Asignatura suspendida en la Universidad

Asignatura suspendida en la Universidad

Era la una del mediodía, y he estado dos horas con mi madre en la cama, pero, ¿por qué?.  (Ver Primera Parte). Me había pasado toda la mañana follando con mi progenitora, mi mamá. Una mala jugada, una mala entrada en el lavabo y ella desnuda por completo. Y he cometido un error. Follar en familia. Pero si yo a las diez ya estaba listo para cumplir con mis deberes, con mi colonia barata y mi peinado para un lado, y con mi cara agilipollada de universitario novato; y de repente, de repente, me veo fuera de mí mismo, ausente, extravagante y despersonalizado por completo. A veces en la vida un solo instante cambia el devenir del porvenir. Y esta mañana había ocurrido. Una mala entrada en el baño, un inocente:
-Pasa Quique, que no te oigo nada- me dijo mientras se duchaba.
Y tras este imperativo y orden maternal, para desayunar, me dio el aperitivo. Madre española con muchas ganas. Y todo ha desembocado en una follada descomunal. Incestual y familiar. Al verla desnuda y con ese descaro, me he rendido a su desenfreno. A su coño mojado y su aliento cercano. Nunca había sentido, pero nunca, tanto gusto metiéndola. Y eso que follo menos que los Ropper. Solo me hago manolas con vídeos de tetonas. Aún tengo sus lolas en mi cara y su gusto en mi polla. Y llego tarde.

Lourdes, mi fiel compañera universitaria catalana

– ¿Qué pasa dónde estabas?- Oigo una voz de regaño e incluso increpante que no sé de dónde cojones procede, estoy todavía aturdido del mete y saca. Y esa voz, ahora sí la reconozco, dulce e inofensiva, pero hiriente y femenina.
– Hombre Lourdes, pues…sí, me he dormido, y es tarde la verdad- le dije, por decir algo, ese “hombre” de sorpresa, me salía como acto reflejo, pero ella es una chica, no estaba bien sorprenderme y no controlar mi vocabulario.
-¿Tarde?, ja, ja, ja…pero si es la una, tontorrón, ya para eso te podías haber quedado en casa- me dijo al compás de una risa displicente y descortés, pero muy amigable. Ella nunca me haría daño o diría algo que me pudiera ofender. Yo la dejaba hacer. Que se creyera que era una mujer adulta, ante este bigotito cebolla universitario.

Y eso mismo estaba pensando yo. Me podía haber quedado en casa, seguir besando esos labios carnosos, y metiendo mi falo enrabietado en el agujero más soñado, más deseado, en lugar prohibido, con mi tronco bien fornido. Tu mirada y mi mirada, repitiendo, más adentro, más adentro. Claro que sí.

-Es verdad Lourdes, tienes razón, me tenía que haber quedado en casa, allí calentito se está muy bien.
-Anda, que ya te vale, calentito, así cualquiera. No se puede estar siempre sin hacer nada, durmiendo ahí arropado, mira yo, desde las ocho por aquí.
-Ya, pero estaba bien en la cama, con mi bolsa de agua y soñando en qué se yo, ya ni mi acuerdo.
-Bolsa de agua?, soñando?…Eres un niñato, a ver si espabilas, anda, vamos a clase, que aún nos da tiempo, Matrices y Vectores.- me dijo Lourdes, mientras me cogía la mano como una colegiala, que te lleva a ver un secreto; mis dedos aún cálidos por los achuchones y arrumacos de antes, se fundían con su dedos más pequeños y zalameros.
¡Matrices!, había tenido la matriz de mi mamá pegada a mi bigote cebolla, como ella cariñosamente me dice, aún tengo olor en mi nariz de sus flujos vagináceos. MATRIZ, qué bonita palabra cuando es bien entendida. Ahí me desarrollé yo, y un feto salió.

Decrece mi pasión por las matemáticas en la librería

Y por la tarde dos palos más, Introducción al Cálculo Diferencial y Aritmética, casi nada. Las matemáticas siempre fueron mi pasión, pero la realidad ha sido otra. No me gusta nada. No sé si acabaré ni el primer año.
Lo mejor de todo Lourdes, una amiga que ya conocía del instituto y que hemos coincidido aquí, es mi apoyo y mi compañera. Sencilla, tierna y sincera. Mi caramelo de fresa. Vamos a comer, a tomar el café, a la cantina, me pasa algunos apuntes, en fin, que nos hemos unido mucho más. Y ahora me habla con tanta cercanía, que casi la confundo, con esa hermana que nunca tuve.

Ella es muy maja, bonita de cara, morenita o castaña, no sabría precisar, bien formada, bonitos pechos, pues parecidos a los de madre, y muy picarona. Mandona y femenina. Risueña y con olor a chicle de fresa.
Lleva las riendas cuando estamos juntos. Yo le dejo. O la dejo. Le gusta vestir pantalones vaqueros y jersey muy poco. Quiero decir, muy poca ropa de jersey. Provocativa puede ser, pero de momento solo para mí.

– Los tíos me dan asco, son todos unos salidos- es su frase preferida.

Así que hasta aquí puedo decir hoy. Esta tarde hemos entrado en la librería de la Universidad, ella ha cogido un libro que le gusta mucho “Los Pilares de la Tierra” de Ken Follett, apasionada por las novelas históricas de la Edad Media, y no sé que era más bonito: si el libro, ella o Ella. (ver 5ªparte)

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