Un vecino más que molesto y ruidoso

Un vecino más que molesto y ruidoso

Mis días como chapero habían acabado, ya tenía mis años y todo había pasado como una experiencia para ganar algo de dinero. Los hombres maduros, la mayoría casados, querían un hombre más joven, y yo se lo proporcionaba.
Atractivo, seductor y muy seguro de mí mismo, a muy temprana edad, así me presentaba en mi época más alocada y juvenil. Así que los hombres mayores enloquecían al ver mi perfil chulesco y descarado. De barrio sin complejos.
Luego ya todo eso pasó, volví a salir con chicas, con el sexo opuesto siempre me he llevado muy bien, y tengo muchas amigas. Pero este pequeño relato es un inciso, un punto y aparte que hice en mi vida ya hereterosexual y reordenada, por culpa de un vecino molesto e incordioso y tedioso, que no paraba de darme las mañanas y tardes.
De más edad que yo, y cada día y a cualquier hora haciendo ruido con cualquier cosa, él y la mujer. Ambos viven solos y ruido cada día, sillas moviéndose, gritos y mucho más. Estaba más que harto. Así que un día decidí ponerme el traje de faena y darle su merecido.

Cansado de tanto ruido le di su merecido

Yo entraba y salía de la escalera a menudo, y me lo cruzaba, él casado pero yo, en más de una ocasión, había advertido ciertas miradas que podían significar algo. Esas miradas de hombres buscando hombres, me las conocía, las repudiaba y rechazaba, pero las conocía. Muchos de los que están en matrimonio son perfectos bisexuales, tocan el piano con las dos manos, y miran para los dos lados. Así que entré a ver qué pasaba.
Su mujer no estaba, ya busqué el momento, así que subí a su piso:

-Hola, quería preguntarle una cosa- le dije una vez llamé a la puerta.
-Sí qué quieres.

Su tono cercano y descarado, cosa que se evaporaría en los diez minutos posteriores, era debido a que ya me conocía desde hacía tiempo.

-De un tiempo a esta parte vengo advirtiendo, movimiento y ruido aquí, en tu casa, y me molestas cada día.
-Sí? No lo sé, será algo…pero, sin querer-me dijo, ya con cierto gesto de retroceso.
-Sin querer? sin querer cada día? a eso lo llamas sin querer?

Mi actitud fue ofensiva esta vez, volvían a aflorar los viejos recuerdos, los antiguos reflejos del pasado de chulo barato y sin remedio. Esta vez estaba ante un vecino irrespetuoso, ruidoso y mayor que yo; un comportamiento para mí fuera de lugar y fácil de manejar.

-Ruido cada día, gritos cada día con tu mujer, y no paras de hacerlo, ¿no?
-Lo siento.
-Más lo siento yo- le dije sin contemplaciones.

Se vino abajo sin esperarlo, le había intimidado o algo parecido, el caso es que estaba arrugado como la frente de un miope.

-Anda, maricón, llévame a tu cuarto- se quedó blanco y no pudo reaccionar, pero lo hizo.

-Abre ese armario- le ordené
-Éste?
-Sí.- le dije, y cuando lo abrió pude ver ropas de él y cosas de su mujer.
-Coge ropas de tu mujer, ropa interior, si aquí no hay las buscas en los cajones, y póntela, y rápido, ¿tú mujer cuándo llega?
-Tardará una hora al menos, ha ido a comprar.
-Pues aligera y callado.-le ordené
-Pero, y todo esto a qué viene…

No pudo terminar la frase me acerqué le dije algo al oído y obedeció. En menos de tres minutos estaba vestidito con la mejor lencería de su mujer, una perfecta maricona y mujercita rubia.

-Así me gusta. Date la vuelta y callada- y obedeció, le femenicé en unos minutos.

El vecino vestido de mujer como debe de ser

Cuando me quise dar cuenta estaba de espaldas con aspecto de mujer y listo para que volviera a ejercer aquello que en mi juventud había hecho: follar a casados sin contemplación.

Pero esta vez no era por dinero, era por joder, y tenía una causa muy justa: me había jodido durante los últimos años, mi tranquilidad casera. Con su peluca rubia, y su cuerpo afeminado y de espaldas, lo vi como una tía esperado polla. No esperé ni un minuto más. Me puse el condón y lo empecé penetré hasta el fondo como merecía, se la metí entera, y pude notar su calor como el de una tía.

Y lo peor de todo, es que le gustó. Le quería joder pero le gustó, no le quería dar el placer que tuvo. Su cara era un poema y su polla de un crossdresser auténtico, y travesti de armario, un tv de closet.

Mientras le follaba a cuatro patas y de medio lado en su cama de matrimonio, le preguntaba:

-Y ahora, ¿vas a seguir haciendo ruido?
-Ahora?, ahora más que nunca para recibir mi merecido- me dijo

Es un maricón sin remedio. Como es lógico fue la primera y última vez que lo puse en su sitio, no hizo falta una segunda vez, y fue la primera y última vez que entré en su casa. Nunca más me ha vuelto a molestar.

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