Hoy para todos, menos para él

Hoy para todos, menos para él

Hoy es sábado y el día comienza a ser caluroso aquí en Barcelona, mi esposo me dijo que no escribiera nada: “cómo vas a poner ahí tus intimidades, estamos casados!”. Y ese énfasis último y prohibición para que no pusiera nada, me ha hecho, sencillamente, escribirlo.
Mujer apasionada al máximo, como la mayoría de nosotras, explosiva en mis deseos y cariñosa en mis íntimos momentos. Lujuriosa por instantes y buena esposa cuando me pica la cosa. Aquí se la muestro en una foto de este verano.
De vagina exultantemente agrandada en situaciones de elevada excitación, jubilosos y eufóricos labios bajos cuando la oportunidad lo requiere. Y como un pez salido del agua, como un tiburón sin presa que agarrar, aparece mi trasero a reventar. Mi cola necesita estar sola, pero hoy no.
Hoy escribo por dos razones: por la prohibición de hacer algo normal y por mi anhelo de quererlo hacer. Y aquí estoy, en un día casi primaveral, sábado más en la ciudad del mar, cosmopolita y portuaria, y con algo en mi interior que provoca una reflexión de poder hacerlo con otro. Una madura muy señora en el agua y muy lo otro en la cama.

Mujer madura en Barcelona para cualquier otro

Mi esposo me ha dicho que no, pues yo digo que sí, que lo puedo hacer. Me instó a que no escribiera y no solo lo hago, si no que pongo la foto en la postura que más me gustaría estar ahora. A cuatro patas, mojada y soleada. Sin más, con mi único objetivo de que algún hombre varonil pueda estar detrás de mí, de esta mujer servil.
Y mi marido, que se espere, y que mire, que observe cómo puedo ser cuando intentan atarme y no dejarme hacer.
En esos momentos de más represión y cerrazón, me abro como la zorra que puedo llegar a ser, zorra no con él, hoy con cualquier otro a poder ser. Madura, zorra, sumisa, puta y amante. Mi instantánea a flor de piel, con tanga y en cuatro, demuestra que hoy soy para todos, menos para él.

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