Matrimonio en el campo con fotos pilladas en la pomada

Matrimonio en el campo con fotos pilladas en la pomada

Mi esposo es más joven que yo. Tengo la suerte o no, de que sea unos años menor que yo, así que me lo paso en grande con él, sobre todo por su inocencia y juventud. Yo tengo 47 años, una mujer muy normal, y unos quince años nos separan: pero nos une el sexo.
Desde que estoy con él, estoy en otro planeta, en Marte o Júpiter, cuando intimamos. Nada tiene que ver con mis aburridos amigos o amantes, que tenía hasta entonces. Hombres de mi edad, superando los cuarenta, que no me ponían caliente ni me excitaban, ni penetraban. Y lo peor de todo, que no aguantaban ni un asalto.

Un hombre joven, un esposo para mi coño sediento y deseoso

A mí, desde jovencita, siempre me han gustado los achuchones en los colchones, es decir, que no soy una monjita de clausura en la cama. Desde hace tiempo me gustan los hombres que lleven la batuta en la cama, que dominen en cierta manera. Un Luis Cobos del sexo. Pero nunca encontré a ninguno de ellos. He tenido que recurrir a relatos, videos porno, imaginaciones, y todo tipo de perversiones mentales a las que una madura, puede alcanzar.
Ahora todo es diferente.
El otro día salimos con el coche a dar una vuelta y él me dijo sin más:

-Vamos a parar un poco, agarra algún caminito de campo y vamos a ver qué encontramos.

Yo iba conduciendo, él no sabe conducir, le dan miedo los coches, no los chochos, así que me salí de la carretera principal y nos fuimos por una secundaria. Cuando estaba conduciendo, ya solitarios y sin coches alrededor, él me iba tocando por debajo del vestido de verano que llevaba. Me estaba poniendo cachonda.

Cachonda en el coche conduciendo, sobada y empapada

-Te gusta?-me preguntaba
-Mmmmmm, sí…- era lo justo que podía decir, conduciendo y sobada cerca de la raja, mis palabras eran menos que las de un muñeco de cera.

Acercó su mano y sus impacientes dedos grandes, tiene las manos grandes como las de un piloto de Airbus A380, las aproximó a mi caliente entrepierna. Uf, todo un vendaval y ventarrón de gusto, recorrió mi hambriento conejón. Mi Bugs Bunny sin zanaroria. Estaba calentísima, los dos solos en el campo, y sobada mientras conducía. Le miré el paquete y lo vi abultado.

-¿Quieres que paremos?- le dije yo, me salió del alma, lo necesitaba.

En 1 minuto, estábamos parados, estacionados, él tenía parada otra cosa. Me desnudó por completo. Su verga estaba durísima ese día. Le masturbé dentro del coche, le empecé a pajear y mi panocha comenzó a mojar.

-Cógeme, lo necesito, me tienes muy caliente- le dije

Me sacó del coche, del auto y me echó encima del capo, de la parte delantera, me pude notar vulnerable, débil, delicada, frágil como un paquete de jarrones chinos con transporte del barato, desválida. Pero lo tenía detrás y eso me daba seguridad y confianza.
Pronto noté como me buscaba con su verga grande y dura, como perdida en los grandes almacenes el día de Reyes, buscando el regalo que se agota. Pero lo percibí, seguro de sí mismo; la madura y esposa tan decidida que tenía delante, se venía abajo por microsengundos. Pero me gustaba. Me enrabietada de placer ser suya en los prados verdes. Toda una putalocura de placer, dicha y recreo. Aún no me lo creo. Y me dejé hacer, como una vaca deja que el toro la empitone, porque a él, le sale de los cojones.