La tía Marie y su sobrino Antuán en sexshop París

La tía Marie y su sobrino Antuán en sexshop París

Ese día, la tía Marie, rubia y francesa y de porte presencial serio, se había llevado al sexshop Paris a su sobrino Antuán. No estaba lejos de su casa. Su sobrino, que no era la primera vez que ya había estado en un sex shop no rechazó la invitación.
Marie siempre ha sido una mujer liberal y desenvuelta, sin marido, no casada nunca, ha vivido la vida plenamente, y ahora su sobrino, está solo en la ciudad. En París y sin ningún guía en ese lugar, Antuán que vivía y vive en La Haya, en Holanda, los Países Bajos, ha decidido ir a pasar unos días con su tía solitaria. Una veterana dorada enamoradiza.
Viven y comen juntos durante estos días, ambos solos, ya que él no tiene padres, por circunstancias ajenas que ahora no conviene ni mencionar, ambos se están haciendo compañía. Van a comprar, van al parque a ver las palomas comer y ¡cómo no!, disfrutan de los placeres de la vida. Del hedonismo epicureísta (de Epicuro, filosofo del placer) en toda su extensión.

Sexshop París fue el lugar de su encuentro incestual

Hasta el día del sexshop todo iba con la normalidad de tía con sobrino, un jovenzuelo más perdido que Espinete en los Globos de Oro. La última vez que acudió, no quedó ni uno sano. Y es por esto que la juventud se deja guiar por la veteranía de esta rubiaza sin par, sin igual, única en su especie, con cara de decir, ven aquí, que te voy a enseñar a escribir. Dame el bolígrafo.
Antúan, avezado, experto, hábil y ducho con las chicas de su edad, no tiene ni puta idea de lo que es una maduraza en estado de gracia. Una veterana con las uñas sin cortar. Una leona sin jaula. La gracia, es la que le hace a ella, cuando se abre como las farmacias de guardia, las 24 horas y por la puerta pequeña.
Es la ventanita por donde te sirven los condones de madrugada, cuando vas a comprar a horas intempestivas, y Antuán ha conocido a la diva, la ha reconocido muy bien estos días.
Ha abierto el pequeño portalón, que Marie, su tía, le ofrece con devoción. Con sus botas negras, su mirada picarona, y con algo de incesto, va, y le dice esto:

-No me mires con disimulo, mírame fijamente.

Le ha dicho ella mientras están delante de las pelis porno. Así que su sobrino, con menos experiencia en veteranas que Popeye mandando un Whatsapp, ha hecho lo que debía. Entrar hasta la cocina de la farmacia de su tía Marie: abierta hasta el amanecer.

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