo antes era una profesora de literatura, de universidad muy comedida, madre ejemplo y esposa sosa como un templo. Nunca tuve una mala palabra hacia el prójimo a pesar de esta gran mujer que llevo dentro. Tengo dos grandes ubres, que ya de jovencita me abultaban y colgaban mucho, pero nunca le di el adecuado uso.
Ahora cuando me masturbo con bolas chinas, le sumo mi Superpicha roja Soledad, y entre las dos, me fornican de verdad. Me sobeteo las ubres y retuerzo pezones. Y mientras me penetro el dildo, con las bolas chinas me doy gusto en mi ano virginal. Enloquezco cuando al principio quieren entrar. Y yo facilito abriendo nalgas hasta reventar.
Ensoñaciones eróticas de abuela exprofesora e incestual
Y una vez ya lo puedo lubricar, me refiero al agujero negro sin par, imagino que un joven por ahí, me la quiere empotrar. Tengo ensoñaciones, y esto es real, con algún sobrino mío de verdad. Será que el incesto es mi sueño erótico por realizar. Porque deseo que con su aparato joven e inexperto me la meta sin consuelo. Para que me convierta en una abuela folladora que la sometan a todas horas. De tetas grandes caídas y hasta enloquecidas.
Ahora con casi setenta años, la masturbación anal femenina ha llegado a mi vida. También mis ideas con niñatos cogiendo conmigo, son dignos de profesora tetona mojada como colegiala. Pienso tener encima a mi robusto hijo de mi hermana, fuerte y descarado. Yo abierta para él y él jodiéndome una y otra vez. Sin preguntas ni respuestas. Mis blandas tetas se mueven al compás de sus embestidas orgásmicas y enfurecidas.
Yo me dejo llevar con mis suaves carnes vencidas y sacudidas. Me abro como almeja y mi lubricada es de vieja pendeja. Solo quiero notarme rellena y lista para que descargue todo cuanto quiera.




