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Pareja Cornuda ella lefada

Pareja Cornuda ella lefada

Mi mujer de mediana edad, 45, pelo no muy largo, pelirroja, rizado, esa tarde estaba muy caliente, por follarse otro.
Invitamos a nuestro amigo a nuestra casa, él ya sabía a lo que venía. Vendría a follarse a mi mujer. Ella es muy fogosa, muy sexual, siempre lo fue, y desde que descubrí que le gusta más follar con otros que conmigo, aún disfruto más.


Él es algo mayor que yo, de 40 años, yo me casé con ella siendo más joven, así que el más pequeño de los tres ahí era yo. Ellos pronto se hicieron con la situación, parecían el matrimonio y no yo. Que soy el marido.
Se empezaron a besar, a ella la vi excitada, tiene tetas grandes, ya caídas pero buenas tetas, a mi me hace buenas cubanas, pero a él ni eso, solo se dedicó aún más sumisa, a chuparle y arrodillada. Cosa que no hace conmmigo nunca. Era como si quisiera decirme:

-mira, con él me arrodillo y todo, tiene buena polla, y no tú, se la chupo porque me gusta.

yo la veía toda entusiasmada, él al ver que no yo decía nada la agarraba por la cabeza y la ponía más para abajo, ella no rechistaba. Más si cabe, le gustaba, yo estaba al lado, me tuve que quitar la camiseta del calor, de ver aquella pareja, que parecía un matrimonio, y no yo. Que realmente era el marido.
Me miraban como diciendo:

– Ves cornudo, de lo que no eres capaz de hacer, mira y aprende.

Yo veía como gozaba ella, mi mujer, me parece que nunca disfruta tanto conmigo, se mamaba ese pollón que por momentos se agigantaba, ella ni apreciaba ya el tamaño porque su boca se expandía que parecía un chicle, era del todo adaptable al grosor que se engullía por segundos.
Le miré las tetas y los pesones, y aunque ni se los tocaba, los tenía gordos y excitados.
La observé entre las piernas, y su concha peluda, brillaba y chorreba del placer.
Luego el macho la agarró y la puso boca arriba en el sofá:

-Aprende cornudo a follar a tu mujer, o tendré que hacerlo yo más veces.

yo volví a a no decir nada, se puso encima y la montó como a una perra, como a una yegua, disfrutaban los dos.

– Agggggsss, dame más mi amor. -decía mi mujer

Todo era dedicado a él y mi pene se endurecía de verlo. No quiero seguir para no perder el tiempo en cosas minúsculas. El caso es que él la lefó, la lechó entera, por toda la cara, por todo el coño peludo. Se lo derramó entero.

– Gracias- le dijo mi mujer agradecida.

Ella nunca me dio a mi las gracias. Pero si a él.

 

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