Vecina cochina me pide follada en la cocina

Hacía tiempo que sus miradas no eran normales. Hablo de mi vecina cochina, mayor que yo, abuela incluso y casada además. Lo tenía todo para una aventura en silencio, con una mature gordita como yo, más guarra que una colegiala en celo. Y nos vimos en el portal mientras subíamos a casa. A nuestros pisos, que ella es del sexto A y yo vivo en el noveno B. Pues la historia es que ella me estaba hablando más de la cuenta: que si su marido estaba todo el día fuera, que si sus hijos son ya grandes en la universidad y que su hija la mayor ya estaba con su marido y un recién bebé nacido… historias para no dormir.

Es decir, que estaba hablando con toda una abuela de verdad y yo lo estaba notando. La vi tan sola y entregada a la conversación que le dije si le apetecía tomar un café. Entonces fue dicho y hecho, se lo propuse y como ella no tenía nada que hace, esta joven abuela, se subió conmigo hasta el nueve.

Aquí estuvimos hablando un poco más de nosotras e intimamos cosas que nunca habíamos hablado en el ascensor. Llegamos a hablar hasta de hombres, cosa que las dos en estos momentos, teníamos poco que decir.

Conversación caliente con vecina cochina ardiente

De esta manera, la conversación se fue tornando más caliente de lo que yo pensaba en un primer momento. Porque mi vecina cochina me iba relatando alguna de sus experiencias extra-matrimoniales. Me contaba que una vez hubo quedado con un chico la mitad de jovencito que ella y la pudo follar en su coche. En el de mi vecina, ya que al parecer le dejó que hiciera todo lo que él quiso. Y me dijo que le hizo tanto daño cuando se la metió, que le encantó. Intentó repetir, pero parece ser que el joven ya no estaba por la labor de follársela de nuevo.

Me comentó también que tenía un secreto y era llamar a lineas eróticas de machos al teléfono, le encantaba masturbase cuando su marido ni nadie estaba por casa. E incluso había llamado por curiosear a teléfonos eróticos de mujeres, de lesbianas, para notar esa presencia femenina.

Calor femenino entre dos vecinas conocidas

Fue de esta manera que le dije que si tan interesada estaba en hablar con una mujer, que ya lo estaba haciendo. Pero si le gustaba o quería probar con una madura tetona, yo podía ser de su ayuda. Ella estaba un poco cortada, pero poco a poco, la fui invitando a que me tocara.

Le saqué y mostré mis tetas, que afortunadamente para estas mujeres indecisas, les gustan grandes y caídas. Y ella me empezó a tocar sin hablar, la notaba más que caliente. Le pregunté pero no pudo mucho hablar porque me estaba disfrutando.

Luego le dije entre susurros que tenía un strapon, para poner penetrarla si ella quería. Que incluso podía recordar aquella follada con aquel jovencito que ya no quiso quedar con ella más. A lo que ella, me contestó.

-Sí por favor.

No pude más que ir a buscarlo y colocármelo, yo misma me estaba calentando, porque pude apreciar en este mismo momento, su necesidad. Y para cubrir ese hueco, siempre tengo tiempo. Y la empotré tanto como pude, con sus piernas en mis hombros, abierta como una panadera jovencita en celo.

Yo la miraba mientras la embestía. Ella lo agradeció, al final cuando ya se iba para su piso me dijo:

-Gracias vecina, has hecho feliz a esta mujer tan abuela como cochina. Si otro día quieres, solo tienes que ordenármelo.

vecina cochina follada en la cocina

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