Llamadas calientes de tetona madura

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Esa noche Sandra no tenía sueño. Tetona, madura, rubia y lozana. Pasaban las doce de la noche y se acordaba de su último polvo con prácticamente un desconocido. Lo había conocido en la rutinaria discoteca a la que solía ir, lo había acompañado a su coche, se habían despelotado, él le había comido las tetas, cosa que le gusta mucho, y después de estar bien excitada, se la había follado. Lo recordaba y se mojaba, se mojaba sola y en su sofá.

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