He cambiado a mi marido por Jennifer

He cambiado a mi marido por Jennifer

Desde que me separé mi vida ha cambiado y mucho. Aburrida y sumida en la monotonía diaria y semanal, mi esposo ya no tenía nada que hacer conmigo. He sido siempre rebelde ya desde jovencita, y cuando me casé, yo me preguntaba si Fernando, mi exmarido,  me iba a poder controlar y apaciguar y calmar. Pero fue imposible, sigo indómita, indomable como siempre.
El mundo está apasionante como nunca y terrible como siempre, y yo soy terrible como me sale del coño, perdón, es que hablo muy mal y no lo puedo remediar, se lo puedo asegurar. Divorciada finalmente, ¡menos mal!, el 70 por ciento de los matrimonios acaban separados, ¿para qué cojones se casarán?. Pues yo misma me casé, para qué?, para nada, ahora divorciada. Con la etiqueta de casada y ahora divorciada. Pero, qué a gusto estoy ahora.

Me he decantado y personificado en una lesbiana madura

Desde que conocí mi lado más femenino que nunca imaginé soy otra mujer. Siempre me gustaron los chicos, los tíos vamos, he sido si no golfa, un poco desenvuelta, lo que se dice, ligerilla de cascos. Un poco sueltecilla. Bueno, para qué nos vamos a engañar, he sido lo que se ha dicho de toda la vida, un putón verbenero, de los que cierran las ferias, y no con eso a gusto, he acabado siempre en la cama de algún tío caliente, me lo he follado a gusto, y si te he visto no me acuerdo.
Pero, aquellos tiempos ya pasaron. Desde mi nuevo estado de vida, es decir, divorciada, mi lado más femenino ha aflorado. Las flores son las que más me gustan, las flores con buenos vellos púbicos, sí, las mujeres. Mi propio sexo me gusta. Las mujeres, coños, vaginas y tetas para succionar sin parar.
He conocido a una rubita muy bonita, Jennifer, es inglesa, trabaja de camarera aquí en Madrid, para vivir la vida y para aprender español. Aprender español no sé, pero aprender a chupar teta sí que está aprendiendo. Yo, morena, una mujer no muy bella, pero por qué no decirlo, con cara de viciosa empedernida; caliente en la cama y resultona. Los hombres nunca me faltaron pero ahora ya me están sobrando. Donde se ponga el aroma y la esencia de mujer, que se quite una polla sudada excitada. Jennifer me sabe tratar, me sabe llevar, ella lleva los pantalones cuando nos encerramos entre cuatro paredes, hace y deshace.
En conclusión, ella tiene una tranca de plástico que me la mete cuando menos me lo espero, es como la de los hombres, pero con la particularidad que la lleva una linda rubia. Verla con sus tetas semipequeñas y con ese nabo color carne que bien podría llevarlo un corredor de velocidad, me pone malísima. Mi moreno coño la espera cada noche, mi pelo oscuro es para ella, y mis fantasías más retorcidas empequeñecen ante su maliciosa bondad sádica. Qué lindo es saber que me folla mi mujer.

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