2 – Isidr_A_0 – El viaje compartido2.

2 – Isidr_A_0 – El viaje compartido2.

Su mirada era exuberante, comprendí que este entrante de sexo le había satisfecho en cierto modo, si me di cuenta que ella miraba más allá, y como dije, leía en mi como si fuera un libro abierto.
– Tengo mi cuerpo suspendido en una sensación diferente y desconocida. Me siento muy caliente y cierto temblor lejano que me inquieta, y me ratifico en la opinión que me mereces, vas de frente y no te ocultas y sé que debo entrar en tu impenetrabilidad sin destruirla.
Nuestras miradas parecían enganchadas y se lo dije.
– Tu mirada me gusta, me atrapa y mi instinto me dice que he hecho bien de tener los escudos bajados.
Su sonrisa se hizo más amplia y sus ojos se humedecieron levemente. Presionó con su peso, era su forma de juntar más los muslos, lo sentí en el pene, y levemente empujé.
– Eres hombre reservado, muy cauteloso y sobre todo fiel a tus principios. Tienes poderes que desconoces y uno de ellos me ha seducido, aunque no es la palabra adecuada. La realidad es que me has esclavizado, siento deseos que ignoraba que existieran, se mezcla la gratitud con lo físico, por qué no he visto en tu mirada compasión, ni lo que estamos haciendo sea un polvo por caridad y eso me ha inundado de sensaciones en ese vacío en que nos encontramos los minusválidos.
Sus ojos brillaban debido a la humedad y modificó su postura quedando encima de mí, me abrazó con fuerza y al oído me habló.
– Sé que estás cansado, tu rostro habla por ti. Pero no puedo evitar alargar la sensación de tenerte dentro de mí, y mi cerebro me obliga a encadenarte, aunque ese eslabón que nos une, sea un tramo de tu carne dentro de mía y al que abrazo de dos formas, interior ya que te sujeto dentro de mis y mis brazos, a tu otro yo, ese ser desconocido al que deseo que me haga suya.
Y de nuevo cabalgó, quedando sentada. Respondí como siempre, lo de que verdad pensaba.
– Eres una mujer deleitable, de suave fondo y me alegro de no haberme marchado. Me inundas de misterio, mi interior está lleno de incertidumbres, tanto físicas como psíquicas y me hace pensar que todo ha sido al revés, tú has impregnado mi cuerpo y mente de ti, y pienso que todo es al revés.
Hice una pausa, su mirada era brillante y el gesto de su boca jadeante.
– Pero no ha sido con sexo, he descubierto que es el poder de que dispones con solo la mirada, el resto que desprende tu cuerpo es otra cosa que no he terminado de alcanzar, no eres fácil de descubrir y sé que te escondes de ti misma.
Su mirada la ocultó con un parpadeo que cerró sus ojos. Furtivas lágrimas escaparon como finas gotas de lluvia que resbalaron hasta sus pechos. Abrió los ojos, vi su fondo enrojecido y su mirada se hizo desconocida, diferente, intrigante y sentí que chocaba con la mía.
– Dices palabras que me asustan, sabes de mí cosas que no debías, y tiemblo de pensar cuando decidas hacerme tuya, no sé qué ocurrirá después y me aterra pensar que será de mi cuando te marches.

Dejarás un vacío imposible de llenar y lo he descubierto ahora, cuando has dicho que te he impregnado de mí, sustancia emotiva que desconozco que tuviera.
Había bajado la mirada al hablar, estábamos en una senda peligrosa, es lo que ocurre con la realidad del momento, nada de falsas apariencias que llevan al engaño y esta mujer no se merece ese daño. Decidí cambiar de color a la senda en la que nos dañábamos.
– Isidra ¿Y este nombre, quien fue el responsable?
Levantó la cabeza mirándome, su mirada era triste y sus ojos enrojecidos.
– Mi familia es antigua, muy antigua y sigue algunas costumbres del Imperio Romano, mi familia son descendientes de Roma, y ya sabes, si el padre se llama Isidro, sus descendientes se llamarán Isidros o Isidras, con orden de nacimiento o por alguna virtud, yo sería Isidra inerte.
Verás en la cena, todo sigue como hace más de dos mil años, mis ancestros llegaron con la segunda guerra púnica.
Hizo una pausa, sus labios se apretaron y una arruga en su frente.
– ¿Por qué cambias de tema?
– Siento haberte dañado, no aprendo de mis errores.
– No, estás equivocado, has mostrado una realidad que yo rechazaba, aunque no sabía que el regalo prometido por Victoria tendría consecuencias. Y no te voy a mentir, pero cuando te señaló, sentí cierto calor en el vientre, mi vagina se estremeció y sentí un calor desconocido y ahora he comprendido ese idioma invisible de los cuerpos.

He leído bastante de este tema y mi fantasía, de ese ser que yo construí no tiene nada tuyo, y lo veo lógico, ya que ha sido el destino que ha terminado de ensamblar las piezas, como ahora estamos y no puedes imaginar el placer que me proporcionas, no precisas de embestir y repito, ese calor desconocido que has despertado me inunda por completo, cuando sienta tu vacío, te escribiré a la antigua, llenaré páginas de mis sentidos y del calor que dejas en mi mente, te abriré mi alma y sentimientos.
De nuevo me moví, el pene reclamaba acción. Pero me detuve, estábamos en punto de inflexión complicado. Moví ficha despacio.
– ¿Terminamos lo empezado o…?
Inclinó la cabeza, miraba nuestros cuerpos unidos por el sexo. Me miró con la cabeza levemente levantada, dudaba.
– Cambiemos de postura, necesito pensar y preciso de tus embestidas, pero esto es un ensayo, espero que no hayas tenido tiempo de producir semen, aunque no me importa que te corras dentro. Este es mi deseo, regalo de Victoria, que eso es lo que eres y me he dejado llevar por la soledad en que vivo, tú eres un espejismo al que permito que me folle.
Sus palabras me lo dejaron muy claro, había despertado de su sueño. Y despacio cambiamos de postura, ella quedó mirando al toldo y cuando empecé a embestir lentamente cerró los ojos, y de nuevo aparecieron las lágrimas, que escurrían de sus comisuras hasta el suave colchón de la hamaca.
Mi mente se marchó de este polvo arruinado por la realidad, no me sentía bien y procuraba no moverla mucho. Pensé fingir la eyaculación, pero comprendí que terminar así le iba a doler más, y fue cuando sentí sus dedos en el vientre, el roce de sus uñas y como su mano derecha sujetó mi costado, luego la llevó a mi hombro y tiró de él.

Su boca abierta chocó con la mía y sus dientes apresaron mis labios, y se adentró en busca de mi lengua, pero no, se llevaba mi saliva, me dejó seca la boca, no entendía que la ocurría. Abandonó mi boca, jadeaba levemente y me habló al oído, previo mordisco en el lóbulo.
– Eres un bicho, y me agrada lo que haces, esperaba la clásica reacción varonil, terminar de cualquier forma, sé que he arruinado lo que tú pretendías, para mí no lleva ese calificativo de polvo, no, y mi interior se llena de lágrimas cuando ha descubierto que no me follas, ni antes ni ahora.
Mi alma me dice que me haces el amor, suavemente y sin esa fuerza en la penetración, entras despacio y sales más lentamente aun, y eso llena de gozo mi dolor, y mi cuerpo no olvida, sé que estoy un poco seca, pero tu delicada forma de penetrar está despertando mi pasión, y quiero dejarte satisfecho.
No supe que responder, cierto es que procuraba intensidad sin fuerza, y afortunadamente había superado ese mal momento. Y…
– No sé qué piensas, y quisiera saber que si has decidido donde correrte, aceptaré tu deseo, he pensado que me haría una sumisa y no negarte nada.
Tenía que mover ficha, hacía agua por muchos lados y no me gustaba que pensara solo en mí, ella estaba en caída libre y sin embargo sentía su intención de moverse en conjunción con mis movimientos sin conseguirlo, aunque si detecté indicios. Me detuve, y nos miramos desde muy cerca.
– No eres una mujer sumisa, tienes tajantes capacidades de dominio femenino, enganchas y no me creo que sea casualidad.

Estoy a tu lado por lo que eres, nunca me importaron los adornos falsos de las mujeres, buenas tetas, un buen culo que agarrar y una vagina que utilizar, tiempo real de juego no llega a diez minutos.

Y tu inmovilidad tampoco me impresionó, si lo hizo lo que descubrí de tu interior, por tanto yo quiero a esa mujer que impidió mi siesta prometida.
Admito disculpas y sobornos para aceptarlas.
Sujetó mi cintura cuando entré del todo, estaba claro el mensaje. Me detuve.
– ¿Y ahora? – Pregunté en su oído.
– Debes saber algo más. Mañana domingo hay comida familiar con carácter de urgencia, esto lo supongo yo por cómo se mueven esas dos pencas. Intuyo la causa, tú, y eso me perturba, pensando que habrán contado de ti. Debes saber que han espantado varias a veces a cazadores de fortunas.
Me eché hacia atrás mirándola fijamente.
– No comprendo nada, yo quería seguir mi plan. Dejar a la mentirosa de tu prima y las cajas, después seguir mi camino y tu prima improvisa tu regalo, y tú me atrapaste en tu red.
Su mirada era dubitativa, pensaba mis palabras. Enarcó las cejas y subiendo los hombros apretó los labios.
– Llevas razón, hice planes deprisa, sin tu opinión, y además sé que no mientes, vi el gesto de fastidio que pusiste cuando Victoria te señaló como regalo. ¿Qué harás mañana si te insultan?
– Puedo seguirles el juego o todo lo contrario. Darles la razón, reconocer que el conjunto de edificios y el interior de lo poco que conozco, derrocha poder económico, y que era hora de sacar tajada y escapar, aunque antes tenga que cubrir el expediente, echándote varios polvos, y el lunes escapo con la bolsa llena de monedas.
Su gesto fue impasible, si vi fondo de amargura en el mohín de sus labios.
– ¿Y si no les sigues el juego? – Tono bajo y rehuyendo la mirada.
– Al amanecer o ahora, nos escapamos de esta trama urdida por mentes femeninas aburridas de su vida y entrometiéndose en la vida de los demás. Ese morbo les producirá cierta humedad vaginal, pero sin usarle para lo que la naturaleza las ha dado.
En su frente aparecieron dos arrugas paralelas, y su mirada volvió a la normalidad.
– ¿Escapar a dónde? ¿Secuestro?
– No, ahora mismo suspendemos este ensayo de ensamblaje y nos vamos de fin de semana, mañana te devuelvo sin haberte usado según sus mentes, lo justo para ser más exacto.
En su frente se sumó una arruga más y su mirada se endureció.
– ¡Oye tío!, nada de eso, y si decidimos este plan, tendrás que dejarme satisfecha para cuando te marches, por tanto me echarás todos esos polvos de los que ellos piensan y además te exijo que me sorprendas en las pocas horas que nos quedan de tranquilidad.
La amargura había desaparecido, vi rebeldía. Recordé un viaje sin destino, apatía total. Ignoraba que se trataba de una playa nudista y allí aprendí lo que las mujeres que exhibían su vulva deseaban. Hubo dos que mostraron interés por ver las fotos, y las vieron con detenimiento, y su respuesta fue escribir en el mantel de la mesa su dirección de correo electrónico y demás, en los cuales no entro, y envié sus fotos a ambas y como siempre me pasé varios pueblos, ya que describí mi pensamiento mientras enfocaba sus vulvas y además con ciertos primeros planos, una de ellas tenía un clítoris enorme. Volví al tiempo real, me había marchado.
– Antes de que dijeras todo esto, había pensado en mañana, conozco una playa diferente, aunque está a tres horas de aquí y allí la gente va desnuda y en esa playa hay cazadores de mujeres exhibicionistas, esas que se tumban en la arena y muestran su vulva con las piernas separadas, saben que las fotografían de forma encubierta.

– Según rumores, a algunas de ellas le producen orgasmos, y eso lo aseguró un experto en esa clase de fotos, ya que publicó algunas y en primer plano, se apreciaba una fina catarata, un fluido transparente y brillante que salía de entre los labios de la vulva, por tanto algún orgasmo hubo por en medio, y dijo además que a todas les gusta, ya que eso de tener cerca a una pareja desnuda, espanta a los fotógrafos.

Me miró sorprendida.

– Me da vergüenza de pensarlo. Sobre todo por mi cuerpo, mis piernas están delgadas, abandoné los ejercicios, mi mente se hundió y me daba todo igual.

– En esa playa hay todo tipo de embarcaciones, puedo subirte encima de una especie de katamarán pobre, de pedales pero que entre sus dos flotadores se puede follar cómodamente, estoy seguro que te gustaría, y en el restaurante, mucha gente come desnuda y en los apartados privados para comer, muchas parejas tienen como postre un buen polvo y lo hacen por el morbo, que les escuchen.
– ¿Y cómo sabes todo esto? – Preguntó con cierto interés.
– Tengo una amiga que bebe, se emborracha todos los fines de semana, y una madrugada de febrero, cuando cerró sus puertas el pub donde íbamos la pandilla de la formo parte, sus amigos se escaparon y yo que fui el último en salir, me pidió ayuda, pensé que si caía al suelo moriría, y la llevé a su casa.
Es largo de contar, y el verano que llegaba me quiso pagar mis atenciones, me negué, yo hago las cosas más absurdas porque si, y me habló de esa playa. Tiene una cadena de tiendas de ropa femenina y su madre es una fiera, pensaba que la sacaba dinero.
El caso es que ese verano me habló de esa playa, allí consigue que la follen, su aliento es repugnante, huele a vino podrido y consigue que la follen gracias al perfil que presenta.
La conocen por la pañuelos. Se cubre el rostro y así evita que les llegue el fétido olor de su estómago. Le da cierto aire misterioso y le funciona. También ha posado para alguno de ellos y a cambio follar.
– Me dejas de piedra. ¿Y si me preguntan?
– Dices con todo el morro que puedas, que ha sido por follar mucho, que has perdido movilidad debido a estar follando de forma continuada, y que te han apreciado desgaste vaginal. Morbo mucho morbo se lleva en esa playa, no imagino que pensarán las chismosas, dejarte invalida a polvos, eso supera lo imaginable.
Río despacio y eso hizo que el pene se moviera y ella no dejó de reír de pensarlo.
– No estaría mal, si vamos y luego les cuento donde me has llevado, los polvos que me hayas echado, la chusma que debe de haber en la administración y el perfil del lugar de casa de putas y como las gastas con las mujeres, seguro que te tacharían de inmoral, pervertidor de jóvenes y muchas cosas más, lo mismo llaman a poli.
– Tú decides, lo que si te aseguro que es relajante y esa bahía está muy resguardada, y para seguridad tienen una lanzadera con dos tipos duros que evitan que te ahogues, y precisamente por eso funcionan las embarcaciones de recreo.
– ¿Qué tal te fue?, demasiados detalles.
– Muy bien, mi vicio es la fotografía, buenos vinos del norte, mi música es de metal, Atmospheric black metal doom y demás. Lugares tranquilos, incluidos los abandonados, donde capto “Cosas”, mis mujeres son delicadas, raras, extrañas y sobre todo profundas, cualquiera no me sirve, incluso en época de sequía y sobre todo lo que más aprecio es su sensibilidad.
Su rostro era serio, expectante, dudas. Pensé que André Maurois se removía en su tumba. Por decir todo lo que pienso.
– ¿Tengo cabida en esa escala de valores?
Sonreí tenuemente, claro que la tenía y sobre todo por qué yo arrastraba un pesar, no lo justifica mi corta edad, pero tengo lastre, a lo largo de mi vida he cometido errores con las mujeres y dos de ellos me pesan. Uno fue con una jovencita como ella, fue un choque cuando la vi, tenía doce años y sentí cierta repulsa, fue a distancia ya que no me acerqué al lugar donde habíamos quedado y esa impronta sigue patente en mi vida.
– Si tardas tanto en pensarlo, es que no.
Se lo conté, pero no de forma escueta y no sé si hice lo correcto.
– Me haces pensar en que es otra la que te tiene a mi lado. Me importa una mierda que tuviera doce años o seis, tu error no puedes lavarlo conmigo a base de polvos. ¡Tío me haces dudar de todo lo que sentido!
No dije nada, las cartas estaban sobre la mesa. Aunque en el fondo podía tener su punto de razón, con ella no lavaba mi culpa, ese error es imborrable y el destino no juzga con detalles, hice mal y tenía que afrontarlo definitivamente y vivir con ello.
– ¿Más errores que deba saber, que quieras lavar con migo y que me atañan?
– No, y es lo que piensas.
– Yo lo veo así.
Dijo con un susurro.
– Pongamos las cartas encima de la mesa y a la vista.
– No tengo nada que mostrar.
– Entiendo que ves algo sorprendente. Llego te presentas y yo decido poseerte para lavar mi culpa, así de simple y luego te propongo un plan guarro para solo follar.
Me empujó y el polvo interruptus se quebró de esa forma. Se acostó de lado dándome la espalda.
– Ya sé que no, que tú deseo era seguir tu camino, pero no deja de ser sospechoso tu confesión. A pesar de todo y aunque yo esté equivocada, me has llenado de dudas, no sé qué hacer, ahora todo me parece que es una mentira muy bien urdida y sobre todo si con Victoria has acordado algo.
Respondí muy despacio, la suerte estaba echada.
– No tengo nada que ocultar, por tanto tómalo como una despedida. La magia que mencionaste se ha roto.
Me vestí deprisa, por el rabillo del ojo vi que sus hombros se agitaban, lloraba en silencio, pero no tenía alternativa. Y desaparecí de su lado, guardé todo en el maletero y fui a despedirme de su tía y Victoria.
Estaban en la cocina, preparaban la cena, aunque me pareció muy pronto.
– Me marcho – Dije sin más.
– ¿Dónde vais? – Preguntó Paz sin mirarme, a lo suyo con unos langostinos enormes.
– Sigo mi camino, a Alcocebre.
– ¿Has dormido algo? – Dijo mirándome de lado, si sorpresa, no terminó la acción de quitar la cabeza del langostino.
– No.
– ¿Y qué pasa con Isid?
– Piensa que me habéis comprado y por esa causa he cambiado los planes, entiende que le he mentido y la verdad es que estoy aburrido de tanta intriga.
Victoria estaba poniendo la larga mesa, todo en plan de fiesta y con ornamentación al estilo alta edad media. Su rostro cambió de color y eso me confundió.
– ¿La has embarazado? – Soltó con ironía Victoria.
– No tienes ni idea de cómo funciona eso. No, para tu información no lo está y aunque lo estuviera, yo cumpliría con mis obligaciones pero no viviría aquí.
Paz se limpió las manos volviéndose en mi dirección.
– ¿Cómo te has enterado? – Preguntó en tono conciliador.
– ¿Enterarme de qué? – Pregunté con temor.
– Esta noche llegan todos, no mañana. Se ha adelantado con fin de evitar males mayores.
Si pensaba confundirme, lo había conseguido, no supe por dónde iba.
– No entiendo nada – Repuse pensando en escapar ya.
– He hablado con mi marido de ti y le he puesto al corriente de lo que estás haciendo con esa pobre chica. Que no salís de la cama. Contigo, un desconocido, pensamos que algo le has dado.
Un sudor frío se apoderó de mi cuerpo, jamás se me ocurrió que sus mentes fueran tan calenturientas.
– ¿Ella no tiene nada que decir’, ¿usted está en poder de la verdad? Y lo más importante, pruebas, que pruebas tiene de lo que dice.
– Isidra es una pobre chica y se la engaña y confunde con facilidad.
Estuve a punto de soltar algo que me había contado sobre ellos, pero me mordí la lengua.
– ¿Ha llamado a los guardias?
– No, todavía no, si al médico que la trata, con su informe tomaremos las medidas pertinentes.
– Señora, gracias por la comida y adiós.
– No te puedes marchar, si huyes el juez será más riguroso.
Escapé de allí con grandes pasos, el móvil de victoria cobro vida, pude escuchar que la llamada era de Isis. Y sorpresa, estaba sentada dentro del coche y hablando por el móvil.
En el asiento trasero dos maletas y dos bolsas, una manta enorme, sombrilla y muchas bolsas pequeñas, entré en el coche muy confundido. Y en ese momento cortó la comunicación.
– He decidido olvidar que no terminaste ese polvo prolongado lleno de lagunas y conversaciones depresivas, decidí seguir tus planes, me siento bien a tu lado y esas dudas han sido sembradas con mala leche, ellas están bien pero yo no, mi vida es un asco y aunque me saques dinero, lo veré como una inversión bursátil, pago a un puto hombre de la carretera, que ha demostrado que sabe dejarme satisfecha, eso ya me sirve ya que hice balance desde que me desnudaste.
Aparecieron las dos corriendo, aun yo no había puesto el motor en marcha, esperé a que llegaran. Era mejor dejarla sin armas.
– No te puedes ir con este tipo, te hará daño y te robará.
Victoria se quedó rezagada, podía no estar de acuerdo, y rectifico, agazapada, encogida.
– Tía, déjame en paz, soy mayor de edad y se lo que hago, no te entrometas en mi vida, lo hacéis constantemente y estoy harta – Y dándome con el codo dijo – Tío por en marcha este trasto, la playa nos espera.
Puse el motor en marcha y lentamente retrocedí hasta la entrada, cambié de dirección y por el espejo vi que fotografiaba al coche, sonreí de pena.
– ¿Y esa sonrisa? – Preguntó extrañada.
– Tu tía nos ha hecho una foto, dirá que te llevo atada y amordazada.
– No dirá nada de lo que piensa, llamará a mi tío y le contará la verdad, saben lo que se juegan ya que les he advertido, sus intenciones me molestan y no me hacen caso y yo decido no ellos.
– Donde pasamos la noche, esa playa está en el mar de Alborán.
– Sorpréndeme, pero si deseo misterio, incluso que montes una peli a mi medida, quiero escribir y fotografiar todo, llevo una Tablet con todos los sistemas, incluso si no quiero escribir, grabarlo. Pienso sacar dinero de mi estado y tu obligación es no dejarme parar, ya has cambiado mi vida y yo ahora quiero cambiar la tuya, aunque tienes que cargar conmigo.
No sabía con quién jugaba.
– ¿Qué ganaré?
– Primero tienes donde meter, ya sabes que mi boca sabe hacerte cosquillas, sé que es una de mis obligaciones. Además a los hombres os gusta que os la chupen, ocurre desde las cavernas y pienso que eso os da importancia y mando, aunque en el fondo es una debilidad.
No dije nada, podía tener razón, aunque yo tenía mi propia conclusión a ese momento.
– Gastos pagados, tampoco pasarás hambre de ninguna clase y sobre todo si te exijo que me enseñes a hacer buenas fotografías, he estado curioseando tu máquina.
– ¿Y no llevaré parte en eso que quieres publicar?
– Tendrás que ganártelo, y he pensado que me ayudes a ejercitar las piernas, sé que el daño está en el cerebro, pero yo lo he intentado en todo mi cuerpo y ahora tengo una fuerte causa, sexo, quiero que cuando embistas yo empuje, te reciba con fuerza, esa es mi primer meta ¿alguna pregunta?
– ¿Cuántos kilómetros hacemos, antes de que oscurezca?
– Es fácil, no te quiero agotado. Vamos a Cartago Nova, esa ciudad la conquistó un antepasado mío, el africano, mi familia tiene apellido, patricios romanos y es Cornelio. Conozco gente y dormiremos en un lugar tranquilo, además las habitaciones disponen de sauna y demás sistemas relajantes, puedo ser tu esclava mutilada por el enemigo y que te has encaprichado de mí, ya que lo perdido en mis piernas lo he ganado en las manos.
Iba a dar un giro completo pero un camión cubrió la salida al callejón. Isidra soltó un taco.
– ¡Joder! ¡Mi tío!, ha corrido el muy cabrón.
– ¿Problemas? – Pregunté cansado de tanta idiotez.
– No sé, aunque no creo, si empieza a hablar en tono amistoso, cuidado y si lo hace de forma grosera será posible hablas con él, depende de lo que mi tía le haya or_de_na_do.
Dijo enfatizando las sílabas. Y como tapaba el callejón volví a entrar en el garaje. Isidra me miraba con el rostro enrojecido por la rabia contenida.
– No saben lo que me están haciendo. Es una intromisión en mi vida privada y en la tuya ¿Qué harás?, yo sí sé que haré, pero ignoro tu proceder.
Aparqué bien y detuve el motor mirándola.
– No hay temor alguno en mi interior, y como no me conocen, supongo que tendrán tacto a la hora de exponer su opinión en ese sentido y por otro lado he decidido dar el primer paso, tu tío y sé que le va a descentrar, espera y dime que ves en su rostro.
Bajé del coche y me fui dando pasos largos en dirección al camión, su tío estaba cerrando con llave la cabina del tráiler y esperó mi llegada, su gesto estaba acompañado con la sombra de una sonrisa, falsa sonrisa. Extendió su brazo ofreciéndome su mano que ignoré.
– Sea tan amable de quitar el camión, impide la salida de un garaje.
Su respuesta fue nerviosa.
– Esperad un poco, tenemos que hablar, no puedes llevártela sin saber quién eres, puedes ser un secuestrador o algo peor – Dijo a la vez que su rostro enrojecía.
– Voy a llamar a los guardias, ellos le convencerán de otra forma – Dije con despacio.
– Permíteme que hable con mi sobrina, está a nuestro cargo y somos responsables de su vida y tú eres un desconocido.
Me hice a un lado ya que le cerraba la entrada al garaje y esperé. El anduvo deprisa hasta el coche y se apoyó en la puerta, poniendo las manos en ella, el cristal estaba bajado. Hablaba y una vez giró la cabeza en mi dirección, y se me quedó mirando, me sonó el móvil, un mensaje, cenaríamos allí, no dijo más, y eso hizo que dejara en libertad a un fiera que habita en mi interior, se llama IRA.
Recordé una peli de romanos, el legado ordenaba a las dos cohortes que se iban a enfrentar a una tribu en Germania, en aquella ápoca el emperador era Marco Aurelio, la frase fue esta.
– ¡A mi señal! ¡Desatad la tempestad!
Y así fue, se desató el infierno y la tribu fue aniquilada. Pensé en las catapultas con los pucheros llenos de brea hirviente, estos al estrellarse contra los troncos de los pinos, se incendiaban una buena parte del terreno, y a los germanos les llovía fuego.
Y yo, soy hombre templado, tranquilo, pensador y no me gustan las complicaciones, sin embargo tengo mi lado oscuro, pero el que me busca me encuentra y me doy la vuelta, aparece esa bestia que oculto.
Y pensé en aquella noche, la helada ya se mostraba y caminaba en la noche bajo pálidas estrellas.

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