En el bosque

En el bosque

Muchas veces en que fui a la playa en mi juventud me encontré en medio del bosque con un chico sordomudo y me llamaba mucho la atención verlo siempre solo en esa zona mientras mis amigos y yo preferíamos estar en la playa aprovechando el mar. Era identificado en el barrio con el apodo de Sambito y en esa fecha debe haber tenido unos 18 años, dos menos que yo. Por su condición no fue al colegio y se crió apartado de todos menos su familia.
Con un amigo comentamos el caso en una oportunidad y el que lo conocía más que yo me contó que era voyerista y no era conveniente juntarse con el porqué había acompañado a la playa a una chica de la población y unos adultos que se dedican a lo mismo la violaron. El no participo pero dejo que lo hicieran.
Cuando supe que era voyerista y permanentemente estaba en esos bosques me imaginé la cantidad de escenas que habría observado y desde ese momento me interese en hacerme su amigo.
Lo empecé a acompañar todas las veces que podía hasta que se dio la oportunidad que buscaba.
Yo había sido violado una vez por un tipo que fue de visita a la casa de unos vecinos y a pesar del dolor que me provocó la penetración de su verga, pasado un tiempo deseaba una nueva experiencia pero se me complicaba con quien hacerlo.
Siempre lo encontraba en un lugar donde había un árbol en el cual el trepaba y lograba una buena panorámica a una larga distancia.
Cuando se dio la oportunidad recuerdo que el bajo del árbol y me hizo una señal donde había una pareja. Lo acompañé y desde cierta distancia los vimos ya tendidos en el pasto y en un manoseo propio de la iniciación de una cita sexual. Era llamativo y muy sexy ver una pareja muy diferente. El muy mayor, alto y macizo. Ella piel clara un poco tostada por el sol y bajita, cuerpo parejo y gordita. Me acuerdo que pasado un momento de mucho manoseo él la subió sobre su cuerpo y la acomodó de tal manera que parecía que ella le hacía el amor. Su falda subió sola sobre sus piernas y se le hizo cómodo bajarle los calzones. El manoseo era muy intenso tanto de él como de ella.
De un segundo a otro hubo un volteo y ella quedo con las piernas bien apartadas y subidas lista para hacer el amor. El se puso se rodillas, soltó su cinturón y de un golpe bajo su pantalón y calzoncillo quedando a la vista de ella una verga a mi juicio de un gran tamaño. Ella volteó su cabeza a un lado y él en unos segundos la penetró provocándole mucho dolor ya que se quejaba cada vez que le enclavaba su verga. Cuando acabó tomé al Sambito de una mano y lo llevé a un lugar seguro donde estar y una vez ahí cogí su pene por sobre el pantalón y me abrace a él hasta que me di cuenta que quería lo mismo que yo. Enseguida me bajé el pantalón y me tendí en el suelo y el Sambito que sabía lo que tenía que hacer una vez encima abrió mis nalgas y puso su regordeta y cabezuda verga y con mucha fuerza pero lentamente hundió su abultado y extenso pene hasta hacerme sentir sus bolas junto a las mías. Estaba tan excitado que el malestar paso a segundo plano y me hice y lo hice gozar intensamente. Lo repetimos un par de veces y una vez oscureció nos fuimos a la casa yo con un ligero dolorcito pero dispuesto a buscarlo nuevamente.
Una historia sencilla pero real.

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