Recuerdas ese día en el que nos encerramos en la habitación?

¿Recuerdas ese día en el que nos encerramos en la habitación? Confesiones como esta me vuelven a mil por hora

Me atrapaste contra la pared… ¿está volviendo a tu cabeza? ¿Te ves mordiéndome la boca, el cuello…? Y entonces me empujas hacia la cama, y me quedo sentada, y tú rodeándome, mi espalda choca con el cabecero. Y me miras, examinando la escena. La camisa blanca que se transparenta te está volviendo loco, la falda, mis piernas…

pero vuelves a la camisa, arrancándome los botones uno a uno, pero con impaciencia, mientras nos besamos a lo bestia y nuestras lenguas se retuercen sin rumbo. Mi piel te está pidiendo que me quites el sujetador, tu cuerpo también te lo pide, y lo harías esfumarse con los ojos si pudieras. Deslizas las tiras que sostienen el peso por mis hombros, desabrochas y cae poco a poco. Me empujas contra el colchón… ¿Quieres que te lo diga?

Me empujas contra el colchón porque te gusta ser quien lleva la voz cantante, son confesiones mías,  y pasas tus dedos por mis pechos, haciendo círculos, hasta que llegas a mis pezones, y los besas, los lames, los muerdes, porque joder, tienes hambre ya. Estás encima ahora, y te desabrocho el cinturón que se interpone, y los pantalones, introduzco la mano en la abertura y palpo por dentro, te toco, y veo que todo está saliendo muy bien. Te doy la vuelta y ahora soy yo quien está arriba, y tú sobre el colchón. Coloco mis rodillas a cada lado de tus muslos, tiro de las perneras de tu pantalón y te lo saco. Y tus boxers, ajustados… esos te los dejo un poco más y me inclino sobre ti mientras dejo que se rocen con lo que aún tapa mi falda, y te beso la boca, te beso el pecho, y voy bajando… Pero no vamos a quedarnos aquí, ¿no? En absoluto.

Ahora sí, ahora están a punto de reventar, ¡vas a dar de sí la tela! Tiro de ellos también y los hago desaparecer tras tus pies. Subo la vista y veo el Empire State Building de la habitación, frente a mí, toda tuya y toda mía, y me coloco en posición y me la llevo a la boca, subo y bajo, y respiras fuerte y acompasado con mis movimientos. Paso mi lengua por tu capullo, mientras te la agarro con una mano y con la otra te cojo los testículos y jugueteo con ellos porque ninguna parte de ti se merece un olvido, y vuelvo a subir, y a bajar mientras te vas excitando y me dedico especialmente con tu glande hasta que ya no puedes más y estás a punto de irte.

Pero entonces paro, porque quiero que esto dure sin que tengas que recargarte, y como lo has entendido bien, me das la vuelta, estás muy excitado, y quieres que yo pase por lo mismo. Me arrancas la minifalda y el tanga rojo que llevo también te está estorbando pero no te importa aún. Pasas los dedos por encima del encaje rojo, con presión sobre mi clítoris, sobre mi vagina, y lo apartas ligeramente y sigues moviendo los dedos entre mis labios. Me preguntas que si me gusta y sabes que me encanta. Me quitas el tanga, y comienzas a darle fuerte, a moverte con rapidez, y yo a bendecir tus manos. Estoy mojada, pero quieres llevar esto un poco más lejos. Con la otra mano introduces un par de dedos en mi vagina, y los sacas y los metes, poco a poco, lentamente. Entonces los sacas y paras: has tenido una mejor idea. Acercas tu boca a mi vagina, a mi clítoris, y empiezo a gemir de placer, ya no puedes dudar de si me gusta. Mueves tu lengua entre la carne, sabes jugar, sabes divertirte, sabes que puede que me vaya y aquí me castigas, y vuelves a parar porque tú eres el jefe. Subes por mi ombligo hasta mis pechos, dejando que nuestros sexos se rocen, y muerdes mis pechos, mis pezones, mientras me miras disfrutar. Pero tú también estás excitado, no eres de piedra.

Me ordenas que me levante y te aborde, y yo obedezco, te tumbas, y me pongo de rodillas encima tuya, subo y bajo, y para ti son las vistas, arriba y abajo, mientras tengo mis manos en tu cintura y según lo voy sintiendo, te sujeto más fuerte o menos, para que notes cómo lo estoy viviendo. Ponme a cuatro patas como a las gatitas sobre la cama y dame bien mientras muevo mis caderas, y me las sujetas para que no me escape. Y como no podía faltar, vas a darme la vuelta, a tumbarme en el colchón, a rodearme por tus brazos, justo como hemos empezado, ¿recuerdas? Pero ahora sí me la estás clavando, ahora estamos los dos a punto, gimiendo acompasados a los golpes de tu cadera, tan puestos, son confesiones muy fuertes, pero tan excitados, tan rabiosos… Tan acabando, y acabas dentro, lo sueltas todo, después de haberlo dado todo.

confesiones maduras