Local BDSM Barcelona inesperado

Local BDSM Barcelona inesperado

Siempre me atrajo lo oscuro, lo negro, lo siniestro, lo desconocido, estas películas de BDSM con mazmorras y castillos. Princesas sometidas, caballeros dominantes, oscuridad, látigos a media tarde, y bofetón inesperado.
Entrada en años, con todas las fantasías hechas realidad, de Barcelona y provinente de buena familia, solo me queda por probar, la sumisión. Y fue en BDSM Barcelona, un lugar, inhóspito e intrigante donde vi la luz.
La dominación verla de lejos, es decir, dominantes que juegan con sus sumisas, eso deseo, verlo pero no serlo. No quiero dominar, solo quiero experimentar obedecer. Lo veo a diario, en videos donde mujeres que inocentemente entran en lugares desconocidos, donde un Señor las va a inclinar como él quiera, las 24 horas, D/S, dominación y sumisión sin remedio, sin parar y ellas aceptan, por raro que parezca.


Ellas por sus caras, no saben a qué se enfrentan, pero se quedan y no hacen nada por y para impedirlo, ellos, los señores o dueños crecidos y enaltecidos continúan con su irremediable perversión: someter a señoras de bien.
Y aquí me veo yo, relatando, a pie de bañera, con mi copita de champagne, o mejor dicho, con mi copa de cava, disfrutando de esta cálida agua de baño, con mi raja sobre el borde de la bañera, y más caliente que el pico del pájaro loco. Uf, si supieras mis pensamientos, si solo puedieras adentrarte un poquito en mí, sabrías lo que es una mujer con deseo.
Un deseo de ser algo más, de ser diferente, de ser una princesa enjaulada, un periquito de sobremesa, un canario sin lechuga, una cotorrita de salón, un papagayo mudo, una paloma sin pezuña. Todo eso quiero ser, pero, solo quiero serlo con aquel hombre que me sepa tratar, ¿qué quién es?. De momento ninguno.
Voy andando por las calles de Barcelona, sin rumbo pero con ansia, sin final pero con principio, y de repente, de forma inesperada veo y me detengo a leer: “Local nuevo de BDSM en Barcelona”. Uf, mi sangre corre por mis venas,  Bdsm Barcelona, como la yegua de campo que espera al dueño que le dé de comer, aunque sea un poquito de avena o alfalfa.
Mi raja señorial, se empieza a mojar, pienso y medito, cómo debe ser ese lugar, ese club por dentro: oscuro, siniestro, perdido, ennegrecido, atrevido, perverso, sádico, grande, pequeño…miles de pensamientos recorren mi pervertido y pequeñito cerebro de mujer, poseída por este mágico impulso que es el de obedecer. Entro o no entro, me digo a mi misma ignorante de mí. Pero, un momento!, ahí pone abierto las 24 horas, eso quiere decir,…, que ahora puedo entrar, sí, ahora. Mis braguitas se humedecen, mi mirada centellea, mis manos enloquecen, mis pies se molestan, mis caderas se alteran. Y no sé qué hacer.
Solo escribiendo, vuelvo a rememorar ese instante infinito y eterno. Quiero seguir, pero no sé qué hacer.

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