3 – Tejiéndose, más telas de araña.

3 – Tejiéndose, más telas de araña.

El viaje compartido3.
Les miraba desde la entrada del garaje, el tío decía algo a su hija y esta desapareció de la vista, y en esos momentos apareció Paz, la besó en la mejilla, pero ella había ofrecido sus labios, tomé nota mental, y fue cuando pensé en la envidia, este defecto humano es más dañino que una enfermedad.
El móvil de nuevo vibró gruñendo, otro mensaje de Isidra, había consejo, la causa era ella. Añadió que era mejor enfrentarse al problema, podíamos haber seguido nuestro camino, pero eso iba a enturbiar el viaje que ella había decorado, ese fondo era repetir ciertos orgasmos que le habían abierto nuevas perspectivas, y que seguían en su memoria primaria, podía revivirlos y que la ayudara a ponerla en el carro.
Victoria llegó con el carro y apartándoles la ayudé a acomodarse, y en fila fuimos en dirección a la cocina, pensaba en un salón, pero decidí adoptar la postura del convidado de piedra, impasibilidad total, no mostrar reacción alguna, mi mente se había petrificado.
En la mesa con forma de L cada sillón tenía su dueño y posición en la familia y a mí me correspondió uno alejado de la cabecera, en la esquina y el espacio más reducido. Había siete a cada lado y frente a la cabecera, el extremo. Me sorprendieron las definiciones de los puestos, el mío fue añadido y el sillón era diferente, reconocí detalles del pasado, perecía despertar la misma hostilidad fuera donde fuera.
Isidra se sentaba a la derecha de su tío, este ocupaba la cabecera, Victoria en tercer lugar y poco a poco fueron llegando el conjunto familiar quedando solo un lujoso sillón vacío, estaba situado algo más retrasado y en una elevada tarima, rodeado de cortinajes de ante, y que se ocultaba debido a la penumbra.
En esos momentos se apagaron las luces, tan solo las furtivas llamas del horno, que dejaban crecer las pavesas, y fueron encendiéndose grandes hachones amenizando el ambiente con sus cimbreantes llamas, que ocuparon nuestras retinas hasta que se ajustaron a las corrientes invisibles de aire, fue cuando iniciaron un insinuante movimiento.
En lugar de los platos de la presidencia, él tenía una carpetilla abierta y varias hojas, fue situándolas delante y una que seleccionó del final la puso aparte, y me miró, supuse que debía ser información sobre mi persona. Ordenó servir vino y los sillones vacíos me dijeron que eran las sirvientas, pensé que le faltaba la corona en su calva cabeza.
Yo impedí que me sirvieron vino, lo hice con una suave carga antirreglamentaria en su cadera izquierda, impidiendo que pusiera vino en mi copa, que comprendió al instante.
Era de mediana edad, me miró sonriente y su mirada estaba llena de curiosidad. Le devolví la mirada, impersonal, sus mejillas se colorearon levemente como respuesta, y una sonrisa, no me era hostil.
Anoté en mi mente que era una aliada, Ira me aconsejó formar a mi ejército tomándole del enemigo y todas las mujeres reaccionan de la misma forma, eso que Isidra ha descubierto, atracción fatal, a todas les gustan los chicos malos y yo lo era según la tela de araña que en silencio la tejían.
Los huecos de la gran mesa fueron ocupados por grandes bandejas de cerámica, decoradas con escudos de armas y con ricas manjares de todo tipo, desde luego nada desechable pero mí estómago estaba cerrado, y mi garganta estaba bloqueada por lo que estaba por llegar. Se repetía el rechazo hacia mi persona.
Había algo que me hizo temer lo peor, no por mí, Isidra me miraba insistentemente y yo no respondía a ninguna de sus señales, vi que escribía ocultando el móvil, miré la pantalla, decía “No llevo sujetador, ni bragas, es por ti y para ti, quiero revivir esos instantes, y un secreto de mujer, vi el rostro de esa bestia que bebía de mi vulva” y después otro seguido, que me hizo sonreír, “refrena tus impulsos, los detecto”.
Me marché de allí, mi instinto me hizo pensar en sus palabras, esa bestia que bebía ¿Qué le reveló su mente?, volví lleno de dudas.
El tío empezó con su verborrea de la reunión familiar, no pasé por alto la mención de quien debería ocupar ese sillón vacío, era de la abuela de Isidra, la regente de la familia Cornelius, el ama de los destinos de todos los componentes que había.
Todos se pusieron todos de pie menos Isidra, yo les imité y elevaron sus finas y altas copas mediadas de vino tinto, dijo unas palabras en honor a la abuela regente. Miraba mi copa vacía encima de la mesa, yo mientras había pasado en una diagonal con mi reina, era un jaque directo.
El brindis quedó suspendido en el aire, la misma sirvienta de antes llegó por detrás, me di cuenta que era iniciativa suya, puso otra copa con vino entre mis dedos, yo tenía las manos apoyadas en el mantel y se quedó a mí lado, me devolvió el saludo suavemente, su cadera unida a la mía se hizo hueco, de nuevo sonreí.
Isidra frunció el entrecejo, se había dado cuenta de ambos movimientos, el impedir que pusiera vino en mi copa y el abandono de su sillón, haciéndose espacio con su cadera empujando a la mía y mi sonrisa, ya que además la miré de soslayo, ella mostraba un gesto travieso, eso afianzó mi opinión sobre ella, era aliada.
Levanté la copa como todos, el tío respiró y el tono de su rostro enrojecido fue desapareciendo lentamente.
– ¡Por la señora! ¡Por su salud y que siga por muchos años dirigiendo nuestras vidas! ¡Que los dioses la acompañen siempre!
Me pareció pobre, pero viéndole, no daba para más, y todos bebimos, aunque yo solo me mojé los labios, pero mi aliada de nuevo cargó con su cadera, ese roce insinuante mirándome de reojo, no ocultando ese ensayo de sonrisa, bebí un poco, lo suficiente para que el camionero viera que el nivel había descendido, Isidra no había perdido esas arrugas de la frente.
Con un gesto de sus manos indicó que nos sentáramos y mi aliada se alejó haciéndome un gesto de despedida, traduje que fuera chico bueno, la imité con ese mismo ensayo, ella asintió una vez que se sentándose en su sillón, muy cerca de mi esquina proscrita..
Y un largo rollo de palabras de cómo iba la familia, de sus finanzas y cómo marchaba en el sentido correcto, a pesar de los problemas que había en la actualidad. Luego pasó al capítulo de los proyectos para los próximos dos años que no dejó de sorprenderme, pensaban vender bellotas de roble, de encinas y piñas de pinos piñoneros, tierra para cerdos, y más cosas que no entendí, después sonrió mirando a todos y así cerró la carpetilla.
Puso esa hoja del principio cuando me miró, me llegaba el turno, subí los escudos y miré por encima de ellos, pensé en la formación tortuga de las legiones romanas.
– Por último un problema, grave problema, tenemos un intruso, este ha cautivado a la heredera y hablo del invitado, ese individuo del cual ignoramos todo y por esa causa adelanté el consejo..
Y una mano se elevó por encima de las cabezas, miró en su dirección asintiendo con la cabeza.
– ¿Qué clase de asunto es?
Era Paz, su mujer, parecía haber bebido y no una copa.
– Protección de Isidra. Se la lleva fuera de nuestro alcance.
Enfatizó la palabra protección. Hubo otra mano levantada, su hija Victoria.
– ¿Hay causa en el informe?
Paz recibió una fría mirada por parte de su marido y su hija fue ignorada.
– En cuanto a su economía no, pero lo extraño es que parece tener todo cerrado, bloqueado, y todos los informes avisan de lo mismo, tener mucho cuidado.
– ¿Cuidado sin fundamento? – Insistió Victoria.
El camionero se encogió de hombros.
– En economía se pueden esconder y falsear datos, los hay a diario, de su trabajo son buenos los informes, es un tipo trabajador pero tiene un problema, se aísla y no participa como los demás compañeros, recursos humanos no se pilla los dedos, deja en el aire para que cada uno entienda lo que quiera… Y aproveché para mencionar la causa, nuestra preocupación por la seguridad de la heredera, y como era jefa de recursos humanos, sembré la duda de la moral de intruso.
Otra voz de nuevo le interrumpió, el brazo de su hija seguía alzado, e ignorado, pensé. Prosiguió.
– Me he enterado que han estado juntos desde que llegó con tu hija, y veo cambiada a Isidra, que es lo que más me interesa. Te recuerdo que debo rendir informe de todo el programa ¿es cierto todo?
Su rostro se había coloreado de rojo oscuro, rabia contenida.
– Sí, es verdad, han estado juntos desde que llegó y se pensaban marchar, sin dar explicación alguna y eso me hizo temer por su seguridad, no sabemos nada de ese individuo.
Me gané una larga mirada de la mujer que había hablado, muy bien vestida, un escote con clase y no vi ningún tío a su lado, desvió la cabeza de nuevo hacia el camionero.
– Opino que entonces debes cambiar tu estrategia, sugiero que hable antes la interesada, que Isidra tome la palabra y nos hable del intruso, que es lo que me han informado nada más llegar.
Curiosee su coche y me sorprendió verle cargado y en su maletero secretos.
Hubo un murmullo, y su rostro me dijo que la mujer había dado en el clavo, no se había dado cuenta de que había más mujeres que hombres, estos también parecían convidados de piedra. Como yo, deduje que ellas eran Cornelius por tanto ellos callaban.
– ¿Qué secretos? – Preguntó el camionero despistado.
– Eso se lo preguntas a Isidra cuando vuelva, si es que vuelve y no por que la secuestre. La he observado y ella sabe cosas que te iban a escandalizar, no solo vosotros tenéis secretos inconfesables, me he dado cuenta del cambio en el rostro de Isidra, ha desaparecido ese gesto de hastío, asco y miedo que le producís tú y tu familia.
Miré a Isidra, me devolvió una mirada con una muda pregunta, esa mujer la conocía bien, deduje tristeza ya que esa que hablaba sabía interpretar su cuerpo.
– Te equivocas, mírala, no sabe, está perdida.
Respondió con sequedad el camionero, pasando por alto la alusión.
– El que te equivocas eres tú, tienes una estatua que te contempla y esa estatua no muestra reacción alguna y supongo que no sabrás la causa, siendo sencilla.
Isidra no precisa de ayuda, él sabe que ella sabe defenderse sola y no pide opinión a la familia, ya que deciden su destino, ella es mayor de edad y las leyes la protegen.
Murmullos y asentimiento en el movimiento de muchas cabezas. Repasó con la mirada la mesa y haciendo un gesto con los hombros habló.
– Está bien, cedo la palabra a Isidra.
Pero su hija se anticipó.
– Padre, antes debo decir algo, ya que te olvidas del anuncio del viaje compartido. ¿Me has puesto en peligro cuando dijiste que le llamara? ¡Que el precio era barato!
De nuevo murmullo, deduje que no sabían cómo había llegado allí.
– Solo tenía un teléfono, y eso da para poco en los informes.
Se defendió con un murmullo, evitando su crispada mirada.
– Eres un jodido tacaño para los demás. Que sepas, en el viaje imité que dormía, intenté una seducción barata, no sé cómo se hace y cada vez que me destapaba, el me tapaba, quería un revolcón en una carretera solitaria o camino escondido y no, no fue posible ¿y temes por Isidra, por la heredera?
Su rostro era un poema de color azulado morado, la miraba enfurecido.
– Como te atreves a confesar eso. Eres una zorra como tu madre.
– No padre, soy mujer que envejece deprisa y que me tenéis prisionera, siempre hay causa para que no salga como mis amigas, me restriegas la clase, tu un camionero hablas de clase, cuando no la tienes, es mi madre, su apellido lo muestra.
– Hija hablas demasiado, esto no tiene que ver nada con tu prima.
– Si tiene que ver, mira todas las mujeres de mi edad, todas están atadas en sus casas, no entiendo vuestro miedo.
Isidra golpeó el plato con el cuchillo gritando.
– ¡Ya está bien de gilipolleces!, hablaré con la abuela antes de marcharnos, y le contaré este tinglado que has montado.
Y arrastrando las palabras interrumpió a su prima.
– Tú no decides mi vida, sabes como es mi vida según tu opinión, de tu hija y de tu esposa, a las cuales desprecias y que no comprendo, cuando ambas parecen esclavas. Estoy encerrada, enterrada de por vida según tus aires de protección.
No debo agradecer tu decisión, llegó un monstruo con una llave que introdujo entre mis piernas y ha abierto las puertas que me tenían encerrada, enjaulada, prisionera y ese monstruo, arrodillado, permanece bebiendo de mis entrañas, tengo su imagen en mi memoria.
Hizo una pausa, su respiración era agitada y sus pezones endurecidos empujaron la tela del vestido. Sonreí sin querer, pensaba en ese monstruo bebiendo. Todos sin excepción la observaban, y todo movimiento se detuvo, el silencio solo fue roto por sus palabras.
Mi teoría dice que una mujer cabreada, muy cabreada, cuando su mirada suelta chispas, sus ojos enrojecidos y su cuerpo echado hacia adelante, sus pechos endurecidos con los pezones orgullosos mostrándose. Saben que atraen nuestras miradas y algo cálido hace que nos pongamos en marcha.
– Ese desconocido – Dijo mirándome y señalándome con su brazo extendido – Me ha despertado de mi letargo, ha roto las cadenas y me ha hablado de cosas mías sin conocerme, de libertad, y sobre todo del trato, lo hace como a una mujer normal, ha cargado conmigo sin problemas y me gusta, me siento segura a su lado y en sus brazos, y que sepas, que no me ha follado, no, me ha hecho el amor, y lo más importante que me hace llorar, te diré que las mujeres no lloramos solo con las desgracias, no, esa sensación que me produjo se manifestó con lágrimas, y es mi talismán, ese desconocido…., ese desconoc…
Dejó de hablar, lloraba de forma desconsolada y la mujer que había hablado se levantó y corrió junto ella, se agachó a su lado abrazándola.
La cocina estaba en completo silencio, la gente apuró su copas y de nuevo las sirvientas, es decir, sus esposas corrieron a rellenarlas y esa aliada de nuevo me llenó más la copa, no la había apurado del todo y según echaba el vino me dijo al oído.
– ¿Qué es el amor?
Y metió su mano en mi bolsillo, de reojo vi un trozo de papel doblado para más detalle y siguió rellenando copas, de vez en cuando me miraba, pero su gesto era serio, vi dudas.
El trozo de papel tenía letra cuidada, la miré y tampoco daba el perfil de estar rellenando sacos de patatas, leí en silencio.
“Es la primera vez que escucho a una mujer hablar del amor, no creí que existiera y por eso te lo pregunto. Tu aura es cálida pero sellada.
Isidra tiene mi dirección. Flavia.
La busqué con la mirada, ella se había dado cuenta que leí su nota, me sostuvo la mirada unos instantes y siguió rellenando copas, su gesto seguía serio. Ya había varios brazos alzados.
El camionero mostraba tensión en su rostro, pensé que la situación se le había escapado de las manos, sobre todo por denigrar a su mujer e hija en público.
– Habla – Dijo señalando a una de esas manos alzadas.
– Soy Optio, de la generación carolingia, mi estirpe es limpia, la reconquista nos fue indiferente. Hemos respondido a la llamada debido a la causa, la heredera de los Cornelius.

Pero no entendemos la importancia de una nube de verano que terminará después de varios revolcones. Es mujer, y por otro lado no está en la presidencia, no interviene en las finanzas, que reconocemos que son acertadas y cumplen los objetivos fijados el pasado ejercicio, hasta ahora.

Conclusión final, voto por no incluir este tema de amoríos o de sexo que no tiene importancia alguna, el accidente debió de tratarse con hostilidad y sin embargo el causante sale de rositas, como decís en la península, pedí venganza y me fue denegada.
El camionero respondió deprisa.
– El consejo por unanimidad votó en contra, y eso debes tenerlo en cuenta.
Optio insistió.
– ¿Y pretendes que votemos esta cuestión de sexo?, no te has dado cuenta de un detalle, estás vulnerando su libertad, tú no tienes poder para inmiscuirse en su vida privada.
La mirada del camionero relampagueó, y su rostro cambió de color nuevamente.
– Es la heredera, cuando la regente muera, ella tomará el mando. Tiene que mantener una conducta intachable y dejarse de frivolidades.

– ¿Acaso eres su guardián? ¿La regente te lo ha encargado?, o por el contrario, pienso que te has tomado cierta libertad que no te corresponde.
No le veo importancia, aunque ese hombre sea un buscavidas, que no lo es. Ese informe lo muestra, si puede estar de paso, pero considero que para el equilibrio emocional, no vienen mal salirse del camino y respirar, que falta le hace.

– ¿Conclusión final? – Preguntó el camionero cabreado.

– En contra, dejar en libertad a la naturaleza, que se escape de tu control, cuando no tienes poderes para hacerlo, es la heredera, no tu hijastra, estoy al tanto de lo que se comenta a tu espalda y el intruso puede ser un buen revulsivo.

– No me gustan tus comparaciones. Es mi sobrina.

– Olvidas que es una mujer, y olvidas que nacemos de mujer, por tanto, es suficiente causa para meditar el trato a darlas, eres irrespetuoso con las mujeres, las desprecias y maltratas de palabra y obra, mostrando el peor lado del hombre.
No respondió y señaló otra mano alzada.
– Estoy de acuerdo con el franchute, propongo ceder el voto a las mujeres, estas que nos sirven…, las copas, y en el lecho, y en la mesa y en muchos lugares y detalles que alegran mi día a día. A mí me manejan y me encuentro a gusto.
El que habló fue uno de los tres que se sentaban juntos, entre sus platos había varios cuadernos y hojas sueltas, comentaban y discutían indiferentes a lo que se estaba tratando, los tres eran los que mejor vestían, llevaban oscuros fracs y derrochaban clase.
Hubo un murmullo extraño, conversaciones en bajo tono y muchas cabezas asintiendo. El camionero de nuevo insistió.
– Estoy en contra, sabéis que las mujeres no tienen voz ni voto, es ancestral, las mujeres están para lo que están.
Y una voz femenina extinguió los murmullos. Fue la que estaba junto a Isidra.
– Todos sabéis que soy viuda y la regente me otorgó los poderes necesarios para ocupar el puesto de mi marido. Mi parte es importante en la estructura económica de la familia, clan para alguno de vosotros, es positiva y mi parcela está en cuarta posición en el status, por tanto nada que envidiar a los hombres.

Debemos cambiar los estatutos, se han quedado obsoletos y no cumplen las perspectivas económicas y tampoco las sociales, no somos esclavas sumisas, no estamos siempre dispuestas a que nos echéis polvos a vuestro antojo, pido respeto, el imperio desapareció debido a su falsa base, esos machos que fundaron Roma cometieron el mayor error que la naturaleza les hizo pagar.

Los soldados de Roma, no podían casarse, aunque tuvieron hijos pero no era lo mismo. Esta fue la causa produjo la caída del imperio, al margen de la impudicia de los emperadores, la base era la corrupción. Pretendemos mantener antiguas costumbres lejanas, que lentamente decaen, el pasado es una base y muchas veces equivocada como es en este caso.

Isidra no es una mujer defectuosa, es una mujer de ahora pero ha sido enclaustrada por motivos egoístas, ese hombre al que se pretende juzgar, carece de los cargos que se le imputan y veo absurdo tenerle en el orden del día económico, enfatizó.

Voto por dejarnos de gilipolleces, ocupar este precioso tiempo en cenar, y que la pareja escape, les envidio. Y tu – Dijo mirándome – Tienes un coche pequeño, la heredera dispone de una furgoneta mercedes Esprínter, su carro se ajusta el puesto de conductor, y dispone de mucho sitio en su parte trasera por si se os ocurre retozar durante el viaje, no seas machista y que ella tome el timón de vuestro destino.
Se hizo el silencio, el camionero perdió el control, miraba en todas direcciones, y yo moví ficha. Aparté la copa y con la mano abierta golpeé la mesa, el tintineo de la cristalería respondió como eco.
Como respuesta, silencio.
Repetí la acción otra vez, y Flavia me imitó, siguió el silencio. Hubo respuesta, un tercer y cuarto golpe de dos lugares diferentes, con eco de cristalería que choca, y se desencadenó una secuencia de golpes. Sorprendiéndome un detalle, todos sin excepción intentaron la armonía en su golpe, que fueran a la vez.
La respuesta no dejaba dudas, esa mujer había cambiado el sentido de ese juicio de valor absurdo. Hubo aplausos dirigidos a isidra y empezaron las conversaciones, las esclavas esposas empezaron a llevar platos, y los entrantes fueron devorados en cuestión de minutos.
El camionero permanecía inmóvil en su lugar, parecía fuera de juego y el franchute se acercó poniéndose a mi lado y en voz alta dijo mirando al camionero con un deje irónico que a los que le escucharon no pasó desapercibido.
– Has roto la armonía de ese anticuado y algo más, quizá le abandonen, carece de inteligencia y no es práctico, puede haber perdido ese puesto que él se ve importante, pero no lo es, nadie está por encima de nadie.
La regente no quiere un negocio centralizado y que todos formemos parte de él, no, ella quiere islas en vez de una península, que son los consorcios, y no potentes continentes que caen y arrastran al grupo, de esta forma nadie arrastra a nadie.
Extendió su brazo por delante de su cuerpo. Ofreciéndome su mano abierta, que estreché sin presionar mucho.
– Me alegro conocerte, has roto los cristales de esta institución cerrada y empieza a renovarse el aire. Y ten cuidado con Flavia, te ha fijado como blanco, es noble y fiel, además sabe mucho de hombres.
El camionero me miraba con odio no disimulado, sin darse cuenta que todo lo había provocado el, no yo. Su gesto mostraba derrota, yo seguía siendo un convidado de piedra. Me señaló con el dedo y gritó.
– Maldito seas, no te perderé de vista, la tienes en el bote y a saber que le has dado de beber.
El carolingio sonrió, mirándole con indiferencia. Y me dijo sin bajar su tono, todos los que estaban cerca pudieron escuchar sus palabras
– Ha perdido los papeles, no le des la espalda, es peligroso.
Moví ficha, no me importaba la gente que nos rodeaba y que mis palabras llegaran a sus oídos, no confiaba en nadie.
– Cuando volvamos no dejaré aquí a Isidra, la llevaré con su abuela, no le voy a dar ni una sola oportunidad, por si se le ocurre hacerla daño.
El camionero no respondió, se puso a recoger los papeles y desapareció.
El francés levemente sonrió.
– Buena idea, aunque la vieja se entera de todo, y el mayor problema que tiene no eres tú, si, con ese par de zorras como él las ha llamado, vi como reaccionaron con su trato y sus rostros hablaron en silencio. Por cierto, yo tuve una amante coja, incluso paseábamos por la calle, no le di la menor importancia. Te dejo, vienen a por ti.
Nuevo apretón de manos y se alejó despacio, pero antes le quitó la copa de vino a Flavia, esta le hizo el gesto de retorcerle el pescuezo, pero con cierta sonrisa cómplice.
Isidra se acercó con su carro, poniéndose a mi lado, inclinó su cabeza, juntándola a la mía y me habló al oído.
– Me daba corte responderle y decirle que bebí de tu boca y que luego me limpié la boca con algo cilíndrico y que no tenía nada que ver con los palillos.
Sonreí, pero no por sus palabras, fue por su estado, su reacción, ese cretino no había conseguido su objetivo, hundirla en la miseria. En un tono suave respondí.
– No cantemos victoria, veremos qué opina tu abuela de todo este tinglado. Y desconfío del francés, puede que por su cuenta haya empezado a tejer otra tela de araña y te inmovilicen más que tu tío, todos mienten y me miran con dudas, puedo ser un espía de tu abuela o un viajero del tiempo, es la conclusión a la que me hizo llegar ese tipo.

Y ese otro grupo de finolis tienen su propia tela, esto sigue como en los tiempos del imperio, todos se acuchillan entre si y tú eres mujer, ellos quieren ese puesto, y todos guardan un cuchillo entre sus ropas, teme a los idus de marzo.
Me miró alarmada.
– No olvides que es mujer y las palabras de mi tío o las de otro cualquiera constarán en acta y un notario transcribirá todo lo hablado en este consejo, como se ha hecho siempre y es posible que alguien le pida responsabilidades de sus actos, conmigo y con el clan como él dice, cuando es familia.
Dudé de su seguridad y cambié de tema.
– Estoy de acuerdo, lleva tu coche, este mal rollo me ha cansado más y empiezo a estar fuera de juego.
– Que sepas que su velocidad máxima es de 60, tardaremos más en llegar a esa playa. Y una duda que me tiene muy alterada ¿De cuántos días dispongo, para dedicarles al sexo? Es para evaluar la cantidad polvos.
– Mis vacaciones son 17 días más uno, el último día tengo que volver a la oficina, la causa es que entregar un proyecto, una plica para un concurso-subasta, 89.730.096,00€, Electrificación. Obra Civil, será un nuevo aeropuerto civil o polígono de experiencias, la administración no lo tiene claro pero si prisa, es del año anterior y nos han pedido ese favor, mataré si no somos capaces de hacerlo.
– ¿Y el 18, que pasa con él? – Duda en su tono.
– He pensado unirle a un finde, y serán dos días en vez de uno. Viernes noche y sábado completo.
– Me he sentido húmeda cuando has dicho 18 días, inimaginable para mí. Ya te reclaman en mi interior.
– Vuelve a tu sillón, no le muestres temor, me han comentado que está en el aire su posición, el franchute debe tener influencia con tu abuela, al menos eso me ha parecido.
– Es posible, no es tonta y vigila el rebaño con varios pastores. Lo que termina de ocurrir, puede que ya le estén informando. Vuelvo a mi sitio, pero come en condiciones y bebe lo que quieras, ya que encargaré de que lo gastes en mí. Y antes de abandonarte, dime algo que me alegre la noche.
Me miró largamente.
– Me parece genial. En Cartagena descansaremos, estamos a una hora y poco, allí tengo un pequeño apartamento en una urbanización cerrada, con vigilancia privada, un regalo de mi abuela, buen lugar tranquilo ¿Qué opinas?
– Totalmente de acuerdo y al día siguiente, iremos al cabo de gata, lugar tranquilo. Una playa solitaria, está a casi tres horas de viaje, lo digo por la velocidad punta que tiene tu furgón, y nada mejor que no tener prisa, incluso podemos parar a lo largo de la costa y limpiar nuestra mente de todo esto.
– Seré una mujer obediente – Respondió con sorna.
Pasé por alto sus palabras.
– Buen lugar para preparar tu guion, puede ser el prólogo, esa primera página que describa el viaje. Piensa en el título, en la cala de Enmedio, te bañarás desnuda, y podrás pensar en tu skayline(^).

(^) – Línea del espacio. Todos la tenemos.

REFLEXIONES PROFUNDAS.

Somos materia del universo profundo, infinito, y llegamos a este planeta llamado FUEGO, que casi apagamos.
Viajando a bordo de un asteroide, en un pedazo de la hegemonía del hielo, donde la unidad de tiempo es infinita.
El humano carece de inteligencia para hacerse una idea de ese universo y tampoco del tiempo.

¿2019 años?, ¿10.000.000.000? De… una unidad gigantesca que no podemos imaginar, no, tampoco estamos preparados para asimilar nada de esos niveles.
Yo, me he dado cuenta que algo parecido me sucede con las mujeres. Tengo base de datos de cada una de ellas, de las que he entrado en sus vidas, y no de las han pasado por mi vida, que son diferentes. Aunque en el fondo, son ellas son las que nos eligen y no nosotros.

Todas sin excepción me han enseñado secretos, incluso una frígida que me jodió la vida, y casi me mata. Pero todas permanecen en mi memoria, y sobre todo mis maestras que fueron muchas, quizá supieron penetrar en ese espacio oculto de mi mente, donde ellas perviven sin límite de tiempo.

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