6 – El sello rasgado.

6 – El sello rasgado.

La extraña experiencia la escribíamos juntos, dos sombras de y complicados universos.

Mi mente se fue calmando, en esos instantes ella limpiaba mi cuerpo, no solo el sexo, no, repasó mis hombros con sus dedos, apenas le rozaban y yo tirité, estaba conmocionado por su proximidad, era de otro mundo, lo percibía y mi mente me mostró su mirada, vacía, cristalina y llena de tristeza.

– Enviado, llenas mi mente con tu imagen que no se descifrar, es difusa, inquietante y llena de temores. No te soy hostil, aunque muestres esa imagen terrorífica de tu cuerpo, y esa mano derecha con forma de garra.

Estaba en lo cierto, me defendía de nada, nada se, tampoco me sitúo, me siento debilitado por su calor, su piel y sobre todo por su tono, sus palabras son suaves olas en una playa borrosa para mis ojos, envolviéndome en un halo espectral.

No secó mi cuerpo, tiró de mi mano y anduvimos un corto techo, entramos en una estancia con luz difusa, seguíamos siendo sombras, pero esa luz hacía se reflejaba en nuestros cuerpos, esa luz me pareció ver la luminiscencia del cuerpo de los recién muertos y encerrados en nichos.

Nos miramos sin vernos, se detuvo y de nuevo nuestros rostros estuvieron juntos. Su aliento me llegó.

– Tengo dudas, ahora titubeo, quiero verte y por otro lado no, no quiero odiarte por el daño que me vas a producir, aunque no entiendo de penes.
Pensé una fórmula que funciona.

– Hay un pequeño truco, y es que ese momento sea cuando el pene no tenga su erección completada. Supongo que un setenta por ciento será suficiente, pues ambas medidas serán inferiores.

No dijo nada, pero nuestros labios estaban muy cerca, se rozaban sin querer, titubeaba.

– ¿Y si no es como dices? ¿Lo has probado alguna vez?
– No. Ensayemos con un ensayo.
– ¿Qué es un ensayo dentro de un ensayo?
– Es un experimento de lo real, basándote en un ensayo.
– ¡Tío me estás liando!, no entiendo nada.
– Un ejemplo, el experimento de un beso y luego pasamos a un ensayo, ya que vamos a hacer una representación ante un grupo de novatos, gente que no sabe besar.

– Sigo sin pillarlo – Duda en su tono.
– Cambia los factores, tienes una página con dos palabras. Desfloración y Beso. Ambas dos son la realidad de la vivencia, es decir, experiencia que viene de experimentar, la base para luego estudiar la forma de subir de nivel, un beso va más allá de lo que piensas.
– Es la base del sexo y voy a rizar el rizo. Nuestra boca es la entrada de todo, y llega a nuestro interior, un sentimiento no tiene sabor en el sentido físico de la frase, pero le tiene en el sentido superior, ya que interviene en el sentimiento, esa unión de dos bocas, y que en su interior producen sensaciones sexuales, estás comunicadas con nuestro sexo.

En la mujer empieza a producir respuesta de zonas erógenas. Clítoris, este se endurece y se muestra, y es el que se refleja en su interior, además produce los estímulos necesarios para la formación de los orgasmos, y de más lugares, sus pechos, y su vagina responde con humedad y es la señal de que está preparada para la penetración, nunca antes y sobre todo de su cerebro, que a su vez se expande por toda la piel de su cuerpo. La mujer ya se encuentra en un nivel básico del placer. Y yo tengo experimentado algo que lleva su tiempo, que ese placer tenga niveles, sirva como ejemplo tu caso ¿Has experimentado con tu cuerpo?

Era una pregunta solapada con otra y su silencio era una sí.

– Una vez, poco, me di cuenta que era antinatural.
– Me salto otra pregunta, ¿puedes darme una pista de tu edad?
Nuevamente silencio.
– ¿Menstruas?
Silencio.
– ¿Importan esos detalles?
– Si, depende sobre todo de tu mente. Formación, significa que tiene la madurez basada en conocimientos, aunque no hayas tenido experiencia alguna, la falta puede dañarte más de lo que piensas.

– Sé que es follar, una paja y todo eso que le rodea.
– ¿Y reflejado en tu cuerpo?
Silencio.
– Pensaba que todo era más simple. Para tu tranquilidad, y que conste que me ha agradado tu interés por mi formación sexual, y que no eres de esos que te la meten sin demora. Tengo formación sexual, tengo una psicóloga y el sexo entra entre sus especialidades, la he contado mis dudas, temores y lo que creo que es.

– ¿Te habló del pensamiento de los hombres?
– Sí, tengo unos apuntes, y tenéis siete clases diferentes.
– ¿Puedo saber en cual me incluyes?
– No entras en ninguna, demasiado prudente y cuidadoso con la persona.
– Tu escala de valores, carece de base en este sentido.
– Sigo sin comprenderte, todas estas dudas me han hecho llegar a una conclusión que no me gusta.

– Aclara tus dudas, si es que puedo.
Silencio.
– Primero tú, el erudito, demuéstrame como pondrías en marcha mi sensualidad. No puedes preguntar que me gustaría.

Me aparté de su lado pero mi mano derecha no perdió contacto con su piel. Me detuve en el hombro contrario. Hoy no me he afeitado como todos los días, el finde dejo que la pereza reine.

Pero si sé que el nivel de mi barba. Acerqué barbilla al hombro, puse los dedos juntos de mi mano derecha poniéndoles encima en su hombro.

Es el punto de partida y hay un recorrido lento, ya que avanzaré rozando el hombro y la parte alta de la espalda, y avancé rozándole con mi barba y detrás los dedos, como si quisieran borrar el paso de la barba, llegando hasta su cuello, allí los dedos juntos tendrían dos caminos, y depende de la postura, los dedos una mano descenderían hasta su pecho izquierdo y el otro recorrería el borde de su espalda hacia el otro hombro, tendría dos sensaciones en su cerebro.

Este movimiento tiene de causas, una es recoger la sensación que haya tenido durante el recorrido de sus hombros y borde de la parte superior de la espalda y el dos, es su consentimiento, la señal de continuar con la conquista.

Su cuerpo reaccionó lentamente, y hubo respuesta, echó la cabeza hacia atrás, podía asegurar que su boca se había abierto, y también hubo un ligero temblor que escondió, su postura había cambiado. Pero fue silenciosa ¿?, le di unos segundos, y se adelantó mis preguntas.

– ¿Conquista? – No comprendo.
Sabía que había ocurrido en su cuerpo. Ganaba tiempo para que su voz no la denunciara, aunque no comprendía su actitud.

– Si, tu cuerpo hay que conquistarle, despacio, muy despacio, y eso suele hacer que tengas prisa, piensas que todo termina con la penetración, pero te equivocas. Tu cuerpo tiene infinidad de lugares, donde surcarás planos del goce desconocidas.

– No entiendo algunas cosas.
– ¿Piensas que solo el clítoris te dará el gusto preciso, para terminar ese polvo?, y ya está.

Silencio, se toma tiempo.
– Supongo que es así.
– Te equivocas, un polvo, por cierto mal llamado así, ya que no estoy hablando de un polvo. Para mí una mujer es un desafío, desnuda ya está en marcha, lo he procurado y mido su cuerpo, mis sentidos exploradores, los dedos, rozan su piel de forma de despertar respuestas.

Sus labios se separan, deja escapar sonidos, y esa respuesta es la que te muestra el camino a seguir. Su cuerpo se mueve y te está mostrando un lugar donde debes detenerte y excitar, y como ejemplo te diré un costado, no me parecía, pero clavé el diente, una presa sin dolor, sintió que era la presa, gritó y se corrió de inmediato, pude sentir el temblor de su vientre y ver que escapaba de su vulva.

Fue uno de esos escasos orgasmos importantes que se dan, ya que jadeaba, y medio ciega me miró, tenía los ojos exactamente igual que cuando se despertaba, me confesó horas más tarde, que vio el perfil de algo borroso que la tenía apresada.

– Tus palabras me ha producido cierto desasosiego.
– ¿Por qué?, te dado respuestas y no me he inventado nada y te diré más. La noche siguiente me confesó que durante todo el día, estuvo chocándose con los muebles, flotaba, aun le duraba, y cito palabras textuales, y que seguía sintiendo mis manos en su cuerpo.

– Ignoraba que duraran tanto los efectos.
– No es como piensas, ella estaba muy receptiva ¿Y tú como lo estás ahora?

Nuevamente silencio, meditaba, podía escuchar la maquinaria de su cerebro.

– No se si estoy receptiva como dices, pero si he decidido afrontar ese paso.
– ¿Receptiva, sabes la definición?
– Supongo que es recibir o algo así.
– Sirve, en el sexo hay versiones, todas las que conozco es llegando al final, aunque pongas medios técnicos, el preservativo.
– ¿Y tú?
– Jamás utilicé un preservativo, mis mujeres son limpias, de la misma forma que sé, que ellas también los son.
– Tengo dudas, más que antes, no sé, me has aturdido con tanto detalle, que en el fondo agradezco.
– Pues esa palabra final tuya lo deja muy claro.
Cerré la boca, por mi parte, desde muy lejos vi como empezaba la acción evasiva.
– Tu silencio, me hace pensar – Hablaba despacio, más tiempo -, que reconsideras la acción de desflorarme. Pero volvamos a ese ensayo.
– Posiblemente, tu mente y la mía van por sendas diferentes.

– ¿Y el vino? ¿Y tú descanso?, soy una tonta, y reconozco mi ignorancia, volvamos al ensayo, no voy a dejar que te escapes, Isidra dejaría de hablarme.
– Es un ensayo, no tardaremos. Piensa que te muestras como un bocado, alimento y me tientas, puedo devorarte.

Como respuesta rozó mis labios, su lengua fue rozando mis labios humedeciéndoles. Dijo empleando una entonación silenciosa, intrigante, que salía de lo profundo de su boca.

– Ahora se muchas más cosas de ti, mi instinto ancestral de hembra resurge, y tu voz me humedece. Enalteces un camino hacia el interior de mi sexo.
Estaba en el buen camino, seguí guiado por mi instinto animal.

– ¿Dónde estaremos cómodos? – Pregunté cambiando el tono, la magia se había roto.
– He decidido que sea en el suelo, no quiero cama ni sofá ni diván ni nada parecido.
– ¿De qué es este suelo?
– Es parecido a la moqueta, pero no lo es. Impermeable, cómodo y aunque te caigas nada te harás. Es la estancia de la regente, se cae de vez en cuando.
– ¿Y? – Me quedé sin palabras.
– Tiene miedo a la muerte y yo la consuelo, atiende mis razonamientos y se tranquiliza.
Me abrazó, juntando su cuerpo al mío.
– Hagamos esa prueba, tus conocimientos me han tranquilizado. Y me gustan tus misterios, y he cambiado de opinión, esa imagen del enviado empieza a ser cierta.
Nos acercamos a la pared de la ventana doble, hacía esquina, no había mueble alguno. Nos sentamos en el suelo y la acosté a mi lado, separé sus piernas a la vez que me situaba entre ellas, pero arrodillado, mis rodillas casi rozaban la vulva.

– ¿Y, y…, y ahora? – Preguntó con nerviosismo.
– Voy acercar del pene a los labios de la vulva, te acercaré a mi cogiéndote de las caderas, quedarás con la pelvis elevada con el ángulo justo, el pene rozará tus labios, solo eso. Aleja el temor y piensa lo que sentirás, utiliza la imaginación. Suponte el primer acto, ajedrez. Muevo el pene y piensa que pongo en jaque a la vulva.
Y despacio tiré de su cuerpo, ella colaboró apoyándose en sus codos. Y la postura era la adecuada para la penetración…, el ensayo.

– Tu pene no está para penetraciones, noto como baja. Por tanto me muevo de casilla, evito el jaque.
Su tono era tranquilo, quizá un alejado tono de guasa.
– Ahora con la mano le voy a situarle en la entrada, empujaré levemente al anillo vaginal. El himen impedirá el paso, pero quiero que sientas ese empuje y me guíes.

– ¡Tío, esto no es lo que parece! – Protestó.
– Es un ensayo y debemos acercarnos lo más posible a la realidad.
Mi tono tenía como misión tranquilizarla, no tenía prisa alguna.
– Sujeta con tu mano el pene y haz lo que yo, y si te das cuenta el glande está tapado.
Llevé su mano al pene guiándole con la mía, y el pene quedó situado junto al anillo vaginal, empujé levemente para asegurarme, ella no dijo nada, y empujé un poquito más, hubo respuesta.
– Ten cuidado, he sentido la presión y no termina de convencerme este ensayo – Protestó.
– ¿Te hecho daño?
Silencio, yo seguí presionando con la postura, ella se removió levemente, mis manos sujetaron sus caderas, soltó aire despacio.
– No, es que estoy muy nerviosa. Tu pene no está duro como antes – de nuevo ese fondo de guasa.
– Tú misma te contradices, tienes miedo a un invasor flácido que se arrastra mendigando un lugar oscuro y húmedo donde reposar. Una de mis costumbres es permanecer quieto en la vagina, buscar esas sensaciones que producen las paredes de la vagina, ese abrazo enfundado, y cuando las paredes palpitan, siento cierto placer.

Y ocurrió lo que estaba provocando, soltó una carcajada. Y esa carcajada hizo que empujara, el pene estando apoyado y como siguió riéndose, aproveché para acercar más sus caderas, levemente, y acompañé su risa y ambas risas hicieron su trabajo, el pene entró en su vagina, pero el glande quedó trabado, media parte dentro y el otro afuera, y su risa se truncó, encogiendo el estómago protestó.

– ¡Jodido mentiroso!, ¡Eres un cabrón de mierda! Me le has metido.

No dije nada, la situación era cómica, mejor que se desahogara, tenía suficientes argumentos para hacerla comprender que esto le estaba quitando ese miedo de encima, no seguiría con ese temor.

– ¿Te duele?
De nuevo silencio, se removió levemente, y en la punta del glande sentí como el himen se había apartado más, muy poco, pero aún estaba en la cara frontal, cerca de la uretra.

– No sé qué hacer, me tienes atrapada en un callejón sin salida. Ni contigo ni sin ti, algo así como un sí y un no a la vez. Eres impredecible y me tienes confundida, me duele pero no me duele, estoy nerviosa por cómo me tienes.

Su cuerpo temblaba ligeramente, opté por escoger el camino de la persuasión metálica, como mi música.

– Livia, tengo que hacerte una confesión. Esta postura me está electrizando, siento deseos de empujar, pero por respeto no lo hago, y ese deseo incluso de correrme ahora mismo. La causa es que has despertado mi deseo de una forma excepcional, ni te figuras, tengo sujetar a mis caballos para no penetrarte y…
Nuevamente se removió, su cuerpo culebreó levemente. Y yo presioné sus caderas, agarrándome con fuerza.

– He de reconocer que la postura es excitante, estoy muy nerviosa y me haces temblar. Pienso que es una trampa, por tu parte y que la has urdido debido a mi miedo y si, reconozco que enfrentarme a la penetración me tenía muy alterada, pero tu artimaña me está envolviendo, me has llevado al huerto sin dificultad alguna y en estos instantes, tu pene está entrando duro como una piedra y eso no era lo prometido.

Se movió de nuevo, ya colaboraba, había dado un paso al frente, y yo si sabía cómo estaba el pene, eso que dije era verdad, estaba muy excitado y los nervios hicieron que me moviera, como ella y el glande nuevamente avanzó, sentí como la abertura del himen casi se completaba, ella hizo intención de salirse, pero no la dejé, mis manos en sus caderas la inmovilizaron.

– Tío, me duele un poco.
– ¿Suspendemos el ensayo? – Mentí con el tono.

Silencio, pensaba, giré mi cadera hacia abajo, muy poco, de esa forma el glande cambia de postura, y pude sentir que ese giro cambiaba la presión del himen. Ella resopló moviendo su cuerpo, intentando la misma postura de antes, pero sin conseguirlo debido a mi postura, el glande cambiaba la presión en la membrana que empezaba a resquebrajarse.

– ¿Puedo hacerlo? ¿Me dejarás hacerlo?, pues me tienes amarrada a ti, me gusta lo que me hacen sentir tus manos, es posesión y eso me moja, siento cierto calor en la vagina…

Dejó de hablar, sentí que se removía otra vez.

– Y me pasa lo que a ti, has despertado mi deseo y a regañadientes ya que es contradictorio, y me gusta tu posesión, y como has puesto el pene en mi tejado.
Intención de reír su chiste, fue leve.
¿Qué solución me puedes dar?, me duele muy a lo lejos, siento una sensación desagradable debido a lo que espera mi mente, y lo que está por llegar. Enviado me has metido la trampa, el ensayo es una encerrona planificada y llevada a cabo con alevosía premeditación y oscuridad.

No dije nada y me giré en el sentido contrario, ella se movió y el glande avanzó, ella retuvo un gemido, molestia traduje ya que el glande estaba a punto de entrar del todo, por tanto la desfloración estaba en un cincuenta por ciento, faltaban detalles que había que tratar con cuidado, estaba casi convencida.

– Livia, te cedo el turno.
– El ensayo ha terminado por mi parte. Me duele un poco, esperaba más daño y esa sensación de roce, arañazo. Me estás haciendo tuya de forma furtiva, por fases y eso me produce sensaciones contradictorias.

Sentí humedad, era sangre sin lugar a dudas. Decidí que moviera ficha en mi favor.

– Mójate la mano de saliva y lleva los dedos mojados hacia el glande.
Imposible, estaba casi dentro.
– Me duele y aprecio escozor con ciertos finos pinchazos, aunque no se definirlo con exactitud, como si fueran alfileres. Tío ¡Joder con el ensayo!

Ella rodeo con mano el pene y se detuvo, yo deseaba que ella terminara, por esa causa le dije que llevara sus dedos húmedos, supe que sangraba pero ignoraba como.

– ¿Qué piensas?, estoy en vilo y tiemblo – Dijo estrangulando un gemido.

Era verdad y ese movimiento se transmitía al pene, que entró más, pude sentir como el anillo vaginal se cerraba detrás del glande, había conseguido meter la parte más gruesa.

Ella se removió y sus dedos quedaron en el pene, supuse que sabía la verdadera situación como estaba en estos momentos.

– Sangro, mis dedos me lo han comunicado, y me ha vuelto a doler, no sé a qué esperas para conseguir el fin para el cual acepté al Enviado.

– ¿Dejamos el ensayo?
– No seas majadero, esto no es un ensayo, esto es la desfloración pura y dura, mentiroso de mierda. Te has movido entre candilejas difusas y manipuladas, me has hecho colaborar y eres un castigo como director de teatro.

– ¿Un ensayo no es la representación de la obra?
– No comprendo. – empujé un poco más.
– Tío, estás dentro, ya me has desflorado.
– ¿Me sientes totalmente?, no noto el fondo – Respondí con trampa tendida.

Silencio, movió su cuerpo sin soltar el pene. Sentí sus dedos encima de él, apoyaba sus uñas en su base, movió los dedos como si jugara a enredarse los dedos en vello.

– Esto es la dominación – Su voz sonó profunda – Me has hecho tuya de forma encubierta, y yo he colaborado, y no me he dado cuenta de mi sumisión hasta ahora, estaba perdida y no sabía qué hacer, me has confundido y llevado al huerto, pero…

– Piensa en el lugar en que nos encontramos y no sabes lo que ocurre en mi interior.
– Tenías y tienes respuesta, acepté que me desfloraras.

Silencio, pensaba sus palabras.

– Ya, pero dudabas, si al comienzo, te hubiera hecho esta pregunta ¿Hubiera sido la misma respuesta?
– Te equivocas enviado, leo tus movimientos, y desde el principio supe que el ensayo era la representación de la obra, yo sentí tu deseo, y que además lo has confesado, y reconozco que sentí calor, fue una emoción que me hizo transpirar como ahora lo hacen tus manos.
Tus garras, he sentido tus uñas aferradas a mis caderas, atraías mi cuerpo hacia la penetración, y reconozco que me han gustado las sensaciones que tus manos despiertan en mi piel, fue cuando me di cuenta que me estabas poseyendo de una forma ensayada, sutil.

Temblé de nuevo, mi cuerpo se movía sin control y ella me sorprendió. Empujó y el pene entró hasta el final, sus manos se aferraron a mi cintura, y elevando su cuerpo, quedó sentada con sus piernas a ambos lados de mi cintura y al oído me habló.

Yo Livia, te siento dentro, me haces sangrar y ya soy mujer.

– Yo Livia, segunda hembra de sucesión, del linaje Cornelius, me entrego a ti. Ya soy mujer y sangro, aunque no me hayas follado y no se describirte lo que me has hecho sentir, te siento dentro y eso supera mis cálculos, y me he dado cuenta que antes de la penetración, y me has tratado mejor de lo que esperaba.

– Quiero limpiar tu vulva, ahora, sin demoras, quiero tu esencia, quiero beber lo que desprende tu cuerpo y tu sangre.

No me soltó, su abrazo era enérgico, se apretaba con mi cuerpo, sentí sus lágrimas en mi hombro.

– ¡Maldito seas Elegido!, ahora comprendo a Isidra, rompes nuestras defensas, y lo haces con esa garra que hay en tu mano izquierda, y sangro para ti, soy tuya por hambre de mujer y ahora me has despertado a la realidad.

Tengo secretos, no sé qué son y lo que siento ahora me dice que despejarás mis dudas, luego, cuando duermas, hablaré con Isidra, te dejaré escapar mañana por la noche, preciso de respuestas y tú las tienes…

La aparté despacio, abrió su boca para recibirme, y entrando en ella bebí con ansia, y ella me hizo daño al juntar nuestros labios, la aparté y recostándola en la moqueta, me situé entre sus muslos separados, tenía luz verde y bebí su humedad, sentí el sabor de su sangre, que afortunadamente remitía y mi mente tomó lectura de su sexo, sus labios, del anillo vaginal del que limpié con la lengua y ya limpia me enfrenté a su clítoris, estaba excitado y su turgencia llegó a mis labios, mi lengua se enroscó como llave del placer que deseaba sembrar en su entrega.

Livia como respuesta elevó la pelvis encubriendo un alarido, retorció su cuerpo y sentí su mano en mi frente, me apartaba pero no, sentí que ahora las dos manos sujetaban mi cabeza, consentía.

Mi lengua se desvió hacia la entrada de la vagina, respondió elevando más la pelvis y empujando, su movimiento fue de empuje.

Mi lengua fue hacia el interior, ese fino y duro cordón que se perdía en su interior, gimió apretando mi cabeza contra su vulva, y empezó un movimiento, era la señal, la primera sobre todo para una novata, yo había olvidado ese detalle, no puedes subir de nivel, su clítoris no ha sido entrenado y yo jugaba un papel primario, era su dueño, su amo y su mente estaba agradecida.

Penetré en su cuerpo por segunda vez, lo hice muy despacio, gimió moviéndose de un lado a otro, sus manos querían aferrarse a la moqueta sin conseguirlo, y mi movimiento fue pausado.

Entraba hasta el fondo despacio, pretendía que ella tuviera el conocimiento que las paredes la vagina le transmitiera y sentí su respuesta, casi me corro de gusto, su fluido se hizo más deslizante, eyaculaba, mis ojos se humedecieron, no habría trauma, eso confirmó que se había entregado totalmente.

Seguí mi movimiento, lento y salir despacio, del todo y de nuevo ensanchar a mi paso el anillo vaginal, cuya respuesta era un gemido prolongado y colaboraba elevando su pelvis y empujando, sus dedos se aferraban a mi cintura empujando y de su boca escapaban los colores del placer, y esa vez que entraba, busqué su boca, ella mordió mis labios, mientras su cuerpo reptaba, y gimiendo exclamó que no podía más, que se moría, pero yo seguí en mi andar.

Llegó un momento que de su boca escapó un ronquido, su cuerpo elevado se contorsionó, mientras sus manos tiraron de mis costado, nuestros cuerpos se juntaron, pude apreciar ligeras contracciones, era la antesala, estaba formándose más orgasmos.

Fue cuando sentí que me llegaba, refrené las suaves embestidas, ese rozamiento produjo el estallido, fue un orgasmo lento, refrenado por mi sentir, y me fui vaciando. Quieto en su interior apuraba los segundos de placer, ya que su vagina al contraerse parecía abrazar esa parte que estaba en su interior, me hizo sentir un placer extraño.

Quedó desmadejada entre mis brazos, su vientre palpitaba, pensé en olas estrellándose en el acantilado. Abandoné el clítoris, la tormenta se alejaría lentamente, su fluido seguía muy deslizante mezclado con el semen. El paso estaba dado, y era hora de dejarla dormir, despertaría mujer.

Me salí despacio, así como su fluido y el semen, como era natural lo dejé estar, y dándome golpes con los muebles, busqué con que taparla, y luego comida, tenía hambre, pero me equivoqué, era de ella y terminé bebiéndome una botella que olía a vino, me la bebí en tres tragos, estaba descontrolado, me arrepentía del engaño, pero el objetivo está cumplido, evitarla ese impasse, ese tormento de lo que estaba por llegar.

Estaba perdido, sabía lo que estaba llegando, era otra caída, me ocurría de vez en cuando, me despertaba en la madrugada tirado en el suelo. Parecía que me levantaba y andaba, pero tenía dudas ¿Me levantaba o me arrastraban? Fue cuando les vi, esos rostros deformes que se manifestaban, grité asustado, y huyendo de ellos fui hundiéndome en las sombras.

Livia abrió los ojos, un suave zumbido le había despertado, su cuerpo no obedecía al cerebro. Estaba obnubilada y de su vientre le llegó una especies de resaca deliciosa en forma de estremecimiento, notó la humedad en la vulva, sus dedos exploraron, lo llevó a sus fosas nasales, un olor desconocido, sonrió.
Poniéndose en pie, se estremeció llevando sus manos al vientre, se encogió sin perder la sonrisa, réplica de un orgasmo y sus ojos se humedecieron cuando descubrió un bulto en el suelo, era el, el Enviado, ese mensajero que la había confundido, que le había velado ese temor angustioso de la penetración..
Y recordó como había entrado en su cuerpo, sus artimañas habían destruido sus pobre defensas, ese ariete que se había abierto paso en su interior, en ese lugar cálido donde estuvo el origen del deleite que permanecía, su sonrisa se hizo más amplia, se encontraba en un estado impensable, sentía su permanencia en ella.
Se acercó al teléfono interior, ese zumbido había aumentado el volumen, la luz estaba parpadeando en rojo, si pasaba al azul seguridad echaría la puerta abajo, no disponían de llaves de las habitaciones de la planta.

– Si ¿Qué ocurre? – Preguntó sin reconocer su voz, ronca.
– Señora, hemos detectado un extraño sonido, el radar exterior frente a ventana 5 4 F. El scanner de sonidos le ha identificado como grito ¿Le ocurre algo?
Una luz se abrió en su mente, se volvió mirando el bulto del Elegido, recordó que algo le había despertado ¿fue ese grito?
– Sí, me asusté por una araña.
– ¿Mando a alguien? – Tono impersonal.
– No, gracias, todo en orden.

Soltó el auricular y fue corriendo hacia el bulto, iba a encender la linterna del móvil, pero no, detuvo su movimiento aunque él se valiera de artimañas para asaltar su cuerpo por la puerta principal, su cerebro y el placer apartó toda sombra de daño.
Le movió con cuidado, no respondió, acercó su rostro al suyo, respiraba mal, parecía soñar. Se acostó a su lado y fue cuando vio la botella de vino vacía, sonrió acostándose a su lado, besó sus labios rodeándole con sus brazos estrechándole con fuerza y juntando sus cuerpos le habló al oído.

– Mi cuerpo aún se estremece de placer, te sigo teniendo dentro. Que sepas, mi vagina dispone de memoria y tu presencia estaba grabada, para recibir tu lava ardiente.
Si te sentí durante el orgasmo que te produje, con esas embestidas, suaves y lentas, en las cuales te recreabas y yo sedienta de ti, requería tu seminal fluido que llegó, llenándome de calor apasionante. Ya tenía tu esencia, a ti, y un extraño calor se fue extendiendo por todo mi cuerpo, fue cuando comprendí que nuestras naturalezas se fundían.

– Te confesaré un secreto, me siento en deuda contigo, tus artimañas han hecho que terminaran mis temores, me has hecho mujer de una forma sutil, envuelto en seda y me he dado cuenta del cambio que se ha producido en mi mente y cuerpo.

Sigo reviviendo tú sombra dominante, entre mis muslos separados, y yo entregada a ti, mis sentidos te saboreaban, mientras recibía esa parte de tu cuerpo, que lentamente introducías, suavemente, y que apenas me movías, parecía una ola tranquila, sosegada que yo recibía con placer.
Sin darme cuenta que era un rompiente, y contra él te deshacías y volvías una y otra vez a estrellarte, y lentamente dentro de mí te fundías. Aun escapa de mi cuerpo y que no me he limpiado.

Recuerda siempre mis palabras, yo, Livia Cornelius, yazco a tu lado, entregada, vencida y conquistada.

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