Su madre Juana durmiendo plácidamente en la cama

Su madre Juana durmiendo plácidamente en la cama

Juana desde la cama, mujer madura, dormida y con su teléfono erótico apagado en la mesita de noche; duerme plácidamente y descansa después de la larga y dura jornada de ama de casa. Sueña en cosas y con hombres. Juegos porno de fantasía y actriz a horas sueltas. Dedicada a dar largas charlas de erotismo y sexo a solitarios hombres en busca de compañía femenina, ella es toda una experta en calentar la cama. E incluso calentar a señoras reprimidas porque no hace ascos a nada. Lo suyo es dar placer. Pero ahora debe descansar.
No sabe el erotismo que desprende, pese a su aspecto inocente, echada de medio lado y con su toalla barata de hotel de tres estrellas de la costa mediterránea; duerme como una quinceañera. Común ama de casa española y concreta señora de bandera. Pasados los cincuenta años, con imagen de buen comer, se recrea en su gran cama y piensa solo en joder. No muchos hombres han pasado por su cama, pero sí por sus ensoñaciones y tribulaciones.
A pocos pasos de ahí, no sabe que la están observando e imaginando cómo sería follando. Su hijo de 18 años, a unos metros, la mira y quiere saber cómo es en la intimidad pese a su, más que estrecha, relación familiar. Él sabe que se dedica a charlar con extraños para poder darle de comer, para poder darle las deportivas que tanto le gustan, para que pueda beber unos cubatas el fin de semana. Y su pregunta es cómo hace para calentar a los señores, que la llaman a su teléfono erótico particular a cada momento, linea erótica de ama de casa singular.
Pero José, que no es tonto, va más allá, la imagina por detrás, ideas de incesto, pensamientos impuros, follar con la madre. Conjetura y adivina cómo debe lucir mamá sin ropa interior. Para que la cojan extraños sin ningún pudor. Advierte y entreve que debe ser un culo amplio, una vagina más que ancha para haber dado a luz a “cuatro vástagos, brotes y retallos como yo”, piensa en silencio; y, muy probablemente, debe estar dotada de una concha bien acostumbrada a las arremetidas consentidas.
-Mi polla debe caber y entrar muy bien.

Piensa para sus adentros, mientras la imagina por detrás, la visión trasera de su madre, y presiente cómo puede ser hacerla suya en su propia habitación. Joderla con toda la excitación.

 

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