Nicole y su Aventura en África (Primera parte)

Nicole y su Aventura en África (Primera parte)

Nicole y su viaje, en la pista de aterrizaje Nicole observaba el resto de la sabana africana, lo que veía coincidía a la perfección con la figura mental que la joven se había hecho sobre el continente.

Una vez que los últimos pasajeros bajaban, Nicole se había quedado admirando el prometedor paisaje en el cual pasaría las próximas semanas… A la vez, en su cabeza pensaba que todo parecía tan bello como en sus sueños, que la experiencia de esta joven sería inolvidable.

Pero Nicole había movido cielo y tierra para estar pisando aquel lugar. En realidad, había tenido mucha suerte. Se figuró que debería ser cara la experiencia pese a la buena fe que ella aportaba: los gastos del viaje y manutención deberían en principio correr por su cuenta. Pero una vez se estuvo informando, encontró una oferta la cual no podia creer… El ruido de arrastrar la maleta acompañaba a la joven Nicole mientras se encaminaba a la salida de la terminal, donde la estarían aguardando según lo previsto. De hecho, la oferta que encontró incluía muchísimas comodidades. La chica de la agencia de voluntariado no le había ofrecido esta opción en primer lugar, cosa que extrañó mucho a Nicole al enterarse de que podía viajar y alojarse en tan ventajosas condiciones. Miró con recelo a la chica de la agencia, y más aún cuando ella intentó decirle que debería abstenerse de aceptar esta oferta, pese a lo atractivo que parecía para ella.

Dicha oferta consistía en un vuelo de ida y vuelta totalmente pagado, así como los transportes adicionales dentro de la región. Pero más aún, la pequeña voluntaria podía alojarse en una especie de casa típica del lugar de forma gratuita, y contando con varias comidas al día. Nicole no se podía creer la suerte de tener tanto apoyo durante su experiencia de voluntariado, y no dudó en aceptar. El trato con ellos de la oferta había sido excelente de momento, apenas habían requerido documentación sobre ella, salvo un cv sencillo, una revisión médica completa (incluso análisis de sangre y ginecológico) y una serie de fotografías de cara y de cuerpo completo.

Tuvo que pasar estos trámites, y hasta unos días después de la revisión médica no le dijeron que estaba aceptada para entrar en el programa.pero ella no habia visto esto extraño, sino que esta oferta debia tener sus condiciones.

La salida de la puerta de cristal de la terminal había un cartel donde se podía leer “Nicole”, con letra grande y bastante torpe. La aludida se acercó con su gran maleta traqueteando. Se comunicó con el hombre negro que sostenía el cartel, este taxista seria el que la llevaria al lugar determinado donde ella estaria por aquellas semanas. Ella estaba encantada, se enteró de que en la comunidad a la que se dirigía casi todos hablaban frances, por lo que no tendría problemas para hacerse entender. Eso la hizo estar mucho más tranquila. El taxista, mientras conducía con la mirada fija en el horizonte, le preguntó sobre sus intenciones.

Ella le comentó que estaba haciendo un programa de voluntario en zonas subdesarrolladas como aquella, un complemento muy interesante a los estudios que pensaba comenzar el año que viene. Durante la estancia debería ayudar en todas las tareas asistenciales que le serían requeridas, como la atención a enfermos o el reparto de ayudas, a la vez que se integraba en la comunidad e intentaba proponer algunas soluciones para mejorar la seguridad y la autosuficiencia de cada region.

Luego de 30 minutos de trayecto en el taxi, Nicole llegó a donde la estaban esperando. Se trataba de una gran choza, con varios compartimentos laterales. Estaba rodeada de una valla tosca de madera, presentando lo que a duras penas quería simular ser un jardín. De cualquier forma, el aspecto de esta construcción era mucho más imponente a las casas de las aldeas que había recorrido antes el vehículo.

Era un lugar completamente lejano de la civilizacion. Se despidió del taxista, luego aparece una mujer negra, más alta que ella, con aspecto de tener unos cuarenta años. Le preguntó si se llamaba Nicole, y la francesa asintió. La mujer le comunicó que la estaban esperando, que llegaba justo a tiempo para cenar algo si quería, y le acompañó al interiordel lugar. Se adentraron en la choza por la gran puerta de aluminio y cristal, aunque se dirigieron al compartimiento de la izquierda, que parecían ser habitaciones idénticas dispuestas en fila. La joven abrió la puerta nerviosa y se encontró una habitación más grande de lo que había imaginado, provista de una cama individual con dosel y mosquitero, un escritorio con un espejo enorme y un armario de tres puertas. Todo estaba adornado con filigranas blancas y relieves esculpidos en madera, con formas de animales africanos bellamente tallados.

Nicole dio una vuelta sobre sus pies mientras miraba todo ,uy contenta, no parecía estar para nada en un lugar deprimido económicamente mientras residiera en aquella habitación. Dejó la maleta apoyada contra el armario y sacó la cabeza por la ventana para mirar las montañas, la noche empezaba a ser mas oscura y la luna llena intentaba impedirlo desde el otro lado.

Luego de unos minutos Nicole aún respirando el aroma de la noche africana cuando la mujer le anunció que debía prepararse para cenar. Nicole abandonó el cuarto tras ponerse un vestido negro que había traído para las ocasiones y siguió la estela de la mujer, para acabar descubriendo que ella era una sirviente del lugar, pues ayudó a poner la mesa y los platos, se sentó en el borde de una mesa larga, donde también tomaron asiento otras personas que aparecieron por el otro compartimento, el compartimento derecho del edificio, en el cual ella no estaba ubicada.

Luego aparecieron 4 chicas y eran extranjeras, tal y como lo era ella en ese lugar, tomaron asiento; luego le preguntaron su nombre, Nicole contestó, y se dio cuenta de que tenían más o menos su edad. Pensó que también podrían estar allí por voluntariado y se lo preguntó a ellas. Sin embargo, la mujer que estaba poniendo la mesa pareció dirigir una mirada severa a las chicas, mirada que Nicole no captó. Pero desde aquél momento, la calidez de las otras adolescentes alrededor de Nicole se enfrío un poco.

Contaron que ellas también llevaban un tiempo de voluntarias, aunque cada una de ellas había llegado a un tiempo distinto. L joven que tenia mas tiempo era la que se había sentado en frente de la francesa recién llegada. Era una chica de aspecto nórdico, con preciosos ojos azules y una melena tan rubia que casi era blanca. Llevaba cuatro meses allí.

Las otras chicas procedían de India, Brasil y Australia. Todas tenían un cuerpo muy llamativo, y tenían rasgos muy marcados de allí donde provenían. Además, estaban maquilladas y llevaban vestido. A Nicole le sorprendió encontrarse con chicas tan guapas allí, pues pensaba que el resto de voluntarias no serían tan hermosas o bien que habrían perdido la costumbre de ponerse guapas para trabajar en un sitio tan caluroso.

– ¿Cuál es la más reciente aquí entonces? – les pregunta nuestra Joven Nicole

Las chicas se miraron entre ellas y la nórdica le dijo, con algo de vergüenza en su cara:

– Harue, una chica japonesa que llegó anoche…

– ¿Justo anoche? Vaya… – observando que al lado de la chica australiana había una silla vacía, Nicole pensó que sería la silla para la japonesa, pero allí no había venido nadie – ¿Y dónde está Harue ahora?

Hubo un Silencio.

Ninguna de las chicas se atrevió a contestar hasta que, pasados unos segundos, la chica hindú dijo:

– Bueno… se encuentra indispuesta…

La joven hindú tuvo que interrumpir su discurso, y Nicole se quedó sin saber qué le pasaba a Harue, porque una figura apareció bajando la escalera que daba al compartimento central y más elevado de la casa. Las cuatro chicas extranjeras se levantaron de la silla y Nicole lo hizo también para no ser la rara. La servidumbre se quedó firme al pie de la escalera.

Un hombre mayor de piel oscura, de más de cincuenta años, con un pecho musculado y desnudo, y unas piernas robustas que hacían vibrar los travesaños. Tan sólo estaba vestido con un piel que recubría su cintura, aunque llevaba numerosos colgantes y pulseras, además de tatuajes que surcaban los brazos y el pecho. Estaba rapado, y tenía una mirada seria, casi como si estuviese furioso. Posteriormente Nicole aprendería que le llamaban “gran jefe”.

Bajó la escalinata, aunque era perfectamente consciente de que estaba siendo esperado por mucha gente. El anfitrión de la casa saludó con la cabeza a los sirvientes y a las adolescentes en la mesa, que tras ese gesto procedieron a sentarse. Nuestra joven Nicole observó como el anfitrión clavaba sus ojos negros en su figura femenina, como la miraba de arriba abajo y con un descaro total mientras el negro se sentaba en la silla principal de la mesa.

La criada se acercó por detrás a Nicole y le susurró: “Preséntate, cielo…”

Ella se puso de pie y miró a los ojos al anfitrión. Intimidaba un poco aquél hombre casi desnudo y de aspecto robusto, pero por otro lado Nicole sabía que era el hombre que la había acogido en su casa, y que había hecho que disfrutase de unas condiciones tan buenas durante aquella experiencia. Mi nombre es Nicole Lemoine, vivo en el barrio Saint-Germain-des-Prés en París. Me interesó mucho venir aquí para realizar mis semanas de voluntariado.

Acabo de llegar hace menos de una hora, y la verdad es que me ha encantado este sitio, la habitación es preciosa. Muchas gracias, señor. Nicole hizo una inclinación muy graciosa, la cual provocó que una cruz de plata alargada que llevaba colgada del cuello se balancease sobre su escote. El jefe asintió y le indicó que podía sentarse.

La criada se acercó a ella de nuevo, con un cántaro de arcilla finamente tallado con algunas serpientes y antílopes en relieve, y le indicó que iba a servirle. Nicole preguntó por el contenido del recipiente, y obtuvo por respuesta que se trataba de una bebida de bienvenida, que el resto de chicas habían probado en su primera noche en la casa. De hecho, en ese momento estaban bebiendo únicamente agua.

Nicole no tenía ganas de beber algo totalmente desconocido para ella. Pero pudo hacer poco para protestar, ya que la criada vertió el contenido del cántaro en el vaso de la nueva chica. El líquido humeaba y tenía un color entre marrón y verdoso, parecía ser una infusión concentrada. Nicole dio las gracias y bebió. Se encontró con que tenía un algo sabor amargo, pero la incitaba a beber mas.Durante la cena, que fue variada aunque no copiosa, el jefe observó especialmente a la nueva.

Nicole, que en ocasiones era consciente de estas miradas durante los muy breves intercambios de palabras con las otras adolescentes, no sabía bien qué pensar… tampoco sabía que pensar de la actitud aparentemente fría del resto de voluntarias. No hablaban apenas desde que la criada les rechistó durante el saludo, y menos ahora que estaba el anfitrión…. Es más, Nicole creía haber visto una expresión de preocupación en algunas de ellas cuando le habían servido la infusión de bienvenida, algo así como si el hecho de ver aquella bebida les recordase algo… La cena no duró más de media hora, y antes de que concluyese Nicole se había terminado el contenido del vaso. De repente, se sintió cansada estaba cansada por el viaje. Las jóvenes extranjeras, con ella Nicole, se levantaron cuando el gran jefe se despidió. Él levantó la silla con fuerza y su tórax desnudo quedó a la altura de las miradas de las jovencitas.

El anfitrión dirigió una mirada especialmente larga a Nicole, y eso quedó en evidencia delante del resto de las huéspedes. Nicole sostuvo la mirada hasta que no pudo más, se puso nerviosa de contemplar a aquél hombre de torso musculoso y enérgico desnudo que la miraba con insistencia, como si de un momento a otro la fuese a atacar… Ella acabó por ponerse roja y mirar un poco más abajo, recorriendo con su mirada otras partes del cuerpo del forzudo negro, para acabar fijándose sin querer en aquella especie de cinturón…

El negro, sabiendo la incomodidad que causaba en Nicole, dejó de observarla y paseó su mirada por el resto de las chicas. Al acabar la ronda se despidió en perfecto francés, y las chicas contestaron al unísono. Se retiró por la escalera por la cual había aparecido, sus alhajas sonaban al son del retumbo de sus pasos, su cuerpo se movía de forma que era imposible no fijarse, especialmente resaltaban la espalda tan grande y un trasero que parecía de piedra.La mesa comenzó a ser rápidamente recogida por los sirvientes. Las otras chicas extranjeras se despidieron afectuosamente de Nicole para recogerse a su parte del edificio.

Nicole se quedó extrañada, pues le apetecía muchísimo pasar un tiempo hablando con ellas por la noche, pese a lo herméticas que le habían parecido. Pero ellas se fueron muy apresuradas, ellas hacia el ala opuesta del edificio en el cual sólo parecía acomodarse la recién llegada. A ojos de Nicole, esa estampida… es como si obedeciesen unas órdenes que no estaban escritas en ningún sitio. De todas formas, la chica hindú se paró un momento con ella para comentarle que podrían estar mañana un rato juntas. Por favor, saluda a Harue de mi parte y dile que me apetece conocerla – le dijo Nicole. La cara de la chica hindú volvió a cambiar como lo habían hecho todas las chicas durante la cena, cuando el nombre de la chica japonesa había aparecido en la conversación. Se puso sombría y no parecía querer contestar.

Al de poco rato, la chica hindú también abandonó la estancia común sin decir nada y Nicole se quedó sola. La mujer sirvienta del principio se acercó a decirle que podía ir un momento a su cuarto, que probablemente se sentiría cansada…

Y era cierto, Nicole estaba cansada por el viaje, pero no sólo por ello. Después de la cena se sentía mucho más agotada mentalmente, no sabía si era por el jet lag o qué.

Al entrar en la habitación se sentía extremadamente densa. Pensaba que también durante la cena se había sentido algo abotargada, pero lo achacaba a la pasividad del ambiente… Gradualmente, el cuerpo de Nicole se sentía ingrávido, la mente se le tornaba vacua. Nicole se sentó en la cama y acabó tumbada, el sueño era tan intenso, tan intenso…

Ella no quería dormirse todavía, quería deshacer la maleta y contemplar de nuevo el paisaje durante la ventana, acercarse a hablar con las chicas extranjeras…

Los pensamientos de Nicole se evaporaron como el humo, el cuerpo se relajó, los ojos se entrecerraron y la bella francesa quedó tumbada sobre la cama, con los brazos a medio extender y cubierta con el precioso vestido negro escotado que se había puesto para la cena.

Su respiración se volvió tranquila, su abdomen se hinchaba y se desinflaba lentamente.

En cuestión de segundos, Nicole dormía profundamente…

La puerta de la habitación de Nicole se entreabrió lentamente y una figura se asomó, contemplando como la chica estaba tumbada en la cama, en total paz. Dio un par de pasos fuertes, pero la jovencita ni siquiera los escuchó, prueba de que el sueño no era ligero.

La figura despareció de nuevo por el pasillo. Se trataba de la sirvienta que había recogido a Nicole y con la que más había hablado esa noche. Se situó al pie de las escaleras que daban al comedor, esas escaleras que conducían a la morada del gran jefe. Con decisión subió peldaño a peldaño la escalinata hasta que llegó a la parte superior y dio dos golpes bruscos a la puerta. Abrió suavemente la puerta y habló con quien se hallaba en su interior. Estaba por cumplir la orden. Un movimiento de pies se oía acercándose a la habitación donde Nicole descansaba. Varias criadas se habían acercado al pie de la cama y tomaron a la joven de los hombros y de las piernas. La levantaron y la llevaron en volandas por el pasillo, sin que la adolescente se percatase ni por un momento de su desplazamiento.

La llevaron escaleras arriba.

Eso quiere decir que depositaron a Nicole dentro de la estancia privada del gran jefe, el cual esperaba junto a la puerta y no pudo evitar relamerse al observar el cuerpo de la bella durmiente cuando la entraron en su habitación. Las mujeres la dejaron descansar en el gran lecho del gran jefe, una cama enorme de matrimonio con dosel que recibió cómodamente a la jovencita. Mientras, el gran jefe, que seguía hipnotizado por las formas del cuerpo de su próxima ofrenda, sostenía en las manos un pergamino muy ajado. Se trataba de una receta que seguía a menudo, cada vez que una jovencita llegaba a él por el plan de agencias que tenía diseñado para seleccionar y captar a las candidatas más idóneas para él.

La receta a aplicar para curar la grave enfermedad decía algo así:

Seleccionar a una chica joven, en pleno desarrollo de su sexualidad. Deberá ser bella y risueña, pero lo más importante es que no haya practicado sexo con ningún hombre antes, pues este es el mayor potencial del tratamiento. Deberá haberse comprobado previamente que su membrana virginal esté intacta. La joven elegida deberá pasar una noche en las estancias del paciente, para lo cual puede dársele el brebaje Koraa para inducirla al sueño. Para que el cuerpo de la chica deje a punto las propiedades curativas es necesario que duerma completamente desnuda durante esa noche, y que su piel esté impregnada del ungüento de la tribu.

Al día siguiente, debe tener lugar sin dilación la penetración de la joven. Los gritos de dolor y la sangre son buenos indicativos de que la enfermedad está siendo combatida. Se recomienda verter la leche dentro de la hembra con cierta periodicidad, preferentemente al amanecer o al atardecer. Pasados unos meses, el bulto que nacerá en la tripa de la chica será el mejor indicativo de la salud completa del hombre.
Las tres sirvientas africanas se encontraban alineadas contra la pared, dirigiendo su mirada al cuerpo de Nicole que estaba dispuesto en el gran lecho matrimonial del gran jefe. Él, por su parte, miraba de forma muy ansiosa a la joven que dentro de unas horas sería de su total disfrute, como ocurría con cada chica extranjera que llegaba engañada a la casa.

Siguiendo la rutina habitual, las sirvientas se acercaron a la ofrenda y comenzaron a desvestirla. El negro vigiló la operación muy de cerca, pues no quería perderse ni un centímetro del escultural cuerpo que prometía la dueña de ese vestido negro. Quitaron sus zapatos de tacón y los dejaron al pie de la cama. Incorporaron un poco a la joven pues el broche del vestido parecía estar en la parte de detrás, y Nicole quedó suspendida en el aire, apoyada por varios brazos, su cabeza se inclinó ligeramente hacia, ninguna se daba cuenta de lo que sucedia. El hombre se fijó en una cruz plateada que pendía del cuello de Nicole, en la cual también había reparado durante la cena. La reconoció porque era frecuente que algunas jóvenes que caían en sus manos tras el negocio de la agencia, sobre todo europeas y americanas, la portasen. Estaba relacionado con una religión de la que él sabía poco pero que solía impulsar a sus creyentes a permanecer con el sexo intacto. Con gran placer pasó sus manazas por detrás del fino cuello de la joven y le desprendió el crucifijo, pensando que no lo necesitaría pues lo que estaba por ocurrir le privaría de su virginidad… Las sirvientas desabrocharon las cintas y el vestido de Nicole cayó hasta la cintura, relevando un sujetador también negro, precioso, con encajes y motivos bordados en blanco. Levantaron a la chica por la cintura y el vestido se deslizó piernas abajo hasta salir por los pies. Una de las sirvientas dobló cuidadosamente el vestido y lo guardó en el armario del señor, junto a los zapatos y aguardó para hacer lo mismo con la ropa interior.

El gran jefe observó las braguitas negras que cubrían el pubis de la adolescente y que hacían juego con el sujetador. Eran un poco grandes, no como aquellas bragas triangulares que se veían en los países más modernos y que llevaban las chicas más liberales, que dejaban ver aún más carne. Nicole parecía estar en consonancia con el credo que profesaba y le llevaba a tener pudor… Sosteniendo a la joven medio erguida las manos hábiles de las criadas tomaron el broche del sujetador y lo abrieron. Los pechos, que ya se intuían grandes antes de abrirlo, saltaron y quedaron suspendidos, una buena talla de carne para ese cuerpo. Los montículos eran generosos y despertaron la libido del amo al máximo, y estaban coronados por unos pezones marrones claros muy agradables. Dejaron caer el cuerpo de muñeca inerte sobre la cama, hundiéndose un poco en el colchón. El peso de los senos descansó y los pezones miraban hacia el techo del dosel, mientras la cabeza estaba inclinada contra la almohada. Sólo le quedaban esas braguitas, que ya estaban en manos de la sirvienta más joven, quien tiraba de los extremos para bajar la ropa interior de la chica y dejar su sexo y su trasero al desnudo… La joven tenía unas piernas largas pues era bien alta y unos muslos muy bonitos y carnosos, de los que apetece acariciar. Nicole llevaba unas braguitas bien justitas y apretadas, como si se resistiesen a dejar de proteger el cuerpo de su dueña, pero no pudieron hacer nada por abandonarla en ausencia de la consciencia de ella.

El gran jefe disfrutó del espectáculo visual que suponía el cuerpo de Nicole una vez que la habían desnudado cuidadosamente. Nicole, ajena a esa invasión de su privacidad, dormía plácidamente en la enorme cama del semental que pronto se cobraría su virginidad… El negro contaba con la confirmación de que Nicole conservaba su virgo, por parte de un riguroso examen ginecológico realizado a la joven en el ambulatorio de su barrio antes de venir. Se trataba de una de las pruebas que la aspirante a permanecer becada en ese lugar debía pasar, junto a pruebas fotográficas de que poseía un buen cuerpo. El hombre sostenía en sus manos un papel sellado por el servicio médico francés que recogía el análisis de la vagina de la chica que se hallaba en frente de él. Lo había leído una y otra vez con mucho interés, pues el ginecólogo había hecho una observación que le excitaba mucho: “Los labios están tersos y bien cerrados. La vagina tiene un aspecto muy saludable, con músculos esponjosos y apretados. La joven presenta un himen intacto, de tipo microperforado y de un grosor algo superior a lo que es corriente en este tipo de membrana. Las relaciones sexuales pueden ser dolorosas para ella en el momento de la primera penetración.”

Una enorme sonrisa apareció en la boca del semental, quien por primera vez podía contrastar esas palabras con el cuerpo de la dueña sometida en su cama. Nicole no había variado el ritmo de la respiración mientras había estado allí y no lo haría, pues ya era bien conocida la dosis del brebaje Koraa que debía administrarse a una joven para sumirla en el sueño profundo y por precaución se añadía un poco más. Agarró los muslos cerrados de la joven con sus grandes manos, el tacto le excitaba de sobremanera. Suavemente los separó para tener una mejor vista de la entrepierna virginal, cubierta por una fina capa de vello del mismo color que el cabello juvenil. Efectivamente, Nicole tenía un coñito muy cerradito, distinto al de las mujeres de la tribu, pues hasta las más jóvenes negritas tenían los labios bien abiertos debido al ejercicio sexual intenso en el que se veían inmersas.

Se acercó a la francesa, la cual olía terriblemente bien, a perfume y cremas caras. Pasó una mano por su ingle y con un dedo separó uno de los prietos labios vaginales para examinar la carne interna de esa adolescente. Tenía un color rosado muy vivo y limpio, propio de las niñas vírgenes que él solía obtener con sus engaños. Tuvo que forzar con sus dedos la tierna carne de la vestal para ensancharla lo suficiente, para poder comprobar con su vista la membranita interna que protegía el sexo de Nicole. Tal y como indicaba el informe, parecía ser un himen microperforado: tenía una hendidura muy pequeña en el centro de la tela muscular. A continuación se retiró de la cama, sin perder vista de la virgen desnuda que yacía en su cama. Debía abandonar la habitación para que las criadas continuasen el tratamiento, y unas pocas horas después llegaría el gran momento… Cerró la puerta tras de sí, sin dejar de pensar en el cuerpo del deseo de la chica pija…

Una de las criadas, muy hábilmente, se encargó de rasurar los pequeños pelitos que cubrían el sexo de la jovencita. Acto seguido, Nicole fue ungida conforme al tratado de la tradición curandera. Las mujeres de la tribu embadurnaron el cuerpo latiente de la joven con aquella mezcla ancestral, de aspecto untuoso y olor intenso. Su composición exacta es desconocida, pero se rumorea entre las practicantes del culto que contiene diversas plantas aromáticas difíciles de encontrar y que crecen cerca de los riachuelos, además de un pequeño extracto afrodisíaco disuelto en una bebida espirituosa. La consistencia después de macerar la mezcla permite extenderla con suaves frotes sobre cualquier piel, y la de la joven Nicole es tan suave que se presta muy bien a ser cubierta por ella. Todas las partes visibles del cuerpo de Nicole fueron cubiertas con la fórmula, la cual dejó una capa de fino brillo que relucía especialmente en los muslos, nalgas y pechos de la virgen. La función de aquel ritual residía en las propiedades del milenario remedio, que era capaz de estimular el calor latiente del cuerpo juvenil y sensibilizar al máximo su piel, dejándola lista para la sesión de iniciación… Las criadas empezaron a ordenar un poco la estancia mientras el ungüento seguía siendo absorbido lentamente por la piel de la joven.

Tras dejar todo preparado y a la adolescente dormida en el lecho, las criadas también abandonaron la habitación.

Nicole seguía dormida.

Nadie entró en el cuarto durante toda la noche, tal y como mandaba la tradición. La noche africana era tranquila y envolvía a la jovencita con cariño, como si ella supiese que a la próxima noche Nicole sería una chica bien diferente….Al amanecer, el sol se había levantado enérgico y deslumbraba las chozas de aquél poblado. Pero no era el único, pues el gran jefe también se sentía lleno de vitalidad, aún cuando no había dormido en la cama que acostumbraba. Sabía que pasar una noche en el cuarto de invitados representaba para él que una jovencita virgen la esperaba en su lecho, y que ese mismo día tendría lugar el acto de unión entre sus sexos. Su miembro también se había levantado enérgico sólo de pensarlo. Sin perder un segundo, se dirigió escaleras arriba al cuarto donde esperaba el objeto de su deseo. Recordaba muy bien a la niña, tanto desnuda como vestida, tal y como la había visto la noche anterior. Era una preciosa chica francesa de ojos azules preciosos y de pelo castaño liso que le caía a media altura por la espalda….Abrió la puerta y escuchó el chirrido de esta abrirse mientras observaba como la niña aún descansaba en su lecho nupcial…

Nicole parecía ausente a esa realidad, a cómo el negro entró y cerró la puerta con un candado para que no se rompiese la magia de aquél encuentro carnal. Le excitaba la visión de esa chica virgen tumbada en la cama, en medio de una aparente tranquilidad, mientras él se desnudaba, quitándose aquella especie de trapo marrón que cubría su desnudez más masculina y revelando un miembro que, pese a su gran extensión, se encontraba totalmente erecto…

Sabía que quedaban minutos para que ella despertara según la dosis del Koraa, lo cual solía ocurrir al amanecer. Se decidió acercar pues al cuerpo de la chica extranjera que dormía completamente desnuda y, sin apenas rozarla aún, se colocó encima de ella, con los brazos y piernas a su lado, cubriendo con facilidad el cuerpo de ella con su sombra. Lentamente, bajó su enrome y corpulento cuerpo oscuro hacia aquella piel tan blanca y se quedó tocando con su piel la fina figura virginal… Su tacto y el olor de aquella joven, mezclados con el incienso y el ungüento que excitaba su piel eran la mezcla perfecta para encender su deseo.

No aguantaba más quería ya gozar de aquella doncella, quería romper la virginidad de aquella princesa europea…

De repente, el cuerpo de Nicole dio un pequeño espasmo, como si los músculos se estuviesen contrayendo de nuevo. El gran jefe, tendido sobre el cuerpo de la jovencita, sabía que estaba despertándose y sabría que la sorprendería, con su cuerpo negro y enorme desnudo encima de ella…

La joven comenzó a despertarse del letargo. Aún con los ojos cerrados, sintió como su cuerpo se ponía en marcha lentamente. En su cabeza había un gran vacío que no le permitía recordar gran cosa, sólo fragmentos sueltos como el viaje en avión, la cena… y él. Con él se refería al anfitrión de la casa donde se hospedaba, el que bajó por la escalera, ese portento de negro casi desnudo que la había acogido. ¿Por qué se acordaría de él con tanta precisión? Había un olor extraño en la habitación, o más bien dos: uno como el incienso que era más débil y otro que parecía provenir de una fuente viva en la habitación. Nicole estiró sus brazos para desperezarse. Al entreabrir los ojos la ráfaga de luz le hizo que los volviese a cerrar mientras se acostumbraba. Nicole fue consciente de que era como si las estuviese tocando con su piel desnuda.

¿Desnuda?

La visión borrosa pareció captar una gran mancha negra frente a ella. Le costaba enfocar, pero parecía estar frente a algo oscuro… Algo oscuro que se cernía sobre su cabeza.

De repente, esa figura se movió y agarró el mentón de la muchacha. Una mano con dedos muy grandes le estaba apretando la mandíbula como si quisiera manejarla… ¿con qué fin?

Tras parpadear una vez más logró ver unos ojos negros que la observaban atentamente, y Nicole se dio cuenta de frente a quien estaba… Frente a su anfitrión.

La cara de él, sin dar tiempo a una reacción por parte de la niña, acercó su boca a los labios puros de la francesita. La frágil boca de la hembra se vio sometida al rudo empuje de unos labios oscuros, rugosos y viejos que imprimieron sobre ella un beso obsceno y deseoso, nada parecido a lo que podría esperar una princesa de su amado. Un beso salvaje que se acabó colando en el interior de la cavidad bucal de la muchacha, que sentía la presión de ese cráneo contra el suyo y de un cuerpo musculoso apretando su grácil anatomía, el calor y la humedad de una lengua áspera rozando su paladar mientras saliva ajena le ahogaba. Tras el beso con lengua que dejó exhausta y algo desorientada a Nicole, el gran jefe salió de su boca, dejando un chorro de saliva que resbalaba por las comisuras de su ahora amante conyugal. Ella miraba incrédula al invasor de su boca, que al separarse de él mostraba la desnudez de su torso, ahora sin colgantes ni otros extraños añadidos pero sí conservando esos gruesos tatuajes en el torso y en los hombros… Nicole, paralizada por la sorpresa, pero también por observar ese cuerpo de hombre tan robusto sobre ella, no sabía prácticamente qué hacer.

Su rostro de chica inexperta se tornó colorado al ver de cerca los potentes músculos bajo la piel oscura que tenía frente a ella. Nicole nunca había observado un cuerpo de hombre tan ostentoso, y menos desde una perspectiva sexual como la que ahora aparecía frente a ella. Tras el beso, Nicole siguió evaluando el cuerpo del tremendo negro y su vista se detuvo en lo más llamativo del cuerpo del gran anfitrión… en aquél gigantesco órgano que colgaba de su entrepierna y del que Nicole sólo había oído rumores, pero que nunca había visto y nunca se lo había imaginado de tales dimensiones. De entre las dos potentes columnas velludas de aquél hombre de piel como el carbón se erigía un enorme pene oscuro y amenazante. Era muy grueso, como el brazo de una niña y cuya longitud le resultaba a Nicole difícil de estimar, pero era larga como un tronco, y aparentemente igual de rígida… Tenía unas venas que la recorrían y marcaban relieves poderosos en torno al sexo, unos pelos negros que salían de la base; la verga se movía como si estuviese oscilando, como si latiese impaciente por algo…Nicole, quien veía más que claras las intenciones de aquella mole con aspecto humano, sintió una oleada de profundo pudor que la recorría de arriba abajo. No sabía nada, no sabía qué hacía allí en esa cama tan grande y lujosa, completamente desnuda y a merced de aquél semental africano. Bueno, no exactamente a merced, ella no estaba atada ni nada parecido, aunque si intentaba escapar aquella fiera claramente la retendría, se sentía como una presa acorralada, estaba realmente asustada…

El negro posó una mano sobre el cuellito de Nicole y le acarició suavemente, y de nuevo se inclinó a darle un beso en la boca, esta vez de carácter más débil, casi apasionado. Nicole entrecerró un poquito los ojos, mientras notaba como las manos del negro querían seguir estudiando su perfecta anatomía, como bajaban por el cuello lentamente por los hombros, las axilas… El tacto le resultaba estimulante, pese a tener él la piel rugosa, Nicole era muy sensible a sus caricias, sin sospechar que ello estaba relacionado con el ungüento que cubría su pálida piel… Mientras tanto, el maduro de raza se encontraba muy gratamente sorprendido con las escasas reacciones negativas de Nicole hasta entonces. El negro apresó los ansiados pechos de Nicole con ambas manos, sintiéndolos piel contra piel. Nicole abrió sus ojos azules en señal de sorpresa, pues quizás no se esperaba un gesto tan duro, tan claramente sexual en ese momento. Sus generosas tetas comenzaron a ser manejadas por aquél extraño, a ser aplastadas contra su anatomía, a ser amasadas entre ellas… La carne trémula de la inocente Nicole era pervertida por aquél negro, no sin oposición por parte de ella, quien empezó a manifestar su desacuerdo, a chillar, a intentar apartar las manos del negro de su honroso cuerpo de vestal. El cuerpo de Nicole se agitaba por momentos, pero no era oposición para el corpulento africano que había violado ya a tantas muchachitas en ese mismo planteamiento, nada podía hacer la preciosa extranjera en cueros contra la libido imparable del negro…

Los pezones de Nicole son rosados y pequeños, de un aspecto muy tierno. No tardan por tanto en llamar la atención de su amo, quien los manipula y los retuerce. No están duros, Nicole no está apenas excitada salvo por las caricias del inicio, se mueve entre el desconcierto y el pánico. Los dedos torpes del negro aprietan las partes sensibles de Nicole y ella se estremece de dolor, de incomodidad, y más ahora que el gran jefe parece inclinarse sobre ella y todos esos kilos caen sobre su frágil cuerpo, asfixiándola. Un tacto diferente es el que siente ahora la francesa en su pecho izquierdo: es el de una húmeda lengua que recorre la carne de sus senos y acaba el circuito alrededor del pezón de la inocente presa. También el pezón del otro seno es estimulado manualmente, y Nicole siente la incómoda sensación de tener a un hombre plenamente dedicado a estimular sus vírgenes y turgentes pechos. Cuantos hombres quisieran mamar de los bellos atributos de la francesa, que largo tiempo guardó… Y de la inactividad sexual de aquellos pechos de diosa surgió el despertar del sexo latiente, de un cúmulo de impulsos que llevaban a Nicole a cabecear rítmicamente a la vez que el amo y señor de la casa y de la extranjera intentaba extraer leche materna de la doncella.

Justo cuando la sensación iba creciendo y la mente y el cuerpo femeninos iban volando, el negro se separó de los magnéticos pechos de la joven. Las manos dibujaron una sinuosa silueta que recorrió el vientre plano, el ombligo y llegaron a posarse en el inicio de los muslos de Nicole. En ese instante ella recordó su total desnudez, que la parte más íntima del cuerpo de cualquier mujer estaba desprotegida y a escasos centímetros de esos dedos perversos… Sentía el tacto del negro presionar contra sus piernas desnudas, la sangre se arremolinaba en torno a ellas y a la entrepierna de la jovencita… La sensación era cálida, la de sentir el tacto de ese hombre robusto sobre los carnosos muslos de la ofrenda.

Pero la ofrenda que yacía desnuda en la cama, al sentir que el negro acercaba su atención y sus dedos hacia su intimidad tan celosamente protegida, sintió de nuevo una potentísima vergüenza que le llevo a pensar en lo irracional de la situación. Ella, tan puritana, con un hombre de una raza distinta, en una habitación preparada para el sexo a miles de kilómetros de casa, totalmente desnuda y con inicios de excitación en sus mejillas y su respiración… y él a punto de mancillar su delicada joya. Nicole llevó una mano temblorosa a su sexo y se incorporó hasta quedar sentada, su figura era enana frente al negro que estaba arrodillado frente a ella. Cerró sus piernas para protegerse y se cubrió los pechos con las manos, en una actitud de empaquetar la desnudez que antes el negro tenía a su disposición. Agarró a la asustada Nicole por el hombro, como para intentar convencerla, pero ella decidió alejarse de él. Se deslizo por las sábanas y alcanzó el filo del colchón, puso sus pies en el frío suelo de madera; antes había sido presa del placer, pero ahora quería intentar salir de allí… Es la desconcertante prudencia que empujaba a la adolescente a proteger su virginidad… Sin embargo, el gran jefe, experto cazador de jovencitas, vio que la chica que intentaba ponerse en pie desnuda y escapar de él, no llegaría lejos. CONTINUARÁ…

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