Madre hija en un sexshop Zaragoza en Navidad

Madre hija en un sexshop Zaragoza en Navidad

Mi hija ha crecido, ya no es una niña, su padre no está porque yo no lo soportaba y ella lo ha aprendido todo de mí. Soy una mamá un poco recta pero en cuestiones sobre la vida, muy liberal y clara.
Así que, con ya dieciocho años cumplidos, y lo cierto es que está hecha toda una mujer, es la hora de presentarle el sexo en toda su extensión. Y hoy, día de Navidad de 2018, la he llevado a un sexshop cercano a nuestra casa, aquí en Zaragoza, y lo ha pasado en grande.

-Hoy, hija mía, como veo que ya has salido con unos cuantos chicos, y me parece,…, me parece que ya sabes algo de sexo, te voy a dar un regalo por este día navideño.
-¿Sí, mámá..?- la hija morena como la madre, aunque con algún kilito de más, se despereza como siempre hace en su cama de juguete, de Epi y Blas, en la que solo cabe ella. Una habitación y armario adornado en sus estanterías, con sus Muppets preferidos: Miss Piggy, Gonzo, Beaker, Walter, Miss Poogy, Animal, Fozzie el Oso, Pepe el Langostino, Rowlf el Perro, el cocinero Sueco, Rizzo, y el presentador de Noticias con su cara larga inconfundible similar al verborreico, facundo, excitable y elocuente Pepe Sonrisas de Barrio Sésamo. Y también colgaba del techo el Conde Draco, contador de todo.

Madre e hija compartiendo sueños el día de Navidad

Y la ranita Gustavo con el nabo fuera, amante de la cerdita Peggy, en su versión porno los dos suspendidos en castidad y ambos suspensos de lo alto del techo de su lecho. Con los que Patricia, que así le puso su madre Josefa la zaragozana, jugueteaba de vez en cuando golpeándolos desde la cama y balanceándolos a los dos, como buenos amantes pendientes de un hilo.

-Sí, Patri, te voy a hacer un regalo, y despierta ya perezosa, que es sábado, un gran día- la madre, debajo del marco de la puerta, ya abierta de su habitación, se dirigía con una mirada maternal a su pequeñita, que ya no era tan pequeña.
-Pero mamá es muy pronto…- contestaba con un guiño a seguir durmiendo.
-Sí, pronto… son las doce hija mía, del mediodía, ¿sabes cuántos chicos te estás perdiendo por estar aquí, ahí, en tu camita…?- le decía, mientras una diminuta sonrisa se le escapaba de sus rojos labios, una sonrisa cercana y de amor familiar incondicional.
-Vale mamá, ya me levanto, pero con una condición…
-Sí, hija mía cuál….
-Que me digas la sorpresa ahora, ¿qué regalo me quieres hacer?
-Te voy a llevar un sexshop, ¿que nunca has ido verdad?- le pregunta la madre interesada, porque a pesar de ser su niñita del alma, no sabía lo que hacía fuera de casa. No sabía si habría estado en el lugar de vibradores y pollas ingentes, colosales y descomunales.
-Mmmmm, qué bien, un SEXSHOP-gritó de sopetón despertando a los vecinos sin ningún temor-, nunca estuve en uno de ellos, ¡claro que sí! enseguida me levanto y me visto, que estoy desnuda mamá…

La hija aún en la cama habla y todavía está desnuda

-Ya lo sé hija del alma, ¿quién crees que te enseñó a dormir desnuda?

-Pues tú, quién si no mamá…- respondió viniéndose abajo, tocada por la mirada, con los decibelios más bajos que la moral de un operario, una respuesta prácticamente insonora, imperceptible al oído humano, provocó una conexión máxima entre madre e hija.

-Claro que sí, yo, y solamente yo, ¿y para qué duermes desnuda?-le pregunta la madre, sabiendo a la perfección que la contestación, la tiene aprendida la Patri.
-Para que no me aprieten las tetas y dejar la raja abierta.
-Que bien hija mía- le dijo Josefa en actitud realizada, lo había aprendido justamente como ella se lo enseñó-, así me gusta, que hagas caso a mamá y sepas siempre, siempre, lo que es mejor para ti. Ahora sal de la cama y vístete, tengo preparado tu gran desayuno y juntas iremos al sexshop. ¡ES NAVIDAD!…

Y Patri no pudo hacer otra cosa que hacer lo que mamá dijo, y se levantó. La mamá conductora y directriz monógama de la formación de su hija, la observó salir del lecho. La observó igual que el león silencioso contempla al ñu cansado y maltrecho.

-Estás hecha toda una mujer Patri- no la solía llamar por su nombre, eso le daba un carácter distante y anónimo, “hija mía” era más habitual, pero ante la madre había otra mujer. Ya no era una niña. Su cuerpo así lo delataba. Y la madre lo supo por primera vez en mucho tiempo. Lo adivinó con la certeza que solo sexto sentido confiere a una madre, todavía dubitativa. Se dejó llevar por su instinto, y lo comprendió por primera vez, en el momento que la observó incorporarse completamente desnuda, como vino al mundo, como salió por su interior: su hija Patri, toda una mujer. Sus senos eran grandes, su prominencia y realce era evidente, como una gran colina se eleva sobre la llanura. Toda una preciosidad para el día de Navidad.

-Anda, vamos Patri, voy para la cocina, el desayuno te espera.-con estas palabras la madre, satisfecha y pensativa y melancólica, da media vuelta para que cuando la hija esté preparada, pueda desayunar café con alguna tostada. Hoy será un gran día para las dos.

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