8 – La niebla de la guerra.

8 – La niebla de la guerra.

Me dejó en otro aparcamiento, los de larga duración como en los aeropuertos. Me explicó cómo funcionaba el robot, tuvo que registrar mi voz, huellas de los diez dedos, con guasa dije que tenía diez dedos más, el descerebrado me miró sorprendido, le faltaba sentido del humor.

No miré nada, me senté en el asiento trasero, tenía que cavilar, aunque no me dejaron. Entró un coche de alta gama, la conductora detuvo el coche mirándome, tuvo gracia.

– ¿Eres un ladrón?

Tono tranquilo, diría que despejado. Mi respuesta fue el silencio, indiferente silencio.

– ¿Quién eres?
Preguntó la mujer gorda.
– El semental de Isidra y Livia.

Se ríe suavemente. Me mira a los ojos y parpadea dos veces, me dio la sensación de miopía, sin embargo era atrayente esa sensación de ceguera.

– ¡Ya me han comentado!, parece que vas a entrar, mejor dicho a posicionarte en la familia. Sin embargo hay bastante resistencia por tu parte.

A pesar del revoltijo que tenía en el cerebro, debido a la traición, pienso que es lo más maligno del ser humano. La miré detenidamente, ella no desvió la mirada a pesar de mi apatía.

– ¿Puedo saber su fuente de información?, ese informe parece muy actualizado.
– No me des el tratamiento de usted, me haces sentirme mayor. Tengo un mensaje, escueto y es de ayer, parece que se ha llegado a la conclusión, que desconfías de toda la información que te han proporcionado y de todas las mujeres que forman parte de tu pensamiento actual.
Me explico, desde que llegaste con Victoria. Y yo ya formo parte de lo mismo.
– ¿Quién es usted? – Fue mi respuesta.

Dejé de apoyar la cabeza en la parte alta del respaldo incorporándome.

– Mujer, aburrida de mi misma, y mis conocimientos me permiten ser una especie de guía, algo así como lo que mi mente descubre de la tuya.
– ¿Sabe el número que saldrá premiado de la lotería del verano?
Risa cristalina, lenta y suave. Su mirada permanecía sin cambio alguno a pesar de mi burla.
– No seas terco, precisas de ayuda, estás perdido debido a muchas causas que ignoras, pero en tu mente pesan, no consigues ordenarlo, por esa causa no te has marchado, pero tampoco pareces quedarte. Algo así como calentando motores esperando una señal.

Empecé a preocuparme, esta tía sabía más de mí que yo mismo, estaba en poder de la verdad.

– Cuénteme algo muy privado de usted. No importa el tema.
– ¿Para qué?
– Antes de seguir hablando, preciso de esa revelación. Tenga la seguridad que no saldrá de mí. Le tiendo un puente.

Su mirada fue cambiando lentamente, su frente perdió una arruga que se había formado.

– ¿Tema?
– Escójalo usted, mire si necesita alguna opinión de algo importante.
– ¿Del trato te sirve? – Mirada inquisitiva.
– Escoja la reina.
– ¿Me das tratamiento de reina? – Nueva sonrisa, diferente.
– Si señora, le diré que tiene la mirada limpia, sosegada y como anticipó, aburrida, su vida es ambigua.
Más arrugas aparecieron en su frente.
– ¿Qué conflicto tienes conmigo?
– Forma parte de un todo que empezó ayer. Tengo muchas y grandes dudas de la familia y de sus componentes, he observado que están jerarquizados y algunos se lo saltan entrando en cuestiones que no les compete.
– ¿Por ejemplo, yo? – Tono tranquilo.
– No, a usted la comparo con un mar tranquilo, sus olas acarician la arena de la playa.
– Me vas a sonrojar, veo el mensaje, no me eres hostil.
– No señora, no, aunque no sé por dónde cogerla.
– ¿Precisas de tantear mi piel? ¿Te daría detalles de mí?

Esto empezaba a cambiar de color, aunque había algo que no supe descifrar, esta mujer era mi freno y por otro lado, cuanto antes quería alejarme de este lugar.

En ese momento movió su coche, aparcándole en batería en un hueco y anduvo en mi dirección. Paso firme y el movimiento de sus grandes caderas que atrajeron mi mirada. Apoyó los brazos cruzados en la puerta abierta, se inclinó levemente mostrándome el nacimiento de dos pechos, que dejaron de apoyarse en el sujetador de tela fina de color gris claro, escrutando mi mente.

– Veo absurdo los rodeos, aunque tú confusión no te deja ver el bosque ¿Qué quieres saber?, estoy aquí para despejarlas, les interesas por una sola causa, y lo que te voy a decir debe quedar entre nosotros. ¿Puedo confiar en ti?
– ¿Me obliga a algo su información?
– No, no pienses que intento retenerte.
– De acuerdo, aunque no comparto con nadie mis pensamientos, ni tampoco lo que me llega.
– Livia me ha contado los planes que hay contigo, ha utilizado la traición a la familia e incluso ha tenido la mala idea de salpicar a Isidra, pero todo eso es una prueba, la familia le impuso esa misión, saber qué harías, y si tenías precio.
Debí de palidecer, ya que su mirada cambió, y un sudor frío recorrió mi espalda.
– ¿No dices nada?
– Me faltan detalles.

Miré sus pechos, la postura parecía presionarles y estos querer escapar del sujetador, era un potente imán – No sé ni entiendo esta forma de proceder. Pienso que usted no me cuenta toda la verdad, debido a que esto debe quedar entre nosotros, empiezo a pensar que es más de lo mismo, es decir, que usted ha aumentado mis dudas.
– No miento, esto no es una forma de manipulación, y tampoco el que quede entre nosotros. Tan solo se debe a tengo carta blanca contigo, despejar tus dudas con la verdad sin límite. El que no apruebes la traición ha subido tu cotización, Livia es de tu propiedad y la regente lo sabe, ella no se cortó en mencionar detalles. Esa traición no le ha hecho perder nada, por qué es ficción.
– Es precisamente otra de mis dudas. Como el alterar mi vida.
– Lo comentó y es comprensible debido a las sendas por las se mueve, la dije que tuviera cuidado, sobre todo cuando no se conoce a las personas ¿Qué tipo de mujer crees que soy?
– Cautelosa, cálida y con una buena dosis de soñadora. Debe tener el mejor talante del mundo, al despertarse de su sueño.

Me miró fijamente, sus labios se relajaron y un leve rubor bordeando sus mejillas. Tenue sonrisa.

– ¿Me invitas a sentarme a tu lado?
No había perdido mi mirada, cierto rictus infantil. Vi a la niña que vivía en su interior.
– Puede.

Rodeó el coche deprisa, sentándose con las rodillas juntas y el vestido le quedó por debajo de ellas, ajustó su espalda y girada levemente a su derecha, me miró.

– Por los datos que poseo de ti, he meditado y que necesitas tiempo muerto, algo parecido al baloncesto, pero este tiene otro lado, he decidido situarte en tierra de nadie, es decir, ponte al volante y salgamos de la zona, nuestro destino es un complejo turístico donde pediremos de comer, en un lugar que te gustará, lo haremos solos, sé que te molesta la multitud ¿Qué opinas?
– ¿Tiene transfunde?
– Complicado significado. Quieres respuesta del misterio, no tengo poder para ver el futuro próximo. Y si estás en la senda que pienso, hace mucho, mucho tiempo que no me besa un hombre, no dispongo del atractivo suficiente, y de imán aunque sea solo de la mirada, tú me has mirado los pechos, pero de forma indiferente.

– ¿Quiere un cambio experimental? – Dije sin apartar la mirada hacia adelante.
– Define experimental.
– Que vea cambios en mi proceder, pero antes debe consentir.
Su respiración se hizo más intensa.
– ¿No puedes precisar más?
– No, y no tema, ese cambio es sencillo y rápido.
Duda, gesto de duda mirándome, yo seguía con la mirada al frente.
– Hazlo, me guío de la impresión de Livia.

Me giré en su dirección, sujeté con los dedos el vestido en las caderas y tiré de el hacia arriba, el borde quedó subido hasta medio muslo, si movía mi cabeza vería sus bragas y sus enormes muslos juntos. Solté la tela y la miré. Ella había seguido mis movimientos inmóvil, cuando terminé me miró, nuestras cabezas estaban muy cerca, la miré enarcando las cejas, preguntaba.

– Sorpresa, sí, estoy francamente sorprendida ¿y……?
– ¿Y qué? – Pregunté.
– Estoy insegura ¿Es una forma rápida de tentación?
– No, forma rápida de excitación es esta.

Pegué mis labios a los suyos, pero juntos como ella los tenía, y la experiencia me ha demostrado que espere resultados, ya que ella debe responder y en tan poco tiempo no se aprecia si está receptiva o no, tan solo tuve un dato, el tiempo que llevaba sin que la besara un hombre, pudo serlo o no la mentira siempre está latente, hasta puede ser todo lo contrario, pero separó sus labios, tragó saliva y entré en su boca, de una forma suave.

Ella se recostó apoyando su cabeza en mi hombro izquierdo, me dejaba libertad de movimientos, tanto a mi mano derecha como a la cabeza, y siempre he prolongado el beso, hasta que su respiración se hizo anhelante, era la señal.

Mi mano derecha terminó de subir el vestido, respondió separando los muslos, y yo aparté el hombro izquierdo recostándola en el asiento, quedó boca arriba con los ojos cerrados, y mi mano izquierda desabrochó botones del vestido hasta que quedó el sujetador a la vista, le bajé los tirantes descubriendo sus pechos, algo caídos pero eso era lo de menos, sus pezones estaban endurecidos, faltaba lo principal, su humedad.

Mi mano estaba entre los dos enormes muslos, solo los rozaba y la mano izquierda abierta, rozaba los dos pezones, su respiración se aceleró, chupetee el pezón izquierdo, ella se removió abriendo los ojos, sonrió y su mano derecha abierta cubrió la cremallera del pantalón, era evidente que buscaba una respuesta, que estaba a medias, no era el lugar adecuado, pareció leer mi pensamiento.

– Mejor imposible, déjame respirar un poco, pero aquí nos pueden ver y hay pequeños, vamos a ese lugar que te dije, podemos comer y follar en privado o follar y luego comer.
Las gordas no follamos todo lo que queremos o podemos.

Fuimos en su coche, el mío llamaría la atención, en mi mente se iban formando nubes oscuras, de nuevo aplazamiento, Isidra empezaba a pesarme, no por ella, sino por lo que estaba ocurriendo y de lógica podía pensar que otras la iban desplazando, fue cuando empecé a pensar si había alguien moviendo estos hilos y empecé a sentirme marioneta.

El complejo estaba a media hora más o menos, conocía todos los trucos y no pasamos por recepción, supuse que era muy conocida o que tenía cuenta, a saber aunque en el fondo me daba lo mismo, podía averiguar que pasaba conmigo y quienes mareaban la perdiz.

El hotel había sido reformado, mantenía presente el pasado y estaba muy modernizado. Y en la habitación no se anduvo con remilgos.

– Tengo una frustración. ¿Puedo?
– ¿Qué tipo de frustración?

Pregunté un poco mosqueado, la tía empezaba a desenmascararse sola. Se mantenía de espaldas al balcón, me mostraba penumbra frontal, sus rasgos ocultos y yo de espaldas a la cama, mis piernas rozaban un asiento que parecía una prolongación de la amplia cama.

– El sexo me da desasosiego. En el estómago es donde se refleja.
– Especifique exactamente qué. Es el momento adecuado para eliminar falsos tabúes y le aseguro que tiene que ver con la impericia de algo.
– No entiendo.
– Cuénteme sus dudas o que le produce ese miedo.
– Soy una mujer de pueblo, y allí el sexo es tabú, nadie habla y todo se mueve de una forma costumbrista y mucha falsedad.
Levanté la mano, entendió.
– ¿Aún es virgen? – Recelo en mi pregunta.
– No, y dejé de serlo de una forma espontánea, ocurrió con un chico más joven, casi se desmaya cuando sacó su pequeño pene, pensaba que la sangre era de él, me estuve riendo un buen rato. Le oculté la verdad, y tampoco fue como pensaba, ese tipo no se enteró de nada, y yo pensé que la vida era así de simple, no sabía que era la sensibilidad y en la vida hay muchas ocasiones que es necesaria, como en estos momentos.

No dije nada, no era directa, daba rodeo.

– Te explicaré algo artificial, normal que suele ocurrir en la vida. Tenía una avería importante en casa, cuando llovía mucho la luz parpadeaba y el electricista dijo que la instalación era muy antigua, mi abuela nació allí por tanto no andaba desencaminado.

Cambió la instalación sin yo pedirle antes presupuesto, y me produjo sofoco la factura. El electricista tenía un ayudante, y cuando les dije que no disponía de ese dinero, cruzaron una extraña mirada entre ellos.

El electricista era un tipo de unos cuarenta, quizá más joven soy muy mala calculando edades y el ayudante unos veinte, aunque pudiera ser más joven por lo que le ocurrió.

Hizo una pausa, empezó a desnudarse despacio, carente de erotismo, mostró su incultura en un sentido, en otro no, pero ella no se había dado cuenta de un detalle.
La sombra, que era ella.

La luz difusa del balcón y los visillos, en su conjunto, producían en efecto brillante en torno su figura. Y su movimiento, parecía que dejaba en libertad a su erotismo, sin saberlo.

– El electricista dijo que sexo, y que evaluaría la cantidad unitaria por polvo. Y el ayudante haría lo mismo, aunque reconoció que era novato y que su precio sería inferior, ella sería el campo de entrenamiento y tuve que mostrarles mi cuerpo, el electricista ordenó al ayudante que me desnudara, el chico muy cortado y acalorado no sabía qué hacer.

Le fui indicando paso a paso, y cuando estuve desnuda me dijo que me acostara en la cama, luego le dijo al chico que empezara a cobrar su recibo.

Estaba muy nervioso, les dije que ellos me indicaran que tenía que hacer, primero que excitara al chico, cogí en mi mano su pene y el chico temblaba, su respiración era exagerada, y le pregunté si era la primera vez, el negó con la cabeza, pero yo sabía que no me le metería y cuando retiré el prepucio el chico se corrió en mi mano.

El electricista le echó de mala forma, se desnudó y acostándose a mi lado dijo que empezara. Pregunté que le gustaría, que era sexo a la carta. Dijo que unas chupaditas como entrante, y si le gustó aunque yo sabía que era una chapuza, el ignoraba los puntos clave del pene, eso me dijo que poco sabía, este era de entrar y salir, por tanto le di coba, su pene estaba endurecido y le pregunté si me le metía ya, movió la cabeza y dijo que yo hiciera lo que quisiera.

Me subí encima y fui colocando el pene en la entrada de la vagina, pero cuando me rozaba los labios mayores me detuve, le dije que eso más tarde, que la erección de su pene no estaba completada, por tanto él debía de chuparme le clítoris.

Puso cara de póker, preguntó qué era eso, tuve que aguantarme la carcajada, me trasladé por encima de su cuerpo hasta llegar a su cabeza. Me separé los labios de la vulva y le señalé el clítoris, y sujetándome al cabecero puse la vulva junto a sus labios, y el cogiéndome del culo empezó a lamer el clítoris, era brusco y tuve que frenarle varias veces, y girándome vi que llegaba a su pene, por tanto empecé a pajearle, en realidad era una estrategia.

No olía mal, pero quería saber si era un guarro o no, y pasó lo que sabía que iba a pasar. Moví mi mano despacio, el glande había quedado indefenso cuando retiré el prepucio y mis mano rozaba el glande seco, es una forma de terminar deprisa, y el electricista se corrió de inmediato, se movió como si hubiera un terremoto en el pueblo, lo que me dijo que el tipo no follaba nada de nada.

El quedó inmovilizado jadeando, momento que aproveché para olisquear el semen, y olía normal, y moví la mano, el semen hizo de lubricante, el sujetó mi mano, diciendo que había estado muy bien.

En el fondo me dio pena, volví a la primera posición, la factura era alta, y pensé que mejor era hacer las cosas bien, quien sabe lo que pasaba por su mente y le dije que la primera lección era la más cara, asintió con la cabeza, le expliqué que a todos los hombres le gustaba más meter, incluso al principio, sin excitación previa de la mujer, la de ellos servía.

Puso cara de no entender nada, le dije que ahora íbamos a cambiar de postura, pero que antes se limpiara el semen en el baño, el chico seguía allí escondido pero mirando que hacíamos.

El chico desnudo se acercó titubeando, le dije que se acercara, su erección seguía, le indiqué la postura y tuve que coger su pene y situarle entre los labios y que empujara un poco, que fuera consciente de entrar en la vagina.
De nuevo nervios, tuve que sujetarle y atraerle, lo hice despacio y tuvo un extraño temblor, se corría de nuevo, solo que ahora no tenía semen, quedó encima de mi temblando.

El electricista nos miraba con cara de bobo, aparté al chico y le indiqué el camino. Se posicionó y entró de golpe, le sujeté diciéndole que esperara un poco, que estaba muy nervioso, no se daba cuenta que jadeaba en mi oído, y cuando se calmó le dije de empezar la clase de cómo meter.

El electricista al oído me habló en un tono bajo para que no lo escuchara el ayudante, preguntó el precio de las clases, reconoció que sabía poco.

Acordamos en esa postura, que el 20% polvo. Cinco polvos y la deuda estaría saldada, regateó y al final quedó en seis polvos, tres cada uno, quiso de nuevo regatear, pero le recordé que no me iban a dar placer alguno, que era al revés y a regañadientes aceptó, le dije que cuando termináramos, lo escribiríamos en la factura y firmaríamos, así como que el primer plazo estaba pagado.

Pensé si era un error, él podría enseñar esa factura con las condiciones de pago, no sabía que trascendencia tendría en mi vida en el pueblo.

Esto sirvió de distracción, y fue cuando empecé a moverme, yo tenía que despertar a mis fluidos, ya que estos dos ignorantes no lo habían conseguido, apenas un atisbo, pero no serviría para continuar así que me le quité de encima, dije que ya.

Ambos dos desnudos y sus penes medio erectos me miraban expectantes, no sabía que ocurría, por tanto los llevé al baño.

Al chico le dije que se sentara en el bidet, ambos dos cruzaron una mirada interrogante, y con agua caliente y gel en mis manos le limpié el pene. Después con una esponja nueva, con el mismo gel, le limpié el ano, de nuevo se volvió mirándose, y con dos toallas de bidet le sequé cada una de las partes.

El electricista siguió el mismo camino que el ayudante, solo que a este cuando tenía el pene enjabonado con el gel, levente moví mi mano, fue la sombra inicial de una paja de forma encubierta, él se removió abriendo mucho los ojos, le dije que también servía para eso aparte de limpiar. Lo mismo hice con su ano y les avisé, el siguiente plazo les olería el culo a los dos, si no estaba así no habría pago.

Ambos dos asintieron con la cabeza, les tuve que hacer una nota con los productos a utilizar y después de las firmas del acuerdo y el saldo que quedaba, les eché de mi casa.

– ¿Qué le causa desasosiego?
– Que ahora no tengo el mando, a ti no voy a enseñarte nada y temo no estar a la altura de tus conocimientos. Además soy una gorda, ignoro qué piensas de nosotras.
– Nada en absoluto, lo mismo con las delgadas o de mi gusto, no hago ascos a ninguna, vida es corta y no sabemos lo que nos puede ocurrir, un accidente tonto puede matarnos.

– Me gustaría que forma utilizarás conmigo, estoy un poco nerviosa.
– Que prefiere, ¿dominar o ser dominada?
– Que conlleva cada forma.
– Supóngase que he entrado por la ventana mientras, y finge que duerme. O al revés, usted trabaja en el hotel, y ese carrito que hay ahí, tiene la bebida mezclada con gotas somníferas, que me hizo caer en un sueño profundo, momento que aprovecha para follarme.

– ¿Y la erección?
– Ignora lo que nos pasa a los hombres, casi todos los días me despierto con una erección, y algunas veces de caballo, como decimos. Es una erección diferente, sientes en el glande cierta molestia que no es, y parece que puede crecer más sin conseguirlo.

– Sorprendida me dejas. Y la verdad es que soy de piñón fijo no como tú, parece que tu practicas el I+D en el sexo.
– ¿Le gusta que le miren durante?
– Nunca lo he experimentado, y dudo que me guste.
– Hay cantidad de gente con cámaras y móviles recorriendo terrazas y ventanas, incluso azoteas, encuentras situaciones increíbles.

– ¿Qué me sugieres?
– Que sea usted misma, no piense que está pasando un examen, se cómo son las mujeres de pueblo. Puede adoptar la forma de sumisa o de monja de clausura.
– ¿Cuál es el de monja?
– Ese papel es mejor en el campo, cerca de un río, se supone que va a lavar su ropa, y se la va quitando y llega el, le tapa la cabeza y la echa al suelo, allí le come la vulva poniéndola a cien, y luego penetra en la vagina….
– ¡Joder!, desde luego la puesta en escena me la figuro.
– Es normal que haya cambios, el sexo debe tener innovaciones sin llegar a detalles escabrosos, en el de monja todo es normal, alta excitación previa, una penetración lenta y el morbo por si pasa gente.
– ¿Y aquí se te ocurre algo más? – Me miraba indecisa.
– La noto rara, empiezo a pensar que ha perdido interés y eso me hace pensar que miente, eso que me ha contado termina de inventarlo.

– ! Que insinúas ¡
– Lo que he dicho, miente y no se la causa.
Se acercó más y su mano se estrelló contra mi mejilla, y volvió del revés cruzándome el rostro, vi estrellitas debido al roce de los nudillos en la nariz.
– ¡Serás cabrón! ¿En qué te basas?
Me espetó acercando su rostro al mío.
– Me lo dijo en el garaje, que llevaba mucho tiempo sin ser presa de un hombre.
– ¿Qué es ser presa?
– En su caso dejarse apresar, como ahora. Araña y muerde debido a la inseguridad. Podía arrojarla encima de la cama con un solo movimiento, no importa el peso, en judo se da, es fácil y una vez tendida en la cama el resto sería fácil, sobre todo por el tiempo que lleva sin follar.

Las mujeres también tienen días que lo necesitan, sin embargo se enrocan, no dan el paso al frente y es cuando empieza a crecer en su interior una especie de odio al hombre, al ciego que no siente, cuando muestran señales que no saben descifrar.

Me miró pensativa.

– He de reconocer tus conocimientos son válidos, eso que mencionas es cierto, muchas veces he mirado a tíos de esa forma y nada, ciegos y tontos. Siento haberte pegado.
– Usted es pegona y no hay nada más que hablar.
– ¿Te marchas? ¿Sin más? ¿Me has puesto en marcha y lo dejas?
– Aclare su postura.
– En estos momentos estoy un poco perdida, has despertado sensaciones, deseo y en frente hostilidad, ambas contradictorias y tengo dudas que al ser gorda me trates como a las normales de peso.

– No me convence, necesito más claridad.
Me miró fijamente, terminando de desnudarse.
– Tengo una fantasía, se me ocurrió hace unos meses, terminé un libro que trataba de un policía trastornado con el asesinato de su amor, venganza de un clan que el policía llevó a prisión y se encuentra en el depósito de cadáveres mirando la mesa donde está el cuerpo tapado.

El policía piensa en despedirse de ella, pero no puede, está muerta, entonces decide utilizar su cuerpo, que lleve el mensaje en su interior, bloquea la puerta del depósito de cadáveres y se folla al cadáver, aunque tuvo dificultades para poder meter, tuvo que utilizar un fórceps para dilatar la vagina, aunque fue un polvo complicado, tenía que tener cuidado que quedar atrapado el pene ya que las paredes de la vagina volvían a su estado inicial.

Le deja su semen y espera a que cierre, sobre todo que no escape ya que llamaría la atención, la autopsia ya estaba terminada y solo faltaba que la funeraria se llevara el cuerpo.

Si digo sorprendido me quedo muy corto, esta tía no estaba en sus cabales.

– Dígame exactamente qué debo hacer.
– Deshacemos la cama, me acuesto y me cubres con la sábana de arriba, y yo me mantengo rígida. Y tú haces lo que te he contado, como si fueras el policía, me follas, pero antes abres mi bolso, busca en él, encontrarás una pequeña bolsita blanca, hay tampax, coges uno para después de correrte me lo pones, eso evitará que el semen escape, como hizo el policía. Y me vuelves a cubrir con la sábana.
Empecé a poner pegas.

– ¿Sin excitarla previamente?
– No se me había ocurrido pensar en eso. Me puedo tumbar atravesada en la cama y utilizas mi boca.
Joder con la tía, me estaba alterando el sistema nervioso.
– No, eso no es posible. Mejor puede experimentar algo imposible, al menos nunca ha habido noticia al respecto. Usted es una puta – por mi parte cierto tono encabronado -, y yo la contrato para un experimento, tengo una fantasía, Arthur Machen me la proporcionó en su libro “La ciudad de los suicidios”, se dice que era capaz de viajar a la muerte y volver a la vida, claro que eso es un cuento chino.
– Sigue, parece interesante.
Dijo abriendo mucho los ojos.

– El forense que le hizo la autopsia quedó anonadado por el resultado de la causa de su muerte. Los nuevos sistemas de recuperación del cerebro lo mostraron. Había muerto debido a una profusión de placer sexual, el sistema nervioso central no había podido soportarlo y actuó como en un accidente donde muere la persona, corta y el finado no siente dolor alguno, algo así ocurre.

– ¿Perfusión?, es la primera vez que escucho esa palabra.
– La excitación tiene un límite si no se ha subido de nivel, hay una técnica, y es cuando el placer se va convirtiendo en algo desagradable, pasa de placer a la molestia, en este caso es sobrepasando los tres niveles.

– ¿Yo puedo?
– No, usted tendrá lo normal y es el punto de partida, sin excitación no puede haber penetración, es daño para las dos partes y sobre todo práctica. Tengo una compañera de trabajo, una noche de viernes que se pasó de copas, me pidió sexo, pero algo diferente, había bebido pero no se había emborrachado, y le expliqué que debido a su estado, era mejor probar una experiencia.

Se trataba de excitarla sin penetración, llevarla al máximo de su toleración y esperar a que lo asimilara, después de esa bajada de placer, volver a empezar, detener y volver a empezar, hasta que tuve que cambiar de palabra, ya no fue empezar, era continuar, no había perdido del todo el nivel de excitación y la continuación fue lenta, muy lenta, una serie de caricias suaves del clítoris, pezones y su boca.
Hice una pausa, aunque no podía distinguir sus rasgos, si pude sentir su turbación, un lejano temblor en su cuerpo.

– ¿Cómo terminó esa complicación? – Tono resentido.
– Cuando despertó, yo estaba despierto a su lado. Se subió encima de mí y al oído me dijo que se notaba diferente. Tenía apoyados sus pechos en mí y dijo que aún le duraba, muy lejos, pero que esa sensación de tranquilidad le había permitido un sueño especial, entre la pérdida de la noción y envuelto en una especie de gustillo desconocido.

– Ya, pero suponte que no quiero que me excites, me asusta los resultados que consigues.
– No tema, cada mujer es diferente y usted misma lo impide, tiene cercado a su cuerpo.
– No entiendo lo de cercado.
– Si, tiene su mente cerrada al sexo, y por eso impide ese sentir en los lugares diferentes de su cuerpo.
– Puede que tengas razón, es que estoy muy nerviosa, como una novicia en su noche de bodas.

– ¿Por qué no quiere excitación?, creo que se pasa bien y hay mujeres que le dura más de un día.
– No, tiene que ser así, en frío, pones en la vagina esa crema y me le metes, te mueves corriéndote dentro y luego el tampax, esa es la versión real de la fantasía.
– Dudo que pueda. Mi mente no lo entiende y esto no es sexo, y tampoco sé cómo llamarle.
– ¡Vamos!, no pongas pegas, yo te procuro la erección y luego hacemos lo que dice el libro, me quedo quieta y tú pones la crema y adentro, tienes que ir deprisa, te pueden pillar follándote a una muerta.

Demencial, empecé a pensar en largarme cuanto antes, esto era enfermizo y yo estoy sano en ese sentido. Esta tía estaba apagada por algo que ocultaba.

– Señora, me niego. Va contra mis principios y no quiero que esta experiencia me traumatice. Estoy empezando a ver la sombra del trauma.
– No es para tanto.

Se sentó en la cama, miraba a la alfombra y habló despacio.

– Tengo un problema, y sin posible solución. Tuve un accidente de coche, y mi vientre sufrió daños, desplazamientos y desgarros, el caso es que se vio afectado la vejiga de la orina, a consecuencia de eso, tengo que ir varias veces al baño ya que se llena deprisa, y con el sexo le pasa otra cosa, si se me excita mucho, me corro y a la vez me meo, me ha ocurrido una vez y no tienes ni idea de la vergüenza que sentí.

– ¿Él se quejó?
Pregunté por curiosidad, el tema no era para tanto.
– Sí, me insultó, me puso de guarra para arriba y muchas más cosas que me hundieron en la miseria, por esa causa no follo nada.
– No es problema, podemos darle la vuelta a la novela. Resulta que la mujer no está muerta, catalepsia que engañó a los malos y cuando se le mete ella despierta.
– No sirve, la han hecho la autopsia.
– Pues el polvo se lleva a cabo antes, el forense sufre un accidente y no puede hacer la autopsia.
– No, eso es apartarse de la historia, no estaría en el polvo, mi mente estaría en te iba a mear encima.

Era terca como una mula. Moví ficha, secretos.

– Esa experiencia ya la he tenido con novatas, mujeres que han tenido mala suerte en su primera vez o en la segunda, nosotros no pensamos en daño que se las hace y recuerdo que ella se puso muy colorada, yo no me inmuté, seguí como si no hubiera ocurrido, además tuve un dato importante, la orina era muy caliente.
– ¡No me lo puedo creer!

Me miró abriendo mucho los ojos. Gesto de sorpresa.

– Le diré más detalles, para que vea que no me lo estoy inventando. Se meó a la vez que su cuerpo sufría varias sacudidas, tuvo dos orgasmos seguidos y eso la hizo perder el control de la vagina, que por otro lado la impedía centrarse en el final de la excitación, es decir, el paso entre uno y otro, el siguiente puede ser una subida de nivel, ella puede sentir otro orgasmo diferente y que la próxima vez que tenga sexo, puede ser el inicio, es decir, deja atrás lo simple y normal, y si se practica, puede tener varias formas de acabar, es decir cuando no lo soporta más.

Se pasa del placer al sueño, pero es un sueño diferente y el despertar es algo inimaginable, ese goce hace flotar, dura un día más, es como el eco en el sonido, persistencia del sonido después de apagarse el foco sonoro, en este caso es persistencia de placer después de apagarse la excitación sexual. Ella me dijo que estuvo flotando todo el día, se fue atenuando muy despacio.

– ¿Eso es posible?, asombrada me dejas si eso es verdad.
– Otro detalle, hay más y le llaman Squirting, es ese fluido diferente al que se produce en la excitación normal, muy deslizante y más caliente que el norma. Parece que la glándula pineal que tenemos en el cerebro actúa.

Este órgano está lleno de misterio, y es llamado el tercer ojo por los ocultistas. Para mi ella eyaculó, y además pienso que nosotros los hombres es igual. Depende de muchos factores y sigo sorprendido debido a que no todas las mujeres pueden alcanzarlo, quizá tenga que ver su cultura, no sé.

La excitación normal, hablo de un tiempo medio de media hora o una hora, dependen sobre todo las costumbres y del tiempo que precise. La mujer prepara la humedad para el coito, es decir, que el pene se pueda deslizar.

– Sin embargo, en mi opinión y experiencia, debo decir que el sexo es algo lento y que lleva mucho tiempo, hablo de más de una hora, y eso conlleva ciertos niveles de excitación, yo le llamo así, niveles y superado ese nivel de la media hora, es decir, la humedad normal, entonces se producen cambios y es precisamente lo que llamó mi atención, que en el cuerpo de la mujer se esconden secretos por descubrir.
– Me dejas de piedra, tú sabes mucho.
– Mi curiosidad se debe a mis maestras, todo lo que se, se lo debo a ellas, por obtener respuestas de mis preguntas y además de vivirlo con ellas, guiaban mis dedos y me procuraban información muy precisa, incluso de los puntos donde podía avanzar, y ver su rostro y estado de excitación me producía una extraña sensación de bienestar.

– ¿Crees que yo podría?
– Así de simple no, y menos la primera vez, se trata de pasos, momentos vividos, que se quedan en la memoria, ya que no siempre la receptividad femenina no es la misma. Usted por ejemplo, en estos momentos está receptiva, pero con condiciones debido a su vejiga, que en mi opinión no debería cortarse, nunca me molestó que me mearan mientras profundamente creaba su deleite.
– ¡Si claro! ¡Olvidas tu tratamiento! ¡Ese usted es un tope infranqueable!, me estrello contra un muro de hielo.

Guardé silencio, hice planes con ella. Sería una buena pretoriana.

– Procúreme calor y disuélvale. Desprende autoridad y donde ve un muro, en realidad es su talante. Mantiene distancias, aunque cortas, sea usted misma.
– Estoy desnuda, no tienes ni idea del esfuerzo que me ha costado, tengo miedo de no estar a la altura de lo que estás montando, y parece que mi inseguridad te gusta.
– Dese cuenta de que lo me propone no me produce interés sexual, sin embargo la puesta en escena no está nada mal, pero la forma de utilizar su cuerpo no me gusta, debería dejarme en libertad y repito, no me molesta que me mee.
De nuevo miraba a la alfombra, incluso encogió los hombros, parecía discutir consigo misma, giró la cabeza me miró seria.

– Y si opongo falsa resistencia y haces lo que quieras.
– ¿Qué clase de resistencia? – Pregunté sorprendido.
– Solo empleo los brazos, aunque mantendré las piernas separadas, para que pueda acceder entre mis muslos sin problemas, piensa que soy gorda.
– ¿Y entro a saco?, esto no es sexo ni nada parecido, no sé por dónde cogerlo.

Me miraba con la frente llena de arrugas, pensaba y a mí se me estaba acabando la paciencia.

– Tengo otra idea, necesito tu opinión. Para dormir tengo que utilizar pastillas, llevo años sin poder dormir de forma natural, mi mente es la repera. Me tomo una y esperas que me duerma y luego haces lo que se salga de los mismísimos, eso sí, cuando termines me juntas los muslos para cuando despierte pueda tocar tu semen.
Era una solución, pero se olvidaba de mí, que yo también necesito atenciones femeninas.

– ¡Ya! Y luego me denuncia por abuso mientras dormía.
– ¡Joder tío, para ti todo son pegas! Hay papel y sobres en la mesa, te haré una autorización para que me folles como quieras, incluso cuando duerma. Supongo que te servirá, ya que voy a detallar lo que vamos hacer y cuál es tu misión, lo que yo quiero de tu cuerpo y si quieres indico lo que vas a ganar con esta clase de polvo inducido.

Podía valer, pero me conozco, iba a convertirse en lo que ella dijo I+D, podía comprobar resultados por un detalle que ella ignora, algunas veces me he despertado follando, ella me despertó preguntando si me había quedado con hambre, y cuál fue mi sorpresa, dijo que se despertó cuando la separaba los muslos, y se le metía, no entendía nada, dije como respuesta, que me había quedado con hambre y me ha ocurrido varías veces, ignoro la causa y desde luego no lo voy a comentar con esos que se llaman expertos en tema. Yo en mi defensa, puede ser un reflejo de algo que fue bueno, ella se mostró muy agradecida por el cumplido y no mentí cuando se lo dije.

– 1.000 € por tu pensamiento.
– Será un polvo inducido, así le llamaré y evidentemente le escribiré debido por tener la suficiente dosis de investigación.
– Le va bien el título ¿Puedo saber cómo lo harás?
– He pensado que primero, antes de que se duerma, y con esa crema hará un ensayo de paja, debe excitarme, coger al pene y en su mano sentir como crece, eso se reflejará en su cerebro y repito, olvide la meada, no cuenta para nada, piense que es un estudio.
– Bien, si así lo deseas. Recuerda esos mil.
– No, como va a estar dormida, ya no le cuento nada más de mis planes, pero en esa autorización no olvide detallarlo minuciosamente.

Se sentó frente a la ventana y empezó a escribir, no tardó mucho la fui leyendo por encima de su hombro, y aproveché para rozar mi barbilla su hombro, levemente y le mantuve en la distancia justa, algunas veces ella se rozaba sin querer, vi como los poros de su piel reaccionaban, pero no se apartó, esto modificaba mi estrategia.

Firmamos, ella primero y yo después de repasar todo, era darle tiempo, se levantó de la silla y fue a su bolso, sacó un pequeño tubito y su móvil, en un borde de la hoja escribió la clave y se fue al baño, poco después volvió diciendo que se había tomado la pastilla que la dormiría. Volvió a sentarse en la cama, y de nuevo miraba a la alfombra, no sé qué miraría.

– Hazme fotos con mi móvil, quiero saber si mi piel reacciona, así como de mi rostro, quiero saber si me llega lo que me hagas mientras duermo.

El tiempo iba despacio, pensaba en mi marcha, quería llegar cuanto antes junto Isidra, demasiadas veces me habían interceptado, y todas para lo mismo y con información de que todo lo que iba dejando detrás era un plan llevado a cabo con alevosía y premeditación, y la más afectada era isidra, la perdedora de este enigma.
Su respiración se fue haciendo más lenta, aunque estaba cubierta por la sábana, quiso que fuera de esa manera.

Mi oído pegado a su boca me dijo que estaba dormida. Procuré que el pene no perdiera erección, y no retiré la sabana del todo, la eché encima de su cabeza, dejé el cuerpo al descubierto menos su cabeza.
Y primero me ocupé de su pechos, aunque apenas se ladearon, tenía enormes areolas y unos pezones enormes, tono rojizo que en cuando puse la punta de la lengua se endurecieron, y estuve un rato, sé que su estimulo le llega al clítoris, aunque dormida a la fuerza dudaba.

Luego seguí por sus hombros, mordisqueé un poco el cuello, en su unión con el hombro, les gusta. Y estudié su piel, apenas algunos poros, los más cercanos se irguieron aunque tampoco perdí el tiempo.

Hice una prueba, no pensaba en la crema, eso era artificial y no es lo mismo que su fluido natural en la vagina, debido a la excitación, eso a mí me gustaba ver que estaba en el buen camino, que la mujer disfrutaba. Y la penetración a algunas le hacía tener el primer orgasmo.

Y nada mejor que separar sus labios con la lengua, y procurar entrar aunque sea poco al otro lado del anillo vaginal, además la paladeas por dentro y mi interés estaba en su humedad y procuré dejar saliva y sin demora me situé en posición, el glande le apoyé en el anillo vaginal y despacio le adentré en su vagina.

Todo bien al principio, no llega a la mitad dentro y el glande me dijo que estaba seca, retrocedí para humedecer y de nuevo avancé hacia el interior despacio, muy despacio, poco pero algo había, por tanto volví para atrás y de nuevo hacia adelante, pero ese lugar, no pasé de allí, algo de humedad había.

No pensaba salir, era perder la batalla, y apoyándome en un brazo, me detuve en el borde de la humedad y la otra mano le di la orden a dos dedos de despertar al clítoris. Sabía el riesgo que corría, que se despertara.

Y mis dedos me dijeron que su clítoris se endurecía, recorrí despacio el fino cordón y estaba como debía estar. Y si noté un ligero movimiento de su cuerpo, imperceptible, la cosa marchaba, a algunas dormidas que la chupaba un pezón se removía y al día siguiente no recordaba nada.

Por tanto le saqué del todo y le humedecí con saliva y de nuevo lo intenté. En el anillo vaginal me entretuve un poco, me gustaba esa sensación de la presión del anillo, entraba y salía y así, con ese estímulo seguí hacia adentro muy despacio, retrocedí y seguía adelante y sabiendo lo que me quedaba por meter, me arriesgué y seguí hasta el final, nuestros muslos se conocieron, yo por su interior y ella por el exterior, que por cierto me escocieron un poco, el punzón de Livia hizo su trabajo.
Y de nuevo esa lejana respuesta, juraría que se había movimiento en el interior de su cuerpo. Mis dedos apenas se movían procurando un roce imperceptible y retrocedí un poco, apenas humedad pero no fue como llegué al final, algo había ya que no sentí ese roce.

Y me arriesgué, salí sin pasar el anillo y volví adentro, pensaba iniciar ese movimiento de pistón dentro su vagina, y casi lo justo de humedad, seguí muy despacio, no me daba cuenta del paso del tiempo, y procurando lo más lentamente que pudiera, olvidando que mi cerebro reclamaba terminar, ese roce hacía que los estímulos que recibía mi cerebro aceleraran la eyaculación, pero lo apartaba, empezaba a ser un desafío, y en ese momento parecía que su pelvis se elevaba ligeramente, apenas nada, cosa que me despistaba y hacía perdía cuerda. Ella abrió los ojos.
Detuve mi movimiento, algo había fallado, mi consternación se puso en marcha deteniendo mi movimiento.

– No te pares, por favor sigue, sigue así. Cuando me le has metido, esa entrada que has hecho, no te figuras lo que he sentido, como un cosquilleo en la espalda, en el lado izquierdo, debajo de la paletilla y ahora algo desconocido por sentirme penetrada.

No dije nada, aunque iba a protestar. Seguí embistiendo despacio, ella ya elevaba la pelvis, de nuevo cerró los ojos y su boca dejó escapar un suspiro, dijo que muy bien, que me sentía muy adentro.

Y seguí despacio, fue cuando sentí movimientos en su vientre, quizá un orgasmo, y si, fue una sacudida leve, muy leve y de repente sentí humedad, se estaba meando pensé, y así fue y lo que hice es aumentar el roce en el clítoris, ella gimió agarrando la sabana, parecían garras y de nuevo elevó la pelvis, y gimiendo me dijo que más deprisa y obedecí, yo tenía ganas de terminar y ella cambió su postura.
Sus manos se agarraron en mis hombros y se medió sentó, luego abrazó mi cuerpo a la vez que empujaba, quedamos sentados en la cama, y al oído me dijo que me detuviera, que ahora me sentía en lo profundo de su cuerpo y eso hizo que me corriera. Ella se movió, se había dado cuenta.

– Siento como calor, como te derramas en mi interior.

Y de nuevo su cuerpo fue movido por un estremecimiento, otro orgasmo que ella intentó ocultarlo pero su boca dejó escapar un suspiro gimiendo, a la vez que se apretaba y se movía procurando penetración. La dejé en libertad de movimientos y lentamente se detuvo, su boca en mi oreja me dijo que estaba confundida con lo que sentía.

No es el tiempo que estuvimos acoplados, si me di cuenta que ella no quería romper el abrazo, y mordió mi hombro, me dijo que no esperaba lo que había hecho, y llorando ya que sentí sus lágrimas me dijo que se sentía haberme engañado, ya que no se tomó la pastilla para dormir, quería saber quién era y que desde luego Livia no le había mentido, le había contado con todo detalle el ensayo.

Lentamente el pene fue retrocediendo hasta salir de la vagina, pero ella me empujó y atrapó al pene con la mano, y lo introdujo en su boca, parecía querer limpiarle con su lengua.

– Es mi respeto al autor del entrante, a pesar de la sequedad supo llegar al final y dejar su recuerdo en mi mente. Ese calor acompañado del latido, nunca pensé que existiera más formas de eyacular en mi interior.

Temblaba, hablaba empleando un tono sofocado.

– Todo es cuestión de mentalizarse, tus palabras me llevaron a una opinión equivocada, no eres frígida, no, tan solo hay que saber quién eres.
– Me has producido un par de orgasmos casi sin moverte y eso me ha descontrolado, pensaba seguir con el engaño hasta el final y hacerme la tonta.
– Absurdo, te he demostrado que eres normal, no eres frígida, pero debes de buscar el acompañante normal.
– No entiendo qué me estás diciendo.
– Que busques a un tipo que sepa follar_te, que sea a tu semejanza, cualquiera no sabe ni sirve y cambia tu forma de vestirte, ahora te poner ropa.
– Mi entrega es total y me gustaría agradecértelo de alguna forma, guíame y dime que pudieras querer de mí.
– ¿Piensas en algo material? – Dije pensando en Isidra.
– Tengo dinero, si puedo pagarte si es lo que necesitas.
– No, si de verdad te sientes en deuda conmigo, a cambio te pido lealtad para Isidra, que estés a su lado de forma incondicional siempre y eso es lo quiero que hagas.
– ¿Solo eso?, no entiendo que no saques tajada, estás en una posición de fuerza. ¿Y puedo saber que le has sacado a Livia?
Jodida entrometida. Cada vez descubría cosas sorprendentes.

– Nada, para que te quedes tranquila, eso que es de mi propiedad me causa risa, nadie posee a nadie. Pero vas hacer de correo, quiero que le digas que esté al lado de Isidra, ya que os gusta tanto el sistema romano, pretendo rodearla de una fuerte guardia pretoriana, aunque no he decidido quien estará al mando, de forma que isidra esté siempre protegida y para eso hace falta capital, dinero y creo que tú puedes ser la persona idónea.
Busco a un Sejano femenino, fue el jefe de la guardia pretoriana de Tiberio.

– Me dejas de piedra ¿Ves peligro?
– Si, y si se te hace cuesta arriba, piensa que yo te pagaré con sexo, esto es solo el principio, si se te educa subirás de nivel, podrás dormir horas flotando en brazos del placer y cuando despiertes, no podrás dominar tu cuerpo, seguirás flotando y chocarás con los muebles, en tus labios una sonrisa atontada y en tu vientre lejanas contracciones, y no se te ocurra rozarte el clítoris, este dispone de memoria.

Me miraba con las cejas enarcadas, su boca temblaba ligeramente y balbuceó.

– ¿Es posible lo que dices?
– ¿Quieres una prueba?
Duda en su mirada, aposté todo lo que tenía en una carta tapada y no era un farol. Le dije que llevara sus dedos al clítoris, dudaba y no sabía qué hacer, repetí la orden con cierto tono exigente.

– No me atrevo, veo en ti demasiada seguridad y me asusta lo que pueda sentir, no me gustaría masturbarme ni en tu presencia ni en tu ausencia.
– Tienes más detalles, y más adelante los revivirás.
– Lo sé, tengo señales de tu paso por mi cuerpo, aún recuerdo cuando me llenaste, aunque me hubiera gustado que dejaras alguna señal en mi piel, para poder mirarla de vez en cuando.
– Sí que la tienes, mira la parte interior de tus muslos, las embestidas aunque lentas han dejado su marca. Esa parte donde nos rozamos está enrojecida, aunque la marca suele ser mayor, pero en tu caso las embestidas han sido suaves y lentas y no puse el tampax.
– No importa ¿Y te he meado?
Duda en su pregunta como el que acaba de acordarse.
– No, yo estaba en lo importante, ya te dije que eso no era problema. Y solo hice una foto, esa la de la señal en la parte interior de tu muslo izquierdo. No muestro el semen escapando pero si puedes apreciar como los labios mayores están ligeramente separados debidos a la excitación.

Guardó silencio, mirándome pensaba.

– Estoy esperando respuesta – Insistí.
– Tienes mi palabra, tus deseos se cumplirán al pie de la letra y además, para que veas mi sumisión, buscaré más apoyos y en tu nombre las diré que serán visitadas en secreto, y vete pensando cómo te lo montas, haré de celestina.
En tu nombre buscaré lugares tranquilos donde te las folles, bien en mitad de camino, por ejemplo en La Roda y si te parece lejos en Cuenca, tengo amigos en ambos lugares.

No sabes cómo está estructurada esta familia, pero las mujeres pasamos hambre de sexo, la mayoría de los tíos son del sistema exprés, incluso no se preocupan del estado de la vagina, entran a saco y nos dejan peor de lo que estábamos, por eso te digo que será fácil.

No dije nada, aunque tenía muchas dudas, no terminaba de convencerme…, del todo. Moví ficha.

– Hay algo en ti que me hace dudar. Suéltalo todo.
– Si, eres un zorro que no se come las gallinas de este gallinero, te las follas y te marchas dejando huella de tu paso, y es la forma de tu comportamiento, dejas sombras llenas de inquietudes que nos han despertado.

Todo ese montaje lleno de mentiras, está pensado para descubrir tus intenciones, Isidra come de tu mano, cede a todo por ti, aquel polvo que la echaste fue demasiado para ella, y nos contó un secreto, supo descifrar tus carencias con las mujeres, ella, mujer deforme por el accidente, supo abrir la puerta de tus secretos con las mujeres, y no contó nada más, ella sabe que no la eres infiel, tu trato es muy diferente que con nosotras, por eso Livia se puso en tus manos.
– Yo no quiero nada de este tinglado. Creo que lo llevo dejando claro desde el principio.
– Sí, pero olvidas un detalle. Esto es una sociedad femenina, los hombres tragan y obedecen porque tienen lo que quieren, por eso la regente sigue al mando. Ellos no ven peligro en ti, saben que estás de paso, por eso de su discreción y que no opinan al respecto. Como ejemplo tienes al inglés de los cojones, más callado que una puta.

– Reconozco que cada momento que pasa, mi confusión aumenta, pero dejemos esto, me entristece. Pasemos página, ahora debes de decirme la forma en que pueda llegar hasta Isidra evitando las trampas tendidas, que aparezca otra tía con problemas de sexo, mendigando un poco de atención.
– No me gusta el tono ni tus palabras, pero lo comprendo, te hemos ido interceptando para aplazar tu marcha con Isidra, la pobre está muy alterada, no llegas y entiendo tu postura, pero si hay imponderables.

Detrás de mi hay más obstáculos, y pienso que la causa no son las dudas de tu interés, se debe a que la realidad es que a pesar de sea la heredera, la mayoría no está de acuerdo y seguramente te amenace, pero no a ti, tu seguridad está garantizada y de eso se ha encargado Livia, es la de ella, puede sufrir accidentes, ya ha tenido algunos y nadie intervino, aunque eso es falso.

– Supongamos que atravieso ese muro y me llevo a Isidra.
– Posiblemente correrás el mismo peligro que ella, además con el agravante de que serás el culpable, saben cómo montarlo, ese grupo de tres silenciosos, son descendientes de Maquiavelo.
– Te ofrezco encuentros periódicos en Cuenca, una vez a la semana, el viernes y sábado, ya que el trabajo me impide más encuentros. Te puedes volver con más de cinco polvos en esos dos días.

Su mirada brilló, sus labios se separaron dejando escapar un suspiro contenido y su pecho mostró que la respiración se había acelerado.

– ¿Me sobornas con sexo? – Tono casi inaudible.
– No, te ofrezco una historia, que además exigiré que la escribas, preciso de tus más recónditos pensamientos, ya que haré de ti una mujer satisfecha, y el sexo es una de sus partes.

Aprenderás lo que es la vida oculta, nos esconderemos debido a que a alguien llamará la atención de tu desaparición, por tanto podías estar intrigando en su contra, ya que verían tu apoyo a isidra.

De nuevo ese brillo y titubeo.

– Soy una pobre paleta de pueblo, me estás dando miedo, yo pensaba que el follar era algo más simple.
– Olvidas la intriga que hay montada, y lo que te ofrezco es una aventura en las sombras, tendrás dos vidas y que aprenderás a desplazarte en las dos.
– Me da miedo, no se me había ocurrido pensar en que me descubrieran.
– ¡Vamos, despierta!, inicialmente, muévete por las cercanías, busca negocios que a ellos les parezca el chocolate del loro y te vas alejando despacio, siguiendo en la misma línea, y que no lo escondes, lo comentas con otras mujeres, descubre a las espías de ellos y juega tus bazas, de esa forma dejarán de tomarte en cuenta.

– ¡Tío, me aterran tus ideas!, no eres lo que pareces.
– Cuando mis maestras me enseñaron todo lo que sabían, lo que les gustaba sentir en el sexo, yo innové, sabía que había más, ya que ocultáis los más íntimos deseos y no os atrevéis de decírselo al tío que tenéis encima resoplando. También me avisaron de la conspiración, va unida al sexo, dinero y poder.

– En eso te doy la razón, ya que eso que me has ofrecido supera mi fantasía ¿Cómo le llamarás?
– La mujer en la noche. Tu vestirás vestidos adecuados, no llevarás ropa interior, y me buscarás, no tendrás dificultad alguna en dar conmigo y donde me encuentres, deberás seducirme, pero de forma sutil.
– Tío, ya te eh dicho que soy una mujer de pueblo. No sé hacer eso que dices.

– Si, suponte que estoy en pub que sabrás donde, ese pub dispone de mesas, pero yo estaré en la barra, una de esas mesas estará reservada por ti, y me mirarás, te miraré y tu separarás las rodillas, nada impedirá ver tu vulva, pero no es solo eso, otros también lo verán y ahí está tu chispa, te exhibes a la vista de otros, y se acercarán a ti, y a partir de ese momento en tu interior se irá formando algo desconocido, ya que el siguiente paso es comprarme, no hablo de dinero, vete pensando que me puedes ofrecer y que sea posible, a cambio tendrás una forma de sexo diferente, incluso que nos vean.

– No sigas, me estás produciendo sudores y a la vez perseguidores.
– Tampoco te preocupe, aunque me vean no me van a reconocer, como espero que tu hagas lo mismo, que piensen que tienes una doble vida y que no les afecta, puedes argumentar que allí no te comes una rosca, y eso sí que lo entenderán.

Miró al suelo, movió la cabeza asintiendo levemente.

– Necesitaré tu ayuda para el comienzo.
– Por supuesto, ya que todo lo que he dicho, no es al principio, como es otro ejemplo lo de Cuenca, podemos buscar un pequeño pueblo y pasar por domingueros, ya que haremos lo que todos, pero con una parte diferente, sirva como ejemplo un secreto ¿Qué te parece un polvo ante necesitados?

– Tío, eres una caja de sorpresas ¿Qué es eso?
– Un lugar que conozco. Echas un polvo a la tía que lleves contigo a la vista de unas veinte parejas, con problemas, y nos imitarían en casi todo, ese polvo tiene su precio, es voluntario y no hay tarifa, siempre sorprende la cantidad y además te dicen que si volverás el siguiente sábado, ya que son los sábados, es cuando el personal interno no trabaja, es su día libre.

No dijo nada, aunque tampoco hacía falta que lo dijera.

– ¿Qué pasaría si se enteraran?
– Supongo que nada, eso no afecta a la familia, además será lejos, por tanto imposible descubrir relación alguna.
– Nuestros rostros no se verán, llevamos máscaras, y si innovamos subiremos el precio, así como lo que ellos sientan al imitarnos. Esto se pone en marcha en abril hasta octubre, depende del tiempo, es al aire libre.
– Me dejas sin palabras.
– Ahora escucha y presta atención. Volveremos al aparcamiento, yo me marcharé en mi coche, además saldré despacio, sin prisas – me cortó.
– ¿Y qué pasa con Isidra?
– Déjame terminar. A la salida le diré a los de control que me vuelvo a casa, que estoy mareado, además incluso me bajaré del coche, les diré que le revisen y sé que lo harán, ya que otro hará que los teléfonos ardan.

– Joder tío, llevas razón, no huyes, te regodeas en la salida ¿Y qué pasará cuando llegue a oídos de Isidra?
– Es la parte cruel de mi estrategia y es cuando intervienes tú. La dices que la espero en el pueblo más cercano, lo digo por dejar el coche en un sitio sin riesgo, buscaré un aparcamiento para no dejar el coche a la vista y allí me recoge y nos marchamos al cabo de gata, tal como estaba previsto. Si te preguntan no sabes nada y tan solo Livia si puede saberlo, pero nadie más, cuidado con Flavia, no se lo creerá y se moverá.
– Sorprendente, pero efectivo y entra dentro de la lógica, estás aburrido.
– Tendrás tu recompensa, en forma de fantasías que no puedes imaginar.

Se acercó a mí, me abrazó y al oído me dijo que era la tentación en persona. Que totalmente la había cambiado y que no se reconocía, se sentía una mujer diferente y con miedo por lo que iba a poner en marcha.

– Decide tu misma, yo voy a saltar por encima del siguiente obstáculo previsto. Nunca hagas algo que termines, si decides hacerlo, tiene que ser hasta el final y no existe punto de retorno, retroceder lo empezado.
– Supongamos todo sale bien, sin contar si os perseguirán o no, y supongamos que a mí no me pasa nada, cosa que dudo ¿Cuál es mi futuro en esta familia?

– En cuanto huyamos habla con la regente y le pones al tanto de la ansiedad de Isidra, dudo que esté enterada de este entramado impidiendo el viaje, y dejas caer que yo pienso que nos van a matar, que sufriremos un mortal accidente y sin respirar sigues diciendo que ambos dos hemos enviado cartas explicando lo que nos puede ocurrir y citamos nombres y apellidos, y pruebas.

– Cuando se sepa, más de una de va a cagar por la pata abajo, sus mentes no van tan lejos.

– Y ahora empiezo con la recompensa. Sal al balcón, agáchate sujétate con las manos en los barrotes, separa las piernas mostrando la vulva a la calle y te mueves un poco girando la posición, y mira en esa dirección, de forma que quien te descubra sepa que te exhibes.

– No es tan fácil como dices.
Dijo negando con la cabeza.
– Hazlo, yo te haré otra fotografía, que en su momento enmarcarás, pienso que llenes una pared exhibiendo tu cuerpo.

– Vas deprisa – Protestó.
– No tía, no, te queda poco tiempo, no eres una jovencita y cada día que pase lo notarás, ahora estás de buen ver ¿y el año que viene? ¿y al otro?
– Eres un pedazo de cabrón, pero debo darte la razón, no te cortas un pelo y sueltas lo que piensas sin pensar en el daño.

– Mi padre en su sabiduría, tenía una frase que nunca comprendí hasta que crecí, decía esto, empleando un tono conciliador. “El que te quiere bien, te hará llorar y el que quiere mal, te hará reír”.
– No termino de comprenderlo.
– Simplemente comprendí que era una forma de ver la verdad y las mentiras piadosas para no hace sufrir. La realidad y la ficción. Y si hicieras ejercicio tu cuerpo cambiaría, pero en eso no me meto, cada uno es como es. Las gordas sois más confortables que las delgaditas.

– ¿Confortables?, nunca se me hubiera ocurrido pensar semejante cosa.
– Si, más adelante te dejaré que leas lo que sentí mientras fingías que dormías. Es la reacción de mi mente, el cuerpo se lo contaba a mi mente, para que te formes una opinión de lo que digo, compara cuando tuviste en tu mano, los penes de los dos trabajadores y el mío, intenta recordar que sentías y si quieres rizar el rizo, piensa que sentiste cuando estábamos en tu interior, yo recuerdo como te moviste, fue imperceptible, pero ajustabas la vagina, luego tenías estímulos ¿Es así?

Asintió lentamente con la cabeza, me miraba fijamente. Su voz parecía seccionada, como si fuera una incontrolada confesión, que no terminaba de gozar y que en su interior se removía..

– No puedo describir lo que me hiciste sentir cuando empezaste a penetrarme, esas pausas debido a mi sequedad, que por otro lado no me resultó desagradable, me gustó sentir ese roce, fue cuando descubrí tu presencia y no te cuento cuando tu pene llegó al fondo, que no estaba húmedo del todo, fue cuando mis fluidos despertaron, y en mi fuero interno sentí como me disolvías.

Fue algo indescriptible cuando te moviste un poco, ese retroceso y volver al final me hizo perder el control, jamás pensé que pudieras llegar a este punto de influjo. Y retuve reacciones, sentía la necesidad de aprender tu armonía en ese movimiento, de profundas embestidas, en lo más íntimo de mi cuerpo.

La próxima vez te acompañaré en ese movimiento mágico, y comprendo tus palabras, estaba bloqueada, resentida y ciega, la vida es corta y he desperdiciado mucho tiempo ¿Cómo no llegase a mí antes?
Guardé respetuoso silencio, podía haberse roto la presa que retenía su verdadero ser interior y haber despertado a la mujer que escondía, no la que mostraba.
– Y te pregunto, ya que me has profundizado ¿tengo más secretos ocultos?
– Estoy seguro que sí, pienso que ha llegado el momento que tú misma medites y te mires, olvida el sobrepeso, para muchos hombres es un atractivo, no te mires con crítica, eres lo que eres por naturaleza, no te vuelvas a esconder.

– ¿Me escondo? – Susurró.
– Si, de ti misma, no viste el dominio que desprendiste con los dos trabajadores, y no fuiste capaz de descubrir tu verdadero poder, esa mujer que les instruyó. Pudiste esclavizarles y dar la vuelta a la cuestión, y ellos pagar tu forma de ver el sexo.
– A veces no comprendo tus palabras.
– Has roto tus propias cadenas, esa especie de frustración que construimos como defensa, nos inhibe de nosotros mismos y eso hace que esa represión nos quite vida, disfrutar de nuestra propia naturaleza y en ti se ha roto ese dique de contención, ahora no, pero en adelante, cuando las aguas se vuelvan mansas y recapacites, descubrirás a la verdadera mujer que escondes, no reprimas nada, no vuelvas a ponerte cadenas, y follaje a todos los tíos que puedas, te queda poco tiempo.

– Enviado, me aterras, pareces un profeta.

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