5 – ILVIA. Segunda parte.

5 – ILVIA. Segunda parte.

Abrí los ojos, perdido, pensaba que estaba durmiendo y era una de mis pesadillas, un sueño repleto de mal, pero seguía en la cocina y todas me miraban atrapadas en mi presagio, mi garganta estaba seca aun podía revivir esa forma de romper su himen y vi su maldad, me transmitía el daño que debió de sufrir, fui su ejecutor.
Mis pulsaciones eran muy rápidas, había despertado como algunas madrugadas, lleno de miedo y terror.
– Terrible presagio el tuyo. Me gustaría saber en qué te basas, no dispones de dato alguno.
Dijo Flavia muy seria. Pero respondió la cocinera jefe.
– He observado su rostro, no es un pensamiento, tampoco un presagio, él lo ha vivido, el conoce el cuerpo y a la niña que debe seducir, y ese paso a ser mujer según costumbre ancestral. Una mujer lo es cuando la han follado, antes no. Mierda de hombres.
Bajé la cabeza abrumado, no podía demostrar el sabor que tenía en mi boca, es inconfundible ese sabor, no quise comprobar el color de mi saliva, haciéndome pensar en las pesadillas que tuve de muy pequeño, y lo peor es que una vez me vi desde afuera y ese recuerdo pervive como si hubiera sido esta madrugada.
– Te sorprenderás, es diametral en ese sentido, yo entiendo tu reacción.
Dijo Isidra, la miré elevando ligeramente la cabeza, estaba afectado, mis tres vírgenes se solaparon recordándome que excepto la primera, que para más detalle era una frígida, cosa que me ocultó, las otras dos no tuvieron problema alguno ¿pero lo vivido?
– Propongo que se deje de misterios y se conozcan ya mismo, y este lugar es tan bueno como otro.
Se anticipó Flavia a las demás.
– Ella es la que decide – Argumentó Isidra – Ella debe elegir el entorno y le gustó la idea del desconocido y eso de elegido no le dio importancia, ella era quien le había elegido, ya que pudo negarse y mirar entre sus amigos o conocidos.
– ¿Entonces cuál es el siguiente paso?
– Habla con el inglés, que ella mueva ficha – volvió a responder Isidra – necesita dormir y cada minuto que pasa puede tener consecuencias, que se duerma durante o antes, eso sí que sería un trauma para ella.
No andaba desencaminada, me encontraba cansado. No me había dado cuenta, pero Flavia se había alejado del grupo y hablaba por el móvil. Me miró varias veces asintiendo, volvió y mirando la pantalla del móvil dijo.
– Solucionado, la dama ha escogido un hotel a media hora de aquí, quiere un lugar neutral sin moscas ni moscardones. En la entrada hay un pasillo a la derecha, en el están los apartados que hay junto a conserjería, busque el 6H clave MH_[Y]_2, que mire en su interior y piense. Y por cierto la clave dispone de mensaje, yo al menos lo descifro así.
Y el móvil fue pasando de mano en mano, incluso las que estaban junto a los fuegos, todas asintieron en silencio con alguna risita de fondo y Flavia me tendió el móvil.
En efecto, pasé por alto MH, y si vi el mensaje de la Y donde estaba situada y el 2, deduje que dos veces, respiré aliviado, y era hora de ponerse en marcha. Me puse en pie.
– Señoras, señoritas, debo no alterar el destino. Lilian me espera.
Me detuve detrás de Isidra, y la besé en el cuello, y bajando mucho la voz, le dije que estuviera preparada, a mi vuelta huiríamos. Tocó mi mano asintiendo con la cabeza, me dijo por lo bajinis que fuera bueno, que esa jovencita formaba parte del futuro de la familia, ella podía llegar a ser heredera.
Antes de traspasar la puerta la miré, su gesto era tranquilizador, mantenía el cuello ligeramente torcido y en sus labios esa sonrisa que me cautivó, juntó los labios asintiendo, leía mi pensamiento.
El inglés me miraba pero le ignoré, salí al aparcamiento y sorpresa, había un coche que no conocía y un tipo al volante, me hizo una señal que me sentara atrás, dijo que era el guardaespaldas de la pequeña.
Si pensó que me iba a tranquilizar se equivocaba, eso hizo que mi preocupación creciera. Salimos disparados, las señales de velocidad de 100 él los traducía en 200, pero demostraba que conocía la carretera con detalle y derrapando, frenó en la rotonda de entrada del hotel diciéndome.
– La mojigata premia la rapidez, espero se lo mencione, con usted me advirtió que utilizara el procedimiento de urgencia, el premio es importante, vacaciones de verano pagadas y sin límite de coste – Se volvió bajando el tono de voz – Usted ha sembrado tormenta, eso me dijo como advertencia, tenga cuidado la mojigata no es lo que parece.
– ¿Qué parece? – Pregunté al descerebrado.
– Cosas raras, vive en otro mundo y se rodea con gente muy extraña. Y no le diga que hemos hablado, me quiere mudo.
– No se preocupe.
Dije mirando el motel con curiosidad. Su nombre me dio que pensar Motel Thunder, y aunque me engañara, mis temores afloraron en mi piel, esa niña no mostraba ese perfil, deduje que pisaba fuerte y mi mente cansada me dijo que empleara la oscuridad que predije.
Seguí las instrucciones y dentro del apartado estaba la llave en forma de tarjeta, entré en el ascensor y era la última planta, salí al rellano pensando que estaría y cuando las puertas se cerraron la oscuridad reinó, me moví pero no se encendió luz alguna, mi respiración arrancó bruscamente, no tenía el mando de la situación ¡Joder con la niña! Pensé. Y una voz suave me sobresaltó.
– Enviado, la planta es nuestra, nadie nos molestará y estoy al tanto de todos tus movimientos, sé que estás cansado. Isidra en su generosidad me ha sugerido que te dé cuartel, y me ha hablado de tu presagio, y siendo sincera contigo, ese fue mi primer pensamiento.
Estaba bloqueado, si quería sorprenderme lo había conseguido, y levemente temblé.
– ¿Tu nombre, ahora? – Pregunté con dificultad.
– Ilvia.
– ¿Silvia? – Pregunté con duda que fuera su nombre.
– No, Livia, soy Cornelius ¿y el tuyo?
– Caminante.
– Eso no es un nombre.
– Tengo una copia del anuncio del viaje compartido, hay otro nombre.
– Ese es falso. Como el tuyo.
– De ese presagio he visto un detalle que me ha gustado. No llevo ropa alguna, tú debes quitártela.
Obedecí.
– ¡Descalzo!
Me quité los zapatos y respondí.
– Extiende tu mano – Ordenó.
Y ella tomando mi mano, entrelazó los dedos tirando de mí internándonos en el pasillo de la derecha, había dos.
– Da a la parte trasera del motel, zona arbolada y silenciosa, me han hablado de tu comportamiento.
– ¿Y tú qué opinas?
– Soy tranquila, fríamente tranquila como dice mi padre Stu, se hace llamar Stuart pero su nombre es Armando.
El silencio fue mi respuesta, se detuvo. Pegó su cuerpo al mío, y nuestros rostros quedaron muy cerca, sentí su aliento.
– ¿Qué clase de mujer…, piensas que soy?
La corté juntando nuestros labios, solo juntarlos. Retrocedió centímetros, seguí sintiendo su aliento.
– Se tu misma, yo no sé mostrar otro perfil, soy como soy y siempre digo lo que pienso.
– Pocos amigos tendrás – Respondió con suavidad.
– Así es, tampoco los necesito.
– ¿Eres un tipo hecho así mismo?
– Si, ya con 13 años tomaba decisiones.
– ¿Eras precoz?
– No, encubría mi ignorancia y madurez con una firmeza que estaba muy lejos de tener. Cometía muchos errores pero el tiempo me dio la razón, mi opinión del sistema y de la vida era correcta. Todo tenía un precio y… – Me silenció juntando sus labios en los míos, le había gustado la forma.
– Tus palabras confirman mis temores – Puso su mano abierta en mi frente y acercando su boca a mi oído derecho susurró como si temiera que alguien nos escuchara – Detecto tu tormento, veo cicatrices sin curar y esa inquietud que te provoco.
Solté aire despacio, ella seguía con sus labios pegados en mi oreja. Prolongué el silencio, su proximidad me producía una sensación agradable, el hielo que llevaba, lo había licuado con su calor que empezaba a sentir con su proximidad.
– ¿Por qué tu pensamiento en oscuridad, en mi metamorfosis a mujer?
Rozó con sus labios mi hombro.
– Detecto falsedad en la información que me dieron de ti.
Silencio, oscuridad y en el pasillo, donde las sombras danzaban, veía sus ondulantes giros. No estaba ciego.
– Lo sé, es el precio que tienes que pagarme, a mí, y olvida a mi padre y familia.
Seguí un impulso debido al halo en que ella me envolvía con su proximidad y tono al hablarme. Puse mi mano abierta en su vientre, ella encogió su cuerpo levemente, y de su boca escapó su aliento, llegándome al cuello, su cabeza rozaba mi hombro.
– ¿Qué me haces? – Susurró apoyando su frente en mi cabeza.
Casi me ahogo, fueron la mismas palabras que utilizó otra virgen, ya difunta. Mi recuerdo hacia ella, la vida la trató muy mal.
– ¿Por qué? – Necesitaba saber si todo lo tenía planeado.
– No estaba segura de lo que hablan de ti, hay opiniones contradictorias, te ven como un cabrón que ha liado a la heredera, un buscavidas y mi padre quiere ganar puntos si averiguo que pretendes, tienes a Isidra atrapada, me contó cómo no llegó al primer orgasmo, lo hiciera de la forma que lo hiciera.
Ella se masturbaba pero nunca lo consiguió, pensaba que su sistema nervioso fallaba por qué estaba fragmentado, pero no, era su mente y te venera, tu plan playero la tiene alterada, respira con ansia, y rabia por lo cruel que es el destino con ella, por eso te llama el enviado y asume que debe compartirte.
– Se algo de ti. ¿No podías ayudarla?
De nuevo el silencio y la oscuridad. Estaba sobrecogido y mi mente estallaba, lucecitas de colores. Iba de frente, eso me tranquilizó. Y mi pregunta produjo efectos, su tono había cambiado.
– La verdad siempre es siniestra, y no entra en mis planes mentirte. Isidra y apoyada por la cocinera, aseguran que sueles cambiar la vida a la gente que encuentras en tu camino, ¿es verdad? – Titubeó levemente.
– Para mí es, era un juego, pero ya no, me di cuenta que el pago que recibía estaba envuelto con la tonalidad del mal y eso que nunca pedía nada, me refiero a mí mismo.
– Me gustaría saber qué piensas de mí.
Pensé deprisa, pero no, estaba tocado y mi mente no daba para mucho, pero no había respondido a mi pregunta. Seguí su juego.
– Detecto que eres muy joven, caprichosa y con poder para mantener tu estatus. Flavia que carece de moral te protege y tu padre ni pincha ni corta, llegué a la conclusión que ocultas cierto poder para hacer lo que te dé la gana, veo la sombra de la niña mimada y caprichosa.
Hice una pausa. Mi mano seguía en su vientre. Su piel me proporcionaba datos de su edad. La piel tenía su punto de sequedad debido a la desnudez, y era peluda. Su epidermis parecía un campo de trigo pendiente de segar.
Pensé en una de mis fotografías nocturnas, en la madrugada, ella durmiéndose en el éxtasis del placer, y yo en su interior alcanzando el orgasmo y procurando mantener esa sensación máxima, pero un chispazo en mi mente hizo que pensara en la fotografía, no podía perder tiempo y eyaculando salí de su vagina, situé los tres focos en la señal y cogí la cámara, hice solo dos fotos, y grabé en mi cerebro su postura, su monte de venus que era el verdadero fondo de la fotografía, mientras que goteaba semen en la moqueta. Sus palabras me hicieron volver a la realidad.
– No quiero nada a cambio, tengo la vida que quiero y además este viaje compartido me ha cambiado la vida, no solo lo hago yo y tú, hace unos minutos la has vuelto a cambiar. Es lo que aseguro, cuando vuelva a casa no seré el mismo.
Cogió mi mano y la llevó al monte de venus. Mi cuerpo reaccionó, sentí calor. El monte de venus era una maleza de fino vello, no pude evitar pasar mis dedos como si fuera una cortadora. Mi cuerpo aumentó de temperatura.
Tembló levemente y seguí su impulso, mi mano descendió rozando los labios de la vulva, ella evitó encoger el cuerpo apoyándose más en mi hombro, modificó su postura y me susurró al oído.
– Me has encendido, y estoy aturdida. Temo que has entrado en mi cuerpo más deprisa de lo que pensaba, parece que has adivinado mis temores, cubres mis miedos con sensaciones que desconozco y me estremeces – Gimió sin reservas.
Pensaba que algo la ocurría, suelo rastrear el cuerpo de la mujer que tenga a mi merced, le entrego nuevas sensaciones a cambio de algo que no todas disponen de ese privilegio, cada una es como es y lo tengo asumido.
Y mis dedos según medía la vulva rozaron el clítoris en su descenso. Sus brazos rodearon mi cuello abrazándome. Acopló su cuerpo al mío apretándose con fuerza pero no impidiendo a mi brazo, que eso confirmó que consentía, la señal que buscaba y mi mente obstruida miraba en dirección a sus temores en el sexo.
Mi instinto animal fue despertado, me llegó algo semejante a la sensibilidad sexual femenina, una de mis maestras me aseguró que si era bueno con las mujeres, tendría mi recompensa, que la naturaleza ve y escucha. Me dijo ahogando un suspiro.
– ¿Qué me haces? – Repitió, parecía machacar mi recuerdo.
Su tono era anhelante y movía su cintura empujando, pensé en la penetración. La señal era una evidencia, pero no, era pronto. Su miedo era patente y lo sabía, deduje que no debíamos entrar en esa habitación, en ella tenía situado su miedo, su dolor en la penetración.
No dije nada y cogiendo su brazo izquierdo, apresé su mano con la mía y la llevé al pene, yo ya estaba en marcha, pero era el comienzo, la experiencia me demostró que ella debía de conocer su crecimiento, y yo la haría comprender su poder.
Me olvidé de mi plan, ella tuvo un cambio, ya no temblaba y si me di cuenta que estaba pendiente del crecimiento en su mano, era el momento de ayudarla en las reacciones de su cuerpo.
– Te diré cuál es el tamaño que entrará en la vagina, pero antes de ese momento, harás lo que te diga, de esa forma tendrás información más acertada.
No respondió pero su cuerpo si lo hizo, estaba perdida y era lógico, desconocía las reacciones que iba a tener, era la primera vez y todo son dudas, sobre todo por qué todas medían su posición, preguntaban qué tal, se refieren a su comportamiento, y el honor me hizo ensalzarlas a todas.
Su ego estaba intacto y precisamente, esta fémina tenía todos mis respetos, pero me faltaba saber la causa, seguro que había gente entrometida y el sexo es personal e intransferible, nadie, ni tu madre debe entrometerse ya que el sexo forma parte de la personalidad femenina, nuestros ancestros son culpables de sus traumas.
– Me harás daño, me dolerá mucho – Exclamó ahogando un sollozo.
– No, haz una prueba, sigue mis indicaciones y por cierto, tengo un capricho ¿Qué vinos hay en la habitación?
Su cuerpo tembló, su mano seguía aferrada al pene y me di cuenta del bloqueo, no entendía que hablara de vinos en esos instantes, ya la explicaría que es una táctica y una estrategia, Sun Tzu, lo dejó muy claro, su libro el arte de la guerra, servía incluso en el sexo.
– ¡Joder tío! ¡En estos momentos tienes interés en los vinos que me han seleccionado!
Su mano cedió en la presión, su mente estaba divida, era lo que pretendía. Y de nuevo cambié el tercio.
– En la penetración, según opiniones recabadas en mis incursiones en tierras vírgenes, es que la realidad era inferior a la ficción, una de ellas en tonos ordinarios dijo que la polla que inauguró su vagina, le hizo menos daño del que pensaba, algo parecido a un roce con algo mal afilado y que su anillo vaginal era superior, le llamó pollita, con esas palabras. Háblame de los vinos.
– Tengo mejores que él viña Tondonia, pedí según tus deseos, de la Rioja, pero tengo un par de botellas, por si eres de piñón fijo. Y que sepas, he sentido lejos una sensación indescriptible, algo que nunca he sentido, pero mi miedo sigue patente.
– Tengo sed y tú también debes tenerla, entra en tu problema y aleja tus miedos, crearemos tus fantasmas en este lugar, escogido por ti.
Preciso de una copa y tú también aunque no debas. Vamos a hacer una especie de impasse analizar la base de tus sentidos, es necesaria una respuesta de tu cuerpo, pero antes precisas de tu percepción sexual.
– ¿Por qué mencionas a los fantasmas? – Su tono había cambiado.
– Es largo de contar, nací con pesadillas y las tuve durante mis primeros ocho años de mi vida, y sin saber me defendía en esas madrugadas lleno de terror y conseguí algo impensable, aunque no te lo creas, me vi desde afuera, desde ese ángulo donde ellos aparecían.
Silencio en el pasillo, las sombras seguían en su movimiento y yo había despertado como el pene, aunque con reservas, faltaba ese paso, entrar en la habitación que ella había escogido y detecté sus temores debido a que sabía que la penetración estaba muy cerca.
– Te haré un regalo, Isidra ha visto cosas extrañas en ti y lo que terminas de describir, confirma la presencia de fantasmas y diseñé una protección para ti.
Diseño cartas espectrales, basadas en mis visiones, aparecen en cualquier momento, y dibujo cartas. No verás el dorso de todas, el lado oscuro. Es donde revelo su significado.
Detecto dudas – Susurre.
– Me da miedo, es el lugar escogido para mi penetración, pasar de virgen a puta, que es lo que decís los hombres.
– Te equivocas, todo eso es un mito, tengo una duda, que prefieres ¿Sentarte o que te penetre?
– ¿En qué se diferencia?, el daño será el mismo.
– No, no es igual, y la diferencia se debe a la flexibilidad de tus músculos. Hay un sistema que yo utilizo, y el dedo meñique es el explorador, ese mide la abertura del sello del himen y lo que hago es que voy introduciendo dedo a dedo aumentando su grosor, de esa forma el desgarro es lento y diferente.
– ¡Tío!, si yo publicara todo lo que me estás contando, los comentarios llenaría del todo mis gigas.
– Es una broma, pero antes debes de seguir un ritual, medir el glande del pene, es decir, juntos los labios y presionas el glande en ellos, verás no es de piedra y eso hace que no sea tan doloroso.
– He visto videos, y no veo que ese detalle minimice ese trauma, nunca comprendí ese obstáculo natural.
– La causa es que somos anfibios, nada que ver con el mono. Mira la membrana que tenemos entre los dedos y si estuviera abierta la vagina, por ahí entraría de todo ¿Y ese vino?
– El estado de tu estadística sexual, debes saberlo, soy una mujer minuciosa, es bueno. Tus dedos entre mis labios, me producen una sensación desconocida, eres el primer hombre que consiento y tu escritura sexual me enciende de una forma que desconocía.
– Te aclaro que asumía tu presencia y no se el tiempo que llevas en mi cuerpo, ni me importa, pero reconozco que empiezo a comprender la naturaleza femenina.
De nuevo silencio, esta vez dejé en libertad su mente.
– Tu mano entre mis labios sexuales, me inquieta y a la vez me intriga, intuyo que hay que seguir adelante, y tus cifras son altas, has sabido entrar en mí y no con tu pene, lo has hecho por la puerta principal.
En cierto modo me asusta, puedes acceder y conseguir mi sumisión y ahora, he empezado a sopesar que ocurrirá cuando tu pene esté dentro de mí y embistas hasta conseguir un orgasmo y derramarte, llenar mi vagina de ardiente semen, lo que es hacerme tuya.
¿Y después? ¿Qué hay y que queda después?, ya que desaparecerás. Isidra me lo ha confesado, ahora está preparándose para tu marcha, dentro de 18 días que cuenta lentamente, como si fuera una condena.
Isidra me confesó, que siente el mordisco humillante de los celos, pero que lo hacía por ti, una especie de sacrificio femenino en tu favor, sabe que sufres, lo presiente, sabe de tu mundo paralelo y por eso anhela ese viaje, quiere arrebatarte tus demonios, quiere que tus noches sean tranquilas, y romperé mi promesa, y lo hago con todas las consecuencias.
Sabe que en las noches de raso blanco, vagas bajo pálidas estrellas.
Lo que no aclaró si era físicamente o mentalmente, aunque ese caminante está incompleto, asegura que eres un caminante de la noche, lo haces por qué no encuentras el descanso y así evitas a tus fantasmas.
Temblé sin querer, mi cuerpo parecía no sostenerse, ella me mantuvo mi vertical, y fue cuando se arrodilló, y sentí como retiraba el prepucio y el glande fue presionado por su labios apretados, después los separó procurando la entrada en su boca, y una vez dentro apretó los labios.
Mi cuerpo se estremeció, y una sensación de deleite inundó mi mente. Ella movía su lengua dentro de su boca y el pene se endureció, y fue cuando despacio le fue sacando de su boca, y entre sus labios muy juntos, presionó el glande.
Me estremecí de gusto, mi respiración se hizo inestable, mi cuerpo requería el final y ella admitió mi movimiento, y el pene entraba y salía debido a mis embestidas, había sujetado su cabeza por detrás y babeaba, había olvidado que eso no era su vagina y ella detuvo mis embestidas, sentía las pulsaciones, e incorporándose, besó mis labios y me admitió dentro de su boca, allí recabé su sabor, quería toda su saliva y me apartó hablándome al oído.
– No tengas prisa, me has enseñado más cosas que ignoraba. De cómo os esclavizamos, de cómo profanáis nuestra boca, y como el placer que os proporcionamos os hace inconscientes. Me he dado cuenta que si te dejo más, me hubieras llenado la boca de semen, pero eso será más tarde, cuando me enseñes algo que me dijo Isidra, tu sabes que es el amor y quiero esa vivencia, quiero estar segura que hay algo más que este sexo guarro que deja mal sabor de boca, y ella me aseguró que sintió tu espíritu a su lado y ahora vamos a por ese vino, aunque necesito que me protejas.
El sonido de la tarjeta y el clic de la puerta, pero ella no empujó la puerta, lo hice yo tomando la delantera, ella cerró su mano en mi mano y entró detrás, pegada a mi espalda, me detuve, necesitaba un dato y era el mejor lugar para su respuesta.
– Desconocida virgen ¿Puedo comprobar algo importante de tu cuerpo?
Respondió sorprendida.
– ¿Aquí, en estos momentos?
– Si, luego te explicaré el motivo.
– ¿Y no mejor afuera?, tengo miedo.
– Si me permites y obedeces, será rápido.
– Esta niña obedece, tengo suficientes sensaciones para saber que estoy en el camino. Ordena y esta sumisa está para tu placer, amo.
Y allí mismo, en la moqueta la acosté, mi interés, prisa y desasosiego estaba en si había despertado el deseo que habita en toda hembra y me arrodillé en su costado, separé sus piernas e introduje mis dedos entre los labios de la vulva, con cierto temblor buscaba su respuesta, humedad vaginal.
– ¿Amo, que buscas?
Preguntó a la vez que su mano cogía el pene.
– Amo ¿te gusta?, eso sentía en mi boca.
Mi mente era un caos, no hice caso de su mano, pedía a los Espíritus del Oscuridad su humedad y que a cambio realzaría sus mandatos y que la llevaría a las profundidades del placer.
Y me respondieron, mis dedos se humedecieron, su vagina estaba humedecida por el placer obtenido, sentí humedad en mis ojos y sentí el deseo de poseerla allí mismo, y con temor decidí no guardar este secreto.
– Tu vagina responde, está húmeda y admite la penetración, al margen de que recibirá ayuda de mi boca y de los momentos previos a la penetración, es decir, la excitación, precisas de alcanzar antes orgasmos y procurarte la subida de nivel ¿consientes?
No dijo nada, debía darle tiempo a que procesara lo que sentía en el interior de su cuerpo.
– Si, siento esa humedad que sale de la vagina, y si es tu deseo, consiento. Pero me gustaría paladear lo que has despertado en mi naturaleza de hembra. Y además servirte ese vino prometido, he decidido ser tu copa y recipiente, eso lo ley sobre las mujeres y que me llenes.
Su cuerpo temblaba y la cubrí abrazando su cuerpo. Nuestras cabezas muy juntas permanecieron. Giró su cabeza y me habló con cierto apremio.
– He comprendido que ese momento tan temido, había llegado. Pero necesito mucho más que quietud, y por eso quise detener esas sensaciones, que me inducían a ser follada sin demoras de ningún tipo, pero sé que no es lo tuyo, Isidra me habló de un sentimiento y eso no se puede fingir.
– ¿Y tú miedo a la habitación?
– Se aleja, has sabido confundir mis temores, esa estrategia ha funcionado, y ahora bebamos, y como premio te pediré que recorras mi cuerpo, mis pechos te gustarán y sobre todo quiero tu boca.
Se sentó en la moqueta cogiendo el pene, yo permanecía acostado y doblando su cuerpo le besó, retiró el prepucio y le besó despacio, luego su lengua apareció, humedecida le recorrió, y le metió en su boca.
Le mantuvo presionado y pensé que para no saber lo estaba haciendo muy bien, y empezó a sacarle y meterle en su boca, despacio, muy despacio y empecé a sentir ese deseo de entrar en su vagina, mi cintura denunciaba mis movimientos y se detuvo.
Le sacó de la boca y cerrando sus dedos continuó, y mientras yo murmuraba, el gustillo fue sustituido por el nacimiento del placer me dijo.
– Esto no es masturbación, ni tampoco la baja clase de paja, eyacularas debido a que lo necesitas y lo conseguiré con mis labios no con la boca, es un premio a tu astucia has eliminado mis temores.
Y lo cumplió. Por el movimiento de mi cuerpo, lo que salía de mi boca y respiración anhelante, supo el instante en que me corría y el semen escapó del glande chocando con el muro de sus labios apretados, descendiendo por su barbilla y goteando en sus pechos, y cierto movimiento de su cabeza hacía que el placer no descendiera de nivel, y por último, separó los labios introduciéndose el glande en su boca limpiándole.
– Elegido, tengo tu semen, que está impregnando en mis pechos, también en mi vientre y he limpiado con mi lengua el glande. Ya formas parte de mi interior, tu sangre con la mía, ¿algún deseo?
– Si, y te ordeno que la próxima menstruación, cuando esté a punto de llegar me avises, ese si será el momento de mezclar nuestra sangre.
– Amo, serás obedecido, pero no será aquí, este lugar me inquieta, decide donde y allí estaré, piensa en mí sombra. Pasemos al baño, te lavaré, cuidaré de ti, y después alimentaré tu cuerpo, regado por los vinos que nos esperan y dormirás, y quiero que lo hagas en mis brazos, requiero esa experiencia. Y cuando despiertes, te enseñaré mi cueva, lugar donde dibujo imágenes de mi mente.
– Allí cenaremos, deseo que me enseñes lo que la oscuridad esconde, lo sé, lo presiento, los comentarios de Isidra me confirmaron su descubrimiento y que yo he detectado, tú ves lo que pocos pueden, es un don del ese mundo paralelo, se llama percepción, puedes ser un reaparecido, haber muerto pero la naturaleza te quiere vivo, algo dejaste sin terminar, debes averiguarlo.
– Sorprendentes tus palabras.
Pero mi cuerpo tembló, tiritaba, sentí frío ancestral, desconocida sensación. Y su revelación fue añadida a la memoria de mí ser, ella ignora que no quise nacer, eso le dijeron, era muy grande y mi madre no podía dilatar más ¿Quién era esta muchacha? ¿Una mensajera? ¿Me advertían?

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