La entrevista de trabajo X (1ª parte)

La entrevista de trabajo X (1ª parte)

Corría el año 1953 en Boston, América, la tierra de los sueños, de las grandes esperanzas, cada uno hacía lo que podía para prometerse un futuro mejor. El dudubá corría como la pólvora por las calles, era esa música a capela (en italiano “a capella”, que viene de “como en la capilla”, lugar eclesiástico en el que no se podían usar instrumentos, de ahí cantar con la voz, a pelo vamos). (Click para leer Relato. Recomendable. No Virus)

Los chicos negros se reunían a cualquier hora, por las calles de Manhattan, Bronx o cualquier otro distrito, y cantaban a coro, aquellas memorables canciones.

Las chicas se pavoneaban en sus coches de los años 50, década puntera en el desarrollo de la industria automovilística americana: Ford, General Motors y Chrysler eran los “tres grandes”, cumplían el sueño americano, bonitos y lujosos coches bajos, como aquel precioso de” Starsky y Hutch”, de todos los colores: rojos, verdes, amarillos. Y ellas en grupo, pintaditas, con sus jerseys de lana, en pleno verano con más calor que un mono con gabardina, marcando sus pechos en punta, y mascando chicle, hacían las delicias de todos cuantos las mirábamos. Toda una maravilla. Qué recuerdos!

Una madura dulce para una entrevista de trabajo

Y yo, yo no tenía ni puta idea de qué hacer con mi jodida vida, mi porvenir a mis 19 años recién cumplidos era más incierto que el de Pinocho en un test de inteligencia. Decían que era un jodido genio de las matemáticas solo porque me pillaron resolviendo un problema alfageonúmerico de cuarto curso universitario que nadie había podido solucionar. Los jodidos universitarios niños de papa que estudiaban por aquel entonces, no lo habían resuelto, no habían podido con él, y se mantenía intacto en la pizarra, en el encerado del pasillo de la universidad. Y yo, un limpia suelos de facultad, de universidad, en la tangente de la medianoche, lo había resuelto a la perfección, con la punta del nabo. Me pillaron solucionándolo, y aquí estoy, en una entrevista de trabajo a la que me han forzado venir, por genio, para la agencia de seguridad nacional; y lo cierto es que tengo menos ganas de trabajar que un parado con incapacidad infinita.

Oficinas Maduras

Una oficina en la planta 44 por lo menos, subí, y qué me encontré, en vez de encontrarme a un tipo serio con menos ganas de hablar que la máquina del café, me recibe, una tía despampanante, gafitas, medio rubia, una maduraza de ver, tocar y mojar. Con su lápiz o su bolígrafo no sé que cojones era, acariciando sus dulces y rosados labios, que ya no sé si se los estaba perfilando, o lo usaba como sustituto mamatorio. Con su buena fragancia de perfume que adornaba todo el despacho, ya que detecté un olor a hembra inconfundible, que solo las grandes mentes del sexo pueden reconocer. Y para remate, un escote, un canalillo que ni el de Suez, bueno, yo era un genio, ella había venido a mí en definitiva:

– Hola, Will, ya sabes para que estás aquí, no?- me dijo ella, con aspecto, serio, adusto y emergente.

En ese momento, se me cayeron todas las fórmulas y números de la cabeza, y otra cabeza, mucho más simplona, la rojita y colorada, menos pensante y nada estructurada, empezó a emerger y a subir, subir y subir.

Seguirá….Versión X, “El indomable Will Hunting”
Recomendable: música para leer texto “The Moonglows – Sincerely” . Click Play

Jefa desnuda en oficina

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