Un masaje erótico en el hotel Valencia

Un masaje erótico en el hotel Valencia

Qué bien me supo el masaje erótico de este fin de semana. Yo que pensaba que solo los hombres podían gozar de dos manos expertas de sensualidad y fantasía. Pues no, soy una mujer sin pasión por el sexo y que ahora, me vuelvo loca de placer, cuando unas manos de mujer, recorren mi tembloroso cuerpo hasta el amanecer.
En Valencia, pasando el fin de semana, de viernes a domingo, me dije, por qué no, por qué no me puedo dar un viajecito a la costa che, valenciana, para saborear la brisa marina y una horchata cuando me dé la gana. Y así he hecho. Soy de Madrid capital, y como buena madrileña, me he ido en busca de gaviotas, sal, mar y sol.
Antes era muy sexual, cuando estaba casada, y desde que me divorcié, no sé si me he vuelto frígida o qué, pero no tengo o no tenía ganas de nada. Apática y desganada total.

Masajes eroticos Valencia de mujer divorciada

Llevo un mes o así, disfrutando una nueva forma de placer, una nueva forma de vida, el sensorial del masaje erótico, el viaje sin final, el final feliz. Sí, no hay nada como relajarse en una camilla, en una cama, o pegada en la cristalera del ventanal de mi habitación de hotel, para gozar como una buena mujer.
Solicité el servicio de masajes eróticos de una agencia que no mencionaré, por privacidad, aunque en realidad hacerles publicidad no les iría mal. Pedí una masajista, las mujeres saben tocar mucho mejor que los hombres, y de color, sin entrar en eufemismos baratos, de color negro, vamos, una negraza como el coño como el sobaco de un mono. Uf, qué caliente me pongo solo con recordarlo. No hace ni cuatro días que olía su hermosa sonrisa vertical rojiza y brillantina. Grease. Y su pelazo oscuro largo trenzado, rozando la falda de su vestido de leoparda, que no le hacía falta. Porque ella es toda una leona.
Me dijeron que sabía hacer todas las especialidades de masajes: desde los orientales, tántricos, thai, a los más comunes masajes a cuatro manos, masajes nurú, o masajes relajantes y masajes del punto G. Os preguntaréis cómo me hizo el masaje a cuatro manos, si la masajista era solo una, la chica negrita, pues ya os lo contaré. Es mi secreto.

El secreto mejor guardado de la masajista Shaira

Muy brevemente, os diré, mi masajista vino a mi habitación del piso quinto, en un hotel muy bonito de Valencia. Negra, escultural, culazo, olía, mmmm, qué bien olía a perfume del caro, seguro channel número Pi, y el pecho, menudo pecho, no uno, sino dos, y las manos, uf, qué manos, con unas uñas largas y retorcidas, que llegaron hasta mi punto G más escondido

¿Saben un cosa?, las mujeres aparte de tetas, tenemos nuestro punto G, muy escondidito para que nadie lo vea, porque es nuestro secreto mejor guardado. Shaira, nombre de mi masajista negrita, me lo encontró a la perfección con sus alargadas manos, sus punzantes y vibradoras uñas largas y su saber hacer.
Me puso a cuatro patas y me lo encontró. Yo soy una madrileña más, bueno, una mujer que por lo que sea no ha tenido fortuna en el amor, provista de un pecho despampanante, porque hay algunos hombres que es en lo único que se fijan. Soy rubia, con 54 años, y creo que me merezco una segunda oportunidad. Y así lo estoy disfrutando. Caray con el divorcio, y qué bien me ha sentado, por las tetas y por ano.

 

  

 

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