Los dominios femeninos (I)

Los dominios femeninos (I)

Opinión “Los dominios femeninos (I)” de Caminante en relación con el relato “Cuánto debe durar el sexo”, a continuación:

Los dominios femeninos. No hablo de dominación en el sentido de ejercer ese poder sobre el hombre, aunque los hay y en los dos sentidos, pero esa no es la senda en la que me muevo. No, hablo de una de sus posesiones mágicas, SENSIBILIDAD. Importante palabra que define un sentir muy alejado del masculino, en ellas está la esencia de la vida.

Yo siempre he dicho que son diosas, tienen el poder de concebir vida y eso debería ser suficiente para tenerlas y tratarlas con respeto. Si retrocedemos en la historia del mundo, y tan solo voy a mencionar dos épocas muy distantes entre sí, la medida del tiempo es incorrecta, es decir la que tenemos en la actualidad, el mundo no tiene 2019 años, ni muchos miles de años, ¿Qué es un año?, las cuatro estaciones no han existido siempre, por tanto pienso que la unidad de tiempo es imprecisa y no disponemos de los conocimientos suficientes para acercarnos.

En el remoto tiempo de las cavernas. Las tribus se enfrentaban por el dominio del lugar, y capturar mujeres, ese era el objetivo, supervivencia, las enfermedades eran letales. Saltemos a la reconquista, lo digo por una frase que tenían los señores, no hablo de los caballeros. Hablo de esos que disponían de una casa y terrenos, cuando huían del moro, decían que sus bienes eran los vientres de sus mujeres y las bestias de carga, ya que era la posesión más valiosa, los moros pensaban lo mismo.

Recta final de ese año, quizá uno de los mejores de mi vida.

La comida de empresa, todos los años suele hacerlo a primeros de diciembre, y se hizo en un restaurante cercano, caro para mi juicio de valor, pero el STAFF no me consultaba. Yo entonces llevaba cinco años en la empresa y además pisaba fuerte, el puesto que tenía era de máxima responsabilidad, un error mío en la documentación, suponía la pérdida del trabajo de la central, las leyes de contratos del estado no perdonan el error en una coma o punto.

Precisamente basándome en ese detalle, cumplí una venganza, llevada a cabo con minuciosidad, precisamente fue el detalle para conseguir ese puesto de trabajo, sin embargo esa venganza rumiada y pensada durante varios años, me produjo el efecto contrario, lejos de sentirme bien, me produjo un total desprecio hacia mi persona, esos hijos de la mierda, que tanto daño me hacían por la espalda, triunfaban y la justicia natural se me puso en contra, ya lo contaré.

Han pasado varios años y mi arrepentimiento no sirve de nada, no tengo paz interior, he traicionado mis principios y eso no hay forma de arreglarlo, me arrastro. Claro que en este tema hablar de religión, parece que no tiene que ver, pero si y precisamente este fue la causa, buscaba el perdón.

Situación real. Todos en el comedor asignado a mi empresa, casi todos han empezado a beber, vino, cerveza y los más.., no sé cómo llamarles Coca-Cola, yo pedí vino, y bajé al servicio a lavarme las manos, y al salir, voy detrás de tres tías de otra empresa del mismo edificio, precisamente el director de esa compañía de seguros me odiaba, aparcaba en el garaje del edificio sin tener plaza, yo había sobornado al portero, abría el edificio a las 07:00 am y a cambio me dejaba aparcar en el paso de peatones, le molesto un poco a su carísimo coche.

Las miraba con atención, comparando el movimiento sinuoso de las tres caderas subiendo las escaleras, pensaba a las tres cubiertas con velos, y sorpresa, un crack y la que iba en el centro se me viene encima, la sujeto y casi rodamos por la escalera, el fino tacón de uno de sus zapatos se había soltado, mi cuerpo hizo de colchón.

En mis brazos la tía, nos miramos con la cabeza al revés, ella con agradecimiento, algo enrojecida debido al contacto de nuestros cuerpos, sonrío debido al contacto, fina seda que mis manos me informaron de su piel, recompuesta la ropa en mitad de la escalera, me agasajaron de forma excesiva, y vi el horizonte vertical, dicho de otra forma, la puerta de escape, no quería comer con enemigos, los hago sin querer y sin hacerles nada, tan solo con mi forma de ser.

La ayudo a llegar a su mesa y le digo que puedo solucionar temporalmente su zapato y me lo llevo, me cruzo con mi jefe en el pasillo de los comedores, se sorprende verme con un zapato de tacón fino en mi mano, y me pregunta si es de Cenicienta, miento, le digo que es de una amiga que trabaja en el mismo edificio y que puedo hacerle un arreglo que la permita llegar a su casa.

Sabía de antemano que no iba a comer con ellos, pero mi jefe me debe mucho y por eso no dijo nada y me enteré tres días después, que sacó la cara por mí, nuevos clavos en mi féretro por no asistir, pero me daba igual, tenía 22 años recién cumplidos, no dije que soy sagitario, no era capaz de verme, me perdía mi insolencia debido a que no fallaba, y además soy adicto al trabajo, eso sí les gusta.

En mi sitio cogí la súper grapadora que tenía, es de mi propiedad no de la empresa, hay veces que las normales no sirven, la grapa era grande y sujeté el tacón del zapato de CENICIENTA, utilicé la denominación que le había dado mi jefe. Parecía seguro, bajé al restaurante, y en su comedor miradas expectantes, fuimos el centro de todas las miradas y murmullos.

Recordé el cuento, y le dije empleando un tono de voz normal, que mi rey buscaba a la dama que había roto el zapato de piel de cenicienta, en el siglo XXI actualmente desaparecida y arrodillado le puse el zapato a cenicienta.

Hubo risas y fotos, cenicienta me miraba levemente turbada, éramos el centro de las miradas de sus compañeros y el gran jefe nos fulminaba con la mirada, además cenicienta me proporcionó cierta gratificación para mis sentidos, pude ver la sombra del final de sus muslos al separar levemente las piernas y facilitar la puesta de su zapato..
Y un camarero puso una copa cerca de mi cabeza, la medió de vino tinto, por cierto estaba bastante bien, aunque no me la bebí del todo, pensaba escapar en cuanto pasara el tiempo prudencial. Y cenicienta me preguntó dónde estaba mi empresa, se lo dije pero añadí que pensaba escapar, aquello era un campo de batalla, estaba harto de mucha gente. Seguía arrodillado y ella con la misma postura, me alimentaba de ella.

Su mirada fue pensativa o calculadora, indescifrable para mí, bebí otro pequeño sorbo y la dejé junto a otra copa, su copa por lo que vi ya que se la bebió de un trago y me pregunta en voz baja que si la llevo a su casa, opinaba como yo de la comida de empresa, así que haciéndose la coja fuimos a la mesa de presidencia y se excusó, que le dolía mucho el tobillo, incluso dijo que iría a urgencias.

El mandamás no la miraba, yo era el centro de su arsenal, y aprovechó para dejarme en ridículo delante de su gente, yo estoicamente mantuve la posición, sujetaba del brazo a cenicienta y el suave contacto de la seda, distrajo la atención del bocazas, ya que eso enturbió la comida, días posteriores fui blanco de miradas atravesadas del personal de la compañía de seguros, el tipo lo pagó con ellos, él sabía que pensaba, pero no sabía cuál era el pensamiento de ella.

En el coche se sentó de forma descuidada, podía ver una parte generosa de sus muslos, pero en la medida justa, además adoptó una postura que me encantó, la rodilla derecha doblada se apoyaba en la puerta, lo cual mostraba cierto erotismo en cuanto a toda su geografía, se dio cuenta del vuelo de observación de mi mirada y movió ficha. Se acomodó más mirándome de reojo, sonreí procurando no babear.

Llegando a su barrio, que no estaba lejos, zona este de la M-30, barrio alto para más detalle, me dijo aparcara en la calle que rodeaba un parque, cerca de una pasarela que cruzaba la M-30, zona apenas transitada y ella se incorporó moviendo la llave, detuvo el motor, me miró acercando su rostro al mío y me dijo que ella apenas bebía y que lo había hecho debido a que yo había bebido.

Y sin más cogió mi cabeza y unió nuestros labios, su lengua se introdujo en el interior de mi boca, y asombrado me llené de dudas, pero refrené la opinión que empezaba a dibujarse en mi mente, mientras respondí al beso, pasé mi brazo derecho entre su cuello y el respaldo, la atraje hacia mi quedando en una posición estudiada arrebatándola la iniciativa, su cabeza se apoyaba en mi costado y el beso se prolongó, de ir deprisa nos fuimos refrenando lentamente y mejorando la postura y sensaciones.

CONQUISTA. Aproximación permitida por sus señales. Entrar en su aura con respeto y procurar mantener esa frontera abierta.

MEMORIA, ENSEÑANZAS DE MIS MUJERES.
Base de datos de mi exjefa de contabilidad, me enseñó la actitud que debo tener en lo primero de lo primero, con una desconocida, pero que mi instinto la asigne una marca. Ese signo tiene su significado. Primero que seamos aceptados por nuestros cuerpos y no vea señales de rechazo por algún detalle y el beso, quise decir los besos, son el primer peldaño de la escalera al cielo.

CENICIENTA.
Separamos nuestros labios para respirar un poco, la temperatura había empezado a subir, por tanto bajamos un poco los dos cristales y el aire enfrío ligeramente la temperatura, ambos transpirábamos lo suficiente como para mostrar humedad en nuestra ropa.

Me dijo que había bebido vino debido a que yo lo había hecho, y que pensaba besarme cuanto antes, y ¿Qué lo justificaba?, primero el daño que se hubiera hecho al caer de espaldas, podía haber muerto y segundo al beber los dos no se notaría, de la otra forma sí y que estaba en deuda conmigo.

Ajusté mi postura acercando más mi cuerpo, podía ver el nacimiento de sus pechos y la forma de sus pezones, iba a seguir hablando cuando la tapé los labios con los míos, de nuevo su lengua entró en mi boca y empujó con los hombros, soltó aire por la nariz y pude ver como se le erizaba los poros, pensé en la suave brisa que entraba por su lado, pero no, su movimiento me dijo que no, ya que movió su postura y su pierna derecha la pasó por encima de las mías, mis rodillas juntas sujetaban su cuerpo y si escuché lejos la sombra de un gemido reprimido.

Murmuraba algo indescriptible, y mi mano izquierda sujetó su muslo derecho por debajo, ella se apretó más y abriendo la boca respiró, estaba acelerada y le di tiempo. Aunque teníamos las bocas abiertas, el aire entraba y salía, y con la voz entrecortada me dijo que era genial. Mis maestras fueron recordadas con respeto.

Encima de su labio superior se habían formado finas gotitas de sudor, que limpié con mi lengua, ella sonrió y aproveché para adentrarme en su territorio, le dije que me gustaba el sabor de su boca y transpiración, que me gustaría beber más.

Sonrió levemente sonrojada, y acomodándose mejor con su mano derecha aflojó el nudo de la corbata, luego desabrochó cuatro botones de la camisa y finalmente introdujo su mano abierta en mi pecho, me miró expectante, me pasaba la iniciativa. De nuevo me introduje en su boca, ella gimió aceptándome, parecía no haber tenido lo suficiente, me había atrapado y no quería que se rompiera la magia, nuestras auras hablaban.

Su mano abierta se arrastró pegada a mí piel, hacia mi costado izquierdo, y a mi espalda, allí se mostró, sus uñas rozaron el costado casi en la espalda. Sentí un destello que me cegó, cerré los ojos sintiendo como alto voltaje partía de su roce, porque solo rozaba mi piel con sus uñas, y al sentir mi respuesta cerró los dedos, me apresaba, no, mi mente me dijo que estaba tomando posesión de mí, y allí empezaba.

Su brazo izquierdo estaba entre los dos cuerpos y pudo percibir que empezaba a ponerme en marcha, movió su mano en ese lugar, me decía que se daba por enterada. El beso continuaba y ya nuestras respiraciones estaba muy alteradas y despacio separamos nuestras bocas, su rostro estaba enrojecido y sonriendo me dijo que nuestros cuerpos hablaban por sí mismos.

Mirándome a los ojos detalló nuestras reacciones, su mano presionó un poco la dureza mí pene ocultaba, argumentos suficientes para cambiar de decorado. Pero nuestros estómagos no estaban de acuerdo, gruñían reclamando comida, por tanto arreglamos nuestra ropa y sujetándola fuimos a su casa, dos calles más adelante.

Se puso otros zapatos sin preocuparse de la visitón que me proporciona sus piernas separadas, preguntó que prefería, comer algo o seguir el curso de nuestras naturalezas, respondí que ella tenía el mando, estábamos en su casa, dijo que a comer. De nuevo allí o en la calle, nuevamente la señalé, fue allí y comimos en silencio, solo nos mirábamos de forma continuada, tenía unos canapés excelentes y el vino era regalo de la empresa, les daba cesta por navidad, y sorpresa, no dejaba de sorprenderme con sus iniciativas, ya que en un momento de la comida, cambió su copa por la mía, bebiendo por la señal que había dejado.

Ante mi gesto, se acercó hasta que su boca estuvo cerca de mi oído, me dijo empleando cierta entonación sensual, que no creía en la suerte, que el destino de las personas está escrito hagamos lo que hagamos.

Giré la cabeza de nuevo sus labios atrajeron mi mirada, sonrió diciendo que termináramos de comer, que era lo acordado. Fue al frigorífico volviendo con una pequeña fuente de cristal, en su interior frutas exóticas, bañadas en un líquido verdoso, era zumo de kiwi, y otra vez sorpresa, se sentó en mis piernas dándome de comer, una cucharada para mí y otra para ella, hasta que se terminó.

Allí mismo se agachó quitándome los zapatos, lo había hecho agachada de cuclillas, mi mente captó la erótica de la postura, mi diccionario sexual se incrementó, fue y es la postura más sexy que veo en las mujeres. Ella sonrió halagada cuando se lo dije, me gané que separa las rodillas, se sonrojó levemente pero mantuvo la postura, fue cuando empecé a pensar que ensayaba conmigo.

A su lado la puse en pie, me arrodillé delante de ella diciéndola que separa las piernas, y mis manos le fueron bajando las bragas hasta quitárselas, colaboró elevando cada pierna. Yo arrodillado y ella mirándome desde su superior posición, nuevamente esa sonrisa enigmática.

Pregunté por sus sentidos, y en qué estado se encontraba, su sonrisa se borró de sus labios lentamente a la vez que respondió diciendo que estaba mojada, que sudaba a mares y que el tiempo se había terminado, tiró de mi pelo para que me pusiera en pie y me llevó hacia el pasillo, y en su dormitorio me empujó a la cama, se me quedó mirando aunque no supe descifrarla. Se desnudó despacio, después hizo lo mismo conmigo, me empujó quedando sentado en la cama, arrodillándose se situó entre ellas, quedé acostado mirando al techo.

Me dijo que estaba en deuda conmigo, levemente me incorporé negando con la cabeza y me abstuve de preguntar algo que podía molestarla, pensaba si estaba pagando la factura de supervivencia, pero era muy inteligente, yo siempre he sido un libro abierto, me dijo que nada de agradecimiento, que cuando vio mi gesto en las escaleras y el calor que sintió de mis manos en su espalda vio un mensaje. No dije nada, su mirada me tenía esclavizado.

Añadió que en la caída, otro la hubiera sujetado por el trasero, con descaro y yo no, fui consciente de como sujetarla y eso cuenta. Y por otro lado mi talante, mis ojos, que miro de frente, ella ignoraba lo peor de mí, siempre digo lo que pienso y eso me pierde. Y como decía antes, leía en mí sin dificultad alguna. Dijo que antes de continuar, quería saber que pensaba de ella, tenía el camino abierto para echarla un polvo.

Me incorporé tirando de su brazo y sentándola a mi lado, le dije que se tapara con algo, su mirada relampagueó, fue un destello de sorpresa. Y recostándose sacó de debajo de la almohada un salto de cama, poco podía hacer, era transparente. Se lo eché por encima pero su mirada seguí igual, con cierto tonillo de estupor preguntó si es que no le gustaba.
Nos acostamos, con la sábana cubrí su cuerpo y me recosté a su lado mirándola. Le dije que no me debía nada, aunque tuviera razón y hubiera muerto en la caída. Respondió que la estaba confundiendo y más como se encontraba en esos momentos, que estaba desconcertada, corté sus palabras uniendo mis labios a los suyos, removió su cuerpo pasando su brazo por mi cuello, de nuevo estuve dentro de su boca, esta vez el beso fue corto.

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